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La gran ca...
Gays- 2008-03-07 09:15:00
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LA GRAN CA....

Mi primo y yo aprovechamos que la familia hacía la fogata para asar las costillas y nos escapamos bosquecillo adentro a explorar la fauna y la flora y a buscar un buen recodo del riachuelo donde darnos un chapuzón.

Estábamos radiantes y felices de que hubiera llegado el esperado día de la excursión cuando se reunían las tres familias completas de nuestros padres, tres hermanos, que cada verano salíamos a divertirnos, comer carne y ensaladas con tierra, como decía mi madre, y a regresar medio muertos de cansancio y sucios como monos de barro, según las tías.

Con Oscarito, que era hijo único, de allí el diminutivo, nos escapamos de mis hermanas y de los demás primos pequeños y nos fuimos en línea casi recta lo más lejos posible.

Nuestro afán adolescente de aventura, travesura y descubrimientos se veía realizado en la carrera que emprendimos. Pero, Oscarito que iba delante, se detuvo de pronto y echando un brazo atrás, con un gesto de la mano abierta, me detuvo y con la otra mano en la boca me indicó ¡silencio!...

¿Y ahora qué, me pregunté?, imaginando animales salvajes, alimañas o algún otro no menos salvaje enemigo en el camino...

Me acerqué, mirando por sobre su hombro, y aspirando el olor de su sudor que siempre que jugábamos expedía su cuerpo y que a mí me embriagaba de deseo...

No veía nada hasta que él me indicó con el dedo estirado que mirara hacia abajo, a la maleza más tupida de adelante.

Mi reacción primera fue reírme a carcajadas cuando entreví un culo blanco... y a lo lejos escuché los gemidos propios de quien se está cagando con gusto y con ansias.

Abro paréntesis: dicen que a Unamuno le preguntaron una vez por el mayor de los placeres y contestó: "cagar"... Y no puede ser más cierto, cuando hace tiempo que lo deseas y no puedes realizarlo, y más cuando los intestinos te apuran la causa... Cierro el paréntesis.

Algo de esto le debe haber ocurrido a aquel chico, de unos 17 años, que emitía aquellos agradecidos y placenteros –para él- sonidos, mientras su blanco culo chorreaba el suelo con una diarrea abundante... y de pronto una explosión nacida de sus entrañas...

Ya no me aguanté y mi carcajada salió estruendosa... tanto que el pobre chico se incorporó, mirando a todos lados, se subió el short sin limpiarse, pero sin poder vernos, puesto que nos habíamos echado al suelo, escondiéndonos tras los arbustos y flores que nos separaban.

Cuando se hizo silencio, nos levantamos y seguimos avanzando, pero soslayando el lugar en que podíamos encontrarnos con el afectado por sus retortijones y nuestras risotadas.

Pero, oh coincidencia, dimos él y nosotros, cara a cara, frente a una diminuta playa que orillaba el riachuelo y que se veía que era el lugar por donde los paseantes entraban a bañarse en sus aguas cristalinas y apacibles.

El chico enrojeció al vernos, nosotros, hipócritas y cretinos, nos hicimos los desentendidos y diciendo simplemente hola, como si acabáramos de llegar de Marte, nos metimos al agua y empezamos a nadar y a chapotear, alejándonos lenta y cobardemente.

El también entró al agua, pero se quedó casi en la orilla, sin entrar más allá de donde el agua le tapaba hasta el pecho.

De lejos lo contemplé. Era un adolescente como nosotros, pero yo le veía y sentía mayor, como me ocurre siempre con quienes, aun siendo menores, me someto a su dominio...

Lo encontré guapo. Alto, de músculos bien delineados, aunque delgado. Ojos claros y pelo castaño ensortijado. Patillas largas de fino pelo que medio cubrían sus mejillas en barba nunca afeitada. Manos grandes, mmmmm, nariz aguileña, boca grande, carnosa y de labios muy rojos y una expresión tímida pero firme.

Cuando regresamos la comida estaba dispuesta y los chistes, las bromas, las risas nos hicieron olvidar el episodio, que además no era el momento más adecuado de contar, pero la figura del chico, su expresión y su viril belleza quedaron grabadas en mi memoria.

El tío Gregorio, a quien reprochaban todos su ligereza en todo sentido, se dedicó a compartir sus cervezas con mi primo, por lo que, terminado en ágape, fueron los primeros en tenderse a la sombra a dormir una mosqueada (por las moscas circundantes) siesta.

Yo no acostumbro a dormir durante el día, por lo que me propuse salir nuevamente de exploración por esa selva (en mi imaginación) que tenía tanto por descubrir... Pero en mi interior estaba el profundo deseo de encontrar nuevamente al chico aquel y poder acercarme a él y quizás hablarle, quizás hacernos amigos, quizás bañarnos juntos, quizás invitarlo para enseñarle a nadar... o sea que "el cagón", aparte del episodio tan poco romántico, me había gustado...

Como sabía que la "colla", sobre todo de mujeres y críos, vendría pronto a zambullirse y refrescarse, me dirigí riachuelo arriba, alejándome del lugar de todos... y ¡oh gratísima sorpresa!, tendido en la orilla del otro lado, al sol, dormitaba solo y seco, echado boca abajo en la arena el "explosivo" chaval de la mañana. Pude admirar desde mi lugar sus largas piernas cubiertas de finos vellos, sus fuertes tobillos y enormes pies de adolescente en crecimiento... Como su cabeza descansaba en sus manos, bajo sus brazos sus axilas dejaban ver una abundante mata de vellos claros.

Me metí al agua y nadé un rato... salí por donde se encontraba él, hice aspavientos de quitarme el agua de encima, mirando de reojo su reacción, pero el bello durmiente ni caso...

