La encontré en www.egroups.co.uk
en el grupo altsex, ahí no aceptan relatos con registro. Me gustó
muchísimo, por eso la traduje del inglés puliéndola
un poco en las partes "cojas" más bien para adaptarla
al español, tratando de no abandonar el espíritu del autor.
Por Mon
La siguiente historia es verdadera..
Mi historia ocurrió hace
casi tres años este mes. Mi nombre es Lisa y el de mi marido Roberto.
Me considero atractiva y siempre me he cuidado físicamente. Me enorgullece
decir que los amigos de mi marido siempre le dicen que le envidian por
tenerme. La mayoría de los hombres encuentran bonita mi cara, pero
les atrae mas mis puntiagudos pechos, mi estómago plano y mis redondas
nalgas, aunque debo de admitir que mi forma de vestir es a manera de no
presumir. No soy anticuada pero siempre he vestido conservadoramente, supongo
que por mi formación tradicionalista.
Roberto y yo fuimos novios desde
la época de estudiantes y nos casamos tan pronto nos graduamos.
Permanecí virgen hasta la noche de bodas, porque fue algo en lo
que insistió mi esposo, quizá por su educación también
anticuada. Él es un comerciante exitoso, así que no tenía
yo por qué trabajar. De todas maneras continué haciéndolo
de tiempo parcial en uno de sus comercios, hasta que decidimos que era
tiempo de iniciar una familia. Como somos católicos siempre habíamos
utilizado el método del ritmo, así que hasta ese momento
no había tomado ninguna píldora anticonceptiva. Después
de tratar infructuosamente por dos años, decidimos buscar ayuda
profesional.
Me volví experta en determinar
mi momento más fértil del mes y cuando lo era muchas veces
mi marido tenía que correr a casa para acoplarse a mi tiempo. Desgraciadamente
sin resultado. Fuimos entonces a todas las pruebas que se les hacen a las
parejas en nuestra condición para encontrarnos con que yo estaba
bien, pero mi marido estaba un poco bajo en el conteo de espermatozoides.
Decidimos ignorar a quienes nos sugerían que consideráramos
adopciones o inseminación artificial, esto último porque
mi esposo dijo que no lo podría aceptar considerando sus valores
morales y su orgullo masculino y sabiendo del tiempo y dificultades para
la adopción nos dejó a ambos bastante deprimidos. Así
que seguimos tratando.
Eventualmente encontramos un doctor
que había tenido éxito con otras parejas que nosotros conocíamos.
Después de examinarnos nos dijo que no había nada verdaderamente
malo en nosotros y que nuestras oportunidades eran muy buenas con que tan
sólo cambiáramos de método. Nos dijo que estábamos
esforzándonos demasiado, un error que cometen muchas parejas en
nuestra situación. Lo cual provoca estrés emocional. Sugirió
que nos abstuviéramos de sexo durante unas seis semanas, para permitir
que se "espesara" el esperma de mi esposo y además lo
combinaría suministrándome una fuerte droga de fertilidad.
Entonces en el siguiente momento más fértil de mi ciclo trataríamos
nuevamente. Debo admitir que tenía sentido. Revisamos el calendario
y precisamente teníamos una boda en seis semanas a la que pensábamos
asistir. Resultaba una oportunidad perfecta para una muy necesitada noche
juntos. Marcamos el calendario como nuestra "cita".
Mi esposo es un comerciante muy
taimado. Uno de sus anteriores amigos y rival de negocios estaría
también en la boda. Se llama Esteban. Ellos habían sido buenos
amigos, pero eran muy competitivos y estaban siempre tratando de ser cada
uno mejor que el otro. Parecía que siempre lo que uno tenía
el otro lo quería y ambos tenían mucho éxito en la
vida. Finalmente tuvieron un rompimiento hace algunos años. Roberto
esperaba usar la boda como pretexto para suavizar las cosas ya que admitía
haber sacado ventaja de su amigo. Aunque yo sólo lo había
tratado un par de veces, sabía que su relación con Roberto
se había enfriado y hacía poco tiempo que se habían
vuelto a hablar. Pero en realidad no tenía nada que ver conmigo,
bueno, eso pensé. Roberto había estado trabajando muchas
horas todas las noches dejándonos a ambos más bien frustrados
y además sin sexo. Fueron seis larguísimas semanas.
