- Esos dos. Dijo Blanche señalando
a dos enormes perros que permanecian echados siguiendola con la mirada
sin inmutarse.
- Señora sabe lo que dice
?. Son dos mastines. Esos animales son dificiles de manejar hasta para
los hombres mas experimentados.
- Tan fieros son ?.
- Ahi donde los ve tan apacibles
y tranquilos su apariencia engaña.
Una vez furiosos son capaces de
devorar a cualquiera que no sea su dueño si le vieran en peligro.
Pero sobre todo que son dificiles de manejar, tienen una fuerza enorme
y cuando se excitan pueden arrastrar a cualquiera.
- Estan en venta esos animales,
señor Carrot?
- Naturalmente señora pero
...
- Entonces no hablemos mas del asunto,
los quiero para mi.
Despues de casi una hora de mirar
y escoger Blanche habia elegido una docena de animales que iban desde los
enormes mastines hasta los medianos buldog.
- Tengo un problema señor
Carrot, dijo Blanche una vez se hubo cerrado el trato.
- Usted dira señora.
- No tengo donde guardarlos. Me
los podria guardar usted aqui en sus corrales hasta que pueda hacerme cargo
de ellos.
- Naturalmente señora, siempre
y cuando usted corra con los gastos de manutencion durante el tiempo que
los tenga aqui depositados.
- Sera solo el tiempo imprescindible
para que los animales se acostumbren a mi y sepan que soy su dueña.
Pues si tiene prisa la aconsejo
que este junto a sus animales el mayor tiempo posible, asi aprenderan a
conocerla y a respetarla, deles usted misma de comer, es muy importante
que los animales descubran su olor entre los alimentos y si alguno se desmanda
no dude en castigarle, los perros, al igual que los negros, necesitan saber
quien manda.
- Ahora tengo que hacer, pero volvere
dentro de un rato. Dijo Blanche pensando que Jack, el Loco, debia estar
esperandola para sacar los perros de la casa.
Tal y como suponia Jack, esperaba
impaciente a la puerta del Excelsior. Parecia querer recuperar a sus animales
para encomendarles otro trabajo y aplacar su curiosidad sobre lo ocurrido
en aquella larga noche dentro de Las cuatro Rosas.
Nada mas llegar a la plaza del mercado
se dio cuenta de que era rodeada de un grupo de hombres expectantes, serios,
respetuosos e incluso algunos atemorizados.
Desde el primer momento Blanche
supo que algo andaba mal, que algo terrible habia sucedido desde el dia
anterior.
El paso de los caballos y rebotar
de las ruedas del carruaje sobre el enlosado pavimento de la plaza la impidieron
percatarse de lo que ocurria hasta que este se detuvo ante la puerta de
Las Cuatro Rosas.
De pronto Blanche oyo por primera
vez en su vida los ruidos de los que tanto la habian hablado. Era lo mas
parecido a profundos gruñidos de un inmenso animal o animales encerrados
en los cimientos de la edificacion.
Los gruñidos, aunque ritmicos
no siempre eran iguales, todo parecia indicar que eran mas de uno los diablos
que la avisaban de que una vez traspasara las puertas de aquella maldita
casa tendria que verselas con ellos porque ellos eran los autenticos dueños
aunque ella hubiera pagado el dinero. Ellos, desde hacia mas de medio siglo
habian vivido alli y alli continuarian por mas que Blanche deseara disputarles
la propiedad. Y posiblemente continuarian alli cuando ya Blanche hubiera
muerto.
Lo que no se oia, por mas que Blanche
se esforzo en escuchar eran los ladridos de los perros, ladridos logicos
si era cierto que aquellos animales se estaban enfrentando con los seres
que habia dentro de la casa.
Claro que tambien podia ocurrir
que a esas horas estuvieran todos muertos.
Por primera vez en su vida Blanche
sintio el miedo, el autentico miedo, ese miedo que siente la victima hacia
el verdugo, un sudor frio la cubrio todos los poros y temio perder el control
de los esfinteres como habia visto hacer a los negros cuando se sabian
en peligro de muerte. Durante unos minutos se sintio aterrada ante la idea
de tener que abrir aquellas puertas.
Podia mandarselo a Drum como habia
hecho en dias anteriores pero sabia que hoy las circunstancias eran distintas.
