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Las noches mexicanas (II: Segunda noche)
Dominación-
2008-07-22 00:05:13
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Luego de una cena ligera, la dueña
de casa me llamó aparte y en silencio me condujo a una alcoba del
segundo piso. Mientras nos retirábamos, noté que algunas
de las otras mujeres me sonreían o me miraban con gestos de envidia.
Sobre la cama había un juego de lencería muy sexy de mi talla.
Mientras me desnudaba para ponérmelo, me explicó que esta
noche mi dueño me iba a rentar a dos amigos suyos por 300 pesos
cada uno. "Es una forma de recuperar la inversión que hizo
contigo" añadió con una ligera sonrisa. "Recuerda
que haz sido rentada, ellos serán tus dueños esta noche,
por lo tanto, debes complacerlos en todo" añadió mientras
me vendaba los ojos antes de irse. Me sentía un poco nerviosa puesto
que nunca lo había hecho con dos a la vez, la suavidad de la lencería
me excitaba mucho. A tientas encontré la cama y me senté
a esperar. Poco después sentí que la puerta se abría
y que entraban dos hombres a la alcoba. "¡Mira tu! ¿A
qué no es guapa esta peruanita? ¡Eh!" dijo uno. "Pues
sí... vamos a ver si es tan buena puta como dicen" dijo el
otro. Por un instante tuve miedo, pero luego comencé a sentir sus
caricias y besos sobre mi cuerpo. Yo me dejaba hacer muy quieta, porque
no atinaba a saber a quien de los dos corresponder. De pronto, sentí
que uno colocaba su pene entre mis senos y me lo acercaba a los labios.
Comencé a chupar lentamente la cabeza de su verga. "Mmmm...
tienes buenas tetas ¡eh! Quiero que me la pongas muy tiesa mami..."
me decía mientras empujaba para que yo tragara más de su
carne. Con mis manos apretaba mis senos para frotar su pene entre ellos.
Sentí que el pecho comenzaba a arderme con el placer que sentía.
El se movía cada vez más rápido, y al parecer le gustaba
como lo estaba haciendo. "Mírala ¡eh!" decía
el otro, "¡esta peruanita está resultando buen puta ¿verdad?...
vamos a ver si por el culo es tan buena como dicen...". En ese momento
dejé de sentir el pene y me hicieron ponerme en cuatro patas en
la cama. Uno se tendió delante mi y atrajo mi cabeza hacia sí
hasta que sentí el roce de la cabeza de su pene. "Ahora me
vas a chupar a mi mami... ¡y quiero que me la pongas igual de gorda
y dura que la de mi amigo! ¿Entendiste?". Solo pude emitir
un "Mmm..." de asentimiento, porque ya me estaba tragando entera
la verga del que me acababa de hablar. A tientas, pues seguía con
los ojos vendados, encontré sus huevos y se los acariciaba mientras
se la chupaba. "¡Ahhhh! ¡Qué bien! ¡Así...!
dame un buen masaje a los huevos puta...!" me decía mientras
gozaba de la mamada que le estaba haciendo. Me estaba preguntando dónde
estaría el otro, cuando de pronto escuché su voz. "Vamos
a ver... Como te decía mi amigo, nos han hablado muy bien de tu
culo...". En ese momento sentí que me acariciaba las nalgas
suavemente. "Tienes unas ancas muy bonitas Melissa... ¿te llamas
Melissa ¿verdad?" dijo. "Mmm..." le dije afirmativamente
mientras seguía chupando. "Mucho gusto Melissa" dijo mientras
sus dedos comenzaban a explorar mi esfínter. "Mucho gusto el
que mi amigo y yo vamos a darnos contigo esta noche" agregó
mientras comenzaba a meter tres dedos en mi culo. "¡Oh! Y por
supuesto que cuando acabemos contigo, también habrás tenido
mucho gusto..." añadió en tono burlón. Mientras
comenzaba a empujar su pene en la abertura de mi esfínter. Sin querer
di un respingo al sentir su avance. Eso hizo que por un momento descuidara
la tranca que estaba mamando. "¡Hey!" dijo el que estaba
tendido. "¡Qué pasó niña! ¿A poco
que tienes miedito de que te den por ese culito tan suavecito que tienes?"
