Җ La novata Җ
A las mujeres nos gusta buscar amos a quienes esclavizar. Liz Spett. (Psicóloga
especialista en temas de la mujer y la pareja.)
Y también todo lo contrario. Vascopais3 (Autor del relato que vas a leer.)
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Sobre mí
Todos mis clientes suelen ser mujeres
inteligentes, adineradas y muy importantes, algunas hasta famosas públicas.
Mi nombre es Rafael, amo y cruel hasta
la médula. Me consideran un alma pecadora que ofrece servicios a gente todavía
más vil y pecadora que yo, claro que solamente en los corrillos eclesiásticos,
donde los rumores hicieron que colgara los hábitos definitivamente.
A mis 45 años y como quien dice, recién
salido a la calle, mis fantasías dominadoras, me llevaron a establecer un
servicio muy especial, para gente que mediante la fantasía y la libertad
personal recrean un estilo de vida basado en la sumisión más absoluta, en la
máxima humillación posible y siempre bajo mis órdenes.
Tengo, lo que se conoce, como un local
bajo las sombras. En una angosta e inusualmente transitada calle, aneja a una
mugrienta y desangelada barriada Bilbaína, se ubica mi maravillosa recreación.
Lugar de trabajo y vivienda, dónde nadie podría imaginarse lo que dentro yace,
una ultra-bondage house. Local personalizado para la esclavitud y la servidumbre
sexual, bajo mi poder absoluto, mediante técnicas de bondage extremas.
Lo que implica el ultra-bondage, no es
materia de profanos, hay que dominar el arte de las ataduras, el control de la
tensión de las sogas, y saber hasta cuanto puede un cliente soportar el rigor.
Pero mi local no es exclusivo de estas
técnicas, el uso final, lo más preciado y solicitado por la clientela vasca, es
la transformación en mobiliario, en integrarse al resto de la casa como un
mueble más. Así, los clientes, son humillados extremamente, maniatados,
imposibilitados de todo movimiento, reconversionados a meros objetos: mesas,
sillas, camas, lámparas, reposa pies, alfombras…un sinfín de utilidades.
Se podría considerar que no es normal ni
cuerdo, que una persona se deje llevar por tal desviación, la completa sumisión,
el dejar de sentirse persona, ya no hablamos de relaciones amo-esclavo, sino de
pérdida absoluta de la identidad como ser humano, mucho más cruel que el BDSM
más fuerte que exista, peor que la tortura si cabe. Pero no hay que olvidar que
las personas faltas de estima, escasa en recursos empáticos, y frustradas
sexualmente o incluso traumatizadas en la infancia, son una golosa y sustancial
presa para mis propósitos. Quizá tú, lector, sí, tú, que a cada renglón de este
relato, sientes más y más excitación, puede que, oh sí, lector, seas una de
tantas y tantos clientes que pasaron por aquí, o pasarán, quien sabe, solamente
el tiempo lo dirá.
Abril
Todo comenzó una mañana de Abril. Bajo la tenue lluvia
que empapaba el asfalto, una mujer de aspecto elegante y lustroso, se aproximaba
a pasos largos hacia un local. Apenas le dio tiempo para ir a recibirla, ella ya
estaba llamando al timbre, y él todavía en bata de estar por casa, sin
afeitarse, medio dormido y con ojeras hasta los pies.
-Buenos días.
-¿Usted cree qué estas son horas de venir a molestar a
este pobre trabajador?
-Mmm, perdone señor, pero es que quien me dijo de venir,
no me advirtió que su dueño, trabajase por las noches.
-Yo trabajo cuando me da la gana, oiga, y pase de una
vez, que a cada rato que pasa está usted más y más empapada, y no quiero que me
moje la alfombra.
-¿Acaso le he dicho que deseo entrar?
-Todas las clientas igual de tímidas…ejem. No es una
muestra de amabilidad, se trata de una orden directa ¿entiende?
-En ese caso, no me negaré.
-…Estas novatas, siempre lo mismo- pensativo Rafael.
El interior de la estancia estaba equipado con tapices
medievales, las paredes con góticos relieves, y el techo negro. También había
unos ventanucos en una de las paredes, claro que el sol no se filtraba por allí,
ya que daba a la parte de un oscuro callejón.
La chica se aproximó a una de las sillas que adornaba el
recibidor.
-Veo que te interesa mi última creación- sonrió Rafael –
se trata de mi clienta de anoche, todavía permanece en esa posición, y no será
liberada hasta las 12 del mediodía, si deseas, puedes descansar tu cuerpo sobre
ella.
La joven observó con detenimiento aquel mueble tan
extraño, se trataba de una mujer atada convenientemente y embutida en látex
negro, de los pies a la cabeza. Apenas unos orificios nasales y otro pequeño
para la boca eran visibles a sus ojos, estando el cuerpo totalmente enfundado
opacamente. La postura en forma de silla debía ser muy incómoda, tenía las
piernas y los brazos unidos, de tal forma que su culo y parte del estómago y
pecho, permanecían a disposición, como si de un asiento se tratase. De esta
forma, la chica, se había convertido en una extraña composición, un mueble
simple como una silla, pero hecho de ella.
