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La venganza de mi marido
Amor filial- 2008-03-07 09:15:00
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Los silencios, dicen, sirven para que uno pueda hacerse a un lado y tomar distancia de las situaciones. Es por eso que tardé tanto en escribir este relato, después de mis primeras experiencias pecaminosas, que me llevaron hacia una insospechada doble vida de la que todavía soy víctima. Víctima?

Tengo 35 años, me llamo María y me considero una mujer apetecible. Tengo buenas lolas, piernas delgadas y largas y una cola que todavía no sintió el efecto de los años porque la moldeo en el gimnasio, tres veces por semana. Y haciendo los quehaceres de la casa, el resto de los días. Me casé con un patán hace 12 años, cuando nació nuestra hija, producto de un descuido y no de un amor. Mi marido tiene problemas con el alcohol y hace años que no me pone una mano encima. Yo estaba acostumbrándome a esa insatisfacción que parecía para siempre, hasta que en la fiesta de fin de año, mi vida dio un giro.

Esa noche había tomado unas copas de más y como el bocón de mi esposo se había jactado de que me atendía de mil maravillas, me cogí a mi suegro mientras él estaba dormido a escasos metros. Sin mediar palabras, me corrí la bombacha y me senté en la tremenda pija de mi suegro, un veterano que me hizo ver las estrellas cuando me llenó el culo de leche. Aparte de algunas historias que no vienen al caso, también me di el gusto de montarme al hermano menor de mi marido, en mi consultorio de dentista.

Sabía que me estaba pasando de la raya y que mi actitud me traería problemas en el futuro. Pero al diablo. ¿Qué otra cosa puede hacer una mujer caliente, necesitada de una buena polla, clavada hasta las entrañas? ¿Hasta cuándo iba a seguir soportando mi insatisfacción, hasta cuando iba a seguir rechazando propuestas indecentes? Si no fuera por la culpa, me los cogería en mi propia casa para que aprecie el espectáculo de la mujer caliente que se pierde el muy infeliz. Esa situación se dio y aunque no fue como yo la imaginaba, disfruté como una perra.

En un descuido que a esta altura podría calificar de poco profesional, dejé una noche encendido la computadora y mi marido leyó uno de los mails que me mandaron cuando escribí mi primer relato. Obviamente llegó hasta esta página y leyó todo lo que yo les había escrito. Le juré que no se trataba de mí. Que eran de una amiga. Pero no me creyó. Sabía que todo era cierto...

No hizo falta demasiado preámbulo. El miércoles 17 de marzo cuando llegué de mi consultorio, el hall de entrada de la planta baja estaba empapelado con mis relatos. Mi hija se había quedado a dormir en lo de mamá y Pedro me estaba esperando, sentado con un vaso de whisky en su mecedora favorita. "Mi hermano vaya y pase. Pero mi papá? Son una puta repugnante", me dijo con la voz quebrada. "La venganza es el placer de los dioses", me amenazó. Pero enseguida supe que no se trataba sólo de una advertencia.

Hacía mucho calor y yo había estado todo el día trabajando. Debajo del delantal sólo llevaba la ropa interior y como sólo atendería a tres mujeres, debajo sólo llevaba puesta una calza de algodón. Me estaba por sacar el delantal para ponerme algo más cómodo, cuando mi suegro, mi cuñado y dos personas que no conocía aparecieron por la puerta del comedor diario.

"¿Te gusta la pija, vas a tener pija?", alcanzó a decir mi marido, con un tono que lejos de ponerme al borde del ataque de nervios, humedeció instantáneamente la calza de algodón y una corriente eléctrica me puso la piel de gallina y los pezones como dos diamantes en mi delantal. Lo único que me inhibía realmente era ver al idiota de Pedro creyendo tener el control de la situación. Mi suegro y mi cuñado fueron los primeros en acercarse. Ambos hicieron presión sobre mis hombros y quedé de rodillas con sus dos hermosas pijas al alcance de mis labios. "Noooooooooo, por favor. No mmmmme humiiillen de esta manera", supliqué mientras con mi lengua recorría lentamente mi labio inferior y los miraba con cara de putita caliente.

Mi marido seguía tomando whisky y por un instante me ilusioné con verlo caerse derrumbado, como aquella noche en año nuevo. Pero esta vez estaba expectante. Con una de sus manos jugaba con su pene que había sacado afuera por el cierre de su pantalón y lo masturbaba lentamente. En ese momento, uno de los desconocidos. Sacó de su bolso una cámara digital y me fotografió mientras yo me degustaba los miembros de mi cuñado y mi suegro. "Me llamo Galvez, soy el abogado", me dijo con una risa socarrona. Y también me refregó el pene por la cara y me lo puso en la boca para que se lo chupara. Mi suegro ya se había puesto detrás de mí y con sus dedos había abierto los labios de mi vagina.

