Visita a domicilio
Pasó una semana y estuve dándole vueltas a lo que había
sucedido. Al día siguiente tenía muy claro que debía obedecerla tal y como me
había ordenado, si no quería dejar de gozar de una vida con bastantes lujos que,
de otra forma, me serían prohibitivos.
Por otro lado, no soy una persona que se entregue así como
así a las adversidades, por lo que en cuanto fui a trabajar el lunes siguiente,
empecé a darle vueltas al asunto. Me informé en el departamento de personal de
todas las posibles causas y motivos por los cuales podían echarme a la calle y
la verdad es que era complicado despedir a un trabajador sin un motivo claro y
evidente. Debería ir con mucho cuidado en mi trabajo y no cometer ningún error
grave, pero la verdad es que aquella bruja lo tenía complicado para putearme.
A medida que fue pasando la semana, me fui envalentonando y
empecé incluso a pensar que sus amenazas fueron tan solo para asustarme. La tía
debía estar cachonda y seguramente insatisfecha sexualmente (¡cualquiera
satisface a aquel pedazo de mujer!) y me tocó a mi hacerle pasar las calenturas.
En el fondo dudo que estuviera muy enamorada de su marido, así que… me parece
que haría caso omiso de sus advertencias y, evidentemente, no iría a su consulta
sin ningún motivo real.
Llegó el viernes y me fui con mis amigas a cenar y de fiesta.
Esa noche conocí a un chico muy apuesto, de veinte y pocos años, con el que me
lo pasé de muerte bailando, bebiendo y luego follando toda la noche… ni me
acordé de la alemana cachonda que pretendía dominarme… pobre desgraciada. El
chico se fue al alba, después de desayunar juntos. Aunque parezca increíble el
chaval me preparó el desayuno, con zumo de naranja incluido y una rosa… vamos,
fue hasta romántico y todo. A pesar de eso dejamos las cosas claras y quedamos
en que no nos volveríamos a ver, a menos que coincidiéramos por casualidad otro
día.
Tenía todo el fin de semana por delante, por lo que me lo
tomaría con calma y descansaría de la semana dura de trabajo. Salí a comprar un
par de cosas que me hacían falta y noté que estaba algo mareada. Pensé que era
por no haber dormido demasiado la noche anterior, por lo que no le di
importancia.
Al llegar a casa me tumbé en el sofá un rato, porqué noté que
estaba débil. Hacía calor y lo asocié con el acaloramiento que había cogido
comprando. Me levante para prepararme algo de comer, pero la verdad es que no
tenía mucha hambre, así que me preparé una ensalada y volví al sofá. El mareo no
se iba y me sentía débil. La cosa se estancó ahí, no fue a peor, por lo que
pensé que se me pasaría si dormía una pequeña siesta.
Dos horas más tarde me desperté, me levanté a beber agua y vi
que estaba igual, seguía con ese malestar que no se marchaba. Por un momento se
me ocurrió irme a dormir y pensé que mañana sería otro día, pero como tenía unos
síntomas muy raros, decidí llamar al médico de urgencias. No era la primera vez
que les llamaba por un catarro o una gripe y en seguida me habían venido a
visitar. Cogí el teléfono y llamé. La chica que me contestó me hizo un par de
preguntas para tener una ligera idea de lo que me pasaba y decidió mandarme a un
médico de urgencias, al no poder concretar a qué se debían los síntomas.
Al cabo de veinte minutos llamaron al interfono. Me levanté
como pude y me envolví con la manta.
- ¿Si? – Dije con una voz débil. – Soy el doctor de
urgencias. La voz me sonó de mujer, pero grave, pero no le di importancia,
porque no estaba para curiosidades en aquel momento. Abría la puerta de la
escalera y dejé también abierta la puerta del piso, de esta forma me ahorraba un
viaje ya que no estaba para grandes esfuerzos.
