Escribo esta historia sin el consentimiento de ella, aunque
se que cuando se la haga leer se excitará nuevamente como sólo ella sabe
hacerlo. Esto me sucedió la pasada noche buena, jamás lo hubiera imaginado, es
verídico ciento por ciento, aquel que no lo crea, allá el.
Tengo 23 años recién cumplidos, vivo con mi hermana y mis
viejos, trabajo y no estoy en pareja. Mi familia es muy unida a la de la hermana
de mi mamá, mi tía. Tanto, que vivimos unos a la vuelta de los otros, nosotros,
y en la manzana de enfrente, a la vuelta de la esquina, mi tía, con su marido,
su hija y mi abuela.
Tanto mi abuela con sus hermanas, así como mi madre y mi tía
con sus primos siempre han sido muy unidos. Hasta alrededor de mis diez o doce
años, las fiestas de navidad y año nuevo la festejábamos la familia completa en
casa de una de las primas de mi mamá, allí concurríamos para que se entienda
bien, mi abuela y sus hermanos y hermanas, con sus respectivas familias, mi
madre, mi tía y todos sus primos con sus correspondientes hijos.
En los últimos diez años esta tradición se había perdido,
pero a raíz de que hijas e hijos de las primas y primos de mamá, habían tenido
ya sus respectivos hijos, casi todos de bebés a niños de dos o tres años, mi
madre se había estado cruzando este último tiempo con sus primos en ocasión de
los nacimientos. Así, decidieron darles una alegría a los pocos "viejitos" de la
familia que aún quedaban y estas fiestas las pasaríamos en casa de mi tía como
era hace diez años, todos juntos.
Así fueron llegando, las tías y tíos de mamá, hermanos de mi
abuela, rondaban los setenta años. Mi madre, mi tía, sus primos y respectivos
maridos y esposas, alrededor de los cincuenta. Los hijos de ellos, alrededor de
los treinta, y por último mi hermana (de veinticinco), yo (de veintitrés) y mi
prima (de siete), hija de mi tía, la menor de todos los primos (con cuarenta y
cinco). Así, la reunión se separaba en matices de edades. Los más grandes,
progenitores de todos los primos de mi madre, mi madre y sus primos y luego sus
hijos, con los que ni mi hermana ni yo nos llevábamos familiarmente por no ser
primos directos, sino hijos de primos, pero que tampoco nos llevábamos mal,
después de todo, eran gente agradable ya casada pero de tan sólo cinco o diez
años más que nosotros.
Entre todas las primas de mamá hubo una que particularmente
me llamó la atención, Susana, esposa de un primo de mi vieja, rondaba los
cincuenta años y realmente estaba tan buena como hace diez, quizás mejor, de
esas mujeres que te calientan con sólo verlas, estaba algo más gordita, pero
siempre simpática, atenta, bien maquillada y sabiendo mostrar sus buenas tetas y
macizas piernas. Había llegado con su marido y un hijo, que luego del brindis
partió a casa de su novia. Todo transcurrió alegre y armonioso, lo único que
llegaba a molestarme un poco era que todos los primos y primas de mi vieja no
dejaban de decirnos tanto a mi hermana como a mí "que grandes están", "como
crecieron" y todas esas pavadas. Supongo que mi madre haría lo mismo con los
hijos de sus primas y primos.
Todo era muy alegre, comida, música, algunos bailando, todos
conversando, en fin. Los primos hacían cada cual la suya, no así los hijos de
ellos, que cada uno permanecía con su respectiva pareja e hijos, pero los
grandes no, creo que el acostumbramiento hace que las parejas se liberen un
poco. Después del brindis de las doce horas, algunos fueron dejando la casa, por
ejemplo, las hijos o hijos de los primos de mamá partían a casa de familiares de
sus parejas a saludar por la noche buena, algo que se estila mucho aquí en la
Argentina, y así también, mi hermana saldría a bailar o quién sabe que cosa con
sus amistades y yo iría a casa de algunos amigos.
La fiesta se desarrollaba en el fondo de la casa de mi tía y
en una de mis entradas a la casa para ir al baño me tope con Susana.
S: Todo bien?
Y: Sí, todo bien, vos?
S: Bien, un poco depre (depresiva) te diría…
Y: Por?
S: No sé, verlos a todos ustedes (por los hijos de los
primos) tan grandes, algunos ya casados, con hijos, me hace sentir un poco
viejita ya.
Creo que el alcohol ya empezaba a marcar a algunas personas, sino no se
explicaba que esta mina me dijera esas cosas, no la veía hacía casi diez años y
no teníamos casi relación.