Como la noche de la boda coincidiría
con mi momento más fértil del mes había planeado sacarle
el mayor provecho comprando un vestuario muy diferente al que normalmente
uso para sorprender a Roberto. Como a él le gusta presumirme delante
de sus amigos, sabía que aprobaría mi nueva imagen. Él
siempre está tratando de que me vista más atractiva. Era
un vestido muy corto , color esmeralda de una especie de material como
nylon expansivo con una especie de brillo metálico que se abrazaba
estrechamente a mis curvas. Mostraba bastante escote y también por
atrás se cerraba muy abajo con un zipper. Para combinar compré
unas pantaletas del mismo color y material y decidí no usar sostén,
algo que jamás había hecho, porque sabía cuanto se
mostrarían mis pezones si me daba un poco de frío o me excitara.
Empecé a arreglarme temprano,
al caer la noche, ya que la recepción estaría a casi una
hora de camino. Me había tomado la temperatura y estaba contenta
de ver que estaba en plena ovulación de acuerdo al cronograma. Perfecto.
Para celebrar y para relajarme me preparé un trago, algo que nunca
hago, pero tampoco me había mostrado así en público.
Me empecé a preocupar porque Roberto no llegaba y me serví
otro trago. Me puse el vestido y me paré frente al espejo. ¡Guau!
No era yo, ni me parecía a mí. El vestido que se suponía
un tanto clásico, estaba como pintado sobre mi cuerpo. Me veía
sensual y apenas podía esperar para ver la reacción de Roberto.
Ya estaba sintiendo un cosquilleo en la entrepierna por la forma como me
hacía sentir el usar este atuendo provocativo. Ni siquiera va a
querer ir a la boda, pensaba.
En eso sonó el teléfono,
era mi marido diciendo que tenían serios problemas con el nuevo
sistema de cómputo y que no creía que pudiera escaparse.
Por el tono de su voz supe lo disgustado que se sentía. Me dijo
entonces que estaba muy apenado y que quizá fuera bueno que fuera
yo sola a la reunión. Podrán imaginar mi decepción,
pero le ofrecí que lo esperaría hasta que él pudiera
llegar a casa. Me dijo que estaría hasta muy tarde y que podría
muy bien ir sin él y pasarla a gusto. Que no había razón
para que se arruinara la noche para ambos. Además todavía
podríamos tener nuestra "cita" cuando ambos regresáramos
a casa. Normalmente no hubiera aceptado, pero considerando que ya traía
un par de tragos encima y sin ganas de pasarme otra larga noche esperando
yo sola, accedí a ir sin él. Estaba un poco preocupada porque
no conocía a mucha gente, pero Roberto me convenció de que
Esteban estaría ahí y podría atenderme y presentarme
con los demás invitados. Me pidió que suavizara la situación
entre ellos, incluso que lo invitara a cenar con nosotros algún
día. No conocía realmente a Esteban, pero recordaba que era
un tipo alto de 1.93 m y con una constitución fuerte como el sueño
de una mujer. Era del tipo mujeriego, yo suponía que ya estaría
casado a estas alturas y que podría sentarme con él y su
esposa. Consideré cambiarme el atuendo, pero ya se estaba haciendo
tarde y de todas maneras no conocía a nadie en la fiesta, así
que decidí ir como estaba. Al salir de la cochera observé
mi regazo y noté que por el borde de mi falda asomaba la punta de
mis pantaletas y pensé que debería tener cuidado en la forma
en que me sentara esa noche. Me reí pensando si Roberto me hubiera
insistido en que fuera, si hubiera sabido lo bien que me veía.
