"La Guerra del Diablo VIII"
"...Marchas sobre los muertos, Belleza, de los que te burlas;
de tus joyas el Horror no es la menos encantadora, y el
Asesinato, entre tus más queridos colgantes, sobre tu vientre
orgulloso danza amorosamente..."
Charles Baudelaire. "Las Flores del Mal"
Cap. VIII. (Sueños Oscuros).
Tokio Japón. Hace dos meses.
Las horas de la mañana transcurrían lentamente para los
estudiantes de la escuela preparatoria Juuba. Entre ellos Ami Mizuno, quien
escuchaba atentamente la explicaciones de su maestro en turno. Sin embargo, esa
mañana un pensamiento aparecía constantemente en su cabeza impidiéndole
concentrarse tanto como acostumbraba, su padre. En realidad la princesa de
Mercurio no sabía que lo había impulsado a regresar o cuanto tiempo pensaba
quedarse. Esa era la razón de que no hubiera salido corriendo a contárselo a
Serena y a las demás apenas supo que él estaba de vuelta, no quería albergar
falsas esperanzas de que su familia se reuniera de nuevo. Después de todo su
padre había vagado por el mundo por años. ¿Qué razón tendría para quedarse con
ella y su madre?. Un agudo dolor se clavo en su alma al no encontrar una
respuesta para esa interrogante. Entonces supo cuanto anhelaba que él se quedara
a su lado, lo deseaba con todas sus fuerzas, si tan solo hubiera algo, cualquier
cosa que ella pudiera hacer para que Akira se estableciera... pero ¿qué?.
-¡Señorita Mizuno!.-la recia voz del profesor la saco de su
pensamientos para colocarla de nuevo en el salón de clase.
-Presente.-exclamo tomada por la sorpresa. El maestro de
física se acercó a su lugar y mirándola con dureza le hablo en tono áspero.
-Espero que haya estado atenta a mis palabras.-le dijo casi
amenazante.-Haga el favor de ir al frente y resuelva el problema que esta
escrito en la pizarra.- Ami empezó a sudar, no por que le asustara aquella
encomienda, sino por la vergüenza de haber sido descubierta en un momento de
distracción. Aún así su experiencia como sailor scout le habían forjado un
carácter fuerte de modo que, recobrando el dominio de si misma, camino hacia el
frente y tomando una tiza se dispuso a resolver el problema elaborado por su
maestro, referente a hidrodinámica, pero justo cuando se disponía a iniciar sus
cálculos escucho claramente una voz a su espalda.
-Te dije que es solo una presumida.-murmuro alguien.
-No es tan lista como se cree.-dijo otra voz.
-Apuesto que saca esas calificaciones de la cama de los
maestros.-Ami estaba paralizada, herida por aquellas palabras cargadas de
veneno, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda y una ira creciente
naciendo en su pecho. Las voces resonaban cada vez más alto, como si todos
gritaran al mismo tiempo dentro de su cabeza impidiéndole pensar con claridad.
-¡Estamos esperando señorita Mizuno!.-nuevamente la voz del
maestro rompió la ilusión que había atrapado a Ami y esta se encontró de nuevo
frente al problema de física. Pero estaba tan alterada que simplemente no podía
ordenar sus pensamientos como para resolverlo.
-¡Siéntese señorita Mizuno!-dijo al fin el maestro, al tiempo
que regresaba al frente del grupo, Ami dejo la tiza en su sitio y regreso a su
lugar. Su rostro estaba contraído en una mueca de vergüenza y frustración, sus
ojos estaban húmedos, a punto del llanto. Pero haciendo un esfuerzo supremo se
contuvo y tomo asiento en su pupitre.
-¡Que les sirva de lección!.-dijo el profesor.-¡Nadie aprende
nada papando moscas!. ¡No importa lo listos que crean ser!.-aquel fue el golpe
final para la princesa de Mercurio, su humillación ante el grupo era completa y
nada podía hacer para remediarlo. Cuando la clase termino Ami abandono el salón
a toda prisa. Le parecía escuchar las risas burlonas y los comentarios hirientes
de sus compañeros detrás de ella, porque si de algo podía estar segura era de
que su humillación en clase sería el tema de conversación durante el almuerzo.
Esa convicción derrumbo toda su seguridad y la hundió en una profunda
desesperación. Sus ojos estaban nublados por lagrimas ardientes que no podía
contener, de pronto se encontró sin fuerzas para enfrentar las horas que le
restaban de clases y, en un arranque instintivo, se dirigió a los casilleros
para tomar sus cosas y salir huyendo de la escuela.
Sin mirar hacia atrás la princesa de Mercurio se alejo de la
preparatoria Jubba, poco le importaba dar dirección a sus pasos, era la
distancia, el alejarse tanto como fuera posible lo que en verdad le importaba.
Así llego hasta la avenida central, las personas que pasaban a su lado eran
meras siluetas oscuras. Objetos en el camino. De pronto, una de esas siluetas se
cruzo en el camino de la joven y Ami no podo evitar chocar contra ella.
-Disculpe.-dijo mecánicamente al tiempo que se disponía a
seguir su camino, sin prestar atención al desconocido que la miraba fijamente
con un gesto de sorpresa en el rostro.
-¿Ami?.-dijo el hombre apenas la chica dio un paso. La
princesa volvió la cara sorprendida al escuchar su nombre y sintió que el suelo
se hundía bajo sus pies al reconocer Akira Mizuno enfrente de ella.
¡PAPA!.-exclamo Ami.-¡¿Qué estas haciendo aquí?!.-interrogo
asustada al verse frente a su padre justo cuando escapaba de la escuela por
primera vez en su vida.
-Vine a hacer algunas compras.-le respondió Akira con toda
naturalidad.-No tenía idea de que hoy salieras tan temprano.-
-¿Salir temprano?...¡Claro!... eso es... hoy salí temprano de
la escuela.-mintió Ami para no tener que explicar su presencia en la calle. Su
padre la miro fijamente y Ami temió que la interrogara sobre sus ojos
enrojecidos, pero Akira solo sonrió dulcemente, como si comprendiera lo que
pasaba y no quisiera hacerlo más difícil, tiernamente coloco una mano sobre el
hombro de su hija. Quien podía sentir como su presencia iba calmado sus temores
como si su padre tuviera el poder de arreglarlo todo.
-¿Qué te perece si vamos a pasear un rato?.-le propuso con
toda naturalidad. Ami no supo que responder, una parte de ella le indicaba que
debía regresar inmediatamente a la escuela y terminar su jornada de estudios.
Pero otra voz, una que nunca había escuchado antes, le decía que esa era la
oportunidad de hablar sinceramente con su padre. Además, después del incidente
con su profesor no se sentía con ánimos para volver. De hecho ¿porque debía
hacerlo?. ¿Solo porque "era lo correcto"?. Toda su vida había hecho lo correcto,
lo que todo el mundo esperaba de ella y francamente estaba un poco harta.
Finalmente tomo una decisión. ¡Por una vez en la vida Ami Mizuno iba a hacer lo
que le diera la gana!.
-Vamos.-dijo al tiempo que tomaba a su padre por el brazo. Al
principio caminaron sin rumbo, limitándose a admirar el paisaje urbano, luego
Akira se detuvo é hizo una proposición.
-Vamos al viejo parque.-la princesa de Mercurio sintió un
leve escalofrío al recordar el sitio del cual su padre le hablaba. A su memoria
llego la imagen de un gran parque, lleno de altos árboles y provisto de un lago
artificial, a donde solían ir cuando ella era una niña. Ami se sintió invadida
por la nostalgia al recordar aquellos días idos y sin pensarlo acelero el paso
para llegar cuanto antes a su destino.
Con gran alegría descubrió que el lugar era tan hermoso como
ella lo recordaba. Un parque bastante grande, con pequeñas plazas decoradas con
kioscos de estilo chino, además contaba con un amplio lago de aguas cristalinas
donde los paseantes, sobre todo las parejas de novios, alquilaban botes para
remar. El paisaje estaba dominado por árboles de cerezo, aunque también había
algunos pinos y robles. Al ver el lugar el rostro de Akira se ilumino y con
nuevos bríos asumió el mando del paseo.
