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La Eterna Lucha
Fantasías Eróticas- 2008-03-07 09:14:59
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La vida de Clara siempre había transcurrido plácidamente, su infancia en aquel pueblo del Norte, la escuela, las amiguitas, sus padres que la adoraban y su Iglesia.

Clara había pasado en ella muchas horas de su corta y apacible vida, bajo los tiernos cuidados del anciano padre Sebastián había ido pasando las etapas de su vida hasta convertirse en el apoyo fundamental del viejo párroco y así había llegado a los 18.......Bueno, casi 18 porque fue entonces cuando aquello ocurrió.......

Un mes antes de cumplir los 18 el destino de Clara se truncó, al volver de sus visitas de caridad se encontró repentinamente acalorada, su madre le notó los ojos demasiado brillantes, y las mejillas rojas y la mandó a la cama inmediatamente rezongando que su niña trabajaba demasiado para aquellos vagos desagradecidos, le preparó una tisana y la arropó. Pero en mitad de la noche un grito terrible desgarró la noche y despertó a casi todo el pequeño pueblo.

A partir de aquello el estado de Clara fue empeorando un poco más cada día, sus padres pasaban día y noche a la cabecera de la enferma, sus amigas ocupaban de continuo el salón de la casa solariega y el padre Sebastián iba y venía apresuradamente de sus deberes a la casa de su pequeña. Una sombra de tristeza y pesar parecía haber caído sobre aquel pequeño mundo porque Clara era considerada un verdadero ángel por todos, y el temor de que dios se la llevara latía en todos los corazones.

Los doctores por fin abandonaron toda esperanza de recuperación, no conseguían encontrar el origen del mal que la aquejaba y murmuraron para despedirse algo de dejar las cosas en las manos de dios. El padre Sebastián había rezado más aquellos días que nunca en toda su vida, veía como la piel de Clara, antes lozana como una rosa, había palidecido hasta la blancura de las mortajas y su cuerpo tenía la fragilidad de la luz de una vela aunque la fuerza de las convulsiones que la recorrían conseguía agotar a los que la sujetaban para que no se hiciera daño.

Aquella noche Clara estaba solo a un paso de extinguirse, sus padres lloraban desconsolados y ya sin pudor ante el cuerpo que apenas mostraba signos de vida y el viejo cura con el corazón roto pidió un milagro, a cualquier precio, lo que fuera, su vida no era nada ante la pérdida de una vida en flor.........Y entonces ocurrió, un leve fogonazo de la memoria, apenas un recuerdo esquivo pero lo suficiente para que se aferrara a él hasta que una imagen ya borrosa se aclaró poco a poco....La mano de dios... Con una apresurada despedida el padre Sebastián se dirigió a buscar..........un milagro...

Solo una severísima orden del obispo consiguió sacarlo de su aldea, había hecho oídos sordos a la petición del viejo cura, nunca había deseado que su don fuera convertido en un show, ya había pasado por aquello y no deseaba volver a ser el foco de atención de la gente, había conseguido escapar a tiempo de las tentaciones del orgullo, de la soberbia e incluso de la carne a las que se había visto expuesto pero aquella orden era taxativa, debía acudir a la cabecera de una moribunda, sus padres eran miembros respetados de la comunidad y ofrecían una más que generosa dádiva si él lo intentaba, no pedían resultados, solo que intentara salvar a su hija y al final se había visto obligado a ponerse en marcha en aquel todoterreno que recorrió los kilómetros que le separaban de........Clara, suspiró cansado, la pobre chica se llamaba Clara y no tenía la culpa de que el sonido del teléfono casi lo volviera loco sonando continuamente desde que había llegado el padre Sebastián, lo observó sentado en el asiento de delante, cabeceando sin parar. No, el dulce hombrecillo había resultado de una fuerza arrolladora, en solo dos días había conseguido lo que en aquellos últimos cinco años nadie había podido lograr. Bien, no tenía más remedio que ir pero nadie podía obligarlo a nada más.......Mi reino no es de este mundo, pensó cínicamente, el reino de lo invisible carecía de formas de control civilizado, alabado fuera dios por eso.