dijo, y comenzaron a reírse ambos. En ese momento el que estaba
detrás de mí hizo un movimiento simultáneo: con una
mano empujaba mi cabeza hacia el pene de su amigo para que retomara la
mamada que le estaba haciendo mientras que con la otra mantenía
firme mi cadera mientras deslizaba su verga por mi ano. "A ver linda...
no se nos ponga rebelde ¿sí? Mire que se la estoy metiendo
despacito para que lo disfrute". Y en verdad estaba metiéndomela
muy despacito, con delicadeza. Eso hizo que me relajará un poco
más. "Así mi reina" siguió diciéndome,
"a ver... siga chupando el cipote de mi amigo mientras papi le mete
otro poquito...". Sentí como se deslizaba un poco más
adentro llenado casi la mitad de mi recto, mientras, seguía mamando
al que estaba tendido. Cuando sentí en mis nalgas el par de huevos
del que me lo metía comencé a ponerme más caliente
aún. "Muy bien Melissa... ¿ya ves cómo cupo todita?
Ahora vamos a cabalgar un poquito y quiero que te portes como una buena
yegua..." me dijo mientras su compañero al que mamaba se reía
mientras le decía: "¡Muéstrale como domamos en
el rodeo a las potrancas como ella!". Y comenzó a darme por
el culo como si estuviera montando, con movimientos rítmicos metía
y sacaba su verga de mi recto, al principio despacio, sin sacarla toda,
luego cada vez más rápido, hasta meterla y sacarla por completo.
Con cada embite sus huevos me azotaban las nalgas. Al principio me dolía,
pero poco a poco comencé a sentir un placer nuevo, diferente incluso
al que mi dueño me había proporcionado. Mi recto se llenaba
y vaciaba entero de su carne gruesa y palpitante. Tenía que hacer
esfuerzo para seguir mamando el pene de su amigo (que no dejaba de ponerse
grueso) cuidando de no morderle con la fuerza de cada empujón que
me daba. Comencé a gemir de placer sin palabras: "¡Mmmm...
mmm...!" El que estaba tendido me acariciaba el rostro. "¡Uy
linda! ¡Si estás caliente! ¡Mira como te has puesto
de colorada!" y acariciaba mis mejillas abultadas por el grosor del
miembro que me tragaba. "¿Y cómo van las cosas allá
atrás?" preguntó a su amigo que no paraba de cabalgarme.
"Muy bien..." le contestó jadeante, "costó
un poquito al principio, pero creo que ya la tengo más dominada...
ahhh..." jadeó. Estaba sorprendida del potencial de goce que
tenía en mi ano, no sólo para mi pareja sino para mí
misma. Esta en eso cuando decidieron cambiar de posición. Me tendí
de costado en el suelo mirando hacia mi derecha. Sentí que una mano
levantaba y sostenía mi pierna izquierda mientras otra acercaba
mi boca a un pene. Sentí que este tenía el olor de mi recto
y por un instante me detuve. "¿Qué pasó mi reina?
A ver... pórtese como la buena putita que es y mame rico" me
dijo mientras me tomaba con más firmeza del mentón y me acercaba
hacia sí. Por estar distraída, me había olvidado de
lo que iba ocurriendo por detrás y el otro me cogió desprevenida.
"¡Ay!" dije, y al hacerlo el que estaba ante mí
aprovechó la abertura de mis labios para metérmela toda de
un tirón. "Mmmpppfff..." intenté protestar, pero
se mantenía firme y me sujetaba del mentón para que no pudiera
retirarme. "Creo que a esta yegua le falta todavía doma...
a ver si le enseñas a obedecer..." le dijo al que me la estaba
metiendo por detrás. "Ok compañero..." le contestó
éste, "y tú" dijo dirigiéndose a mí,
"vas a aprender como se obedece a los machos mexicanos, putita terca...".
Esta vez las embestidas no fueron tan fuertes, pero la posición
en la que estaba le facilitaba que me las hiciera en diferentes ángulos.
Sentía que me taladraba por dentro sin dejar ningún centímetro
de mi recto sin recorrer. "Mmmm..." comencé a gemir perdiendo
el control de mí misma mientras, olvidado el asco, chupaba con mayor
avidez. "¿A que te sabe rico verdad?" Me dijo el que recibía
la mamada, "viniste a México para hacer turismo ¿verdad?
