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La escuela del placer (5)
Hetero: General- 2008-05-17 00:05:10
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Hola queridos lectores. Primero que nada debo disculparme por el excesivo atraso de la continuación de esta historia; no tengo excusa por la perdida de tiempo que les he generado al buscar la continuación, pero ahora he regresado para poder seguir con la historia de mis mas maravillosas fantasías y experiencias con mis bellas niñas. También quiero advertirles que la siguiente historia es bastante fuerte y que puede dañar sensibilidades. Por ultimo, les recuerdo que mi mail es POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO por si quieren escribirme; insultarme o cualquier cosa que se les ocurra. Y sin mas que decir, empecemos.

Después de las noches de pasión que tuve con mi esposa los dos días anteriores al fin de semana, no pude quitarme de la cabeza ni por un momento las imágenes de mis bellas alumnas Melody y Lolita. Sin duda estaba esperando aquel maravilloso sábado para poder tenerlas a las dos entre mis brazos; poder sentir sus cuerpecitos infantiles, saborear aquellos culitos que me excitaban tanto y poder, por fin, penetrar profundamente en sus pequeñas vaginas sin vello. Y es que el simple hecho de imaginarlas con mi verga dentro de sus pequeños orificios me excitaba hasta el punto en que tenia que bañarme con agua fría para poder contener los litros de semen que quería echarles en sus conchitas.

Desde que planee lo que iba a hacer el sábado no he podido disimular mis ansias por que fuera el día esperado; me había pasado todo el día viernes en la calle comprando revistas pornográficas para obtener algunos tips, incluso me compre el kamasutra para poder practicarlo con cualquiera de mis bellas alumnas y hacerlas disfrutar de lo que les esperaba el sábado. Mi emoción era tan grande que incluso mi hermosa esposa se dio cuenta, pero le dije que simplemente me gustaba mi trabajo y ella no dijo nada mas. Que emoción; no podía dormir y me quedaba mirando el reloj colgado en la pared de la sala, pensando en la suavidad de las dos pequeñas vaginas que iba a desflorar aquel día, pero de pronto me abordo la idea de que los padres se extrañaran por eso de repasar lo de la semana este sábado a pesar de que solo hubo 4 días de clases. No era momento de dudar, debía confiar en que el plan funcionaria; sino, de que sirve que haya comprado tanto afrodisíaco y píldoras para una erección sin limite de tiempo.

Seguía despierto con la idea de poder ver a mis queridas "lolitas" en mi casa completamente desnudas y listas para recibir mi "banana" de 20 cm de largo. Ya eran las 8am del sábado; no había podido dormir por la emoción de lo que sucedería aquel día tan ansiado. Mi esposa se había ido a trabajar desde las 6:30am sin percatarse que su amado esposo nunca cerro los ojos en toda la noche; sin darse cuenta de que yo, Carlos, había comprado demasiados objetos de contenido sexual. Dieron las 8:30am. Rápidamente me dirigí a la ducha, me vestí normalmente y me encamine hacia la escuela donde esperaba poder ver a mis niñas.

Cuando llegue al lugar pactado no encontré a ninguna de mis dos preciosas alumnas; tal vez sus padres no se creyeron el estúpido cuento de "repasar" lo de la semana y decidieron que no debían traerlas, dejándome a mi con una calentura que casi me hace reventar de la frustración que sentía. No tenia mas remedio que retirarme cabizbajo y esperar a que el fin de semana pasara mas rápido de lo que esperaba.

-Maldita sea, y ahora ¿cómo me bajo lo caliente?- dije entre susurros mientras me encaminaba al pequeño vehículo rojo estacionado enfrente de la escuela que, claramente, era mi auto...............pero de pronto.

-¡Espere!, ¡espere!- grito una linda vocecilla desde el otro lado de la calle –¡no me deje!- grito de nuevo mientras yo veía de donde salía esa delicada voz infantil que creía de alguna de mis dos lolitas.

No era Melody, ni tampoco Lolita. La delicada voz que estaba escuchando y que me pedía que no me retirara era de otra niña, otra de mis alumnas que, aunque realmente no la conocía, sabia cual era su nombre, Amanda. La pequeña Amanda es igual que sus compañeritas; con un hermoso cuerpo infantil que podía excitar al mas puritano. Pelirroja y de piel blanca; sus ojos eran de un azul grisáceo que revelaban la inocencia de la pequeña, mientras su rostro tierno de niña mostraba una belleza un poco superior a la de mis dulces "lolitas". Vestida en esos momentos con un diminuto short de algodón color rosa y una pequeña camiseta sin mangas que le colgaba con unos diminutos tirantes floreados; unos tenis azul cielo y con las pequeñas calcetas rosas que le llegaban un poco arriba del tobillo era sin duda una niñita que merecía ser desflorada con mis 20cm de gruesa verga.

