I
Érase una vez, entre aquellos históricos auges de la Iglesia
Católica en Europa del medioevo, una abadía en Francia, controlada por un
clérigo, un hombre proveniente de la Frisia llamado Vandermeer, acaudalado y de
amistades influyentes cercanas al cónclave del Vaticano.
En aquella abadía habían recibido desde sus principios a
huérfanos de toda Europa, entre los que estaban decenas de niños y niñas
españoles, italianos, pocos ingleses y algunos nórdicos de Escandinavia.
Con ellos había llegado Pierre, un chico de Normandía cuyos
padres lo habían abandonado en las calles en el año de 1404.
Stilianos, otro de los niños llegados de fuera, era
originario de la antigua Bizancio, y había llegado a la abadía a principios del
siglo XV
A parte de todos los niños que habían llegado a la abadía ,al
final llegó una niña de 11 años, de Niza, llamada Coretta. Sus padres habían
desaparecido en un viaje a las costas del norte de África, supuestamente
debieron haber sido atacados por gamberros navegantes africanos.
Coretta quedó sola, y al poco tiempo un joven comerciante
veneciano llamado Claudio Pabi la llevó a su casa. Pero el no era ningún
pervertido. La tomó como su hija. Desgraciadamente, Claudio Pabi fue raptado en
el mar Adriático, y Coretta se sintió desolada, sin nadie que la acompañase por
el mundo.
Fue entonces cuando un cura de sus ciudad la llevó a París, y
de ahí fue trasladada a La Abadía ,en el sur de Francia.
Llegó a La Abadía un día lluvioso, acompañada por el cura de
Niza. Fue recibida por VanDerMeer, y también por los niños y niñas, y jóvenes y
maestros y maestras de aquella abadía.
Coretta comenzó limpiando los dormitorios del cura y de otros
niños y jóvenes, y fue integrada a un grupillo donde impartían el catecismo.
La monja que dirigía ese pequeño grupo era Claire, una
hermosa joven, de no más de 20 años, de cabello rubio y peinado en trenzas y de
piel blanca como la nieve. Sus ojos eran de color negro y grandes, pero de
ningún modo feos.
Su complexión era más bien delgada, y jamás se movía el
hábito, siempre lo llevaba puesto, y algunos decían que dormía con él. Eso no
era cierto, y Coretta lo descubriría más tarde.
Pasado ya un tiempo después de comenzar en catecismo, Coretta
quiso explorar la abadía sin ser vista, evadiendo por una sola vez los deberes
de la limpieza de los dormitorios.
Entonces bajó unas escaleras que dabana a un sótano muy
amplio ,como ya había visto una vez.
De vez en cuando había escuchado algún gritito que al parecer
trataba de ser disimulado, pero no imaginaba de qué se trataba, aunque
sospechaba ligeramente de algunas cosas morbosas.
Coretta acababa de cumplir doce años. Su maestra de
catecismo, Claire, era toda una doncella, y los alumnos la veían como la típica
princesa medieval.
Lo que no sabían era sobre sus ocupaciones al término de las
clases de catecismo.
Uno de esos días ,corrió hasta los escalones, con ayuda de
otros niños, sus amigos, Pierre, Stilianos y Marcelina, una niña de 13 años,
preciosa chiquilla pelirroja y pecosa proveniente del sur de España.
Pero sólo Coretta se atrevió a bajar. Encontró un cuarto
amplio donde había una mesa de roble. Ahí estaba VanDerMeer.
Ese señor tenía una apariencia hermosa, como ángel de
cabellos rubios y rizados y ojos azules como el mar...Estaba escribiendo algo,
cuando llamó a Claire.
-Señorita Claire, la necesito en El Cuarto del Fondo. Dentro
de un rato terminaré el escrito del día de hoy. Suspenda las clases que aún
quedan durante la noche. Posponga algunas para el día de mañana.
-En un momento estaré ahí.- Contestó la hermosa jovenzuela
,algo nerviosa.- Espere un momento.
Coretta escuchó como se abría una puerta al fondo de un
pasillo rústicamente amueblado.
Echó un vistazo.
Era un cuarto alumbrado con candelabros en cada pared, donde
habían mínimo unas diez camas ,una frente a la otra, y una ventana al fondo que
miraba al césped de uno de los grandes jardines, pues todo aquello era un
sótano.
Vandermeer caminó el pasillo y entró tras Claire.
Dentro había una monja que se arreglaba el cabello rubio y se
miraba en un espejo.
-Ya estás lista? Esto apenas comienza, señorita Claire, más
vale que esté preparada y que venga como se lo he pedido.
-Así es, señor. Vengo lista, como usted lo ha pedido.-
contestó la jovencita de manera sumamente reverente.