Al cabo de dos minutos oí el ascensor y como alguien salía y
se dirigía hacia la puerta. Eran pasos de zapatos de tacón, lo que confirmó mi
sospecha que era una mujer…. Con voz grave… con acento….. mmmmmierda…. No podía
ser…. Por un momento empecé a sudar, de golpe. Me levanté,como por instinto,
hacia la puerta… una terrible sospecha merodeaba por mi cabeza y solo pensé en
cerrarla. En el ímpetu de la acción y debido a mi estado débil, tropecé con la
manta y caí al suelo del comedor, justo delante de la puerta que daba al
pasillo. Me di un buen golpe que me dejó unos segundos distraída, intentando
recuperar mínimamente la conciencia. Lentamente me fui incorporando al mismo
tiempo que levantaba la vista hacia el pasillo… justo delante de mi cara tenía
unos zapatos, unos zapatos terriblemente familiares. Lentamente alcé la mirada y
la vi allí, con el maletín, sonriendo. Lo dejó en el suelo y se puso en
cuclillas delante de mi, cogíéndome del pelo alzándome lo suficiente para que la
viera mejor la cara.
- Hola Lara, ayer me dejaste plantada en la consulta. Creo
que no entendiste bien mi mensaje. Ya sabes que visitar a tu ginecólogo con
cierta frecuencia te evitará males mayores en el futuro-. Me soltó de golpe y
caí de bruces dándome otro golpe en la cara. Luego noté como me cogía por el
jersey y los pantalones y me levantaba a pulso llevándome al sofá. Me sentó en
un extremo mientras ella se sentaba en el otro. Me sentía débil, mareada, pero
suficientemente despierta como para ser consciente de lo que sucedía. Aquella
psicópata estaba en mi casa, dispuesta a hacer conmigo lo que le viniera en
gana, aprovechándose de mi enfermedad… por otro lado curiosa, ya que nunca me
había sentido así, era como si estuviera drogada.
La doctora se puso de pie y empezó a desnudarse lentamente.
Se quitó el abrigo que llevaba y lo dejó en una de las sillas del comedor. Se
desabrochó la blusa y me mostró de nuevo ese cuerpo bien formado que seguía tan
esbelto como lo recordaba en la consulta. Bajándose la cremallera de la falda
ésta cayó a sus pies. Con una simple patada la apartó. Con los brazos en jarra
me miraba lascivamente, pensando por donde iba a empezar. Yo no tenía fuerzas ni
para gritar ni para levantarme, por lo que asistía impasible al espectáculo sin
poder hacer nada.
Se dio media vuelta y se dirigió a su maletín, de donde sacó
unas cuerdas, una mordaza de las típicas que se usan en el mundo del sado, con
una bola roja y dos tiras de cuero que se abrochan con una hebilla. Sacó algo
más que dejó sobre la mesa del comedor pero que no llegué a ver. A cada paso que
daba marcaba todos y cada uno de sus músculos que se encargaban de recordarme
que ella tenía el control y que yo no era más que una presa totalmente indefensa
que no podía más que aguantar todo tipo de vejaciones que esa mujer quisiera
infringirme.
Se acercó a mi y me sacó el jersey que llevaba. Debajo tenía
una camisa y no llevaba sostén. Sentándose a mi lado me desabrochó los
pantalones de chándal que me los bajó hasta sacármelos. Al mismo tiempo me sacó
los calcetines dejándome sólo con mis bragas rosas, mis favoritas. De un
manotazo vació la mesita de delante del sofá y la dejó vacía. Era una mesa
robusta, de madera, lo suficientemente grande como para aguantar un peso
considerable. Tenia cuatro patas gruesas que confirmaban su robustez.
Cogíéndome del pelo me levantó y me obligó a sentarme en la
mesa, en un extremo. De un manotazo en la cara me tumbó encima, quedando las
piernas una a cada lado de la mesita, y los brazos justo al lado de mi cuerpo.