-¡perdón por llegar tarde!- dijo la pequeña mientras cruzaba la calle para llegar hasta donde estaba yo. Pero en su afán de cruzar rápidamente no se había dado cuenta del pequeño agujero que había en la calle y que la hizo tropezar de tal manera que pude atraparla con mis manos. Mi mano derecha estaba puesta sobre el tibio y delicado pecho de Amanda, mientras mi mano izquierda acariciaba suavemente el redondo traserito de la niña, lo que hizo que mi verga se petrificara hasta el extremo. No quería dejar de tocar aquel delicado cuerpecito que tanto me recordaba al de Melody o al de Lolita, pero de repente una voz, también desde el otro lado de la calle, me hizo componerme y dejar a la pequeña.

-Perdone el retraso- dijo la segunda voz. Una voz igual de delicada, pero un poco mas adulta que provenía de una diosa. Una hermosa muchacha pelirroja de unos veinte años se nos acerco. La muchacha estaba vestida de la misma manera que Amanda, con un pequeño short y una camiseta deportiva de manga corta. Y al igual que la niña, el hermoso color claro de su piel hacia resaltar aquella belleza que también me excitaba. – Disculpe que lleguemos tarde, pero esta tontita no quería salir de la ducha- dijo al momento de llegar hacia donde nos encontrábamos la pequeña y yo.

-A si, pues yo no fui la que perdió sus bragas después de bañarse- contesto la pequeña con un tono desafiante.

-¿Cómo te atreves a decir eso mocosa?, me las pagaras en la casa- respondió la muchacha con un rojo en sus mejillas que se podía apreciar desde casi un kilómetro.

Las señoritas se lanzaban miradas furtivas entre ellas mismas y podría decirse que eran miradas de odio, pero pude notar un ligero amor fraternal entre estas hermosas contrincantes, por lo que me atreví a preguntar...

-Disculpa- le dije a la muchacha- ¿quién eres?- le pregunte mirando disimuladamente aquellos redondos senos que sobresalían debajo de aquella camiseta deportiva.

-¿Qué?- dijo confundida- a si, soy la hermana de Amanda, mi nombre es Sandra. Pero puedes llamarme Sandy- me contesto bastante atrevida mientras me miraba de arriba abajo, deteniéndose unos segundos sobre mi verga, de la cual parecía que ya se había dado cuenta de mi excitación. - ¿Y tu como te llamas?- pregunto.

-Tu siempre andas coqueteando con todos- dijo Amanda al darse cuenta de cómo me miraba su hermana- un día se puso a coquetear con su maestro de Alemán, pero cuando descubrió que era casado empezó a llorar por una semana- dijo la pequeña en voz alta, parecía que quería poner en vergüenza a su hermana para que dejara de coquetearme.

-¿A ti que te importa mocosa?- dijo un poco enojada- de que sirve que tenga este cuerpo si no lo voy a usar. Además, yo no soy la que ronca como motor de auto viejo- respondió a las impertinencias de su hermanita.

Una vez mas, las damitas se miraron enojadas. Pero yo sabia que esas miradas eran típicas entre hermanas que se quieren mucho.

-Disculpen- me atreví a hablar un poco impaciente- pero....

-A si, disculpe- dijo la hermosa Sandra- creo que ya es hora de que regrese a la casa, pero....-dijo un poco pensativa- ¿dónde están las demás niñas?- pregunto mientras miraba a ambos lados de la calle para ver si encontraba a alguna otra compañerita de su hermana.

-Ya están dentro, en la escuela- le dije rápidamente para que no sospechara.

-¿A si?- dijo. Entonces levanto la mirada para ver dentro de la escuela- si es cierto, puedo ver a una niña en el segundo piso.

-¿Para que estas mirando?- dijo inmediatamente Amanda mientras se arreglaba los pequeños chonguitos que se había hecho en su lindo cabello color fuego- no puedes ver nada sin tus anteojos- termino. Entonces saco de su pequeña bolsita de tela que traía en la mano unos anteojos y se los ofreció a Sandy.

-Tu no te puedes quedar callada, ¿verdad?- dijo mientras tomaba con furia sus anteojos y se los ponía. Con ellos se veía aun mas sexy de lo que parecía- bueno, ¿a que hora debo pasar por esta enana?- dijo sin volver la vista a la escuela para afirmar si lo que había visto era una niña.

-A las 6:30pm- le dije algo excitado mientras disimuladamente contemplaba su hermosa figura de venus.

-Eso es muy tarde ¿no cree?- dijo algo dudosa- pero bueno, usted es el maestro. Si se porta mal tiene permiso para darle unas nalgadas frente a la clase, jajaja- dijo mientras reía muy optimista.

Después de reír un poco y decirle que me llamaba Carlos y que ya estaba casado ella se retiro tan rápidamente como había llegado con una mueca de tristeza en su hermoso rostro pero con una alegría muy abundante. Y se fue.

Inmediatamente voltee hacia la escuela para ver si era cierto lo de la niña en el segundo piso. ¿Acaso mis bellas "lolitas" estaban en la escuela?. Mire, pero casi me caigo de espaldas al suelo al reconocer aquella figura en el segundo piso. Era la señora de servicio que limpiaba uno de los salones. Lo que me sorprendió no fue el hecho de que era la señora que limpiaba la escuela, sino que aquella señora, de complexión robusta y bastante alta había sido confundida con una alumna. Pero bueno, las cosas chuscas siempre pueden pasar, aun en los lugares menos esperados.

