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La otra entrada de Marcela
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 08:32:10
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Desde hace 2 meses trabajo como guardia para una conocida firma de coches. Mi vida era muy aburrida hasta ese trabajo, siempre me ha gustado el automovilismo, me ha molado desde muy pequeño y es una pasión que llevaré toda la vida.

Un buen día, por mi contratista di a trabajar en un nuevo local, cumpliendo servicio para un reemplazo. Me presenté muy de mañana, el autobús me había adelantado unos minutos y al fin di con la dirección de la pequeña compraventa. Me recibió un compañero que cubría el turno vespertino, era un señor de unos 60 años, al borde de la jubilación; me guió por las instalaciones revisando cada detalle, al final del día ya terminamos siendo buenos camaradas con lo que mi relación en la empresa iba en buen comienzo.

Al día siguiente, relevé el turno (por la mañana, como es de costumbre) y, dado que era un día hábil de venta, fui presentado a la Vendedora, Marcela, una chica de 30 años, delgada, de una estatura de algo más que el 1.65, muy guapa, ninguna monada pero con un voluptuoso culo que me mareaba cada vez que me tocaba verle pasar… Desde que fuimos presentados, nos caímos muy bien. Conversábamos de coches, me contaba sus experiencias como vendedora y lo bien que iban las ventas en el último tiempo. Le hice saber mi afición por los coches, ya con eso teníamos algo de qué charlar, le mostré también unos dibujillos de borrador de algún diseño que había creado hace un tiempo, se asombró y vaya que tenía razón pues talento no me faltaba.

Me tomé rápidamente una confianza tal, que mi rol de "Guardia" había pasado a ser "Asesor de Ventas"; todos allí en la instalación éramos un equipo muy unido y yo ayudaba con mi mejor disposición asesorando a clientes a menudo difíciles e indecisos que preguntaban datos técnicos sin convencerse por Marcela.

Fue en un día de mi segunda semana que, aprovechando la salida de Marcela y los mecánicos (recordad que soy el guardia, mi turno terminaba después), me encontraba muy aburrido y debido al ocio me decidí por encender la computadora de trabajo de Marcela tras dudar un tanto, tenía miedo de que ella se diese cuenta pero determiné que no hacía nada malo. Comencé abriendo el programa de dibujos de Windows, y al abrir desde el Inicio, pude ver una serie de programas con íconos de Pornografía, lo que no dejó de llamar mi atención. Les hice doble clic a todos y nada… Tenía su conexión a Internet bajo clave.

Después noté que los íconos habían quedado en el escritorio, por lo que los eliminé y apagué el PC; no me aguanté mucho pensando en la clase de mujer que era Marcela, con tan sólo imaginar su libido me tocaba el paquete y le imaginaba mirando esas páginas mientras se metía un consolador en su coño, con semejante placer acabé haciéndome la paja en el asiento de su escritorio.

Tras todo aquello cogí un autobús de regreso a casa y en el regreso recordé que no había borrado del todo los archivos, había vestigio de ellos aún en "Documentos Recientes". ¿Con qué moral le enfrentaría si al día siguiente se daba cuenta?

 

No fue sino hasta 2 días después que estando en mi casa, durante la noche, recibí una llamada de mi compañero de relevo, desde el local.

-Hola?

-Esteban, ¿es usted?

-Sí, quién habla…

-Soy Tomás, su compañero. Llamo para contaros algo que debéis de saber, es algo de cuidado. La vendedora me ha contado en secreto que sospecha que usted se ha metido en su PC y que le ha llenado de pornografía…

-Pues eso no es verdad (repliqué), esas cosas me las encontré allí, sin más les hice clic.

-Pero entonces, reconoces que tú has sido quien ha metido mano en su computadora…

-Sí, he sido yo, en un momento de aburrimiento.

-Tened cuidado hijo, con esas computadoras no se juega, menos si son ajenas… Ostras, aún ni yo mismo, que ella me conoce de muchos años, me he ganado tal confianza de coger su PC sin su permiso.

Esto se lo digo para que sepa a qué atenerse mañana, cuando toque que se vean (…) Pero no comente nada de nuestra conversación, esto era secreto entre ambos y yo juré no decir palabra, ¿vale mi amigo?

-Cuente con ello, ahora mismo planearé algo al respecto.

Gracias por su llamada.

-Adiós, ¡que pase buena noche!

Esa noche me costó dormir. Sentía una gran vergüenza y por supuesto deseaba enmendar mi error. Me decidí entonces por escribirle una carta de mi puño y letra para disculparme.