Me ató una cuerda a una de las muñecas y la pasó por debajo de la mesa, atándome
la otra. Los brazos me colgaban ahora por fuera de la mesa ya que dejó la cuerda
tensa de forma que no podía mover los brazos. Seguidamente noté como me ataba
los tobillos a las patas de la mesa de forma que quedé totalmente inmovilizada.
No ofrecí mucha resistencia, por no decir nula, ya que me sentía débil de
verdad.
La doctora se sentó en el sofá y me usó como cojín para
descansar sus piernas. Primero las puso justo encima de mi estómago, dejándolas
caer sin ningún tipo de contemplación. Esto provocó una queja por mi parte que,
evidentemente, no obtuvo ningún tipo de respuesta. Pude ver sus piernas cruzadas
justo en mi barriga, con esos zapatos de tacón negros que de forma extraña me
asustaban a la vez que me provocaban un cierto morbo hasta el momento
desconocido. Fui siguiendo la línea que marcaba su pierna y pude ver ese muslo
que hacia casi el doble del mío, en reposo pero aún así marcando claramente los
cuadriceps que se erigían como guardianes de mi cuerpo cautivo.
Como si nada se puso a ver la televisión durante un buen
rato, hasta que decidió cambiar de posición. Mientras su pierna derecha se
acercaba peligrosamente a mi cara, la izquierda se doblaba y se apoyaba sobre mi
coño clavándome en tacón justo en la entrada de mi raja. Cuando intenté quejarme
noté como su otro zapato se encajaba en mi cuello haciendo que no pudiera decir
nada, ya que el problema era mío para poder respirar. Yo no podía hacer nada más
que intentar aguantar estoicamente sus intentos para humillarme y torturarme con
su cuerpo. Lentamente iba aprentando más su pie sobre mi cuello, de forma que su
pantorrilla crecía y se iba endureciendo por momentos. Al mismo tiempo hurgaba
en mi coño de forma que iba consumiendo la poca energía que me quedaba al
ponerme cachonda mientras me privaba de respirar con normalidad.
Así estuvo un buen rato hasta que se levantó y pude recuperar
el aliento. Fue por pocos segundos porque pasó al otro lado de la mesita y se
sentó justo sobre mis tetas, apoyando todo su culo encima de mi, con una mano en
mi cara y la otra en mi coño. Aquí pude notar todo su peso sobre mi, con sus
caderas justo delante de mi cara y su mano que de nuevo me impedía respirar con
tranquilidad. La palma de su otra mano se entretenía acariciándome la
entrepierna y haciendo especial hincapié en mi coño que empezaba a estar húmedo
por los constantes toqueteos y apretones que sufría. Así estuvimos un buen rato
hasta que decidió cambiar de posición de nuevo. Esta vez puso una pierna a cada
lado de la mesa y se sentó justo en mi estómago, de cara a mi.
- Bien Lara, me ha costado pero ya tengo claro que voy a
hacer contigo. Como no se que enfermedad tienes – dijo mientras se le escapaba
una sonrisa como dejando entender que sabía perfectamente lo que le pasaba – Te
voy a aplicar un tratamiento de mi cosecha. Creo que necesitas sentir mi cuerpo,
saborearlo, beber de todos mis jugos; esto es lo que te curará y de esta forma
tendrás una dependencia de mi, no podrás vivir sin visitarme, sin darme placer,
para obtener tu recompensa que te mantendrá viva.
No entendía muy bien lo que me estaba diciendo, pero estaba
claro que no le iba a llevar la contraria. Noté como se descalzaba. Levantó las
piernas y las puso justo al lado de mi cabeza. Me sentía totalmente rodeada de
carne por todas partes, justo delante de mi cara, a los lados... De golpe me
giró la cabeza a un lado con uno de sus pies que apoyó sobre mi mejilla quedando
justo en mi rostro el otro pie.