Reponiéndome de aquella comedia realista, me decidí a preguntarle a la hermosa Amanda una duda que me rondaba la cabeza desde que ella y su hermana llegaron ante mi presencia.

-Contéstame algo Amanda- le dije contemplando su delicada figura infantil.

-¿Qué pasa profesor?- me pregunto levantando la vista y mirándome con sus hermosos ojos azul-gris a los míos.

-¿Cómo te enteraste de que íbamos a repasar lo de la semana este sábado?- le pregunte bastante confundido mientras trataba de recordar si había alguien mas en el salón aquel día. No, solo recuerdo que se los dije a Melody y a Lolita. -¿Quién te lo dijo?- le pregunte de nuevo.

-Pues me lo dijo Melody, profesor- me contesto con mucha dulzura- Ayer que fui a su casa me dijo que usted había dicho que teníamos que venir el sábado para repasar lo de la semana y por eso estoy aquí- respondió firmemente.

-¿Y Melody?- le pregunte instintivamente, como si sintiera que le paso algo a mi bella Alumna.

-No pudo venir- dijo- porque su mama la llevaría a pasar el fin de semana a casa de su abuela. Entonces me llamo para que le dijera a usted que la disculpase- respondió finalmente.

-Ya veo- me dije en voz baja- pero ¿y Lolita?.

-Lolita se fue con sus padres a Estados Unidos profesor- me dijo- porque su papá tenia que hacer algo allá y se llevo a Lolita y a su mama- me dijo inocentemente aun mirándome a los ojos.

Contemple a Amanda por unos minutos. Mire su hermosa figura de niña; sus lindos chonguitos en el cabello que la hacían lucir aun mas tierna; sus bellos ojos azul-gris que me miraban con inocencia; su forma de vestir tan excitante me hacían desearla mas por cada minuto que pasaba y, entonces, decidí descargar mi exceso de energía con esta pequeña dulzura.

-Bueno, ya es hora de irse- dije en voz alta para que la niña me escuchara- súbete al carro Amanda- le ordene con un poco de afecto en mi voz.

-¿Al carro?- pregunto- creí que entraríamos a la escuela con las demás niñas- me dijo confundida mientras miraba en dirección a la escuela.

-Las demás están en mi casa- le dije- y debemos irnos rápido para no hacerlas esperar, corazón- le respondí con un poco mas de afecto en la voz para convencerla.

-¿En serio?- pregunto fijando sus lindos ojos en los míos- bueno, entonces vamonos- contesto sonriendo. Se dirigió hacia mi auto, abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto con suma impaciencia por llegar a ver a sus amigas que, según ella, se encontraban en mi casa.

El recorrido desde la escuela fue mas largo de lo que la pequeña podía esperar puesto que le vi la cara de aburrimiento y cada cinco minutos me preguntaba si faltaba mucho para llegar, siempre le contestaba que ya faltaba poco y ella siempre creía mis respuestas. Sin duda alguna, Amanda era una niña muy inocente, impulsiva, pero muy inocente pues nunca se percato de que yo daba vueltas en circulo por algunas calles cerca de la escuela y mi casa. Ese paseo me sirvió para poder contemplar mucho mejor a la pequeña sin que nadie nos viera. Disimuladamente, mientras nos detenía una luz roja, yo volteaba la mirada hacia las hermosas piernas de la infante y la subía hacia donde el pequeño short rosado marcaba el monte de venus de la niña. Amanda, por supuesto, estaba mas entretenida mirando la infinidad de carros que pasaban junto a nosotros, sin darse cuenta de la mirada lujuriosa que le mandaba cada rato. Era una linda niña, tan tierna e inocente que incluso, al querer mirar mas fijamente el anuncio de una caricatura, se arrodillo sobre el asiento, saco la mitad del cuerpo por la ventanilla para poder ver mejor, se inclino un poco y me enseño la perfecta redondez de aquel delicioso trasero que era cubierto por aquella diminuta prenda de vestir.

-metete porque te vas a lastimar- le dije un poco preocupado al notar la concurrencia de la avenida, llena de autos y personas.

Y sin decir nada, se metió en el auto y se quedo quietecita hasta el momento en que arribamos al edificio en el que se encontraba aquel departamento solitario que estaba a 10 minutos de la escuela que habíamos dejado hace como 30 minutos y que la pequeña no se había dado cuenta. Nos bajamos del auto; nos dirigimos al edificio, abrí la puerta y puse por delante a Amanda para dirigirla hacia mi departamento. Subiendo las escaleras con ella adelante me permitió contemplar las hermosas piernas que poseía y aquel delicado trasero que ya ansiaba penetrar.

-Ya llegamos, princesa- le dije con el mayor morbo que se pueda escuchar de un hombre mientras sacaba las llaves de mi pantalón para poder abrir la puerta que teníamos enfrente.