Llevaba varios días junto a ella, él mismo se había quedado atónito cuando se había acercado a la cama de la agonizante. Era apenas el envoltorio de un alma que se escapaba por momentos, la compasión lo embargó, los padres, tanta gente, el anciano cura......ella debía haber hecho mucho bien en su corta vida, casi sin darse cuenta avanzó hacia ella y tomó la manita entre las suyas y ella......ella de pronto había abierto unos ojos inmensos y ....

-El ángel ha venido y me salvará.- un leve susurro, un esbozo de sonrisa y de nuevo la inconsciencia febril.

El silencio se hizo en la habitación hasta que los sollozos de la madre lo rompieron, la mujer se abalanzó hacia él a besarle las manos y todo comenzó de nuevo para él....

-¿Vas a dejarme?

Martín se sobresaltó, ella estaba mirándolo con ternura y ....¿compasión? Tras la adoración de los últimos días encontró en aquellos ojos comprensión, ella solo preguntaba y él supo que no censuraría que él decidiera huir de algo que había caído sobre él sin pedirlo, su don, aquel odiado regalo de dios.

-No, me quedaré contigo.

Clara extendió la mano y él se apresuró a tomarla entre las suyas, ella le sonrió de nuevo, toda su cara se iluminó, la máscara de la enfermedad retrocedió mostrando un rostro joven y hermoso, de serena belleza, luego ella cerró los ojos y se volvió a dormir, esta vez sin sobresaltos y sin dejar de sujetar las manos del hombre con la suya.

En solo unos días el estado de Clara experimentó una notable mejoría y Martín no se separaba más que lo imprescindible de su lado hasta aquella noche....

El día en que Clara cumplía los 18 años sus padres prepararon una pequeña fiesta y casi todo el pueblo desfiló por la casona para celebrar la recuperación que consideraban milagrosa y de paso intentar besar la mano de Martín o tocar su sotana. El padre Sebastián lo protegió en lo que pudo pero al caer la noche estaba agotado física y emocionalmente. En cuanto a Clara, las visitas, a pesar de ser estrictamente seleccionadas y muy cortas habían hecho que cayera dormida muy pronto.

Martín estaba dormido en un sillón de la habitación de Clara, a la que se había retirado después de la cena, cuando el sonido de unos sollozos lo despertaron, se incorporó de un salto y se inclinó sobre la cama de la joven que se quejaba y agitaba las manos presa de una pesadilla, se sentó junto a ella y la calmó con palabras tiernas y acariciando levemente su rostro hasta que ella abrió los ojos y lo miró con expresión confundida.

 

-No ocurre nada, todo está bien, Clara.-ella se calmó y como en un impulso levantó la mano y acarició la mejilla del hombre.

-Pobre Martín, por mi culpa..........Si no hubieras venido a ayudarme .- ella enredó los dedos en la media melena castaña y le hizo bajar la cabeza para rozarle la mejilla con un beso suave como el roce de las alas de una mariposa.

Una ola de calor recorrió completamente su 1`80 de estatura. Ella tenía la apariencia de un ángel, la piel nacarada a la luz de las velas del pequeño altar permanentemente encendido junto a su cabecera, el cabello negrísimo extendido sobre la almohada la enmarcaba como un velo, el leve camisón blanco de fino algodón apenas ocultaba.........Martín no supo como se encontró mirando la curva de los pechos que subían y bajaban con su respiración, los oscuros pezones se irguieron empujando la tela, los ojos de los dos se buscaron y se encontraron..........tan asombrados los dos, expulsados de pronto a un extraño mundo de hogueras y confusión. La mano de ella tembló apoyada contra la cara de él, Martín apretó la temblorosa mano con la suya y sin poder evitarlo, atraído por una fuerza irresistible se inclinó y cubrió la boca de ella con la suya, después de probarla ya no hubo marcha atrás, sus manos la recorrieron entera y las de ella, tímidas al principio y luego audaces lo atrajeron haciéndolo caer sobre ella. Apenas hubo preliminares, la pasión ciega que los consumía puso a Martín entre las piernas de Clara, las tiras del camisón rasgado parecían lianas vivas que los ataban aún más, si eso era posible, Martín se hundió en ella como un barco naufragando en un torbellino y el grito de Clara se ahogó en el feroz beso que compartían, sus cuerpos empapados se movieron salvajemente hasta alcanzar el orgasmo.

