LA GRAN CA....
Mi primo y yo aprovechamos que la familia hacía la fogata
para asar las costillas y nos escapamos bosquecillo adentro a explorar la fauna
y la flora y a buscar un buen recodo del riachuelo donde darnos un chapuzón.
Estábamos radiantes y felices de que hubiera llegado el
esperado día de la excursión cuando se reunían las tres familias completas de
nuestros padres, tres hermanos, que cada verano salíamos a divertirnos, comer
carne y ensaladas con tierra, como decía mi madre, y a regresar medio muertos de
cansancio y sucios como monos de barro, según las tías.
Con Oscarito, que era hijo único, de allí el diminutivo, nos
escapamos de mis hermanas y de los demás primos pequeños y nos fuimos en línea
casi recta lo más lejos posible.
Nuestro afán adolescente de aventura, travesura y
descubrimientos se veía realizado en la carrera que emprendimos. Pero, Oscarito
que iba delante, se detuvo de pronto y echando un brazo atrás, con un gesto de
la mano abierta, me detuvo y con la otra mano en la boca me indicó ¡silencio!...
¿Y ahora qué, me pregunté?, imaginando animales salvajes,
alimañas o algún otro no menos salvaje enemigo en el camino...
Me acerqué, mirando por sobre su hombro, y aspirando el olor
de su sudor que siempre que jugábamos expedía su cuerpo y que a mí me embriagaba
de deseo...
No veía nada hasta que él me indicó con el dedo estirado que
mirara hacia abajo, a la maleza más tupida de adelante.
Mi reacción primera fue reírme a carcajadas cuando entreví un
culo blanco... y a lo lejos escuché los gemidos propios de quien se está cagando
con gusto y con ansias.
Abro paréntesis: dicen que a Unamuno le preguntaron una vez
por el mayor de los placeres y contestó: "cagar"... Y no puede ser más cierto,
cuando hace tiempo que lo deseas y no puedes realizarlo, y más cuando los
intestinos te apuran la causa... Cierro el paréntesis.
Algo de esto le debe haber ocurrido a aquel chico, de unos 17
años, que emitía aquellos agradecidos y placenteros –para él- sonidos, mientras
su blanco culo chorreaba el suelo con una diarrea abundante... y de pronto una
explosión nacida de sus entrañas...
Ya no me aguanté y mi carcajada salió estruendosa... tanto
que el pobre chico se incorporó, mirando a todos lados, se subió el short sin
limpiarse, pero sin poder vernos, puesto que nos habíamos echado al suelo,
escondiéndonos tras los arbustos y flores que nos separaban.
Cuando se hizo silencio, nos levantamos y seguimos avanzando,
pero soslayando el lugar en que podíamos encontrarnos con el afectado por sus
retortijones y nuestras risotadas.
Pero, oh coincidencia, dimos él y nosotros, cara a cara,
frente a una diminuta playa que orillaba el riachuelo y que se veía que era el
lugar por donde los paseantes entraban a bañarse en sus aguas cristalinas y
apacibles.
El chico enrojeció al vernos, nosotros, hipócritas y
cretinos, nos hicimos los desentendidos y diciendo simplemente hola, como si
acabáramos de llegar de Marte, nos metimos al agua y empezamos a nadar y a
chapotear, alejándonos lenta y cobardemente.
El también entró al agua, pero se quedó casi en la orilla,
sin entrar más allá de donde el agua le tapaba hasta el pecho.
De lejos lo contemplé. Era un adolescente como nosotros, pero
yo le veía y sentía mayor, como me ocurre siempre con quienes, aun siendo
menores, me someto a su dominio...
Lo encontré guapo. Alto, de músculos bien delineados, aunque
delgado. Ojos claros y pelo castaño ensortijado. Patillas largas de fino pelo
que medio cubrían sus mejillas en barba nunca afeitada. Manos grandes, mmmmm,
nariz aguileña, boca grande, carnosa y de labios muy rojos y una expresión
tímida pero firme.
