Por que sentia entonces la necesidad
de comprar aquella casa maldita hasta en los tugurios del puerto?. Por
que deseaba dedicarse de nuevo a la profesion mas vieja del mundo?. Por
que en aquella ciudad?. Por que?. Por que?. Por que?. Habia demasiados
porques? en su vida, pero habia uno que los sobrepasaba a todos. Por que
porque?
Por que no era capaz de vivir la
vida sencillamente?, como aquellos seres que hacia un rato habia denostado
por su falta de ideas, de imaginacion y de ambicion.
Blanche se dio cuenta que seguir
por aquel camino podia llegar a ser peligroso, podia llegar hasta a volverse
loca y acepto una vez mas lo que parecia ser el principio fundamental de
la vida. Todo ser vivo se diferencia del inerte en que es capaz de explotar
y transformar el medio en que vive.
A ella la tocaba transformar una
parte del medio y a otros le les tocaba transformar otras.
Finalmente, ya de regreso al hotel
se pregunto si el viejo Arthur Warner no habria tenido razon al decir que
sus pasos estaban guiados por el demonio?.
No era creyente. No creia ni en
Dios ni en el demonio pero su falta de fe no impedia que ambos pudieran
existir y manejaran a los hombres a su capricho.
Tal y como habia supuesto, en el
hotel tenia una nota de Maurice en el que la comunicaba que habia logrado
ponerse en contacto con el señor Bernstein, el actual propietario
de Las Cuatro Rosas y que en la mañana del dia siguiente pasaria
a buscarla.
Cuando el recepcionista la entrego
la nota la parecio que la miraba de una forma extraña. Sus ojos
reflejaban una mezcla de resentimiento y sumision.
Aquella noche Blanche no tuvo ganas
de compañia, se sentia alterada, impresionada, irritable, los sucesos
del dia la habian impresionado mas de lo que queria reconocer pero en el
momento de acostarse se dio cuenta que tambien podia influir en su estado
de animo el hecho de que ya debian estar proximos los dias de la regla
menstrual.
Hacia tiempo que se habia dado cuenta
de que en los dias anteriores a ella se sentia incomoda e inquieta, sus
ideas habitualmente claras, esos dias se enturbiaban, lo que en otros momentos
no tenia mas importancia tomaba en aquellos dias proporciones enormes,
se sentia continuamente de mal humor.
Recordaba perfectamente que la noche
que llego a Viento del Norte estaba en el primer dia de la regla. Aquella
noche mato a aquel negro de cuyo nombre ya habia olvidado, de un tiro.
Tambien estaba con la regla el dia
que empujo al negrito al pozo despues de que este hubiera recuperado para
ella el tesoro que habia escondido en sus aguas.
Igualmente ocurria aquel dia ya
lejano en que se ensaño con Camana, la negra que compro antes de
llegar a Viento del Norte, produciendola aquella fea cicatriz que la desfiguraria
el rostro para el resto de su vida.
Ya casi entre sueños, Blanche
esbozo una sonrisa mientras se preguntaba.
Sera posible que buena parte de
las desgracias que ocurren en el mundo se deban solo al imperativo fisiologico
de la menstruacion femenina?.
La idea no deja de tener gracia,
se dijo mientras caia en un alterado sueño donde se mezclaban los
monstruos con los paisajes radiantes. Las cavernas aterradoras, donde vivian
formas desconocidas de vida que peleaban unas con otras disputandose el
derecho de engullir a una preciosa jovencita que sin duda era ella.
Durmio mal y se desperto tarde,
mucho mas tarde de lo que era habitual en ella. Consciente de que Maurice
llegaria de un momento a otro se puso de mal humor, no la importaba hacerle
esperar un poco, pero no tanto como el tiempo que tardaba en arreglarse
habitualmente. Cuanto mas comodas y rapidas eran las ropas que siempre
habia usado! en comparacion con estas tan elegantes. Se dijo mientras pugnaba
por meterse entre las delicadas telas.
Por fortuna parecia que tambien
Maurice se retrasaba y cuando llamaron a la puerta para comunicarla que
el señor Rednes la esperaba estaba ya terminando de vestirse.
Aun asi los ultimos toques la llevaron
un buen rato y Tiara hubo de pagar parte de su mal humor.