Todos aquellos hombres que la observaban esperaban al menos un gesto que
indicara que merecia el respeto que hasta ahora habia sabido ganarse.
Incluso el mismo Jack, el loco,
la miraba esperando que hiciera algo, el no estaba dispuesto a jugarse
la vida por sus animales.
Tras unos minutos de tensa duda
Blanche se decidio a bajar del carruaje, livida y notando como las piernas
la temblaban se encamino hacia la puerta exterior convencida que se encaminaba
hacia la muerte.
Con mano temblorosa acerco la llave
a la cerradura acertando con ella al tercer o cuarto intento.
Por fortuna el mecanismo recien
instalado del dia anterior giro con suavidad y la puerta exterior de la
finca se abrio chirriando.
Noto que Jack se ponia cerca pero
detras de ella cuando la puerta comenzo a girar.
Casi como en un sueño terrible
fue acercandose a puerta de acceso a la casa pendiente tan solo de que
sus temblorosas piernas no terminaran de ceder bajo su peso ofreciendo
a los espectadores el espectaculo de su terror.
Jack la seguia a pocos pasos por
detras y aunque sabia que el hombre saldria corriendo a la menor señal
de peligro la idea de sentirse acompañada en el corto trayecto la
reconforto un poco.
Finalmente oyo la voz del hombre
llamando a sus perros.
Como si fuera una señal convenida
los animales comenzaron a ladrar desde detras de la puerta.
- No estan muertos, se dijo para
si Blanche. Sacando de esta evidencia el valor necesario para abrir la
puerta que dos dias antes Drum habia encontrado cerrada con alambres.
La pesada madera cedio y uno de
los perros salio a recibir a su amo que se apresuro a atarle a una de las
correas de que era portador.
Pero el animal tiraba de la correa
tratando de introducir a Jack en la casa.
En la actitud del animal habia excitacion
pero no terror. Era el mismo el que trataba de arrastras a su amo al interior
por su propia voluntad.
Jack dejo que el animal le arrastrara
hasta entrar en la casa lo justo para llamar al resto de los animales que
fueron saliendo sin mas problemas ni incidentes.
A Blanche no la paso desapercibido
el ver que algunos de ellos salian con el morro manchado de sangre, seguramente
durante aquella larga noche habian cazado muchas ratas. Todos daban muestras
de gran excitacion pero ninguno de ellos salia amedrentado por lo que pudiera
haber dentro de la casa.
Incluso la parecio observar en el
rostro de Jack una cierta expresion de incredulidad. Como sino se atreviera
a interpretar lo que la excitacion de sus animales queria indicarle.
Finalmente todos los perros estuvieron
atados a sus correas y tras cerrar las puertas Blanche regreso al carruaje.
Abono el dinero convenido por el servicio de los perros al desconcertado
Jack y con gran alivio pudo retirarse despues de concretar que a la noche
estaria de nuevo alli para que el hombre pudiera introducir a sus perros
en la casa.
El grupo de curiosos que los dias
anteriores la habia recibido con jocosa expectacion hoy la despidio con
respetuosa pero electrizante tension y en silencio.
Blanche se sentia aliviada a medida
que se alejaba de la casa pero no por eso su cerebro dejaba de trabajar
a marchas forzadas.
Todo indicaba que los animales no
se habian sentido amenazados por los demonios que pudieran habitar la casa
pero, que indicaba entonces la excitacion que mostraban ?.
Por unos momentos estuvo tentada
de volver a la plaza del mercado de esclavos y tal y como era su primitiva
idea comprar unas cuentas negras para que continuaran la limpieza de la
casa.
Pero la prudencia termino por imponerse.
Era muy posible que las negras asustadas por los ruidos se negaran a entrar
o a trabajar y tendria que dar un espectaculo que lo unico que haria seria
afianzar el mito que rodeaba la casa. La prudencia aconsejaba dejar pasar
el tiempo hasta que los ruidos cesasen de nuevo.
Dio orden a Drum para que la condujera
otra vez a las perreras del señor Carrot. Deseaba con toda su alma
que los animales se acostumbraran cuanto antes a su presencia y que supieran
quien era su ama, sabia que ellos y solo ellos podrian desenmarañar
parte de los misterios.
El señor Carrot era un hombre
eficiente y habia hecho desalojar una parte de sus perreras para facilitar
que los animales de Blanche estuvieran en perreras contiguas para que se
acostumbraran unos a otros y todos a la presencia de Blanche.
