- Son muy fieros sus perros ?.
- Jack ya ha dicho, unos mas que
otros pero dos serian capaces de parar al diablo.
Blanche esbozo una sonrisa. Ya veremos
lo que dices cuando sepas que quiero enfrentar a tus perros con el diablo,
penso divertida.
- Es mucho tiempo, mas del que puedo
permitirme, pero quiza sea usted un hombre tan valiente como sus perros.
El hombre empezo a mirarla con recelo.
Parecia mas astuto de lo la expresion de su rostro y su forma de hablar
indicaba.
- Que quiere usted de Jack y de
mis perros señorita ?.
- Quiero que durante varias noches
los traiga aqui y que pase la noche dentro de la casa con sus perros.
- De que casa señorita?.
Pregunto el hombre como no queriendo comprender que Blanche hablaba de
Las Cuatro Rosas.
- De esa casa. Dijo señalandola.
El hombre parecio dudar mucho mas
de lo que era prudente, estaba claro que sentia miedo.
- Los perros si, pero Jack no. Traere
los perros por la noche y los recogere por la mañana.
- Cuanto pide usted por ese servicio
?.
- Cinco por noche y cinco por perro
muerto o desaparecido.
- Me parece justo el trato siempre
que cada noche suelte dentro de la casa una docena de perros.
- Jack pensaba solo en diez, Jack
no tiene mas que esten hermanados.
- Que quiere decir eso ?.
- Perros que se conocen, saben hacer
su trabajo juntos y que nunca se atacarian unos a otros.
- Si, yo tambien creo que seran
suficientes. dijo Blanche comprendiendo que introducir perros extraños
en la jauria lo unico que podia traer eran perjuicios y proporcionar pistas
falsas.
En contra de lo presentido por Blanche
el dia termino con la misma tranquilidad que el precedente.
Las negras fueron revendidas y los
perros fueron introducidos en la casa antes de que Drum cerrara la puerta
con doble llave.
Ya en el hotel Blanche pregunto
a Drum si a lo largo del dia habia notado algo extraño o habia localizado
por fin la escalera que descendia al piso bajo?
- Salvo lo de los cubos y las ratas
no he notado nada extraño, en cuanto a la escalera sigo sin encontrarla.
- Donde estara esa maldita escalera?
se dijo Blanche confiando plenamente en las palabras de Arthur Warner.
- Hay muchas ratas?.
- Cientos, ama, cientos de ratas
de todos los tamaños, supongo que los perros mañana no tendran
que comer en todo el dia. Contesto Drum con una amplia sonrisa.
Despidio a Drum he hizo que Tiara
bajara a buscar a Morceb.
El negro subio tan rapidamente como
pudo, seguramente pensaba que su ama le requeria para algo importante y
agradable.
- Sigue sin aparecer la carreta?.
- Sigue sin aparecer ama.
- Estas seguro de que no te has
movido ni dormido en todo el dia?.
- Seguro ama.
- Si por casualidad aparece la carreta
en la ciudad sin que venga contigo te aseguro que te pelare el culo a palos.
- No ama, puede estar tranquila,
la carreta de Derim no pasara sin que yo la vea. - Eso espero por tu bien.
- Has visto a Lamoro ?.
- Si ama, esta abajo.
- Bien puedes marcharte.
- Morceb la miro decepcionado y
no se movio del sitio, parecia como si esperara que su ama se arrepintiera
y le llamara a su lado para pasar la noche con el.
- A que esperas idiota ?.
- Nada ama, nada, ya me voy.
- Dile a Lamoro que suba. Ordeno
antes de que Morceb cerrara la puerta tras de si.
Un seco, si ama, fue la confirmacion
de el negro habia oido la orden de Blanche. Un, si ama, que en sus oidos
sono ligeramente molesto.
No tenia intencion de hacer nada
con Lamoro, ni con Lamoro ni con Tiara, se encontraba en el primer dia
de la regla y su cuerpo no tenia ganas de juegos eroticos pero, la gustaba
la idea de mortificar al arrogante Morceb, haciendole creer que habia jugado
con otro negro.
Apenas habia salido Morceb cuando
llamaron a la puerta.
- No es posible que sea Lamoro,
se dijo Blanche.
Cuando Tiara abrio la puerta una
joven negrita pregunto.