Yo estaba empapada, caliente a punto tal que nada me interesaba más en el mundo que sentir esa tremenda pija en mi cueva caliente. Me puse en cuatro patas y con una de mis manos dirigí su cabeza roja y amenazante a la entrada de mi concha. Pero mi suegro me dio una fuerte palmada en las nalgas y apunto directamente hacia la entrada de mi culo. El dolor fue tremendo porque no estaba preparada ni lubricada como para tremenda verga. Ahí entré en la cuenta de que se trataba de una violación. Y más caliente me puse, a punto tal, que le dije a mi suegro: "Quiero sentirla hasta los huevos, partime en dos con esa pija hermosa". El tal Galvez se tiró en el piso y me obligó a que me lo montara. Mi suegro, que a esa altura me había dejado el agujero de mi culito latiendo y hambriento de más pijas, se incorporó , me agarró de los pelos y como en aquella noche de Año Nuevo, me puso la pija en la boca para que me tragara su leche. "Dámela toda, ahhhhhhhh", rogué.

El otro desconocido se acercó hacia nosotros. Mi cuñado ya estaba con su pija bombeando por mi culo, que con las dimensiones de mi suegro, había quedado lo suficientemente dilatado como para dos pijas como la de mi cuñado. Sin embargo, el pendejo me encantaba y me puso a mil cuando empezó a morderme la espalda y a sobarme las tetas con fuerza, apretando sus dedos y pellizcándome con furia mis pezones. Tuve una catarata de orgasmos mientras el abogado me penetraba por la concha y mi cuñadito por el culo. Sentí pena por mi marido porque era su venganza y yo la estaba gozando.

Sentí miedo por primera vez cuando el desconocido se quitó los pantalones. En mi vida había visto una pija tan grande. Tendría por lo menos 30 centímetros de largo y 5 de ancho. Era circuncidado y se notaba porque su cabeza era algo más ancha que su pene. Mi cuñado me jaló fuerte de las tetas y sentí su chorro caliente en mis entrañas. "Das asco, puta", me dijo antes de sacarla, mordiéndome el lóbulo de la oreja, lo que instantáneamente me produjo una catarata de orgasmos y me puse a gritar como una loca.

El abogado seguía bombeando y bombeando. Me pedía que le jugara con sus pechos en la cara y me los sobaba con experiencia. Como no estaba muy bien afeitado, con su pera logró que toda mi piel se irritara y que la calentura también se manifestara con cambios importantes en mi piel. "Sentate en mi pija", me ordenó y tuve que hacer un leve movimiento con mi cadera para que su polla ingresara en mi chorreante y dilatado agujero. No la tenía muy larga, pero era torcida y medio encorvada, lo que me provocó nuevas sensaciones y nuevos orgasmos.

Yo sentía que me iba a desmayar, pero seguía caliente, cada vez más interesada en esa hermosa pija que el segundo desconocido me acababa de exhibir. Galvez también me acabó en el culo y otra vez se sucedieron mis orgasmos hasta producirme un estado de somnolencia. De pronto desperté en mi dormitorio, estaba atada a los barrotes de hierro de mi cama, con las manos y las piernas abiertas. Y una cinta tapándome la boca para que no pudiera decir nada. De pronto sentí risas y una voz conocida. Era mi hermana. Pedro la hizo entrar a la habitación con los ojos vendados. Estaba como drogada porque no le gustaba el alcohol y jamás había tomado ni una gota de nada.

Pedro la manoseaba y yo sentía que mi hermana se resistía porque siempre le cayó muy mal mi marido. Sin embargo, había como algo que le impedía detenerlo. Pedro le arrancó la ropa y llamó al de la pija gigante. La calentura se me había ido al diablo porque esos dos hijos de puta se estaban violando a mi hermana, 12 años menor que yo, que se casaba en dos meses y soñaba con llegar virgen. "Ahora vas a ver lo que es cogerse a un familiar", me dijo mi marido y le introdujo de un solo impacto la pija a mi hermana. Ella empezó a llorar y a gritar, pero el extraño le metió la polla en la boca para que no pudiera emitir sonido. Ella seguía con los ojos vendados y mi marido ahora se la había introducido por el culo. Después se puso debajo de ella y le pidió a su socio que lo ayudara para cogérsela entre los dos. Fue una imagen patética, que todavía me remuerde la conciencia. "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa", pienso a cada rato.

Mi hermana denunció a mi marido, pero tuvo a toda su familia de testigo y desestimaron la causa. El abogado me extorsiona con las fotos y de tanto en tanto tengo que ir a su estudio a churparle la pija o a ofrecerle mi culo. El desconocido resultó ser un policía que nos tiene amenazadas. Y mi marido me dijo que si lo abandono, amanezco en una zanja. Así quedó mi vida después de hacer trampa, estoy dolida, triste y prisionera, pero les advierto compañeros, que vuelvo a las andadas.

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