La Perversión de Blanquita (II)
...Los sonidos parecían provenir de una de las habitaciones
centrales que a esa hora, más de las seis, era la única iluminada. Lentamente
los murmullos se fueron convirtiendo en voces y al llegar a lo que en algún
momento sería la habitación contigua Blanquita se colocó en cuclillas detrás de
un muro desde el cual tenía una visión perfecta de lo que sucedía en el cuarto
iluminado sin ser ella vista. Lo que vio entonces la dejó boquiabierta,...ahí
estaba Elena con dos albañiles!!!
La nena buscó rápidamente con la mirara tratando de reconocer
el lugar y al mismo tiempo saber si había alguien más, así pudo adivinar por la
distribución del sitio que esa sería la cocina de la casa. Había una plataforma
central, alargada, que supuso sería la barra central de la cocina y sobre ésta
el recubrimiento era un bloque de madera pulida pero aún sin barniz, cubierta
parcialmente por una sábana delgada de color blanco o beige muy claro. El piso
era aún de cemento pero a diferencia del resto de la edificación estaba limpio
de cascajo. Desde su escondite Blanquita podría distinguir que el muro de atrás
de la barra aún no existía por lo podía apreciarse claramente el patio posterior
un tanto amplio con pasto medio seco y algunos materiales diseminados por todas
partes; más allá aparecía el muro que dividía una casa de la otra con algunas
enredaderas que caían a su interior provenientes de la casa contigua. En el
lugar no había nadie más que Elena y los dos sujetos, ella recargada en la barra
en medio de los dos hombres, el delgado a la izquierda y el fornido del otro.
Entonces la atención de la chiquilla se enfocó en los
hombres. Uno de ellos era delgado de unos 25 años, estatura media y complexión
normal, mientras que el otro era claramente de más de 30, algo más alto, fornido
y un tanto regordete pero con fuertes brazos y amplia espalda. Ambos usaban
pantalones de mezclilla, zapatos tipo obrero o militar desgastados, camiseta al
parecer de algodón color negro el primero y una camisa a cuadros remangada el
segundo. Sus cabellos lucían húmedos por lo que seguramente tenían poco de
haberse aseado después de la faena de aquél día.
Elena abanicaba su rostro con la mano mientras hablaba aprisa
y entre cortadamente por la agitación, con su tono aniñado de "niña fresita":
Osea...no saben cómo corrí al salir de mi casa para que
mi amiga no me alcanzara ....porque oí...que venía siguiéndome...y me le
escondí detrás de un coche. Luego que pasó me vine por la calle de
atrás...para que no me viera...por eso me cansé un buen!.
Pos nosotros pensábamos que te ibas a venir más tarde,
por eso le dijimos al Arquitecto que nos diera las llaves de las cajas de
herramienta para quedarnos más rato (dijo el más grande). Andale Ramón, dale
refresco a Elenita por que trae harta sed!.
Ramón obedeció de inmediato a su amigo, destapó una Coca-Cola
y se la entregó a Elena quien bebió ávidamente algunos sorbos; los hombres la
miraban de arriba abajo casi babeando y con la mirada encendida.
En eso el más grande le preguntó:
Oye ya en serio, estás muy chavita como para andar
preguntando por "eso" ¿no? ¿La neta si quieres?
Si, ya lo estuve pensando mucho y estoy decidida Señor
Pedro (Pedro era el más grande).
Bueno pero una niña como tú, digo así de bonita y de
clase rica, ¿porqué vienes con esa cuestiones con cuates como nosotros?
Estás bien chulita la verdad y de seguro han de haber un chorro de chavos de
tu clase que te ayuden ¿no?
Pues la neta sí pero los chavitos de mi edad son muy
mensos y no quiero que anden de chismosos con sus amigos y las niñas de la
escuela, además yo creo que los señores como ustedes saben mucho más de
"eso" pero los únicos que conozco son papás de mis amigas o maestros y no
quiero brocas, por eso me decidí con ustedes por tres cosas; porque no los
conozco, porque cuando terminen de trabajar aquí se irán a otra parte y
porque me han calentado mucho todas las cosas que me dicen y enseñan cuando
paso por aquí, como la última vez. Pero si no quieren ayudarme no hay
problema ok? Me voy y busco otros que sí quieran.
Elena dio un paso como queriendo irse pero Pedro la detuvo
de inmediato del brazo diciéndole:
No chavita no te vayas! Con nosotros no hay bronca y
verdá buena que no decimos nada, además en una dos días mi cuate y yo nos
vamos de aquí porque el Arquitecto nos necesita para ir a chambear a otra
obra, no te vayas porfa!
Bueno me quedo pero ya saben, no le cuenten a nadie ¿ok?.
"Vedá" buena que a nadie preciosa, te lo juramos "verdá"
tú?
Neta que no chavita, te juramos que no le decimos a
nadie!
Pero haber, ¿"esatamente" que quieres chavita? (preguntó
Pedro).
Elena guardó silencio unos instantes, aún jadeando un poco
pero mucho menos que al llegar. Sus blancas y tersas mejillas y su naricita
respingada se empezaron a poner coloradas y Blanquita sabía muy bien que eso
significaba sólo una cosa: Elena se estaba excitando. La niña observó primero a
Ramón por unos instantes y después dirigiéndole una anhelante mirada a Pedro le
contestó:
Quiero que me enseñen...lo que usted ya sabe.
Continuará... jijiji!