LA HORMA DEL ZAPATO DE DUNA
No merece la pena pillarse los dedos con un tío. Es
preferible conservar la libertad –decía Duna, con una total seguridad, a su
amiga, mientras tomaban una copa en un pub de moda.
Poco podía sospechar ella que dentro de unas horas todos sus
planteamientos, madurados desde hacía varios años, se iban a venir abajo como un
castillo de naipes. Duna era una chica fascinante. A su cuerpo de diosa ("dotado
para el pecado", como le gustaba decir a ella), añadía una cabeza muy bien
amueblada. La verdad es que tenía todo lo que una chica podía desear. A sus 19
años era alta, rubia, con una cara preciosa (en la que destacaban unos ojos
marrones muy bonitos) y un tipo espectacular. Se sabía deseada por los hombres,
ya que tenía un poder magnético sobre ellos.
Su vida sexual era muy activa. Su apetito, casi insaciable.
Le gustaban esas pequeñas diferencias con las que los hombres podían
sorprenderla. Dado que era una chica sin prejuicios, podía permitirse el lujo de
acostarse con todos los tipos que quisiera. Esto no significaba que fuese una
enferma o una obsesa. Simplemente disfrutaba del sexo sin ataduras. Dado que se
había iniciado muy joven, su repertorio era amplísimo, variado y deliciosamente
preciso.
Ya, pero el amor también es importante, ¿no? –respondió su
amiga, después de digerir las palabras de Duna.
Sí, por supuesto. Pero yo creo que tiene que ver poco con
el sexo. Son dos mundos separados, al menos de momento. Creo que no es
conveniente mezclar ambas cosas.
Duna era un producto de su época. Activa, inteligente,
universitaria, apasionada, impulsiva, segura y con un atractivo personal
espectacular. No era exactamente una feminista, pero se sabía superior a los
hombres, simplemente porque tenía claro que bastaba una mirada suya para
derretir al tipo más duro. En la cama se entregaba totalmente, sin reservas,
brindando enormes dosis de placer a aquellos que tenían la suerte de estar con
ella. Pero nunca pasaba de ahí. No creía que fuese por miedo al compromiso ni
nada parecido. Solo era que no necesitaba tener al lado a nadie que restringiese
lo más mínimo su libertad: ella era joven y quería disfrutarlo.
Es que yo me quedo colgada de un tío con mucha facilidad
–objetó su amiga.
Eso son tonterías. Todo lo que vas a ganar colgándote de un
tío es pasarlo mal –repuso ella.
Entonces le vio. A unos metros de ella estaba un tipo que
llamó su atención. Aunque Duna no lo sabía aún, se llamaba Javi. Tenía 28 años,
medía 1,78, pesaba 73 kg y, en realidad, aparentaba unos cuantos años menos de
los que tenía. Ella miró su aspecto impecable: pelo negro y corto, camisa
blanca, chaqueta de cuero elegante. De inmediato sintió un aguijón de deseo que
la picaba en su interior. Así era ella: actuaba por impulsos. Y aquel tipo había
despertado sus deseos de modo fulminante.
"No es necesario perder el tiempo", pensó Duna. El tipo
estaba solo y sería, como de costumbre, una presa fácil. Como si lo adivinase,
su amiga miró el reloj y se despidió de ella con dos besos. Había quedado con su
novio. Otro de los inconvenientes de tener novio, se dijo Duna. Nada más que se
quedó sola, se colocó bien la blusa, desabrochó un botón, dejando a la vista un
poco su provocativo escote, y puso la mejor de sus sonrisas. Nunca ninguno le
había dicho que no y aquel tipo tan interesante no iba a ser el primero, desde
luego. Se acercó a él, contoneando las caderas, y dijo:
¡Hola! ¿Me invitas a una copa?
No. Estoy esperando a alguien –respondió él, mirándola con
unos penetrantes ojos marrón oscuro.