No supe que contestarle, pero creo que le dije algo como:
Y: Dejate de joder, si a vos te deprime el paso de la edad,
qué tendrán que decir los demás…
S: Ja! – Sonrió – Qué piropo, quién te manda a vos, Papá
Noel?
La conversación terminó ahí, algunos otros primos entre ellos
mi vieja entraban a dejar bandejas en la cocina y buscar bebidas, me la quedé
mirando como se iba con ellos hacia más adentro de la casa, llevándose su cuerpo
maduro y excitante dentro de un vestido de tela tipo gamuzada celeste, con
cinturón de cuero negro que resaltaba su cola.
Salí del baño y la reunión ya se repartía tanto dentro como
fuera de la casa, pasé un rato con mi viejo y algunos primos, y luego con mi
hermana y unas amigas de ella que habían venido a buscarla para luego irse y
seguir la fiesta en otra parte.
Me acerqué a mi vieja que estaba con el marido de Susana y
algunos más, en eso, el hijo de Susana se acercó al padre y le dijo, me voy a lo
de xxxxx (no recuerdo el nombre realmente), se iba a la casa de la novia,
ustedes vienen?, le preguntó al padre, vamos, qué se yo preguntale a tu madre
que quiere hacer.
Llegó su Susana y mientras ellos conversaban sobre su futuro
esa noche, mi vieja me preguntó que hacía yo, le dije que estaba esperando que
me llamen mis amigos para ver dónde se juntaban y me iba con ellos. Cuando
contesté esto, Susana prestaba atención a mi respuesta, lo noté de reojo y tras
vacilar un rato, Susana contestó a su familia (marido e hijo) que fueran
tranquilos, que ella se quedaba un rato más con nosotros en la casa, "total,
alguno me alcanzará hasta casa después, no?", dijo mirándonos al resto que
hacíamos la ronda juntos.
Mi vieja contestó "si, dale, nosotros te llevamos, o la
alcanzás vos (mirándome a mí)", "no tengo problema" dije, no me quedaba otra
respuesta que asentir a la iniciativa de mi vieja y a los ojos de Susana que me
miraban fijo. A esa altura ni soñando pensaba que lo hacía para que la llevara a
su casa y seducirme como me sedujo.
Ya eran cerca de las dos y media de la mañana y me acerqué
donde estaban mis viejos y les avisé que en un rato me iba a lo de mis amigos,
pasé adentro de la casa a llevarles algo de tomar como me habían pedido. Agarré
un par de botellas y saliendo hacia el fondo de nuevo me crucé con Susana y
otras dos mujeres, esposas de otros primos (basta de primos por favor) que al
verme con algunas botellas me soltaron: "todo eso te vas a tomar?"
Y: No, se las llevo a los viejos así no se quejan más, yo en
un rato me voy de mis amigos…
Susana me siguió unos pasos y me dijo:
S: Para que lado vas vos?
Y: Acá nomás cerquita, por? – Contesté tratando de safar
presintiendo que me iba a manguear que la alcance a la casa tal como había dicho
mi vieja.
S: No, porque si no te jode, yo me estoy aburriendo un poco
ya, capaz podías alcanzarme a casa – dijo poniendo cara de pobrecita.
S: Además, preferiría irme con vos, los demás tomaron
demasiado como para manejar me parece.
Tenía razón, pero llevarla me implicaba retrasarme en mi
llegada a ver a mis amigos.
Y: Para dónde vas?
S: Acá cerquita también, Villa del Parque (barrio paquete
donde vivía), sino dejá me pido un taxi… - otra vez con sus ojitos mirándome
fijo.
A esa altura ya me resultaba rara su insistencia conmigo pero empezaba a
gustarme.
N: No, yo te alcanzo, no hay drama.
S: Seguro? – insistió – Sino me tomo un taxi, en serio.
N: No, deja de joder, te alcanzo…
S: Bueno, cuando estés avisame.
Deje las bebidas que llevaba y salude a algunos, a otros no,
todos estaban cada cual en la suya y que alguien se fuera de la casa pasaba casi
inadvertido, busqué a su Susana y le dije, vamos?, agarro el abrigo y la cartera
y salgo, contestó, ok, yo voy saliendo, y fui saliendo para la puerta.
Al minuto apareció y salimos. Caminamos unos metros hasta el
auto y le abrí la puerta para que subiera, una sonrisa y un seductor "gracias"
fue su respuesta a mi acto.
