48. COLGADOS
- Un poco llamativo tu amigo, ¿no?
- Bueno, le gusta vestirse así ¿tiene algo de malo?
- No, no, que va... sólo que no sabía que salieses con el
Pájaro Loco.
- Si lo dices por la pluma, pues sí, tiene pluma... pero nada
exagerado. En cuanto al estilo de vestir, cada uno se viste como le sale de
los...
- ¿No me vas a contar nada más de él? –Interrumpí yo.
- ¿Debería?
- Somos amigos ¿no?
- Bien... –dijo Toni lanzado un pausado suspiro-. Se llama
Pablo, pero se hace llamar Paul... es muy sencillo –añadió Toni con ironía-. Le
conocí hace un par de meses en Arena, y como se iba a currar a Ibiza, me fui con
él para conocer la isla. Trabaja de go-go en una discoteca.
- ¡No me digas! Y yo que creía que era Biólogo e iba a Ibiza
a estudiar la gran diversidad de la avifauna en las Pitiusas.
- Te veo especialmente humorista hoy, quizás tenga algo que
ver que hayas vuelto con Natalia...
- ¿Qué sabes tú de eso? –Interrogué sorprendido.
- Ruth me contó lo de vuestras interminables llamadas
telefónicas. Ahora resulta que a nuestro juguetón Juan ya no le atraen los tíos
¿qué pasa, que en París se te ha pasado el resfriado?
- Prefiero no hablar de Natalia, aún no hay nada claro. Y el
"resfriado" no se me ha curado en París, aunque estas vacaciones sí han servido
para serenar mi vida sexual. Pero por lo que a ti respecta, parece que no has
perdido el tiempo para buscarte un novio...
- Paul es tío muy interesante y estamos bien juntos, nada
más.
- Ya veo, ¿y no me has echado de menos? –Pregunté mientras me
acercaba a él.
- Quizás un poco...
- ¿Sólo un poco? Tendrás que concretar más –respondí mientras
mis manos se cerraban tras su cuello y mis labios se acercaban a los suyos. Nos
besamos, y aquel beso me hizo recordar lo mucho que deseaba volver a besarle.
- Juan... –susurró Toni mientras se apartaba de mí.
- ¿Qué pasa?
- Estamos en los lavabos de un restaurante, córtate un
poco...
- Bien, bien... ya me calmo. Tenía ganas de verte ¿sabes?
–Dije con una sonrisa.
- Yo también –respondió él.
- Y ya que ahora no es un buen momento, ¿crees que podremos
vernos pronto?
- Jejeje... estoy flipando contigo. Claro que podemos vernos,
pero no para follar, Juan. Por petardo que te parezca, el chico que está ahí
fuera me interesa y se merece el mismo respeto que él me tiene. No puedes entrar
y salir de mi vida cuando te salga de los huevos –dijo Toni con cierta rabia.
- Pensaba que sentías algo por mí –dije confuso.
- ¿Sentía? Joder claro que siento algo por ti. Desde el
primer día en que te vi cuando coincidimos en la misma clase en el instituto,
desde aquel día hasta ahora he estado colgado por ti. A pesar de que te la
chupase en el coche y me dejases tirado en mi casa, a pesar de que tras
acostarnos por primera vez casi me rompieses la cara, a pesar de que te
acostaras con Javier sabiendo que sentía algo por él, a pesar de que me hayas
usado sólo cuando estabas caliente. A pesar de todo sigo estúpidamente colgado
de ti. Fíjate, me oigo y parezco el protagonista de un estúpido culebrón
latinoamericano, me siento incluso ridículo diciéndote todo esto, pero necesito
decirlo. No puedes pedirme que me limite a estar ahí cuando tu polla se pone
dura...
- Lo siento, no sabía nada de todo esto –balbuceé.
- ¿No lo sabías Juan? Quizás no, pero te lo podías haber
imaginado.
- Y si sientes todo eso por mí, ¿qué pinta Pablo en tu vida?
- Pues algo parecido a lo que pinta Natalia en la tuya,
rellenar un hueco. Bastaría con que me dijeses que sientes algo parecido a lo
que yo siento por ti para que Paul se volviese nadando a Ibiza. Pero mientras,
déjame descubrir que hay vida más allá de "Juan".
- Bien, inténtalo, seguro que lo consigues –susurré mientras
salía del baño.
No pude ver su reacción, pero estaba seguro de que aquella no
era la respuesta que Toni hubiese querido escuchar, pero por mi parte no podía
hacer nada más. A pesar de sentir un innegable aprecio por Toni, le consideraba
un amigo más. El amor no era un sentimiento compartido en aquel caso. Amar a
otro hombre... quizás la ocasión en la que más cerca estuve de ese sentimiento
fue con David, y sólo había que ver como terminó todo.
- ¿Y qué tal te fue por París, Jordi? –Preguntó Carlos cuando
llegué a la mesa.
- Bueno, bien... no hay mucho que contar...
- ¿¡Qué no hay mucho que contar!? –Exclamó Jesús-. Pero
hombre, cuéntale que conociste a una preciosa mulatita de Isla Mauricio que te
tiene el corazón robado... jejeje. ¿Cómo se llamaba, Tour?
- Se llama Noor... idiota. Y no me apetece hablar del tema.
- Bueno... Jordi enamorado, eso sí que me sorprende –dijo
Carlos con una sonrisa.
