Hola queridos lectores. Primero que nada debo disculparme por
el excesivo atraso de la continuación de esta historia; no tengo excusa por la
perdida de tiempo que les he generado al buscar la continuación, pero ahora he
regresado para poder seguir con la historia de mis mas maravillosas fantasías y
experiencias con mis bellas niñas. También quiero advertirles que la siguiente
historia es bastante fuerte y que puede dañar sensibilidades. Por ultimo, les
recuerdo que mi mail es
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO por si quieren escribirme; insultarme o cualquier cosa
que se les ocurra. Y sin mas que decir, empecemos.
Después de las noches de pasión que tuve con mi esposa los
dos días anteriores al fin de semana, no pude quitarme de la cabeza ni por un
momento las imágenes de mis bellas alumnas Melody y Lolita. Sin duda estaba
esperando aquel maravilloso sábado para poder tenerlas a las dos entre mis
brazos; poder sentir sus cuerpecitos infantiles, saborear aquellos culitos que
me excitaban tanto y poder, por fin, penetrar profundamente en sus pequeñas
vaginas sin vello. Y es que el simple hecho de imaginarlas con mi verga dentro
de sus pequeños orificios me excitaba hasta el punto en que tenia que bañarme
con agua fría para poder contener los litros de semen que quería echarles en sus
conchitas.
Desde que planee lo que iba a hacer el sábado no he podido
disimular mis ansias por que fuera el día esperado; me había pasado todo el día
viernes en la calle comprando revistas pornográficas para obtener algunos tips,
incluso me compre el kamasutra para poder practicarlo con cualquiera de mis
bellas alumnas y hacerlas disfrutar de lo que les esperaba el sábado. Mi emoción
era tan grande que incluso mi hermosa esposa se dio cuenta, pero le dije que
simplemente me gustaba mi trabajo y ella no dijo nada mas. Que emoción; no podía
dormir y me quedaba mirando el reloj colgado en la pared de la sala, pensando en
la suavidad de las dos pequeñas vaginas que iba a desflorar aquel día, pero de
pronto me abordo la idea de que los padres se extrañaran por eso de repasar lo
de la semana este sábado a pesar de que solo hubo 4 días de clases. No era
momento de dudar, debía confiar en que el plan funcionaria; sino, de que sirve
que haya comprado tanto afrodisíaco y píldoras para una erección sin limite de
tiempo.
Seguía despierto con la idea de poder ver a mis queridas
"lolitas" en mi casa completamente desnudas y listas para recibir mi "banana" de
20 cm de largo. Ya eran las 8am del sábado; no había podido dormir por la
emoción de lo que sucedería aquel día tan ansiado. Mi esposa se había ido a
trabajar desde las 6:30am sin percatarse que su amado esposo nunca cerro los
ojos en toda la noche; sin darse cuenta de que yo, Carlos, había comprado
demasiados objetos de contenido sexual. Dieron las 8:30am. Rápidamente me dirigí
a la ducha, me vestí normalmente y me encamine hacia la escuela donde esperaba
poder ver a mis niñas.
Cuando llegue al lugar pactado no encontré a ninguna de mis
dos preciosas alumnas; tal vez sus padres no se creyeron el estúpido cuento de
"repasar" lo de la semana y decidieron que no debían traerlas, dejándome a mi
con una calentura que casi me hace reventar de la frustración que sentía. No
tenia mas remedio que retirarme cabizbajo y esperar a que el fin de semana
pasara mas rápido de lo que esperaba.
-Maldita sea, y ahora ¿cómo me bajo lo caliente?- dije entre
susurros mientras me encaminaba al pequeño vehículo rojo estacionado enfrente de
la escuela que, claramente, era mi auto...............pero de pronto.
-¡Espere!, ¡espere!- grito una linda vocecilla desde el otro
lado de la calle –¡no me deje!- grito de nuevo mientras yo veía de donde salía
esa delicada voz infantil que creía de alguna de mis dos lolitas.
No era Melody, ni tampoco Lolita. La delicada voz que estaba
escuchando y que me pedía que no me retirara era de otra niña, otra de mis
alumnas que, aunque realmente no la conocía, sabia cual era su nombre, Amanda.
La pequeña Amanda es igual que sus compañeritas; con un hermoso cuerpo infantil
que podía excitar al mas puritano. Pelirroja y de piel blanca; sus ojos eran de
un azul grisáceo que revelaban la inocencia de la pequeña, mientras su rostro
tierno de niña mostraba una belleza un poco superior a la de mis dulces
"lolitas". Vestida en esos momentos con un diminuto short de algodón color rosa
y una pequeña camiseta sin mangas que le colgaba con unos diminutos tirantes
floreados; unos tenis azul cielo y con las pequeñas calcetas rosas que le
llegaban un poco arriba del tobillo era sin duda una niñita que merecía ser
desflorada con mis 20cm de gruesa verga.