La chica, no dejó de darle vueltas, mirando las
ataduras, la posición de la mujer, y decidió probar a sentarse. Al hacerlo, su
culito respingón topó con el de la otra mujer atada, y sintió la dureza de los
glúteos de ésta, daba la sensación de un auténtico y cómodo asiento, al que
también le había incorporado unos reposabrazos. Ahora su cuerpo descansaba sobre
los muslos y el culo de la silla, y ella se sentía muy cómoda.
-Ejem- interrumpió Rafael- si desea la señorita, podemos
ahora tratar el tema de los honorarios por el servicio.
-Perdone señor, todavía no me he presentado, y no sabe
usted el porqué de mi visita. Mi nombre es Abril, como este mes que acaba de
comenzar-sonrió a los ojos de Rafael- Me gustaría ser su aprendiz, en esto del
bondage.
-¿Cómo? ¿mi aprendiz? ¿no es usted una cliente, dice?
-Efectivamente, no lo soy.
- Pues la dejé pasar porque creí conocerla.¿Y quien le
habló de este sitio? Aquí la discreción es la primera regla.
-No se preocupe, Rafael- sorprendió a éste, pronunciando
su nombre- Soy la hija de su última cliente- mirando de soslayo hacia abajo.
-Vaya, esto sí es una sorpresa. Así que tu madre
es….-dejó que ella terminase la frase, no se fiaba todavía.
-La Señora sobre la que me asiento, jejeje, Doña Isabel
Goikaechea, mi madre – triunfante Abril.
Rafael se quedó un poco helado, nunca le había pasado
nada parecido, por lo visto la Señora Isabel, había descuidado su discreción,
dejando a la vista de su hija la dirección de su local.
-Señorita, mmm, ¿su madre sabe que usted conoce este
sitio, o ha venido por cuenta propia?
-Ya se lo dije antes, me dijeron que viniese,
concretamente mi madre me lo pidió.
-Sabrá entonces que ella no puede escuchar nada de esta
conversación, antes de atarlas y enfundarlas en látex, les coloco a las esclavas
unos tapones en los oídos, permaneciendo en total desvinculación con el mundo
exterior, a excepción, lógicamente de la presión que sobre su cuerpo ejerzan los
clientes.
-Por supuesto, mi madre, por si no se había percatado,
es una zorra de mucho cuidado, es muy pervertida, y de hecho ahora que se
divorció del cabrón de mi padre, lo es todavía más. A mí siempre me comentó que
le gustaría verse bajo mí, y yo nunca lo comprendí, hasta hoy.
-¿Y te agradó?
-Me encantó, por eso mismo me gustaría aprender a
dominar este arte de la dominación, quiero ser como usted, quiero que los
hombres se humillen ante mí, que se conviertan en mis esclavos y sirvan de
muebles para la casa que pretendo construirme, por eso necesito su ayuda.
A medida que hablaba, Rafael iba comprendiendo las
fantasías sadomasoquistas de Abril. Ella, víctima de un hogar destrozado, con
una madre dada a la lujuria y la obsesión por el bondage, con un marido que lo
más seguro es que le pusiera los cuernos harto de sus parafílias, desencadenó un
cruel comportamiento, lo que la llevó a odiar a los hombres, a querer
desposeerlos de su dignidad, se trataba por supuesto de una clara venganza
contra su padre.
-Muy bien señorita Abril. La creía una sumisa abnegada,
pero veo que es como yo, un ser cruel, dominante, jajaja, y muy sádica por lo
que veo. Yo nunca podría sentarme sobre mi madre, por mucho que ella insistiera.
-Eso es lo que nos diferencia Rafael, que yo soy más vil
que usted.
-Bueno, eso se verá, de momento levántese de ahí, que
tiene muchas cosas que aprender todavía, antes de poder usar a los clientes.
A las 12, Rafael liberó a la madre de Abril, que se fue
a casa, no sin antes abonar el servicio, que eran 20 € por hora.
Abril, joven rubia de 21 años, se disponía a recibir las
lecciones de Rafael. Él le había dicho que no le cobraría a ella, ya se
encargaría su madre de abonarle las tasas por la educación de su hija, por lo
que las clases comenzaron ese mismo día.
Las lecciones
-Lo primero que debes aprender, es la relación pactada
entre amo y sumiso. Siempre debe ser hecha bajo un contrato y por supuesto con
la firma del sumiso. En el contrato debe especificarse lo que se le puede hacer
y los límites de lo que se puede o no puede hacer. Lo normal en el
ultra-bondage, es dar completa libertad al amo para todo tipo de ataduras y
posiciones, siempre que no provoque lesiones o heridas.
-El esclavo o sumiso, no podrá hablar nunca mientras
dure su servicio, puesto que llevará mordaza y tampoco oirá nada del exterior
(esto ya lo sabes,) por ello es importante observar cualquier tipo de
anormalidad en su pose o su respiración. De todas formas, cada 15 minutos se
comprobará la presión arterial, para evitar riesgos innecesarios.
-Siempre que algún cliente te lo pida, puedes usarlo
como mueble para otro cliente, aunque siempre deberás tapar su cara y cuerpo
totalmente, la discreción es lo primero, y muchos de los clientes no desean ser
reconocidos.
-Nunca debes humillar más de lo estipulado, y se prohíbe
en todo momento del servicio el uso personal de los clientes, si ellos no te lo
piden expresamente. Comprendo que estando ciegos y sordos, además de
imposibilitados de movimiento alguno, pueda surgir en ti la necesidad de
hacerlos servir para fines personales, pero la ética profesional te lo debe
impedir. Esta norma es tajante, y si la vulneras, puedes verte metida en un lío
si te descubren.