Cuando regresamos la comida estaba dispuesta y los chistes,
las bromas, las risas nos hicieron olvidar el episodio, que además no era el
momento más adecuado de contar, pero la figura del chico, su expresión y su
viril belleza quedaron grabadas en mi memoria.
El tío Gregorio, a quien reprochaban todos su ligereza en
todo sentido, se dedicó a compartir sus cervezas con mi primo, por lo que,
terminado en ágape, fueron los primeros en tenderse a la sombra a dormir una
mosqueada (por las moscas circundantes) siesta.
Yo no acostumbro a dormir durante el día, por lo que me
propuse salir nuevamente de exploración por esa selva (en mi imaginación) que
tenía tanto por descubrir... Pero en mi interior estaba el profundo deseo de
encontrar nuevamente al chico aquel y poder acercarme a él y quizás hablarle,
quizás hacernos amigos, quizás bañarnos juntos, quizás invitarlo para enseñarle
a nadar... o sea que "el cagón", aparte del episodio tan poco romántico, me
había gustado...
Como sabía que la "colla", sobre todo de mujeres y críos,
vendría pronto a zambullirse y refrescarse, me dirigí riachuelo arriba,
alejándome del lugar de todos... y ¡oh gratísima sorpresa!, tendido en la orilla
del otro lado, al sol, dormitaba solo y seco, echado boca abajo en la arena el
"explosivo" chaval de la mañana. Pude admirar desde mi lugar sus largas piernas
cubiertas de finos vellos, sus fuertes tobillos y enormes pies de adolescente en
crecimiento... Como su cabeza descansaba en sus manos, bajo sus brazos sus
axilas dejaban ver una abundante mata de vellos claros.
Me metí al agua y nadé un rato... salí por donde se
encontraba él, hice aspavientos de quitarme el agua de encima, mirando de reojo
su reacción, pero el bello durmiente ni caso...
Me eché a andar por los senderos que partían (o llegaban) de
allí, lentamente, disfrutando de la soledad, el silencio, y agradable calorcillo
veraniego.
No se cuanto habría caminado, cuando, al volverme a mirar por
donde había venido, lo veo, frente a mí, casi encarándome.
Sonriendo me dice:
-Hola, se rieron de mí esta mañana.
Levantando el entrecejo, me hice el bobo, -¿esta mañana...?
-Sí, me di cuenta que me vieron...
No pude menos que sonreír y decidí reconocerlo. –Sí, pero no
espiábamos, fue casual.
-Entiendo, me avergoncé mucho.
-Descuida, a todos nos pasa alguna vez en la vida.
-Pero da vergüenza que te vean.
Asentí con la cabeza y le lancé -¿sabes nadar?
-Sí pero no muy bien, no soy bueno para el agua...
Y lo invité a meternos para darle algunas lecciones con la
intención de poder estar más cerca el uno del otro, de poder tocar su hermoso
cuerpo, de hacerme su amigo... de disfrutar su compañía...
Pero, contrariamente a mis deseos y en una reacción
inesperada, me señaló con la cabeza el sendero y me invitó a seguir caminando y
con cierta prisa me condujo más arriba hasta llegar a un bosquecillo de árboles
más grandes y con recodos más escondidos.
-Masturbémonos, dijo.
-¿Queeeeé...?, -preguntaron mis ojos abiertos como huevos
fritos...
-Ven, echémonos unas pajas, después nos lavamos en el agua.
Todo lo que yo esperaba era poder estar junto a él y luego
soñar una y mil historia en su compañía, en mis ensoñaciones masturbatorias como
solía hacerlo cuando un chico me gustaba, pero una invitación suya, así de
pronto, de improviso, sin conocernos ni proponérnoslo... eso ni en el más
ambicioso de mis sueños...