Duna tardó unos segundos en asimilar esa respuesta. Se quedó
sorprendida, rígida, de piedra. No recordaba haber recibido nunca una
contestación así. Cuando al fin pudo reaccionar, los ojos de Javi ya se habían
apartado de los suyos. Aquel gilipollas ni siquiera la miraba. Duna se volvió,
con un cabreo que apenas podía disimular. A lo mejor aquel tío era gay o estaba
casado. Cuando se dirigía al lugar de la barra, donde había dejado su cubata a
medio terminar, se cruzó con una mujer joven, de unos 24 o 25 años. Era morena,
con media melena lisa muy brillante. Sus miradas se cruzaron durante un
instante.
La angelical Duna se volvió a acomodar en la barra, cogió el
vaso y giró la vista a la izquierda. Aquella chica morena estaba con el tipo que
acababa tener la osadía de decir que no a Duna. No era demasiado alta, alrededor
de 1,65, por lo que tuvo que levantar la cabeza para besar en los labios a Javi.
A Duna casi le da un ataque de celos al ver semejante escena. Nunca había sido
celosa, pero aquel beso fue como una puñalada. Con disimulo siguió mirando para
ellos. La chica era atractiva, aunque evidentemente no podía compararse con
ella. A Duna le gustaron sus ojos, unos ojazos casi negros, como de mora, muy
expresivos.
Por un momento pensó en largarse de aquel bar, ya que estaba
francamente incómoda. A fin de cuentas la noche estaba llena de tíos buenos, que
se morirían por un simple guiño de ella. Pero no se movió de allí. Algo le
impulsaba a quedarse en aquel bar, a cinco metros escasos de aquella pareja de
desconocidos. La chica morena se quitó la chaqueta, dejando adivinar unos pechos
generosos y sugerentes. Duna no tenía el pecho demasiado grande, por lo que
sintió envidia ante aquellas tetas que se adivinaban grandes y firmes. Ella no
era así, nunca sentía celos, ni envidia, ni nada parecido, pero aquella noche de
viernes se sentía extraña y desconcertada. Seguía sola en aquel bar, sin saber
por qué.
Estaba pidiendo otro cubata, cuando sintió que era observada.
Giró la cabeza y vio aquellos ojos de mora clavados sobre ella. Trató de apartar
la vista, pero no pudo. Eran unos ojos fascinantes, grandes, negros, preciosos.
A Duna nunca le habían gustado las chicas, pero no pudo evitar sentirse atraída
de inmediato. Sentía en el estómago una mezcla de excitación, celos, envidia,
atracción y morbo. Era un cóctel extraño, pero muy estimulante. La pareja de
desconocidos hablaba y reía, pero cada vez dedicaban más tiempo a mirar para
Duna.
Al cabo de unos minutos vio que se decían algo al oído. Duna
no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Parecía como si el mundo se
hubiera detenido y que solo existieran aquellos dos extraños. La chica morena
asintió con la cabeza y fue hacia ella. A Duna casi se le para el corazón cuando
escuchó:
¿Te apetece unirte a nosotros?
Sí.......... claro –respondió con dificultad.
Ven.
Y la cogió de la mano. Era una mano pequeña y cálida, y su
solo contacto provocó un escalofrío en el soberbio cuerpo de Duna. La llevó
hacia donde estaba el chico, sin que ella pudiese o quisiese ofrecer la más
mínima resistencia. Una vez que los tres estuvieron juntos, se presentaron:
Me llamo Noelia. Él es Javi –dijo, señalando con la
barbilla a su amigo.
Yo soy Duna –acertó a contestar con voz débil.
Por lo general era una chica muy locuaz, con una conversación
fácil y fluida. Pero en aquel momento sentía que las palabras se le
atragantaban. Sus dos nuevos amigos, por el contrario, estaban muy tranquilos.
Sintió una caricia en la mano. Era Noelia, que tocaba y decía:
Eres una chica muy guapa Duna.
Gracias, tú también –respondió, notando como el calorcito,
que siempre acompaña al rubor, llenaba sus mejillas.
¿Puedo preguntarte tu edad?
Sí, claro. Tengo 19.