-El material que debes usar, siempre se basará en tiras
de goma elásticas, rojas o negras, de gran flexibilidad y otras cuerdas más
estrechas para nudos en zonas concretas, como pies, manos, cuello. Para embutir
a los clientes, se usará látex negro o rojo igualmente, y siempre tapando todo
el cuerpo, dejando los necesarios orificios en la caperuza, para poder respirar.
Si algún cliente no desea ser tapado en la cabeza, allá él, esos son los más
humillados, y es lo que les gusta a algunos.
-Las diferentes creaciones que se pueden conseguir son
casi infinitas, pero te enseñaré las más solicitadas, y las únicas que trabajo:
1) La silla común: Es la que has visto, tu madre siempre
pide la misma.
2) La silla balancín: Es una variante de la silla, pero
que se mueve balanceándose adelante y atrás, muy solicitada también.
3) El perchero: Se trata de colocar al esclavo en
posición con los brazos extendidos y horizontales, a modo de perchero. Se coloca
atado a una tabla recta, y se usa en la entrada de la estancia, dónde los
invitados (clientes), colocan sus abrigos. En esta creación, la cabeza también
puede servir como sombrerero.
4) El reposa pies: Se coloca dentro de una caja
rectangular al esclavo, dejando su culo en el exterior mediante un orificio. La
caja tapizada, se cierra con candado y se coloca al lado de una silla. La
utilidad es simple, su culo sirve de reposa pies a los clientes. Lo normal en
este caso es no enfundar en látex al cliente, ya que al quedar dentro de la
caja, es imposible que nadie lo reconozca. Su culo puede quedar al aire libre
sin más, o enfundarse en cuero, siempre a solicitud del cliente.
5) La lámpara: No tiene más misterio. Se coloca al
cliente atado a un palo vertical y sobre su cabeza la lámpara auténtica,
permaneciendo atado muy fuertemente y embutido en látex totalmente. Esto también
lo piden mucho.
6) La mesita: El cliente se pone a cuatro patas, y sobre
su espalda se coloca un fino cristal. Puede ser mesita móvil o fija, atando sus
piernas y brazos a unos anclajes en el suelo, y en casos necesarios, acoplando
una madera rectangular entre el suelo y el cliente, facilitando la postura, ya
que así su cuerpo descansa sobre el bloque rectangular. Esto último, suelen
pedirlo mucho para despedidas de soltera, siendo la novia, la que debe
permanecer en tal humillante postura para con sus amigas de orgía.
7) El W.C: Algunos clientes desean ser usados como
water, aunque no es mi especialidad, si el cliente paga un extra, se le permite.
En estos casos, coloco al cliente en un agujero que hice a medida para tal fin.
La cavidad en el suelo, a modo de pozo, imposibilita que el cliente salga de
ella sin ayuda externa. La cabeza siempre sobresale, quedando el cuello a ras
del suelo. Sobre la cabeza coloco la bandeja del water, apenas un cilindro de
mármol grueso, con tapa y todo, donde los clientes se sientan para evacuar. El
cliente siempre queda empapado de pis y heces, aunque nunca permito que abra la
boca, dejándola mediante bola de goma convenientemente cerrada. Supongo que el
cliente se sentiría mejor si pudiese tragar algo, pero por razones de seguridad,
no lo considero nunca.
8) La alfombra: Esta es la última recreación que uso en
mi negocio. Es la más clásica y simple de todas. Se coloca al cliente a ras de
suelo, extendido y boca arriba, atado convenientemente, juntando sus piernas y
dejando los brazos también atados y extendidos junto a las piernas y el pecho.
Se le enfunda con látex rojo, y se le sitúa en la entrada al salón o debajo de
la mesa principal. Los demás clientes lo usan para pisotearlo, reposar los pies,
o escupir sobre él. Nunca en la cabeza debe ser pisado, eso sí.
Una lección práctica
- Y bueno, creo que hasta aquí, ya te expliqué un poco
mi “mobiliario”- Abril asentía con la cabeza, mientras su excitación comenzaba a
dejarse evidenciar. Sus lindos pezones puntiagudos dejaban marcarse sobre
aquella blusa blanca, y sus dilatadas pupilas, reflejaban y recreaban escenas de
ultra-bondage. Movía incipientemente los dedos de las manos, y oía atenta los
consejos de su maestro, las lecciones que la convertirían en un ama estricta.
Comenzó a lubricar rápidamente y su respiración se hizo más entrecortada,
Rafael, que la observaba, no dejó pasar la ocasión y la agarró fuertemente por
las muñecas, dejándoselas atrás en la espalda. Después la miró fríamente a los
ojos y le susurró algo al oído: “¿Quieres una clase práctica?”. Ella apenas
asintió, y Rafael ya estaba preparando una de las muchas recreaciones
mobiliarias, en este caso, la silla balancín-. Abril, quiero que sepas, que
ahora voy a explicarte in situ, cómo hacer un buen trabajo- La agarró
fuertemente de las manos y la llevó a otra estancia, allí había un armario del
que extrajo un traje negro de látex. El traje traía cremallera por atrás, la
abrió y lo dejó colgado en el perchero- Creo que se nos olvida algo, Abril.-le
susurró.