-¡perdón por llegar tarde!- dijo la pequeña mientras cruzaba
la calle para llegar hasta donde estaba yo. Pero en su afán de cruzar
rápidamente no se había dado cuenta del pequeño agujero que había en la calle y
que la hizo tropezar de tal manera que pude atraparla con mis manos. Mi mano
derecha estaba puesta sobre el tibio y delicado pecho de Amanda, mientras mi
mano izquierda acariciaba suavemente el redondo traserito de la niña, lo que
hizo que mi verga se petrificara hasta el extremo. No quería dejar de tocar
aquel delicado cuerpecito que tanto me recordaba al de Melody o al de Lolita,
pero de repente una voz, también desde el otro lado de la calle, me hizo
componerme y dejar a la pequeña.
-Perdone el retraso- dijo la segunda voz. Una voz igual de
delicada, pero un poco mas adulta que provenía de una diosa. Una hermosa
muchacha pelirroja de unos veinte años se nos acerco. La muchacha estaba vestida
de la misma manera que Amanda, con un pequeño short y una camiseta deportiva de
manga corta. Y al igual que la niña, el hermoso color claro de su piel hacia
resaltar aquella belleza que también me excitaba. – Disculpe que lleguemos
tarde, pero esta tontita no quería salir de la ducha- dijo al momento de llegar
hacia donde nos encontrábamos la pequeña y yo.
-A si, pues yo no fui la que perdió sus bragas después de
bañarse- contesto la pequeña con un tono desafiante.
-¿Cómo te atreves a decir eso mocosa?, me las pagaras en la
casa- respondió la muchacha con un rojo en sus mejillas que se podía apreciar
desde casi un kilómetro.
Las señoritas se lanzaban miradas furtivas entre ellas mismas
y podría decirse que eran miradas de odio, pero pude notar un ligero amor
fraternal entre estas hermosas contrincantes, por lo que me atreví a
preguntar...
-Disculpa- le dije a la muchacha- ¿quién eres?- le pregunte
mirando disimuladamente aquellos redondos senos que sobresalían debajo de
aquella camiseta deportiva.
-¿Qué?- dijo confundida- a si, soy la hermana de Amanda, mi
nombre es Sandra. Pero puedes llamarme Sandy- me contesto bastante atrevida
mientras me miraba de arriba abajo, deteniéndose unos segundos sobre mi verga,
de la cual parecía que ya se había dado cuenta de mi excitación. - ¿Y tu como te
llamas?- pregunto.
-Tu siempre andas coqueteando con todos- dijo Amanda al darse
cuenta de cómo me miraba su hermana- un día se puso a coquetear con su maestro
de Alemán, pero cuando descubrió que era casado empezó a llorar por una semana-
dijo la pequeña en voz alta, parecía que quería poner en vergüenza a su hermana
para que dejara de coquetearme.
-¿A ti que te importa mocosa?- dijo un poco enojada- de que
sirve que tenga este cuerpo si no lo voy a usar. Además, yo no soy la que ronca
como motor de auto viejo- respondió a las impertinencias de su hermanita.
Una vez mas, las damitas se miraron enojadas. Pero yo sabia
que esas miradas eran típicas entre hermanas que se quieren mucho.
-Disculpen- me atreví a hablar un poco impaciente- pero....
-A si, disculpe- dijo la hermosa Sandra- creo que ya es hora
de que regrese a la casa, pero....-dijo un poco pensativa- ¿dónde están las
demás niñas?- pregunto mientras miraba a ambos lados de la calle para ver si
encontraba a alguna otra compañerita de su hermana.
-Ya están dentro, en la escuela- le dije rápidamente para que
no sospechara.
-¿A si?- dijo. Entonces levanto la mirada para ver dentro de
la escuela- si es cierto, puedo ver a una niña en el segundo piso.
-¿Para que estas mirando?- dijo inmediatamente Amanda
mientras se arreglaba los pequeños chonguitos que se había hecho en su lindo
cabello color fuego- no puedes ver nada sin tus anteojos- termino. Entonces saco
de su pequeña bolsita de tela que traía en la mano unos anteojos y se los
ofreció a Sandy.
-Tu no te puedes quedar callada, ¿verdad?- dijo mientras
tomaba con furia sus anteojos y se los ponía. Con ellos se veía aun mas sexy de
lo que parecía- bueno, ¿a que hora debo pasar por esta enana?- dijo sin volver
la vista a la escuela para afirmar si lo que había visto era una niña.
-A las 6:30pm- le dije algo excitado mientras disimuladamente
contemplaba su hermosa figura de venus.
-Eso es muy tarde ¿no cree?- dijo algo dudosa- pero bueno,
usted es el maestro. Si se porta mal tiene permiso para darle unas nalgadas
frente a la clase, jajaja- dijo mientras reía muy optimista.
Después de reír un poco y decirle que me llamaba Carlos y que
ya estaba casado ella se retiro tan rápidamente como había llegado con una mueca
de tristeza en su hermoso rostro pero con una alegría muy abundante. Y se fue.
Inmediatamente voltee hacia la escuela para ver si era cierto
lo de la niña en el segundo piso. ¿Acaso mis bellas "lolitas" estaban en la
escuela?. Mire, pero casi me caigo de espaldas al suelo al reconocer aquella
figura en el segundo piso. Era la señora de servicio que limpiaba uno de los
salones. Lo que me sorprendió no fue el hecho de que era la señora que limpiaba
la escuela, sino que aquella señora, de complexión robusta y bastante alta había
sido confundida con una alumna. Pero bueno, las cosas chuscas siempre pueden
pasar, aun en los lugares menos esperados.
