Era un día cualquiera, en una semana muy calurosa; el verano
estaba muy cerca y el calor en la ciudad era cada día mas insoportable. La
oficina, refrigerada, era un lugar que me daba un mal rollo espectacular. La
gente no me caía bien, eran todos bastante o muy raros, frikis, y tocapelotas.
Normalmente nunca estaba allí más de dos o tres días seguidos, ya que siempre
estaba trabajando fuera. Pero en las épocas de poco trabajo las horas se hacían
insoportablemente largas. La única diversión era observar a las chicas. Me ponía
enfermo. De hecho, sigo poniéndome enfermo. Me encantan las mujeres. Sobre todo
mirarlas, porque siempre he sido muy tímido y casi casi han tenido que tirarse
encima mío para que yo actuara.
Me gustan todo tipo de mujeres. Me dan mucho morbo las chicas
jóvenes, las de mi edad y las mayores. Soy de la opinión que toda mujer tiene su
atractivo (bueno, casi todas). En la oficina había unas diez o doce chicas, la
más joven de unos 26 y la mayor tendría unos 50 más o menos, que más da. La
mejor de todas, sin duda ninguna, se sentaba justo delante de mí. Era una chica
muy fina, rubia, con el pelo bastante largo, suelto, ojos oscuros y un cuerpo
que daba impresión. La verdad es que era bastante pijilla y muy creída, pero
estaba tan buena que tenia muchos motivos para creerse. Era la niña mimada de
todos los viejos del lugar. Se decía que había tenido un rollo con un jefazo, y
el tío era la envidia de todos. Se llamaba Soraya y me la tire.
De hecho cuando entre a trabajar aquí fue en la primera chica
que me fije (tonto no soy), y ella pareció. Empezamos a hablar e intimar, poco a
poco, en los desayunos, mientras nos fumábamos cigarros en la calle, y si bien
al principio me mostraba serio y nada lanzado, pues ya les dije que soy bastante
tímido, con el paso de los días me iba soltando y haciendo comentarios un poco
subiditos de tono. Ella reía y me miraba con cara de estar pensando que tío mas
baboso, pero al tiempo entendió mi sentido del humor y cada vez nos hicimos mas
amigos. En mi mente solo estaba la idea de follármela a cualquier precio, y si
tenia que hacerme amigo de ella no había problema. Un día quedamos en mi casa
para tomar el sol, pues aunque mi casa es pequeña y vieja, con solo una
habitación, tenía una terraza casi tan grande como el resto del piso, donde
pasaba la mayor parte del día. Cuando llegó yo ya estaba preparado, con las
tumbonas preparadas, bebidas frías y el bronceador listo.
Cuando llegó me quedé
embobado mirándola, vino con un pantaloncito corto, de esos que solo cubren el
culo, y una camiseta de tirantes roja. Me dio dos besos y la noté tan caliente
como yo. Le serví una coca cola y yo me tomé una cerveza. Me lié un porro, y nos
tumbamos a tomar el sol. Estuvimos un rato en silencio hasta que le dije que se
podía quitar algo de ropa, que no me iba a escandalizar, ya que hacia un calor
insoportable. Me dijo que le daba vergüenza, pero al final accedió y se quitó la
camiseta. Llevaba un bikini blanco, le quedaba increíble, pero no hice mucho
caso para no demostrar que estaba súper excitado. Me dijo que el pantalón no se
lo quitaría ya que no había traído la parte de abajo del bikini.
Al rato, ya con dos o tres cervezas y un par de petas, y con
el calentón del sol de mediodía, decidí pasar a la acción, tenia que follármela
aquel mismo día. Así que me levanté y le propuse darnos un manguerazo allí
mismo, ya que no había otro modo de refrescarnos. Antes ella ya había dado un
primer paso, al pedirme con voz sensual si podía darle crema en la espalda. Yo
accedí nervioso, se puso de espalda y se desabrochó el bikini.
Me senté encima
de su culo y le di crema por la espalda, los hombros y los brazos. Luego me
levanté y le puse también en el dorso de las piernas. Cada vez estaba más
cachondo y tuve que volver rápido a mi tumbona para relajarme y que bajara mi
trempera. Me dijo que me diera yo con la manguera, que ella no quería mojarse la
ropa. Así que aparte un poco las cosas y me dispuse a mojarme, intentando que me
viera de muy cerca y disfrutara de mi cuerpo. No es que me considere guapo, pero
siempre he hecho deporte y tengo un buen cuerpo. Además estoy casi todo el año
moreno y eso ayuda mucho. Así que me di un remojón y cuando acabé le dije que se
animara, y sorprendentemente accedió. Se levantó y se quitó el pantalón, no sin
antes decirme que me diera la vuelta, ya que no quería que la viera en tanga. Mi
terraza era muy discreta y era casi imposible que nadie nos viera, así que por
mi mente empezaron a pasar ideas que me pusieron la polla a tope.