-¿El qué?- extasiada ella.
- Para introducirte aquí dentro, debes antes desnudarte,
no sea que tengas demasiado calor, con esas ropas que traes.
Abril comprendió en seguida y comenzó por la blusa, que
se sustrajo al momento, dejando su sujetador rosado, a la vista de Rafael. Su
delicada piel blanca, fue vista al completo, al quitarse la falda que traía, y
esta vez, Rafael le pudo ver el tanga rosado, conjuntado del sostén. Allí, en
pie, Abril se mostraba en ropa interior, delante de Rafael, y completamente
excitada y a su merced. Lo siguiente fue el sujetador, y mostrando unos duros,
aunque pequeños pechos, Rafael no pudo evitar babear con el espectáculo. En
seguida se bajó el tanga y allí apareció una linda rajita apenas sin pelos, y
empapada de sus jugos.
Rafael la cogió y la enfundo en el traje, no sin antes
ponerle una mordaza con bola en la boca.
-Ahora no puedes hablar, si deseas continuar, puesto que
esto es solamente para tu aprendizaje y no hay contrato formalizado, deberás
asentir con tu cabeza para que continuemos- ella asintió con la cabeza, pero
antes quiso hablar y solamente unos dulces “mmm” con babeo incluido salieron de
su boca. Rafael prosiguió y le advirtió que ahora le colocaría los tapones para
los oídos, le dijo que desde que se los pusiera, ya no podría oír nada, que
estaría totalmente a merced de él, y que era el último momento para parar todo.
Ella volvió a asentir, inclinando la cabecita, y él le cerró bruscamente la
cremallera, dejando solamente su cabeza al aire. Acto seguido le introdujo unos
tapones para los oídos y le puso la caperuza, que le tapaba la cabeza
totalmente. Ahora ni podía hablar, ni oír, ni ver nada, apenas unos orificios
para respirar.
La condujo torpemente hasta la silla balancín, que
apenas era una estructura metálica. La colocó de tal forma que sus pies toparan
con sus brazos, quedando la parte de su culito y sus muslos en la parte
superior. Acabó la faena atando todo el conjunto con tiras anchas de goma, y
comprobando que el asiento era sólido y resistente al peso de su cuerpo. Se
sentó lentamente sobre ella, y apenas ejercer presión al levantar los pies del
suelo, oyó como un “mmm” apagado, y supo que ella ya lo sentía encima. Movió el
balancín hacia delante y atrás, acomodando su trasero sobre Abril, mientras ella
permanecía del todo rígida, inamovible, convertida en un balancín, en una
mecedora humana.
A los 15 minutos, se levantó para comprobar su presión
arterial, con un aparato especial que la media a través del látex de su brazo.
Estaba bien, y decidió merendar algo, dejando a Abril en aquella posición, un
ratito a solas.
Al momento llamaron a la puerta de su local.
-¡Vaya! ¿Y ahora quien será? – se olvidó por un momento
de Abril, que estaba en el salón convertida en mecedora, y abrió la puerta al
cliente. Se trataba de un joven de apenas 19 años, que a trompicones llegaba a
su local, por lo visto sus amigos, situados detrás de él, le empujaban e
incitaban para entrar a su local.
-Buenas- dijo uno de los amigos que traía detrás-
Resulta que es la despedida de soltero de nuestro colega, y queríamos saber si
podía pasar para “sentarse en alguna silla disponible, jejeje”.
-A ti te conozco, eres el hijo de Doña Paquita ¿verdad?-
le preguntó al joven casadero.
-Oh, sí, vaya, es mi madre, una de sus clientas, es por
ella que he venido aquí- le contestó algo nervioso.
-En ese caso, sí, de acuerdo, tú puedes pasar, y
vosotros- mirando a los demás por encima de sus cabezas- esperarlo aquí en la
salida, el servicio se lo haré gratis por 15 minutos- todos asintieron y el
joven, entró en el local.
-Bueno, muchas gracias por dejarme el servicio gratis.
Pero diga, ¿qué tiene disponible ahora mismo?
-Jejeje, creo que te encantará, se trata de una
jovencita de casi tu misma edad, claro que no puedo decirte de quien se trata.
El joven se puso a mil, su pene comenzó a crecer, y
crecer, y casi se corre allí mismo, si no llega a ser porque estaba más nervioso
que excitado.
Pasaron al salón, y allí estaba, Abril, la mecedora
humana.
-Muy bien, tienes 15 minutos, ni uno más, te dejaré a
solas, pero no cometas estupideces, que vigilo- A todo esto, se alejó a otra
estancia, dejando al joven de pie en frente de Abril.
El chaval comenzó a desnudarse, quería sentir su cuerpo
desnudo sobre el caliente látex que formaba aquel asiento. Se sentó
nerviosamente sobre Abril, que sintió la presión, y notó que era distinta a la
de antes (este joven pesaba menos que Rafael). Ella no sabía bien que pasaba,
pero como tampoco podía hacer nada para evitarlo, se dispuso a disfrutar del
momento, dejando el anterior orgasmo para volver a tener otro. El joven se
balanceó fuertemente, apoyando su cuerpo de forma normal a como lo haría en una
auténtica mecedora. Se corrió sin querer, levantándose antes del culo de Abril,
y empapando el látex que la cubría en semen. Ella apenas notó nada de eso,
solamente la presión al levantarse. Al momento el chaval, ya más relajado y sin
excitación, quiso tocar aquel lindo trasero de veinte añera, y posó sus manos
sobre él, acariciando y pellizcándolo. Abril sintió ahora unas punzadas en su
culito embutido, y soltó un “mmm”, que junto a babeos se hacían más intensos,
conforme el joven llegaba a oírlos, forzando más la situación, y apretando con
más virulencia el trasero de la joven Abril.