- Demuéstrame tus lotes lamedoras, Lara, vamos, después de un
día duro de guardia necesito un buen masaje en los pies-. No me quedó más
remedio que rendirle culto de la mejor manera que supe hacer, porque mi
situación era evidente que no me permitía hacer otra cosa. Estuve un buen rato
con uno y luego seguí con el otro.
Cuando se hubo cansado, se levantó y se fue a la mesa del
comedor. Aproveché para respirar. A pesar de lo incómodo de la posición y de
haber soportado su peso durante un buen rato, me estaba encontrando algo mejor…
no imaginé porqué, pero luego lo sabría. Al cabo de unos segundos volvió con la
bola para la boca. Se había quitado el sujetador, con lo que me mostró delante
de mi cara un par de tetas envidiables, erguidas y duras. Por un momento dudó al
ponerme la bola, y la dejó sobre mi camiseta, totalmente arrugada. Se bajó las
bragas y quedó completamente desnuda frente a mi. Tapándome la nariz me obligó a
abrir la boca y me metió sus bragas dentro. Estaban completamente mojadas, y
sabían fatal, pero no me quedó mas remedio que tragármelas y saborear todos los
jugos que había soltado aquella guarra mientras me humillaba. Seguidamente me
introdujo la bola que ató por detrás de la cabeza. Entre las bragas y la bola,
que me obligaba a tener la boca bien abierta, no podía decir ni mu ni dejar de
tragar flujos vaginales.
Cuando me hubo amordazado, se volvió a dirigir a la mesa u
cogió algo que no alcancé a ver en primer momento. Luego se fue acercando a mi y
mis ojos se debieron abrir como naranjas, porqué empezó a reír como una loca al
ver mi expresión
- Vamos, querida, no me dirás que no habías visto nunca una
de estas, ¿No? – me djo mientras me mostraba una polla enorme, unida a un arnés.
Pude ver que justo en el sentido opuesto había otra polla, quizá no tan grande,
pero también de un tamaño considerable. Pasando una pierna a cada lado de la
mesa de nuevo, puso uno de sus pies justo al lado de mi cara y pasó por debajo
una de las tiras del arnés. Seguidamente hizo lo mismo con la otra pierna,
acercándoselo lentamente a su enorme coño que parecía que llamaba
telepáticamente a la polla que se iba a engullir. De forma sensual, todo hay que
decirlo, fue subiéndolo hasta que la punta de la polla empezó a tocar sus labios
vaginales. Con movimientos lentos de mete y saca se la fue introduciendo en su
interior, situando el culo en pompa para facilitar la penetración, con gemidos y
gestos que indicaban que la guarra estaba disfrutando. Una vez la tubo bien
metida dentro, se sujetó el arnés a la cintura de forma que la polla que se
había introducido estaba totalmente oculta y ahora el protagonismo lo acaparaba
otra polla de 25 cm que se alzaba a l’aire de forma provocadora. Lentamente
volvió a sentarse sobre mis pechos, quedando la polla justo delante de cara. De
forma humillante empezó a jugar con ella, pasándomela por los ojos, la nariz,
las orejas… estaba como "presentándome" el artilugio que usaría para violarme
unos instantes más tarde. Para prepararme volvió a sobarme el coño por encima de
las bragas, metiéndome la tela dentro de la raja y volviéndola a sacar.
Así me tuvo un buen rato hasta que se cansó y se levantó. Yo
me sentía bastante mejor, como con fuerzas. Quizá si me hubiera encontrado así
no le hubiera sido tan fácil dominarme. Entonces desapareció de mi vista, como
si se hubiera ido. Miré hacia delante y vi una cabeza que se acercaba a mi coño.
