La espera tiene su recompensa de amor.
Mi mano, bajó para hacerle, un íntimo masaje. Mi acción, era
constante y me entregaba todo, para sentir toda su sensibilidad, y también para
hacerla feliz entre mis yemas...
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La primera vez, en que la acaricié, a mi amada con amor, yo
era un chico algo inseguro y estaba perplejo. Me preguntaba, si lo que hacíamos,
mi chica y yo estaba dentro de lo acostumbrado. Sí, lo pasábamos bien, con
caricias de manos, besos, bromas, sonrisas y abrazos... Pero, luego…, al llegar
a tocamientos íntimos, surgían las protestas por parte de ella (una chica de
dieciséis años, que no tomaba anticonceptivos –entonces yo tenía los
diecisiete-).
Poco a poco, fui consiguiendo que me dejara tocarla, con más
libertad. En las primeras semanas, era como pillarla en los momentos apropiados:
cuando estaba alegre, cuando había tenido un día "especialmente bueno". Con el
tiempo, ella se fue soltando y me toleraba más. Los besos, fueron haciéndose más
largos, las lenguas de ambos fueron las que empezaron a acariciarse más.
Y yo, sentía cuando estaba más tiernita, le acariciaba su
espalda y como un sagaz ladrón, bajaba y le tocaba su culito. Las primeras
veces, era acariciarle la cintura, como si fuera el ecuador; y subía un poco por
encima y bajaba un poquito para abajo. Se removía, pero acababa dejándome abrir
la mano y acariciar la bajada de esos toboganes, los cuales a mi me parecían
unas carnosas manzanas "amelocotonadas".
Ella, por fuerza, quiero decir por presión física, notaba
como mi paquete (el pene y los huevos, se apretaban contra su pubis). Lo fue
asimilando, tolerando y dándome licencias, "en grado creciente". Así, recuerdo
como me gustaba rozarle el elástico de sus tangas y bragas; y sentir, las
primeras falanges de mis dedos (de ambas manos, pero por tiempos), como entraban
y rozaban la braga, por dentro de sus pantalones o faldas. Y, más tarde, me
decía que vale, pero que me esperase, para mayores. A los dos meses, ya
conseguí, que mi mano entrase, llanamente y contactar con la carne de sus
nalgas. Era, a oscuras y en momentos de intimidad: faltando sus padres, en
portales y en la discoteca.
Me, gustaba ir a mayores, sentía que era, una sensación muy
agradable. Que placer tener mi miembro, apoyado frente a su vientre y sobre la
tela del pantalón y de su braga o tanga. Ella, fue tomando más confianza y se
apretaba y rozaba conmigo. Separaba sus piernas, especialmente, cuando una de
mis rodillas le presionaba los muslos, mientras la besaba (en los labios y por
su cuello y cara). Nos quedábamos mirando, y una de esas veces, mi mano derecha,
se coló dentro de su braga y le rocé sus labios vaginales; ella dio un respingo,
pero estaba mojada y me dejó continuar.
Mi mano, trabajosamente, se adentró en su vulva, por atrás;
todo ello, lo facilito ella misma, al desabotonarse su pantalón (que era la
prenda que más utilizaba y utiliza). Y mi mano, izquierda la bajó la cremallera.
Esa vez, la masturbé desde atrás y tuve que aguantarme lo indecible, para no
correrme del todo. Se me escapó un poco de esperma. De parecido modo, ella las
veces anteriores, había empezado a sentir que mojaba mucho "la tela secante de
sus bragas y tangas". Eso, me lo dijo más tarde, cuando lo hablábamos todo.
Y ese día, ella me sintió muy suyo. Y al empezar, a excitarse
me dijo, que quería tocarme mi verga. Me desabotonó, mi pantalón y bragueta. Y
en el descanso, de los deberes, tumbados en su cama, solos pues habían salido
todos, en su casa. Me hizo correrme, al ir apretando la "barra de mi carne
caliente"; que, entre sus manos, se me entieso y moqueó pre-seminal. Le
desabotoné su camisa y como pude, sin soltar, mi mano masturbadora, así le
libere sus "senos", y de este modo los sentí plenamente en mi mano izquierda...
Mientras, ella me agarraba el capullo con una mano y los
estiraba. Con la otra, masajeaba el tallo, surcado de venas. Su mano derecha, me
giraba mi piel retráctil y la izquierda subía y bajaba. Y yo, notaba su olor a
"Trésor de Lancôme", mezclado con nuestros olores. Ella, sentaría mi mano por
atrás, hasta que se removió y quedo tendida, así pude masajear su vagina, por
adelante. Tras un rato, le bajé el pantalón y algo después la braga. Y le pedí,
que si podía lamerla "íntimamente", mitad con signos de labios y mitad con
palabras esbozadas, sin pronunciarlas (por aquello de no romper el encanto.
Me dio su permiso, y me arrodillé, tras colocarme el
pantalón, pues trastabillé y un poco más y me caigo. Ella tenía separadas las
piernas, se mordía el labio superior, y giraba la cabeza a un lado, cerraba los
ojos y los volvía a abrir. Me miraba, un rato de frente, mientras yo me movía y
me situaba.