Subimos, me puse el cinturón de seguridad y ella agarró el
suyo y tras unos intentos me miró y me dijo, "me ayudás", pidiéndome que le
abrochara su cinturón, ese fue el primer contacto con su cuerpo, mi mano tomó el
cinturón, su mano la mía y durante el recorrido noté como mi mano sin
intenciones rozaba su cuerpo mientras ella me miraba y sonreía gesticulando
agradecerme.
Arrancamos.
Y: Bueno, para dónde ibas?
S: Para mi casa (indicándome el nombre de la calle), conocés?
Y: Sí, trabajo cerca de ahí
S: Qué casualidad, es tuyo el auto?
Y: Sí, por suerte sí.
S: De qué trabajas, debés ganar bien para tener este
cochecito.
Y: En una empresa, en la administración.
S: Bueno, elegí bien creo…
No entendí el comentario y me quedé mirándola.
S: Digo, entre estar en casa de mis futuros consuegros o
viajar con un joven empresario…
N: Ja!, gracias por lo de empresario, pero no es para tanto.
Seguimos camino comentando sobre los festejos y la locura que
la gente tenía en las calles. Sacó un cigarrillo y me convidó.
S: Fumás?
Y: No, a veces, pero ya que estamos, gracias. Aceptando el
cigarro y mientras me daba fuego para prenderlo.
S: A veces, como es eso?
Y: Por suerte no tengo el vicio incorporado, solamente fumo
algunas veces, en salidas, o en ocasiones especiales.
S: Ja!, te entiendo.
Y: Por qué te reís?
S: No sé, pienso, y ahora por qué lo hacés, porque estás
saliendo o porque es una ocasión especial?
Otra vez mirándome, a esa altura ya me incomodaba la
situación me parecía que tiraba indirectas, en verdad me las tiraba.
Y: Porque estoy saliendo esperando que sea una ocasión
especial…
Los dos nos reímos.
S: Qué loca la vida no?
Y: por?
S: Pensar que la última vez que te vi debías tener doce trece
años y correteabas jugando sin parar inocentemente, y ahora, andás diciendo
estas cosas.
Y: Si, no?, así debe ser la vida, los años pasan, la gente
crece…
S: Decímelo a mí lo de "los años pasan" (otra vez lo mismo
que me había dicho la primera vez que nos cruzamos en la casa)
Y: Otra vez te pintó la depre… (repliqué como haciéndole un
comentario gracioso)
S: Sí, no te rías, es difícil ver que todos ustedes fueron
creciendo, se casaron, tienen hijos, y una se va poniendo viejita.
Ahí me decidí, tomé eso como una nueva indirecta, le seguí el
juego (después de todo estaba buena para su edad), con la frase típica.
Y: Algunos se van poniendo viejitos, otros no…
S: Otros no?, por ejemplo.
Y: Qué se yo, yo te veo igual que hace diez años.
S: Epa, tomaría eso como un piropo más sino fuera por que sé
que lo decís para quedar bien.
Y: Te parece que lo digo para quedar bien?
S: Si fuera cierto que no se me nota el paso de los años, mi
marido no me hubiera dejado sola…
Y: Puede ser… pero si te comparás con las demás mujeres…
S: Basta, no me digas esas cosas.
Y: Por?
S: Porque no te lo voy a creer, hace mucho que no me dicen cosas como esas y
menos lo creo siendo dicho por un jovencito como vos.
Y: Vos no necesitás que yo te diga esas cosas, ahora soy yo
el que no te creo que no te digan cosas así por la calle.
S: En serio, ya no me las dicen. Y si las necesito, aunque me
estés mintiendo me levantás un poco la autoestima.
Y: No te estoy mintiendo, qué ganaría con mentirte…
S: No sé… Y qué ganarías con no mentirme?
Sacó otro cigarrillo y era el último, "no te preocupes, paro
a comprar". Paré en un quiosco y al bajar le respondí, "no sé imaginate vos…" a
su pregunta de que ganaría con no mentirle.
Compré cigarrillos y me tentó comprar preservativos, tal vez
me tocaba festejar con alguna amiga, o de última, esta mujer se me estaba
insinuando aunque no se decidía a decírmelo directamente así como tampoco yo a
ella. En verdad, la señora me parecía sexy.
Volví al auto y le di un paquete a ella y me guardé el otro
yo. Sacó la plata para pagarme los cigarrillos y le dije que se deje de hinchar
como le iba a cobrar un paquete de cigarrillos.
Estábamos llegando a su casa.
S: En la otra cuadra, la casa de rejas – Me dijo.
Llegamos y estacioné en la puerta.
S: Bueno, llegamos, gracias.
Y: No es nada, por favor.