Por largo rato padre é hija pasearon por entre los árboles,
escuchando el canto de los pájaros, mientras Akira, como en los viejos tiempo,
compraba algunas golosinas para ambos helado, algodón de azúcar entre tras
cosas.
Al continuar con su paseo Akira le hizo un regalo, un gran
globo de material plástico muy brillante con la forma de un calamar. Pese a lo
infantil del presente Ami creía estar viviendo un sueño maravilloso, el estar
junto a su padre disfrutando de las cosas sencillas como cuando era una niña, y
eso la hacia muy feliz. Lo único que le intrigo fue el hecho que su padre
parecía seguir un curioso patrón durante su paseo, dando vueltas en círculo o
bien caminando en línea recta hasta casi salirse del parque. Era casi como si...
-Vamos al lago.-dijo Akira interrumpiendo los pensamientos de
su hija. Quien olvido enseguida las elucubraciones que rondaban por su mente. El
camino hacia el lago fue rápido, sin complicaciones, y pronto Ami y su padre
abordaron uno de los botes de paseo que estaban atracados en un pequeño muelle
en la orilla del lago. Ella se sentó cómodamente en la parte trasera y su padre,
con los remos en las manos, en el medio del bote.
Por un rato navegaron en el lago, admirando la belleza de los
rayos solares centellando sobre las pequeñas olas que se alzaban a cada golpe de
remo, tanto de su bote como de los demás, alejándose hasta llegar al centro del
mismo donde una isla artificial reinaba sola sobre las aguas cristalinas. La
isla, de unos seis metros de diámetro, estaba decorada con flores y un árbol de
cerezo que se erguía en su centro. Lo único que restaba belleza al lugar eran
unos letreros con la leyenda "Prohibido desembarcar" clavados a cada extremo de
la isla.
-Es un bonito lugar.-comento la chica admirando el árbol de
cerezo.
-Si que lo es.-afirmo su padre.-Es perfecto.-sin pensarlo dos
veces Akira enfilo el bote hacia la isla y apenas estuvieron lo bastante cerca
salto a tierra.
-¡PAPA! ¡¿QUÉ HACES?!.-grito Ami alarmada de aquella
trasgresión, al tiempo que miraba en todas direcciones temerosa de que algún
otro paseante hubiera sido testigo de la falta de su padre. El cual no parecía
preocupado en lo más mínimo, más bien parecía divertido y arrogante, como un
conquistador dispuesto a reclamar aquella ínfima tierra. El también miro a todas
partes, pero con la intención de admirar el paisaje que se veía desde el islote.
-Ven.-dijo extendiéndole a la mano a Ami. La cual estaba
hecha un mar de nervios ante la posibilidad de que alguien informara a las
autoridades del parque sobre su delito.
-¡Pero papá, no podemos hacer eso!.-dijo presa del
nerviosismo.-¡Tendremos problemas si alguien te ve! ¡Por favor vamonos!.-
-Solo ven conmigo Ami.-suplico Akira ignorando los reproches
de su hija.-Por favor.-la princesa de Mercurio quedo callada, mirando la mano
extendida de su padre, firme como una roca, que esperaba por ella. Ami miro de
nuevo en todas direcciones, no había ningún otro bote en las cercanías, aún así
la joven experimentaba una severa angustia ente la idea de cometer una
infracción. Su sentido común le indicaba que debía hacer que su padre desistiera
de esa pequeña aventura, pero cuando sus ojos se toparon con los de Akira la
joven sintió que sus temores desaparecían como por encanto. La visión de su
padre, calmado y firme sobre la isla prohibida, la lleno de una extraña
fascinación, como si se encontrara ante lo más valioso del mundo y solo tuviera
que tomarlo. Finalmente se puso de pie y, lentamente, se acerco al extremo del
bote donde su padre la esperaba, tímidamente fue acercando su mano a la de Akira
y, antes de que pudiera arrepentirse, sintió que él la alaba fuera de la pequeña
embarcación para depositarla en tierra.
Ami cerro los ojos como una niña asustada, angustiada al
comprobar que acababa de cometer un delito, pero al final el silencio a su
alrededor la hizo mirar. En verdad era un paisaje hermoso, pese a los altos
edificios que se alcanzaban a ver por encima de los árboles. Dócilmente dejo que
su padre la llevara la centro de la isla, donde él se tumbo perezosamente al pie
del cerezo, mientras ella se sentaba entre las flores. Por unos minutos solo el
silencio reino en la pequeña isla. Hasta que Ami recordó el motivo de aquel
paseo, hablar con su padre.
-Papa...-empezó sintiendo que la voz le temblaba, por el
miedo y la emoción.
-Dime Ami.-le contesto Akira con toda calma, recostado contra
el tronco suave del cerezo.
-¿Por qué volviste?.-Ami se cubrió la boca con la mano,
increpándose a si misma por su falta de tacto, temerosa de que sus palabras
hubieran herido a su padre.-¡Estúpida!, ¡estúpida!, ¡estúpida!.-se reprendió
mentalmente.
Akira, no obstante, no parecía molesto, ni siquiera
sorprendido. Lentamente se incorporo y, sin razón aparente, empezó a aflojar los
botones de su camisa. Ami desvió la mirada con las mejillas encendidas de rubor.
-Volví por esto.-le dijo Akira casi en un murmullo. Intrigada
la princesa de Mercurio volvió la cabeza y miro pudorosamente el torso desnudo
de su padre. No tardo en descubrir algo inusual, algo que no había notado la
otra mañana, se trataba de una gran cicatriz de la clase que solo puede hacer un
bisturí. Venciendo su pudor Ami se inclino un poco hacia delante y miro
directamente al pecho de su padre, alarmada de lo que esa marca podía implicar.
Un caudal de preguntas se aglutinaron en su garganta, paro no tenía voz para
dejarlas salir.
-Sufrí un ataque cardiaco en Alemania.-confeso lúgubremente
Akira, adivinando las interrogantes que su hija se hacía en ese mismo momento.
Ami sintió que las fuerzas le abandonaban al conocer ese hecho que representaba
su peor pesadilla.-No temas.-le dijo Akira como si pudiera ver el terror que
agitaba en su alma.-Me atendieron a tiempo y me colocaron un marcapasos.-
-¿Cuándo fue eso?.-pregunto la princesa con la poca voz que
le quedaba después de semejante revelación.
-Hace un año.-Ami no soporto más y hecha un mar de lagrimas
se arrojo a los brazos de Akira, recargando su mejilla contra la piel cálida del
torso masculino, quien la abrazo con firmeza. De pronto el que alguien los
denunciara por estar en la isla del lago dejo de tener importancia.
-¿Por qué no nos llamaste?.-dijo la joven princesa con
reproche.
-¿Para decirles que? ¿Qué estaba muriendo?. No había nada que
pudieran hacer por mí.-contesto él no sin cierto coraje en su tono de
voz.-Además lo merecía.-dijo al final.
-¡¿Cómo puedes decir algo así?!.-replico Ami indignada por
aquellas palabras de auto condena.
-Porque es cierto.-reafirmo Akira.-Merecía un castigo por
haberte abandonado junto con tu madre.-
-¡Tú no me abandonaste papá!.-replico Ami.-¡Siempre me
mandabas cartas muy hermosas el día de mi cumpleaños y bocetos de tus mejores
obras!.-Akira sonrió amargamente mientras abrazaba a su hija con firmeza.
-Pero no estuve aquí cuando saliste de la primaria o de la
secundaria, no estuve aquí cuando estabas enferma, no estaba aquí cuando dejaste
de ser una niña y te transformaste es la bella chica que eres ahora. Por eso
volví... para estar contigo.-
-¿Conmigo?.- interrogo Ami levanto la vista para mirar los
ojos llorosos de su padre, eran tan cálidos como ella los recordaba.