Por consejo del hombre Blanche paso
buena parte de la mañana paseando entre las jaulas notando como
en sus primeros paseos todos los animales sin excepcion la recibian con
furiosos ladridos. Impresionaron a Blanche los poderosos y profundos ladridos
que los mastines emitian casi sin moverse del sito donde estaban, demostrando
su seguridad y firmeza.
Poco a poco los animales se fueron
acostumbrando a su presencia y dejaron de ladrar.
Sin duda el señor Carrot
debia observar lo que pasaba desde su despacho ya que al llegar la hora
de dar la comida a los animales hizo llamar a Blanche y la felicito por
como a base de constancia habia conseguido ya ganarse la confianza de los
animales.
Preparar la comida de los perros
fue una las tareas mas desagradables de aquel dia ya que debia trocear
las visceras de reses muertas con sus propias manos antes de echarlas en
las latas que les servian de comedero.
Fue la misma Blanche la que se encargo,
por consejo del señor Carrot de distribuir la comida por las jaulas
obteniendo como recompensa el alegre flamear de los rabos de algunos de
los animales cada vez que se acercaba a sus jaulas.
Al final del dia Blanche pudo sacar
a pasear a algunos de los perros.
A la caida de la tarde regreso al
Excelsior y tras hacerse preparar un baño por Tiara para desprenderse
de la mugre y la suciedad que habia acumulado en su cuerpo durante aquel
dia de estancia en las perreras espero a que llegara Jack para introducir
a los perros en la casa.
El hombre llego mas temprano de
lo esperado pero Blanche le hizo esperar hasta despues de haber cenado.
En realidad volvia a sentir el mismo miedo de por la mañana ante
la idea de tener que volver a acercarse a las puertas de las Cuatro Rosas.
Finalmente no pudo retrasar mas
el compromiso y muy a su pesar se hizo preparar de nuevo el carruaje y
se encamino a la plaza del mercado de esclavos.
Jack habia dicho que queria hablar
con ella, Blanche se sentia intrigada por lo que el hombre pudiera decir
pero desde luego no le permitio subir al carruaje para que lo dijera.
Jack montado junto a Drum en el
pescante parecia absorto en sus pensamientos.
Llegaron a la plaza del mercado,
los terribles y espantosos ruidos seguian produciendose a intervalos regulares
solo que la intensidad habia aumentado considerablemente.
Blanche hubo de esperar a que Jack
fuera a por sus perros y los pocos minutos de espera fueron suficientes
para hacer que el miedo de Blanche creciera en su interior hasta alcanzar
proporciones gigantescas oyendo los terrorificos ruidos que se producian
en la casa.
Blanche comenzo a preguntarse si
llegaria el dia en que se atreviera a trasponer aquellas puertas.
El grupo de curiosos se arremolinaban
en derredor del carruaje como si desearan ver a la heroina cuya imagen
iba creciendo en sus mentes.
De todas maneras el ambiente era
tenso e incluso a Blanche la desconcerto el ver a algunos hombres armados
con rifles y escopetas entre las gentes reunidas en la plaza.
Los ladridos de los animales evidenciaron
el regreso de Jack y Blanche comprendio que llegaba de nuevo el momento
de enfrentarse con la realidad.
Temblando de miedo abrio la puerta
exterior. Esta vez Jack paso delante de ella impulsado por el continuo
tirar de los animales hacia la casa. Parecian los unicos que no sentian
miedo de penetrar en ella.
Jack hubo de detener a los perros
a unos metros de la puerta de entrada para permitir que Blanche la abriera
ya que algunos la ladraban descaradamente como si quisieran atacarla.
En un momento en que Blanche se
dio la vuelta pudo ver a tres o cuatro hombres que apostados a los lados
de la puerta exterior esperaban con las armas preparadas por si era necesario
acudir en su ayuda. La idea la parecio totalmente insuficiente pero reconfortante.
Tan pronto como la puerta estuvo
abierta y Blanche se hubo retirado unos metros Jack solto los perros que
se precipitaron ladrando hacia el interior de Las Cuatro Rosas.
- Ahi hay negros. Dijo Jack al ver
en la forma en que los animales entraban en la casa.
Blanche oyo sus palabras y se pregunto
hasta donde se podria fiar de las opiniones de un loco.