Unas manos fuertes me cogieron las bragas y me las fueron bajando por mis muslos
hasta que la tensión de mis piernas se lo impidió. De un golpe seco me las
arrancó. Se puso a olerlas, lo que le provocó un estado de locura transitoria
que me asustó más de lo que ya estaba, si cabe. Acercando lentamente su cara a
mi raja noté su aliento cerca del clítoris, que latía esperando que alguien le
diera el placer merecido. Se tomó su tiempo hasta que se decidió a darme ligeros
besos en mi botoncito, lentamente. Siguieron unos lametones suaves que se fueron
intensificando a medida que mi cuerpo reaccionaba al placer que me estaba dando
la doctora. Estirando sus brazos me levanto la camiseta dejando mis pechos al
desnudo, lo que le permitió jugar con mis pezones que se estaban endureciendo
por momentos bajo sus dedos. Su lengua ya se introducía en mi coño como si se
tratara de una pequeña polla que me estaba follando muy suavemente.
Mis piernas se tensaban, al igual que mis brazos sin poder
hacer nada para evitar que me estuvieran poniendo cachonda, o quizá para apretar
más su cabeza a mi entrepierna… no lo se, la cuestión es que la tía sabía muy
bien como masturbarme sin dejar que llegara al final.
Cuando me tuvo a punto se subió a la mesa y se fue estirando
sobre mío, hasta que su cara quedó justo delante de la mía. Como quien no quiere
la cosa la punta de su falo de látex quedó justo en la entrada de mi coño, lo
que me sobresaltó al recordar el tamaño que tenía ese aparato. Intenté moverme
instintivamente, pero mis ataduras y su peso hizo que prácticamente mi posición
no variara ni un milímetro. Acariciándome el pelo fue penetrándome lentamente,
metiendo y sacando la polla que cada vez se introducía más y más. A media que
avanzaba en su camino, las caricias en mi pelo se convertían en agarrones para
asirse mejor a mí. Su cara se iba desencajando mostrándome un orgullo de mujer
vencedora que se estaba follando a la examante de su marido.
Finalmente la polla llego hasta el fondo, lo cual me produjo
una mezcla de dolor y placer que no podía aliviar con gritos, porque estaba
completamente amordazada. Sus movimientos pélvicos provocaban, a parte de forma
mi coño con un ariete digno de una guerra medieval, que la polla que ella tenía
en su raja también se introduciera y sacara al mismo ritmo, de forma que la
guarra se estaba masturbando con mi cuerpo como punto de apoyo.
- Bien… carinyo….. es la polla de mi marido tan… hummmmm…
grande como esta, ¿Eh? Aaaaaaah…. Te gusta como te ffffff…. Hummmm… follo? – El
ritmo iba en aumento y a pesar de sentir un placer enorme, no parecía que
pudiera llegar al orgasmo… extraño porque estaba muy caliente y en condiciones
normales habría tenido que llegar ya al éxtasis… quizá la situación no me
permitía concentrarme, no lo se, pero si que puedo asegurar que estaba
disfrutando a la vez que sufría esta violación por parte de mi ginecóloga.
Cuando pensaba que ella estaba a punto de llegar, paro y sacó
la polla de un golpe, dejándome vacía de golpe. Esto me provocó un cierto dolor
que quedó ahogado en mi mordaza de encaje y goma. Sin pensárselo dos veces me
soltó los tobillos de la mesa y me levantó las piernas de forma que quedaban por
encima de mi cabeza. Ató la cuerda a las patas que estaban justo al lado de mi
cabeza y quedé como si estuviera en medio de una voltereta encima de mi mesita
del comedor. Entonces la doctora se sentó en la mesa y se acercó a mi culo…
rápidamente pude ver sus intenciones: esta vez la polla apuntaba a mi culo, que
quedaba justo a la medida para ser penetrado.
Empecé a mover la cabeza diciendo que no, suplicando con la
mirada para que no me penetrara, ya que era virgen y no me había gustado nunca
que me la metieran por allí. Esta claro que mi desesperación la puso más
caliente si cabe y se pego a mi trasero mientras encaraba la polla a mi
agujerito. Lo lubrificó con su mano y encaró la punta de forma que se aguantara
sola, sin las manos. Me cogíó de las caderas y mientras yo decía que no con la
cabeza, ella asentía con la mirada perdida ya que mantenía la otra parte de la
polla en su interior y debía sentir un placer constante por ello.