Noelia y Javi cruzaron una mirada cómplice, típica de
aquellas personas que se conocen muy bien. Sonrieron satisfechos y a Duna le
agradó. No sabía a dónde querían llegar, pero empezaba a sospecharlo. Era
evidente que ellos dos eran más que amigos. Javi permanecía callado, observando
con sus bonitos ojos marrones. Sin alzar la voz preguntó:
¿Te gusta el sexo Duna?
Sí, me gusta mucho –contestó, sin pensar lo que decía.
A nosotros también –intervino Noelia, volviendo a acariciar
su muñeca.
Duna sintió que su carne se ponía de gallina. Pese a su
experiencia, se encontraba desarmada ante aquella increíble situación. Siempre
le había gustado llevar la iniciativa y escoger, pero en ese momento supo que
esto iba a ser algo muy diferente. Estaba a merced de aquella pareja de
desconocidos, pero la excitación era tan grande que se sentía arrastrada por un
remolino de sensaciones. Notaba un cosquilleo en los pezones, que empezaban a
endurecerse de manera irreversible. Sin darse cuenta, se había puesto a hacer
manitas con Noelia. Ni siquiera de joven había hecho algo parecido, ya que
siempre tenía tíos para elegir. Pero la suavidad de aquellas manos era más de lo
que podía soportar.
La respiración de Duna se estaba acelerando. Notó una
incipiente humedad en su entrepierna. Estaba segura de que Javi y Noelia se
daban perfecta cuenta de todo. Aquellos dos pares de ojos, clavados sobre su
cuerpo, la tenían inmovilizada. Aunque hubiese querido marcharse, no hubiera
podido. Javi dirigió una mirada casi imperceptible a Noelia y ésta dijo:
Ven con nosotros. Nos gustaría conocerte mejor.
Sí, a mi también me gustaría –respondió Duna con rapidez.
Salieron de aquel pub. Varios chicos miraron a Duna, pero
ella no se dio cuenta. Sus pies seguían a aquella pareja, como impulsados por
una fuerza que ella no podía controlar. Fuera, en la calle, había un deportivo
amarillo. Javi abrió la puerta del copiloto, inclinó hacia delante el asiento e
invitó a las dos chicas a pasar. Las dos se acomodaron en el asiento de cuero
negro, mientras él se ponía al volante. Arrancó el motor y el coche empezó a
moverse, con dirección a las afueras. Duna no tenía miedo, pero estaba nerviosa.
¿Qué demonios hacía ella subida en un deportivo, con una pareja de desconocidos
y rumbo hacia algún lugar? Solo una cosa estaba clara: aquel viernes iba a ser
diferente.
Mientras Javi conducía, Noelia seguía acariciando las suaves
manos de Duna. Eran unas caricias deliciosas, ligeras, pero excitantes. El calor
volvió a trepar por todo su cuerpo y sus ojos se posaron en los de su nueva
amiga. Sin darse cuenta de lo que hacía, entreabrió los labios y los acercó a la
boca de Noelia. Realmente fue un acto reflejo, pero le dio la impresión de que
Noelia ya se lo esperaba, porque respondió de inmediato, besándola con unos
labios de seda. A Duna casi se le corta la respiración con aquel beso. Aquellos
labios eran suaves y la besaban con una dulzura que no se parecía nada a los
morreos fogosos y enérgicos de los tíos.
Javi seguía conduciendo, aparentemente ajeno a todo lo que
sucedía en el asiento de atrás. Entre tanto, la lengua de Noelia empezaba a
juguetear con los labios y con los dientes de Duna. Cuando posó una mano sobre
su muslo, Duna pensó que se iba a correr ahí mismo. Pero no fue así, porque
justo en ese momento, Javi frenaba con suavidad y desviaba el coche hacia un
soberbio chalet, en una urbanización de las afueras de las ciudad. Noelia dejó
sus toqueteos y los tres salieron del coche. Era una noche preciosa, casi de
luna llena, que bañaba el paisaje con esa luz plateada tan especial. Javi cogió
a Duna por la cintura, mientras Noelia se disponía a abrir la puerta del chalet.