- Es esta la habitacion de la señorita
Blanche?.
- Si, que quieres?. Pregunto Tiara
en tono energico.
- Mi ama me envia para que la de
un recado.
- Damelo a mi, yo se lo dire a ella.
Blanche se sentia divertida viendo
como Tiara se daba importancia.
- Mi ama ruega a la señorita
Blanche que suba a su habitacion para charlar un rato.
- Espera fuera, dijo Tiara cerrando
la puerta.
Despues se dirigio a Blanche para
repetir ufana las palabras de la negrita.
- Haber si aprendes a preguntar
de parte de quien viene el recado.
Tiara hizo un gesto de enfado, pero
no con su ama, sino con ella misma por su torpeza. Volvio a la puerta y
pregunto a la muchacha.
- Quien es tu ama?.
- La señora Lewis.
Tiara volvio a cerrar la puerta,
se encamino hacia Blanche y dijo.
- La señora Lewis dice ...
, a continuacion repitio lo que ya habia dicho anteriormente.
Blanche no sentia muchas ganas de
enfrentarse a la regañina de Jesica por haber comprado Las Cuatro
Rosas pero no tenia forma de rechazar su invitacion.
- Cuando suba Lamoro le dices que
se baje otra vez. A la negrita dila que espere.
- Dice la señorita Blanche
que esperes. Dijo antes de volver a cerrar la puerta.
Blanche se sentia divertida con
la actitud de importancia que estaba tomando Tiara.
Cuando suba Lamoro no se te ocurra
dejarle entrar, lo que te he dicho se lo dices a traves de la puerta. Si
me entero de que le has dejado entrar te azotare. Dijo Blanche pensando
que en su ausencia aquellos dos negros pudieran dedicarse a hacer cochinadas.
- Descuide ama. Ese negro no pondra
aqui sus pies nada mas que cuando usted lo ordene. Contesto Tiara convencida
de lo que decia.
Momentos despues Blanche subia la
escalera que conducia a la planta superior donde estaba la habitacion de
Jesica.
La negrita se adelanto para llamar
y abrir la puerta.
- Pasa Blanche, pasa. Dijo Jesica
desde un comodo sillon en el que se encontraba repanchigada.
- Acomodate. dijo señalando
un sillon gemelo que habia frente a ella.
Una vez mas Blanche hubo de tener
cuidado al poner sus pies porque, como parecia ser costumbre en Jesica,
tenia un negro entre los dos sillones sobre el que descansaban sus pies
descalzos.
- Ponte comoda muchacha no estes
con las piernas encogidas.
Blanche comprendio que Jesica la
invitaba a poner tambien los pies sobre el cuerpo del esclavo e hizo lo
que su amiga la sugeria.
- Estas cansada verdad?.
- Un poco?.
- Claro es natural, despues de todo
el dia dentro del carruaje es logico que estes cansada.
- Como lo sabes?.
- No se habla mas que de ti en la
ciudad, te estas convirtiendo en una especie de heroina. Incluso empiezan
a cruzarse apuestas entre los que creen que no viviras en la casa mas de
una semana y los que creen que no lo haras mas de un mes.
- Ese es el plazo maximo que me
dan.
- Ese es plazo que te dan los mas
optimistas.
- Y tu que piensas ?.
Jesica hizo una seña a la
negrita y esta diligente se agacho y comenzo a descalzar a Blanche.
- Libera tus pies del encierro a
que los tienes sometidos todo el dia. Dijo Jesica al ver que Blanche hacia
un intento de rechazar la accion de la negrita.
- Yo no se que pensar. A veces pienso
que estas loca, otras pienso que solo tu eres capaz de vencer lo que haya
dentro de esa maldita casa.
- Yo tampoco se que pensar, Jesica,
una veces creo que no tenia ninguna necesidad de hacer lo que he hecho
y otras me pregunto que si no tenia esa necesidad por que lo he hecho ?.
- No te entiendo Blanche.
- Yo tampoco me entiendo Jesica.
Tan solo se que he tenido que comprar esa casa y solo esa pero no se por
que ?.
- Abandona la idea. Todavia estas
viva por lo tanto a tiempo.
- No Jesica, no lo hare, vencere
al mismisimo diablo si es que vive alli o me vencera el a mi pero no pienso
renunciar.