S: En serio, gracias por la caballerosidad, fue un placer
haber pasado un rato con un chico tan joven y tan atento.
Y: Por favor, el gusto es mío…
S: Mirá que sos eh? Seguís diciéndome cosas como esas, no voy
a poder dormir esta noche…
Y: No?
S: No, más bien me voy a imaginar que hubiera pasado si no me hubieras mentido
con tus piropos, o reclamándome no haber tenido treinta años menos.
Y: Si hubieras tenido treinta años menos no te hubiera dicho
nada…
S: Bueno chiquito, basta. Qué estás buscando, que te invite a
pasar a casa…
Y: No sé, yo me pregunto lo mismo, qué estás buscando, te
quedaste para al rato irte, e insististe para venirte conmigo…
S: Bue…, tampoco te hagas el ganador, no te olvides que tengo
varios años encima… nada más me tocó un poco que me hayas dicho que no me podía
quejar de los años y que estaba bien comparándome con las demás…
Y: Es que los años te hacen más interesante… sos la envidia
de muchas mujeres y el deseo de muchos hombres, sabés?…
S: Hombres jóvenes como vos? – acercando un poco su cara a la
mía y pasando una mano por mi pecho.
Y: Ya te dije, eso imaginátelo vos, o averigualo si te parece
mejor.
S: Me encantaría averiguarlo… y si me prometés que sabés
guardar secretos, te invito a mi casa ahora, no en vano mandé a mi marido a otra
parte…
Y: Me convenciste, dame un beso – dije tomando su mentón con
mi mano y acercando mis labios a lo suyos.
Me paró con su mano sobre mi boca, "tranquilo bebé, hay
muchos vecinos chusmas, y yo soy una mujer decente, esperá a que entremos a
casa. "Dale, mujer decente". Bajé, y mientras ella bajaba corrí a abrirle la
puerta, salió del auto y frotó su lomo sobre mi cuerpo al ritmo de otro
"gracias..." y una mirada cómplice, caliente.
Entramos a la casa, desconectó el sistema de alarmas mientras
yo cerraba la puerta, una casa grande, lujosa, fruto de las ganancias de su
marido, un prestamista y financista que vive a costa de los intereses de sus
préstamos.
"Pasá, tonto", me dijo avanzando sobre el hall que nos
depositaba en una sala de estar, amplia, moderna y decorada con sillones de
cuero, bar, cortinas de seda y esos lujos de la gente de guita.
Ya en esa sala dejó su cartera en la mesita delante de los
sillones y me convidó un cigarrillo, lo prendí y me lo quitó dirigiéndose al
barcito.
S: Qué tomás?
Y: Lo que gustes, hoy es tu noche, elegí vos…
S: Mi noche, tu noche querrás decir no sabés la que te
espera…
Me acerqué a ella quién de espaldas servía dos whiskys. La
tomé de la cintura sin pegarme a ella y le susurré al oído:
Y: Qué me espera, se puede saber - sacándole el cigarrillo y dando una pitada.
Se soltó de mi y mirando el cigarrillo mientras yo pitaba y
ofreciéndome el vaso me dijo sonriendo "está manchado con lápiz de labio", marca
de su pitada en el cigarrillo. "Y qué, de todas maneras iba a probar este lápiz
de labios de tu propia boquita" – repliqué tocando suavemente sus labios con mis
dedos.
S: Qué poca experiencia tenés bebé – dijo retirándose a los
sillones y sentándose echándose un poco hacia atrás, medio recostándose y
cruzando las piernas.
S: No sabés que a las putas no se las besa… - Agregó
Y: Puede ser – dije acercándome al sillón – pero vos no sos
una puta cualquiera, sos mi (acentué ese mi) puta esta noche.
S: Es la primera vez que vas a estar con una mina más grande?
– sacándome otra vez el cigarrillo.
Y: La primera, y vos, tenés experiencia con pendejos?
S: No, tampoco
Y: Y qué expectativas tenés?
S: No sé, me contó alguna amiga que es lo mejor que le puede pasar a una mina de
nuestra edad, enseñarle a un bebé como vos.
Y: Feliz navidad – Dije proponiendo chocar los vasos para
brindar
S: Por que se cumplan todos tus deseos.
Y: Vas a dejar que te bese entonces?
S: Mmm, no me gusta mucho que me besen, más bien prefiero que
me coman la boca.
Dejé mi vaso, le saqué el suyo y lo dejé sobre la mesa al
tiempo que le pasaba un cenicero para que apagara el cigarrillo después de su
última pitada y me abalancé sobre su boca, tomándola por la cintura sintiendo su
cuerpo rellenito pero no gordo y mojando mis labios con los suyos para proseguir
con las caricias sobre su espalda y sintiendo sus manos sobre mis brazos y mi
pecho mientras su lengua se metía en la mía chupándonos sin dejarnos casi
respirar, aunque de manera lenta, profunda.