Pues te vas a ir conociendo muy a fondo lo que es México..."añadió
antes de comenzar a jadear de placer. "¡Orale carnal!"
dijo el que me daba por el culo, "esta peruanita sí que tiene
un culo muy rico ¡eh! Vamos a dejarte bien abierto ese ano princesa...".
No podía ni quería protestar. Me tenían completamente
sometida a su voluntad. Estaba tan excitada que comencé a acariciarme
el clítoris hasta tener varios orgasmos sucesivos. Con cada uno
de ellos mi cuerpo vibraba de tal manera que ellos se daban cuenta y me
hacían bromas al respecto mientras seguían dándome
faena. Me sentía realmente como una yegua que se hubiera rendido,
aceptando la voluntad de sus amos. Cualquier cosa que me hubiesen pedido
se las hubiese concedido sin chistar, como ocurrió luego. "Ahh...
Creo que ya me vengo..." dijo el que recibía mi mamada, "y
tu ¿cómo vas?" Le preguntó a su amigo que me
seguía taladrando el recto. "Ya mero... ¿qué?
¿Le damos su leche?" contestó. "Pues no sé...
Va contra las reglas el que pruebe semen diferente al de su dueño"
dijo con tono de tristeza, "qué penita guapa, te hubiese gustado
¿verdad?" Dijo dirigiéndose hacia mí. En ese
momento hice algo que les sorprendió. Dejé de mamar y les
dije: "¡Nadie tiene por qué enterarse si yo no digo nada!
¿Verdad?". La verdad era que no sabía de estas reglas,
pero tal era mi excitación que no estaba dispuesta a dejarles ir
sin habernos dado ese gusto. Se sorprendieron de mi actitud. El que me
daba por el culo silbó apreciativamente y le dijo a su compañero:
"¡Pues órale! ¡Esta sí que aprende rápido
su oficio!". "Bueno mi reina, si prometes que no le dices a nadie..."
comenzó a decirme el otro mientras sentía que se la meneaba
para eyacular. Con una mano alzó mi rostro que yo le ofrecía
con la sonrisa más lasciva que podía poner, eso le gustó.
"¡Ahhh...! Sí... Así me gusta verte sonreír
Melissa... ¡Toma...!" Me decía mientras descargaba su
semen caliente en mi rostro. "¡Ahhh! ¡Sí...! ¡Todita
para ti mami...!" Gemía con voz entrecortada. Me había
bañado toda la cara y hasta el cabello, sentía el calor y
la fragancia de su hombría chorreándome en la frente, la
nariz, los párpados, la boca, las orejas... Busqué con mis
labios su pene y se lo lamí con avidez. "¡Mmm...! ¡Así
linda! Déjamelo limpio mami..." decía con satisfacción
mientras mi lengua recorría su aun palpitante y caliente miembro.
Unas manos me empujaron hacia atrás y me tendí nuevamente
en la cama. Sentí que el otro se ponía a horcajadas sobre
mi pecho y me acercaba su verga. "¡Ohhh...! ¡Abre esa
boquita preciosa...!" Me dijo en un gemido. Apenas pude entreabrir
los labios cuando recibí su descarga en el paladar. Noté
que se la meneaba con fuerza porque los chorros de semen salían
disparados hacia todos los ángulos de mi boca. Un hilo de esperma
me comenzó a correr por las mejillas, tal era la cantidad de su
eyaculación. "¡Ahhh...! ¡Mira cuánta leche
me has hecho dar!... Ahora chupa putita ¡no dejes ni gota!"
dijo, mientras yo comenzaba a succionar su pene desde la punta, tratando
de aspirarle hasta el último resto de su simiente. Cuando estuve
segura de haber extraído toda, procedí a limpiársela
con mi lengua mientras él charlaba con su compañero comentando
la gozada que se habían dado conmigo. Luego ambos me advirtieron
que me lavara bien una vez que se hubiesen ido, para que no quedaran rastros
de haber contravenido la regla sobre el semen. Recuerdo vagamente que lo
hice así y que luego caí exhausta sobre la cama donde dormí
profundamente hasta el día siguiente.
Melissa Septiembre de 2001 |
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