Empezó a introducir la polla en mi culo acercando sus caderas
a las mías hasta que la polla quedó del todo dentro. Al tener un culo tan
estrecho, el dolor fue considerable y sus movimientos para meterla y sacarla
solo servían para masturbarse ella, ya que se había aflojado el arnés y ahora su
polla entraba y salía libremente de su lubrificado coño mientras que la otra
extremidad estaba clavada en mi interior sin poder hacer nada para evitarlo. Se
agarró de mis tetas para sujetarse mejor y follarme más cómodamente. Me tuvo así
durante 20 minutos hasta que llegó al orgasmo soltando un grito aterrador que
espero no oyeran mis vecinos. Durante unos segundos se quedó inmóvil, jadeando
intentando recuperar el aliento. La saliva caía por la comisura de mis labios,
después de no notar ya el saber de las bragas en mi boca. Estaba agotada pero a
la vez cachonda porque no había llegado al orgasmo, aunque cualquiera le decía
nada a esa psicópata.
Se levantó sacando la polla de golpe de mi culo, lo que
provocó que alguna lágrima saltara de mis ojos del dolor que me había provocado.
Me soltó las piernas que cayeron a peso sobre la mesa y me quitó la mordaza y
las bragas de la boca. Empecé a toser para recuperar la saliva que había
perdido. No me costó mucho recuperarla cuando la doctora se sentó de nuevo en mi
cara, con el coño empapado de sus jugos y me obligó a dejárselo bien limpio. Me
agarró del pelo y me aplastó la cara a su raja hasta que quedó bien limpio.
Después de quedar satisfecha me soltó y se vistió de nuevo,
mientras extendía una receta y la dejaba sobre la mesa.
- Te sientes mejor ahora, ¿Verdad? – me dijo mientras yo
intentaba recomponerme como podía. Tenías los músculos agarrotados, un mal sabor
de boca importante, mi culo y mi coño totalmente irritados y un orgasmo
pendiente que me estaba pendiendo de muy mala leche.
- Bien, pues como te he comentado, tiene suna enfermedad que
dependencia hacia mi. Hoy has probado diferentes fluidos corporales de mi cuerpo
que te han aliviado, ¿No? – era verdad, desde que me obligó a lamerle los pies,
tragar los flujos de sus bragas y chuparle el coño, me encontraba mucho mejor…
pero ¿Cómo coño…? No entendía nada.
- Espero que el viernes que viene no faltes a la consulta,
porque los efectos de lo que has "tomado" hoy te durarán 4 o 5 días, no más.
Deberás venir a tomar tu ración semanal o si no acabarás tan débil que tu
corazón no resistirá y dejará de latir… tu decides.
La guarra me tenía cogida, bien cogida si lo que decía era
verdad. Tenia pocos días para averiguarlo, pero esta vez me lo pensaría dos
veces antes de no asistir a su consulta.
Cogió sus cosas y se marchó, sin decir nada. Me quedé
pensando en todo lo que había pasado a la vez que me sorprendí a mi misma
metiéndome la mano por dentro del pantalón del chándal y masturbándome para
llegar a ese maldito final que no había logrado antes. Me costó un montón, lo
que me dio la pista que la droga o lo que rayos fuera que me hubiera dado esa
mujer, además de obligarme a depender de ella me impedía lograr un orgasmo
fácilmente, y solo lo podía conseguir después de ingerir mi dosis de jugos,
flujos, saliva, sudor… y prefiero no pensar que más que pudiera salir de su
cuerpo.
Me tenía comiendo de su mano… pero intentaría hacer un último
esfuerzo para librarme de este cautiverio sin paredes al cual me había sometido.
Si no, sería su esclava de por vida y, la verdad, no me apetecía nada.