Al llegar me sentí un poco
incómoda ya que no reconocí a nadie y por la forma en que
se me quedaban viendo los otros invitados. Entonces lo vi. Esteban estaba
mejor de lo que yo recordaba. Me di cuenta de que él también
estaba impresionado por mi apariencia. Su expresión me decía
que yo era la más atractiva que había en la recepción
esa noche. Él sonrió, caminó hacia mí y me
saludó con un beso preguntándome por Roberto. Le expliqué
la situación lo cual no pareció desagradarle demasiado y
con un curioso brillo en los ojos me preguntó si quería platicar
y un trago. Conforme caminábamos hacia la mesa me dijo que también
estaba solo, que le encantaba bailar y que sería un honor para él
ser mi pareja esa noche. Como no conocía a nadie mas y él
se comportaba como todo un caballero, le dije que sí. Además
Roberto me había solicitado que tratara de suavizar las cosas. Y
como mi marido no es muy buen bailarín supuse que sería divertido.
Platicamos un rato acerca de Roberto
y de mí, también sobre él y su reciente divorcio y
mencionó que afortunados éramos. Le dije que no todo era
perfecto y le mencioné nuestros problemas de fertilidad como ejemplo.
Reímos acerca de nuestros planes deshechos de la noche y le dije
que probablemente tendría que regresar temprano a casa para salvar
algo de la "cita" con mi marido, pues la espera de seis semanas
había sido una espera demasiado larga. Él me dijo que también
pensaba que debía reanudar su amistad con Roberto y que no tenía
resentimientos del pasado. Yo sabía que esto le agradaría
mucho a mi marido.
Después de eso me pareció
que bailamos todas las piezas, deteniéndonos únicamente para
que él trajera otra ronda de tragos o tomar aire mientras continuábamos
platicando. Las horas volaron y me encontré con que él era
muy encantador, aunque tenía que cuidarme un poco en las melodías
lentas, para evitar que me apretara demasiado. Más tarde conforme
avanzaba la noche me empecé a relajar y me encontré disfrutando
de tenerlo tan cerca. Comencé a esperar las melodías lentas.
Me sentía muy bien apretada contra él mientras nos deslizábamos
al ritmo de la música. Uno de los problemas fue que su musculoso
cuerpo rozaba la delgada tela que cubría mi pecho y me excitaba
y causaba un renovado cosquilleo en mi entrepierna, nunca me esperé
esta sensación ya que nunca antes había estado sin sostén.
Mis pechos siempre han sido muy sensibles y mi esposo sabe que es la manera
más rápida de calentarme. Varias veces cuando nos sentábamos
estoy segura de que Esteban tuvo accidentalmente una visión clara
de mis pantaletas estrechamente ajustadas a mi monte de Venus. Me sentía
apenada de que él pudiera apreciar lo excitada que estaba. ¡Dios
mío! Me estaba calentando al bailar con este hombre. Y no era la
única que lo notaba. Volteé hacia Esteban y lo vi atento
al delgado material que cubría mis pezones y me di cuenta que estaban
erectos y sobresaliendo de la tela, duros como piedras. Pude sentir la
sangre correr por mi cara al sonrojarme, varias veces durante la noche
tuve que ir al tocador. Estaba sorprendida de mi reacción, pues
nunca había pensado siquiera estar con nadie que no fuera mi marido.
Deseché el pensamiento considerando que era un efecto colateral
de las pastillas de fertilidad sobre mis hormonas y después de todo,
habían sido seis largas semanas.
Los tragos me volvieron un poco
más desinhibida. Cuando bailamos nuevamente él me rodeaba
y su mano llegaba hasta mi cola acariciándola conforme nos mecíamos
juntos. No lo pude resistir. Podía decir cuánto le agradaba
sentir la tela sobre las pantaletas que cubrían mi trasero, porque
podía sentir su creciente erección contra mi vientre. No
podía adivinar qué tan grande era, pero sí que era
más grande que mi esposo. Empecé a imaginarme mientras nos
contoneábamos, como se sentiría un gran cacho y empecé
a tallarme contra él hasta que para mi desencanto terminó
la melodía. Esto sirvió para que reaccionara y me diera cuenta
de que estaba yendo muy lejos. Supe que debería irme a casa antes
de que me ofuscara más. Me estaba quedando bastante ebria.
Cuando le dije a Esteban que debería
irme, él insistió en que esperara un poco para que me recuperara.
