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La rutina se habia apoderado de nosotros
Orgías- 2008-03-07 09:14:57
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En los mas de veintiséis años que llevábamos casados, nuestra sexualidad había evolucionado muy poco, nada, diría yo. Lo hacíamos una, o a lo sumo dos veces por semana y calificar nuestro nivel mutuo de satisfacción habría sido muy difícil. Pienso que nuestra mediocridad era absoluta. Yo nunca he sido un gran amante, ni siquiera cuando era joven. Mi pene es de lo mas corriente y mi resistencia es mas bien poca hasta el punto de que en ocasiones leyendo artículos al respecto he llegado a dudar si no estaré padeciendo un problema de eyaculación precoz. Soy un individuo de complexión fuerte, llevo una vida sedentaria fruto de lo cual tengo exceso de peso y no realizo mas actividades que las puramente profesionales. Soy, en definitiva un tipo corriente y aburrido.

Mi mujer no es mejor que yo. De estatura media y, como yo, pasada de kilos, nunca he sabido a ciencia cierta que representa el sexo en su vida aunque a juzgar por su actitud creo que no está entre sus prioridades. En ocasiones se había quejado de que lo hacíamos poco pero si yo reaccionaba para remediar la supuesta carencia ella enseguida decía tener suficiente. No es ni ha sido una mujer ardiente y estoy seguro de que de haberlo sido me habría dejado. Hacer el amor mas de una vez en la misma noche me resulta casi imposible. En ocasiones he llegado a dos pero las tales ocasiones se podrían contar con los dedos de la mano. En esas relaciones que mantenemos, raramente salimos de la monotonía, aparte de la clásica postura del misionero, la he penetrado por detrás, y ella me ha cabalgado. Hemos practicado el sexo oral llegándome a correr en su boca, he frotado mi polla en sus tetas y nos hemos masturbado mutuamente, si uno se corría antes que el otro. No he logrado follármela por el culo aún a pesar de haberlo intentado por no hacernos daño, a lo mas que hemos llegado a sido a meter el dedo y no del todo. No recuerdo haberlo hecho mas que en la cama.

Estoy convencido de que muchas veces ha fingido orgasmos inexistentes y alguna noche la he sorprendido masturbándose creyéndome dormido como probablemente ella me haya observado a mi. Creo que soy mas apasionado que ella aunque a la vista de lo expuesto no creo que eso tenga mucha importancia. El instinto animal que se supone deberíamos tener o no existe o duerme en algún lugar recóndito de nuestros cerebros. Con este panorama creer que alguno de nosotros lleva una doble vida es muy difícil. Yo he tenido varias experiencias extramatrimoniales con un nivel de satisfacción parecido al que mantengo en casa y la verdad es que no creo que ella haya tenido ninguna aventura, nunca se sabe pero conociéndola me resulta difícil de creer. Es delicada, enseguida le molesta algo, la higiene es lo principal, en fin, improvisar resulta complicado.

Por lo que a nuestro nivel de comunicación se refiere, en este tema, no tengo queja, pienso que hablamos bastante, nos preguntamos si nos gusta esto o lo otro pero al final siempre es lo mismo y hay veces en las que ir a la cama, para ambos, mas parece una obligación que un deseo. Nunca hemos hablado sobre nuestras fantasías y del mismo modo que las tengo yo no dudo que ella las tenga. Por mi parte la fuente de inspiración son las paginas de sexo de la red y alguna que otra película porno que veo a escondidas. Por la de ella no lo sé. Así las cosas, mi autoestima sexual y supongo que la de ella acabó por los suelos.

Dudé en la forma de enfocar el tema, no sabía como hacerlo así es que espere a que la oportunidad llagara sola. Un día en que charlábamos acerca de algún tema intrascendente, desvié la conversación hacia donde yo quería y le pregunté abiertamente sobre que pensaba de nuestras relaciones, incluso fui mas allá y le adelanté que por lo que a mi respectaba, y en mi opinión, estábamos sexualmente muertos.

