La luz me despierta, el sol del martes apenas ha lanzado sus
primeros rayos y yo ya estoy con los ojos abiertos de par en par en mi cama.
Esperando a que haya luz suficiente para poder empezar el que será tercer día de
mi sueño platónico, ser una fémina. Por los que no estéis al loro, casualmente
este domingo me encontré una de esas comunes lámparas mágicas que abundan en
todos los cuentos. Yo, tentando la fantasía, la froté con mi habitual
comportamiento irónico como para demostrarle al que la había encontrado, mi
perro, que los genios de las lámparas no existen. Pero mira por donde el chucho
no iba errado pues salió lo que menos me esperaba yo, un genio mágico. Que
después de unas aclaraciones me informó de que la costumbre de los tres deseos
ya estaba obsoleta, y ahora él y los de su tropa solo concedían un único deseo.
"Bueno" le dije yo "ya es suficiente para lo que quiero". Le pedí el sueño que
llevo arrastrando desde no sé cuantos años hace.
Que me convirtiese en una hembra, para ser más precisos me convirtió en una
chavala de exactamente 14 años, con mi misma cara pero en fémina, mi mismo pelo
castaño ondulado pero largo como lo llevan las féminas y una complexión que le
especifiqué bien al genio; unas buenas tetas y un buen culo, nada de las
flacuchas que corren por los desfiles de modelos, "tampoco quiero un camión" le
dije, pero una chavala como es debido que esté una buena chavala, si no se
dedica a la danza clásica jeje. Y aquí estoy, no tengo que ir muy lejos para
tocar esa chavala, tan solo tengo que bajar mis manos y puedo tocar cada uno de
los puntos que me componen. Unas juguetonas tetas con las que jugué un poco ayer
mismo, saltando ante el espejo. Un buen culo que puedo usar como arma para
"matar de infarto" a alguien enseñándoselo. En fin, una mujer como la creó dios
de la costilla de Adam, natural.
Me pregunto qué voy a hacer hoy. El primer día, domingo, me desvirgué con el
primer viejo pervertidó que me tiró la caña, estando yo sentada sola en una
terraza. El segundo día lunes, lo planeé un poco mejor y me cogió otro
tatarabuelo que olió mi excitación sentado a mi lado en el autobús. Me manoseó
cuanto quiso en el coche y después me llevó a su caserío y allí me cogió en la
misma pocilga de sus puercos. Lo más asqueroso peró, fue la ligereza con que me
largó después del kiki, una palmada en el trasero y "venga lárgate". Yo me fui
cabreadísima, pero tanto da, tengo solo una semana de fémina y tengo que
aprovecharla al máximo. ¡Ah! ¿no os lo he dicho? Quedé de acuerdo con el genio
que el próximo domingo a la misma hora, recuperaré mi cuerpo de siempre y esta
fémina se fundirá como un soplo de humo (literal).
Bueno, no os incho más la cabeza con las particularidades del trato que hize con
el genio y me voy a lo mío. Mientras almuerzo me voy pensando qué hacer
hoy. Me fascinan todos los aspectos de la vida personal de las féminas, por eso
le pedi ello al genio. Tienen una forma de llevar la vida totalmente diferente a
los hombres, en cada uno de sus aspectos. Como hacer amig@s, enemig@s, como
estudiar, trabajar, jugar, hacer deporte, salir de día, de noche, incluso
caminar por la calle es totalmente diferente para mi ahora que soy una chica.
Tengo que hacerlo con tacto, sin parecer ni una mojigata ni un putón, dar cada
uno de mis pasos con maestría dejando ver lo justo que quiero que se vea de mi.
Mmmmm no se me va a escapar nada, hoy voy a ser un poco exibicionista. Ya ves,
siempre recordaré aquella guirufa que veía en la playa cada día cuando tenía
unos 15 años. Debía tener mi misma edad y era alucinante la energía con que se
exibía. Iba sola con su amiguita en la playa y tan solo ella se sacaba la parte
superior del bikini. Y yo y todos mis amigos nos quedábamos babeando de lo rica
que estaba. ¡Y difícil! porque unos cuantos de nosotros tratamos de ligárnosla y
no había manera. Jaja, siempre recordaré el bestial planchazo que me dio
diciéndome que era lesbiana, fuuuu. Pero los papeles han cambiado, hoy seré soy
yo la chavala exibicionista. Ya lo dicen que la venganza es un plato que se come
frío, bueno, pues yo me lo comeré ardiendo.
Abro mi cajón secreto de travestido y saco el único bikini que tengo. Tomo las
dos partes, "la parte de arriba será la que usaré menos" pienso, pero bien, todo
irá por pasos. Saco a mi perro para hacer 4 pises y una vez todo listo emprendo
la verdadera jornada. Tomo lo típico que tiene que llevar una chavala como yo a
la playa; la toalla, un bolso, el bikini ya puesto bajo mi vestido y no me deje
la crema bronceadora! ¿Qué sería de una chavala en la playa sin crema solar? ja
ja. Le doy un fuerte achuchón de los que solo sé dar yo a Rata (mi perro) y me
despido de él con un bofetón.
-Sombrera: ¡ahí estás Rata, todo esto te lo debo a ti!
Una vez en la calle lo primero que hago es sonreirle al sol.
-Sombrera: no me falles hoy bonito.
Emprendo mi paseo hacia la playa durante el cual voy jugando un poco con esto de
exibirme como chava. Cada uno de mis movimientos está calculado al milímetro. Un
paso derecho hacia adelante, el brazo izquierdo también avanza, avanza el pie
izquierdo, el brazo ahora se va para atrás y el brazo derecho en ningún momento
se separa del bolso. Mmm esto lo tengo bien estudiado, de admirar mujeres
caminando, pero no hace falta esforzarse mucho, todo sale solo. En 10 minutos
llego a la playa, mmm hermosa playa, y tú solecito mío no me has fallado y
brillas cual flash.
Extiendo mi toalla a media distancia entre el agua y el paseo y empiezo a
desnudarme. "De momento no me sacaré el sostén" pienso, hay tiempo para todo.
Sentada en mi toalla doy un par de vistazos a mi alrededor y al verlo todo en
regla me dispongo a tomar mi baño solar. Me tumbo un rato y cuando creo
encontrarme lo suficiéntemente acalorada me levanto para tomarme un baño. Mmmm
el agua sienta de maravilla después de media horita tostándome. Pego 4 chapoteos
rápidos y cuando estoy satisfecha me vuelvo hacia mi toalla. "Ahora es el
momento" pienso, con toda la naturalidad del mundo me saco el sostén y
disimuladamente advierto como centenares de ojos se posan en mis mamas. Bien
bien bien, el cebo está en el anzuelo varones, a ver quien pica.
Una vez tumbada analizo más concienzudamente la foto mental que he tomado cuando
estaba sentada. Me rodea mucha gente, pero la mayoría son padres de familia con
sus esposas, hijos, etc.. A mi izquierda hay también una tropa de chavales
juguetones, pero me apuesto que de esos no picará ninguno, porque es el primer
día que me ven, y recuerdo que tardamos unos cuantos días en atrevernos yo y mis
amigos a asaltar a la guirufa rubita hace tantos años. Después tras de mi hay
una panda de viejos y viejas, pero esos parecen de la vieja escuela y no creo
que estén para juegos. "En fin" pienso, "sea lo que dios quiera".
Pasa un largo rato durante el cual voy descubriendo cosas sorprendentes, aún
tumbada y con los ojos cerrados noto cada uno de los ojos que recorren mi
silueta. Noto que a veces me mira alguien como jugando a ver la tía buena, en
otros momentos noto miradas inquisidoras como tachando el espectáculo que doy
con mis mamas al aire (seguro que serán las viejas tras de mi) y en otros
momentos noto miradas de gente que veo que solo le falta un empujón para
abordarme. Pero hay una mirada que no había notado pues de pronto.
-Voz: hola guapa.
-Sombrera: uh, mm, ho.
Abro mis ojos y me cuesta un poco despejarme para aclarar si alguien me está
hablando de verdad o lo he soñado. Veo un hombre arrodillado a mi lado. Es
grande, de complexión ancha y negramente peludo, tiene incluso una poblada barba
y creo que es lo que en vocablo X se donomina -oso-.