-Jijiji, ¿por qué me dice princesa profesor?- me dijo tiernamente con una sonrisa de oreja a oreja mientras entraba en aquel muy espaciado departamento.

-Porque eres una maravillosa princesa putita- le dije mas descaradamente, ya tenia ansias de lamer aquel cuerpecito tan suave que había tocado enfrente de la escuela.

-¿Qué es una princesa pu..putita?- me pregunto con un toque de ingenuidad en su carita.

-Tu eres una princesa putita, corazón- le dije mientras cerraba con llave la puerta detrás de ella- a todas las niñas lindas les digo princesas, pero a ti te digo princesa putita porque eres la mas hermosa niña que jamás había visto y me dan ganas de penetrarte con mi verga- le dije en la cima de la perversión y el descaro. Créanme, en esos momentos se podía decir que yo era el hombre mas descarado del universo al contestarle a una tierna niña de 10 años de esa forma y que solo por eso merezco ir al infierno. Y tendré que aceptar el infierno, ya que creo que si me lo merezco.

-¿Pe...ne...penetrarme?- dijo bastante confundida por la respuesta que le di- ¿y que es eso?- me pregunto ingenuamente.

-Ya lo sabrás mi hermosa princesa putita- le dije hasta con la saliva escurriendo de mi boca- ¿no quieres comer algo mi putita?- le pregunte morbosamente dirigiéndome hacia la cocina.

-Si, muchas gracias profesor- me respondió con una maravillosa sonrisa en el rostro. Sin percatarse de la ausencia de sus compañeritas.

-Bueno, siéntate y espera a que yo traiga la comida, mi tierna putita- le dije desde la cocina.

La verdad, no tenia mucha experiencia en lo que a cocinar se refiere. Vagamente recordaba como cocinar una sopa de fideos, empanadas de atún y cosas fáciles por el estilo. Fue entonces que me decidí a hacer una sopa de fideos a mi linda invitada, esperando que el sabor le gustara. Volví a la sala para observar a mi mas hermosa "lolita" sentada en el sillón y viendo una extraña caricatura japonesa que parecía que le gustaba mucho, porque de momento se levantaba del sillón y empezaba a gritar cosas como "Lucho por el amor y la justicia" o "te castigare en el nombre de la luna". Ver aquellos breves momentos de ternura me excitaban mucho y a la vez me hacían carcajearme por lo chusco de sus movimientos.

-En un rato mas estará la sopa princesita- le dije con un poco de jocosidad- esperemos que no me castigues en el nombre de la luna si sabe mal- le dije sonriéndole.

-¡Siiiiip!- grito entusiasmada mientras volvía a sentarse para ver aquella serie tan famosa.

-Me alegro que estés feliz princesita- le respondí- ahora quítate la ropita para poder ir a comer, mi maravillosa putita- le dije con la mayor naturalidad.

De pronto volteo su bella carita hacia donde me encontraba. Su hermoso rostro se veía confundido.

-¿Quitarme la ropa?- me pregunto- ¿para que profesor?- volvió a preguntar confundida e ingenuamente.

-No te asustes putita- le dije- lo que pasa es que en mi casa nos tenemos que quitar la ropa antes de comer para que hagamos buena digestión y no nos enfermemos.

-¿Para hacer buena digesion y no nos enfermemos?- se pregunto a si misma con una ternura en su mala pronunciación que me hacia reventar la verga con la presión que contenía- bu...bueno, no quiero enfermarme- se volvió a responder a si misma.

Amanda empezó por quitarse aquel shortcito rosa de algodón lentamente, dejando a la vista unas lindas braguitas blancas con un moñito en el frente que le quedaban muy justas debido a que su pequeña vagina se marcaba por debajo de aquella prenda. Luego se fue quitando también lentamente aquella camiseta de tirantes que se le pegaba al cuerpo y que al parecer era lo único que cubría aquellos pezoncitos rosados casi imperceptibles que lucían exquisitos, me dieron ganas de comérselos, pero me contuve. Se quito sus pequeños tenis azules, mostrando completamente sus tiernas calcetas rosas que estaban dobladas a modo de tobillera. Se iba a quitar sus hermosas calcetas, pero la detuve antes de que lo hiciera diciéndole que con las calcetas si se podía comer, mientras que yo solo pensaba en lo tiernamente ingenua que se vería solo con sus calcetitas rosas. Coloco sus manos por debajo de su braga a ambos lados y algo temerosa se las fue quitando lentamente hasta mostrarme lo que mas quería ver, su deliciosa vagina, lampiña, pequeña, con un insignificante bulto que hacia de clítoris debajo de aquellos labiecillos vaginales. La escena era maravillosa; ella completamente desnuda, solo con sus calcetas rosadas y con sus chonguitos en el cabello que la hacían lucir muy tierna, demasiado tierna, tanto que, por instinto, brinque dos pasos hacia delante queriendo tomarla ya, pero me contuve al ver que la pequeña pego un suave gritito de miedo ante mi reacción.