En ese toqueteo caliente estábamos cuando sonó un teléfono,
frenamos un poco el ritmo y abrimos ambos los ojos para mirarnos mientras no
cesábamos en el manoseo y los besos, pero viéndonos como pensando si atendía o
seguíamos, me separo de ella y me empujó un poco hacia atrás volviendo a
sentarme, sin darme cuenta casi me había acostado con mi cuerpo sobre el de
ella, aunque por estar de costado en el sillón de las piernas hacia abajo
permanecíamos sentados.
Tomó su cartera, desparramo algunas cosas sobre la mesa y
sacó el celular, miró la pantalla, me miró a mi y pícaramente dijo, "ups, mi
marido…".
S: Hola – Todo bien sí, allá que se cuenta? – Ah, interesante
– No, deciles que ya estoy en casa, que me siento medio mal – No, no me siento
mal de verdad, pero si ya estoy en casa – me trajo el hijo de xxxxx(no voy a
poner el nombre de mi vieja), es un divino pobre, lo hice atrasarse cuando se
iba con sus amigos – Bueno, no te preocupes, disfrutá, divertite, yo ya estaba
por acostarme
Todo eso entre preguntas de él, me miraba haciendo gestos
como diciendo "qué boludo este", ahí vi un lápiz de labios entre lo que sacó de
la cartera y lo agarré, mientras ella seguía hablando con el marido (repito, un
primo de mi vieja que estaba con su hijo en casa de la novia de este) se lo pasé
por los labios remarcándoles ese rojo pasional que los maquillaba.
Cortó la comunicación.
S: Mi marido, para avisarme que tiene para rato, que están
jugando cartas, que hay mucha joda, si quería ir para allá.
Y: Querés que te alcance?
S: Que te alcance la leche para sacarme la calentura quiero –
contestó siendo ella quién ahora tomaba la iniciativa y se venía encima mío
chupeteándome de nuevo.
Sus manos jugaban con mi cuello, mi nuca y la espalda,
mientras las mías repasaban su lomo y sus piernas, al tiempo que sus piernas se
abrían paso entre las mías para sobarme la verga ya parada con la rodilla.
Tanteé el culo y la hice subirse encima mío abriendo sus
piernas para posarse sentada de frente a mí. Seguíamos besando, volví a su
cintura y la forcé a bajar subiéndose un poco su vestido sintiendo el contacto
de su bombacha con mi verga, gimió profundamente retirándose del beso, me agarró
la cara y me dijo "veo que estás tan caliente como yo", "es que nunca estuve con
alguien así" contesté. Volvió a besarme y mientras ella se movía adelante y
atrás sobándose mi pija entre las piernas subí las manos desde mi culo a sus
pechos. Apreté, manoseé, duritos, y sus pezones ya se marcaban en el vestido,
bajé mis besos por su cuello y ella se hizo un poco hacia atrás invitándome a
seguir bajando, seguí, como no, besé sus tetas, primero la parte desnuda por el
escote y después sobre la tela del vestido, el cual mojé abundantemente con mi
saliva, mis manos ya habían vuelto al culo.
Chupaba dos de mis dedos mientras no paraba de moverse,
cuando mi mente volvió a la tierra y frenándonos un poco le pregunté:
Y: Qué pasaría si tu marido te mintió y cae justo ahora?
S: No me miente, tranquilo, qué pasa, tenés miedo?
Y: Miedo no, pero flor de quilombo…
S: No va a venir, es más, supongo que el sabe que de vez en
cuando lo cago igual que yo sé que el tiene sus curros, es más, apuesto el culo
a que ahora debe andar con alguna putita chupándole la verga esperando que se le
pare…
Y: No se le para?
S: Sí, se le para, no puedo quejarme…
Y: Entonces porque le metés los cuernos?
S: Porque es diferente, lo prohibido tiene otro gusto, es
otra cosa. Se levantó, se clavó el whisky que sobraba en uno de los vasos,
prendió un cigarrillo, se acomodó la ropa y el pelo.
S: No te apichonés bebé, está todo calculado, ahora vamos a
la pieza, cerramos con llave, y si escuchamos que vuelve salís por el balcón, te
metés por las piezas de al lado, mientras me hago la que me encerré porque me
emborraché porque me deja sola, y salís por las piezas de al lado, bajás la
escalera, te vas y aquí no paso nada…
Increíble pero real, lo tenía todo calculado no podía fallar.