- Tozuda. Dijo Jesica con un gesto
de amargura. Lamentaria perder a una de las pocas personas a la que quiero
y por la que siento un profundo respeto.
Mientras hablaban la negrita se
dedicaba a dar un suave y reconfortante masaje en los pies de Blanche.
- Hablaste con Arthur Warner?.
- Si, lo hice, pero no me conto
nada que tu no me hubieras dicho ya. Tan solo se limito a aconsejarme una
y mil veces que no hiciera la compra.
Blanche omitio contar los sucesos
acaecidos a Arthur Warner dentro de la casa, suponia que el sheriff no
debia sentirse muy orgulloso de su actuacion y que preferiria que la historia
siguiera en secreto.
- Crei que Arthur seria capaz de
convencerte.
- Pues no lo fue.
- Ya lo he visto, ya.
- Como han ido las cosas Blanche
?.
- De momento muy bien, no ha habido
ningun contratiempo.
Me han dicho que has metido perros
dentro de la casa.
- Si, unos cuantos.
- Me parece una buena medida de
seguridad. Ahora que todos saben que se puede entrar y salir vivo de Las
Cuatro Rosas alguien puede tener la idea de entrar para robar.
- Me temo que en esa casa no debe
haber mucho de valor. Todo o casi todo debe estar podrido. Esta misma tarde
he tenido que quemar todas las ropas y colchones.
- Por que ?.
- Porque despues de setenta años
las ropas se deshacian al tocarlas y los colchones no eran mas que un nido
de bichos, chinches y ratas.
- Ratas! que asco!. Dijo Jesica
haciendo un gesto de repugnancia.
Pero yo he oido que Las Cuatro Rosas
era una casa prospera antes de que sucediera la desgracia y jamas he oido
que la vajilla o la cuberteria fuera sacada por nadie.
Yo no he entrado todavia, ni lo
hare hasta que la casa se haya adecentado un poco, pero me temo que el
inventario sera corto una vez que pueda entrar y verlo.
Volviendo a los perros Blanche.
Por que no buscas unos buenos perros en lugar de esa jauria de chuchos
famelicos.
- El dueño me ha jurado y
perjurado que son autenticas fieras acostumbrados a cazar negros escapados.
- Sabes como llaman a ese hombre
?.
- No.
- Jack el "Loco". Sus
perros estan tan locos como el. Porque no hablas con el señor Carrot?,
es el criador de perros mas importante de la ciudad. Se puede decir que
el es tan bueno criando perros como yo criando negros.
Blanche hubo de reconocer que Jesica
tenia buenos negros, y no solo de estampa, el masaje que la negrita la
estaba dando en los pies se los estaba dejando como nuevos, incluso la
parecio se aliviaba la tension que sentia en la tripa a medida que la muchacha
insistia en ciertos puntos de las plantas de sus pies.
- Donde puedo localizarle?.
- Es facil, saliendo de la ciudad
por el camino de Natchez, como a media hora de camino, encontraras una
casa blanca, de dos pisos, rodeada de una enorme tapia del mismo color
blanco, son los corrales. Tiene perros de todas la razas y tamaños.
Dejate aconsejar y veras como no te arrepientes.
Todo aquel que quiere un perro sea
para lo que sea acude a el y casi nunca sale defraudado.
- Mañana ire a verlo.
Mientras hablaban Blanche se habia
fijado en que Jesica no tenia ningun reparo en mover sus pies sobre el
cuerpo del negro con entera libertad. Tan pronto se los ponia sobre la
boca, como sobre el vientre o sobre el sucinto taparrabos que cubria los
atributos sexuales del negro.
Tampoco se esforzaba lo mas minimo
en tomar una postura que impidiera al macho lanzar avidas miradas entre
los muslos de su ama.
Estaba totalmente ajena a los sentimientos
o pasiones que su actitud pudiera despertar en el negro, se sentia de lo
mas libre para moverse a su antojo.
Blanche se preguntaba que podia
encontrar el negro mirando entre los gordos muslos de Jesica, la verdad
es que su amiga, a su edad, tenia poco de atrayente. Al igual que humanamente
Jesica parecia ser un ser encantador, hacia mucho que su cuerpo habia dejado
de ser apetecible.
