Querido lector/a, ante todo quiero aclarar que esta historia
es producto de la imaginación del autor. No dudo que los hechos aquí narrados
pudiesen suceder pero de momento transcurren enteramente en una hoja. Si tienen
una duda, quieren dar un consejo o sólo pretenden hacer alguna que otra amistad
no duden en escribir a mi correo.
El viernes había llegado y por suerte tenía planes. Por la
mañana me habían llamado para invitarme a un fiesta que organizaba una amiga en
su casa. Sus padres estaban de viaje, así que todo se valía, música, bebidas y
mucha diversión. Durante toda la tarde busqué la ropa ideal para llamar la
atención pero sin perder mi dignidad. Revolví entre todas las cosas que tenía
hasta que encontré finalmente lo que estaba buscando. Luego de bañarme y
maquillarme decidí ver como me quedaba la prenda que había elegido, el espejo
decía a gritos lo sexy que estaba. Mi pollera de verano color rojo era perfecta
para exhibir mis piernas, y la camiseta negra que adornaba mi parte superior
hacía notar perfectamente mis senos, al mismo tiempo dejaba algo a la
imaginación.
Por suerte la casa a donde tenía que ir no quedaba muy lejos,
así que después de reunirme con unas amigas emprendimos camino a pie. A la
distancia la música sonaba muy fuerte, también se veía a los invitados que
llegaban de todos lados. La casa estaba llena de gente, todos se divertían de
una forma u otra, algunos solos, otros con parejas, en fin, como siempre sucede.
En medio de la fiesta me di cuenta que un chico me miraba, se hacía el tonto
cada vez que yo le devolvía la mirada como casi todos los hombres. Aún así
sentía punzante como se clavaba su mirada en mi cuerpo, en mis piernas, en mis
pechos, mi boca, mi cola. Decidí mirarlo un poco más, para inspeccionarlo. El no
estaba nada mal, era más alto que yo, tenía el pelo corto y bello facial,
varonil si me preguntan. No perdía nada con probar suerte con este chico,
rápidamente tomé la decisión, la música no tardó en ponerse alta allí aproveché
para acercarme y atacar. Llegué hacia él por detrás (para que no me viera) y
palpé su hombro.
"Hola" dije colocando en mi cara la sonrisa más grande y
cautivadora que pude sacar.
El se dio vuelta y se quedó mudo ante mí. Comenzó a
tartamudear, buscando alguna palabra que lo dejara bien parado.
"No te voy a morder ni nada raro" le aclaré.
"Ehmm, si, perdona, hola"
"¿Tenes ganas de bailar?"
"¿Con vos?"
"Si, conmigo"
"Creo que sí, si, esta bien"
Se notaba que era tímido, eso me cautivaba. Dicen que las
personas tímidas y calladas suelen tener mucha energía guardada, y yo quería
saber si era cierto. Luego de estar un rato bailando le pedí que fuéramos a un
lugar más tranquilo, para conversar un poco. Subimos por las escaleras y
llegamos a una de las piezas de la casa, que por suerte estaba vacía. Apenas
entramos comenzamos a besarnos sin nada de timidez. Así nos fuimos moviendo
hasta que yo quedé sentada en la cama, y el parado enfrente mío.
"Vení para acá que te voy a dar un trato especial" le dije
con muchas ganas de probar su miembro.
El se acercó hacia mí, pero en vez de dejarme hacer mi
trabajo hizo que me recostara mientras se colocaba sobre mí. Sus manos empezaron
a tocar mis piernas, mis pechos, mi cara, sus labios recorrían mi cuello y sus
latidos rebotaban en mí. Sin darme tiempo a nada fue quitando mi blusa hasta
dejar mis pechos a la vista. Mi pequeña pollera a esta altura había subido hasta
la cintura, lo único que me cubría en ese momento era mi bombacha blanca. Una de
sus manos comenzó a bajar buscando el calor de mi entrepierna, buscándome. Sus
dedos me tocaban por sobre la ropa interior, apretándola contra mi vagina que ya
estaba algo mojada. El parecía saber lo que estaba haciendo ya que sus manos
cubrían los lugares correctos y me hacían desear más, mucho más. No esperé mucho
tiempo en ponerme boca abajo, quería que tuviese la vista perfecta de mi cola,
quería maravillarlo con mi cuerpo natural. El comenzó a besar mis espalda con
sus contagiosos labios mientras iba bajando, retirando mis bragas que ya me
parecían molestas para cargarlas. En la posición en la que estaba no podía
observar exactamente lo que estaba sucediendo, tenía que conformarme con lo poco
que podía ver. Cuando me desnudó del todo comenzó a subir hasta que su cara tocó
mis nalgas, su boca quedó a la altura de mi raya y yo ya sabía lo que tenía
planeado.
"No me dejes esperando" dije.
"Claro que no"
Con sus manos hizo a un lado mis cachetes y se dispuso a
darme placer. Cuando su lengua tocó mi cuerpo que mi piel se erizó de golpe, un
pequeño gemido se liberó de entre mis labios, un gemido para liberar tensiones.
Su lengua cubría mi vagina de una forma deliciosa, lo sentía sobre mí, abarcando
toda mi zona privada con tal delicadeza que me llevaba al borde del éxtasis;
rodeaba de una forma húmeda mis labios vaginales, formando círculos
interminables. Cuando estuve bien mojada él se preparó para penetrarme pero yo
lo detuve, tenía una idea más perversa.
"¿Alguna vez se lo hiciste a una chica por atrás?" pregunté.
"No, nunca ¿vos tenes experiencia?"
"No, pero podríamos probar, ¿qué te parece?"
"Bueno" dijo emocionado.