Sus piernas se movían nerviosas, apoyada en la punta de sus
pies y zapatillas. Y, le saque, arrodillado ante ella, la descalcé de sus
zapatillas deportivas (fue fácil, eran de cierre de Velcro) y le saque luego su
pantalón vaquero. Me miro, me acariciaba tiernamente la cabeza, mientras se sacó
el sujetador, que tenía con los tirantes retorcidos y le molestaban. Y se quedó,
expectante, mientras yo, fui acariciando sus pies; en cada uno de ellos estuve
un rato, le acaricié la planta, el empeine, los dedos y los tobillos. Ella,
estaba excitada, muy húmeda y esperaba algo más. Lo había estado esperando y
posponiendo y había decidido que esto llegaría y llegó.
Me dejo acariciarle sus pantorrillas, y le lamí y bese las
rodillas y los muslos. Se me abrió más, y contemple sus braguitas azules, con el
elástico superior volcándose y girado como retorcido. La braga estaba más bajada
de un lado. Y ella, se agarraba al cubrecama. Cerraba sus manos, y se contenía,
mientras le lamí sus muslos, acercándome más y más. Y, me quedé extasiado,
viendo su coñito ante mi, cerca y dispuesto.
Ya, antes, la había visto en bikini y ella se dejaba mirar,
aceptándome aun antes de ser novios. Y también la ví, en la piscina y en la
playa cuando salíamos en grupo. Acabábamos hablando nosotros, y rezagándonos del
resto… Y al poco nos abrazamos, jugueteando entre las aguas, con apretones y
algún que otro beso. Pero, ahora estamos más íntimamente. Y esto, me excitaba
bastante mas que el verla, por muy en top-les que fuese. Tardó un tiempo, en
pedirme que le pusiera la crema; fue un día, que me lo pidió su amiga Carmen, y
no le gustó nada (creo que tuvieron unas palabras).
Aquí, era muy sugerente todo; especialmente estando ante
ella, con mi cara entre sus piernas y mis manos, ayudando en la íntima revisión.
Me apreté a ella, y me frote sobre sus bragas y fui acercando mi cara y nariz a
su coñito. No se, que me gustó más, si su visión o su olor íntimo. Y, su
abandono, estaba esperando y yo me demoraba. Por eso, fue ella misma, la que
insinuó el bajarse las bragas.
Yo, retome esa tela, con felicidad y ganas; pero, se las bajé
lentamente, dándoles besos. Y mis ojos no perdían detalle, de su "coñito
arreglado" y de un corazón, que coronaba su pubis, justo, con el vértice
inferior, sobre la línea de su capuchoncito… La tomé de las manos, y me sentí
apretado por ella, me aceptaba y colaboraba. Sus manos me presionaban, y sus
yemas frotaban mi piel, cuando sentía mis toques labiales y mi respiración. Noté
como se separan, sus labios grandes y noté ese "femenino templo rosado", que
insinuaba la aceptación de una entrada lingual, y un abrazo labial.
Por eso, le empecé a dar besitos y soplidos. Era como si le
telegrafiase te quiero, me haces feliz y estoy enamorado de ti. Y noté, que la
presión de sus manos, me revelaba sus diferentes grados de aceptación. Y en eso,
fui llegando, con mi lengua al interior de su sexo. Le lamía las gotas de flujo,
que le salían y noté mi "falo endurecido". Me sentí, como un afamado peregrino,
que tras un largo periplo "amoroso", llega a sentir que le ofrecen un altar de
amor, que se ha formado de helado de fresa, vainilla y canela… El helado, se
abría y se deshacía, como un bombón almendrado, ante el sol de mi lengua, que le
hurgaba íntimamente y la hacía sentirse en pleno estío.
La iba empapando en mi saliva. Mi lengua se puso a cruzar el
umbral de las puertas, de los alargados labios "menores", que me descorrían a su
humedecido y ya palpitante sexo. La vi acariciarse sus pechos. Y me apreté,
sobre su sexo, notaba sus muslos apretarme y sus manos, acabaron agitándose
sobre diversas partes, de mi cabeza, cara y cuello. La sentí ondularse, y gemir
cada vez más fuerte y así ella estallo en un orgasmo gigantesco, sublime.
Teniendo un grandioso orgasmo, la vi ladeándose, subiendo sus piernas y apoyando
sus talones en mi espalda y hombros. La noté, por primera vez retorciéndose de
gusto. Su orgasmo fue largo, sin presión de quedar embarazada y sin el temor a
que le rompiese su himen (pues aun era virgen).
Grito de placer, y yo estaba respirando como podía. Pero,
aquello era preferible a bucear y sumergirme y quería aguantar, volcándome en
hacerle sentir tanto placer como fuera capaz de darle. Me comía y bebía
literalmente su vagina, le apretaba los labios y le frotaba las paredes con la
lengua. También, acabé metiendo uno de los dedos y haciendo de abridor y
ensanchador vaginal.