Aquel chalet era precioso: grande, decorado con gusto y con
todo tipo de lujos. Estaba claro que aquella pareja misteriosa manejaba pasta,
pensó Duna. Pero la verdad es que aquello no le importaba lo más mínimo. La
sensual Duna solo pensaba en el momento de poder entregar su cuerpo a aquellos
dos desconocidos. Seguía fascinada por la seguridad de ellos dos, por la
tranquilidad con la que se tomaban todo, por el increíble grado de complicidad
que tenían.
¿Estáis casados? –quiso saber.
¿Casados? No, que va. En realidad no creemos mucho en el
matrimonio –contestó Javi, con una sonrisa que hizo estremecer a Duna.
Bueno, pero estamos juntos desde hace cinco años, eso sí
–terció Noelia.
Duna no podía imaginarse esa situación: cinco años con el
mismo tío. Claro, que si algún día ella tenía la suerte de conocer a alguien
como Javi.... Trató de apartar de su mente aquellos pensamientos. Su excitación
no decrecía. En realidad estaba excitada desde que había visto a Javi en aquel
pub y decidió que iba a ser suyo. Pero las cosas habían sucedido con rapidez y
habían tomado un derrotero muy diferente al previsto por ella.
¿Nos ponemos cómodas Duna? –dijo Noelia, empezando a
soltarse los botones de la blusa.
Sí –respondió ella, con una sonrisa de evidente placer.
Se acercaron la una a la otra, hasta que sus caras estuvieron
a pocos centímetros. Lo que había en aquellos ojos oscuros era más de lo que
Duna podía soportar. Las dos mujeres se acariciaron los hombros y empezaron a
quitarse la ropa, la una a la otra, sin prisa, pero sin pausa. Javi estaba
sentado en un sofá de cuero rojo, con un vaso de whisky con hielo (¿cuándo se lo
había preparado?) en la mano, mirando para ellas. Entonces Duna se dio cuenta de
que en realidad era él quien controlaba la situación. Sintió como sus prendas,
una a una, iban cayendo al suelo: la blusa, la faldita y el sujetador, hasta
quedarse solo con el tanga negro y con las medias por medio muslo, que realzaban
sus estupendas piernas.
Notó un poco de envidia al ver los increíbles pechos de
Natalia, grandes y redondos, pero muy firmes, y con unos grandes pezones
oscuros. Los de ella eran más pequeños, pero muy bonitos, cabían bien en una
mano. Tenía los pezones tan duros que casi le dolían. Javi se acercó a ella y
pasó el vaso por su pecho. El contraste entre el calor de sus pezones y el frío
del vaso provocó en Duna un placentero latigazo y no pudo reprimir un fuerte
gemido. Aunque ella era una experta en sexo, no recordaba nunca hacer tenido una
excitación tan lenta y tan morbosa. Y sospechaba que las cosas no habían hecho
nada más que empezar....
Noelia la recostó sobre el sofá, se arrodilló entre sus
piernas y empezó a quitarle lentamente las medias negras, mientras lamía sus
muslos, muy cerca de ingle. A Duna se le iba la cabeza por momentos. Aquella
lengua era cálida, suave, increíblemente precisa, y seguía chupando mientras dos
pequeñas manitas quitaban su tanga, dejándola completamente desnuda. En ese
momento intervino Javi, cogiéndola por sus bonitos hombros y haciendo que se
incorporase en el sofá y quedase arrodillada. Besó sus labios, con mucha calma,
mientras Noelia se situaba a su espalda, lamiendo su nuca.
De repente sintió como Noelia agarraba sus muñecas con fuerza
y se las llevaba a la espalda. Sin que tuviese ni tiempo ni fuerza para
reaccionar, notó como algo suave y sedoso se enredaba en ellas. Trató de gemir,
pero la lengua de Javi en su boca no se lo permitió. La media en sus muñecas se
apretó un poco, impidiéndola mover las manos. Por la velocidad de aquella
acción, Duna comprendió que no era la primera vez Noelia ataba las manos de
alguien con una media. Debía ser toda una experta en ello. La chica morena
sonreía satisfecha a sus espaldas. Con la misma agilidad vendó sus ojos con un
pañuelo negro. En cuestión de segundos Duna quedó totalmente indefensa, a merced
de aquella pareja de desconocidos. Estaba tan excitada que podía notar sus jugos
resbalar por los muslos.