Así lo hice, y al día siguiente me sentía con ataque de nervios, quería que el trayecto del autobús se hiciera eterno, no quería enfrentarme a ella… Pero lo hice, y desde temprano al llegar le noté distinta, indiferente y algo enfadada, pero no al grado de enojo que yo imaginaba, actitud de ésta que me causó gran tranquilidad. Cuando tuve oportunidad, me acerqué a ella y tras una breve introducción a mis disculpas, le hice entrega de mi carta. La leyó detenidamente, luego volví a pedirle mis disculpas verbalmente indicándole mi arrepentimiento. No hizo mayor comentario y muy seria me advirtió de que me considerara afortunado por ser perdonado, ya que con cualquier otro tío ya lo habría hecho despedir del empleo. Y me hizo prometer que lo visto por mí ese día no lo comentara con nadie. Dicho esto, rompió la carta en pedacitos y me disculpó. Y así seguimos tan amigos como siempre, o tal vez más, porque ella y yo compartíamos un secreto que ahora, en buena parte por el interés de mantenerle oculto, le cobraba un mayor acercamiento hacia mí… aunque su interés era mucho más que por eso.

Pasada una semana de todo ese lío, me tocó pasar la tarde junto a Marcela. Atendimos a un par de clientes y luego que saliera el último, estando ya completamente solos, nos tumbamos a charlar en el recibidor de la compraventa.

Se acomodó muy pegada a mí, comenzó por advertirme que sólo le llamara Marce ya que teníamos más confianza, esta vez había algo especial en su mirada, diferente, con una pizca de coquetería mientras conversábamos. Una mirada de complicidad que yo por supuesto compartía. En fin… la charla estaba tomando un rumbo insospechado, sus preguntas se hacían muy incisivas y de hablar trivialidades un buen rato nos pasamos hablar directamente de sexo, ella y yo (como un par de niños curiosos de conocer lo nuevo) aprovechábamos de preguntar al otro cuanta cosa se nos venía a nuestras mentes calenturientas y, como ya veréis, deseosas.

Ahondamos mucho en nuestra charla, cada tema se nos hacía interesante y el tiempo junto a ella se devoraba. Nos lanzábamos en un ir y venir de preguntas, aunque he de reconocer que las suyas me pusieron en tono y ya estaba muy empalmado de todo el morbo con que esta tía hablaba, sobretodo al confesarme que a sus 30 años ¡era aún virgen! Finalmente dio con el tema de la soledad y lo necesaria que se hacía entonces la masturbación en nuestra forma de vida, y en un gesto sarcástico esperaba al parecer que yo le dijera que me la corría muy seguido, cuando ella llegó por fin a preguntarlo, hice un silencio que ella daba por entendido como un "sí"… y me irguió el cañón hasta lo más alto cuando preguntó: "¿Has visto a una chica masturbarse?" Yo le tuve que contestar en negativa, pero otro en mi entrepierna decía a gritos que deseaba ver a una. Ella me miró dulcemente a los ojos, para luego bajar la vista y de pronto soltó una carcajada clavando su mirada justo en mi pantalón: me sonrojé al ver que mi polla estaba buscando salir ¡y asomaba su punta morada a vista y placer de Marce!

-¡Vaya, al parecer alguien más quiso hacerse presente en nuestra charla! Dijo mientras soltaba otra risa, mezclada con una lujuria reflejada inequívocamente en el rubor de su cara, y en el fuego con el que miraba la punta de mi cola asomándose.

Yo moría de vergüenza, estaba de todos los colores imaginables, cortadísimo a mogollón sin saber realmente qué hacer ni qué decir, fue entonces que ella y yo nos envolvimos en silencio, y en él nos transmitíamos un deseo que estaba aflorando y declarándose entre ambos… tan sólo pensaba en cogerla y saborear su coñito, no sentía aún seguridad de tomar la iniciativa, pero sin pensarlo me arrimé a ella y la besé en los labios… creo que nunca en mi vida había tomado una decisión tan valiente.

En los primeros segundos apenas y se dejaba, pero de un momento a otro vino un arrebato en ella y atacó ferozmente con su lengua en mi boca, besaba excelente, su boca tocaba fondo en la mía a través de su lengua; muy decidida llevó su pasión a su mano y rápidamente la puso sobre mi polla caliente y erguida: "Marce me la estáis tocando", pensé… ¡¡me voy a correr ahora mismo!! , pero supe aguantarme. Pensando esto se me acercó al oído al tiempo que me magreaba ya mostrando y mayor deseo en sus caricias, me susurró "me tienes muy cachonda, calientita desde que te vi la primera vez…" Esa frase definitivamente no la podía dejar pasar, se me estaba entregando en bandeja y no deseaba decepcionar, yo la deseaba, quería follarla por donde fuera posible, quería sentirme dentro de Marcela y ella tal vez deseaba lo mismo.