Reponiéndome de aquella comedia realista, me decidí a
preguntarle a la hermosa Amanda una duda que me rondaba la cabeza desde que ella
y su hermana llegaron ante mi presencia.
-Contéstame algo Amanda- le dije contemplando su delicada
figura infantil.
-¿Qué pasa profesor?- me pregunto levantando la vista y
mirándome con sus hermosos ojos azul-gris a los míos.
-¿Cómo te enteraste de que íbamos a repasar lo de la semana
este sábado?- le pregunte bastante confundido mientras trataba de recordar si
había alguien mas en el salón aquel día. No, solo recuerdo que se los dije a
Melody y a Lolita. -¿Quién te lo dijo?- le pregunte de nuevo.
-Pues me lo dijo Melody, profesor- me contesto con mucha
dulzura- Ayer que fui a su casa me dijo que usted había dicho que teníamos que
venir el sábado para repasar lo de la semana y por eso estoy aquí- respondió
firmemente.
-¿Y Melody?- le pregunte instintivamente, como si sintiera
que le paso algo a mi bella Alumna.
-No pudo venir- dijo- porque su mama la llevaría a pasar el
fin de semana a casa de su abuela. Entonces me llamo para que le dijera a usted
que la disculpase- respondió finalmente.
-Ya veo- me dije en voz baja- pero ¿y Lolita?.
-Lolita se fue con sus padres a Estados Unidos profesor- me
dijo- porque su papá tenia que hacer algo allá y se llevo a Lolita y a su mama-
me dijo inocentemente aun mirándome a los ojos.
Contemple a Amanda por unos minutos. Mire su hermosa figura
de niña; sus lindos chonguitos en el cabello que la hacían lucir aun mas tierna;
sus bellos ojos azul-gris que me miraban con inocencia; su forma de vestir tan
excitante me hacían desearla mas por cada minuto que pasaba y, entonces, decidí
descargar mi exceso de energía con esta pequeña dulzura.
-Bueno, ya es hora de irse- dije en voz alta para que la niña
me escuchara- súbete al carro Amanda- le ordene con un poco de afecto en mi voz.
-¿Al carro?- pregunto- creí que entraríamos a la escuela con
las demás niñas- me dijo confundida mientras miraba en dirección a la escuela.
-Las demás están en mi casa- le dije- y debemos irnos rápido
para no hacerlas esperar, corazón- le respondí con un poco mas de afecto en la
voz para convencerla.
-¿En serio?- pregunto fijando sus lindos ojos en los míos-
bueno, entonces vamonos- contesto sonriendo. Se dirigió hacia mi auto, abrió la
puerta y se sentó en el asiento del copiloto con suma impaciencia por llegar a
ver a sus amigas que, según ella, se encontraban en mi casa.
El recorrido desde la escuela fue mas largo de lo que la
pequeña podía esperar puesto que le vi la cara de aburrimiento y cada cinco
minutos me preguntaba si faltaba mucho para llegar, siempre le contestaba que ya
faltaba poco y ella siempre creía mis respuestas. Sin duda alguna, Amanda era
una niña muy inocente, impulsiva, pero muy inocente pues nunca se percato de que
yo daba vueltas en circulo por algunas calles cerca de la escuela y mi casa. Ese
paseo me sirvió para poder contemplar mucho mejor a la pequeña sin que nadie nos
viera. Disimuladamente, mientras nos detenía una luz roja, yo volteaba la mirada
hacia las hermosas piernas de la infante y la subía hacia donde el pequeño short
rosado marcaba el monte de venus de la niña. Amanda, por supuesto, estaba mas
entretenida mirando la infinidad de carros que pasaban junto a nosotros, sin
darse cuenta de la mirada lujuriosa que le mandaba cada rato. Era una linda
niña, tan tierna e inocente que incluso, al querer mirar mas fijamente el
anuncio de una caricatura, se arrodillo sobre el asiento, saco la mitad del
cuerpo por la ventanilla para poder ver mejor, se inclino un poco y me enseño la
perfecta redondez de aquel delicioso trasero que era cubierto por aquella
diminuta prenda de vestir.
-metete porque te vas a lastimar- le dije un poco preocupado
al notar la concurrencia de la avenida, llena de autos y personas.
Y sin decir nada, se metió en el auto y se quedo quietecita
hasta el momento en que arribamos al edificio en el que se encontraba aquel
departamento solitario que estaba a 10 minutos de la escuela que habíamos dejado
hace como 30 minutos y que la pequeña no se había dado cuenta. Nos bajamos del
auto; nos dirigimos al edificio, abrí la puerta y puse por delante a Amanda para
dirigirla hacia mi departamento. Subiendo las escaleras con ella adelante me
permitió contemplar las hermosas piernas que poseía y aquel delicado trasero que
ya ansiaba penetrar.
-Ya llegamos, princesa- le dije con el mayor morbo que se
pueda escuchar de un hombre mientras sacaba las llaves de mi pantalón para poder
abrir la puerta que teníamos enfrente.