Después de pasar los 15 minutos, entró Rafael en la
estancia, y pilló desnudo al joven, que se tapó rápidamente y se alejó a toda
prisa, evitándolo en el dintel de la puerta.
-Maldito pervertido, deberías saber que está prohibido
desnudarse- le gritaba desde lo lejos, mientras se alejaba con el resto de sus
amigos.
Rafael, dio por concluida la sesión práctica con Abril.
Comienza el espectáculo
Rafael liberó a Abril de aquella posición sumisa
extrema, y la dejó sola en la habitación para que se vistiese, las clases de ese
día habían concluido.
-Bueno, hasta mañana- espetó Abril, sonriente.
-Por supuesto, además mañana tú, serás clienta, tengo
unos servicios que atender y estoy falto de clientes para ello.
Rafael no solamente sacaba dinero de los servicios a sus
clientes por convertirlos en mobiliario durante unas horas, sino también por
dejar usar el mobiliario, de esta forma, tenía clientes para usar y ser usados,
ganando siempre mucho más dinero. Si alguna vez había demasiados clientes
pasivos (muebles), él mismo debía ser cliente activo, lo cual era sencillo, pero
otras veces había demasiados clientes activos, por lo que perdía dinero, no
pudiendo ofrecer servicio.
Pero el día de mañana se presentaría muy bien, tenía 4
clientas pasivas, y 2 clientas activas, claro que con Abril y él mismo, ya eran
4 para 4. Una medida perfecta para la sesión. Además todos a la misma hora, como
era habitual, en servicios colectivos.
Las 4 clientas pasivas eran de la misma familia, 2
hermanas y sus 2 primas, todas de la misma edad, unos 30 años, y con unas ganas
de marcha increíbles. A una de ellas la había tenido en anteriores sesiones como
alfombra humana, y a otra como perchero, de las otras 2, no conocía nada
todavía. Las dos hermanas, hijas de un respetado juez vasco, eran unas pijas de
mucho cuidado, dadas al vicio y al desenfreno. Sus primas, igual de pijas que
ellas, era de suponer. Las 2 clientes activas eran habituales de su local. La
primera, una mujer de 40 años, empresaria, muy adinerada y dueña de una
constructora importantísima. La segunda, otra mujer, esta vez más joven, de la
edad de Abril. Una chica maltratada por sus padres, que ganó en la lotería una
fortuna considerable.
El escenario se presentaba fuerte y con el plato de
tener a Abril, su ya querida y hermosa aprendiz, que esta vez aprendería a estar
como ama, y no como sumisa.
Las primeras en llegar fueron, lógicamente las 4
treintañeras. La más alta de todas, también era la que mejor figura tenía, unos
enormes y abultados senos, unas largas piernas y un culo muy sugestivo. Su
hermana, no era para menos, algo más bajita, pero con unas enormes tetas y un
culo muy redondito. Las dos primas resulta que eran gemelas, o eso le pareció a
Rafael, porque además de ir igual vestidas, ambas con minifalda roja muy corta y
unas botas de tacón de aguja a juego con sendas blusas muy ajustadas, que
marcaban sus pezones, se parecían como dos gotas de agua. No fue precisamente en
sus cara en lo primero que se fijó Rafael, (observe el lector que Abril se
conjuntó esa mañana muy escotada y con unos pantalones que le resaltaban, por lo
ajustados sus labios vaginales, por lo que Rafael ya iba muy caliente para la
recepción de aquellas 4 hermosas hembras.)
Tras las oportunas presentaciones y unas copitas de
vodka con ginebra, comenzó la sesión, y sería la primera que vería in situ y
como ama, nuestra querida Abril:
-Amo Rafael- preguntó en representación de las demás una
de las cuatro- ¿Puede hacernos hoy un servicio especial?
-¿Qué especialidad?
-Pues, mis primas y mi hermana, habíamos pensado en que
hoy podríamos ser no solamente atadas, también podríamos servirles a los dos
para lo que deseen – con la cabeza gacha.
-Pero que zorritas sois ¿eh?, menudas estáis hechas.
¿Qué dirían vuestros padres…?
-No creo que deba preocuparse por ellos- respondió una
de las primas- ya sabe que no les toca sesión hasta dentro de un mes más o
menos.
Parecía que aquella sesión, iba a convertirse en mucho
más de lo que estaba pactado de antemano.
-Está bien, pero mi nueva ayudante, también participará,
esa es mi condición. Ya sabéis que los extras los pago aparte- seriamente
Rafael.
-Sí señor- respondieron al unísono las cuatro.
Rafael les ordenó que se desnudaran completamente allí
mismo, y éstas lo hicieron de buena gana. Al poco rato, ya mostraban sus
encantos a ambos amos. Abril no pudo resistirse al encanto de una de las gemelas
y comenzó a lubricar, aunque no era lesbiana, la situación le ponía por
momentos, y no sabía que pasaría después.