- Seguro que no es ninguna novedad, lo que pasa es que no le
gusta hablar de su vida privada –dijo Ruth en su defensa.
- Se conocieron cuando estábamos visitando el Centro
Pompidou, y es normal que Jordi se fijase en Knorr, era la única cosa bonita
dentro y fuera de aquel edificio ¡Dios mío que feo! Las naves industriales del
Polígono de la Zona Franca son más atractivas que el Pompidou –bromeó Jesús.
- Cariño, diría que no acabaste de entender el significado
del edificio, claro que si tenemos en cuenta que el adosado de tus padres es la
máxima expresión de la arquitectura del siglo XX que conoces... –se mofó Ruth.
- Habló la arquitecta... jejeje. Vale, no tengo ni idea de
arte, pero para belleza la del ligue de Jordi, ¡que buena estaba Jour!
- Joder que pesadito estás Jesús. ¡Se llama Noor! Y olvídate
de ella.
- Bueno, mejor cambiemos de tema –dijo Ángel para reducir
tensiones-. ¿Os gustó Disneyland?
- Joder, eso sí, ves... Disneyland sí que me gustó. Nada que
ver con los parques temáticos de este país. Tan cuidado, tan limpio, tan buen
servicio... joder, alucinante. Por no hablar del Walt Disney Studios... –dijo
Jesús entusiasmado.
- Lo mismo digo, me encantó. Nunca me había subido a una
montaña rusa cubierta –añadí yo.
- ¿Y qué me decís de la Rock‘N’Roller Coaster? No me digáis
que no fue brutal... –dijo Jordi emocionado.
- Sí, brutal, todo el Resort es increíble. Pero en lo que no
estoy de acuerdo es en lo que has dicho de los parques temáticos de este país
–le dijo Ángel a Jesús-. He estado en todos excepto en Isla Mágica y todos
tienen su punto fuerte. Por cierto, si queréis ir a Port Aventura, tengo
entradas.
- Me apunto... bueno, nos apuntamos ¿verdad Ruth? –Dijo Jesús
sin vacilar.
- Bueno, por mí bien –dijo Ruth.
- Lo mismo digo –añadió Carlos.
- Podría estar bien –respondí.
- Perfecto, pues ya concretaremos el día... –respondió Ángel
con una sonrisa-. Os voy a demostrar lo que da de sí un parque temático como
Port Aventura.
Cuando terminamos de cenar, nos despedimos y nos fuimos
camino de casa. Al día siguiente me reincorporaba al bufete y no era cuestión de
alargar más la velada. Estaba cansado del viaje, pero me alegraba de que Ruth
hubiese organizado aquella cena. Ángel había caído simpático a mis amigos,
incluso Carlos se sintió a gusto entre nosotros. Me alegré de volver a tener un
grupo de amigos después de tanto tiempo de distanciamiento. El único "pero" fue
el novio de Toni, que si exceptuamos sus conversaciones con Toni, no tuvo
demasiadas palabras para los demás.
- Menos mal que finalmente Sergio no decidió venir a la
cena... –susurré cuando volvíamos a casa.
- ¿Por qué lo dices? –Preguntó Carlos.
- Porque si llega a ver al novio de Toni le da algo...
- Ya, el tal Paul no es lo que se dice discreto en la forma
de vestir, pero bueno, no parece mal tío. Quizás si se hubiese dignado a decir
algo durante la cena me hubiese caído algo más simpático...
- No sé como Toni puede salir con alguien tan vacío.
- No puedes juzgarle por su forma de vestir o su trabajo. De
hecho ni si quiera le conocemos, igual es un tío estupendo. Toni es un hombre
con criterio... no hay que olvidar que tiene un Mini –dijo Carlos con una
sonrisa.
- Con los hombres parece que no tiene tan buen criterio.
- Pareces preocupado por él...
- Claro, es mi amigo ¿no? –Dije yo sintiéndome descubierto.
Tanto interés por los rollos de Toni no era fácilmente justificable.
- Claro... –respondió Carlos.
Llegamos a casa y fui a desvestirme a mi habitación. La
conversación con mi hermano en el coche no terminaba de salir de mis
pensamientos. Horas antes Carlos me había prometido no juzgarme por haberle
chupado la polla, pero a la mínima oportunidad había aprovechado para
recriminarme mi interés por Toni. Me senté en el borde de la cama y me bajé los
pantalones. Recordé como nos habíamos besado Toni y yo en los lavabos del
restaurante. Me empalmé.
Me estaba acariciando la polla por encima de la ropa interior
cuando me detuve a pensar una vez más en la actitud de Carlos. Quizás hacia unos
meses me hubiese importado que Carlos dudase de mi heterosexualidad, pero
ahora... después de haberle comido la polla ¿tenía mucho sentido que siguiese
preocupándome por ello? Quiero decir, si Carlos pensaba que a su hermano era una
especie de todo-terreno sexual ¿qué importaba ya?
Me quité los boxers. Mi polla estaba totalmente dura. Me
acaricié con suavidad el tronco hasta llegar a los huevos. Toni o Natalia,
hombre o mujer... sonreí. Por primera vez veía algo positivo en mi situación...
mis posibilidades de ligar en una noche de marcha se habían duplicado. Si la
vida fuera un Ferrari Enzo, se podía decir que iba a pisar el acelerador.
Continuará...