-Sombrera: hola.
-Hombre: eres la chica más guapa de toda la playa, 100 hombres se deben estar
muriendo de envidia viéndome hablar contigo.
-Sombrera: uy gracias por el cumplido, pero no creo que sea tanto.
-Bartolomé: mi nombre es Bartolomé, soy asiduo a esta playa y es la primera vez
que te veo, ¿eres de la ciudad?
-Sombrera: sí, soy de aquí, pero hasta ahora iba a la playa en otro sitio más
hacia el puerto, con Alicia mi mejor amiga. Pero ella se ha ido de vacaciones
con su familia y es por eso que he decidido venir sola.
-Bartolomé: mmm no está bien que una niña tan bonita esté sola. Te debes aburrir
mucho parando en sol como si fueses una vieja. ¿Te gustaría venirte a dar una
vuelta commigo en mi barca? No llega a ser un yate pero podemos darnos un bonito
paseo por la costa. Di que sí y verás como no te arrepientes.
-Sombrera: uy pues, no sé, ¿hacia donde iríamos? estar en medio del mar me da
como un poco de miedo, como si estuviera en medio del desierto.
-Bartolomé: uy no, tranquila, no iríamos pas hasta Mallorca. Podemos dar un
paseo por la costa y te enseñaré unos acantilados, también llamadas Calas, que
son de ensueño.
-Sombrera: pues sí, porqué no, vamos.
-Bartolomé: entonces recoge trastos que tengo la barca aquí mismo.
Me visto en un momento y con todo mi equipaje acompaño a Bartolomé al que espero
sea un bonito viaje. Una vez llegamos al puerto contemplo el que será nuestro
coche marino. Es un bote de recreo más bien pequeño, tiene su palo mayor por si
se quiere usar vela pero sé que no se usa practicamente nunca, y si se hace ello
mismo es un recreo.