Y nos escondimos entre los árboles y afirmando su fina y
deliciosa espalda en un tronco, se bajó el nuevo short que vestía y que, dicho
sea de paso, le marcaba divinamente, y mucho mejor que el del "accidente", su
delicioso culo. Lo primero que vi fue una abundante mata de enrulados pelos
castaños sobre la goma de la cintura y de pronto vi saltar una ancha, rosada,
glande descubierto, larga y tierna polla que de inmediato empezó a acariciar,
mientras ésta se le iba levantando hacia el pecho...
-Venga..., -me invitó- empieza tú también...
Mientras yo, lelo con lo que veía y con la inesperada
realización de todos mis anhelos con él desde que le vi en la mañana dentro del
agua, no atinaba a hacer nada...
Como despertando, me fui bajando mi bañador y cogiendo mi
polla, ya dura, lo imité y empecé a cascármela con más entusiasmo que el que él
mismo ponía en su maniobra...
Vi como me miraba, como calculando nuestras diferencias y
nuestras respectivas calenturas... Yo lo miré a los ojos, su expresión era de
una libidinosidad que me contagiaba, la boca entreabierta, los ojos de mirada
ida, la lengua mojando los labios, las orejillas enrojecidas, el pecho con
gotitas de sudor, los músculos del brazo derecho en tensión por el ejercicio de
su mano...
Vamos, que me puso a milmilmilmilmilmil......
De pronto, me pide con un gesto acercarme a él. Como un
autómata obedezco. Me coge por un hombro acercándome más y cogiéndome por el
cuello, me hace agacharme y me pone la punta de la polla en la boca...
-¡Chúpamela...!
Y obedezco e inicio una mamada frenética, como si me lo
fueran a quitar, como si alguien o algo nos lo fuera a impedir, como si fuese
cosa de vida o muerte acabar la faena a la brevedad...
-Suaveeeeee, cabrón-, -me dice...
Me calmo un poco, e inicio otra vez la maniobra que sus
deseos me ordenaban y los míos ejecutaban de tan buen grado, realizándose en
plenitud...
Para hacerlo mejor y con más comodidad, me arrodillé en el
suelo pedregoso, sin importarme el ardor de la piel de mis rodillas, y continué.
Sus dos grandes y suaves huevos, con largos pelos en los
costados y por encima en el nacimiento de su polla, sonrosadotes, me invitaban a
lamerlos, su mata de pelos del pubis a chuparla, su polla a mamarla hasta
extraerle todo su jugo.
Cumpliendo mis deseos, me dediqué a los suyos y me metí el
capullo en la boca, subiendo con la mano el prepucio hasta la punta, la volví a
bajar apretándola entre mis labios, mientras la polla me avanzaba hasta la
garganta y con toda la boca y mi lengua chupé, mamé, lamí el largo, grueso,
suave, tierno y duro falo que por poco me ahogaba y que me hacía abrir más la
boca y volver apretar, sacando de él más y más líquido espeso y que me dejaba la
boca un tanto áspera... continuando así hasta que le vi levantar la cabeza,
cerrar los ojos y adelantar la pelvis, empujando con ambas manos la mía a su
cuerpo, produciéndome una penetración profunda y sentí como empezaba a eyacular
en mi boca, en mi garganta, en mi lengua, con estertores que le hacían apretar
el culo, acercar y alejar la pelvis, meter y sacar la polla, encoger y estirar
las piernas, abriéndolas y volviendo a cerrarlas...
Yo, que me masturba mientras con una mano y con la otra tenía
cogida una de sus nalgas, me corrí también tan abundantemente que habría creído
que me meaba a no ser por el placer de la eyaculación...
Cuando acabamos, simplemente se subió el short y mirándome
serio dijo_
-Como digas algo sobre mi cagada..., yo contaré que me la
chupaste y te hice tragar mi leche..
Se dio media vuelta y se fue.
* Si os ha gustado, aunque sea un poco, comentádmelo:
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