Tengo que admitir que tenía problemas hasta para caminar. Le dije
que quería llamar a mi esposo para que viniera por mí y le
pregunté si quería acompañarme a buscar un teléfono.
Él estuvo de acuerdo y comenzamos a caminar hacia el lobby, ya que
la fiesta fue en un salón de un moderno hotel. Pero conforme caminábamos
y reíamos, nos dimos cuenta de que ninguno traía tarjeta
para usar el teléfono. Él me ofreció entonces el teléfono
de su cuarto y yo bromeé sobre lo indebido de que una dama vaya
con un extraño a su cuarto de hotel. Reímos nuevamente mientras
él me hacía una reverencia y aseguraba que era todo un caballero.
Yo no quería continuar caminando, así que me convencí
a mí misma que no tenía nada de malo ir a su cuarto y nos
dirigimos allá.
Una vez adentro, me paré
tratando de marcar el número para llamar a Roberto. Aunque ya me
estaba sintiendo mejor aún estaba muy inestable. Esteban se paró
detrás de mí para sostenerme mientras marcaba. Mientras llamaba
él empezó a tallarme suavemente los flancos de mis caderas.
Al no haber respuesta de Roberto, me volteé a comentárselo
a Esteban y lo siguiente que supe es que su boca estaba tocando la mía.
Sus labios no se parecían para nada a los de mi marido y aunque
sabía que no debería estar haciendo esto, abrí mi
boca y empezamos a besarnos. Él empujó su lengua dentro de
mi boca y me jaló hacia él mientras volvía a acariciar
mi trasero. Se sentía taaan bien, pero sabía que debía
detenerlo. Me separé de su beso y le recordé que era una
mujer casada además de ser la esposa de su amigo. Le dije entonces
que deberíamos regresar a esperar al lobby. Él me susurró
una disculpa al oído y me dijo que le era difícil controlarse
por lo bien que me veía contoneándome en ese apretado vestido.
Me dijo que Roberto era un hombre muy afortunado por tener una mujer que
se veía y vestía así y que lástima que yo no
lo deseara a él, pero que por supuesto lo comprendía. Caramba
él sí que sabía qué decir y además era
todo un caballero. Y yo estaba taaan caliente.
Le dije que no era que no lo deseara,
pero que estando casada no debía dejarme llevar. No sé por
qué, pero... yo tenía que besarlo nuevamente. Abrí
mi boca para sentir su lengua una vez más antes de retirarme. Seis
semanas son demasiado tiempo. Estaba a punto de dar por terminada nuevamente
la sesión, cuando él empezó a acariciar muy suavemente
mi seno izquierdo a través de la ligera tela de mi vestido. ¡Mi
talón de Aquiles! Lo sentí tan bien, que las rodillas me
temblaron. Lo permitiría unos minutos más y luego me retiraría.
No estaba preocupada porque sabía que podía detenerlo en
cualquier momento, pues todo el tiempo él se había comportado
caballerosamente, nunca forzando la situación. Me convencí
a mí misma que sólo era un poco de agasaje sin consecuencias,
algo que había hecho con otros tipos mientras éramos estudiantes.
Roberto nunca supo. Sólo un poco de emoción insustancial.
Se sentía tan bien que lo
dejé que continuara. Él jaló la parte superior de
mi vestido un poquito quedando a la vista mis pezones mientras nos besábamos.
Empezó entonces a girarlos con la yema de sus dedos mientras yo
le acariciaba su musculoso pecho. Este hombre es maravilloso. Cuando él
me bajó el zipper y sacando mis pechos empezó a lamerlos
y besarlos me sobresalté. Traté de separarme pero él
incrementó la succión a un punto que se sentía demasiado
bien para detenerlo. No podía creer lo que estaba yo haciendo, mi
mente giraba rápidamente. Mis piernas no me sostenían y me
senté en la orilla de la cama. Sólo un minuto más
me dije, después de todo han sido seis semanas. Por alguna razón
era tremendamente emocionante ser tan lasciva con alguien que no era mi
marido, especialmente con su mayor rival.
