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La venganza
Zoofilia- 2008-03-07 08:32:10
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Todo sucedió un viernes por la tarde en junio, llovía fuerte y hacía frío, pero Enrique andaba supercaliente, llevaba horas pensando en Antonia, su compañera de trabajo que hasta ahora y después de más de un año ella solo le daba picones y calentones, ya estaba harto de la situación así que decidió trabajarla bien para poder al fin acostarse con ella.

Eran apenas las 3:00 p.m., faltaban todavía dos horas más para que cerrara la oficina y quedarse a solas con ella, tenía rato imaginándose su virgen puchita (o almenos eso le había dicho ella), y como la destrozaría al entrar, así que empezó a preparar todo, pidió permiso para salir un momento antes de cerrar la oficina, y rápidamente fue a la farmacia, compró un paquete de condones, unos coolers, un six pack de cervezas, una pequeña hielera y una bolsa pequeña de hielo, todo estaba listo ya en el carro que lo llevaría a la gloria.

Regresó a la oficina, todavía faltaba media hora para salir, y como ya no había pendientes se puso a platicar con ella, la invitó a salir y ella aceptó, acordaron ir a comer algo ligero y después dar una vuelta. Todo estaba saliendo perfecto, la había llevado a un restaurant caro pero bonito, algo temprano para cenar y muy tarde para comer, así que como lo habían acordado comieron algo ligero, ella estaba medio acaramelada y muy coqueta, se le acercaba mucho a los labios de Enrique y a menudo colocaba su mano en su rodilla y disimuladamente volteando hacía otro lado la subía hasta ligeramente rozar con el pene erecto de él. Y de pronto sucedió, él intentó besarla y ella le dijo:

"Que estas pensando ?, Yo jamás te voy a hacer caso".

El rápidamente pensó en que era otro simple juego de ella y no le dio importancia, siguió intentandolo, hasta que ella le dio un alto definitivo:

Mira, seamos honestos, a mi me gusta salir contigo, me encanta ver como te exitas, pero eso es todo lo que vas a conseguir de mi, jamás tendría sexo con alguien como tu.

Fue como un balde de agua fría, pidió la cuenta, y se ofreció llevarla a su casa, después de todo, el se consideraba un caballero y además, estaba lloviendo. Después de dejarla, su único consuelo fueron los cuatro coolers, y seis cervezas que estaban bien frias aguardandolo, se encerró todo el restó del viernes, se embriagó y no supo nada hasta el otro día en que Brutus, su perro labrador, comenzó a ladrar en protesta porque no le habían dado de comer.

En el transcurso de los siguientes días preparó su venganza, le llamo a un viejo amigo, que sabía se había vuelto traficante, le pidió algo fuerte, una droga para dormirla y hacer a Antonia suya, pero sin que ella pudiera negarse, quinientos pesos le costó una simple pastillita, pensó que le había salido cara, pero cada peso que había gastado valdría la pena con tal de reventar un cochito virgen.

Paso la semana completa era viernes nuevamente, se daban casi las mismas circunstancias, Antonia y Enrique solos nuevamente, pero esta vez, el le ofreció un poco de refresco (el cual ya iba bien preparado), ella sin dudarlo tomo un par de tragos y pasando tan solo unos minutos comenzó a sentirse mareada, le pidió a él que la sacara de ahí que porque necesitaba respirar aire puro, y le comentó que se le había bajado la presión, así que el le ofreció más refresco, sin dudarlo lo bebió todo.

Le ofreció llevarla algún lado, pero ella ya no respondió, lo mas agradable es que ella caminaba y la podía llevar a donde quisiera; la subió al carro y manejo hacia su departamento, sus vecinos solo veían como Enrique entraba al departamento con su novia en estado de ebriedad.

Ya una vez adentro, la colocó sobre un descanza pies, parte del sillón en el que vía la tele, le subió la pequeña falda que llevaba, le bajo su rica tanga perfumada y se dispuso a cobrarse todas las comidas, cenas, regalos y demás que había hecho sin poder llegar a lo que él había estado deseando, follarsela, fue por su cámara de video, la colocó en un buen ángulo, se bajó el pantalón, y luego luego se le resalto su verga de unos 17 centímetros aproximadamente, le colocó algo de lubricante que tenía cerca (lo usaba para masturbarse porque Antonia lo dejaba caliente y para evitar la inflamación de testículos…), y empezó a meterla suavemente estaba rica y apretada, pero definitivamente NO era virgen, una pequeña decepción, pero no le impidió seguir disfrutándolo, la agarraba por la cintura, para apoyarse mejor y se la enterraba como si fuera a ser la única vez que fuera a tener esa oportunidad, para ese entonces, ella solo se limitaba a gemir, estaba más dormida que despierta; la situación excitaba mucho a Enrique, y no tardó en venirse, para lo cual la volteó sobre el mismo descansa píes, quedando ella bien abierta de piernas, se acercó a su cabeza, le abrio la boca le vacío toda su leche, por un momento pensó que se ahogaría, pero pronto ella empezó a tragársela. Enrique se recostó sobre el piso y decidió tomar una pequeña siesta antes de intentar reanimarla y llevarla a su casa.

Habrían pasado unos treinta minutos cuando despertó por el ruido de una taza rompiéndose, esto había sido provocado por Brutus, quien para ser un labrador tenía una pija bien grande y gruesa, unos 17 centímetros de grosor y como 22 de largo, y quien además se estaba cojiendo a Antonia, y le estaba dando duro, como a mil veces por segundo, era impresionante, tenia ella toda la cara llena de baba de perro y de sus labios vaginales escurría leche por lo que asumió que Brutos ya la había tomado mas de una vez; él como quería mucho a su perro no tuvo corazón para apartarlo, así que decidió filmarlo, a Brutus a cada minuto que pasaba se le hinchaba mas la bola, el siguió y siguió durante varios minutos hasta que finalmente empezo a aullar, mientras ella gemia fuertemente, por un momento Enrique pensó que ella estaba despierta y disfrutandolo, pero luego se dio cuenta que seguía drogada.

Pasaron varios minutos antes de que Brutus se pudiera despegar de su perra, y cuando finalmente lo hizo cayeron al piso chorros de leche, después de unos momentos el desgraciado perro insaciable intentaba tomarla de nuevo, pero Enrique no lo permitió por miedo a que ella despertara y lo denunciara, así que como pudo la limpio, la vistió y la llevó cargando a un parque que estaba cerca.

No pasó mucho tiempo antes de que ella reaccionara y le preguntó por lo que había pasado, que solo recordaba que se había sentido mal y que le faltaba aire, el rápidamente le dijo que se había desmayado y que la había traido al parque, para ver si así se reanimaba, y ella le dijo:

No me creerías si te cuento un sueño que tuve.

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