-Jijiji, ¿por qué me dice princesa profesor?- me dijo
tiernamente con una sonrisa de oreja a oreja mientras entraba en aquel muy
espaciado departamento.
-Porque eres una maravillosa princesa putita- le dije mas
descaradamente, ya tenia ansias de lamer aquel cuerpecito tan suave que había
tocado enfrente de la escuela.
-¿Qué es una princesa pu..putita?- me pregunto con un toque
de ingenuidad en su carita.
-Tu eres una princesa putita, corazón- le dije mientras
cerraba con llave la puerta detrás de ella- a todas las niñas lindas les digo
princesas, pero a ti te digo princesa putita porque eres la mas hermosa niña que
jamás había visto y me dan ganas de penetrarte con mi verga- le dije en la cima
de la perversión y el descaro. Créanme, en esos momentos se podía decir que yo
era el hombre mas descarado del universo al contestarle a una tierna niña de 10
años de esa forma y que solo por eso merezco ir al infierno. Y tendré que
aceptar el infierno, ya que creo que si me lo merezco.
-¿Pe...ne...penetrarme?- dijo bastante confundida por la
respuesta que le di- ¿y que es eso?- me pregunto ingenuamente.
-Ya lo sabrás mi hermosa princesa putita- le dije hasta con
la saliva escurriendo de mi boca- ¿no quieres comer algo mi putita?- le pregunte
morbosamente dirigiéndome hacia la cocina.
-Si, muchas gracias profesor- me respondió con una
maravillosa sonrisa en el rostro. Sin percatarse de la ausencia de sus
compañeritas.
-Bueno, siéntate y espera a que yo traiga la comida, mi
tierna putita- le dije desde la cocina.
La verdad, no tenia mucha experiencia en lo que a cocinar se
refiere. Vagamente recordaba como cocinar una sopa de fideos, empanadas de atún
y cosas fáciles por el estilo. Fue entonces que me decidí a hacer una sopa de
fideos a mi linda invitada, esperando que el sabor le gustara. Volví a la sala
para observar a mi mas hermosa "lolita" sentada en el sillón y viendo una
extraña caricatura japonesa que parecía que le gustaba mucho, porque de momento
se levantaba del sillón y empezaba a gritar cosas como "Lucho por el amor y la
justicia" o "te castigare en el nombre de la luna". Ver aquellos breves momentos
de ternura me excitaban mucho y a la vez me hacían carcajearme por lo chusco de
sus movimientos.
-En un rato mas estará la sopa princesita- le dije con un
poco de jocosidad- esperemos que no me castigues en el nombre de la luna si sabe
mal- le dije sonriéndole.
-¡Siiiiip!- grito entusiasmada mientras volvía a sentarse
para ver aquella serie tan famosa.
-Me alegro que estés feliz princesita- le respondí- ahora
quítate la ropita para poder ir a comer, mi maravillosa putita- le dije con la
mayor naturalidad.
De pronto volteo su bella carita hacia donde me encontraba.
Su hermoso rostro se veía confundido.
-¿Quitarme la ropa?- me pregunto- ¿para que profesor?- volvió
a preguntar confundida e ingenuamente.
-No te asustes putita- le dije- lo que pasa es que en mi casa
nos tenemos que quitar la ropa antes de comer para que hagamos buena digestión y
no nos enfermemos.
-¿Para hacer buena digesion y no nos enfermemos?- se pregunto
a si misma con una ternura en su mala pronunciación que me hacia reventar la
verga con la presión que contenía- bu...bueno, no quiero enfermarme- se volvió a
responder a si misma.
Amanda empezó por quitarse aquel shortcito rosa de algodón
lentamente, dejando a la vista unas lindas braguitas blancas con un moñito en el
frente que le quedaban muy justas debido a que su pequeña vagina se marcaba por
debajo de aquella prenda. Luego se fue quitando también lentamente aquella
camiseta de tirantes que se le pegaba al cuerpo y que al parecer era lo único
que cubría aquellos pezoncitos rosados casi imperceptibles que lucían
exquisitos, me dieron ganas de comérselos, pero me contuve. Se quito sus
pequeños tenis azules, mostrando completamente sus tiernas calcetas rosas que
estaban dobladas a modo de tobillera. Se iba a quitar sus hermosas calcetas,
pero la detuve antes de que lo hiciera diciéndole que con las calcetas si se
podía comer, mientras que yo solo pensaba en lo tiernamente ingenua que se vería
solo con sus calcetitas rosas. Coloco sus manos por debajo de su braga a ambos
lados y algo temerosa se las fue quitando lentamente hasta mostrarme lo que mas
quería ver, su deliciosa vagina, lampiña, pequeña, con un insignificante bulto
que hacia de clítoris debajo de aquellos labiecillos vaginales. La escena era
maravillosa; ella completamente desnuda, solo con sus calcetas rosadas y con sus
chonguitos en el cabello que la hacían lucir muy tierna, demasiado tierna, tanto
que, por instinto, brinque dos pasos hacia delante queriendo tomarla ya, pero me
contuve al ver que la pequeña pego un suave gritito de miedo ante mi reacción.