Nos recostamos en la cama y pude
sentir sus manos que acariciaban el sedoso interior de mis muslos. Cuando
no pude resistir sus manos empujó el borde de mi vestido hacia arriba
y pude sentirlo masajeando suavemente mi conejito por encima de la suave
tela. Contacto directo, es lo que necesitaba. Gemí. Sus manos separaron
mis piernas y con gentileza ahuecó la húmeda suavidad de
mi vulva a través de mis pantaletas. Pensé que las empaparía
ahí mismo. Se sentía tan bien. Pensé dejarlo unos
minutos más y entonces lo obligaría a detenerse. Esteban
hizo a un lado la tela de mis pantaletas y ya su mano estaba en mí,
colocó su dedo sobre la cerrada abertura de mi vulva y empezó
a introducirlo suavemente, conforme me humedecía más y más
el insertaba mas dedos. Finalmente gemí:
Esteban tenemos que detenernos,
me estoy excitando demasiado, no debo de estar aquí.
Por respuesta él colocó
sus labios sobre mi clítoris, por encima de la tela. ¡Dios
mío va a comerme el conejito! Eso es algo que mi esposo nunca ha
hecho. Cuando empezó a quitarme las bragas finalmente lo detuve,
le dije que nos estábamos dejando llevar demasiado lejos y que no
podía permitir que eso pasara. Él me dijo que entendía
y prometió nuevamente que no haría nada que yo no quisiera,
que se detendría en cuanto yo se lo pidiera y que nadie lo sabría.
Con esas promesas levanté mis caderas para permitirle que me sacara
las pantaletas. Quería realmente sentir su boca sobre mi abertura.
Me recosté de espaldas mientras
él empezaba a besar despacio alrededor de mi vulva, antes de empezar
a lamer mi muy humedecido conejito y mi clítoris. Mientras hacía
esto continuaba apretando mis pezones con una mano y metiendo sus dedos
en mi vulva con la otra. Yo estaba en éxtasis, esto era tal y como
lo había imaginado que sería. Él sabía cómo
tratar a una mujer, qué hacerle y cómo hacerlo. No tardé
en sentir cómo se forjaba un orgasmo dentro de mí. Decidí
que necesitaba ese orgasmo, Roberto raramente logra hacerme venir, así
que decidí llegar hasta la culminación del orgasmo y entonces
podría detenerme. Lo necesitaba tanto. Estaba tan excitada ahora
que gemía fuertemente y tan alto, que no me di cuenta en que momento
él se quitó la ropa y se colocó entre mis piernas.
Cuando sentí que sus labios
tocaban los míos, abrí los ojos para encontrarme con que
estaba arriba de mí y vi hacia abajo para verlo colocando su grueso
instrumento entre mis estremecidos labios vaginales. Era enorme de casi
el doble de tamaño del de mi esposo. Temblé por el descomunal
tamaño conforme él empezaba a introducirlo.
Esteban, no, detente, no podemos,
no estoy protegida grité.
Su respuesta me sorprendió
Te prometo que la saco enseguida,
sólo quiero sentirme dentro de ti unos momentos, oh sí se
siente delicioso- decía mientras empujaba otros centímetros
dentro de mí.
Estaba horrorizada, él no
se iba a detener. ¡Me iba a coger! ¡No, me estaba cogiendo!
Protesté nuevamente
No Esteban por favor, por favor
no, por favor- supliqué. -No puedo, no hoy, mi esposo me está
esperando, estoy en plena ovulación ooohhh nnooo-
Traté de cerrar mis piernas
pero era demasiado tarde ya estaba yo empezando a venirme conforme él
penetraba mas, abriendo mi canal vaginal más de lo que nunca lo
había estado. Mi cuerpo me traicionó y mis caderas empezaron
a levantarse empujando contra él mientras un orgasmo gigante tomaba
posesión de mí. No podía evitarlo, no podía
ni hablar, sólo gemía muy alto y empujaba contra él
mientras me cogía para hacerme venir.
Él metía y sacaba
su pistón hundiéndolo cada vez más profundo con cada
empujón hasta que finalmente toda su herramienta estuvo completamente
dentro de mí. Su pelvis pegada con la mía. Iba a empezar
a protestar nuevamente cuando sentí su grueso palo empujar aún
más profundo y tocar mi cérvix a la entrada de mi útero.