Guiada por las manos de Javi, se arrodilló en el suelo, sobre
una suave alfombra. Nunca había estado tan indefensa, ni tan caliente. Sus
experiencias anteriores habían sido fuertes, pero previsibles. Al cabo de unos
interminables segundos algo redondo rozó sus labios. Duna estiró el cuello, sacó
la lengua y trató de lamer, mientras mantenía el equilibrio sobre sus rodillas.
Pasó la lengua sobre aquella ciruela redonda y grande, lamiendo con todo el
puterío que le daba su dilatada experiencia. Recorrió toda aquella polla con la
lengua, desde los huevos hasta la punta, para hacerse una idea de sus
dimensiones. No era excesivamente grande, pero desde luego no estaba mal, pensó
Duna.
Esta empezando a metérsela en la boca, cuando empezó a notar
las manos de Noelia en sus pechos. Sus dedos se cerraron como pinzas en sus
pezones, haciendo que casi se atragantase con la polla que tenía en la boca. La
sensación fue a converger sobre su clítoris. Cuando Noelia metió un dedito en su
coño, Duna acabó por explotar. Toda la excitación que llevaba acumulada en esa
noche se desbordó y el placer se desparramó por todo su cuerpo. Sacó la polla de
la boca y gimió largamente, como una fierecilla en celo, disfrutando de las
oleadas de placer. Estuvo a punto de perder el equilibrio, pero las manos de
Javi sujetaron con firmeza sus hombros, mientras Noelia seguía con dos dedos
clavados en su coño, prolongando aquel delicioso orgasmo. Apenas se había
recuperado un poco, Duna volvió a sacar la lengua, buscando aquella deliciosa
polla. En su lugar encontró dos deditos mojados. Eran los dedos de Noelia,
empapados de sus juguitos. Los chupó con avidez, disfrutando de aquel sabor
suyo, acidito y algo salado, hasta dejarlos totalmente limpios.
Duna se sentía como una guarra, dispuesta a hacer de todo
aquella noche. Lo curioso es que sentirse así la ponía cada vez cachonda.
Esperaba con ansiedad cual sería el siguiente pasa de ellos. No tardó en
producirse: giraron su cuerpo hacia el sofá y su cabeza fue a colocarse entre
las piernas que Noelia, que se había sentado en él. Seguía con los ojos vendados
y las manos atadas a la espalda, pero ya se había acostumbrado a eso. Bajó la
cabeza hasta tocar los muslos de la otra chica. Estirando el cuello llegó a la
entrepierna y empezó a lamer un suave coñito, totalmente depilado. Con las manos
atadas, sin poder apoyarlas, aquello resultaba cansado. Pero Duna era flexible,
así que continuó chupando aquel coño mojado. Lo notó abrirse y disfrutó de aquel
sabor y olor embriagadores.
Las manos de Javi se posaron sobre sus magníficas nalgas,
amasándolas, sobándolas. Aunque no podía ver nada, el resto de sus sentidos se
habían agudizado, por lo que escuchó claramente un chasquido gomoso, con toda
seguridad el del condón que Javi se estaba colocando. Sin dejar de comer el coño
de la otra chica, separó las rodillas, esperando ser follada. La acometida fue
lenta, pero continuada, y Duna notó con placer como su coño se iba llenando.
Aulló a medida que era penetrada, acelerando los movimientos de su lengua sobre
el tieso clítoris. Los gemidos de Noelia indicaron la proximidad de su orgasmo,
por lo que Duna apretó su cara contra aquel sexo cachondo y sintió como los
jugos la mojaban. Relamió con golosa lujuria, para aprovechar hasta la última
gota, mientras la polla de Javi seguía un mete-saca lento pero muy eficaz,
sujetando con firmeza sus caderas.
Ella jadeaba, con la boca pegajosa por los jugos de Noelia.