-Disculpa princesa- le dije mientras yo también me iba
desvistiendo- es que eres una preciosidad y me dieron ganas de cogerte de una
vez, pero no te asustes, mira, vamos a comer ya- termine diciéndole un poco mas
relajado hasta que ya solo tenia el calzón puesto, ni siquiera me deje los
calcetines como yo le había dicho a ella que se los dejara.
-¿también se puede comer con ropa interior?- me pregunto un
poco mas relajada- que malo es profesor, usted me dijo que solo podía comer con
mis calcetas puestas- me respondió con una tierna cara de enojo.
-No te molestes mi putita- le dije para relajarla- mira,
ahorita me los quito- conteste. Tome de ambos lados mi calzón y me lo baje
instantáneamente haciendo que mi tierna niña diera un saltito pequeña hacia
atrás al contemplar mi enorme verga que se erguía hacia lo alto y, que con sus
20cm de largo, ansiaba ser cubierto con los néctares de la pequeña.
-¡¡¡WAAOOOOOO!!!- grito asombrada la pequeña al observar mi
largo y grueso miembro- ¿puedo tocarlo?- pregunto con la mirada fija en mi verga
y con una de sus manitas acercándose a mi falo.
-Después princesa- le respondí- ahora debemos comer para que
crezcas sana y fuerte.
-Esta bien- contesto con un poco de decepción en su preciosa
carita.
Los dos nos dirigimos rápidamente hacia el comedor y nos
sentamos en las sillas acolchadas que se encontraban alrededor. Amanda no dejaba
de mirarme la verga ni por un instante. Fui por la sopa y se la serví en un
plato hondo de color blanco, como su pureza. Aun en lo que seria el almuerzo,
ella se agachaba disimuladamente para contemplar mi verga que se estaba
hinchando con cada mirada furtiva de la niña, mientras yo le contemplaba su
hermoso rostro y sus hermosos pezones casi invisibles.
De pronto me acorde de algo, me fui hacia la cocina y regrese
con un pequeño frasco que puse sobre la mesa de tal forma que la niña pudiera
darse cuenta de lo que era. Me encantaba escuchar su linda voz y sus ingenuas
preguntas.
-A..afro..di..sia..co- leyó en el frasco pausadamente- ¿qué
es afrosiaco?- me pregunto una vez mas con su mala y tierna pronunciación. Era
realmente increíble que una niña de diez años fuera tan ingenua como una de 6 o
5 años. Incluso cuando hacia mi servicio en una escuela mixta, ninguna de mis
alumnas de la misma edad de la niña era tan ingenua y hasta eran bastante
groseras. Pero no Amanda, no, ella era una niña digna de venerarse y de
saborearla.
-Afrodisíaco princesita- le corregí con una sonrisa- es para
que tu sopa tenga un mejor sabor- le conteste mientras tomaba un pizquita de
aquel polvito gris y verde y lo distribuía por la sopa de la pequeña. Ella lo
tomo.
-Mi sopa sabe igual profesor- me dijo, pero siguió tomándose
la sopa con afrodisíaco sin ninguna queja.
Yo de verdad ya estaba harto de que Amanda me dijera
profesor, pero al mismo tiempo sentía que se oía mas tierna diciendo esa
palabra. Una alumna y su maestro, maravillosa la hora en que decidí convertirme
en educando.
Los minutos pasaban y no había signo de que la pequeña
tuviera alguna reacción. Me pidió otro plato de sopa e intento echarle una poco
mas del afrodisíaco, pero la detuve pensando en las consecuencias del exceso de
aquel "condimento" tan extraño para ella. Me volvió a pedir aun mas sopa, pero
cuando iba a dar el primer sorbo de la cuchara se detuvo repentinamente, la
soltó, se llevo sus manitas a su vagina y agacho la mirada con los ojos
cerrados. Pude notar como sus mejillas se iban poniendo cada vez mas rojas y su
respiración se iba agitando tan rápidamente que me asuste bastante pensando que
le había hecho daño aquella porquería.
-¿Qué...que te pasa Amanda?- le pregunte muy asustado-¿qué
tienes?, ¿te pasa algo?- volví a preguntar pero no recibí respuesta hasta
después de unos segundos.
-Pro...profesor- dijo entrecortado- ¿dónde esta el baño?.
Tengo ganas de hacer pipi- me contesto. Esa respuesta me alivio bastante, pero
justo cuando iba a señalarle donde estaba, la niña se llevo las manos a las
mejillas y....
-¡¡¡AAAAAAAAHHH!!!- grito de una forma bastante excitante,
como si estuviera gozando aquel cosquilleo que le producía el afrodisíaco en su
vagina infantil, y entonces empezó a orinarse sobre la silla después de volverse
a colocar una manita en su hermosa hendidura. Escurriendo sobre mi silla, sobre
sus piernitas y mojando el suelo del comedor con aquella preciosa lluvia dorada-
¡Pe...pe..perdón profesor!- grito levemente la pequeña al mirar como su
insaseante chorro caía al suelo mientras ella seguía sintiendo aquel cosquilleo
en la vagina.