-Se que ya es tarde para muchas cosas.-dijo Akira con
tristeza.-Pero si alguna vez necesitas de mi. Estaré aquí a tu lado. Por
siempre.-no hubo más palabras. Ambos permanecieron abrazados, bajo la sombra del
árbol, mirando el lago que los rodeaba. De pronto, Ami sintió que su padre daba
un respingo y alarmada se aparto de él, temerosa de algo malo le pasara. Pero
Akira solo sonrió mientras le mostraba algo que se debatía en su mano.
-Mira lo que atrape para ti.-le dijo mientras le mostraba una
enorme libélula que de retorcía al sentir sus alas atrapadas entre los dedos de
aquel gigante que invadía su territorio de caza. Ami miro al insecto y sintió
lastima por el.
-Déjala ir papá.-solicito motivada por la compasión.
-Tengo una idea mejor.-respondió Akira con una sonrisa casi
cruel iluminándole el rostro.-Tómala.-el le extendió al diminuto prisionero. Ami
dudo, no solo por lastima, sino porque sentía una repentina repugnancia hacia
aquel ser de cuatro alas y cuerpo cilíndrico.
-Tómala.-repitió su padre, esta vez con más autoridad. Ami
extendió las manos y sujeto al insecto por las puntas de las alas. Los ojos de
la princesa no podían apartarse de aquella pequeña cosa cuyo cuerpo despedía
ciertos resplandores metálicos debido a su exoesqueleto. Akira se deslizó hasta
quedar a espaldas de su hija y colocando sus manos sobre sus hombros se acercó a
su oído.
-¿Recuerdas lo que hacías cuando eras niña?.-murmuro
risueñamente. Ami se estremeció al escuchar la voz de su padre tan cerca de
ella, perturbándola de una forma extraña, mientras en su mente resurgía un
curioso recuerdo. Se vio a si misma siendo apenas una niña de kinder, en una
excursión escolar, recordó tener entre sus manos a una gran libélula, como la
que su padre acababa de darle, y entonces....
-¿Lo recuerdas?.-
-Si.-dijo ella sintiendo que un hormigueo le corría por todo
el cuerpo.-Pero no debo...-
-¿Por qué?.-
-Quiero irme a casa-dijo sin responder a la pregunta de su
padre, sintiendo que un temor desconocido surgía en su interior, aunque no por
ello sus manos soltaron a su prisionero.
-¿A casa?.-le pregunto Akira con una sonrisa burlona.-¿Sabes?
Estoy seguro de que no te gusta estar ahí.- Ami volvió la cabeza y miro a su
padre sin comprender sus palabras.
-Yukari te abandono también. ¿Verdad?.-él se acercó más.
-No.-dijo Ami en un susurro.-Ella... es una persona muy
ocupada... pero también se ocupaba de mi... es decir... a veces.... cuando tenía
tiempo... es decir... yo la entiendo....-tartamudeo Ami sin lograr creer en sus
propias palabras.
-Siempre estabas sola en casa. ¿no es cierto?. Sintiéndote
triste y esperando que "la importante doctora Mizuno" te mostrara un poco de
cariño.-él coloco una mano sobre la nuca de la joven.
-Ella... ella...-balbuceó Ami mientras en su mente aparecía
su imagen de niña, sola en casa esperando que su madre llegara o que al menos la
llamara por teléfono.
-¿Qué sentías entonces?.-la mano de Akira se cerro, como una
araña sobre su presa, sus largos dedos atravesaron el cabello azul de Ami y sus
uñas se hundieron un poco en la carne de su cuello. Un escalofrío recorrió la
espalda de la princesa de Mercurio, al tiempo que su cabeza empezaba a girar.
-¿Por qué me dices esas cosas?.-pregunto la joven sin poder
apartar sus ojos de los de Akira.
-Porque es tiempo de crecer.-él soltó la nuca de su hija y
deslizo su mano delicadamente por su rostro.-De hacer todo lo que quieras... y
más.- los ojos de Akira estaban llenos de oscuridad, pero al mismo tiempo de una
fuerza que Ami nunca había visto en ninguna persona, una fuerza que fluía hacia
ella llenándola de sensaciones que le asustaban, pero que al mismo tiempo le
atraía como la flama a la mariposa. Ami sintió que algo nacía en su interior,
algo que en un principio no pudo identificar, pero que hacia que su piel se
tornaba intensamente sensible, en tanto su mente revivía una vez más los
recuerdos de aquellos días lejano. Sus pezones se irguieron dolorosamente bajo
su blusa escolar, mientas los dedos de su padre le acariciaban el rostro, eran
como fuego sobre su carne, sus mejillas ardían de rubor. Solo sus manos estaban
heladas, los dedos entumecidos seguían sujetando las puntas de las alas,
lentamente Ami bajo la mirada y contemplo a su prisionero, su corazón latía con
fuerza dentro de su pecho. Su respiración era cada vez más agitada.
-Hazlo.-murmuro Akira acercándose en su oído.-Se fuerte.-
Las manos de Ami se tensaron y de improviso una de las alas
de la libélula fue arrancada de su cuerpo. Los ojos de Ami se abrieron
totalmente para contemplar como se retorcía su víctima, como se contraía presa
de dolor, como su larga cola de anillos de agitaba de un lado a otro al tiempo
que las largas patas de movían frenéticas. Otra ala se desprendió del insecto,
Ami sintió que su sangre se calentaba rápidamente ante la visión del suplicio
que infringía impunemente a libélula. A su alrededor las aguas del lago parecían
más agitadas, como si imposibles corrientes chocaran bajo la superficie. Todo se
torno oscuro, excepto por la libélula que parecía despedir su propia luz.
Otra ala fue cercenada. Una extraña mezcla de ternura y deseo
inundo el alma de la princesa de Mercurio al comprender el alcance de sus actos,
una criatura estaba muriendo en sus manos sin ninguna razón o excusa,
simplemente por que ella lo deseaba. Ami se sentía asustada por los sentimientos
que se abrían paso desde lo más profundo de su ser, sentimientos que nunca creyó
tener, oscuras fantasías que siempre había rechazado emergían ahora como una
fuente de negras aguas.
Pero no era el dolor de la libélula, ni sus movimientos
agónicos, ni la certeza de que, de algún modo, estaba suplicándole por su vida,
lo que hacia latir su corazón. Lo que realmente le excitaba era la exquisita
sensación de libertad que sentía en ese momento. Una libertad salvaje que no se
detenía ante nada. Ese sentimiento le corría por todo el cuerpo, haciendo arder
su sangre, en poco tiempo pudo darse cuenta de que incluso su sexo latía con
fuerza y que sus senos estaban duros como rocas.
Con toda calma Ami sujeto la cola del insecto, para tener un
punto de apoyo, y lentamente arranco la última ala de la libélula, esta se
retorció a causa del dolor mientras la princesa de Mercurio la dejaba caer por
tierra. Por un momento la joven contemplo a su víctima tendida en el suelo,
agitándose y tratando inútilmente de emprender el vuelo. Aquella visión le
produjo a Ami una insana alegría, tan grande que no pudo evitar que una risita
cruel escapara de sus labios. Divertida bajo sus manos hasta el insecto y
comenzó a despedazarlo con saña, arrancándole las patas una a una, para luego
partirlo en dos y finalmente aplastar su cabeza entre los dedos pulgares. Al
terminar la joven estaba exhausta, sumida en una deliciosa somnolencia, al
tiempo que una mancha candente se deslizaba por entre sus muslos. Dulcemente se
recargo contra el cuerpo de su padre y dejo que sus brazos la envolvieran.
Claramente pudo escuchar la voz de Akira entonando una especie de canto, tan
suave y envolvente que le arrullo en pocos minutos.
Como en un sueño Ami sintió que su padre la levantaba entre
sus brazos y, cargando con ella, saltaba dentro del bote para emprender el
regreso. La princesa de Mercurio tuvo la impresión que el bote navegaba por
aguas desconocidas, aguas que despedían un fuerte hedor a sal, rodeado por
siluetas que parecían danzar bajo el bote. Al llegar al pequeño muelle Ami
apenas se dio cuenta de que la noche había caído del todo sobre el parque y
sobre la ciudad, ese hecho la desconcertó pues no sentía que se hubieran tardado
tanto en la isla. Akira y el encargado discutieron unos instantes por el monto
del paseo, pues se habían tardado más de lo acordado. Al final Akira pago el
recargo y junto con su hija se marcho del lago.