El hecho de que la negra cojeara
visiblemente, por el abuso a que la habia sometido teniendola todo el dia
anterior calzada con los zapatos, era un elemento mas de irritacion.
Cuando por fin salio de la habitacion
lo hizo con el ruego mental de no encontrarse con Jesica. Estaba segura
de que si se encontraba con ella no llegaria a comprar Las Cuatro Rosas.
En aquellos momentos en su interior
se desarrollaba un gran combate, sabia que comprar aquella casa no la iba
a traer mas que disgustos, si no otras cosas peores pero en su fuero interno
se consideraba capaz de superarlo y queria demostrar al mundo que podia
triunfar alli donde otros, que se suponian mas aguerridos, sabios e inteligentes
habian fracasado.
- Buenos dias Blanche, dijo Maurice
nada mas verla, estas radiante, Se nota que Nueva Orleans te sienta bien
y que has descansado a mil maravillas.
- Gracias Maurice, contesto sonriendo
indulgente ante la equivocacion cometida por su amigo en su afan de ser
galante.
- Has desayunado ya ?.
- No, todavia no. Y tu ?.
- Yo tampoco, sali de casa muy temprano
y ... Bueno en realidad es que preferia hacerlo contigo.
Esta galanteria si que gusto a Blanche.
Pasamos al comedor ?. pregunto Maurice.
- No, si no te importa preferiria
algun otro sitio. contesto Blanche temiendo encontrarse con Jesica.
Maurice dudo un momento antes de
decir.
- Conozco un restaurante muy cerca
de aqui, No tiene el lujo ni la categoria del Excelsior pero podemos desayunar
agusto.
- Vamos. Dijo Blanche encaminandose
hacia el carruaje de Maurice que esperaba a la puerta del hotel.
- No, no es necesario que subas
al carruaje, esta realmente cerca. A menos, claro esta, que no tengas ganas
de pasear.
- Ha! no, me encanta pasear, crei
que ibamos mas lejos.
Blanche encontro a Maurice contento
y jovial. El habitualmente serio y comedido se mostraba de una alegria
desbordante.
Blanche hubiera gozado de su alegre
compañia sino hubiera sido por que se sentia indispuesta hacia el
por la conversacion oida el dia anterior en el tugurio del puerto.
Algo debio notar el banquero porque
a medio desayuno pregunto.
- Te pasa algo Blanche? te noto
preocupada.
- No, es una simple indisposicion
femenina.
- Vaya, lo lamento, prefieres que
dejemos la entrevista con el señor Bernstein para otro momento?
- No, prefiero terminar con ese
asunto cuanto antes.
- Yo que venia tan ilusionado porque
tenia una buena noticia que darte.
Blanche le miro con ojos interrogativos
antes de decir.
- Cuenta?
- El anciano señor Bernstein
ha vuelto a bajar el precio, ahora ya no pide mas que cuarenta mil.
El gesto de alivio que hizo Blanche
desconcerto a Maurice que pregunto inmediatamente.
- Te pasa algo ?.
- Si, que se me acaban de pasar
todas las molestias que sentia.
- Maurice rio con ganas mientras
pensaba que una sustancial rebaja en el precio de compra bien podia ser
una excelente medicina. Estaba lejos de pensar que el alivio que Blanche
sentia se debia a haber recuperado de nuevo la confianza en su amigo.
- Eso es lo que pide, pero cuanto
crees que tu que se le debe dar?.
- No mucho mas alla de veinticinco
mil.
- Le dare veinte mil, ni un dolar
mas, si quiere que lo tome y si no que lo deje.
Maurice miro a Blanche desorientado,
hasta ahora no la habia visto nunca con tanta energia y seguridad.
- He estado haciendo averiguaciones
sobre esa casa. He conocido a Jesica y a Arthur Warner, ambos me han informado
de cosas horribles y estoy empezando a pensar que por poco que pague por
ella sera un dinero tirado.
- Eso ya te lo dije yo, contesto
Maurice poniendose serio.
- Ellos me han informado con mucho
mas detalle.
- En ese caso creo que lo mejor
es que desistas de la compra o al menos que la aplaces hasta que tengas
las ideas claras. No te preocupes, yo seguire buscando hasta encontrar
algo que te guste plenamente.
- No, Maurice prefiero comprarla,
es un autentico capricho y se que si no lo hago pasare toda mi vida lamentandolo.