Ya sin reparo le quité su cazadora y su blusa a rayas de aquel día, para encontrarme con unas tetas que, aunque no muy grandes, estaban perfectamente formadas. Me deshice del sujetador y se revelaron sus grandes areolas color rosa, y unos pezones erectos que invitaban a morderles y tocar. Se las comencé a chupar sin remedio, ella dejaba escapar a esto unos gemidos suaves que me encendieron aún más. Cerró sus ojos e introdujo una mano por debajo de los vaqueros, qué duda cabe, buscando su sexo. Yo estaba hecho un poseso, no daba crédito al morbo que estaba viviendo con ella, Marcela, la agradable vendedora de coches dueña de ese culo intocable que contorneaba tan bien al caminar, de esos muslos y caderas que le daban perfecta armonía a cada paso.

Quería por fin ver a esta chica maturbándose y quise para ello excitarla aún más. Bajé mis pantalones hasta media rodilla y entonces ella tuvo libre acceso a mi polla y mis huevos, mi artillería estaba durísima y dando las señas de la pre-eyaculación en la punta del glande. La tía me la frotaba como una diosa, con toda naturalidad, y yo (y como veremos también ella) tenía ganas de que me la mamara ya.

Ya sin más pausa acercó su cara a mi pene, le besó y con la punta de su diestra lengua me limpió los fluidos previos, para luego comerse mi polla por completo como si del más delicioso helado se tratase; me gozaba viendo el espectáculo de ver a una chica mamándome mi polla aún virgen; comienzo a contemplarla toda, y ante mí surge como de nada la espléndida imagen del culo de Marce, que en su posición permitía ver bajo su pantalón por detrás, la imagen de buena parte de su culito cubierto tan sólo por un tanga blanco minúsculo, de una telilla fabulosa que traslucía un tanto, con un pequeño triangulillo que desaparecía justo antes de que el elástico de su tanga se perdiera por entre sus nalgas.

Ella se había desabotonado sus ceñidos vaqueros que le lucían estupendamente, y la mano que ocupaba para magrearme la polla ahora se la tenía muy ocupada entre sus piernas con casi total libertad. Por mi posición no me dejaba ver, pero sin dudas se estaba propinando una paja olímpicamente, sus fuertes gemidos y su respiración apresurada así lo indicaban, yo continuaba saboreando aquella magistral mamada que me daba tanto goce, cada vez quejándome más fuerte del placer que Marce me estaba propinando con su boca y sus labios hechos para mi polla. Yo no le sacaba los ojos de ese culo con sus ridículas braguitas que debían esconder un par de tesoros estrechos y deliciosos que yo quería dejar sin descubrir. Intenté acercar mi mano para acariciarle por detrás, el espacio entre mi mano y su culito se hacía interminable. Ella como adivinando interrumpió la mamada y se incorporó frente a mí.

-Venga, ¡quiero que me veas!

(no pude responder, había quedado yo sin habla, mis ojos se derretían por ver lo que esta tía me iba a mostrar…con todo aún balbucear me era difícil)

Yo, tumbado en el recibidor, veía cómo esta chica se volteaba frente a mí para verle desde atrás y comenzaba a quitarse los vaqueros. Pude ver cómo su hermosa figura, ya semidesnuda (prácticamente desnuda del todo), me mostraba su hermosa lencería a escasos centímetros de mi nariz.

-¡Vaya qué bragas tan chiquitas!

-Es mi nuevo microtanga, le he comprado pensando en una ocasión como ésta… ¿Te ha gustado?

-Sí, ¡¡muchísimo!!

-Jooo no te cortes ahora, Esteban. Hombre, tocad la tela, ¿no os parece suave?