-No te preocupes princesita- le dije- tu sigue así, ya veras
como disfrutaras mucho mas- le dije morbosamente mientras admiraba aquella
descarga de orina sobre el suelo del comedor. Y al parecer mis palabras la
reconfortaron mas, porque empezó a gemir salvaje y tiernamente mientras su dulce
orina salía cada vez mas fuerte hasta que se hubieron vaciado completamente sus
pequeños riñones. Y cayo tendida sobre la mesa con la respiración aun agitada.
-¿Te gusto lo que sentiste princesita?- le pregunte
arrodillándome junto a ella y colocando mi mano sobre su muslo, muy cerca de la
vagina húmeda.
-nooooo- me dijo con unas dulces lagrimas escurriendo por sus
mejillas rojas- me hice pipi en su piso- dijo muy triste. Supongo que pensaba
que la regañaría y la castigaría y peor aun, la reprobaría.
-No tienes que sentirte triste princesa- le dije secando con
mis dedos sus pequeñas lagrimitas que le escurrían- lo que acabas de hacer me
puso muy excitado y me dieron muchas mas ganas de penetrarte, mi princesita
putita- le dije para intentar calmarla, pero parecía que la sustancia que eche
en su sopa aun seguía surtiendo efecto porque seguía tocándose su pequeña vagina
con las manos.
-Aaaah- grito levemente-¿de verdad, no esta enojado?- me
pregunto mientras me miraba con sus lindos ojitos azul-gris que me gustaban
tanto.
-De verdad princesa- respondí- es mas, te voy a penetrar
ahora mismo- le dije poniendo una vez mas mi mano en su pierna, mucho mas cerca
de su vagina.
-ahhhh- gimió levemente- ¿qué es penetrar?, ¿para que sirve?-
me dijo aun entre gimoteos y excitación.
-Es para quitarte la sensación que tienes en la vagina,
corazón- le respondí con un horrible descaro que hasta sigo arrepentido.
-¿Y me va a doler?- me pregunto.
-Solo un poquito, pero luego te va a gustar mucho- le dije
mirándola con un falso amor fraternal. Aunque muy en mi interior sabia que ese
tipo de preguntas eran algo estúpidas, como las que me hacia Melody y me
frustraban, también tenia la sensación de que Amanda era una niña con la que
nadie se puede enojar, a pesar de la clase de preguntas que hacia. Es mas,
cuando ella hace preguntas, las dice con mucha ternura e ingenuidad que es
difícil no querer meterle la verga en la boca al sentir aquella ternura.
¡¡¡DEMONIOS!!!, ¿cómo es posible que nunca me haya fijado en esta preciosidad en
el salón de clases?, pero la respuesta es fácil, tenia a mis bellas "lolitas"
que me acaparaban para ellas mismas alejándome del mundo real. ¿Quién podía
resistirse a la delicadeza de Melody o la tierna belleza de Lolita?. Pero todo
desaparecía de mi mente al contemplar a mi pequeña Amanda jadeando como perrito
sobre mi mesa y con una de sus delicadas manos en su vagina.
-Es...esta bien profe...(aaaahhh)...sor-me dijo sacándome de
mis reflexiones tan tontas- por favor, quíteme esta sensación de mi rayita- dijo
suavemente refiriéndose a su vagina.
-Esta bien princesita- le conteste- ahí voy.
Me levante, la tome entre mis brazos, la calidez de su cuerpo
me hacia reventar la verga; su fragilidad se veía claramente entre mis brazos
mientras ella seguía dando grititos de placer y se mordía su dedo pulgar para
aminorar el ruido. Sentía como seguía escurriendo las pocas gotas de orina que
tenia en las piernas y que caían sobre mi hinchada verga. La lleve a mi
dormitorio matrimonial y la tendí sobre la orilla de la cama, dejando sin
soporte sus delicadas piernas y alzándolas sobre mis hombros.
-¿qué...que hace prof...(aaahh)?- no termino la respuesta.
Sin duda la excitación que sentía en esos momentos era brutal, era casi ilógico
que una pequeña de su edad pudiera aguantar aquella sensación sin desmayarse.
Pero ella seguía conciente de lo que estaba pasando a su alrededor-
pro...profesor...que esta(aaaahh)- grito algo fuerte al sentir como mi lengua
iba escudriñando dentro de su pequeña hendidura, saboreando aquel néctar que se
disolvía con la orina que había salido antes. –Pro..profesor...(aaahh). No..no
lo haga...me siento...(aaaahh)- termino con ese suave grito que me incito a
seguir lamiendo pues sabia que aunque era muy pequeña, ella estaba disfrutando
de lo que le hacia a su tierno conejito.
No se cuanto tiempo había pasado hasta que deje de lamerle su
conejito y ella seguía quejándose de placer. No me percataba del mundo a mi
alrededor, solo quería hacerle el amor a aquella delicada niña que
accidentalmente llego a mis brazos por hacerle caso a sus amiguitas. Mis otras
dos "lolitas". La contemplaba tendida sobre la cama y bañada en sudor. Me
acerque a ella y empecé a tocarle su hermoso cuerpo sin recibir algún comentario
por parte de la niña; tal vez había perdido la sensación por la exagerada
excitación que sentía, pero cuando le lamí uno de aquellos pezoncitos rosas que
estaba un poco duritos me di cuenta que seguía sintiendo mis delicadas caricias
y lengüetazos sobre su cuerpecito. Subí mi rostro hasta su pelo y pude notar un
exquisito olor a fresas que emanaba su suave cabello. Baje mi nariz por su
cuello; por su pecho; por su ombligo; por su vagina, y el mismo olor a perfume
infantil sobresalía de su cuerpecito excitándome hasta la locura. No había mas
remedio, debía "adentrarme" en la pequeña.
