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La rusita
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 08:32:16
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Mi trabajo me obliga a pasar largas temporadas fuera de casa, no, no les voy a decir de que va para no delatarme. El caso es que el año pasado tuve que permanecer por espacio de mas de seis meses en el Sudeste español.

Eran un pueblo de unos diez mil habitantes, con un alto porcentaje de inmigrantes, en especial magrebies y de Europa del Este. El tipo que alquilo mi vivienda a la empresa era también mi vecino. Un individuo huraño y malencarado que tenia una empresa de fontanería para nuevas construcciones. El caso es que a pesar de su mala fama congeniamos, en especial porque nos descubrimos vicios comunes, alcohol, cocaína y drogas en general. Los tipos del bar donde solía comer alucinaban con que un aparente caballero como yo se llevara bien con el tipo mas odiado del pueblo. El caso es que, Antonio (es su verdadero nombre) tenia una novia ucraniana de unos cuarenta años y pretendía que se fuera a vivir con el, decía que necesitaba una mujer que le cuidara la casa, ya sabéis, el típico machismo del sur de España. Pero Tatiana, la ucraniana, le daba largas diciéndole que si le quería y quería que fuera su compañera debía de traer a su niña de catorce años que vivía en Kiev con sus abuelos, de lo contrario se buscaría otro hombre.

Antonio no tragaba con el tema de verse padre, de la noche a la mañana, de una niña de catorce años. Un día Tatiana fue a verme, me dijo que yo era la única persona que podía convencerlo para traer a su pequeña a España, que comprendiera el dolor de una madre separada de su hija y que haría lo que yo le pidiera si aceptaba ayudarle.

La verdad es que no tuve que pedirle nada, Tatiana, acostumbrada de utilizar el sexo para sus conseguir sus objetivos me follo de lo lindo, me chupo la polla, trago mi semen y me ofreció su culo, creo que gustosa de follar con un tipo limpio y menos rudo que Antonio. El caso es que colabore con ella y una noche de whisky de malta y cocaína en la terraza de mi casa convencí a Antonio para que cediera a los deseos de la ucraniana y trajera a la niña.

Diana, la niña, era una virgen vestal. Cuando la vi me quede de piedra. Una adolescente rubia como el oro, guapisima, con los ojos azul intenso y unas pequeñas tetitas que despuntaban en su sueter. Su madre me la presento diciéndole que yo era el hombre gracias al cual estaba en España. La chica me sonrío, me beso y me abrazo, susurrándome un muchas gracias en un mas que aceptable español.

Nunca he sido de ese tipo de tíos que babean con las lolitas, aunque a nadie le amarga un dulce, pero a las dos semanas de tener a la joven Diana como vecina, en pleno verano, con tan poquita ropa, tomando el sol en el balcón de los vecinos y entrando y saliendo de mi casa como si fuera la suya, he de reconocer que casi todas las noches en que no conseguía algún ligue que calmara mi ardor, acababa masturbándome a su salud. Comencé a mirarla de otra forma, no como una niña sino como una mujer.

Pronto los inocentes juegos y las cosquillas fueron tornando para mi en una vorágine de morbo que acababa produciendo estragos en mi entrepierna. Para colmo la chica poseía el don de la discreción y delante de su padre adoptivo y su madre mantenía cierto distanciamiento, mientras que cuando estaba conmigo buscaba la broma, el roce y el contacto corporal. Se sentaba con, creía yo, naturalidad en mi entrepiernas, haciéndome sentir en la polla el surco de sus nalguitas y provocándome tremendas erecciones que al final descubrí no le pasaban inadvertidas.

Un fin de semana, su madre me pidió, con su habitual cara de puton, un favor muy especial, irían a otra ciudad distante unos doscientos kilómetros porque Antonio iba a presentarle a su familia y me pedía que me hiciera cargo de la niña ese fin de semana porque su compañero había decidido que no les caería bien saber que la nueva esposa venia con carga extra. El caso es que acepte supernervioso, soy un tío sensato y a pesar del morbo del asunto no me apetecía lo mas mínimo un escandallo ni ninguna situación que me perjudicara.

Salieron temprano, de madrugada y les despedí junto a una Diana somnolienta. Cuando se fueron le dije a la niña que me iba a dormir otro rato y ella me dijo que no me preocupara, que su madre le había ordenado que me cuidara, que ella seria la mujer de la casa y que me iba a hacer el desayuno. No me tome, evidentemente, sus palabras al pie de la letra pero el caso es que a los veinte minutos mas o menos la niña se presento en mi habitación con una bandeja con café y tostadas, hasta ahí todo normal, lo que no era tan normal es que llevaba una minúscula tanguita y un pequeño sujetador de algodón sin copa en el que se señalaban sus incipientes tetitas.