Se quedó muy sorprendida y la preocupación se reflejó en su rostro. Permaneció unos segundos con la mirada perdida y enseguida

habló:

-¿Quieres que nos separemos?

Ahora el sorprendido fui yo:

-No mujer, no estoy diciendo eso, simplemente te he preguntado porque quería saber tu opinión. Yo te quiero y pienso que en este aspecto no estoy muy seguro de que seamos una pareja normal, creo. No conozco otros casos pero para nuestra edad no me parece que seamos muy activos. No se tu que piensas.

Ella me miró y ya su cara había cambiado:

-Hombre, quizás sea que todos estos años, siempre lo mismo, no sé. Tienes razón, no somos muy imaginativos que digamos. Alguna ves he pensado en ello sí, pero no hasta llegar a preocuparme , ahora que lo dices no se que podríamos hacer. ¿se te ocurre algo?

Nos quedamos en silencio mirándonos en espera de que a alguno se le ocurriera continuar. Fui yo quien se adelantó:

-No lo sé. A veces he pensado comprar algún artilugio de esos que venden en los sex-shop, o películas pornográficas pero luego no lo he hecho porque no he estado seguro de que resultara emocionante. También he sabido de clubs que se dedican al intercambio de parejas pero no estoy seguro de que eso nos gustara y por ello no te lo he propuesto.

-Uy eso no, dijo ella, creo me resultaría violento que alguien a quien no conozco y que tal vez no me guste me ponga las manos encima. He visto en televisión algún reportaje sobre eso que dices y la verdad es que no me ha acabado de convencer. No, yo eso no lo veo bien. No me resultaría cómodo.

Volvimos a quedar en silencio durante un buen rato. Pensé en otra posibilidad y en vista de que ella no decía nada propuse de nuevo:

-Y un trío?

Me miro y río divertida:

-¿qué quieres? ¿traerte a una jovencita y follártela delante de mi? ¿quieres follar con dos a la vez? Ja, ja, ja. ¿Crees que podrás?

Yo también me puse a reír :

-Bueno no es exactamente eso en lo que estaba pensando sino en todo lo contrario, dije, cuando te he hablado de organizar un trío a lo que me estaba refiriendo era a la posibilidad de traer un hombre y follarte los dos a la vez. Tu te quedas a medias la mitad de las veces que lo hacemos y con dos tíos seguro que te puedes correr un montón de veces.

-¡Hala que exagerado! dijo ella riendo.

- Por lo menos una seguro, cosa que conmigo no siempre esta garantizada. A mi me parece muy excitante la idea de verte follando con otro y conmigo, claro, a la vez. ¿No te gustaría follar hasta no poder más y que te hicieran de todo para darte placer?

Dudó unos instantes:

-No soy una devoradora de hombres, dijo, no se si aguantaría y tampoco creo que sea tan divertido como dices. Además no se si sería capaz de eso. No es tan fácil.

-Tal vez sea la falta de costumbre, contesté, ¿has tenido alguna vez mas de un orgasmo seguido? ¿Te has vuelto alguna vez loca de placer?. Creo que ni lo uno ni lo otro, concluí.

Se quedó callada de nuevo como si estuviera sopesando o que acababa de decirle. Hablo al poco:

-No lo sé. Yo solo tengo experiencia contigo y la verdad es que me he acomodado, eso que propones ... no se que decir, me parece muy fuerte.

-Si, si, es por eso que ya que no tienes mas experiencias que las mantenidas conmigo y considerando que yo tampoco soy ningún modelo amatorio es por lo que propongo salir de la rutina aunque solo sea por ver si encontramos algún aliciente. ¿ nunca has pensado en tener otra polla que no sea la mía, aunque solo sea por comparar que se siente? ¿Es que nunca has tenido fantasías raras?. Yo por lo menos fantasías tengo. Piénsalo si quieres. Podemos probar, no perdemos nada, y si no nos gusta nos olvidamos.