Una vez desnudas, Rafael las fue atando una tras otra
por las muñecas en la espalda, y los tobillos entre sí, después a todas por
igual siempre, las colocó a cuatro patas en círculo en torno a ellos dos (Abril
y él), acto seguido le recomendó a Abril que se desnudara también, porque era su
trabajo y ellas le iban a chupar lo que pidiese, él también se desnudó
enseguida. Las 4 hembras comenzaron a excitarse y mojarse todas, las gemelas se
fijaron en el vello púbico de Abril y se dirigieron lentamente hacia allí.
Mientras, las dos hermanas, ya chupaban la enorme polla que mostraba Rafael, a
dos bandas, mamada tras mamada, un lengüetazo tras otro, Rafael se
corrió en la boca de una de ellas. En ese momento las gemelas ya acariciaban con
sus respectivas lenguas los labios vaginales de Abril, que frotándose los
endurecidos pezones, soltó un gemido de placer, al tiempo que las gemelas se
corrían solas y también gemían.
Cuando Abril terminó por correrse, Rafael se inclinó
sobre una de las gemelas y la enganchó fuertemente del cuello. Como pudo, la
pobre gemela casi sin respiración, intentó liberarse de él, pero atada como
estaba, le resultó inútil la tarea. Acabó enganchada por el cuello mediante una
cuerda gruesa, a un eslabón colgado del techo. No la dejó más que de puntillas,
no pudiendo tocar los talones el suelo, o se ahogaría con la soga. Una vez la
dejó en tal posición, enganchó raudo a su prima, y con soltura, le colocó unas
pinzas en los pezones que ató a los de su hermana por otras pinzas, dejando a
ambas una enfrente a la otra y tensa la cuerda que las unía. El dolor que les
producía no era mucho, comparado con el que la otra gemela que quedaba iba a
sufrir.
Esta vez fue Abril, la que mediante consejo de Rafael,
ató convenientemente por el cuello, y éste a su vez a los tobillos que ya tenía
atados, y así boca abajo en el suelo, y doblando el cuerpo como una barca, le
enganchó sendos pesos en ambos pezones, quedando éstos en el aire. Después
comprobó que su culito estaba demasiado blanquito y comenzó a fustigarlo con
crueldad y vileza, mediante un látigo que le trajo Rafael de una de las
habitaciones de material.
Al ratito, Abril se dirigió a donde estaba su hermana
gemela, atada por el cuello, enganchada al techo. Ésta comenzaba ya a temblar,
casi sin poder aguantar más la postura de puntillas, aunque con unos duros y
enhiestos pechos, lo que le delataban su excitación.
-¿Te gusta eh zorrita? – le decía cálidamente a la
gemela. – Menuda putita eres. Ahora no eres nadie, aquí tú dinero ya no sirve,
ni tus comentarios, yo soy ahora quien tiene el poder sobre ti, la única persona
que puede liberarte o dejarte así como estás por siempre, jejeje.
La gemela iba a decir algo, cuando desde atrás, se oyó
un chasquido, ¡Zas!, era el látigo, esta vez manipulado magistralmente por
Rafael. La preciosa gemela solamente pudo ponerse a suplicar.
-Piedad, por favor, más no, no aguanto más de puntillas,
voy a ahogarme.
Sus súplicas sonaban como entrecortadas, seguramente por
la tensión en el cuello y el cansancio acumulado. Rafael le propinó más fuerte
esta vez, ¡Zas!, y Abril casi se deja llevar por la tensión del momento y la
libera de la soga, pero entonces, Rafael, le comenta:
-Tranquila aprendiz, jejeje, ahora tienes que aprender a
comportarte con extrema crueldad, has de saber, ante todo, que un esclavo
disfruta realmente con el juego creado, y tú has estado a punto de romperlo.
-Pero…está realmente sufriendo – exclamó ella.
-Eso es lo que imagina una mente “no acostumbrada”, pero
en este trabajo has de tener los pensamientos fríos, y ser muy sensible a los
indicios que muestren tus esclavos. Esta zorrita se lo está pasando de miedo- le
comentaba al oído, sin que la gemela se pudiese enterar.
Mientras tanto, las dos hermanas, atada por los pezones,
una frente a la otra, comenzaban realmente a cansarse de la postura, y debido al
narcótico efecto del alcohol, una estiraba a la otra, produciéndose ambas un
dolor insoportable en los pezones.
Rafael siguió azotando en el culo y la espalda a la
gemela, hasta que se percató de la otra gemela, que luchaba por desatarse sin
éxito de sus ataduras, que la mantenían doblada en el suelo como una barquita.
Las pesas en los pechos de ésta, le estiraban mucho, y se visualizaba un tono
rojizo en éstos. Fue entonces cuando Rafael, dio por concluida la sesión extra.
Una habitación, muy coqueta
Pasaron unas horas antes que llegaran las 2 últimas
clientas, y tan solamente media hora para comenzar a preparar a las otras
cuatro.
Abigail, que aprendió muy bien las técnicas, solamente
necesitaba saber en qué tipo de mueble iban a ser transformadas.
-¿Lo acordado? – preguntó en el aire a las cuatro,
Rafael.