Salía de la sala apagando la luz cuando me dijo, "venís a la
cama o te quedás acá haciéndote la paja…?". Es tremendo lo que son capaces de
decir las mujeres cuando se calientan.
Nos dirigíamos a las escaleras que nos llevaban a su cuarto
cuando le pregunté:
Y: Te pasó alguna vez?
S: Qué cosa?
Y: Tener que sacar a alguien de esa forma de tu pieza
S: Por suerte nunca.
Y: Lo tenés todo pensado, no es la primera vez que hacés esto
no?
S: No. Que te pensás, los años no vienen al pedo querido…
S: Lo que sí es la primera vez que me meto con un pibe, y es
la primera vez que me preguntan tantas cosas.
Y: Bueno, es parte de la enseñanza que tenés que darme.
S: Que enseñanza, dejate de joder, pocas veces me manosearon
como lo hacés vos.
Entramos a la pieza, cerró la puerta y se aproximó a su mesa
de luz para prender el velador.
Cama de dos plazas y media, baño en suite, ventanal al famoso
balcón, placard del otro lado, sábanas de seda y lo más curioso, la pared de que
hacía de cabecera de la cama espejada, tipo telo. Se quedó de espaldas al
costado de la cama invitándome a acercarme haciéndome el gesto con un dedo a
través del espejo.
Llegué, la apreté contra mi, le clave la pija que estaba
parada como antes en el culo y volví a manosearla besándole el cuello y la nuca,
le saqué el cigarrillo y di una pitada mientras ella me empujaba para hacerme
caer en la cama. Apagó el cigarrillo y otra vez se abrió de piernas para
sentarse encima mío y volver a comernos la boca mientras otra vez se frotaba mi
verga en su concha. Volví a atacar las tetas. Bajé el cierre del vestido hasta
la mitad de la cintura y le bajé los breteles dejándola en corpiño de la cintura
para arriba y quedando con el vestido enroscado en la cintura.
Le manoseé las tetas de nuevo ella se dejaba hacer, solita se
deshizo del corpiño negro de encaje, y me llevó cada mano a su respectiva teta,
"te gustan, son de verdad" preguntó, "no sé, todavía no las probé", contesté,
"chupámelas como vos sabés" susurró.
Besé, chupé, comí, mordisqueé cada uno de esos manjares
hinchaditos y calientes al ritmo que ella ya se clavaba mi pija con su
bombachita puesta, un placer que aún recuerdo era chuparle los pezones y
estirarlos hacia fuera apretándolos con los labios. No paraba de moverse y de
gemir. Le subí la parte del vestido que era pollera a la cintura y le acomodé la
bombacha poniéndosela tipo tanga, bien enterrada entre los cachetes y tirándole
del elástico hacia arriba para que le entrara entre los labios de su concha.
Volví a su boca unos instantes, ahora le tocaba a ella, me acostó y se acostó
sobre mí, bajo por mi cuerpo desbrochando mi camisa y lamiendo cada rincón que
desnudaba incluso lamía mi sudor por mi pecho, se sentó sobre mi de nuevo y
terminó de sacarme la camisa para seguirme besando mientras manoteaba mi verga a
través del pantalón, me fue sacando el cinturón, y cuando terminó, se lo pasó de
adelante hacia atrás para refregárselo una y otra vez y terminar tirándolo a
cualquier parte para abrazarme y hundirme una vez más a sus tetas. La fui
sacando de encima mío y la acosté boca abajo, junte sus piernas y apretándolas
entre las mías desde los costados, ahora yo me acosté sobre ella posando mi
verga de nuevo en su orto moviéndome simulando cogérmela con mis pantalones y su
vestido aún puestos. La tenía sometida, loca, ahogaba sus gritos contra el
colchón, mientras apretaba sus tetas entre mis manos bajo su cuerpo. Lentamente
empecé a salirme de ella lamiendo su espalda, llevándome su vestido para
terminar arrodillado dándose ella vuelta quedando ambos de frente, me levante un
poco y volví a abrazarla por la nuca con una mano al tiempo que la besaba y con
la otra mano refregaba mi palma bien abierta en su concha. Su misma mano me guío
la mía para hacer lo mismo pero ya dentro de la bombacha, dejé de jugar con la
mano abierta para meter un dedo, los gemidos eran incontenibles, saqué el dedo
empapado de flujos y se lo hice probar, saboreó con gusto. Volví a meterle mano,
y fui sacándole la bombacha, cuando termine volví a arrodillarme en el piso al
borde de la cama. La agarré de las piernas y la arrastré hasta dejarle el culo a
la altura del borde de la cama, coloque cada una de sus piernas sobre mis
hombros y hundí mi cabeza en su concha, entré en su bosque de pelos abundantes
en busca de sus labios. Le hice sexo oral casi diez minutos calculo yo mientras
ella se retorcía en la cama, me ahogaba apretándome con las piernas, me empujaba
hacia ella con fuerza con las manos sobre mi nuca, revolvía mi pelo, se apretaba
las tetas ella misma. Hasta que acabó, no como muchos cuentan, largando ríos de
flujo, pero si se mojó, y bastante. Se fue convulsionando hasta quedarse quieta
y separar mi cabeza de su cuerpo gimiendo "ya está, ya está, pará un poquito, ya
está…"
Me acosté a su lado abrazándola, dejándola reponerse y
disfrutar de su orgasmo. Se incorporó y buscó un cigarrillo, se recostó sobre la
cabecera de la cama, me acomodé a su lado, fumé, ella me miraba agradeciéndome
con sus ojos y acomodando mi despeinada cabellera.
