Sobre las piernas tenia un libro abierto, yo no veía ni una
sola letra de aquellas páginas, solo tenía ojos para sus muslos.
Era preciosa, su melena negra como ébano y con unos rizos
como las olas de un mar embravecido, sus ojos azules como ese mismo mar.
El minúsculo vestido de gasa hacia juego con sus preciosos
ojos.
El vestido se la ceñía al cuerpo en partes muy puntuales de
su perfecta anatomía. La imaginación se me disparaba y no podía quitar de mi
mente su cuerpo desnudo.
Empecé a acercarme a ella y llevé mi mano furtiva hasta el
puerto de sus piernas, quito la mirada del libro y con una mirada profunda
penetro en mis ojos.
Yo me estremecí de no se que, pero cuando me lanzo aquella
sonrisa de aprobación me sentí como un adolescente el día que sabe que dará su
primer beso.
El mar estaba en calma y mi corazón bravío.
Acerqué mis labios a los suyos y nos fundimos en el más dulce
beso que me han dado jamás. Nuestras lenguas jugaban a pillarse dentro de
nuestras bocas.
El libro se cerró sobre la arena templada.
Mi mano se perdía entre sus muslos firmes, notaba como su
cuerpo se estremecía a medida que mi mano se acercaba a su sexo.
Note como su mano agarro firmemente mi miembro, en ese
momento ya sumí erecto.
Los tirantes de su vestido se deslizaron por sus brazos y el
vestido quedo sujeto por sus prominentes pezones.
Acaricie suavemente sus senos y el vestido se desprendió del
todo, dejando a las vista aquellos dos frutos, turgentes y firmes.
Mi boca bajó lentamente por su cuello, besando y
mordisqueando la barbilla, la clavícula, sus hombros… hasta llegar a sus pechos.
Me ayude de la mano para llevarme suavemente su pezón a la
boca, chapándolo, succionándolo, acariciándolo con mi lengua, mordiéndolo
suavemente… ella no paraba de gemir y acariciar mi torso desnudo.
Acaricié su vientre suave como el terciopelo, calido por la
acción de los rayos del sol que acariciaban su cuerpo, y lo doraban.
Seguí mi ruta por su cuerpo con un claro destino: su vulva.
Nunca olvidaré aquel sabor que estalló en mi boca cuando pase
mi lengua por aquel manantial de jugos.
Ninguna palabra podría describir aquel sabor, era salado y
dulce a la vez, amargo y exquisitamente sabroso.
Note como se contrajo su cuerpo y abrió las piernas
invitándome a entrar.
Con la punta de la lengua busque su clítoris, y una vez lo
encontré lo cerré entre mis labios.
Lo succioné amablemente, lo presioné suavemente con mis
labios, lo recorrí enérgicamente con mi lengua.
Sus piernas estaban cada vez mas abiertas y me susurraba que
la poseyera, que la haría mía.
Fue entonces cuando poniéndome enfrente de ella descubrí mi
miembro.
Estaba ansioso por penetrarla, pero primero acerque mi glande
a su clítoris estimulándola con un suave roce, entonces mi sexo noto la humedad
de suyo y hundí mi verga en su concha.
El gemido de placer de cada uno se fundió en uno solo, a la
vez que nuestros cuerpos se ensamblaban en una perfecta unión.
Nuestras bocas se buscaban a la vez que mi sexo percutía en
el suyo.
No sabría decir cuanto tiempo duro aquello, pero aunque
hubieran sido mil años, me supo a poco.
Los cuerpos cayeron exhaustos sobre la arena después de
aquella explosión de líquidos y flujos que se mezclaban entre nuestros cuerpos.
Fue estupendo.
Lastima que solo fuera un sueño.