Eso fue todo. Exploté en mi primer verdadero orgasmo. Pensé
que me desmayaría mientras oleada tras oleada de placer recorrían
mi cuerpo.
Cuando finalmente recuperé
el sentido comprendí que mi vulva se había ajustado plenamente
a su grueso tamaño y su inmenso tronco estaba entrando y saliendo
suavemente de mi húmeda grieta. Todos mis pensamientos sobre mi
esposo y mis desprotegidos óvulos habían desaparecido. Estaba
enamorada de esta verga. Mi cuerpo finalmente tenía lo que había
estado esperando toda la noche. Yo gemía mientras él se adentraba
en mí, relamiéndome con el placer puro que su verga me estaba
dando. Era fantástico tener adentro este tronco grande, poderoso
y prohibido, ya sentía forjarse en mi estómago un segundo
orgasmo rápidamente. ¡Me iba a venir nuevamente! El empuje
de Esteban se hizo más frecuente y me di cuenta de que él
estaba a punto de venirse también. Estaba un poco decepcionada porque
sabía que la sacaría y terminaría antes de que me
viniera yo otra vez y ya estaba yo tan cerca.
En eso lo sentí. La sensación
que he estado evocando todos los días desde aquel momento. Empujó
su cuerpo entero y sentí como la punta de su glande se apretaba
contra mi cérvix. Él gruñó con fuerza y lanzó
el primer chorro de semen profundamente dentro de mí. ¡Dios
mío! No iba a sacarla. Se estaba viniendo en mis entrañas.
Me llenó de sentimientos encontrados de éxtasis y terror,
traté de empujarlo, pero ya era muy tarde. Sus manos sujetaban las
mías y estaba empujándose dentro de mí con toda la
fuerza e intensidad de su orgasmo. Lo que más me sorprendió
es que se sentía formidable. Cuando mi esposo se viene su esperma
tan sólo escurre fuera de él. Con Esteban en cambio podía
sentir su caliente líquido literalmente disparando dentro de mí.
Salía con tal fuerza y cantidad suficientes que podía sentir
verdaderamente cada chorro prohibido bañar mi cérvix y penetrar
mi útero.
Dijiste que la sacarías-
sollocé - oh... puedo sentirte cuando te vienes dentro de mí.
Oh no... ahora no... ooohh.. se siente tan bien... Me estooyy viniendo...
ooooohh Mis caderas nuevamente empezaron a empujar duro en contra de él
sin que mi voluntad lo hiciera. El más intenso orgasmo que haya
tenido me invadió mientras él continuaba bombeando dentro
de mí y todo lo que yo hice fue sujetarlo por las nalgas y jalarlo
contra mí aún más. Mi conciencia entera estaba enfocada
en este placer entre mis piernas y grité de placer con la mayor
experiencia sexual de mi vida. Oleada tras oleada de éxtasis recorrían
mi cuerpo mientras lo envolvía con mis piernas y lo jalaba hacia
mí más profundamente. Era maravilloso. Podía sentir
su semen desbordando de mí y escurriendo por el agujero de mi culo,
mientras él continuaba eyaculando. No podía creer que tuviera
tanto. Mientras las oleadas se desvanecían poco a poco, podía
sentir su tibia descarga expandiéndose en mis entrañas buscando
mis ovarios sólo me quedé ahí recostada unos minutos
en un estado de semiinconsciencia con la sensación de lo que ocurría
dentro de mí.
Cuando la realidad empezó
a regresar a mí, lo hizo también el arrepentimiento de lo
que había hecho. Miré hacia mis abiertas piernas y vi la
brillante película de su semilla que colgaba sobre la pelambre de
mi vulva hasta su estaca todavía parcialmente enterrada en mí.
Qué había yo hecho. Empecé a llorar. Esteban lo notó
y me miró profundamente a los ojos, besándolos suavemente
mientras continuaba bombeando su ahora semi erecta estaca. Mientras lo
hacía podía sentir más de su descarga escurriendo
de mi hinchada vulva.