Me eché a andar por los senderos que partían (o llegaban) de allí, lentamente, disfrutando de la soledad, el silencio, y agradable calorcillo veraniego.

No se cuanto habría caminado, cuando, al volverme a mirar por donde había venido, lo veo, frente a mí, casi encarándome.

Sonriendo me dice:

-Hola, se rieron de mí esta mañana.

Levantando el entrecejo, me hice el bobo, -¿esta mañana...?

-Sí, me di cuenta que me vieron...

No pude menos que sonreír y decidí reconocerlo. –Sí, pero no espiábamos, fue casual.

-Entiendo, me avergoncé mucho.

-Descuida, a todos nos pasa alguna vez en la vida.

-Pero da vergüenza que te vean.

Asentí con la cabeza y le lancé -¿sabes nadar?

-Sí pero no muy bien, no soy bueno para el agua...

Y lo invité a meternos para darle algunas lecciones con la intención de poder estar más cerca el uno del otro, de poder tocar su hermoso cuerpo, de hacerme su amigo... de disfrutar su compañía...

Pero, contrariamente a mis deseos y en una reacción inesperada, me señaló con la cabeza el sendero y me invitó a seguir caminando y con cierta prisa me condujo más arriba hasta llegar a un bosquecillo de árboles más grandes y con recodos más escondidos.

-Masturbémonos, dijo.

-¿Queeeeé...?, -preguntaron mis ojos abiertos como huevos fritos...

-Ven, echémonos unas pajas, después nos lavamos en el agua.

Todo lo que yo esperaba era poder estar junto a él y luego soñar una y mil historia en su compañía, en mis ensoñaciones masturbatorias como solía hacerlo cuando un chico me gustaba, pero una invitación suya, así de pronto, de improviso, sin conocernos ni proponérnoslo... eso ni en el más ambicioso de mis sueños...

Y nos escondimos entre los árboles y afirmando su fina y deliciosa espalda en un tronco, se bajó el nuevo short que vestía y que, dicho sea de paso, le marcaba divinamente, y mucho mejor que el del "accidente", su delicioso culo. Lo primero que vi fue una abundante mata de enrulados pelos castaños sobre la goma de la cintura y de pronto vi saltar una ancha, rosada, glande descubierto, larga y tierna polla que de inmediato empezó a acariciar, mientras ésta se le iba levantando hacia el pecho...

-Venga..., -me invitó- empieza tú también...

Mientras yo, lelo con lo que veía y con la inesperada realización de todos mis anhelos con él desde que le vi en la mañana dentro del agua, no atinaba a hacer nada...

Como despertando, me fui bajando mi bañador y cogiendo mi polla, ya dura, lo imité y empecé a cascármela con más entusiasmo que el que él mismo ponía en su maniobra...

Vi como me miraba, como calculando nuestras diferencias y nuestras respectivas calenturas... Yo lo miré a los ojos, su expresión era de una libidinosidad que me contagiaba, la boca entreabierta, los ojos de mirada ida, la lengua mojando los labios, las orejillas enrojecidas, el pecho con gotitas de sudor, los músculos del brazo derecho en tensión por el ejercicio de su mano...

Vamos, que me puso a milmilmilmilmilmil......

De pronto, me pide con un gesto acercarme a él. Como un autómata obedezco. Me coge por un hombro acercándome más y cogiéndome por el cuello, me hace agacharme y me pone la punta de la polla en la boca...

-¡Chúpamela...!

Y obedezco e inicio una mamada frenética, como si me lo fueran a quitar, como si alguien o algo nos lo fuera a impedir, como si fuese cosa de vida o muerte acabar la faena a la brevedad...

-Suaveeeeee, cabrón-, -me dice...

Me calmo un poco, e inicio otra vez la maniobra que sus deseos me ordenaban y los míos ejecutaban de tan buen grado, realizándose en plenitud...

Para hacerlo mejor y con más comodidad, me arrodillé en el suelo pedregoso, sin importarme el ardor de la piel de mis rodillas, y continué.

Sus dos grandes y suaves huevos, con largos pelos en los costados y por encima en el nacimiento de su polla, sonrosadotes, me invitaban a lamerlos, su mata de pelos del pubis a chuparla, su polla a mamarla hasta extraerle todo su jugo.

Cumpliendo mis deseos, me dediqué a los suyos y me metí el capullo en la boca, subiendo con la mano el prepucio hasta la punta, la volví a bajar apretándola entre mis labios, mientras la polla me avanzaba hasta la garganta y con toda la boca y mi lengua chupé, mamé, lamí el largo, grueso, suave, tierno y duro falo que por poco me ahogaba y que me hacía abrir más la boca y volver apretar, sacando de él más y más líquido espeso y que me dejaba la boca un tanto áspera... continuando así hasta que le vi levantar la cabeza, cerrar los ojos y adelantar la pelvis, empujando con ambas manos la mía a su cuerpo, produciéndome una penetración profunda y sentí como empezaba a eyacular en mi boca, en mi garganta, en mi lengua, con estertores que le hacían apretar el culo, acercar y alejar la pelvis, meter y sacar la polla, encoger y estirar las piernas, abriéndolas y volviendo a cerrarlas...

Yo, que me masturba mientras con una mano y con la otra tenía cogida una de sus nalgas, me corrí también tan abundantemente que habría creído que me meaba a no ser por el placer de la eyaculación...

Cuando acabamos, simplemente se subió el short y mirándome serio dijo_

-Como digas algo sobre mi cagada..., yo contaré que me la chupaste y te hice tragar mi leche..

Se dio media vuelta y se fue.

 

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