Deseaba frotarse el clítoris, pero no podía hacerlo. Noelia se levantó del sofá
y apoyó con delicadeza la cabeza de Duna sobre el suave cuero. Se colocó a su
lado y pasó una mano por debajo de su cuerpo, acariciando su ombligo. Un dedito
juguetón se fue deslizando hasta su clítoris, hasta posarse sobre él y frotarlo
suavemente en círculos. Justo en ese momento, como queriendo hacer gala de una
sincronización perfecta, Javi posó un dedo mojado sobre su ano y empezó a
acariciarlo. Duna sintió que las fuerzas le abandonaban, ante esa triple
sensación. Cuando sintió que un dedo empezaba a entrar por su culito, no pudo
aguantar más. Se corrió descontroladamente, chillando como una loca, hasta caer
derrengada sobre el sofá.
La polla de Javi salió de su coño, mientras que unas manitas
pequeñas y calientes (las de Noelia sin duda) desataban sus manos. Acto seguido
quitó el pañuelo de sus ojos y Duna recuperó la visión. Tenía doloridos los
hombros y las rodillas, pero no pensó en eso, sino en aquella polla que tan bien
la había follado. Noelia estaba quitando el condón. La acercó hasta la boca de
Duna, la cual empezó a chuparla con verdadera ansia. El deseo de sentir su boca
llena de semen era tan grande que se esmeró en la mamada. Le fascinaba aquella
polla, de dimensiones normales, pero de proporciones perfectas, con un capullo
suave y jugoso. Notó como se endurecía cada vez más, hasta que un gran chorro de
espesa leche chocó contra su garganta. Tragó con deleite aquel semen calentito y
cremoso, notando como algunas gotas resbalan por su barbilla y por sus tetas.
Mientras ella tragaba, Noelia se afanaba el lamer las gotitas que escurrían por
sus labios. Desde luego había semen de sobra para las dos, pensó Duna.
Se dejaron caer los tres sobre el sofá. Duna, con los ojos
cerrados, saboreaba en su boca la mezcla de los sabores de ellos, alucinada por
todo lo que estaba sucediendo aquella noche. Javi, tan caballeroso como siempre,
se levantó a preparar tres bebidas. Duna entreabrió los ojos. La figura de Javi,
totalmente desnudo, la hizo perder el aliento. Tenía las caderas estrechas, el
torso normal, bien formado, y las piernas fuertes. Brindaron en silencio, con
los vasos de martini con hielo. Pero ni lo relajado del momento, ni lo fresquito
de la bebida, pudieron calmar los calores de Duna. No pensaba desperdiciar la
oportunidad de tener mayores dosis de placer. En realidad nunca desperdiciaba
nada al respecto y, lo más importante, tenía el culito insatisfecho.
¿Por qué no me das por el culo? –preguntó con voz inocente.
Javi y Noelia cruzaron otra de esas breves miradas, a las que
Duna ya se iba acostumbrando, y sonrieron. Su expresión demostraba que la
angelical Duna estaba superando sus expectativas.
Será un placer, cariño –contestó Noelia, empezando a lamer
los pezones de ella.
Aquella lengua la volvía loca, eso estaba claro. Era suave,
calentita y juguetona, y sabía moverse con gran precisión. A Duna le encantaba
lo morboso de la situación. Siempre había llevado la iniciativa con sus amantes,
pero ahora estaba totalmente entregada a los juegos de sus nuevos amigos. Se
dejaba hacer, ya que ellos la llevaban a unas cotas de placer desconocidas por
ella hasta entonces.
A una indicación de Noelia, Duna se puso de rodillas en el
sofá, como una gata en celo. Mientras chupaba de nuevo la polla de Javi, que ya
tenía aquella deliciosa dureza, la pervertida de Noelia se había colocado detrás
de ella y empezaba a prepararle el culito. Desde luego era una experta y estaba
claro que no era la primera vez que preparaba un culito femenino para su amante.
Lamió con delicadeza el ano de Duna, haciéndola jadear. Después metió los
deditos en su caliente coño, empapándoles de juguitos, y se dedicó a lubricar su
agujerito posterior. Metió y sacó varias veces los deditos, hasta que consideró
que aquel rico culito estaba ya a punto. Noelia se lo indicó a Javi con un gesto
y éste se colocó de pie, detrás de Duna, preparado para encularla.