El joven encargado los miro fijamente mientras se alejaban,
era muy extraño que fueran los únicos que se hubieran quedado en el lago cuando
todos los paseantes lo habían abandonado a causa de las negras nubes que ahora
cubrían la ciudad. Meditabundo volvió a la caseta que le servía como oficina y
empezó a contar las ganancias del día. Afuera las aguas del lago lucían
extrañamente rojas, revueltas y agitadas por sombras que se deslizaban bajo el
agua. Desde la caseta el empleado observaba las aguas intranquilo, sintiendo un
escalofrío corriéndole por la espalda mientras escuchaba el sonido de pequeñas
olas golpeando contra el muelle. Asustado se apresuro a contar las ganancias del
día, al terminar tomo el dinero y los libros de contabilidad para macharse a
toda prisa. Por alguna razón el lago le parecía ahora un lugar aborrecible.
Ami nunca supo como llegaron a su casa, ni en que momento la
depositaron sobre su cama. En su mente danzaban cosas extrañas, aguas profundas,
sombras danzantes que le sonreían como si la conocieran, y una monótona canción
que se repetía una y otra vez. Solo el chirriante sonido de su reloj despertador
pudo sacarla de ese mundo de agua y sombras. Instintivamente la princesa de
Mercurio apago el despertador de un manazo y perezosamente se estiro sobre su
lecho. Cuando abrió los ojos miro hacia el contador digital, una oleada de
pánico la sacudió al ver que eran las 7:45 de la mañana.
-¡NO PUEDE SER!.-grito saltando de la cama. Al hacerlo se dio
cuenta de que tenía puesta su pijama, pero ella no recordaba haberse cambiado,
la respuesta a ese misterio la hizo sonrojar. Pero no tenía tiempo para pensar
en ello. Ami se dio un baño rápido, se seco el cabello y se vistió casi tan
velozmente como cuando se transformaba en sailor scout. Sin meditarlo tomo su
portafolios y salió de su habitación rumbo a la salida.
-Buenos días hija.-le saludo una voz que la obligo a
detenerse.
-Buenos días papá.-respondió haciendo una leve caravana.
-Siéntate. El desayuno esta listo.-dijo Akira desde la
cocina. Ami miro nerviosamente su reloj de pulsera.
-No puedo, se me hace tarde.-respondió dando un paso hacia la
puerta.
-Tonterías.-replico su padre enérgicamente.-Si no comes algo
no podrás estudiar de todos modos. Anda, yo mismo te llevare en el auto a la
escuela.- Ami iba a replicar pero su estomago gruño de hambre en cuanto llego
hasta ella el aroma de lo que su padre estaba cocinando. Así las cosas termino
por sentarse a la mesa. Akira le sirvió unos trozos de pan francés y café con
leche. La joven devoro todo con un apetito que la sorprendió aún a ella. Akira
la miro sonriente. Tan pronto como Ami termino de comer él tomo las llaves de su
auto y juntos salieron rumbo a la escuela preparatoria.
Por el camino Ami noto que varios árboles tenían las ramas
quebradas, que había ventanas rotas en varios edificios y que algunos semáforos
estaba fuera de servicio. En algunas calles la gente tenía que bajar de la
banqueta para evitar los escombros, mientras los encargados de los edificios y
algunos comerciantes hacían lo posible por limpiar.
-¿Pero que paso?.-se pregunto en voz alta.
-Anoche cayo una tormenta.-contesto Akira sin darle
importancia al asunto. Ami no hizo ningún comentario, sus ojos se paseaban por
aquel pequeño desastre, admirando la fuerza que lo había causado, incluso le
pareció extrañamente divertido como la gente se asustaba por algo así. Esa
mañana le parecía que el mundo estaba habitado por seres pusilánimes... y eso la
hizo reír.
Al llegar a la escuela Ami pudo ver que ahí también había
algunos daños, aunque nada que impidiera que las clases se llevaran a efecto,
varios chicos de los grupos superiores supervisados por alguna autoridad se
daban a la tarea de recoger ramas y otros escombros.
Akira estaciono su vehículo frente a la puerta principal.-Nos
vemos esta tarde.-le dijo a Ami mientras esta bajaba del auto.
-Hasta luego.-contesto la princesa de Mercurio cerrando la
puerta del carro para entrar a la escuela. Con toda calma llego a su salón de
clases y entro. Todos sus compañeros hablaban de la fuerte tormenta, de lo que
habían escuchado en las noticias y cosas así. Mientras ella abría sus libros
para repasar la lección del día anterior. Las clases transcurrieron una tras
otra hasta que finalmente el gran reloj de la torre anuncio el descanso.
Siguiendo su rutina Ami se fue a la sala de computadoras, que
por suerte no presentaba ningún daño, y se dispuso a sacar algunos informes que
necesitaba para sus tareas del día. Sus dedos se movían hábiles sobre el teclado
y su disco se iba llenando poco a poco de toda clase de información. Mientras
trabajaba, uno de sus compañeros de grupo se acerco a ella y le hablo
atropelladamente.
-Ami. ¿podrías ayudarme?.-la joven del cabello azul, miro de
reojo al intruso que la interrumpía. Se trataba de Togo, un chico regordete, con
la cara picada de acne y grandes gafas de cristal grueso. Ami lo conocía bien,
un pobre tonto que no sabía navegar por la red mundial de información, ni
tampoco hablaba el suficiente inglés como para comprender lo que decían las
paginas web. Nunca antes se había dado cuenta de lo insignificante que era, y de
lo mucho que le irritaba su patética presencia.
-Estoy ocupada.-le contesto fríamente volviendo la mirada
hacia la pantalla del ordenador. El chico la miro desconcertado. Ella nunca se
había rehusado ayudarlo y en ese momento, cerca de los exámenes finales,
necesitaba su ayuda más que nunca.
-Por favor.-insistió.-Solo necesito....- Togo no pudo
terminar de hablar. Los ojos fríos y duros de la princesa de Mercurio hicieron
que las palabras se ahogaran en su garganta.
-¡¿Estas sordo o solo imbecil?!-le grito la chica poniéndose
de pie para encararlo.
-Yo... solo quería...-balbuceó asustado.
-¡Querías que yo te hiciera la tarea!. ¿Verdad?.- todos los
chicos en el salón dejaron lo que estaban haciendo y fijaron su atención en la
discusión de sus compañeros.-¡¿Crees que todo es fácil en la vida?!... ¡¿Qué no
tienes más que venir aquí con tu cara de baka para que alguien te ayude por
lastima?!. ¡Eres un parásito!-la voz de Ami sonaba cada vez más agresiva, como
si a cada momento una su ira fuera creciendo. .
-Pero yo...-Togo callo al darse cuenta de que los otros
chicos se levantaban de sus lugares para formar un circulo en torno a él, todos
los chicos lo miraban con odio, como si él les debiera alguna afrenta, asustado
comenzó a temblar mientras un grito se iba formando en su garganta.
-¡¿Qué esta pasado aquí?!.-grito alguien de pronto. Ami, y
todos los presentes, miraron hacia donde procedía aquella voz, se trataba del
profesor encargado del área de computo, Yajirobe Ihuchi,. El pobre Togo
experimento un momentáneo alivio, casi como si le hubieran salvado... ¿la vida?-
-¡¿Qué esta pasado?!.-repitió mientras se abría paso entre
los chicos para llegar hasta donde estaba Togo y Ami, al llegar se dio cuenta de
que Togo temblaba como una hoja, mientras que Ami se cruzaba de brazos en
actitud retadora.
-¡Vuelvan a sus lugares!-ordeno mirando el circulo a su
alrededor.-¡Ahora!.-lentamente todos obedecieron, pero lo hacían apretando los
dientes y sin perder de vista a Togo.