Allí terminó la conversación y eso nos predispuso para que aquella noche, en medio de la semana, cosa totalmente inhabitual, hiciéramos el amor de la forma convencional que siempre lo hacíamos. Con condón, por supuesto.

Días después volvimos a hablar del tema pero esta vez fue ella quien inició la conversación:

-He estado pensando en lo que hablamos el otro día y la verdad es que sigo sin verlo claro pero suponiendo, y digo suponiendo, que decidiéramos hacerlo ¿de donde íbamos a sacar al otro tipo?

-Bueno, respondí, puestos a comparar, la verdad es que es mas fácil tomar la decisión que llevarla a cabo pues, como tu dices, así de golpe no se me ocurre a quien podemos recurrir. Todos los hombre que conocemos, amigos y familiares están casados y no sé.

-¡Familiares no ¡,dijo ella enseguida, no quiero líos. Además, tus hermanos no me gustan y los cuñados tampoco. ¡Ni hablar de sobrinos y primos, son toso unos críos! ¡ ah y espontáneos de pago tampoco!

La conversación tomaba tal cariz que parecía que ya estuviera todo decidido

-A ver, intervine pensando en voz alta, podría traer algún compañero de trabajo a cenar, alguno que este separado y que sea susceptible de ser seducido. Tiene que ser alguien de nuestra edad para ir bien.....¿qué te parece?.. Hay un tipo, Daniel se llama, es mas o menos como yo y esta solo, se cuida mas que yo y me cae bastante bien, presume de seductor pero creo que dice mas que hace.

-No se, ¿y si luego no me gusta?

- Pues si no te gusta pasamos al plan B: cenamos tomamos una copa charlamos y a la calle. Así de fácil. Será una ocasión perdida. Tendremos que apuntar en otra dirección o desechar la idea.

Ella había permanecido atenta mientras yo hablaba pero también había pensado:

-Oye, también en mi oficina hay un tipo de esos, no se si tiene un par de años mas o menos que nosotros y también es de los que se lo come todo. Creo que trabaja en el departamento de expediciones. Conmigo se hace el simpático siempre que tiene ocasión y si no me viera así de seria yo no dudo que intentara algo. Lo cierto es que el sujeto en cuestión esta de buen ver.

-Puede ser una opción, si. ¿Cómo se llama?

-Jaime.

- Pues bueno, ahora solo nos falta decidir :o Jaime o Daniel.

-Supongamos que ya hemos decidido, empezó, ¿y ahora que? Lo traemos a cenar ¿y?

-Depende de quien sea, dije, pero al final eso no es muy importante, lo importante es que vas a tener que desplegar toda una estrategia de seducción para que acabemos en la cama. Yo colaboraré en la planificación y en la puesta en escena pero la mayor parte del trabajo lo vas a tener que hacer tú. No creo que sea pedir demasiado cuando también vas a ser tú la mayor beneficiaria del éxito, si es que lo logramos.

-No se, No se, contestó con una mirada de complicidad. Sigo pensando que hay que tener valor para hacer algo así. Bueno ya veremos, solo de pensarlo siento escalofríos.

Aquella noche volvimos a follar ,de nuevo fuera del horario habitual. Al acabar me dijo:

-¡Traeré a Jaime!

Disponíamos de una semana para preparar el plan. La cita sería un viernes y durante la semana ella iba a mostrarse simpática y receptiva, si el tipo era como decía enseguida la tantearía: le preguntaría por su situación familiar o le propondría tomar algo al salir o las dos cosas . Si eso pasaba seguro que él no tardaría en presumir de su libertad, o lamentarse de su solitud, momento ideal para cursar la invitación.