Cuando hubo cerrado la puerta e
inicio el regreso hacia la plaza vio como los hombres que habian montado
guardia con sus armas listas para intervenir se relajaban y aseguraban
las armas para evitar accidentes.
- Gracias. Dijo Blanche al pasar
cerca de ellos.
- No hay de que, señorita,
contesto uno en nombre de todos.
- Hasta mañana Jack.
- Un momento señorita, Jack
quiere hablar.
- Lo haremos mejor en otro sitio,
sube al pescante.
Una vez se hubieron alejado de la
plaza y de la multitud Blanche ordeno a Drum dirigirse a las afueras de
la ciudad buscando un lugar solitario donde poder hablar con Jack sin la
presencia de oidos indiscretos.
No queria que ni el mismo Drum pudiera
enterarse de lo que Jack pudiera decir. No sabia si Drum conocia ya la
leyenda de Las Cuatro Rosas pero sino la conocia era mejor que no se enterara
de nada. De poco la iba a servir si tambien el era presa del panico.
Blanche ordeno parar el carruaje
y bajando de el ordeno a Jack que la acompañara. La noche habia
cerrado y solo la luz de la luna iluminaba el camino.
Se alejaron del carruaje lo suficiente
como para que Drum no pudiera oirles y Blanche pregunto.
- De que quieres hablarme Jack ?.
- Sabe como me llaman señorita
?.
- Si, Jack " el Loco".
Contesto, sabiendo que su sinceridad habia de desconcertar necesariamente
al hombre.
- Efectivamente, señorita.
dijo el hombre una vez hubo asumido el desconcierto. " El Loco ",
porque a veces digo o hago cosas que a los demas les parecen locuras. Pero
no me llaman " el imbecil ", ni el " memo ". Me llaman
el " Loco " .Y Jack el loco dice que en su casa hay negros, no
se si tambien hay demonios porque nunca he visto a mis perros siguiendo
a demonios pero si los he visto siguiendo a negros muchas veces y puedo
asegurarle que en esa casa los hay.
Tan seguro como que usted ha estado
hoy con perros, con otros perros que no son los mios.
- Como lo sabes Jack ?.
- Por la forma en que han tratado
de atacarla.
- Pero eso lo hacen siempre.
- Si, pero no siempre de la misma
forma.
- Tienes razon Jack, he comprado
una docena de perros y he pasado el dia con ellos.
- Yo sabria que tenia razon aunque
usted lo hubiera negado.
- Por que iba a negarlo ?.
- No se, quiza la podia dar vergenza
reconocer que estaba en negociaciones con otro hombre.
- Vamos a ver si podemos entendernos
Jack. Nuestro trato solo concierne a que pongas tus perros a mi disposicion
durante las noches y por unos cuantos dias. No es eso ?.
- Eso es señorita, pero Jack
ha estado pensando ..., Jack hizo una larga pausa para permitir que Blanche
le preguntara, pero continuo al ver que ella no lo hacia. Ha estado pensando
que si ha comprado esa casa es porque desea vivir en ella. Me equivoco?.
Blanche tardo en contestar, no era
capaz de entrever por donde podian ir los pensamientos de Jack el loco.
- No, no te equivocas Jack.
- Pues eso, si piensa vivir en la
casa tendra que tener negros. Es cierto?
A Blanche la extraño que
Jack necesitara confirmacion de cuestiones que a cualquier otro le hubieran
resultado evidentes.
- Si claro.
- Muchos negros. verdad ?.
- Es posible.
- La casa es grande. No se compra
una casa tan grande para usar una sola habitacion ?.
- Blanche empezaba a darse cuenta
de la agudeza mental del hombre.
- A donde quieres llegar Jack.
- Que es usted sola. Que no tiene
ni marido, ni hijos, ni familia, ni siquiera tiene amigos todavia en la
ciudad, pero compra la casa mas grande y mas fuerte a pesar de los ruidos,
las leyendas y los demonios, y la cabeza de Jack empieza a pensar. La cabeza
de Jack no entiende por que una mujer joven, bonita y sola necesita una
casa tan grande, pero sabe que en esa casa habra negros, muchos negros
y que los negros escapan de los demonios. La cabeza de Jack sabe que cada
vez que alguien ha intentado vivir en la casa los primeros que han salido
zumbando son los negros.
Continuara.
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