-Muy bien.-dijo Yajirobe tan pronto como los otros se
marcharon.-¡¿Qué ha pasado aquí?!.-
-Yo... yo solo quería que Ami me ayudara.-dijo Togo casi
llorando.
-Y yo le dije que se fuera al diablo.-contesto ásperamente la
joven princesa, sorprendiendo al encargado del salón.
-¿No cree que exagero un poco señorita?.-dijo el profesor
evidentemente molesto. Ami movió la cabeza a un lado guardando un inexpugnable
silencio-Tendrá un reporte por este escándalo.-sentencio Yajirobe mientras
regresaba a su escritorio, seguido por Togo quien solo pensaba en marcharse de
ahí.
-Idiotas.-pensó Ami al verlos marchar.-Todos son unos
idiotas.-temblando de rabia la princesa de Mercurio volvió a su trabajo, pero
mientras laboraba su mente se fue llenando de pensamientos extraños. Podía ver
claramente la imagen de Togo cayendo por las escaleras de la escuela y escuchar
el sonido de su cuello al romperse contra el suelo, su respiración se fue
haciendo más y más agitada, al tiempo que en su mente aparecía la imagen del
maestro Yajirobe conduciendo su automóvil, de pronto algo lo envestía, algo muy
grande, y entonces ella podía escuchar el tronar de sus huesos prensados por el
metal y sentir el olor de la sangre caliente que brotaría de su cráneo
astillado. De pronto un sentimiento de culpa la invadió, ella nuca habría sido
capaz de desear algo así antes, ni a sus peores enemigos. Asustada Ami tomo sus
cosas y salió a toda prisa de la sala de computadoras.
El resto de las clases transcurrió con normalidad. Y al fin
la campana les marco la hora de salida, la princesa de Mercurio no dudo en irse
a su casa enseguida. Necesitaba estar sola, pensar en las cosas que habían
pasado por su mente, cosas que la llenaban de miedo pero también de excitación,
algo que no llegaba a comprender le estaba ocurriendo; y era algo muy malo.
-Bienvenida.-Ami se sobresalto al escuchar la voz de su
padre, normalmente solo la recibía el silencio del departamento, quien sonriente
le salía al encuentro.
-Buenas tardes papá.-saludo la princesa de Mercurio haciendo
una leve caravana en señal de respeto.
-La cena estará en cinco minutos.-dijo Akira flanqueando el
paso a su hija.-Ve a cambiarte y prepárate para probar mis mejores
platillos.-anuncio él con orgullo al tiempo que lanzaba un beso al aire, al
estilo italiano, la joven rió ante aquel gesto teatral y se marcho directo a su
cuarto. Una vez ahí se dio prisa en cambiar su uniforme escolar por una blusa y
una falda larga de color azul. Así ataviada se presento en el comedor, donde su
padre terminaba de colocar los cubiertos.
-Puntual como toda una dama.-dijo Akira mientras tomaba la
mano de su hija.-Mademoiselle me permite llevarla a su mesa.-Ami rió divertida y
respondió de igual manera.
-Será un placer Monsieur.-ambos pasaron a la mesa y cenaron
lo que Akira había preparado. Después, como siempre, Ami se retiro a su cuarto y
se dispuso a estudiar un rato antes de irse a dormir. Sus preocupaciones se
habían desvanecido durante de la cena y ahora solo pensaba en cumplir con sus
deberes. Las horas corrieron rápidamente y antes de que la joven se diera cuenta
el reloj marcaba las 11:00 pm.
-Que tarde es.-se dijo mientras estiraba perezosamente sus
brazos por encima de su cabeza. Con toda naturalidad acomodo las cosas de su
escritorio y poniéndose de pie camino hasta su pequeño tocador, donde se armo de
una botella de shampoo y una toalla.-Necesito una ducha.-pensó mientras salía
hacia el cuarto de baño. En su mente las negras ideas de la tarde se habían
desvanecido y se sentía tranquila consigo misma. Con toda calma llego hasta la
puerta y accionando la perilla la abrió sin pensarlo.
La botella de shampoo rodó por el suelo mientras una ola de
calor ascendía hasta el rostro de Ami. No solo el baño no estaba desocupado,
sino que sus padres, desnudos bajo la regadera, no estaban bañándose
precisamente.
-¡Abre las piernas!.-demandaba Akira con voz ronca a su
esposa.-¡Ábrelas que quiero ensartarte.!-ordeno al tiempo que separaba
violentamente las hermosas piernas de Yukari, permitiendo que Ami contemplara
por unos instantes el sitio por el cual había llegado la mundo, para luego
hundir su cabeza entre las suaves columnas.
-Sigue no te detengas!... ¡Aaaahhhhh!.-gimió Yukari al tiempo
que echaba su cabeza hacia atrás haciendo resaltar sus hermosos y robustos
pechos, de erguidos pezones oscuros, así como su vientre plano. Aquella visión
fue una descarga eléctrica que cimbro a Ami de pies a cabeza. Por segunda vez
era testigo de la copula de sus padres, solo que esta vez la luz del baño le
permitía verlo todo, sus mejillas se tiñeron de rojo y sus ojos se abrieron al
máximo para no perder detalle. Mientras la pareja, ajena a su presencia, seguía
con sus juegos amorosos.
-¡Ensartame!.-demando la madre de Ami clavando sus uñas en la
espalda de su marido.-¡Metemela!... ¡Pronto!...-sin decir palabra Akira coloco
sus manos sobre las nalgas de Yukari y la levanto sin problemas para colocarla
sobre el lavabo, donde de lanzo se acomodo de inmediato entre sus piernas para
hundir su miembro en ella. Yukari gimió de placer y dolor, cuando sus labios
íntimos se desplegaron para cobijar la roja cabeza de aquel ariete de carne. El
cual se deslizo fácilmente dentro de la cálida y húmeda funda que se le ofrecía.
La doctora Yukari gemía de placer, mientras su cuerpo se estremecía de lujuria,
al sentirse penetrada por aquel hombre que por tanto tiempo había esperado.
Desde el umbral de la puerta Ami seguía mirando, no podía
irse, no podía moverse ni un milímetro, ni siquiera podía desviar la mirada o
cerrar los ojos. Algo le ordenaba contemplar aquel espectáculo prohibido, algo
le hacia estremecer de emoción al violar la intimidad de sus padres, haciéndola
sentir sucia pero también excitada.
-¡Muévete despacio!... ¡Follame despacio!...-suplicaba la
doctora con sus piernas trenzadas sobre el cuerpo de Akira, sus labios
depositaban besos ardientes sobre aquella piel masculina. Ambos movían las
caderas al unísono de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda. El baño
estaba impregnado de un aroma almizclado que golpeaba con fuerza en el cerebro a
la princesa de Mercurio, mientras miraba como su padre se movía briosamente, con
toda la furia de un animal en celo, mientras su madre se convulsionaba
enloquecida de lujuria, finalmente los dos se estremecieron violentamente y Ami
podo ver un hilillo de liquido brillante resbalar por las piernas de su padre.
En ese momento Akira volvió la cabeza y su mirada se encontró
con la de su hija. Solo entonces la joven pudo reaccionar y presa del pánico
corrió de regreso a su cuarto. Al entrar cerro la puerta de un golpe y se
recargo contra ella, como si esperara que alguien intentara derribarla en
cualquier momento. Pero nada ocurrió, ningún golpe llamando a la puerta, ninguna
voz acusadora reclamando su presencia. Solo silencio. Tímidamente se asomo al
pasillo, pero no había nadie en el, presa del nerviosismo volvió a cerrar la
puerta y se apresuro a enfundarse en su pijama para meterse en la cama. Asustada
se envolvió con las sabanas como una niña, el silencio a su alrededor se fue
haciendo cada vez más intenso hasta que el sonido de su propia respiración le
pareció un sifón.