Y: No sabés lo que me calentás así vestida (aún tenía
calzadas sus botas de gamuza celestes, que antes hacían juego con el vestido, un
portaligas negro que hacía juego con lo que antes llevaba puesto como ropa
interior, y medias de lycra color piel con ligas).
S: Me quedo así, si te gusta…
Y: Por favor.
Se levantó al baño. Aproveché para desnudarme y la esperé con
los forros en la mano, fumando y con la verga apuntando al techo.
Se paró delante de la cama.
S: No esperes que te la chupe, no me gusta…
Y: No hay drama, todo bien.
Gateó sobre la cama posándose sobre mi cuerpo, me besó, dio
una pitada y empezó a bajar, me pajeó con las tetas un poquito y sin dejar de
mirarme empezó a trabajar con las manos, la besó, y se la mandó a la boca, hasta
el fondo, subió y bajó varias veces sin dejarla salir, respirando fuerte por la
nariz, la sacó, siguió pasando la lengua, me miraba, "menos mal que no te
gustaba", dije, "son mi perdición, más cuando están así calentitas y duritas, te
cagaste no?, decime que no esperabas que te mame un ratito…", contestó. "Todo
bien, en serio, pero chupás como la puta más cara del mundo", dije, "y eso que
todavía no sabés como cojo…", y volvió a chuparla un rato, más.
Se puso sobre mi en posición de montarme, antes de que me
cojiera de una puta vez le mostré los forros y le dije "no te enojas?, si vamos
a hacerlo hagámoslo bien", "hombre precavido vale por dos", contestó. Me sacó el
forro de las manos, abrió el sobrecito y me puso el condón con la boca, nunca
voy a olvidarme de eso. Volvió a subirse, llevó mis manos a los costados de mi
cabeza, sobre la almohada, y se apoyó fuertemente sobre ellas, S: Dejame a mi,
quedate quieto.
Cómo desobedecer esa orden? Sin necesidad de acomodar nada
con las manos, se fue dejando caer empezando la penetración. Su concha estaba
dura, bien dura, casi me dolió entrar en ella. Nomás llegó a la mitad se acomodó
un poco en su posición (recostada sobre mi) y relajó sus músculos vaginales para
subir y desmontarse por completo. Se apoyó fuertemente sobre mis muñecas y
repitió la penetración, esta vez hasta un poco más de la mitad. Repitió la
operatoria de metérsela y sacarla varias veces, cada una entrando un poco más
profundo que la otra, hasta que finalmente sus nalgas chocaron mis piernas
logrando una penetración completa. Ahí se desarmó íntegra y cayó para chuparme
el cuello como queriendo arrancármelo, se quedó quieta unos instantes. Yo estaba
inmóvil, mis piernas atrapadas por las de ella y mis manos por ella misma
también.
S: Te gusta así?, Decime que sí, que querés más, no te
muevas, sentí, disfrutalo…
Entre cada una de sus preguntas dejaba pasar unos segundos en
los que no me dejó contestar mordiendo mis labios y mi boca cada vez que
intentaba contestarle.
Clavada hasta el fondo empezó a relajar y contraer sus labios
vaginales, simulando una gran cojida sin siquiera moverse. Volvió a acomodarse
separando su torso unos centímetros de mi cuerpo y llevó sus manos de mis
muñecas a mi pecho. Empezó a agitarse hacia adelante y hacia atrás. Llevé mis
manos hacia atrás y la agarré del culo acompañando su movimiento. Se hizo para
atrás y sacó mis manos del glorioso ojete para hacer que masajeara sus tetas. Ya
estaba vertical respecto de mi posición y no paraba de saltar, en cada caída
volvía a contraer su concha, era increíble sentir las ganas con las que cojía.