Dijiste que la sacarías...
lo prometiste que voy a hacer si me preñaste, tú no eres
mi esposo. Le reproché.
Su respuesta me sorprendió
Lisa lo siento pero te veías
y te sentías tan rica. Nunca me imaginé que me permitieras
que te cogiera, Lisa la bellísima esposa de Roberto.. cuando me
dijiste de que estabas fértil esta noche.. bueno... tenía
que darte lo mío.. asegurarme de que me tuvieras mi bebé...
y no el del hijo de perra de tu esposo.
Hice una pausa y lo supe. Todo estaba
ahora perfectamente claro. Entendí que había sido solo otra
competencia. Esteban se llevaba lo mejor de Roberto. Me empecé a
sentir realmente furiosa, no sólo con Esteban, sino también
con Roberto que me había dejado caer en esta situación.
En este punto ya no importaba. Estaba
hecho. Nunca podría explicarle a mi esposo esto. Él nunca
me lo perdonaría. Me embriagué y le permití a su principal
rival que me cogiera y descargara su esperma dentro de mí, directamente
sobre mis desprotegidos ovarios en su momento más fértil.
La noche que habíamos planeado como nuestra "cita" Considerándolo
todo, las píldoras de fertilidad que estaba tomando, mis óvulos
ya estarían fertilizados en este momento. Esteban me había
llenado tanto con su potente esperma que yo sabía que ya estaba
preñada con su hijo. Me di cuenta que era una lucha desde el principio
de los tiempos. Le había permitido a Esteban obtener la mayor victoria
de un macho sobre otro rival. Tomar a la mujer de su oponente y preñarla
con su descendencia. Roberto jamás podría mejorar esto.
Mientras pensaba que absurdo era
todo esto, me di cuenta de que mis piernas aún envolvían
a Esteban y éste aún continuaba pistoneando suavemente su
estaca dentro de mí, mientras me sujetaba. Era en realidad una sensación
muy agradable y aunque ya no estaba totalmente hinchado, aún seguía
siendo más grande que la de mi esposo. Miré hacia él
y me di cuenta de que mi cuerpo volvía a responder nuevamente. Él
me besó muy suavemente en los labios y volvió a lamer mis
pezones. Para mi sorpresa pude sentir cómo su miembro se endurecía
nuevamente. Mi esposo jamás se recuperaba tan rápido. Sabía
que debía detenerlo esta vez, sólo en el remoto caso de que
no fuera demasiado tarde. No podía ser tan estúpida de permitirle
que me estafara otra vez. Dejé a Esteban que me cogiera una vez
y ahora estaba empezando a hacerlo de nuevo. Pero mientras él continuaba
me di cuenta que no podría detenerlo. Todavía estaba muy
excitada con lo que había hecho. Se sentía tan agradable.
Me estaba dando exactamente lo que necesitaba y no quería detenerlo.
Mi cadera empezó nuevamente a salir al encuentro de cada uno de
sus empujes. Él soltó mis manos, lo abracé y empezamos
a coger de una forma muy suave, hasta romántica. Continuamos cogiendo
largo rato hasta que logré bloquear todo pensamiento que no se refiriera
a este maravilloso palote que entraba y salía de mi chorreante vulva.
Su enorme estaca estaba nuevamente llenándome completamente y abriendo
mi vagina hasta sus límites, algo que mi esposo nunca sería
capaz de hacer. No tenía idea de que coger con otro se sintiera
tan bien. Mientras cogíamos tuve varios pequeños orgasmos
que parecían correr al mismo tiempo. Levanté mi cabeza y
empecé a succionar uno de sus pezones. Después de un rato
me dijo:
Voy a venirme de nuevo ¿Quieres
que la saque?
Mi respuesta me sorprende hasta
la fecha. Mientras otro orgasmo se forjaba en mi interior le supliqué:
No por favor vente dentro de mí,
quiero sentirlo, vente nuevamente dentro de mí. Él sonrió,
me besó y retomó su ritmo. No pasó mucho rato y se
tensó y nuevamente empecé a sentirlo arrojar una increíble
carga de esperma dentro de mí mientras yo empujaba mi vulva contra
él para enfrentar cada uno de sus empujones. Podía yo sentir
cada chorro golpeando mi cérvix, lo que me desencadenó otro
profundo orgasmo mientras su descarga penetraba mi útero. Cuando
lo sentí, grité y me aferré a él, sentía
que el mundo entero estaba girando, así de maravilloso. Hasta mis
pezones ardían. Dios, se sentía un asombroso placer el pensar
que estaba permitiéndole a otro hombre preñarme intencionalmente.