Aquella polla, cubierta por un preservativo, se deslizó con
facilidad por el ano de Duna, con una suavidad increíble. Duna había sido
enculada muchas veces, tenía el ano bien entrenado, pero sabía que siempre dolía
un poco. Se sorprendió de lo bien que entró, de una sola vez y hasta el final,
sin producirle más que una deliciosa presión. Notó los huevos de él contra su
culo y gimió profundamente. Noelia se había colocado frente a su cara y las dos
chicas entrelazaban sus lenguas. Una de las manos de Javi se deslizó sobre su
clítoris, presionándolo ligeramente. Con una sincronización perfecta los dedos
de Noelia acariciaron, también en círculos, los pezones de Duna, produciéndola
calambres por todo el cuerpo.
Aquella deliciosa tortura duró un buen rato. Javi seguía
follándola por el culo, sin prisa. Noelia, a veces seguía pellizcando sus
pezones, a veces se masturbaba. El placer se iba acumulando en el cuerpo de
Duna, hasta que se desbordó por todos los lados. El orgasmo fue increíble, largo
e intenso. Duna sintió un delicioso mareo y su cabeza cayó sobre las tetas de
Noelia, saboreando aquel delicioso agotamiento. Estaba medio ida, pero pudo
escuchar perfectamente el sonido de la boca de Noelia sobre la polla de Javi.
Cuando él se corrió, en la cara de su amiga, Duna alzó un poco la cabeza y lamió
perezosamente las gotas calientes que resbalaban por aquellas estupendas tetas.
Después se sumió en una placentera somnolencia.
Se despertó al notar unas deliciosas caricias el pelo. Su
cabeza aún descansaba en los pechos de Noelia, que le decía:
Es hora de llevarte de vuelta a casa, encanto.
Se vistieron en dos minutos. Javi ya estaba vestido y
presentaba un aspecto tan impecable que parecía indicar que no había hecho nada
en toda la noche. Fue entonces cuando Duna se llevó la última sorpresa de la
noche.
Queríamos regalarte algo –dijo Javi.
Sí, te lo has ganado –recalcó Noelia, pasando por el cuello
de cisne de Duna aquel suave pañuelo de seda negro con el que sus ojos habían
estado vendados.
Espero que no te parezca mal, pero te ruego que aceptes
esto. Es nuestra forma de demostrarte nuestro agradecimiento –añadió Javi,
poniendo en su mano varios billetes de 50.
Duna dudó unos instantes, hasta que sintió los ojazos de
Noelia clavados sobre ella.
Nos ofenderías si no lo aceptases –intervino Noelia.
No vaciló más. Cogió los billetes y agradeció el detalle con
una de sus maravillosas sonrisas. Ya en el coche, durante el recorrido hasta su
casa, preguntó:
¿Vivís siempre aquí?
Por lo menos hasta julio, por motivos de trabajo. ¿Te
gustaría que nos volviésemos a ver? –preguntó Javi, sabiendo de antemano la
respuesta.
Sí, me encantaría.
Duna escribió en un papel su dirección, mail y teléfono, y se
lo dio a Noelia. Se despidió de ellos con un beso, aún algo atontada por lo que
había dado de si aquella extraña noche. Cuando se metió en su habitación, se
paró a pensar un poco en todo lo que había sucedido. A Duna le quedaban por
delante cinco meses de infierno y placer. Desde luego había dado con la horma de
su zapato, ya que estaba totalmente fascinada con aquellos dos. Se sentía
totalmente atrapada. Esperaría ansiosa el mail o la llamada de ellos. Estaba
segura de que el próximo encuentro sería más fuerte, más morboso, más excitante,
a medida que ellos cogiesen confianza con ella.
Sacó del bolsito de su falda los tres billetes de 50 euros
que Javi le había dado. Los olió y se sintió como una verdadera puta. En lugar
de avergonzarse, se sintió excitada de nuevo. Aquella noche Duna había
descubierto su lado lésbico, su lado sumiso y su lado de puta. A eso se le podía
considerar una noche bien aprovechada.
La excitación que sentía era tan grande, que necesitó
masturbarse antes de dormir.