Yo, como ingenua que soy, me cojo a la barandilla y tan solo contemplo como
Bartolomé conlleva todas las tareas de zarpar. Incluso en eso noto que me he
convertido en una chica, pues apenas entiendo el lío de cuerdas y amarres y
ostias que maneja Bartolomé. Al fin peró, zarpamos. Lo hacemos como predecí,
impulsados a motor. La barca tarda apenas 5 minutos en salir del puerto.
-Bartolomé: ha habido suerte, a veces si hay mucho tránsito puedo tardar media
hora en salir del muelle.
Vamos navegando por trechos y Bartolomé me va indicando cada uno de los puntos
por que pasamos.
-Bartolomé: esa roca se llama la morena, y dice la leyenda que era un gran
castillo de un duque, pero que se quemó y quedó así.
-Sombrera: oh, que bonito.
Así entre pláticas y clases acabamos llegando a una cala en que Bartolomé echa
el ancla.
-Bartolomé: aquí estaremos bien, nos podemos pegar un chapuzón e incluso podemos
tomar el sol en la barca, que nadie nos molestará.

Muy divertida con el regalo que me ha echo Bartolomé, yo me lanzo repetidas
veces desde la proa de la barca al agua. Hago multitud de trechos a nado e
incluso llega un momento que Bartolomé y yo jugamos a pilla pilla nadando
alrededor de la barca. Al rato pero me siento cansada y subo de nuevo al bote.
Llevo el bikini entero pues no he creído correcto destaparme ante un desconocido
en su propia casa.
-Sombrera: voy a tumbarme un rato al sol.
-Bartolomé: bien, yo haré lo mismo.
Extiendo bien mi toalla en la proa y saco ahora mi crema solar para protegerme
un poco. Aún me estoy extendiendo la crema cuando Bartolomé me la saca de las
manos y me dice.
-Bartolomé: túmbate, que te la extiendo yo.
Me tumbo del todo, cierro los ojos y me dispongo a fantasear con las manos de
Bartolomé que sienta sobre mi. Este inicia su baño de crema por mis hombros que
cubre cuidadosamente, sigue con mis brazos y cuando tiene estos echos se dispone
a hacer mi torax.
-Bartolomé: ¿te importa que te saque el sostén?
-Sombrera: no, claro.
Él mismo me lo desabrocha bajo mi y me lo saca con cuidado. Ahora tiene ante él
el anzuelo que le llamó a conocerme en la playa. Con cautela pero sin ninguna
timidez me cubre de crema mis pechos, la batalla ha empezado.