Como era verano y solo dormía en slips mi erección era evidente aunque intente evitarla a sus ojos mientras desayunaba. Ella me pidió permiso para meterse en la cama y yo turbado se lo di. Cuando termine de desayunar le dije que tenia sueño y que continuaría durmiendo, ella me dijo que haría lo mismo, puso la bandeja sobre la mesa de noche y los dos intentamos dormir. Yo estaba de lado, haciendo como que dormía, pero incapaz de hacerlo, con una erección como un caballo. Ella en la misma posición que yo dándome la espalda, podía oler la fragancia de lavanda en su cuello y su pelo casi me hacia cosquillas en la nariz, la chica se acerco a mi y puso sus nalguitas justo a la altura de mi polla, mi erección era ya una barbaridad y mas aun cuando sentí como se acomodaba para tener mi polla en el surco de las mismas. Intentaba contenerme pero mi polla palpitaba en sus nalgas, anhelando un contacto mas profundo, en el momento en que sentí como ella se movía, en vaivén, sobre mi paquete y suspiraba de forma entrecortada ya no me pude contener y comencé a moverme a su ritmo y a besarle en la nuca.

_Pense que no te gustaba- me dijo dándose la vuelta y besándome en la boca con la mas maravillosas de las miradas.

La apreté contra mi cuerpo y ella colaboro quitándose el sujetador y mostrando y ofreciéndome sus tetitas maravillosas, redonditas y pequeñas, con un pequeño, también, rosetón claro y un puntiagudo pezoncito que chupe con todo el amor del mundo, fuera de mi. Estaba dispuesto a ir a la cárcel si era necesario pero tenia claro que me la iba a follar viva.

Le quite las braguitas y invertí mi posición, pude ver a pocos centímetros su coñito adolescente, con sus labios rosados cerrados cubierto de escaso vello rubio, casi trasparente. Acerque mis labios, olía a lavanda y orina y me puso fuera de mi, abrí los labios con mis dedos, con suavidad, y comencé a lamerle los labios del coñito y el clítoris cuando sentí como bajaba mis slips, tomaba mi polla en sus manitas y le pasaba la lengua por la punta, fue inmediato, no me pude contener, le solté en la boca y en la carita una andanada de leche como nunca había soltado. Ella seguía lamiendo y bebiendo mi semen mientras yo totalmente dislocado seguía comiéndole el coñito que ya manaba exquisitos juguitos, mi polla aunque ya no dura estaba bien gorda y ella seguía jugando con su boca y su lengua sobre ella. Yo seguí comiéndole el coñito, que ahora tenia sus labios abiertos como la flor de la mañana estaba empapada, le metía un dedo en el coñito hasta que su virgo me impedía avanzar mas y otro por el culito, ella se estremecía y me decía.

_Si así así ya ya que rico que rico¡

Olvido mi polla y con sus manos apretó mi cabeza contra su coñito y levantando su culito, corriéndose viva en mis labios, fue maravilloso, tan maravilloso, tan prohibido que mi polla estaba de nuevo dura y palpitante, poderosa.

Con algunos restos de mi corrida aun en su pelo, la de la cara se la había limpiado con los dedos y metido en la boca, y tumbado en la cama, la tome y la puse sobre mi, mi polla sobre el surco de su coñito y comencé a balancearla arriba y abajo, en el colmo del placer, ella gemía de gusto. Se incorporo, apunto mi polla en la entrada y se la metió hasta que el himen impidió que profundizara en la penetración, me miraba sin decirme nada pero lo decía todo con la mirada, estaba dispuesta a que la empalara viva y la desvirgara, la tome de las nalgas en peso y le avise de que era el momento, la solté y ella se dejo caer sobre mi verga, sentí su coñito estrecho abrirse todo y recibir casi dos tercios de mi verga dentro de ella, no grito pero el dolor se dibujaba en la cara, aun asi se dejo caer totalmente y se clavo mi polla hasta las pelotas, quedándose quieta sobre mi, como desmayada y con la respiración entrecortada. La bese y le limpie las lagrimillas a besos sintiendo la increíble presión de su coñito adolescente en mi polla. Esperando que se recuperara del dolor.

_Ahora ya no me duele, ahora solo me escuece un poco y me da mucho gustito_ me dijo

La tome por las nalguitas y comencé a presionar sin mete y saca, apretándole las nalguitas y jugando con el ojete de su culito, ella comenzó a gemir y a susurrar en ruso, nunca había tenido mi polla con esa sensación, entre el morbo, lo apretado de su coñito y su colaboración me tenia al borde de otra corrida, me contuve lo que pude pero cuando sentí que comenzaba a levantarse y a bajarse sobre mi polla fue imposible cualquier contención, me corrí en su coñito apoteósicamente.

Me quede casi desmayado, con remordimientos de conciencia y con Diana empalada en mi polla que nunca había tardado tanto en volver a su estado natural mientras ella se movía lentamente sobre mi y gemía de gusto. Cuando mi polla volvió a su estado normal y se salió de su coñito la tome en brazos y la lleve al baño, en la punta de mi polla había restos de semen y sangre y en su coñito, se derramaba mi semen y de sus labios abiertos salía un hilillo de sangre. En la bañera le limpie el coñito con una esponja y gel neutro y ella, curiosa, me limpio la polla, me la meneo subiendo y bajando el pellejo y metiéndosela en la boca. La puse sobre mi y examine su coñito, sus labios ahora abiertos y mas rojos, irritados, eran una visión celestial que me puso otra vez a tono, empalmado como un caballo.