-Mmm, esta vez con una
novedad si es que puedes. Deseo servir de mueble bar- profirió una de las
gemelas. Y además no quiero que me tapes la cara completamente. Me gustaría ver
quien toma las bebidas, no sé si me entiendes.
-Eso va a ser algo complicado, no tengo ese tipo de
mueble habilitado.
-Pagaré lo que me pida, lo que me pida- concusa ella.
-Mmm, el caso, es que ahora que lo pienso, un mueble bar
tengo. Claro que lo tendría que apañar antes.
-Esperamos lo que haga falta.
-Está bien. ¿Y vosotras tres?
Una tras otra fueron comentándole la fantasía. Las dos
hermanas serían transformadas en silla y lámpara respectivamente, mientras que
la otra gemela, su prima, sería un reposa pies.
Cuando terminó la charreta, Rafael ya estaba ingeniando
el modelo de mueble-bar. Para ellos usó un antiguo mueble del tamaño de una
persona, que servía para revistas y libros. Lo vació y le añadió unos puntos de
sujeción para las cuerdas.
Lo de la lámpara ya estaba arreglado, así como la silla,
y para el reposa pies, adornó con un mantelito blanco, la parte superior del
mueble, quedando además de decorativo, una especie de mesita, dónde colocar las
bebidas, que tomarían gustosas las próximas clientas del local.
Abigail se encargó de colocar a las hermanas, una de
lámpara, con látex negro y gomas elásticas a juego, negras también. Como no
quiso ser tapada de ojos, la dejó con media caperuza, y a su hermana de látex
negro pero con cintas rojas. A ésta última, al no tener más caperuzas, le colocó
una máscara negra, que hacía las veces de caperuza. Si todo iba bien, aquella
silla humana, debería poder girarse en 360º, porque la estructura metálica así
lo permitía.
Rafael se encargó de las otras dos. Primero de la
gemela, que a propósito, tenía el culo más apto para lo que iba a ser usado, un
reposa pies. Éste era rojo, con el mantelito arriba y la gemela, dentro de él,
solamente mostraba su lindo trasero, que lucía con unas medias de lycra
transparente y un tanga negro por dentro.
Tan solo quedaba su hermana, la otra gemela que quería
ser convertida en mueble-bar.
Por lo visto también deseó no ser embutida en látex,
ésta vez bastó con un corpiño negro muy ajustado a su cintura, un violeta
conjunto de lycra corporal, y ya que no iba a ser ocultado su rostro, eso sí, le
colocó la bola de goma en la boca; además de todo esto, todas, las cuatro, iban
a permanecer sensorialmente inhabilitadas, al menos por lo que a sonidos se
referiría.
Tuvo que usar la habitación de descanso para acoplar
todo el conjunto. Aunque no quedaba nada gótico, debido a su suelo gris y una
amplia cortina blanca en el fondo, resultaba muy coqueto. Además las colocó
sobre una alfombra marrón a cuadros, lo que agradaría a las visitas futuras, ya
que pensó usar esa distribución como próximo reclamo de nueva clientela.

Tanto Abril como Rafael, se felicitaron
por tan espléndida labor de bondage artístico, y decidieron esperar en el salón
a las dos clientes.
Tras casi dos horas de tensa espera, y
cansado de tener que comprobar la tensión arterial de sus clientas, Rafael oyó
el esperado timbre de la puerta.
-Buenos días- se presentó la cuarentona
empresaria.
-Encantada- hizo lo mismo la joven
millonaria.
-Es un honor y un placer tener conmigo
esta tarde, tan refinadas visitas- siguió el juego Rafael.
Las hizo pasas a la habitación, mientras
Abril esperaba allí, pendiente de las otras cuatro.
-¿Les gusta la decoración?-
preguntándole Abril a ambas, al entrar en la dependencia.
-¡Oh, caramba!, es incluso mejor que mi
salón de visitas de la casa de campo. Claro que allí no tengo este tipo de
mobiliario, jejeje- rió la más mayor.
-Sí querida, y es más, estoy por comprar
alguno de estos muebles- arrogante la más joven.
Rafael hizo sentarse a la mayor en la
silla, mientras encendía la lámpara y Abril invitaba a la más joven a una copita
en el mueble-bar.
-Realmente cómoda esta silla giratoria,
claro que el reposa pies es todavía más blandito- decía la mujer mayor.
La presión era notada por la prisionera
de la silla, que se excitaba tan solo de pensar que era usada por alguien, que
ni siquiera sabía quien era.
La gemela, que era humillantemente
pisada con los tacones de aguja en su culo, puesto que ahora solamente era un
reposa pies, se sentía igual o más excitada que su prima.
La lámpara humana, se corrió dos veces
al ver a las invitadas, que apenas le mostraban atención, como si de una
auténtica lámpara se tratara.
Lo mejor se lo llevaría el mueble-bar.
-Esto si que no lo había visto nunca-
dijo la joven al lado de Abril.- nunca entenderé porqué se dejan ver la cara
estas putas sumisas de medio pelo- refiriéndose a la gemela, que atada,
permanecía obligadamente en el interior del mueble.
Ella, aunque no podía oírla, sí podía
leerle los labios, aunque su cansancio por la actuación de antes y su
musculatura ya flojeante, no la ayudaron demasiado para tal tarea, que unida a
unos ojos cansinos, más cerca de la inconsciencia estaba que de otra cosa.