-Disculpa princesa- le dije mientras yo también me iba desvistiendo- es que eres una preciosidad y me dieron ganas de cogerte de una vez, pero no te asustes, mira, vamos a comer ya- termine diciéndole un poco mas relajado hasta que ya solo tenia el calzón puesto, ni siquiera me deje los calcetines como yo le había dicho a ella que se los dejara.

-¿también se puede comer con ropa interior?- me pregunto un poco mas relajada- que malo es profesor, usted me dijo que solo podía comer con mis calcetas puestas- me respondió con una tierna cara de enojo.

-No te molestes mi putita- le dije para relajarla- mira, ahorita me los quito- conteste. Tome de ambos lados mi calzón y me lo baje instantáneamente haciendo que mi tierna niña diera un saltito pequeña hacia atrás al contemplar mi enorme verga que se erguía hacia lo alto y, que con sus 20cm de largo, ansiaba ser cubierto con los néctares de la pequeña.

-¡¡¡WAAOOOOOO!!!- grito asombrada la pequeña al observar mi largo y grueso miembro- ¿puedo tocarlo?- pregunto con la mirada fija en mi verga y con una de sus manitas acercándose a mi falo.

-Después princesa- le respondí- ahora debemos comer para que crezcas sana y fuerte.

-Esta bien- contesto con un poco de decepción en su preciosa carita.

Los dos nos dirigimos rápidamente hacia el comedor y nos sentamos en las sillas acolchadas que se encontraban alrededor. Amanda no dejaba de mirarme la verga ni por un instante. Fui por la sopa y se la serví en un plato hondo de color blanco, como su pureza. Aun en lo que seria el almuerzo, ella se agachaba disimuladamente para contemplar mi verga que se estaba hinchando con cada mirada furtiva de la niña, mientras yo le contemplaba su hermoso rostro y sus hermosos pezones casi invisibles.

De pronto me acorde de algo, me fui hacia la cocina y regrese con un pequeño frasco que puse sobre la mesa de tal forma que la niña pudiera darse cuenta de lo que era. Me encantaba escuchar su linda voz y sus ingenuas preguntas.

-A..afro..di..sia..co- leyó en el frasco pausadamente- ¿qué es afrosiaco?- me pregunto una vez mas con su mala y tierna pronunciación. Era realmente increíble que una niña de diez años fuera tan ingenua como una de 6 o 5 años. Incluso cuando hacia mi servicio en una escuela mixta, ninguna de mis alumnas de la misma edad de la niña era tan ingenua y hasta eran bastante groseras. Pero no Amanda, no, ella era una niña digna de venerarse y de saborearla.

-Afrodisíaco princesita- le corregí con una sonrisa- es para que tu sopa tenga un mejor sabor- le conteste mientras tomaba un pizquita de aquel polvito gris y verde y lo distribuía por la sopa de la pequeña. Ella lo tomo.

-Mi sopa sabe igual profesor- me dijo, pero siguió tomándose la sopa con afrodisíaco sin ninguna queja.

Yo de verdad ya estaba harto de que Amanda me dijera profesor, pero al mismo tiempo sentía que se oía mas tierna diciendo esa palabra. Una alumna y su maestro, maravillosa la hora en que decidí convertirme en educando.

Los minutos pasaban y no había signo de que la pequeña tuviera alguna reacción. Me pidió otro plato de sopa e intento echarle una poco mas del afrodisíaco, pero la detuve pensando en las consecuencias del exceso de aquel "condimento" tan extraño para ella. Me volvió a pedir aun mas sopa, pero cuando iba a dar el primer sorbo de la cuchara se detuvo repentinamente, la soltó, se llevo sus manitas a su vagina y agacho la mirada con los ojos cerrados. Pude notar como sus mejillas se iban poniendo cada vez mas rojas y su respiración se iba agitando tan rápidamente que me asuste bastante pensando que le había hecho daño aquella porquería.

-¿Qué...que te pasa Amanda?- le pregunte muy asustado-¿qué tienes?, ¿te pasa algo?- volví a preguntar pero no recibí respuesta hasta después de unos segundos.

-Pro...profesor- dijo entrecortado- ¿dónde esta el baño?. Tengo ganas de hacer pipi- me contesto. Esa respuesta me alivio bastante, pero justo cuando iba a señalarle donde estaba, la niña se llevo las manos a las mejillas y....

-¡¡¡AAAAAAAAHHH!!!- grito de una forma bastante excitante, como si estuviera gozando aquel cosquilleo que le producía el afrodisíaco en su vagina infantil, y entonces empezó a orinarse sobre la silla después de volverse a colocar una manita en su hermosa hendidura. Escurriendo sobre mi silla, sobre sus piernitas y mojando el suelo del comedor con aquella preciosa lluvia dorada- ¡Pe...pe..perdón profesor!- grito levemente la pequeña al mirar como su insaseante chorro caía al suelo mientras ella seguía sintiendo aquel cosquilleo en la vagina.