Se dio la vuelta nuevamente para dejar su entrepierna a mi disposición e hizo una ardiente invitación con su mirada, ¡vaya si esa hembra quería huevos! Yo estaba en otra dimensión, una chica así de guapa y para tu primera vez no es algo que te lo cuente cualquiera… El deseo que provocaba con su cuerpo dejaba a cualquiera en la levitación, más aún disponiendo su virginidad a las ganas que me tenía, sin pensarlo 2 veces pasé mi mano temblorosamente sobre su vientre, fui bajándola muy lento hasta encontrarme con sus bragas y sentí de inmediato una ligera hendidura, yo no sabía mucho aún sobre chicas y apenas sí sabía lo que estaba tocando; con torpeza aunque muy suavemente llevé mis dedos más abajo siguiendo la línea de su rajita y me encontré con un calor que me causó un gran espasmo de placer, una sensación de haber llegado a lo más. Sentí algo de humedad, ella respiraba muy fuerte y sus palpitaciones rebotaban en todo su cuerpo, colé mi dedo índice por entre el tanga y por fin llegué al interior de su chocho… Marce comenzó a mover sus caderas a un ritmo de baile, me sentía en medio de un ritual de seducción y ella me llevó al éxtasis sin siquiera tocármela cuando coló sus dedos por los elásticos del tanga y mientras se movía a un ritmo desorientador a mis sentidos comenzó a bajarlos hasta que le quedaron casi por los tobillos, para dejarme ver su rajita. Con una mano tocándose las tetas y la otra bajo su vientre perfecto, comenzó a "jugar" con su cuerpo pidiéndole más y más placer. Me había convertido en un auténtico espectador de su lascivia, miraba cómo contorneaba sus caderas, mirando su ombligo y sus curvas me mareaba poniéndome a mil, sus formas voluptuosas se movían cada vez más violentamente. En cierto instante de su caliente baile que llevaba al tiempo que se pasaba los dedos frenéticamente por su ardiente rajita, comenzó una serie de gritos de histeria y lujuria magnánimas con un toque de erotismo que me la erguían al punto de que ya me veía venir, se arqueó y cerró sus ojos y de pronto se hizo una vez más el silencio… Su coño chorreó un fluido blanquecino que cayó directo sobre su mano y sus piernas… Se había corrido.

Yo, atónito, aún me estaba recuperando de la impresión, se me caía la babilla al ver su chochito húmedo y caliente, que emanaba un delicioso aroma que era casi imperceptible pero que yo podía sentir por la escasa distancia. Sin embargo, aún había algo pendiente y ella me hizo saber que quería terminar lo que habíamos comenzado.

-Venga, guardia, acercaos a visitar mis instalaciones… (dijo, reincorporándose)

Fuimos a su privado, una oficina escondida que permanecía bajo llave en el sector del taller mecánico; descubrí para mi sorpresa que su interior era una auténtica habitación, misma que como cualquier otra tenía un pequeño lavabo y una cama sobre la que nos tumbamos el uno sobre el otro, invertidamente. Ya imaginareis que su sexo y el mío estaban a total merced de nuestras bocas, lo que me llevó fulminantemente a un pronto orgasmo para terminar corriéndome en su boca. Ella se tragó toda mi leche, sin chistar.

Una vez más tenía pegada su mano a su entrepierna, con la que frotaba suave y eróticamente su clítoris y se pasaba los dedos abriendo los labios de su coñito para que llegara aún más de su sabroso manjar proveniente de la entrada de su chocho, yo me encontraba a unos pocos centímetros y ya con la polla nuevamente flácida me di por entero a explorar con mi boca su fruto aún virgen. Sólo pensar en el placer de cogerla en ese mismo instante mientras le metía la lengua en su vagina ácida y embriagadora me provocó en pocos instantes una nueva erección que esta vez podía contener mejor (debido a que yo me la corro seguido), mis huevos ya estaban secos, tenía a mi vista también su ano pequeñito que se me mostraba en todo su esplendor y verle su agujero más íntimo fue simplemente algo que nunca olvidaré, su culo me era una pasada, sin más la tomé de las piernas y le sentencié mi intención de follarla allí mismo metiendo mi polla entre su rajita, haciéndome paso entre los menores hasta llegar con mi punta a rozar su pollita enana. A ella pareció gustarle mucho, pero una vez que planté mi capullo acomodando en la entrada de su fresa empapada en sus jugos, me paró en seco-¡¡QUÉ TE CREES QUE HACES, CABRÓN!!- confieso que me desorientó, pero luego llevé a cabo mis deseos e hice que se metiera un poco dentro… Ella dijo "¡¡NOOOOO, me está doliendo!! Y acto seguido se la metí hasta el fondo sin contemplación; la tía me miraba con ira, notaba que debía de tener dolor por ser ésta la primera vez, por sus mejillas bajaban un par de lágrimas y sus ojos brillaban de dolor…

Comencé en un ritmo de mete y saca que a mí también me costaba dolor, sobretodo en mi frenillo que debía ceder a la presión que ejercía la entrada del chocho de Marce, me lo aguantaba porque algo me decía que pronto el dolor daría paso al placer, y aunque mi dolencia no acabó del todo hasta 2 días después, el inmenso éxtasis de estar dentro de Marcela me hacía sentir como el más hombre de los hombres, el más dichoso.