Prefiero mil veces lamentar lo hecho que lo no hecho.
Blanche vio como un destello de
admiracion brillaba en los ojos de Maurice.
- Eres valiente Blanche, muy valiente.
Dijo el banquero.
El carruaje de Maurice les habia
seguido en su corto paseo y les esperaba a la puerta del restaurante.
Poco despues llegaban a la oficina
de Maurice Rednes. Entraron por una puerta contigua al banco y desde alli
pasaron directamente al despacho de Maurice.
Una vez se hubieron acomodado, Maurice
agito una pequeña campanilla y un hombre joven hizo acto de presencia.
- Ha llegado ya el señor
Bernstein ?.
- Si señor director, hace
rato que espera.
- Hazle pasar.
- Momentos despues entraba un anciano
arrugado, vestido con ropas rusticas, sus manos estaban encorvadas y encallecidas
por el duro trabajo, su rostro, renegrido, reseco y surcado por mil arrugas
indicaban que su trabajo se hacia a la intemperie.
- Tome asiento señor Bernstein.
Esta señora es de quien le hable pero parece que no esta muy decidida,
que ha cambiado de idea, al parecer ha recibido ciertas informaciones poco
favorables.
Blanche vio que el anciano se ponia
tenso antes de decir.
- No haga caso señorita,
no son mas que habladurias de gentes malintencionadas.
- Algunas puede que si, pero otras
son verdades sabidas por todo el mundo.
- Eso es cierto señorita,
contesto el astuto viejo tratando de no entrar en polemica con Blanche,
ignoraba lo que ella sabia y no queria darle nuevas armas para atacarle.
- Puedo hacerle una pregunta señor
Bernstein ?.
- Usted dira señorita.
- Por que no vivio nunca en la casa
?.
- Eso no es cierto señorita,
cuando era joven vivi varias veces en ella, luego, cuando fui envejeciendo
comprendi que aquella casa era demasiado grande para un hombre solo y me
traslade a otra mas pequeña.
Blanche comenzaba a sentirse tranquila.
Habia llegado a pensar que al querer ofrecer al viejo Bernstein la mitad
de lo que pedia estuviera abusando de un anciano atrapado en la miseria.
Pero ya no pensaba lo mismo. El viejo mentia de una forma descarada sin
importarle las consecuencia que para ella pudieran tener sus mentiras.
- No noto nada extraño en
la casa durante el tiempo que vivio en ella ?. Señor Bernstein.
El viejo dudo unos instantes antes
de contestar negativamente.
- Bien señor Bernstein cuanto
pide usted por la casa ?.
- Ya se lo dije al señor
director, cuarenta mil dolares.
- Pero las circunstancias han cambiado
amigo mio intervino Maurice.
Digamos que esa casa tiene al parecer
defectos ocultos que hacen aconsejable una sustancial rebaja en el precio.
- Se la puedo dejar en treinta y
cinco mil. Dijo el anciano.
- Señor Bernstein, intervino
Blanche. Le dio ahora mismo veinte mil dolares por la casa. Si esta de
acuerdo firmemos los documentos, si no lo esta sera mejor que no sigamos
hablando.
El rostro del anciano tomo una expresion
desolada antes de contestar.
- Usted sabe que necesito el dinero
y se aprovecha.
Por un instante los ojos de Blanche
relampaguearon de furor pero contesto con la mayor calma que la fue posible.
- Señor Bernstein, si las
circunstancias fueran al reves y usted supiera lo que yo se de esa casa,
estoy segura que no me ofreceria ni la mitad de lo que le estoy ofreciendo.
Usted sabe como yo que al comprarle la casa me estoy jugando la vida, y
que aun que eso no suceda, lo mas probable es que tenga que hacer con ella
lo que usted debio hacer hace muchos años, Prenderla fuego, y no
dejar piedra sobre piedra, es posible que ni aun asi se termine con los
misterios que esa casa encierra. No me diga que soy yo la que estoy abusando.
El viejo Bernstein bajo la cabeza
anonadado, permanecio en silencio un tiempo que a Blanche se le antojo
interminable y finalmente dijo.
- Donde hay que firmar?.
Minutos despues Blanche tenia en
sus manos el titulo de propiedad de Las Cuatro Rosas sita en la Plaza del
mercado de esclavos y el viejo Bernstein un pagare por valor de veinte
mil dolares.