-No te preocupes princesita- le dije- tu sigue así, ya veras como disfrutaras mucho mas- le dije morbosamente mientras admiraba aquella descarga de orina sobre el suelo del comedor. Y al parecer mis palabras la reconfortaron mas, porque empezó a gemir salvaje y tiernamente mientras su dulce orina salía cada vez mas fuerte hasta que se hubieron vaciado completamente sus pequeños riñones. Y cayo tendida sobre la mesa con la respiración aun agitada.

-¿Te gusto lo que sentiste princesita?- le pregunte arrodillándome junto a ella y colocando mi mano sobre su muslo, muy cerca de la vagina húmeda.

-nooooo- me dijo con unas dulces lagrimas escurriendo por sus mejillas rojas- me hice pipi en su piso- dijo muy triste. Supongo que pensaba que la regañaría y la castigaría y peor aun, la reprobaría.

-No tienes que sentirte triste princesa- le dije secando con mis dedos sus pequeñas lagrimitas que le escurrían- lo que acabas de hacer me puso muy excitado y me dieron muchas mas ganas de penetrarte, mi princesita putita- le dije para intentar calmarla, pero parecía que la sustancia que eche en su sopa aun seguía surtiendo efecto porque seguía tocándose su pequeña vagina con las manos.

-Aaaah- grito levemente-¿de verdad, no esta enojado?- me pregunto mientras me miraba con sus lindos ojitos azul-gris que me gustaban tanto.

-De verdad princesa- respondí- es mas, te voy a penetrar ahora mismo- le dije poniendo una vez mas mi mano en su pierna, mucho mas cerca de su vagina.

-ahhhh- gimió levemente- ¿qué es penetrar?, ¿para que sirve?- me dijo aun entre gimoteos y excitación.

-Es para quitarte la sensación que tienes en la vagina, corazón- le respondí con un horrible descaro que hasta sigo arrepentido.

-¿Y me va a doler?- me pregunto.

-Solo un poquito, pero luego te va a gustar mucho- le dije mirándola con un falso amor fraternal. Aunque muy en mi interior sabia que ese tipo de preguntas eran algo estúpidas, como las que me hacia Melody y me frustraban, también tenia la sensación de que Amanda era una niña con la que nadie se puede enojar, a pesar de la clase de preguntas que hacia. Es mas, cuando ella hace preguntas, las dice con mucha ternura e ingenuidad que es difícil no querer meterle la verga en la boca al sentir aquella ternura. ¡¡¡DEMONIOS!!!, ¿cómo es posible que nunca me haya fijado en esta preciosidad en el salón de clases?, pero la respuesta es fácil, tenia a mis bellas "lolitas" que me acaparaban para ellas mismas alejándome del mundo real. ¿Quién podía resistirse a la delicadeza de Melody o la tierna belleza de Lolita?. Pero todo desaparecía de mi mente al contemplar a mi pequeña Amanda jadeando como perrito sobre mi mesa y con una de sus delicadas manos en su vagina.

-Es...esta bien profe...(aaaahhh)...sor-me dijo sacándome de mis reflexiones tan tontas- por favor, quíteme esta sensación de mi rayita- dijo suavemente refiriéndose a su vagina.

-Esta bien princesita- le conteste- ahí voy.

Me levante, la tome entre mis brazos, la calidez de su cuerpo me hacia reventar la verga; su fragilidad se veía claramente entre mis brazos mientras ella seguía dando grititos de placer y se mordía su dedo pulgar para aminorar el ruido. Sentía como seguía escurriendo las pocas gotas de orina que tenia en las piernas y que caían sobre mi hinchada verga. La lleve a mi dormitorio matrimonial y la tendí sobre la orilla de la cama, dejando sin soporte sus delicadas piernas y alzándolas sobre mis hombros.

-¿qué...que hace prof...(aaahh)?- no termino la respuesta. Sin duda la excitación que sentía en esos momentos era brutal, era casi ilógico que una pequeña de su edad pudiera aguantar aquella sensación sin desmayarse. Pero ella seguía conciente de lo que estaba pasando a su alrededor- pro...profesor...que esta(aaaahh)- grito algo fuerte al sentir como mi lengua iba escudriñando dentro de su pequeña hendidura, saboreando aquel néctar que se disolvía con la orina que había salido antes. –Pro..profesor...(aaahh). No..no lo haga...me siento...(aaaahh)- termino con ese suave grito que me incito a seguir lamiendo pues sabia que aunque era muy pequeña, ella estaba disfrutando de lo que le hacia a su tierno conejito.

No se cuanto tiempo había pasado hasta que deje de lamerle su conejito y ella seguía quejándose de placer. No me percataba del mundo a mi alrededor, solo quería hacerle el amor a aquella delicada niña que accidentalmente llego a mis brazos por hacerle caso a sus amiguitas. Mis otras dos "lolitas". La contemplaba tendida sobre la cama y bañada en sudor. Me acerque a ella y empecé a tocarle su hermoso cuerpo sin recibir algún comentario por parte de la niña; tal vez había perdido la sensación por la exagerada excitación que sentía, pero cuando le lamí uno de aquellos pezoncitos rosas que estaba un poco duritos me di cuenta que seguía sintiendo mis delicadas caricias y lengüetazos sobre su cuerpecito. Subí mi rostro hasta su pelo y pude notar un exquisito olor a fresas que emanaba su suave cabello. Baje mi nariz por su cuello; por su pecho; por su ombligo; por su vagina, y el mismo olor a perfume infantil sobresalía de su cuerpecito excitándome hasta la locura. No había mas remedio, debía "adentrarme" en la pequeña.