El llegaría a la hora prevista. La cena estaría a punto y le dispensaríamos una muy buena acogida. Yo me mostraría muy amable y solicito mientras que mi esposa no debería dejar escapar la ocasión de provocarle. Se pondría una blusa de seda negra bajo la que no llevaría nada, dejando sin abotonar los tres botones superiores para que ocasionalmente se le vieran los pechos y una falda de lino roja hasta la rodilla. No debía llevar bragas. Cuando el llegara ella saldría a recibirle y aprovecharía para besarle, en la mejilla y apretarse a él lo suficiente para que hacer que se sintiera bien. Una vez ella hiciera las presentaciones nos sentaríamos, ellos juntos en el sofá y yo en un sillón. Yo enseguida ofrecería un aperitivo que debería ir a preparar a la cocina dejándoles solos a fin de que ella pudiera empezar a calentar el ambiente. Le preguntaría cualquier cosa y no dejaría escapar la ocasión de poner su mano sobre la de él, tocarle la pierna etc. Debería mostrase muy interesada por lo que dijera y divertida ante cualquiera de sus anécdotas u ocurrencias. Yo trastearía por la cocina para que no temieran mi entrada inoportuna. Mientras tomáramos el aperitivo ella me hablaría de la merecida fama profesional de nuestro invitado y de cuantas veces ella había defendido su buen hacer ante criticas infundadas. De lo apuesto y fuerte que era y, también, de lo atractivo que le resultaba. No habría que evitar ninguna pose provocadora y de ser posible ella, con total naturalidad al recoger la bandeja debería inclinarse frente a el permitiendo que pudiera percibir algo de su desnudez interior.

La mesa es rectangular. Nos sentaríamos a lo ancho, ellos dos juntos y yo solo al otro lado.

Como el sería el invitado de mi esposa, yo me iba a cuidar de cambiar los platos y traer de la cocina lo necesario empleando un tiempo prudencial para que ella continuara provocando. En caso de que yo apareciera de improviso ella tendría que actuar con naturalidad y sin mostrar ningún sobresalto. A los postres todo debía estar a punto. Ya no habría guión que seguir. Para entonces la suerte estaría echada.

Estableceríamos un código de señales: Servilleta en el suelo: todo va mal. Cubierto al suelo la cosa va bien. Copa tumbada por accidente: éxito seguro.

Sucedió como estaba previsto, el tipo se hizo de rogar pero aceptó la invitación. Mi mujer me avanzó que había coincidido con él en un pasillo al día siguiente y que al cruzarse el le había dado una palmada en el culo a modo de saludo, ella le había sonreído. No estaba mal.

Fue puntual. Era un hombre alto como yo, bien plantado, y con un cuerpo proporcionado en el que no sobrarían mas allá de cuatro kilos. Moreno de cabellos canosos, vestía muy correcto y se le veía limpio. Mi esposa, que se había tomado una copa para calmar sus nervios y sus dudas, salió a recibirle. Me lo presentó y enseguida me pareció una persona agradable. Como estaba previsto serví unos martínis, tomando mi tiempo, y, media hora después, en un ambiente de cordialidad nos sentamos a la mesa. Charlábamos. Mi esposa se mostraba muy atenta con su invitado y él parecía algo cohibido aunque se iba soltando poco a poco. Acabado el primer plato fui a la cocina y me entretuve lo suficiente para que ella hiciera. Al salir, sin mirar, creí ver que el retiraba su mano de algún lugar bajo la mesa. Serví los platos y me senté dirigiéndoles una mirada complacida. A mi esposa se le cayó distraídamente el cuchillo al suelo. Todo iba bien. La cena transcurrió felizmente entre anécdotas varias, risas, humoradas diversas y, como no, alguna que otra ida y venida a la cocina por mi parte.

Al acabar no hizo falta que mi mujer dejara caer la copa, vi que la miraba, la inclinaba distraídamente y sonreía. Luego me miró a mi, fue suficiente y así se lo hice comprender, con un guiño imperceptible.

Nos levantamos de la mesa y disimuladamente me fije en la entrepierna de Jaime, estaba mas abultada de lo que era normal.