Su mente era un mar de confusión, con mil ideas y
sentimientos encontrados brotando sin control.-¿Por qué me quede mirándolos?.-se
preguntaba una y otra vez presa del remordimiento. Sin embargo, esa nueva
naturaleza que crecía dentro de ella volvió a hacerse presente y sus preguntas
fueron cambiando de sentido.
-¿Qué se sentirá hacer el amor con alguien?-se pregunto de
pronto.-Serena habla mucho del amor pero no creo que lo haya hecho con Darien,
¿o si?. Sin darse cuenta Ami empezó a imaginar a su rubia amiga, desnuda y
penetrada por joven Shiva, luego la imagen cambio y pensó en Mina y en ese chico
inglés llamado Armand, a continuación creyó ver a Lita en el mismo trance con
aquel chico que tanto mencionaba. Tímidamente paso sus dedos por encima de sus
pechos juveniles, notando con se endurecían bajo la tela del pijama, Ami retiro
su mano avergonzada de la excitación que la dominaba por momentos y cuya fuente
ella conocía bien.
El resto de la noche fue un tormento, no podía cerrar los
ojos sin ver los cuerpos desnudos de sus padres, al tiempo que sentía arder su
propio cuerpo. Finalmente el sueño la venció y se quedo dormida.
-Ami.-la voz de su madre al otro lado de la puerta fue lo
primero que escucho al día siguiente.-Ven a desayunar hija que se hace tarde.-la
joven se incorporo en la cama, desvelada y sin ganas de levantarse. Pero no
deseaba levantar sospechas sobre su inquietud.
-Voy enseguida.-respondió bajando de la cama. De inmediato se
dio cuenta de que sus pantaletas estaban húmedas llenas de sudor... y de otras
cosas. Una vez más se dirigió al baño con la intención de asearse. Esta vez no
hubo ninguna sorpresa, pues a través de la puerta abierta escucho claramente el
sonido de grifo vertiendo agua sobre el lavabo. Ami se asomo al interior y vio a
su padre afeitándose con toda calma frente al espejo. La princesa de Mercurio se
estremeció al notar que su padre tenía el torso desnudo, por un momento
contemplo sus amplias espaldas de músculos bien marcados, interrogándose lo que
sería estar atrapada entre sus fuertes brazos.
-No me había dado cuenta de lo guapo que eres papá.-pensó
para si misma. Lentamente se acerco a él, quien parecía no notar su presencia, y
pudo aspirar el suave aroma perfume de la crema de afeitar. Ami no pudo evitar
extender su mano hacia la espalda de su padre, necesitaba sentir el calor que de
ella emanaba. Era como si un imán la atrajera, una fuerza misteriosa que no
podía entender ni controlar. Pero justo cuando estaba por cumplir su objetivo
Akira se volvió hacia ella sonriente y despreocupadamente la saludo.
-Buenos días hija. ¿vas a usar el baño?-Ami se retiro su mano
rápidamente y se apresuro a responder lo más ecuánime posible.
-Si... yo necesito lavarme.-dijo atropelladamente. Akira se
limpio el resto de la crema de afeitar y abandono el baño con toda tranquilidad.
Ami cerro la puerta y se apresuro a bañarse, cada vez más confundida. El
desayuno transcurrió normalmente y también el trayecto del departamento la
escuela preparatoria Jubba. Al entrar al salón la joven se percato de una leve
fiebre que recorría su cuerpo, pero lo tomo como el resultado de su desvelo. Las
clases comenzaron y la joven peli azul se esforzó por concentrarse en la
lección. El tiempo perecía moverse más lentamente que de costumbre, y Ami no
supo cuando comenzó a clasificar a los chicos de su grupo. La mayoría eran
simplemente ceros a la izquierda, pero también había algunos que le llamaban la
atención, pero no demasiado. Distraídamente miro hacia el frente del salón y
fijo su mirada en el señor Otaru Kiseki, su maestro de matemáticas Era un hombre
joven aún, de unos 36 años, de complexión atlética y una magnifica posición en
el consejo escolar.
-Profesor.-se escucho una voz de uno de los chicos del grupo.
-Si señor Teko.-mientras el muchacho hacia una pregunta
relacionada con el tema de la clase, Ami admiraba los rasgos del maestro, era un
hombre apuesto, casi tanto como su padre, de rasgos varoniles y una notable
seguridad en si mismo. La princesa de Mercurio comenzó a preguntarse si el señor
Kiseki sería tan fuerte como parecía y si lo era... como sería estar entre sus
brazos, ese pensamiento fue suficiente para que una idea brotara incontenible en
su cabeza.
-Folleme.-la princesa de Mercurio se encogió en su asiento
temerosa de haber concebido aquella idea, su corazón latía con fuerza dentro de
su pecho, sus ojos se pasearon inquietos por el salón de clases, temerosa de
haber pronunciado esa palabra en voz alta. Desesperadamente intento volver su
atención a la clase para olvidar aquel incidente. ¿Cómo había sido capaz de
pensar en "eso"? ¿y con un hombre que podía ser su padre?. Entonces cayo en la
cuenta de que eso era justamente lo que lo hacia excitante. descubrir el
misterio que rodeaba a un extraño, tomarlo sin saber cual sería el resultado.
Ella lo deseaba.
¿Por qué?. No lo sabía, pero en su mente la idea empezó a
expandirse como un incendio. El y ella, solos en alguna parte. Ella inmóvil en
la oscuridad mientras él se despojaba de su ropa, dejándole ver su cuerpo
esbelto del cual emanaba un aroma a loción de caballero. Podía sentir como la
tomaba entre sus brazos y la besaba en los labios. El calor de sus cuerpos
desnudos la hizo estremecer más aún.
-¡Aaahhhhhhhhh!.-grito justo en el momento en que el pene de
Otaru se abría paso en sus entrañas, mismas que se cerraron en torno a su cuerpo
amoroso al tiempo que un torrente se desbordaba desde lo más profundo de su ser.
El sonido del timbre dio por terminada la clase. Ami abrió los ojos
desmesuradamente, podía sentir un liquido caliente mojando su pataleta, azorada
miro a su alrededor, la clase se desarrollaba normalmente, el profesor escribía
en el pizarron la tarea para el día siguiente, mientras los demás alumnos
tomaban nota. Su vergüenza no tuvo limites al comprender que no solo se había
quedado dormida sino que además había tenido un sueño erótico cuyas
consecuencias podía sentir en su entrepierna. Por fortuna sus compañeros se
mostraron más interesados en recoger sus cosas de las mesas que en su
desconcierto.
Ami salió corriendo hacia el baño de señoritas donde fue
directamente hacía un lavabo para morarse la cara con agua fría.-¿Qué me esta
pasando?.-se pregunto en el espejo. Lo ocurrido en el salón era una locura, algo
que nunca le había pasado, pero saberlo no le servía de nada. De hecho entre más
intentaba pensar en otra cosa más claramente acudía aquella fantasía a su
cabeza. Más tarde, después del descanso, la clase volvió a reunirse en el salón
y todos se prepararon para la última lección del día, inglés. Ami tomo su lugar
dispuesta a no pensar en otra cosa que no fuera la lección, si tan solo no se
sintiera tan débil a causa de la fiebre que le quemaba por dentro. La clase dio
inicio y Ami trato de seguir las explicaciones de su maestra.
Pero al poco tiempo se descubrió elaborando toda clase de
estrategias para acercarse al maestro Kiseki, hacerle el almuerzo, pedirle ayuda
con cualquier pretexto, invitarlo a salir, ofrecérsele abiertamente si era
necesario. Todo era aceptable si ambos terminaban como en su sueño, desnudos en
algún lugar, Ami estaba a punto de lanzar un grito para expulsar de su cabeza
aquellas ideas cuando el timbre volvió a sonar. Apresuradamente tomo sus cosas y
salió del salón a toda prisa, no deseaba que nadie se le acercara. Solo quería
llegar a su casa lo antes posible.
-¡Ami!.-escucho una voz llamándola apenas salió de la
escuela. Ahí estaba su padre, sonriente y recargado junto a su auto. Por un
instante la joven pensó en escapar, pero se dio cuenta de que tendría que
explicar esa aptitud más tarde, cosa que no deseaba hacer, tímidamente a acerco
a su progenitor y le saludo respetuosamente.
