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La seducción de la naturaleza
Hetero: General- 2008-07-29 00:05:12
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La seducción de la naturaleza

Miré tu cuerpo desnudo, boca abajo, tendido sobre el césped esperando ser atrapado entre mis brazos.

A tu lado se apreciaba la laguna que nos había traído hasta allí ese día, con el pretexto de conocerla.

El lugar era solitario y el ver tus glúteos redondos e imponentes sobresalir, en tu traje de baño, de hilo dental, no pude resistir la tentación de tocarte.

Las gotas de agua escurrían por tu cuerpo, y sin duda sentir mi cercanía hacía que tus flujo corrieran por tu vagina.

Empecé a besar tu cuello suavemente, succionándolo, lamiéndolo y provocando excitación en ti.

Bajé por tu espalda, sintiendo el temblor de tu cuerpo, y el calor que emergía de él.

Lamía tu espalda suavemente como cuando un chocolate se derrite al contacto de tu lengua, así tu piel morena parecía derretirse ante mi lengua que intentaba devorarte lentamente.

Poco a poco mi lengua llegó hasta tus nalgas, las separé y empecé a hundir mi lengua entre ellas, al parecer eso te gustaba, gemías y aunque no me decías nada sin duda era un indicador de que siguiera con lo que hacía.

Humedecí bien tu ano y empecé a meter en él uno de mis dedos, despacio, lentamente, entró y no sentí queja de tu parte, intenté introducir otro y entró fácilmente así que opté por meter un tercero, ante el cual si sentí un poco de molestia, cuando te sobresaltaste al sentirlo, sin embargo pronto volviste a la calma y empecé a mover mis dedos dentro de ti, logrando que te excitaras, cada vez más y más... los introducía al principio lentamente porque no quería hacerte daño, luego al sentir la subida de tu deseo empecé a hacerlo más rápido, sentía como tu ano se contraía con el roce de mis dedos y los apretaba cada vez más, para ese momento, mi verga estaba erecta, roja, queriendo penetrarte.

Pero aún estabas vestida con tu diminuto traje de baño y los gritos que salían de tu boca, acompañados de las fuertes contracciones de tu cuerpo me indicaban que te estabas viniendo, teniendo tu primer orgasmo.

Lavé mis manos en el rio, y mientras lo hacía, tu ya te habías levantado y desnudado.

Empezaste a tocar mi verga, sintiendo su dureza y deseándola.

Me volteé, me quitaste la pantaloneta que llevaba y te metiste entre mis piernas, lamiéndolas y llegando hasta mis huevos, los chupaste con ganas, los tomaste entre tus manos y empezaste a acariciarlos, despacio, me enloquecías y mis gemidos te hacían consiente de ellos, esperaba deseoso que tu boca se apiadara de mi deseo y tomarás mi verga entre tus labios.

Adivinaste mi deseo metiste el glande en tu boquita, lo lamiste, jugueteaste con la lengua en su punta, de pronto, lo sacaste de tu boca y pasaste tu lengua por toma de extensión de mi miembro, elevaste tu mirada, viéndome con picardía, sabías que me estabas haciendo desearte cada vez más.

Por fin, te decidiste acabar con mi sufrimiento e introdujiste todo mi pene en tu boca, lamiéndolo, pasando tu lengua suavemente por él, succionándolo, hasta que empezaste a meterlo y sacarlo de tu boca con lentitud, luego con una rapidez mayor, te gustaba su sabor, la sensación de sentirlo dentro dentro de ti, te estaba gustando sentir su roce con el de tu lengua.

Lo metías y sacabas de tu boca cada vez más rápido hasta que inevitablemente me regué en tu boca, mi semen salía por las comisuras de tu boca y tú te deleitabas sintiéndolo caer sobre tu cara y tus tetas.

Limpiaste mi pene con tu lengua y yo correspondí lamiendo tu cara y tus tetas, tomándome mis propios jugos y amasando con ellos tus tetas, haciéndote gemir nuevamente.

Con el pretexto de limpiarte acaricié tus pezones con mi lengua, los chupé, lamí y mordí con suavidad, mientras pasaba mis manos por las curvaturas de tus tetas.

Poco a poco fui bajando, pretextando beber un hilito de semen que se había escurrido por tu estómago y llegaba hasta tu vagina.

Así, lamí dulcemente tu ombligo y bajé hasta llegar a tu rajita. Te recostaste y abriste las piernas para hacer más sencillo mi trabajo, abrí tus labios vaginales, lamí tus labios menores e hice un recorrido eterno por tu vagina con mi lengua, finalmente llegué a tu clítoris, y lo lamí durante largo rato mientras dos de mis dedos se introducían en tu vagina y tú te estremecías.

Saqué mis dedos de tu vagina y los metí por tu culo, que todavía estaba bien abierto por lo que había pasado hace poco.

Rápidamente dos dedos de mi otra mano sustituyeron a los primeros en tu rajita y así, empecé un movimiento rítmico por ambos lados, hasta que te viniste nuevamente, esta vez en mi boca, que aún acariciaba tu clítoris.

Tomé todos tus jugos y aprovechando lo abierto que estaba tu culo, te pedí que te pusieras de cuatro patas y sin dificultad metí dentro de tu ano mi verga que ya ostentaba nuevamente una enorme erección.

Inmediatamente empecé a moverme dentro de ti, que gemías y gritabas, pidiéndome que te diera más y más fuerte, que no te tuviera compasión.

Así lo hice y tus gritos eran cada vez más fuertes, a tal punto que creo que ahuyentaste toda la fauna del lugar.

Tu ano se contraía con mis embestidas y presionaba mi verga, teniéndola atrapada, apretándola y haciéndome sentir que debía controlarme para no venirme de un momento a otro.

Resistí lo delicioso que se sentía la enculada que te estaba dando y seguí bombeándote, cada vez con más fuerza.

Tú clavabas tus uñas en la tierra, y te aferrabas a ella haciendo que hasta ella sintiera con tus arañazos las embestidas de mi cuerpo.

Me dijiste que estabas a punto de tener un orgasmo y me pediste que me viniera contigo dentro de tu culo.

Duramos un poco más y nos vinimos al mismo tiempo, en un orgasmo largo, lento, sostenido.

Te dejé el culito lleno de leche, estaba exhausto, pero tú, empezaste a lamer mi verga con el pretexto de limpiarla, esmerándote tanto en tu trabajo que a pesar de mi cansancio, tiempo después ya estaba listo de nuevo para hacerte mia.

Recordé que aún no había sentido tu delicioso coñito, así que me pusé de pie, te levanté entre mis brazos y te incrusté en mi verga de un solo tirón.

En esa posición, podía sentir tus tetas rozar con mi piel cada vez que que te hacía subir y bajar.

Tu cochito estaba delicioso, tan mojadito que mi verga resbalaba dentro de él fácilmente, permitiéndome hacer constante el movimiento, llevarlo lento o rápido.

Me gustaba esta posición porque me permitía ver un panorama exquisito al mirar hacia abajo; mi verga entrando y saliendo una y otra vez de tu vagina.

Si subía mi vista apreciaba tus tetas moverse y la expresión de tu rostro trastocado por el goce.

Hice mis embestidas más fuertes y me vine dentro de tu coñito.

Nos tendimos en el césped, cansados y cuando recuperamos fuerzas nos bañamos mutuamente en la laguna.

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