Tomamos asiento en el salón. Serví unas copas. Mi mujer y el hablaban de trabajo y ella le tocaba y tocaba mientras el parecía cortado. Yo me daba cuenta sin perder detalle de cómo se hinchaba su bragueta. Me estaba impacientando, quería que aquello empezara de una vez porque viéndole a el excitado me estaba excitando yo así que no se me ocurrió otra cosa que decir:

-María. No agobies tanto a Jaime porque va a creer que quieres abusar de él. ¡ No haces mas que sobarle ¡

Mi mujer me miró y con toda naturalidad contestó:

- Claro, eso es lo que quiero, que se caliente, ¿no ves lo bueno que esta? Y le puso una mano en el paquete al tiempo que le besaba en la mejilla.

El hombre me miro desconcertado. No dije nada, solo me encogí de hombros como si aquello no me importara

Mi mujer le tomo una mano y se la colocó sobre un pecho, dentro de la blusa. El la miró, un tanto confuso, y vio como se le llegaba a darle un beso, metiéndole la lengua, aprovechando para frotar su paquete por encima del pantalón.

Yo permanecía sentado en el sillón viendo aquello y excitándome progresivamente. ¡ Me estaban ignorando !.

Ella se le sentó en las rodillas, dándome la espalda, y se puso a morrear mientras el le chupaba los pechos. Luego de estar unos minutos así, ella se quitó de encima de él le desabrochó el pantalón y metió la mano en su interior.

-Levántate, le pidió unos momentos después.

El hizo lo que le decía y sus pantalones cayeron al suelo. Mi mujer, arrodillada frente a el, buscó bajo el calzoncillo y sacó de el una considerable polla roja que enseguida empezó a chupar. El hombre me miraba confuso. Le devolví la mirada con un gesto que dejaba claro que aprobaba lo que estaba sucediendo. Entonces él agarró la cabeza de mi mujer y empezó a acariciarla acompañando sus chupadas. Permanecieron en aquella posición unos minutos hasta que ella se puso en pie y de nuevo se besaron. El le metió mano bajo la falda y empezó a acariciar bajo ella. Mi mujer dejó de besarle y siguió abrazada a el notando ahora como su mano acariciaba su culo. Yo lo veía perfectamente porque estaba sentado en una posición en la que mi mujer me daba la espalda de forma que al levantarle la falda su blanco trasero quedaba expuesto a mis ojos. Los suspiros de mi mujer eran audibles e indicativos de que su calentura iba en aumento.

Tenia la blusa completamente desabrochada y aquel tipo le estaba comiendo las tetas con gran pericia a juzgar por sus jadeos. Yo, aunque permanecía inmóvil en el sillón tenia la polla hinchada y a punto de romper mi pantalón. Me incorporé. Solté la cremallera de mi bragueta y dejé que mi polla saliera al aire. Les separé sin esfuerzo. Ella me miro y tomó la verga que yo le mostraba. Se arrodilló, lamió el capullo con delicadeza y chupó con cuidado. El le tomo la cabeza y acompaño sus movimientos. Yo no quise que siguiera porque temí correrme así que hice que se pusiera en pie. Al hacerlo me pareció que ella dudaba entre nosotros así que opté por entregársela a él complacido. Otra vez se besaban. Ella ahora agarraba su polla. De repente se detuvo. Le beso, se separó de el y tomándole de la mano trato de hacer que fuera con ella. Tras deshacerse del pantalón y el calzado, que quedó abandonado en el salón, el la siguió. Yo me desvestí completamente y me fui tras ellos camino de nuestro dormitorio.

Los halle desnudos completamente. Ella tumbada boca arriba y el lamiéndole el coño y haciéndola disfrutar a lo grande. Me recosté junto a mi mujer y la besé. Con un gesto le indiqué que se pusiera a cuatro patas y me la chupara. Al hacerlo ofrecía un blanco perfecto para que su amigo se la clavara por detrás lo cual no hizo falta pedir. Mi mujer se quedo quieta, por un instante, al notar que estaba siendo penetrada por un miembro que no le era familiar. Soltó una exclamación antes de proseguir:

-Ohhhhhh

El tipo empezó a bombear y ella acompañaba el vaivén de las acometidas gimiendo de gusto. Me gustaba ver como estaba disfrutando, yo ya me habría corrido, pensé, pero Jaime parecía que aguantaba.