-Princesa- le dije- ¿aun sigue teniendo esa sensación en tu "rayita"?- le pregunte levantándome y mirándole su tierno rostro agotado. Ella solo asintió levemente. –Bueno princesa- dije- ahorita te lo voy a quitar. Muerde esto si te duele- le conteste mientras le daba un diminuto consolador para que mordiera. Ni siquiera yo supe de donde había salido aquella pequeña baratija.

El proceso empezó lentamente. A diferencia de Melody o Lolita, Amanda no tenia una vagina diseñada para mi enorme garrote; incluso introducir mi glande me resulto difícil por lo estrecho de la vagina de la pequeña. Pero no me rendía, había esperado aquel día para disfrutar de mis "lolitas" y, como no aparecieron, decidí meterle mi verga a esta pequeña que era incluso mas hermosa que mis dos "lolitas" juntas. Seguía con las piernas de Amanda sobre mis hombros y me inclinaba bastante para poder introducir mi verga en su infantil hendidura. Otra vez metí con dificultad mi glande, lo fui forzando lentamente hasta que encontrara la pequeña pared virginal de Amanda; introduciendo lentamente mi pene sin darme cuenta de la carita de dolor de mi niña hasta que ella misma tomo mi pene con sus manitas e intentaba sacarlo de su "rayita", pero justo en el momento en que sentía sus manitas alrededor de mi verga intentando sacarla, pude sentir la suave pared virginal que mantenía a la niña pura e inocente y que si se la quitaba tal vez perdería esa inocencia que me excitaba tanto. ¿Qué podía hacer?, ya empezaba a dudar cuando en un movimiento inesperado de la niña le desgarre limpiamente aquella pared tan frágil.

-¡¡¡AAAAAAAAAAHHH!!!- grito bruscamente, aferrándose con sus manitas a mi cuello y enterrándome las uñas en la espalda mientras sus lindos ojitos escurrían sin cesar lagrimas de dolor.

Ya no podía detenerme; hasta hoy día lamento que fuera así, tan doloroso para ella, un accidente que no tiene reversa y del cual me he sentido tan mal que incluso empiezo a llorar con solo acordarme. Pero no podía detenerme, empecé a empujar cada vez mas mi verga dentro de la pequeña; sacando y metiendo con ritmo acelerado. Con sus pequeños gritos pidiéndome que me detenga. Pero yo era el que quería terminar lo mas rápido posible. Correrme dentro de ella lo mas pronto posible para saciar mis deseos y dejar de hacer sufrir a la pequeña.

Cada segundo me parecía una eternidad con mi verga bombeando dentro de la inocente Amanda; oyendo como sus pequeños gritos desaparecían y se iban convirtiendo en pequeños gemidos que me indicaban el placer que ya estaba sintiendo. Sus manitas dejaron de apretarme el cuello. Empecé a bombear mas rápido, ¿qué me estaba pasando?, ¿por qué no eyaculaba?. Quería terminar ¡¡¡¡¡¡¡YAAAAAAAAAAA!!!!!!!!. Por fin me había corrido dentro de mi dulce niña. Y aunque mis fuerzas me habían abandonado, pude sacarle mi grueso y duro falo de su tierna e inocente vagina.

No sabia que hacer ahora. Ya sacie mis deseos, ¿qué debía hacer?. Caí de rodillas sobre el suelo, mire a mi hermosa princesa. Contemple su hermosa carita agotada, libre del dolor que había sufrido, casi sin expresión y respirando agitadamente y entonces, entonces, comencé a llorar frente a la cama.

¿Cuánto tiempo había pasado?, no podía asegurarlo. Me sentía tan mal por lo que le había hecho a Amanda que no me importaba que mi esposa me descubriera. Quería que me delatara con la policía, quería ir a la cárcel, quería sufrir el peor castigo por quitarle a una inocente niña su preciada virginidad, por quitarle la inocencia que me desgarro el alma. ¿Cuánto tiempo ha pasado?, voltee a ver el reloj que tenia colgado encima de la cama. Las 4pm. ¿Dónde estas princesa?, susurre levemente sin energías. Voltee la mirada a la cama y no pude verla. Me asuste mucho, ¿qué le abra pasado?, debo levantarme y buscarla, no quería que sufriera mas por mi culpa. Pero al momento de querer levantarme pude sentir un peso sobre mis piernas; algo ligero y de una suavidad conocida. Cuando mire a mis piernas pude encontrar a mi pequeña niña con la cabeza sobre mis piernas, muy cerca de aquel pene envuelto en sangre que le había quitado su inocencia. Pero ya no podía hacer nada, perdón.