Ella no me dejaba disfrutar por completo, constantemente me hacía ver lo mucho que le dolía, y comencé a hacerlo más fuerte, fui en un frenético vaivén buscando su placer, aunque había aumentado en algo me había convencido de que el goce para ella estaría reservado para la siguiente ocasión. Sin más remedio, retiré mi polla obviamente ensangrentada y me fui al lavabo para limpiarme… Fue cuando de regreso miré a la cama y vi a Marcela puesta en una sugerente posición que le había salido por casualidad, que me entraron nuevamente ganas de follarla. La imagen era perfecta: en cuclillas sobre la cama, encarándome con su culo y con la cabeza gacha mientras se colocaba el tanga comenzando desde sus rodillas… fue cuando se me ha venido la genial idea y le dije:

-¿Puedo compensaros de alguna manera?

-Lo que has hecho no te lo tenías consentido aún de mi.

-Es que creo poder pagar el dolor que te he causado con placer…

-¿Y cómo harás eso, eh…?

No terminaba aún su pregunta cuando al intentar subirse las bragas se topó con que mi polla, dura y lista para la batalla una vez más, le impedía continuar.

-Esta vez te irá por detrás, ¡¡verás qué goce tendrás luego!!

Ni le di tiempo de responder, y fue cuando sin preámbulos le inserté mi polla previamente emulsionada con aceites que había cogido de la ducha de la habitación, lo que junto con mi estado aún no del todo erecto hizo que se metiera relativamente fácil por su ano, su dolor esta vez fueron tan sólo unos segundos y de un momento a otro ya estaba gimiendo y pidiendo más, yo sentía cómo mi polla se ponía al rojo con el efecto quemante del aceite entre sus carnes, entraba y salía con dificultad por la estrechez, misma que me daba una mayor satisfacción. Ella se había puesto muy caliente, sus palabras no dejaban de excitarme aún más, me suplicaba que nunca dejara de follarle por detrás, que lo estaba gozando, se arqueaba e incluso ella ya más decidida empujaba su culo para que mi capullo entrase sin mi esfuerzo, eso me tenía en otra dimensión: olvidé que era un guardia, olvidé mis problemas, mi mundo… ahora éramos sólo Marcela y yo. Ella meneaba su culito de arriba abajo, de atrás hacia delante y sin siquiera quejarse, como se pueden pensar yo estaba muy contento con ello, por fin había logrado darle placer y por el lado que me tenía menos pensado. Mi cañón ya quería disparar otra vez, me lo retuve esperando que ella se corriese, cuando por fin comenzó a gritar pude entender que ya estaba culminando:

-Ahora cabrón, me follas muy rico, mi culito es todo tuyo, me has hecho una puta, me encantas…. sí, sí, ahhh, AAAAAHHHHHHHH!!! ME CORROOOOOOOOO!!!

Tras esa señal le llené el culo de mi leche, pensaba que le daría poco pero le derramé una importante cantidad dentro de su ojete, me sentía realizado en plenitud y ella también, tras todo eso nos fuimos a la ducha, donde continuamos en magreos hasta que se nos hizo la noche y ya muy exhaustos nos tocó dormir en esa habitación.

El instante de comicidad vino a las 10:00 pm, horario en el que mi veterano colega Tomás llegaba para cubrir su turno nocturno… Ambos, olvidados de ese detalle, nos dormimos por un cuarto de hora y fue luego de esto que sentía las manos de Marcela manoseando mi ingle, invitándome a hacer lo mismo… Tras un ruido de una puerta abriéndose con algo de dificultad, nos dimos por enterados de que Tomás había ingresado. Me vestí como pude indicándole a Marcela que permaneciera allí, y salí a su encuentro… Sólo atiné a decir "Buenas, amigo Tomás… ¿No le han informado? Este turno también le cubriré yo por hoy…", a lo que él tras un par de preguntas se convenció y antes de irse muy contento por el turno libre sólo me indicó que me cuidara de no tocar nada otra vez, "sobretodo tocar algo de Marcela…" Yo sólo murmuré muy bajo "supiera usted" murmuro que (a su edad) le fue algo imperceptible…

¡¡Vaya qué sorpresa te llevaríais si abrierais la puerta a mis espaldas, mi amigo!!, pensé para mí.

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