- Señor Bernstein puedo acercarme
a su casa para que me entregue las llaves de Las Cuatro Rosas ?.
- Seria inutil señorita.
Cuando sali la ultima vez de la casa arroje las llaves al rio para evitarme
la tentacion de volver a entrar en ella. Sera mejor que llame a un cerrajero
para que fuerce las cerraduras.
Blanche esbozo una sonrisa, por
fin conseguia que el viejo dijera la verdad aunque fuera despues de efectuada
la venta.
- No hara falta, dijo Blanche recordando
la aventura de Arthur Warner. Si era cierta, y tenia todos los visos de
que si lo era, las cerraduras de Las Cuatro Rosas hacia ya tiempo que debian
estar saltadas.
Finalmente el señor Bernstein
se despidio mostrando mas alegria de la que hubiera querido demostrar.
Solo al despedirse de Blanche se
puso serio, muy serio, y dijo.
- Le deseo mucha suerte señorita.
- Que piensas hacer ahora Blanche.
Pregunto Maurice cuando se quedaron solos.
- En primer lugar no precipitarme,
he de tomar ciertas precauciones antes de entrar en esa casa.
Te importaria que tu coche me llevara
hasta el hotel?.
- No, en absoluto. Usalo durante
todo el dia si quieres, no lo necesito.
- Sin mas explicaciones Blanche
se despidio de Maurice y una vez en el carruaje dio orden al cochero de
que se dirigiera al puente del camino de Natchez. Queria comprobar in situ
que Morceb cumplia sus ordenes.
Una suave brisa se habia ido levantando
y alli, sobre el rio era francamente fria y molesta.
Fue facil localizarle sentado en
el pretil del puente observando a todos los que entraban y salian de la
ciudad por aquel camino. Satisfecha volvio al hotel, ordeno a Drum que
preparara el carruaje y poco despues llegaba a la plaza del mercado.
Se aseguro que ningun ruido extraño
procedia de la casa y que nadie en la plaza parecia alarmado por ningun
fenomeno anormal.
Solo se oian los gritos de los subastadores
y de los hombres pujando por los esclavos.
En poco mas de media hora habia
comprado una docena de negras en un lote al precio de doscientos dolares
por hembra.
Eran hembras de poco valor, delgaduchas
y esmirriadas pero para lo que las queria Blanche eran mas que suficiente.
Lo unico que exigio fue que las
hembras no fueran de Nueva Orleans y que nunca hubieran estado alli.
Ordeno a Drum acompañar a
las negras a una tienda y proveer a cada una de una escoba un recogedor
un cubo y tres bayetas de fregar.
El antiguo dueño de las negras
picado en la curiosidad por el poco esfuerzo que le habia costado vender
una docena de ellas permanecio merodeando por la plaza sin quitar el ojo
de encima ni a Blanche ni a sus antiguas hembras.
Poco despues las negras atravesaban
la plaza encaminandose al vehiculo de Blanche con la miseras sayas movidas
por el aire.
Cuando las tuvo reunidas se dirigio
a Drum.
- Quiero que las metas en esa casa.
La primera cosa que deben hacer es abrir una por una todas las ventanas
y despues barrer hasta que todo quede limpio y brillante.
Si a la noche estoy satisfecha de
vuestro trabajo os dare a cada una dos dolares de plata, sino, mas de una
recibira el latigo en las nalgas.
Desde el carruaje Blanche vio como
Drum seguido de las negras atravesaban la puerta exterior de la finca que
efectivamente tenia la cerradura saltada.
Era evidente que ni Drum, ni ninguna
de las negras recelaba lo mas minimo de la casa.
Se formo un pequeño tumulto
cuando el grupo llego a la puerta de la casa, habia algo que les impedia
el paso.
Drum regreso y comunico a Blanche
que la puerta estaba cerrada con alambres.
- Saltalos, ordeno secamente Blanche,
ahora la casa es mia.
Momentos despues las hembras desaparecian
en tropel en el interior de Las Cuatro Rosas.
Pronto el Carruaje de Blanche se
fue rodeando de curiosos que permanecian expectantes como esperando una
tragedia.
Mientras tanto Blanche pensaba que
podian significar los alambres puestos en la puerta? Si Arthur Warner habia
saltado las cerraduras quien se habia atrevido a poner aquellos alambres?.
Continuara.
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