-Princesa- le dije- ¿aun sigue teniendo esa sensación en tu
"rayita"?- le pregunte levantándome y mirándole su tierno rostro agotado. Ella
solo asintió levemente. –Bueno princesa- dije- ahorita te lo voy a quitar.
Muerde esto si te duele- le conteste mientras le daba un diminuto consolador
para que mordiera. Ni siquiera yo supe de donde había salido aquella pequeña
baratija.
El proceso empezó lentamente. A diferencia de Melody o
Lolita, Amanda no tenia una vagina diseñada para mi enorme garrote; incluso
introducir mi glande me resulto difícil por lo estrecho de la vagina de la
pequeña. Pero no me rendía, había esperado aquel día para disfrutar de mis
"lolitas" y, como no aparecieron, decidí meterle mi verga a esta pequeña que era
incluso mas hermosa que mis dos "lolitas" juntas. Seguía con las piernas de
Amanda sobre mis hombros y me inclinaba bastante para poder introducir mi verga
en su infantil hendidura. Otra vez metí con dificultad mi glande, lo fui
forzando lentamente hasta que encontrara la pequeña pared virginal de Amanda;
introduciendo lentamente mi pene sin darme cuenta de la carita de dolor de mi
niña hasta que ella misma tomo mi pene con sus manitas e intentaba sacarlo de su
"rayita", pero justo en el momento en que sentía sus manitas alrededor de mi
verga intentando sacarla, pude sentir la suave pared virginal que mantenía a la
niña pura e inocente y que si se la quitaba tal vez perdería esa inocencia que
me excitaba tanto. ¿Qué podía hacer?, ya empezaba a dudar cuando en un
movimiento inesperado de la niña le desgarre limpiamente aquella pared tan
frágil.
-¡¡¡AAAAAAAAAAHHH!!!- grito bruscamente, aferrándose con sus
manitas a mi cuello y enterrándome las uñas en la espalda mientras sus lindos
ojitos escurrían sin cesar lagrimas de dolor.
Ya no podía detenerme; hasta hoy día lamento que fuera así,
tan doloroso para ella, un accidente que no tiene reversa y del cual me he
sentido tan mal que incluso empiezo a llorar con solo acordarme. Pero no podía
detenerme, empecé a empujar cada vez mas mi verga dentro de la pequeña; sacando
y metiendo con ritmo acelerado. Con sus pequeños gritos pidiéndome que me
detenga. Pero yo era el que quería terminar lo mas rápido posible. Correrme
dentro de ella lo mas pronto posible para saciar mis deseos y dejar de hacer
sufrir a la pequeña.
Cada segundo me parecía una eternidad con mi verga bombeando
dentro de la inocente Amanda; oyendo como sus pequeños gritos desaparecían y se
iban convirtiendo en pequeños gemidos que me indicaban el placer que ya estaba
sintiendo. Sus manitas dejaron de apretarme el cuello. Empecé a bombear mas
rápido, ¿qué me estaba pasando?, ¿por qué no eyaculaba?. Quería terminar
¡¡¡¡¡¡¡YAAAAAAAAAAA!!!!!!!!. Por fin me había corrido dentro de mi dulce niña. Y
aunque mis fuerzas me habían abandonado, pude sacarle mi grueso y duro falo de
su tierna e inocente vagina.
No sabia que hacer ahora. Ya sacie mis deseos, ¿qué debía
hacer?. Caí de rodillas sobre el suelo, mire a mi hermosa princesa. Contemple su
hermosa carita agotada, libre del dolor que había sufrido, casi sin expresión y
respirando agitadamente y entonces, entonces, comencé a llorar frente a la cama.
¿Cuánto tiempo había pasado?, no podía asegurarlo. Me sentía
tan mal por lo que le había hecho a Amanda que no me importaba que mi esposa me
descubriera. Quería que me delatara con la policía, quería ir a la cárcel,
quería sufrir el peor castigo por quitarle a una inocente niña su preciada
virginidad, por quitarle la inocencia que me desgarro el alma. ¿Cuánto tiempo ha
pasado?, voltee a ver el reloj que tenia colgado encima de la cama. Las 4pm.
¿Dónde estas princesa?, susurre levemente sin energías. Voltee la mirada a la
cama y no pude verla. Me asuste mucho, ¿qué le abra pasado?, debo levantarme y
buscarla, no quería que sufriera mas por mi culpa. Pero al momento de querer
levantarme pude sentir un peso sobre mis piernas; algo ligero y de una suavidad
conocida. Cuando mire a mis piernas pude encontrar a mi pequeña niña con la
cabeza sobre mis piernas, muy cerca de aquel pene envuelto en sangre que le
había quitado su inocencia. Pero ya no podía hacer nada, perdón.