Me incorporé y, al verme, como si lo hubiéramos hablado previamente, él saco su polla del coño de mi esposa y vino a ocupar mi sitio mientras yo me ponía donde el para hacer que mi verga resbalara hacia el interior de aquella vagína hiper lubricada. Embestí y embestí mientras María chupaba y pajeaba la polla de su compañero y esté le masajeaba las tetas. Me corrí y ella también. Sus estremecimientos eran inequívocos pero no paraba de chupar y mover frenéticamente, arriba y abajo, la mano con la que agarraba aquella polla hasta que hizo que se desbordara. Un buen chorro de leche fue a parar a su cara. Tras unos instantes de respiro, Maria ladeó la cabeza y sorbió un hilillo de semen que pendía del capullo rosado y brillante.

Lentamente mi mujer se movió, tomándose un respiro antes de continuar el juego. Se colocó a horcajadas sobre el estomago de nuestro invitado y se paso las manos por la cara, cuello y pechos, extendiendo para que su piel lo absorbiera como si fuera un cosmético, aquel liquido blancuzco que acababa de recibir, mientras yo me recostaba al otro lado de la cama y observaba como mi miembro decrecía rápidamente. Miré la polla de Jaime. Morada y un poco flácida pero bastante erguida. Tomé aire. Ella se inclinó después y se recostó sobre Jaime que le acariciaba el cabello. Empezaron a besarse. El ahora recorría con sus manos todo el cuerpo de mi mujer que, desde los hombros hasta el culo, le estaba metiendo la lengua hasta el último rincón de su boca.

María le dejó y pasó a colocarse sobre mí. Nos besamos durante un buen rato. Lejos de desatender a Jaime ella le masturbaba con una mano mientras a mi no paraba de meterme la lengua como antes hiciera con él.

Me coloqué, luego, cruzado sobre la cama y ella cambio la postura para, sin dejar de cabalgarme, ofrecerme su coño yéndose a comer mi polla que ahora empezaba a crecer.

Empecé con pequeños lengüetazos en aquel chocho abierto, poco a poco, poco a poco..

Desde mi posición pude ver como Jaime tomaba un tarro de vaselina de la mesita y se embadurnaba la polla con aquella especie de pomada. Luego vi como sus dedos, conteniendo una buena porción de crema se acercaban por encima de mi cabeza y comenzaban a engrasar el ano de mi esposa que jadeaba como nunca. Yo creo que estaba mas concentrado en como movía aquel tipo sus dedos en el culo de mi mujer que en lo que estaba ocurriendo mas abajo con mi polla.

Yo estaba lamiendo el coño cuando de pronto este empezó a alejarse de mi yéndose hacia arriba. Jaime la estaba colocando y ella se dejaba llevar. Desde allá abajo pude ver claramente como guiaba su falo engrasado hacia el agujero de mi mujer y como poco a poco lo iba desapareciendo de mi vista introduciéndose y profanando por vez primera aquel culo al que yo no había sabido acceder.

Cerré los ojos. Mi mujer gimió como una salvaje mientras el otro tipo se la follaba por el culo. Yo le metía los dedos en el coño y ella me chupaba el capullo apretándolo con sus labios. Note que otra vez mi mujer se corría como una perra sin que el otro parara de acometerla, cada vez con mas fuerza, hasta llegar a correrse y derramar su semen en los intestinos de María. Me corrí yo también en su boca.