Me levante sin despertarla. Me dirigí al baño y llene la tina con un poco de agua tibia. Regrese y tome una vez mas entre mis brazos a la pequeña, como un padre tomando en brazos a su hija, y nos metimos juntos a la tina. El agua se mancho de un color escarlata que me recordó el sufrimiento de mi pequeña. No podía soportarlo; empezaba a recordar la sensación de mi pene dentro de ella, sus gritos de dolor y su suave excitación. Soy un maldito.

Le tallaba suavemente el cuerpo con una esponja y con mis manos le acariciaba su vagina para limpiar los residuos de mi maldita perversión. Maldición. Sentía como mi pene se iba agrandando a cada roce y quite rápidamente mi mano para evitarlo cuando unas delicadas manitas tomaban mi brazo y lo ponían una vez mas en aquella hendidura.

-me dolió mucho profesor- me dijo delicadamente la pequeña Amanda- sobeme para que ya no me vuelva a doler- me dijo en susurros.

La abracé fuertemente y me eche a llorar, pidiéndole perdón todo el tiempo.

Otra vez me había quedado dormido, dormido en la tina del baño y una vez mas deje de ver a mi pequeña. Con las pocas energías que había recuperado salí rápidamente de la tina en busca de Amanda. Salí al dormitorio y tampoco la vi. Pero escuchaba el sonido de la televisión prendida en la sala y salí corriendo, desnudo y mojado sin importarme nada. Cuando llegue a la sala encontré a mi nenita viendo la tele con su inocencia característica, con las piernitas cruzadas y aun desnuda. Se veía tan delicada.

-hola profesor- me dijo con dulzura y con las mismas energías con las que la traje a mi casa. –Mire, me metió a la tina con mis calcetas, jijiji- me dijo mostrándome sus pequeñas calcetas húmedas y sonriéndome como si no hubiera pasado nada. –Profesor- me dijo con voz inocente.

-¿Qué paso princesa?- le pregunte con un poco de alegría al verla tan radiante como siempre.

-¿Qué significa "kame-maje-ya"?- me pregunto.

Yo me empecé a reír y ella también lo hizo. Mis ánimos se habían elevado, pero jure que no lastimaría a una niña como mi pequeña Amanda otra vez.

Me retire a mi cuarto para vestirme y deje a mi princesita viendo la tele hasta las 5:30pm. Cuando dio la hora establecida volví a la sala y encontré a mi pequeña risueña brincando en el sofá y gritando las frases que oía en la tele. Me alegraba verla tan feliz; me acerque a ella y tomando la ropa del suelo le dije que se la pusiera. Extrañamente se negó a ponerse la ropa.

-Póngamela usted- dijo inocentemente- si no, no me la pongo.

No podía negarme a sus deseos. Quería ponerle la ropa rápidamente para no excitarme de nuevo, pero al darme cuenta de lo apretada que era aquella vestimenta me resigne a colocársela lentamente para no lastimarla. Primero le puse sus braguitas blancas con un moñito en el frente, subiéndola lentamente hasta llegar a donde estaba aquella delicada vagina que había despurado, le subí completamente las bragas sintiendo su suave piel. Tome la pequeña camiseta de tirantes floreados y se la fui colocando tiernamente mientras ella lanzaba unas risitas de alegría. Tome su pequeño short rosa y se lo fui subiendo tan lenta y delicadamente como ella se lo había quitado en la mañana. Solo faltaban los tenis. Aquellos tenis azules que le daban un aire de niña inocente, se los puse aun con las calcetas mojadas. Me levante para verificar que todo estuviera en su lugar. Se veía tan hermosa como cuando la vi por primera vez enfrente de la escuela

Espere a que dieran las 5:45pm para llevarla hacia la escuela y esperar a que la recogiera su hermana. Ya no me importaba si le decía a alguien, quería pagar por el crimen que cometí. No le dije nada mientras nos encaminábamos con el auto hacia la escuela. Incluso se dio cuenta de que paso menos tiempo que cuando viajábamos a mi casa.

Al llegar al susodicho lugar esperamos a que llegar la hermana de Amanda, Sandra. Cuando llego y la vi abrazando a su hermanita me dieron ganas de confesarle todo para que me metieran a la cárcel, pero antes de poder decir nada la pequeña Amanda se me acerco, me pidió que me agachara y me dijo al oído suavemente "me gusto mucho profesor", me dio un beso y se fue con su hermana hacia el otro lado de la calle hasta desaparecer.

Ese día al llegar mi esposa se me ocurrió contarle todo pero me acorde del besito de Amanda y me quede callado. Mi esposa nunca supo lo que ocurrió aquel día, aceptando las respuestas evasivas que le daba por la tina con agua llena de sangre y el suave olor a perfume de fresas. Nunca sabrá que su esposo es un monstruo.

Aquí termina la quinta parte de la saga. Debido al alto contenido de perversión en esta historia me veo en la necesidad de revelar que es simplemente una historia de fantasía. No se la crean demasiado y no lastimen a los niños nunca.

Espero que esto no les quite las ganas de leer la continuación. Nos vemos.

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