Me levante sin despertarla. Me dirigí al baño y llene la tina
con un poco de agua tibia. Regrese y tome una vez mas entre mis brazos a la
pequeña, como un padre tomando en brazos a su hija, y nos metimos juntos a la
tina. El agua se mancho de un color escarlata que me recordó el sufrimiento de
mi pequeña. No podía soportarlo; empezaba a recordar la sensación de mi pene
dentro de ella, sus gritos de dolor y su suave excitación. Soy un maldito.
Le tallaba suavemente el cuerpo con una esponja y con mis
manos le acariciaba su vagina para limpiar los residuos de mi maldita
perversión. Maldición. Sentía como mi pene se iba agrandando a cada roce y quite
rápidamente mi mano para evitarlo cuando unas delicadas manitas tomaban mi brazo
y lo ponían una vez mas en aquella hendidura.
-me dolió mucho profesor- me dijo delicadamente la pequeña
Amanda- sobeme para que ya no me vuelva a doler- me dijo en susurros.
La abracé fuertemente y me eche a llorar, pidiéndole perdón
todo el tiempo.
Otra vez me había quedado dormido, dormido en la tina del
baño y una vez mas deje de ver a mi pequeña. Con las pocas energías que había
recuperado salí rápidamente de la tina en busca de Amanda. Salí al dormitorio y
tampoco la vi. Pero escuchaba el sonido de la televisión prendida en la sala y
salí corriendo, desnudo y mojado sin importarme nada. Cuando llegue a la sala
encontré a mi nenita viendo la tele con su inocencia característica, con las
piernitas cruzadas y aun desnuda. Se veía tan delicada.
-hola profesor- me dijo con dulzura y con las mismas energías
con las que la traje a mi casa. –Mire, me metió a la tina con mis calcetas,
jijiji- me dijo mostrándome sus pequeñas calcetas húmedas y sonriéndome como si
no hubiera pasado nada. –Profesor- me dijo con voz inocente.
-¿Qué paso princesa?- le pregunte con un poco de alegría al
verla tan radiante como siempre.
-¿Qué significa "kame-maje-ya"?- me pregunto.
Yo me empecé a reír y ella también lo hizo. Mis ánimos se
habían elevado, pero jure que no lastimaría a una niña como mi pequeña Amanda
otra vez.
Me retire a mi cuarto para vestirme y deje a mi princesita
viendo la tele hasta las 5:30pm. Cuando dio la hora establecida volví a la sala
y encontré a mi pequeña risueña brincando en el sofá y gritando las frases que
oía en la tele. Me alegraba verla tan feliz; me acerque a ella y tomando la ropa
del suelo le dije que se la pusiera. Extrañamente se negó a ponerse la ropa.
-Póngamela usted- dijo inocentemente- si no, no me la pongo.
No podía negarme a sus deseos. Quería ponerle la ropa
rápidamente para no excitarme de nuevo, pero al darme cuenta de lo apretada que
era aquella vestimenta me resigne a colocársela lentamente para no lastimarla.
Primero le puse sus braguitas blancas con un moñito en el frente, subiéndola
lentamente hasta llegar a donde estaba aquella delicada vagina que había
despurado, le subí completamente las bragas sintiendo su suave piel. Tome la
pequeña camiseta de tirantes floreados y se la fui colocando tiernamente
mientras ella lanzaba unas risitas de alegría. Tome su pequeño short rosa y se
lo fui subiendo tan lenta y delicadamente como ella se lo había quitado en la
mañana. Solo faltaban los tenis. Aquellos tenis azules que le daban un aire de
niña inocente, se los puse aun con las calcetas mojadas. Me levante para
verificar que todo estuviera en su lugar. Se veía tan hermosa como cuando la vi
por primera vez enfrente de la escuela
Espere a que dieran las 5:45pm para llevarla hacia la escuela
y esperar a que la recogiera su hermana. Ya no me importaba si le decía a
alguien, quería pagar por el crimen que cometí. No le dije nada mientras nos
encaminábamos con el auto hacia la escuela. Incluso se dio cuenta de que paso
menos tiempo que cuando viajábamos a mi casa.
Al llegar al susodicho lugar esperamos a que llegar la
hermana de Amanda, Sandra. Cuando llego y la vi abrazando a su hermanita me
dieron ganas de confesarle todo para que me metieran a la cárcel, pero antes de
poder decir nada la pequeña Amanda se me acerco, me pidió que me agachara y me
dijo al oído suavemente "me gusto mucho profesor", me dio un beso y se fue con
su hermana hacia el otro lado de la calle hasta desaparecer.
Ese día al llegar mi esposa se me ocurrió contarle todo pero
me acorde del besito de Amanda y me quede callado. Mi esposa nunca supo lo que
ocurrió aquel día, aceptando las respuestas evasivas que le daba por la tina con
agua llena de sangre y el suave olor a perfume de fresas. Nunca sabrá que su
esposo es un monstruo.
Aquí termina la quinta parte de la saga. Debido al alto
contenido de perversión en esta historia me veo en la necesidad de revelar que
es simplemente una historia de fantasía. No se la crean demasiado y no lastimen
a los niños nunca.
Espero que esto no les quite las ganas de leer la
continuación. Nos vemos.