Se entretiene con lujuria a bañar y rebañar esas extremidades de crema, que los
hace más resbalosos y siento cada uno de los diez dedos que los palpan. Pienso
yo que "si los maneja tanto al final no quedará crema" pero Bartolomé sustituye
la crema por su propia saliva. No abro los ojos pero sé que es su boca la que me
está sorbiendo el pezón. Aquí yo pierdo también todo cautela y empiezo a gemir.
Bartolomé pasa de un pezón a otro haciéndome volar en mi femenina mente. Su boca
va jugando a subir y bajar de mis pechos a mi cuello, hacia mi barriga y hasta
mete su lengua en mi ombligo, cosa que me hace incluso reir. Sus manos tampoco
han parado quietas y han sabido liberarme del calzón del bikini. Un dedo se ha
metido ya dentro de mi rajita y en eso que yo me alarmo cuando pienso que
estamos en una barca casi al lado de la costa.
-Sombrera: ¡Bartolomé! ¿no nos puede ver nadie?
-Bartolomé: no, tranquila, he escojido esta cala porque es totalmente
inaccesible desde tierra, nadie nos puede ver a menos que se lanze del
acantilado.
-Sombrera: oh bueno, perdona.
Después del diálogo Bartolomé me besa en la boca a la francesa. En mi sobresalto
he podido advertir que él está también desnudo. Le sobresale un cipotón del
15(dicho popular en mi tierra para decir que algo es muy grande) entrepiernas
que intento cubrir lo que puedo con mi mano. Nos masturbamos mutuamente durante
un rato, pero yo acabo teniendo que abandonar pues que me meta el dedaco se
apropia del 60% de mis fuerzas/destreza. Bartolomé se separa de mi y se tumba en
mi toalla y me dice.
-Bartolomé: venga putita, móntame.
Haciendo caso omiso de su blasfemia, me pongo de rodillas encima de él y me
apunto el pene a la concha. Me lo trago todo de un sentar y gimo con primeriza
pasión.
-Sombrera: aaaaaaaaah.

Él me coge de las caderas y empezamos a amarnos con lujuria. Yo boto y reboto
encima de él y mis gemidos se mezclan con el latir de las olas, que a la vez
mueven el barco y nos mueven al ritmo del mar. Yo lo boto con la fuerza que me
dan mis muslos, pero a ello hay que sumarle la fuerza con que el me clava encima
de él, que me mete el cipotón los más hondo técnicamente posible dentro de mi.
Me parece sorprendente que el pene no se salga de su agujero, pues subo y me
siento encima de él casi dos palmos. De pronto Bartolomé me descarga y me saca
de encima de él.
-Bartolomé: ¿quieres fiesta cochina? tirémonos al agua que te voy a enseñar una
cosa.
Cogidos de la mano nos tiramos a la vez al agua. Él me toma y me acerca a la
quilla del barco, me fija contra ella y noto como de debajo el agua vuelve a
introducirme el pene en la concha.

Me la mete entera y esta vez es él mismo que me folla y lo hace con furia. Con
el furor del follar el agua chapotea entorno a nosotros, y en algunos momentos
tengo que cerrar la boca para que no se me llene de agua.
-Sombrera: ooooh dios!!! oooooh ooooh.
Tengo la sensación de que bajo el agua la polla se le incha aún más, porque me
está abriendo en canal y siento que todo el Bartolomé se está metiendo dentro de
mi. De pronto noto que se va a correr, y me preparo a resistirlo porque sé que
me va a meter la polla lo más hondo que pueda y así es. Todo el entra dentro de
mi "tengo la sensación" de que todo él (polla, torso, barriga, cabeza, brazos)
sale y vuelve a entrar completamente diversas veces. La sensación es bastísima,
y aún así, después de haber visto peligrar mi vida, no quiero que me la saque.
Él se ha detenido ya pero yo no dejo de gemir abrazada a él durante un buen
rato.

Durante el cual irremediablemente noto que su poronga se desinfla y con un
último espasmo acaba saliendo de mi.
Con ciertas dificultades subimos a la barca y esta vez sí, nos tumbamos a parar
el sol desnudos. Ambos nos tomamos una buena siesta y cuando el sol deja de
quemar me despierto.
-Sombrera: ¡uy! creo que el sol me ha quemado!
-Bartolomé: no pasa nada, simplemente esta noche la pasarás un poco mal pero
mañana ya te encontrarás bien.
Y así es, por la noche en mi cama me pica toda la parte que me ha quedado
rojo/gamba del sol. Pero "fuuuu" pienso "ha valido la pena".