La Perversión de Blanquita
Elena miraba con ansiedad el reloj de la cocina, tenía listos
sus útiles escolares para salir en cuanto las manecillas marcaran las seis de la
tarde en punto y tan atenta estaba contemplando el movimiento inexorable de las
manecillas que prácticamente no escuchaba lo que Blanquita le decía, contestando
apenas con monosílabos . Le había dicho a su mamá que tenía que ir a la casa de
su amiga Laura a hacer un trabajo de la escuela y que regresaría en cuanto
terminaran.
Elena acababa de cumplir los 19 años y cursaba el último
año de secundaria; era una niña alegre y muy sociable, de las más populares en
su escuela, razones por las cuales Blanquita, su vecina de 18 años, la
admiraba y deseaba imitarla en todo, pues además Elena era muy bonita y a pesar
de su edad ya tenía un cuerpo muy bien formado. A Blanquita le gustaba mucho
acompañar a Elena a su casa después de clases, por eso la esperaba a la salida
para regresar juntas, esto tenía una razón, sin comprender muy bien por qué, le
gustaba escuchar todos los piropos que le decían al pasar, sobre todo los más
groseros. Era tanto el deseo de parecerse a Elena que procuraba pasar con ella
el mayor tiempo posible, incluso en su casa, maquillarse igual, usar los mismos
perfumes, vestirse como ella, sólo que esto último su mamá no lo permitía.
La mamá de Blanquita ya no aceptaba tan de buen grado la
amistad de su hija con Elena, pues decía que de un tiempo a la fecha le notaba
algo raro, como que ya no era la misma niña inocente de antes y que algo
distinto comenzaba a proyectarse en ella, algo así como de malicia.
Blanquita no comprendía muy bien los comentarios de su mamá,
pero después de pensarlo un poco se percató de que efectivamente algunas
actitudes de Elena habían cambiado desde hacía tiempo. Recordó por ejemplo que
ahora usaba casi siempre minifaldas, así como blusas muy delgaditas y pegadas y
a veces hasta sin sostén. Pero luego de pensar un poco sobre esto, Blanquita se
decía a sí misma que eso era lo más normal, ya que Elena era muy bonita y ya era
toda una señorita como le habían dicho en su fiesta de cumpleaños, por lo que no
era lógico que se siguiera vistiendo como niña. También reconoció como algo
normal el que en su guardarropa, el que revisaba de vez en cuando mientras nadie
la veía, Elena ya no tuviera las acostumbradas pantaletas que usan las niñas,
sino tangas transparentes y de colores muy sexys, como ella decía, además de
medias de colores diferentes, las cuales usaba ya con mucha frecuencia, incluso
había llegado a encontrar un día un liguero rosa que a Blanquita le gustó mucho.
Recordando esto Blanquita reparó en el atuendo que Elena
lucía en ese momento. Llevaba puesta una pequeñísima minifalda de likra a
cuadros que al caminar se iba subiendo poco a poco hasta dejar al descubierto la
mitad inferior de sus bien formadas nalgas. La blusa era de algodón color menta
sostenida con dos delgadas cintas que se anudaban a la altura de cada hombro,
sumamente ajustada al cuerpo, por lo que hasta ese momento se dio cuenta de que
Elena no se había puesto sostén, debido a lo cual sus senos adolescentes, de
forma cónica, puntiagudos y muy erectos dejaban ver sus hermosos pezones, los
cuales se marcaban bajo la delgada tela como un par de perfectos chupones. Como
los tenía muy bien formados y firmes, al caminar se producía en ellos un ligero
temblor que los hacía parecer aún más erectos.
El reloj marcó las seis de la tarde, Elena saltó de su
asiento como impulsada por un resorte y despidiéndose apresuradamente de
Blanquita y de su mamá salió disparada por la puerta trasera. La vecinita reparó
en que en su loca carrera Elena había dejado olvidado en la mesa uno de sus
libros, por lo que salió detrás de su amiga con el objeto en su mano gritándole
a su amiga que había olvidado algo, pero esta ya no se veía por ninguna parte.
La pequeña recordó que Elena iba a visitar a su amiga Laura
quien vivía a unas calles de distancia por lo que enfiló sus pasos hacia el
lugar. Al cabo de algunos minutos la nena llegó a la casa y tocó el timbre; al
cabo de unos instantes la puerta se abrió delante de la madre de Laura, quien
con una sonrisa recibió a la niña inquiriéndola:
Hola Blanquita qué se te ofrece?
La nena respondió sin dudar:
Buenas tardes señora, le traje a Elena un libro que dejó
olvidado en su casa al salir para acá a estudiar con Laura.
La señora le dirigió una amigable mirada de sorpresa
diciendo:
Elena aquí? Pero si no la he visto, además no se a qué
vendría si ella sabe que Laura salió desde ayer a visitar a sus abuelos!
La pequeña solo atinó a balbucir algunos sonidos pero pronto
se repuso diciendo:
Oh si, es cierto…ahhhh….perdone ya me acordé que no era a
su hija sino a Laura la chica que vive en la segunda privada, disculpe señora
y adios!
Diciendo esto Blanquita salió corriendo en el sentido que
había llegado. Una vez que perdió de vista a la mamá de Laura se detuvo a
cavilar sobre lo sucedido, su mente era un lío de dudas pues sabía perfectamente
que no existía ninguna otra "Laura", así qué ¿porqué habría mentido? Pero más
aún ¿a dónde habría ido? Con estas y otras muchas interrogantes en su pequeña
mente lo único que atinó a hacer fue irse a su casa pues no deseaba alarmar a la
madre de Elena y en el fondo sabía que alguna explicación lógica debía existir y
que su amiga se lo comentaría al día siguiente, por lo que resuelta en tal
propósito inició la caminata a su casa.
Para llegar a ella debía pasar frente a una obra en
construcción y al estar justo frente a ella le pareció escuchar murmullos y,
entre estos, la inconfundible risilla juguetona de su amiga Elena, por lo que
intrigada decidió adentrarse en el inmueble a medio edificar cuidando que sus
pisadas produjeran el menor ruido posible al apoyarse sobre el cascajo y los
deshechos de material que cubrían casi por completo la superficie del terreno.
Los sonidos parecían provenir de una de las habitaciones
centrales que a esa hora, más de las seis, era la única iluminada. Lentamente
los murmullos se fueron convirtiendo en voces y al llegar a lo que en algún
momento sería la habitación contigua Blanquita se colocó en cuclillas detrás de
un muro desde el cual tenía una visión perfecta de lo que sucedía en el cuarto
iluminado sin ser ella vista. Lo que vio entonces la dejó boquiabierta,...ahí
estaba Elena con dos albañiles!!!
Continuará…
Hola amigo lector ¿quieres saber que sucede a continuación?
Si es así sólo házmelo saber a mi correo electrónico y con gusto seguiré
adelante con esta historia, que por cierto es verídica. Besitos! ;-)
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