Todos bebieron mucho alcohol en la
velada, que transcurría entre críticas a ver quien de todas cuatro, era más
zorrona, puesto que ellas dos, nunca se consideraban putas. Pasaba el tiempo y
Rafael se olvidaba a ratos de comprobar la presión, por lo visto, el alcohol esa
tarde-noche estaba algo fuerte, tenía un sabor algo extraño. El caso es que al
ratito, todos se quedaron dormidos, todos menos los muebles, que sin saber que
ocurría, permanecían obligados en humillante pose.
Tan solo, la lámpara y el mueble-bar
podían ver lo que ocurría, y fue entonces cuando asustada, la gemela y su prima,
comenzaron a gritar, aunque solamente unos “mmmm” era lo que salía de sus bocas.
Las otras dos, no podían ni ver ni oír, por lo que no se enteraron de nada. Tras
muchos “mmm” de ambas, ya cansadas, una de ellas cayó desmayada, mientras la
otra, impotente no tardó en desmayarse también.
La situación parecía estar algo
descontrolada, cuando Abril, despertó de pronto, y algo mareada se dio
cuenta de la situación. Corrió a despertar a Rafael y a las otras dos mujeres,
pero nada, seguían inconscientes. Entonces decidió desatar a las cuatro de sus
prisiones. Comenzó por la silla, levantando previamente a la mujer que dormía
sobre ella. Una vez desatada, comprobó su estado y vio que se encontraba
tan sumida en la inconsciencia como el resto. Lo mismo pasó con las otras tres,
y cuando casi de llorar se ahoga, Rafael se despertó súbito del frío suelo donde
yacía.
-¿Qué pasa?- preguntó de pronto Rafael.
-¡Rafael! – Exclamó Abril – nos quedamos
dormidos, y casi matamos a estas personas por nuestra culpa.
-¿Qué personas?
Abril se quedó extrañada ante tal
respuesta, y fue cuando al mirar a su alrededor se dio cuenta que se hallaba en
otra habitación bien distinta, -¿acaso he soñado esto?- se preguntó.
-Pero, pero…cómo es posible, si hace un
momento…aquí…esta habitación es diferente…balbuceaba sorprendida.
-¿Diferente?, pero si es la misma dónde
has estado todo el día metida, embutida en látex, convertida en mesilla de cama.
-¿Cómo?.....ahora estoy mareada…me duele
la cabeza.
-Eso es por querer probar a estar toda
la noche, te recomendé que si era la primera vez, sería mejor poco a poco, pero
tú nada de nada, querías toda la noche, en fin, por lo menos, estás bien.
-Pero si eras tú el que estaba en el
suelo inconsciente…-confusa Abril.
-Jajaja, si que has soñado nenita. Acabo
de sacarte, y te he dejado sobre la cama, por lo visto te desmayaste mientras
iba al lavabo, y al volver me encuentro con este panorama. Creo que por hoy ya
habrás aprendido que esto se ha de querer con el corazón, y no por probar, que
eres una novata.
Abril al oír lo de novata, recordó como
en ráfagas, lo sucedido aquella mañana tan extraña.
Por lo que parecía, Abril, una joven
veinteañera, fue a solicitar los servicios del amo Rafael, maestro en
ultra-bondage, y con especialidades por la mueblefília. Ella nunca había hecho
eso antes, pero aquella mañana y tras leer unos relatos de cierta web, sintió la
curiosidad. Buscó una guía fetish de Bilbao, su ciudad y dio con aquel
esperpéntico local.
Al llegar allí, su dueño le abrió la
puerta, fue entonces cuando y tras decirle que ella era demasiado novata para su
local, se encolerizó, empujó al dueño al interior y ya dentro, le aseguró que
deseaba probar la humillación, convertida en lo más humillante para una chica de
su edad. Rafael le dijo que se desnudara, lo hizo, que se pusiese a cuatro
patas, lo hizo también, y entonces la llevó a una mesita de cama, la puso de
rodillas y le introdujo su cabecita por una agujero ex profeso, la tapó los
oídos, la boca, y le puso una lámpara sobre la cabeza, después él se acostó en
la cama a seguir descansando.
Llamaron al timbre, era un chaval, él
aceptó que entrase y la usó a ella para satisfacer al joven. Él se la sacó, se
la metió en la boca y se corrió dentro de ella, que permanecía con los ojos
cerrados e inmovilizada. Más tarde llegaron 4 chicas más, ésta vez le quitó la
caperuza, y resultaron ser sus cuatro primas, las dos primas gemelas y las otras
dos mayores. Se moría de vergüenza, pero tuvo que soportar la humillación, fue
después que entraron 2 mujeres más, que resultaron ser su madre y una tía de
ella. Fue entonces cuando se desmayó por primera vez, y Rafael le dio un vaso de
agua con cierta dosis de cafeína. Al irse su madre y tía, Rafael tuvo que ir al
baño a orinar y ella volvió a desmayarse, mezclando en sueños toda aquella
aventura. Rafael la sacó de allí y ella juró no volver jamás a su local.
Realmente era demasiado fuerte para ella.
En la puerta de entrada al local reza lo
siguiente:
Solamente permitida la entrada a mujeres
mayores de edad, el dueño del local se reserva el derecho de admisión.
Si es tu primera vez, te lo hacemos
gratis.
BDSM extremo – local de ambiente.
F I N