Siguieron hablando durante un cierto
tiempo. El tema era siempre el mismo. Las Cuatro Rosas y los misterios
y peligros que en ella podia encontrar.
Finalmente Blanche rompio el circulo
vicioso preguntando a su amiga.
- Por cierto, todavia no me has
dicho el precio de Lamoro.
- No conozco a ningun Lamoro. Contesto
Jesica con una sonrisa.
- El negro que me vendiste. Explico
Blanche.
- Ah !, ese negro. No te preocupes,
si todavia no se ha puesto en contacto contigo el señor Hall no
tardara en hacerlo.
- Pero no puedes decirmelo tu misma?.
- No, ya ni me acuerdo como era.
Te daria un precio a voleo, ademas no estoy muy al corriente de los asuntos
financieros. No tengas prisa, yo le dire a Ted que se ponga en contacto
contigo.
Estaba claro que Jesica mentia pero
Blanche comprendio que no era por malicia. Su amiga se hubiera sentido
aliviada si hubiera podido regalarla el negro.
Al despedirse Blanche pudo percibir
en el rostro de Jesica un matiz de preocupacion por ella.
- Cuidate Blanche. Dijo en tono
grave.
Ya en su habitacion lo primero que
hizo fue mandar a buscar a Lamoro. No queria nada de el, tan solo mortificar
el petulante orgullo de Morceb.
Cuando Tiara llego acompañada
del macho, Blanche se hizo desnudar por ambos y tras meterse en el lecho
les ordeno tumbarse uno a cada lado de la cama dejando sus comodas zapatillas
sobre el desnudo pecho del macho.
Sintio placer al pensar que podia
disponer de un negro tan imponente como aquel tan solo para dejar sobre
el sus zapatillas durante la noche.
Cual no seria su sorpresa al despertar
y encontrar que las zapatillas no estaban donde las habia dejado sino sobre
el vientre de Tiara como solian estar siempre.
No dio importancia al hecho ya que
estaba preocupada por como se desarrollarian los acontecimientos del nuevo
dia.
Poco despues el carruaje de Blanche
atravesaba el puente sobre el rio camino de la casa del señor Carrot,
el criador de perros tal y como le habia prometido a Jesica.
Al pasar sobre el puente sus ojos
descubrieron la figura de Morceb en la tediosa espera de la carreta en
la que vendrian Derin y los demas.
Blanche comenzaba a preocuparse
por la tardanza de la carreta con los negros que la habian seguido desde
Viento del Norte.
Desde lejos identifico la casa del
criador de perros. Los ladridos se oian desde varios cientos de metros.
Un negro vino corriendo al encuentro
del carruaje tan pronto como advirtio que este se desviaba del camino hacia
la casa. Tomo las riendas, puso los caballos al paso como medida de precaucion
para evitar que los animales se espantaran por los ladridos.
A pesar de los finos ropajes, Blanche
tuvo la sensacion de que el señor Carrot era un rudo y noble labriego
distinguido por la fortuna.
- A quien tengo en honor de recibir
en mi casa?. Dijo haciendo una profunda y aduladora reverencia.
- Soy la señora Benson.
- Encantado señora. En que
puedo servirla ?.
- Quisiera comprarle algunos de
sus perros.
- Casualmente tengo algunos que
podian hacer un maravilloso adorno a su elegante figura. Señora.
Tiene usted idea de alguna raza
determinada?.
- No señor Carrot, no entiendo
nada en absoluto de perros pero si hace el favor de enseñarmelos
le dire rapidamente lo que deseo.
- Con mucho gusto señora,
si hace el favor de acompañarme. dijo el hombre encaminandose hacia
los corrales.
Blanche comprendio que el hombre
se habia confundido en cuanto a lo que suponia que podian ser sus deseos
ya que, empezo enseñandole unos perrillos pequeños, que apenas
si levantaban un palmo del suelo y que la miraban con sus ojos saltones
ladrando continuamente.
- No, señor Carrot, lo que
deseo es una docena de perros de los mas grandes, fuertes y fieros que
tenga.
El hombre la miro de hito en hito,
pero tras reflexionar un momento se encamino decidido hacia la parte opuesta
del corral donde se guardaban los animales de mayor porte.
continuara.
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