Le fui frotando, las protuberancias de sus distintos tactos
internos. Y sentí, esas contracciones y le saboreaba sus abundantes flujos.
Intente, meterme todas las partes de mi boca, bien dentro de su coñito. Sentía a
mi labio superior y al inferior humedecerse entre sus labios. Y apreté, entre
ellos a sus largos y maleables labios internos. Probé el gusto de su sexo, me
impregné de su olor. Imaginé sus endurecidos pezones, desde hace rato erectos y
noté que ella retiraba su mano, y se acariciaba y apretaba sus pechos, con una
mano y con dos (a ratos).
Se estiraba y giraba los pezones. Con esa amalgama de
sensaciones y con todos mis sentidos, y los suyos aunados, ambos fuimos sentidos
de su segundo orgasmo... Vino seguido, y noté el palpitar de mi pene, una verga
que deseaba ser acariciado por mi novia, una chica hermosa, me pone al borde del
orgasmo.
Luego, me levanté y me puse a su lado, mirando a la chica que
amaba. Y vi el brillo de sus ojos, su cara sonriente, la huella de los esfuerzos
por recuperar el ritmo de respiración y los movimientos de sus pechos. Me puse a
besarla, en su cara, en sus labios y en su cuello, tras cada uno de sus oídos. Y
su sonrisa me daba pie a más, le acaricie su vientre, sus costados y me bajé,
para lamerle los pezones.
Estaba, en el prologo, de su recién disfrutado orgasmo. Y
acariciándola, cuando noté que me estaba empezando a sostener y jugaba con mi
pene. Me agarraba y agitaba, mis testículos, mi vientre y agradecida verga. Y me
dejé hacer, me gustó sentirla ir tomando un rito, e incorporarse, para verme y
que la viese darme placer. Me sonreía, y me hacía sentir un pedazo de ella
misma, notaba sus dedos en mi sexo. Con su mano derecha, masajeaba mi "mástil",
y con su izquierda a ratos se apoyaba en el cubre cama, a rato acariciaba mi
pecho. Me besaba, me sonreía y me hacía una completa acción de amor.
El masaje era íntimo, constante y su sensibilidad era
efectiva. Me empecé a tener que contener, para no verterme enseguida. Y ella, me
besaba y me daba su lengua. Mi mano derecha, la acariciaba entre sus piernas,
especialmente su muslo izquierdo. Y, también su vientre y senos, la cara y sus
brazos eran objeto de mis caricias. Me hacia suyo tan tiernamente. Y notaba los
restos de sus flujos en su intimidad; pues acabé consiguiendo meter mi mano bajo
una de sus nalgas.
Ya solo quería sentir sus nalgas y su vagina, y el regalo de
su néctar en la palma de mi mano. Alguno de mis dedos entra, en su coñito, se
movían entre sus labios o sentía los movimientos de su cuerpo, sobre ellos
(especialmente su deseado coñito). Y me volví completa y totalmente loco de
placer. Se había soltado el pelo, y este le caía como una cascada y me rozaba…
Había soñado con ella, tantas veces y esto superaba lo que
había imaginado. Era caliente y sentido, con un ritmo propio. Y ella, era
activamente complaciente. Se agachó y me lamió la punta de mi glande y me
desbaraté, moviendo mi cabeza y pies. Me convulsione y mis brazos quedaban
extendidos, como crucificado con sus mimos y acciones de amor.
Era, tal el placer, que fui incapaz, de contenerme y empecé a
emitir sonidos de gozo. Profería, mis gemidos de placer. Sentía tanto placer,
con todo: con sus manos, con las mías en su vagina y en las tetas, recordaba sus
expresiones de placer y aun le salía flujo vaginal. Me flojeaban las piernas me
latía y se sacudía mi sexo, entre sus manos y labios. Se levantó y me miro a mis
ojos y rozaba mi uréter y glande, lleno de salivita de su boca y gotas de semen…
que saltaban sobre su mano, ejerciendo de tapadera, mientras la otra me
masturbaba…
Éramos dos amantes, dándonos en nuestra primera vez. Luego
nos limpiamos, con algo de apresuramiento por si volvían sus padres o su
hermana. Vaya pillada, pero no parábamos de sonreírnos. Ella, se cambió de braga
y de sujetador. Yo, no pude cambiarme claro, pero me adecente y me vestía
adecuadamente. Nos dimos unos besos, y decidimos dejarlo todo ordenado. Y
salimos a tomar algo, cómplices…
Esta vez, no era la indicada para la penetración. Ella me
hacía feliz, inmensamente feliz y le voy a ser fiel; nos prometimos eso y nos
amamos sin complejos. Tenemos dos niñas, han pasado 8 años desde entonces, y
somos felices. Y, agradezco tener a una mujer tierna, amiga y comprensiva. Si, a
veces tenemos desacuerdos y algunas palabritas altas. También tenemos ratos de
amor, y nos queremos y tenemos dos niñitas… de seis meses y de dos años…
Y nos tenemos, el uno al otro "para todo". Te amo, con todo
el cariño que brota de mí…