Era la mayor traición que podía hacerle a mi marido. Sabía
que eso era lo que me había excitado tan tremendamente y logrado
un orgasmo tan intenso.
Cuando él por fin se quitó
de encima de mí sacando su larga vara de mi hinchada y enrojecida
vulva. Despacio me incorporé apoyándome en los codos y miré
hacia abajo cuán totalmente cogida me veía. Mi precioso vestido
estaba amontonado alrededor de mi cintura, mis empapadas pantaletas colgaban
de uno de mis tobillos. Mi concha estaba enrojecida e inflamada y mi vello
púbico estaba matizado y empapado de su semen. Mis pechos también
estaban enrojecidos y cubiertos de marcas de su intenso succionamiento.
Pero lo que más me asombraba era el río de semen que escurría
de abierta grieta y formando un charco en la cama debajo de mí.
Tomé una almohada y la coloqué debajo de mis nalgas para
elevar mi útero. Quería mantener su calidez dentro de mí
un poco más. Estaba tan abierta mi concha que pensaba si volvería
a sentir el pitito de mi marido cuando me lo metiera. Esteban rió
y me dijo que este sería nuestro secreto. Después de unos
20 minutos me paré y me tambaleé al caminar mientras me escurría
semen por el interior de los muslos. Nunca había visto algo como
esto.
Sabía que no podía
llegar a casa en estas fachas así que me metí a la ducha
para lavarme tanto como se pudiera. Cuando terminé regresé
y vi a Esteban durmiendo en la cama con su maravilloso y pegajoso tronco
recargado sobre su estómago. Me deslicé en el vestido y me
subí lo que quedaba de mis pantaletas. Me salí preguntándome
si alguna vez podría volverlo a ver, pero no quería arriesgarme
a volverlo a incitar tampoco. Podía sentir su descarga aún
goteando de mí en el camino a casa y esperaba que mis empapadas
pantaletas pudieran retenerla. Mientras manejaba me preguntaba cómo
había podido permitir que esto pasara. Me sentía tan perversa.
Empecé a tallarme la concha con un dedo de lo caliente que estaba.
Afortunadamente Roberto esta dormido cuando llegué a casa. Rápidamente
me metí al baño y me puse un camisón que tapara mis
enrojecidos pechos, me coloqué unas pantaletas limpias y me subí
a la cama. Estaba aterrorizada de que de alguna manera él pudiera
oler la esencia de su rival en mí. Mientras permanecía acostada
podía percibir el tibio semen de Esteban todavía goteando
de mi concha. Roberto se despertó finalmente y permanecimos acostados
en la oscuridad. Me preguntó si había disfrutado la fiesta.
Le dije que había estado bien, pero que por alguna razón
no me sentía bien. Le sorprendió y desilusionó, pero
pareció entenderlo. Entonces se pegó a mí y acariciando
mi estómago dijo que trataríamos de culminar nuestra "cita"
luego cuando me sintiera mejor. Yo no quería que él me tocara
nuevamente hasta varias semanas después cuando confirmé que
efectivamente llevaba el niño de Esteban en mis entrañas.
Roberto me preguntó si lo había visto y me había atendido
y le confirmé que sí, que incluso habíamos bailado
y que en todo momento se comportó como todo un caballero. Le dije
que probablemente deberíamos reunirnos con él en alguna ocasión
y Roberto estuvo de acuerdo. En la oscuridad no pude evitarlo y me sonreí,
no podía mi esposo saber que el estómago que cariñosamente
acariciaba llevaba en el interior el bebé de otro hombre. De alguna
manera yo sabía que probablemente no sería la última
vez que sucediera, pero eso ya es otra historia.
por Mon traducción por malajeta