Sudorosos, cansados y jadeantes nos recostamos sobre el lecho boca arriba. Ella, que había quedo en medio resoplaba mientras esperaba que su respiración se recuperara, agarro una polla con cada mano y empezó a acariciar suavemente. Yo la tenia casi irrecuperable, pero a él le hacia falta poco tiempo para recuperar. Enseguida montó sobre mi mujer y fue a ponerle la polla entre las tetas para masturbarse con ellas. Yo aproveche para bajar mi mano hasta el coño y buscar el clítoris sobre el que me puse a presionar. Ella empezaba de nuevo a gemir.

Jaime le quitó, después, el almohadón sobre el que apoyaba su cabeza y lo colocó bajo la cintura de ella haciendo que su pelvis quedara ligeramente levantada. Le abrió las piernas y le coloco la polla hasta dentro. Ella le cogió los huevos y pude ver como los frotaba con la palma de su mano. Yo me puse a chuparle las tetas mientras ella no dejaba de responder a las acometidas de el con gemidos de placer. De nuevo mi polla volvía a estar en todo lo alto y la de el necesitaba un respiro. Se retiró y enseguida ocupe su lugar sin dejar que se interrumpiera el ritmo de la follada.


El fue a situarse de forma que su polla quedara al alcance de la boca de Maria y esta no tardó en tragársela toda mientras yo me sorprendía al ver que estaba tardando mas de lo debido en correrme. Seguí y seguí empujando. Mi mujer cerró sus piernas alrededor de mi cintura y apretó con fuerza. Jaime y yo nos miramos. Nos entendíamos a la perfección

Se tumbó a nuestro lado boca arriba y entonces, soltándome de ella, hice que mi mujer le cabalgara y desde aquella posición ayudé a que se metiera la polla de el. Empezó a saltar cada vez con mas brío.

Me puse en pie sobre la cama y situándome tras de ella la obligue a doblarse hacia adelante .


El agujero de su culo aun grasiento se me ofreció como una visión de lo mas excitante.

Los gemidos de mi mujer eran cada vez de mayor intensidad. Se estaba corriendo de nuevo por lo que no podía perder tiempo. Me embadurné de vaselina y busque la posición.

Me metí por primera vez en aquel culo con menos esfuerzo del que pensaba y me corrí con gran deleite, tan pronto la sentí toda dentro, en medio de los gritos de mi esposa y de los empujones que desde abajo propinaba Jaime al tiempo de correrse también.

Nuestras pollas, vigorosas antes, estaban ya arrugadas cuanto María las lamió por última vez aquella noche.

Una hora después, estábamos de nuevo en el salón compuestos como si nada hubiera pasado, tomando una copa y charlando animadamente. Jaime salió de casa cuando casi eran las cuatro de la mañana prometiendo regresar cuando gustáramos invitarle y muy agradecido por la velada. María le despidió con un beso en la boca y yo le dedique la mejor de mis sonrisas

Ya solos, mi mujer me abrazó. Estaba muy contenta y satisfecha de que todo hubiera salido tan bien. Recuerdo que me dijo que sentía una ligera molestia en el ano pero que no era importante, que le había resultado maravilloso ser follada por dos hombres a la vez y que no sabía si se había corrido tres o cuatro veces. Le metí el dedo con toda facilidad, y acaricié el dolorido agujero que acababa de ser desflorado, besándola apasionadamente y notando que mi polla trataba de cobrar vida.

Desde ese día, vencidos ya todos los miedos y angustias, nuestra vida sexual ha experimentado un giro radicalmente positivo. Jaime ha vuelto por casa, estando yo, varias veces para repetir el juego y sé, porque no me lo han ocultado, que han follado unas pocas veces en casa y sin que yo estuviera presente. No veo en ello nada de particular pues ha contribuido a nuestra felicidad y a hacer que follemos mucho mas, y mejor, que antes.

Por ahora nos va bien así. Alguna vez hemos comentado la posibilidad de invitar a alguna mujer para que se sume a nuestros juegos pero de momento a Maria no le seduce la idea. Aun es pronto para introducir variaciones, dice. Bueno, yo tampoco creo que eso sea una prioridad. Si ocurre ya lo contaré.

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