Nos secamos y volvimos a la cama, de nuevo comencé a comerle el coñito y ella a gemir de placer, pronto tuve ganas de poseerla de nuevo, la puse al borde de la cama a cuatro patas al borde de la cama y me puse de pie tras ella, la visión era idílica, su coñito asomaba entre sus nalgas abierto e invitador, con suavidad se la fui metiendo poco a poco hasta los cojones, notaba una presión imposible en mi verga, un placer maravillosos y único y comencé a bombear suavemente, al principio se quejo un poco pero pronto sentí como subía sus nalgas para recibirme todo dentro de ella y aumente la intensidad de mis acometidas, era tremendo, la fricción de mi polla entrando y saliendo de su coñito, además después de la segunda corrida ya tenia claro que este polvo seria mas largo, ella gemía de gusto y sentí como se corría, entre grititos en ruso, sentí su zumo inundando mi polla y facilitando con la lubricación de su corrida la penetración y el mete y saca, ella gozaba y se estiraba de placer y yo bombeaba polla en su coñito desesperado, levantándola en peso.

No se cuanto tiempo estuve follandola, la mañana avanzaba y el calor era fuerte, sudando hasta que sentí como se corría de nuevo en un estertor y casi se desmayaba. Pare y con suavidad se la saque, extenuado y todavía empalmado.

Me tumbe en la cama mientras ella se iba al aseo a lavarse, casi dormido escuche el sonido de la cadena del water y el del grifo del vide, había vaciado su tripita.

Se coloco junto a mi y continuo mamándome la polla, lo hacia muy bien, muy suave, como una niña chupando su caramelo, comencé a acariciarla y cual no fue mi sorpresa cuando al tocarle las nalgas las sentí resbaladizas, toque su culo y note que se lo había embadurnado de aceite, me sonrío con la mirada ya que con la boca llena de polla no podía hacerlo de otra forma. Mi polla palpito ante tan evidente invitación, de nuevo su puso sobre mi, como cuando le desvirgue el coñito, resfregandose mi polla sobre el surco y incorporándose se la puso en la entrada del culito, no quería hacerle daño pero ya no había razón alguna que atender, la tire sobre mi y sentí su hoyito abrirse, le metí el capullo y ella grito de dolor saliéndose, crei que no lo volveria intentar pero después de estar resfregandose mi polla durante un minuto lo volvió a hacer, esta vez no estaba dispuesto a que se la sacara, de un empujón le metí el capullo y algo mas y la retuve, ella lloraba pero a mi no me importaba ya nada, seguí avanzando dentro de su culito y casi conseguí meterle toda la polla, sentía su culo abierto, ultrajado, una presión mas imposible en mi polla que la de su virginal coñito, ella comenzó a tocarse el clítoris, manteniéndose sin penetrarse entera, entre lloros y gemidos, no se donde había aprendido pero estaba alucinado, sobre todo cuando se dejo caer por entero y se empalo toda mi polla en el culo, me incorpore y comencé a besarle las tetitas, ella se frotaba el clítoris con tres dedos y hacia movimientos compulsivos sobre mi, no me lo podía creer, se estaba corriendo, lo angosto y estrecho de su culo y su calor era inmenso, el calor de la sangre de su culo virginal en mi polla me convirtieron en un animal, comencé a culearla y a penetrarla salvajemente, sin atender sus suplicas y su llanto y le revénte el culo con una supercorrida.

Casi me quedo en coma, con ella gimiendo y llorando sordamente sobre mi sin sacarse la polla y continuando sus frotamientos en el clítoris, pude sentir como se corría de nuevo. Joder con la niña, menuda putita. Poco a poco mi polla se desinflo y con un apretón de sus nalguitas salió de su receptáculo. Restos de semen, sangre y un poco de caca eran el trofeo de mi enculada, ella tenia el culito ensangrentado, abierto con el diámetro de mi polla, irritado y derramando semen. La tome, le pedí perdón por haberle hecho daño y le lleve al aseo de nuevo.

Ella me digo:

_Eres bueno, me ha gustado, mi mama me dijo que tenia que aguantar el dolor que tu serias bueno y que otro hombre seguro me haría mas daño_

Me quede de piedra, la puta de su madre había llevado el agradeciendo a unos extremos insospechados. Durante tres meses, con su complicidad y con la ignorancia de Antonio, Diana fue mi mujer, mi compañera, la mejor que he tenido. Me fui de ese lugar porque mi trabajo me llevo a otros lugares, me entere que Tatiana y Antonio habían roto y no se Diana desde hace tiempo. Lloro su ausencia.

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