Me di la
vuelta, pero al momento ya estaba mirándola otra vez. Ella se quejó un momento,
pero tuvo que desistir, ya que si ella se daba la vuelta me daba una vista
perfecta de su culito, y si no se movía podía ver sus tetas en movimiento y un
coñito que se adivinaba bastante depilado y que se trasparentaba prácticamente
por completo. Cuando se dio cuenta de este detalle se puso colorada y me dijo
que por favor le dejara algún pantalón corto. Yo le dije que no hacia falta, que
lo mejor que podíamos hacer era tomar el sol desnudos, cosa que yo hacia siempre
cuando estaba solo. Me miró con cara de pensar que estaba loco si pensaba que se
iba a desnudar delante mío. Yo, casi sin mirarla, me quite el bañador y quede
desnudo ante ella. Tenía la polla bastante excitada y procure evitar que se
pusiera dura del todo, pensando en otras cosas. Me tumbé mientras ella recogía
la manguera. Para mi sorpresa, se quitó la parte de arriba del bikini, dejando
al aire las mejores tetas que he visto en mi vida. Disimule un rato y luego me
gire hacia ella como si nada, pero no pude evitar desviar la mirada hacia esos
pechos que me iba a comer en breve, algo que parecía evidente pero que yo no me
creía todavía. Le dije algo que no recuerdo, mientras no apartaba la vista de
sus pezones erectos.
Mírame a la cara cuando me hables no??- Dijo con una voz
que me puso a mil.
Perdona pero no puedo evitarlo, esta más buena que el pan
y lo jodido es que lo sabes.
Ella sonrió como diciéndome que había acertado.
Me encanta que me miren, que me desnuden con la vista.
Aquello ya no tenia marcha atrás, y me lance.
Pues quilate el tanga, así estaremos igual.
Ella sonrió, me miró a la cara con cara de zorra y luego
bajó su mirada sin ningún disimulo a mi polla. Puso cara de sexo y yo me quedé
embobadísimo mirándola.
Mírame a la cara cuando me hables no?
Es que no te gusta que te mire la polla? Cada vez la
tienes más grande….
En ese momento se levantó, y con un gesto muy erótico se
empezó a quitar el tanga, quedando finalmente desnuda ante mí. Le di un repaso
exhaustivo por todo su cuerpo; tenia un cuerpo de revista, y la muy cabrona
lucia un moreno integral.
A mi también me gusta tomar el sol desnuda….
Yo ya tenía la polla a tope e inconscientemente empecé a
tocármela. Ella empezó a moverse para ponerme más cachondo todavía,
mostrándome todo su cuerpo. Se dio la vuelta, pude ver su perfecto culo por
primera vez, se agachó y dijo:
Te gusta lo que ves? Quieres ponerme crema ahora otra
vez? Hay partes que no me has puesto antes….
Se tumbo de espaldas y volví a ponerle crema por la
espalda, pero al momento ya tenia mis manos concentradas en ese culo que
tantas veces había soñado y que ahora tenia para mi solo… Al rato se dio la
vuelta y dijo que por delante también. Yo estaba de pie a su lado, con la
polla dura y le dije que ella también podía ponerme crema a mi. Le di el bote,
ella lo cogió y lo tiro al suelo. Se incorporó, quedando justo su cara a la
altura de mi polla.
Y si te la como?
Sin esperar respuesta empezó a chuparme la polla de una
manera muy suave pero muy experta, mirándome a la cara y apartándose cada
pocos segundos para decirme cosas como que polla tienes, que rica está, como
me gusta chupártela.
Siguió un rato mas, comiéndome los huevos, y me dijo que me
tumbara. Se puso de rodillas delante de mí y empezó a comérmela otra vez,
bajando hasta mis huevos y luego me comió hasta el culo. Mientras vi que su
mano derecha se acercaba a su coñito y empezaba a tocarse.
Por dios que mojada estoy… Que ganas tengo de follarte.
Yo estaba que no podía articular palabra.
Pero antes quiero ver como sabe tu leche. Quieres?
Por supuesto!!!
así que se apartó un poco, se sacó mi polla de la boca y se
quedó a unos centímetros de mí. Siguió masturbándome mientras ya sin ningún
descaro se metía dos dedos en el coño. Luego soltó mi polla y me dijo que lo
hiciera yo. Ella solo se dedicaba a sacar la lengua y pasarla por mi capullo
mientras yo me pajeaba.
Correte sobre mi, quiero tu leche caliente…
Al oír eso no pude más y exploté. Mi semen cayó en su cara,
en su boca y empezó a caer hacia sus tetas. Cuando ya no salía mas se la
volvió a meter en la boca hasta dejarla limpia del todo. Se levantó y pude
observarla de nuevo. Era una diosa. Me dijo que mejor íbamos dentro que
aquello acababa de empezar…..
Continuará…