Habíamos terminado de comer.
Primero limpió el recibidor para que volviera a quedar
inmaculado. No permitió que quedara la más mínima huella del salvaje polvo que
habíamos echado justo al llegar a casa. Abrió una ventana de par en par para que
desapareciera el olor. Luego preparó la comida, lo hizo con cariño y dedicación.
Yo pude ver el telediario y luego me llamó a la mesa. Volvía a ser mi mujercita.
Mi modosa mujercita. Estuvimos hablando de problemillas laborales y de lo
trabajadores que son mis alumnos de termodinámica. Preparó un delicioso café,
fumamos un cigarrillo y luego fuimos a sentarnos en las butacas de mimbre a la
sombra de la terraza.
Estábamos medio amodorrados por la canícula. Yo llevaba un
pantalón cortó, sin calzoncillos, que me había puesto después de salir de la
ducha, y ella solo llevaba una batita corta de verano. Ella si llevaba las
bragas puestas. Lo dicho, volvía a ser mi modosita y encantadora mujer.
La tenía frente a mí. Recostada en el butacón, con las
piernas cruzadas. Debíamos llevar un buen rato así, cuando en mi cabeza volvió a
entrar María. En mi estado aletargado algo me decía que aquella mañana, al
pasear, Marta no me había contado toda la historia. No era posible que una
simple conversación frente a una película grosera hubiera cambiado de tal modo a
mi esposa.
Lentamente aquellos pensamientos me hicieron volver en si.
Ella seguía igual que antes.
Marta... Marta...
Hummmmm...mmmm con lo bien que dormía. ¿Qué quieres
ahora?
Esta mañana paseando me has contado algo de María. Pero
es evidente que no me lo has contado todo. ¿Vas a contármelo todo?
No sé si debería.
¿María y tu os pajeais juntas?
Sí
¿Recientemente o viene de lejos?
Descruzó las piernas.
Viene de lejos.
No sabes cuanto me interesa el tema querida.
Ahora volvió a aparecer aquella sonrisa que me desarmaba.
En el colegio solíamos hacerlo.
¿Sólo en el colegio?
Recientemente también. Bueno, hace cosa de un año. Desde
que nos vemos para tomar café en su casa.
Estaba abriendo y cerrando las piernas. Me miraba y sonreía.
Dejó pasar unos instantes y luego añadió:
¿De veras te interesa?
Sus piernas se mantenían abiertas. Yo no apartaba la vista de
ellas. Volvía a empezar por los pies, desnudos, subiendo por las pantorrillas,
siguiendo por los muslos, paraba un momento en sus braguitas rojas y saltaba a
su cara. Sus ojos y su sonrisa me capturaban. Ahora era yo el que no contestaba.
De acuerdo te lo contaré.
"Las primeras veces que nos vimos para tomar café hablábamos
de lo que pueden hablan dos marujas. Puedes imaginar que en algún momento, más
adelante, salió lo de las películas de Gabriel. Otro día el tema de la
separación. Otro lo caliente que era y al fin que desde que ella era tan marrana
como en las películas Gabriel era una máquina"
Abrí la boca para decir algo.
Calla y escucha.
"En otra ocasión, puedes imaginar que el tema era recurrente,
recordamos lo sucedido el día de la excursión con el colegio" Recuerdo que le
comenté: "¿Y no te da asco?" "En absoluto" Contestó. "Ahora tengo lo que quiero,
cuando quiero y como quiero. Gabriel es mi juguete, se desvive por tenerme el
coño contento y yo le doy lo que quiere" siguió "Éstas marranadas me han
colocado en una situación de poder, no la había experimentado nunca y te prometo
que me encanta. El poder emborracha niña", le dije: "Me pregunto como se lo
planteaste, no me digas que así de golpe porque no me lo creo".
Marta se había levantado, se puso de espaldas a mí y se subió
un poco la batita colocando las dos manos abiertas en las caderas.
¿Te gusto así?
Seguí callado escuchando.
"Fue muy fácil Marta, le propuse ir de excursión" "¿Qué?" Me
tenía asombrada. "Si mujer, le dije que un domingo podíamos ir a la sierra de
excursión" "¿Cómo en el colegio?" "Claro, en las excursiones uno o una siempre
acaba meando o cagando" "jajaja jajajja... jajajajajaja" no pude contener mi
risa. "A ti siempre te había excitado recordar aquello" dijo. "Me puse roja como
un tomate" "Oye Marta ¿tú lo harías con una mujer?" Fue como un golpe bajo que
saliera de su boca. Lo habíamos hecho juntas en el colegio, en los lavabos
precisamente.
Marta seguía dándome la espalda, y ahora tenía sus manos en
las caderas pero en el interior de sus braguitas. Hizo un amago de bajárselas.
María prosiguió. "Si te apetece mañana podríamos ir de
excursión". Seguía colorada, pero asentí. Balbucee "¿Qué dirán Miguel y
Gabriel?" Su respuesta fue fácil "nada"
Sus bragas ya estaban a la altura de sus rodillas y su culo
solo estaba medio tapado por la batita de verano.
¿Recuerdas que hace unos dos meses María y yo salimos de
excursión?