Y: Me estás matando diosa… - jadeé entre suspiros.
S: Ssssí, dejate coger, así, assí, bebé, te gusta que te
coja, te gusta que te coja esta puta – respondió entre gemidos.
Y: Mi puta – corregí poniendo especial énfasis en el "mi"
Llevó una de mis manos hacia su boca y empezó una simulación
de mamada tremenda, instantes después volvió a caer sobre mi y separando más sus
piernas colocó la mano a la cual me había chupado sus dedos en las cercanías de
su culo. Entendí el mensaje y comencé a acariciar los alrededores de su ano. Sus
gritos no se hicieron eperar.
S: Lo querés no? Querés el culo? Te gustaría culearme?
Otra vez me mordisquió entera la boca al intentar querer
contestarle.
S: Haceme acabar… haceme acabar y te lo entregó…
Seguía cogiéndome cada vez con más ritmo y yo seguía con mis
dedos merodeando su cola, ella se encargaba de chuparme los dedos una y otra vez
para lubricar la zona anal. El ritmo de la cogida era casi inaguantable, mis
huevos hervían y sabía que faltaba poco para acabar. De repente se frenó otra
vez con la verga bien enterrada, volvió a acomodarse un poco y llevó de nuevo
mis manos al costado de mi cabeza para apoyada sobre ellas retomar el ritmo cada
vez más duro.
S: Ah, aah, aaah, ah, aah, aah, así, assí, mmm, aah, aah… Un
poco más aguantá un poco más.
Se enloqueció de golpe y rebotaba sobre mis piernas llendo de
adelante hacia atrás. Arqueó su cuerpo dejando colgar su cabeza hacia atrás y
apretando sus pechos, la sujete de la cintura, dio pequeños rebotes verticales
sobre mi verga, entendí por la humedad de su entrepierna y la mía que había
acabado. Ya no gritaba, ni gemía, ni suspiraba, bufaba, respiraba hondo,
profundo. Volvió a caer sobre mí.
S: Muy bien, eso, así, como cogés amor, me mataste bebé… -
Llenándome de besos una vez más.
Y: No me digas que te quedás acá, todavía no acabé
S: Mmmm, noooo, seguí, cojeme vos, cojeme vos ahora…
Volvió a dominarme apoyándose el peso de cuerpo en mis brazos
y fui yo quien ahora arremetía contra ella desde abajo. No tardé en llegar al
orgasmo yo también y acabé como nunca. La leche se escurría por el forro hasta
mis piernas ensuciando también sus muslos.
Cuando nos quedamos quietos los dos se desmontó de mi verga y
se desplomó sobre mi cuerpo permaneciendo ambos inmóviles un rato.
Se recostó a mi lado, me sacó el forro, dio unas cuantas
lamidas a mi pija para tomarse algo de la leche que la embudarnaba. Dejó el
forro sobre la mesa de luz, encendió un cigarrillo, se acurrucó junto a mí…
S: Sos increíble sabés – me pasó el cigarrillo.
Y: Tenías razón con eso de que no sabía lo que me esperaba,
nunca me cojieron así…
S: Puedo creer que lo hice bien…? Vos también, te la bancaste
como un macho de verdad.
No dijimos nada más terminamos de compartir el cigarrillo y
nos quedamos acariciándonos, disfrutando del momento. Empezaba a reponerme y
quería más, la tocaba con ganas otra vez.
S: Ya está, pará un poco – me dijo. Tengo la concha como
dormida con el polvazo que me ehcaste
Y: Bueno, podemos probar el postre – contesté estirando mi
mano para amasar sus glúteos.
S: No, ya está, disfrutemos de esto, es tarde (eran casi las
cinco am, habíamos cojido más de una hora y media contando el precalentamiento).
Si querés más yo también quiero más, pero es mejor dejarlo para la próxima, así,
cuando nos veamos de nuevo vamos a tener más ganas de coger que hoy.
Tenía razón, después de otro cigarrillo compartido me lavé un
poco, me vestí, nos despedimos con otros toqueteos junto a su puerta y volvía a
mi casa.
Papá Noel me había dejado esta navidad el regalo que siempre
había deseado, una buena madurita calentona, una auténtica zorra adúltera que me
hizo vibrar como nadie, con el agravante de ser casada, y más aún, pariente de
mi vieja, era la esposa del primo de mi vieja.
Continuará.