-Buenas tarde papá.-
-Vamos a casa.-dijo Akira abriendo caballerosamente la puerta
de su auto. Al subir al auto Ami se tranquilizo casi de inmediato, como si todo
dejara de tener importancia. Akira se coloco en el asiento del conductor y sin
decir nada se puso en marcha.-¿Estas bien?-le pregunto de pronto, sin dejar de
ver el camino.
-Yo... me siento un poco enferma.-contesto la joven
percatándose de que aún tenía algo de fiebre.
-Le diré a Yukari que te examine cuando lleguemos.-dijo
preocupado.-Sería una lastima que no pudieras acompañarnos mañana en la noche.-
-¿Acompañarlos a donde?.-pregunto Ami sorprendida. Por toda
respuesta Akira le extendió un papel que ella leyó con interés.
-"Gran festival de Izanami. Mañana en la bahía de Tokio.
Música, juegos, bailes tradicionales y modernos, payasos, entrada gratis las
primeras 100 personas.".-Ami se quedo meditativa. Sabía que Izanami era la diosa
del mar que, según la mitología japonesa, dio a luz todas las cosas del mundo.
Pero no había oído hablar de una feria en su honor que se realizara en la bahía
de Tokio, además las fechas del calendario ceremonial no correspondían.
-Será divertido.-comento Akira en voz alta.
-Pero papá... la fiesta de Izanami es hasta dentro de dos
meses.-replico Ami.
-¿En verdad?. Bueno supongo que solo le pusieron ese nombre
por nombrarla de algún modo.-dijo él encogiéndose de hombros.
-¿Tu y mamá piensan ir?.-pregunto la joven interesada en las
actividades de su familia.
-A decir verdad sí.-confeso Akira sonriente.-Tu madre y yo
nos conocimos en un festival hace años, y pensamos que sería divertido ir a uno
ahora que hemos decidido volver. Por supuesto esperamos que vengas con
nosotros.-la princesa de Mercurio experimento una peculiar alegría que la hizo
olvidar los "pequeños accidentes" del día. Aquel era el primer evento al que su
familia iría junta, lo cual lo hacía una oportunidad perfecta para que ella
aportara un poco en la reconstrucción de su familia.
-¡Vamos papá!.-exclamo con un entusiasmo casi infantil que
hizo sonreír a su padre. Más tarde, después de darse un baño, Ami permitió que
su madre la examinara detenidamente y al final escucho su diagnostico.
-Tienes un leve resfriado.-dijo la doctora con toda
tranquilidad.-Necesitas descanso y tomar muchos líquidos.-
-¿Podré ir al festival con ustedes?.-pregunto ansiosamente la
joven peli azul.
-No lo se Ami.-respondió Yuikari pensativa.-No tienes nada
grave, pero la brisa del mar podría hacerte daño.-
-Pero quiero ir.-replico Ami con infantil terquedad.-
-Vamos querida.-intervino su padre en su auxilio.-Ami es una
chica fuerte y no creo que un resfriado sea para tanto.-
-¡Por favor mamá!.-Yukari miro alternativamente a su esposo y
a su hija y al final se encogió de hombros dándose por vencida.
-Esta bien. Pero tendré que aplicarte una inyección de
antibiótico para prevenir cualquier eventualidad.-
-De acuerdo.-dijo Ami sin dudar. Yukari preparo una jeringa y
una ampolleta de color verde.-Date la vuelta.-ordeno mientras mojaba un pedazo
de algodón en desinfectante. Ami obedeció de inmediato pero cuando se disponía a
subirse la falda recordó que su padre aún estaba en el cuarto.
-¡Papá.-le increpo de pronto. Al tiempo que lo empujaba fuera
de su cuarto.-¿Te importaría dejarnos solas un momento?.-Akira la miro
sorprendido, era la primera vez que le hablaba en ese tono, pero comprendiendo
su pudor se marcho enseguida. La inyección fue algo dolorosa pero nada que una
estudiante de preparatoria no pudiera afrontar.
-Recuéstate y descansa.-ordeno Yukari con toda su autoridad
materna y medica.-Te revisare por la mañana y si estas mejor podrás
acompañarnos.-
-Estaré bien.-dijo Ami mientras se cambiaba de ropa para
acostarse. Cosa que hizo casi enseguida, el sueño llego casi de inmediato y la
princesa de Mercurio se hundió en un profundo sopor. En el transcurso de la
noche una extraña mezcla de sueños pasaron por la mente de Ami, algunos eran
visiones distorsionadas de su pasado como estudiante y como Sailor, otros eran
imágenes eróticas y violentas que no alcanzaba a definir con claridad. Pero lo
más intenso fue una visión oscura donde ella nadaba en compañía de incontables
sombras, siluetas deformes que cantaban una extraña canción bajo las heladas
aguas, mientras la acompañaban hasta las ciclópeas puertas de una ciudad hundida
que se abrían para darle la bienvenida.
Las voces de las sombras se hacían más claras aunque no por
ello más comprensibles, solo alcanzaba a distinguir palabras sin sentido como
¿Ryeh?... ¿Thooloo?, pero nada más. Al final todo se desvaneció con los primeros
rayos del sol. Ami se levanto y llevo a cabo su rutina habitual, para luego ser
llevada por su padre a las puertas de la preparatoria Jubba. La jornada fue
totalmente normal, sin ninguna visión o pensamiento raro que le perturbara. De
hecho se sentía tan llena de energía como pocas veces en su vida. Finalmente
llego la hora de salida y sin perder un momento corrió hacia la salida para
encontrarse con su padre, quien la esperaba con una amplia sonrisa iluminándole
la cara. Sin perder tiempo regresaron al departamento donde Yukari ya los
esperaba ataviada con un kimono bellamente estampado con flores multicolores.
-Te ves preciosa mamá.-dijo Ami admirada de lo bella que
lucía su madre con aquella ropa tradicional.
-También hay algo para ti.-le dijo Akira al tiempo que
señalaba un gran paquete colocado sobre la mesa del comedor.
-¿Para mí?.-pregunto retóricamente mientras se apresuraba a
llegar al mesa y cortar las cintas que ataban el paquete. Sus ojos se iluminaron
como estrellas al admirar el inmaculado kimono blanco que descansa en el
interior, sin poder evitarlo lo saco de la caja y colocándolo sobre su cuerpo
comenzó a danzar por el departamento.-¡Es hermoso!. ¡Gracias papá!.-
-También agradece a tu madre.-aclaro Akira.-Ella lo escogió
para que te quedara perfecto.-
-¡Gracias!.. ¡Gracias!...-dijo Ami con los ojos lloroso antes
de salir corriendo hacia su cuarto para vestirse inmediatamente. Al llegar se
despojo de su ropa civil y se apresuro a ponerse el traje ceremonial. Justo como
su padre le anunciara le quedaba perfectamente, ajustándose a su cuerpo como si
hubiera sido creado para ella, la princesa de Mercurio admiro su imagen y se
sonrojo un poco al pensar en lo hermosa que se sentía en ese momento.
Al volver a la sala encontró que su padre también portaba un
orgulloso kimono que lo hacia ver como un samurai de los tiempos antiguos, al
verla aparecer ambos, Yukari y Akira, le hicieron una reverencia como si fuera
una aparición celeste.
-Hermosa.-dijo Akira tomándola de la mano.-Esta noche no hay
nadie más bella que tú.-Ami se sonrojo de nuevo. Más tarde la familia Mizuno
abordo el vehículo de Akira y emprendieron el camino hacia la bahía de Tokio.
Por el camino Ami tuvo la curiosa sensación de que su padre daba demasiadas
vueltas, como si no supiera el camino, pero desecho la idea cuando vio ante
ellos las luces de grandes reflectores cuyos ases luminosos parecían tocar el
cielo nocturno. El cual estaba ya iluminado por las brillantes estrellas y una
enorme luna roja. Ami se sintió muy emocionada de poder compartir aquel momento
con sus padres.