Martín recordaría siempre los momentos que siguieron, el cuerpo cálido de ella contra el suyo, el pelo de Clara cubriendo su pecho y él.........él sin entender del todo como lo que sentía por aquella niña se había transformado en aquella salvaje pasión tan ajena a su naturaleza.

-Clara......yo.......no entiendo lo que...

-¿Significa eso que no me amas?-la tristeza y dulzura de su voz lo conmovió hasta el fondo del alma.

-Ya sabes que te amo, jamás lo hubiera hecho sí no....

-...Sí no...lo sé, Martín.

Algo vibró repentinamente en el aire de la noche, las cortinas se movieron y la luz de las velas se agitó hasta apagarse, Martín se sintió recorrido por un escalofrío. De pronto el santuario acogedor que era aquella habitación se transformó en algo parecido a una ratonera, el instinto de escapar anuló todos los demás, pero el peso de ella lo mantuvo tumbado en el lecho.

-Ah, Martín, el amor........¡Es realmente maravilloso!-Clara se incorporó despacio manteniendo una mano apoyada en el pecho del hombre.

El rostro de ella se asemejaba al retrato de alguna madonna joven y pura y le sonreía como lo haría un ángel bajado del cielo. Pero de pronto algo cambió en aquel cuadro, los ojos castaños de cervatillo se aclararon hasta el amarillo de los gatos y la dulce sonrisa de una joven casta y pura se transformó en un gesto irónico, Martín deseó gritar y escapar pero la mano de ella era como una losa fría que lo mantenía cautivo.

Luego ella saltó de la cama y caminó hasta tocador dejando que el destrozado camisón resbalara hasta el suelo, se sentó en la butaca mirándolo a través del espejo mientras se cepillaba el pelo, la pálida desnudez del cuerpo de Clara lo encendió a su pesar pero sus intentos por moverse resultaron baldíos.

-¡El amor! Es una fuerza realmente asombrosa, dónde la fuerza o las tentaciones no consiguen doblegar a los hombres, el amor los derriba como la hoz a las espigas tiernas.-ella se levantó y anduvo despacio hasta la orilla de la cama y lo miró desde arriba.-El amor..........Ay, Martín, después de tantos encuentros que hemos mantenido a lo largo de tu vida, una niña dulce e indefensa ha sido la piedra de tu caída..........-se sentó en la cama y arañó distraídamente su pecho mientras la voz fría lo golpeaba más dolorosamente que las heridas en su pecho.-...........Y a pesar de todo ¿Sabes que es lo más divertido? Que tú nunca ¡Jamás! me olvidarás Hasta tu último aliento y a tu pesar no será el nombre de Dios el que adores en tus labios, mientras me maldices seguirás amándome y morirás lentamente sin el aire que necesitas para vivir, Pobre y estúpido Martín, deberías saber que el amor es la fuente principal de mi trabajo.......¡Y ahora vete!

Poco antes de la madrugada fue la última vez que el viejo párroco vio al padre Martín, se asustó ante la locura que brillaba en sus ojos pero el otro apenas recogió sus cosas y se despidió, por un momento ante las preguntas del viejo cura, el otro abrió los labios fuertemente apretados como conteniendo un grito de dolor, pero con un suspiro Martín sacudió la cabeza y se perdió en las sombras para siempre...

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