Creo que sí
Me puse unos vaqueros, camisa y una rebeca. Debía ser a
principios de mayo, por eso me puse la rebeca. Preparé un bocadillo de queso
y una cantimplora con agua. Ella pasó a recogerme con el todo terreno.
Me dijiste que fuisteis a la ermita.
Si, pero no llegamos tan lejos. Al principio del camino
que sube por el bosque dejamos el coche y seguimos caminando. María iba con
una rebeca también, pero en lugar de vaqueros llevaba una faldita corta
blanca y una blusita también blanca. El calzado era unos tenis como los
míos.
Marta estaba sacando una pierna de las braguitas, lo que me
dejó verle el potorro y el ojete a la perfección. La polla se me puso
morcillona.
No se porque se te esta poniendo morcillona. No vas a
follar hasta mañana.
La zorrita lo había adivinado sin tan siquiera girar la
cabeza.
Durante la caminata María iba un poco más adelantada que
yo. Ya sabes como son sus piernas, algo jamonas y la falda con el culote que
pasea le quedaba algo subida. Era como si quisiera excitarme. Al rato nos
sentamos para descansar. Era un claro en el que el camino se ensanchaba un
poco y salía un ramal a mano derecha. Fue ella quien dijo que paráramos.
Marta se había quitado por completo las bragas y estaba
haciendo círculos con su culo y subiéndose la bata con las manos en las caderas.
Sacamos la merienda, bebimos agua, hicimos cuatro
chistes, nos reímos, recordamos viejos tiempos... en fin. Ya íbamos a
reanudar la marcha, cuando, antes de levantarnos, oí "¿Te importa si me
suelto un pedo? Contesté "con el culo que paseas hija, seguro que
impresiona". Impresionó te lo aseguro. Volvió a la carga "¿Nos desviamos por
el ramal de la derecha?" Callé y obedecí. El ramal tras unos minutos daba a
un claro que quedaba oculto del camino y que estaba cubierto de hierba.
Marta ya estaba de rodillas sobre la butaca abriéndose las
nalgas para que pudiera verle bien el potorro y el ojete. Los pelos del
felpudillo se prolongaban como ya dije en otras ocasiones hasta el inicio del
ano y rodeaban suavemente su ojete.
"¿Quieres mear Marta? ¿Cómo en los viejos tiempos? ¿Una
al lado de otra?" Mis vaqueros ya estaban bajando. De pronto también me
habían entrado unas enormes ganas de mear. Ella se quitó las braguitas y se
acuclilló como yo. Sostenía las braguitas en la mano, eran de algodón
blanco. Casi al unísono un potente chorro de pis salió de nuestros coños y
ella volvió a soltar un pedo, esta vez más suave, casi un soplido, pero no
sé si era por la proximidad, apestoso. "Se ve que el bocadillo me ha
removido las tripas" dijo. "Mira, con el otro he manchado las bragas"
Aquella historia me ponía caliente. Me estaba acercando al
culo de Marta para lamérselo. "Puedes acercarte y bajarte los pantalones, no
quiero que tu picha sufra, pobrecita, no la vamos a tener estrecha, pero nada de
tocar ni follar" Había vuelto a frenarme de mala manera.
Aquella situación tan parecida a la de nuestra
adolescencia volvió a encenderme. Ella debió notarlo. Se tumbó a unos pasos
y me dijo: "ven, ponte de cuclillas sobre mí, tengo ganas de comer un coño"
Obedecí y me acuclille sobre su cara, le subí la falda y comencé a hacerle
un dedito al tiempo que ella me relamía el coño recién meado. No sé si era
por los nervios, pero estaba empezando a ponerme mala. Aquellas lamidas a mi
coño me enervaban.
Estaba tan cerca de su coño que seguro que podía sentir mi
aliento. Ella se limitaba a abrirse mas las nalgas. "Voy a castigarte por
guarro. Voy a terminar de contarte la historia para que vayas a la cama caliente
tanto de polla como de cabeza. No pensaba hacerlo, pero quiero que a mi cerdito
no se le baje hasta mañana" dicho esto prosiguió:
Mi tripa hacía ruido, tenía un fuerte dolor de vientre.
Su lengua seguía entretenida en mi peladilla. "Tendría que levantarme un
momento María" ella debió imaginar de que se trataba "mujer si hay
confianza, no te prives de nada"contestó. A mí la situación me daba una
vergüenza inusitada. Sus lamidas me tenían fuera de si. Doble la cintura y
mi lengua busco su rajita, su sabor, su olor. De pronto volvió a soltar una
ventosidad, era espesa, pesada, pegajosa. "Ya ves que yo no me privo reina"
volvió a decir. Y por fin me corrí. Me corrí como hacía mucho tiempo no lo
hacía y al tiempo que me corría se me aflojó el vientre y expulse aire y
mierda a la vez. Fue como una explosión. Jamás me había cagado mientras me
corría. El resto, hasta hoy, creo que mi cerdito es suficientemente
inteligente para imaginarlo.
Cogió sus bragas, se las puso, volvió a sentarse con las
piernas cruzadas y me dijo:
¿Quieres que vayamos a ver un rato la tele?