-Hemos llegado.-anunció triunfante Akira apagando el motor de
su vehículo. Poco después la familia entro al festival donde Ami pudo ver un sin
fin de puestos formando una estrecha calle. Se podían encontrar todo tipo de
cosas y diversiones, había de juegos tradicionales como atrapar peces con redes
de papel así como otros más modernos donde se disparaba con rifles de diabolos a
pequeños patos atrapados en una banda sin fin. Sin faltar los puestos de comida
de todo tipo, desde pulpos y calamares asados sobre las brasas hasta salchichas
tipo americano, algodones de azúcar, helados y palomitas de maíz. El aire estaba
lleno de una cacofonía casi ensordecedora, donde se mezclaba la música de los
juegos mecánicos, con las voces de los vendedores y las risas de los asistentes.
Mientras grandes anuncios lumínicos indicaban el lugar del carrusel, los autos
chocones y las casa encantadas, a cuyas puertas jóvenes vestidos de fantasmas
anunciaban macabros viajes por sus interiores. Pero sin duda la estrella del
festival era una descomunal montaña rusa, decorada con algunos elemento que le
hacían ver como un enorme pulpo.
-¿Dónde iremos primero?.-pregunto Ami ansiosa por empezar la
diversión. Durante las siguientes horas la familia Mizuno recorrió casi todos
los juegos de la feria, comieron un poco de todo, y Akira gano un oso de felpa
para Yukari en el tiro al blanco. Finalmente dieron varias vueltas en la gran
noria de la feria. Al terminar Ami empezó a sentir un cierto malestar pero
estaba demasiado alegre como para permitir que algo así la detuviera.
-¿Qué les parece si vamos a la casa encantada?.-propuso de
pronto Akira señalando la escasa fila que esperaba turno en aquel juego. Ami no
mostró mucho entusiasmo ante aquella propuesta, pues dadas sus experiencias como
Sailor Scout aquel lugar tenía poco que ofrecerle, pero como no podía explicar
eso a sus padres, ni tampoco quería echar a perder la diversión termino por
aceptar. Mientras caminaban hacia la casa encantada Ami noto que el número de
gente iba en aumento, de pronto se sintió amenazada por la gran cantidad de
helados, salchichas y algodones de azúcar que la gente sostenía descuidadamente
entre sus manos, bastaría un solo tropiezo para que su inmaculado kimono quedara
manchado con alguna cosa. Pero extrañamente cuando ella se acercaba la gente
parecía hacerse a un lado, no demasiado, pero si lo suficiente para permitirle
un paso seguro.
Al llegar a la taquilla la princesa de Mercurio se quedo
sorprendida al ver el curioso aspecto del encargado de la casa encantada, era un
hombre de edad incierta, bajo de estatura y muy grueso, cuyo aspecto deforme
apenas le permitía usar la ropa que traía puesta. Su cráneo estaba extrañamente
estirado hacia atrás, su piel presentaba un insano color azuloso y unos ojos
saltones parecían nunca parpadear. Cuando aquel hombre extendió la mano para
tomar sus boletos, Ami se estremeció al ver que su deforme brazo terminaba en
una zarpa de dedos muy largos y unidos por un membrana, como la mano de una
rana.
-Es solo un disfraz.-se recordó a si misma para con reproche.
El hombre-rana los acomodo al frente del pequeño convoy que pronto entraría en
la casa encantada y se retiro para acomodar a otros clientes en los vagones de
atrás..
-¿Asustada?.-pregunto Akira notando su nerviosismo.
-Un poco.-confeso Ami.-La verdad no me gusta este juego.-
-Ya veo.-dijo su padre reflexivo.-Te diré algo. ¿por qué no
cierras los ojos?-
-¿Cerrar los ojos?.-dijo la joven casi indignada.-Papá ya no
soy una niña.-
-Entonces canta.-le interrumpió con firmeza.
-¿Cantar?.-replico Ami ante aquella idea que le parecía más
ridícula que la anterior.
-Es lo tú padre y yo hacíamos cuando entrábamos a este
juego.-intervino Yukari con una amplia sonrisa.-Es divertido.-
-¿Pero que puedo cantar?.-interrogo la princesa cediendo a
las sugerencias de sus padres.
-Tengo una idea.-dijo Akira justo cuando el carro inicio la
marcha.-Solo repite lo que yo diga.-el paseo inicio, al cruzar el umbral de la
casa todos los sonidos de la feria desaparecieron, y lo primero que salió a su
encuentro fue una total oscuridad. Contrariamente a lo que Ami esperaba no
apareció ante ellos ningún muñeco o persona disfrazada, aunque algo le decía que
no estaban solos dentro de aquella masa oscura. Solo el sonido del carro
deslizándose sobre los rieles los acompañaba. En ese momento escucho la voz de
su padre sentado a su lado.
-¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn! ¡Iä! ¡Iä!.-Ami se quedo
sorprendida, aquellas palabras le recordaron sus sueños submarinos, pero además
la forma en que su padre las recitaba las hacia sonar como algo muy poderoso,
algo ajeno a todas las lenguas que el hombre había hablado en el correr del
tiempo. Pero eso era imposible.
-Canta Ami.-le dijo la voz de su madre desde la
oscuridad.-Canta para que no te atrape el cocó.-torpemente la joven intento
repetir la primera estrofa.-
-¡Iä!.¡Iä! ¡Toolo!.. Fhatag! ¡Iä!... ¡Iä!.-dijo torpemente y
sin entusiasmo.
-No lo estas intentando.-le interrumpió Akira.-Hazlo de
nuevo.- Ami se sentía avergonzada por aquel acto tonto, pero su deseo de que
todo saliera perfecto la hizo a realizar un nuevo intento.
-¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn! ¡Iä! ¡Iä!.-no bien había
terminado de pronunciar aquellas palabras Ami sintió que la cabeza le daba
vueltas al tiempo que su cuerpo perdía toda su fuerza, incluso el mantenerse
correctamente sentada comenzó a serle difícil.
-Perfecto.-escucho decir a su madre, cuya voz parecía venir
de muy lejos.-Sigue así.-en ese momento una luz se encendió en la oscuridad y
ante ellos apareció una extraña escena, un extraño paisaje submarino, donde
escalofriantes seres verdes provistos de ojos saltones y labios fofos danzaban
al compás de largas flautas doradas, sosteniendo en sus manos extraños
instrumentos rituales adornados con rubíes y diamantes. Ami veía borrosamente el
espectáculo que se desarrollaba frente a ella, como si lo contemplara a través
de un cristal defectuoso, y sonrió pues aquella escena, aunque grotesca no le
impresiono. La oscuridad volvió a envolverlos solo que ahora la música de la
flauta los seguía de cerca.
-¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!! ¡Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu
R’lyeh wgah-nagl fhtagn!.-continuo cantando la princesa de Mercurio, siguiendo
el ritmo de las largas flautas doradas, al tiempo que se hundía en una pesada
languidez, el no saber el significado de las palabras había dejado de tener
importancia. A su paso las luces se fueron encendiendo a intervalos dejándoles
ver cosas aún más extrañas, todas relacionadas con el mar, grandes medusas y
cangrejos, delfines que, por alguna razón, tenían un aspecto amenazante, sin
faltar sirenas y tritones de aspecto deforme y repugnante que se movían
caprichosamente frete a una coreografía de una ciudad hundida.
A su alrededor Ami creyó ver otras figuras más allá de las
sombras ejecutando extrañas danzas y acompañando su canto con voces semejantes
al croar de las ranas. La luz se encendió totalmente y esta vez lo que apareció
ante ellos fue una gran figura donde se mezclaban horriblemente la silueta de un
pulpo con la de un gran sapo. Cuyos brazos se extendían hacia el carro, al
tiempo que sus dedos mecánicos se abrían y cerraban compulsivamente. La joven
pudo escuchar una serie de gritos a sus espaldas cuando la figura se movió y los
tentáculos que formaban su barba se estiraron hacia los paseantes. Por un