Tenía muchas ganas de probar como era tener sexo por allí
detrás, el ambiente era ideal, se podría decir la frutilla del postre. Yo me
giré hasta quedar boca arriba, deseosa de ver todo lo que iba a suceder. Llevé
mis piernas hacia mi cuerpo y le pedí que me metiera un dedo en el ano, para que
me vaya acostumbrando. El acercó su mano y suavemente fue metiendo su dedito por
el lugar que nunca había entrado nada ni nadie. Al principio sentí una sensación
algo rara, me apretaba, el iba despacio para no hacerme daño, así estuvo un rato
probando con dos dedos para agrandar mi hoyo. Cuando sentí que estaba lista le
dije
"Me parece que ya estoy lista"
"¿Segura?"
"Si, si, vení por favor"
El deseo me carcomía por dentro e imploraba sexo. El se
acercó hacia mí y puso la punta de su lindo pene en mi entrada trasera,
dispuesto a penetrarme. Con cuidado comenzó metiendo el glande por mi agujerito,
lento para no hacernos daño. En ese momento el ano comenzó a arderme de manera
grotesca, se fruncía a medida que él iba entrando, como luchando contra el
impostor.
"Despacito, despacito por favor" decía a punto de llorar.
Trataba de contener la respiración para hacer desaparecer lo
que estaba sintiendo, no me malinterpreten, deseaba el sexo anal pero no estaba
segura de poder soportarlo, sentía ganas de llorar, de patalear y tirar todo.
Finalmente consiguió introducirme gran parte de su miembro, sentí que el dolor
era mayúsculo, pero decidí aguantar para ver que pasaba. Por suerte mi ano se
fue acostumbrando a medida que se iba abriendo, a los pocos minutos no tenía
mucha dificultad en recibirlo cómodamente.
"Ahora se siente rico, movete sin cuidado" le pedí.
El comenzó a entrar y salir de mi interior, un movimiento
acompañado con caricias, me penetraba de una forma fluida, era delicioso y tan
prohibido. Su cuerpo arremetía contra el mío, y los golpeteos entre los dos
llenaban el cuarto junto con nuestros jadeos. Mi piel sentía claramente su
respiración y su sudor, liberándose en cada movimiento que hacía, en cada
estocada que daba. Supe que el dolor que había sentido al principio había valido
la pena para gozar tan libremente, no había tomado una decisión equivocada.
Estuvimos en esa posición un par de minutos hasta que yo decidí que era hora de
probar otra.
"Dejame montarme por favor" pedí.
El quitó su pene de mi ano y se recostó en la cama. Mientras
tanto yo sentía con asombro como había aumentado el radio de mi pequeño agujero,
lo toqué para estar segura, sin duda allí atrás se había formado un gran
agujero. No le di mucha importancia ya que sabía que en unos días volvería a la
normalidad. Me tomó un poco de esfuerzo acomodarme sobre él, al final me coloqué
con las piernas abiertas y las rodillas dobladas, lista para el segundo round.
Comencé a bajar hasta sentir su pene, de una sola vez lo metí en mi cola con
mucha facilidad gracias a la abertura que ahora poseía. Apoyé mis manos a un
lado y me dispuse a montarlo como una verdadera maestra del sexo anal, lento
para sentirlo perfectamente. Sentir su pene duro en mi interior era algo que me
hacía ser egoísta, no quería que nadie más disfrutara tanto como lo hacía yo,
nadie. Me maravillaba ver como me penetraba. El me miraba a los ojos y me
sonreía entre gestos de placer, yo también le sonreía cómplicemente. Queriendo
más mojé uno de mis dedos con saliva y empecé a frotarme el clítoris de un forma
loca.
"¿Te gusta? ¿te gusta mi cola estrechita?" preguntaba
totalmente animada.
"Si"
"¿En serio te gusta? no estoy segura"
"Mmmm, me encanta"
Seguimos moviéndonos sincronizados, colmándonos de placer,
conociéndonos de la mejor forma posible. Luego de un rato mi silencioso amante
me hizo señas de que iba a acabar, al parecer lo apretado de mi ano le daba
mucho placer y regocijo.
"¿Vas a acabar?" pregunté.
"Si, no doy más"
"Esta bien, acaba conmigo, no te preocupes" dije sin saber
que decía.
No creo poder describir esa sensación, sentía como él llegaba
el #######, sentía toda su pasión encendida quemando mi cuerpo. En fin, tanto
placer hizo que me dejase llevar allí mismo junto con él. Mi ####### duró lo
mismo que un gemido imposible de contener, eternamente. Al mismo tiempo su leche
inundó mi interior, se sentía húmeda y tibia, abundante... muy abundante. No
pude contenerla, era demasiada.
"¡Sacala, sacala rápido que me muero!" le pedí desesperada.
El se quitó de mi interior y me dio espacio para moverme.
Algo incómoda me dejé caer, abrí mi cola con las dos manos y allí mismo comencé
a expulsar sus jugos instintivamente. El miraba como mi cuerpo rechazaba su
esperma y me preguntó algo sorprendido
"¿Eso es normal?"
"Creo que sí, por ahí tienen que salir cosas, no entrar" dije
tratando de tranquilizarme.
Yo no sabía mucho de este tema, obviamente iba aprendiendo
con la práctica pero estaba en lo correcto. Luego de asearnos un poco con lo que
teníamos a nuestro alcance volvimos a la fiesta, allí el dolor de mi ano se hizo
notar, pero pude contener mis dolencias ante todos, con esfuerzo. Aún así la
noche había sido magnífica, había probado por primera vez un placer diferente y
me había gustado. Cuando decidí que era hora de irme busqué al chico en cuestión
pero no pude encontrarlo, una lástima. Igual no estaba deprimida, habíamos
pasado un gran rato que de seguro no olvidaríamos ninguno de los dos.