Coretta vio claramente cuando Vandermeer apretó una nalga a
la señorita Claire, que avanzaba hacia El Cuarto del Fondo.
Entonces Coretta alzó las faldas de su vestido y corrió hacia
El Cuarto, y mientras la monja se arreglaba el cabello logró meterse bajo la
primera cama.
Vandermeer ordenó a la monja que se fuera a su dormitorio.
-Pero señor, hoy es el día en el que me toca...
-No me importa, Ivana, ya lo sabes, cuando no, no...
La joven y hermosa monja Ivana iba descalza y salía del
cuarto, y cerraba de un portazo.
Entonces Coretta miró al espejo. Veía todo lo que Vandermeer
hacía a la joven Claire.
-Ahora si, Claire, terminemos lo que hemos empezado ayer...
sabes que quieres terminarlo, te prometo, señorita ,que ese rubio doncel no
irrumpirá desnudo y listo para mi mientras estés tu. Sabes que te prefiero, ¿Qué
te hace pensar que no?
-Pero, señor, usted sabe que si Cardenal me ve aquí, va a
excomulgarme y a condenarme de por vida... Esto es lujuria, señor mío.
-Si el se atreve a delataros, yo mismo echaré mano de
Frederic para que mate al delator...
-Está bien, oiré su promesa y espero que la cumpla, señor.-
Decía Claire algo ruborizada.
–No quiero que aquello de ayer se repita, ese doncel no
merece vuestra leche en lugares indebidos...Yo si...
El hábito de la monja caía en el piso. Después caía una
cadena plateada. Y veía como Vandermeer se colocaba detrás de la monja.
Cuando menos se lo esperó ,Coretta se dio cuenta de que
Claire la miraba por el espejo también, y se veía apenada y molesta, pero optó
por no decirle a Vandermeer. Quizás porque sabía lo que el Gran Dueño haría a la
pequeña chiquilla.
-Eres preciosa, joven doncella, te agradezco que estuviste en
aquel pueblecillo donde te encontré...
Me perviertes y me vuelves cada vez más loco...
-Concédame ya un orgasmo...como el que hubiésemos logrado
ayer si aquel hermoso jovenzuelo no hubiese irrumpido de aquella manera.
Vandermeer besaba el cuello blanco de la jovencita con
intolerable libídine... Hincado detrás de la manceba como estaba, copulaba de
manera salaz y totalmente inmoral ante los ojos de la niñita que se ocultaba
bajo la cama de madera cuyas tablas casi tronaban de los rijosos movimientos de
Claire mientras el tremendo falo venoso de Vandermeer la hacía enloquecer junto
con la soez bestialidad de las caricias y de la lubricidad de las partes donde
éstas caían.
A cada rato Claire daba una vuelta cabalgando a Vandermeer, y
en el espejo se reflejaba el ancho y precioso culo enganchado por el pene grueso
y de movimientos salaces.
Coretta sólo esperaba que también los testículos entraran en
el ano de la jovencita que iba enloqueciendo poco a poco y sin salvación.
Ahora veía las nalgadotas y las caricias en el borde del ano
de la chica.
Los gritos de morbo y placer casi hacían a Coretta querer ser
partícipe de tan venenosa lascivia...
-Ohhh!!! Señor!!!! Muévalo, muévalo...!!!!
-SiiI!!! Ohh siiii!!!!!!! Señorita!!!!!
Y el hombre mordía suave y perversamente los pezones de la
jovencita ,que se hacían más y más grandes de la terrible excitación...
-AAAHHH!!! Señor!!!! El ano me explotaaaaa!!!!!!! Y el
enloquecido macho se solazaba tocando el palpitante ojete de la alucinante
monja...
Ella miraba hacia el espejo con una mirada vaga y perdida de
claro morbo pervertidor...
Y se mordía un labio para no gritar... Y el macho le lamía
los pies, porque quién sabe en que indecente posición el macho poseía a la
inocente muñeca...Y la tomaba del pelo con obscena lujuria...y la tomaba delas
manos para soltarla suavemente, pero jalando los suaves y blancos dedos mientras
la monja se derrumbaba ante el lúbrico placer carnal...
-SIIIi!!!!-Los gritos ya eran fuertísimos...Casi parecía que
aquel morboso macho le lastimaba con sus toscas manos... pero la cara ruborizada
y enloquecedoramente sonriente negaba eso...
Fue entonces cuando el macho enloquecido comenzaba a gritar y
medio sacaba su pene del dilatado e irritado ano de la jovencita... Coretta veía
como el desenfrenado macho eyaculaba en el ano de la hermosa princesa, quien
enloquecía al sentir los ardientes chorros de leche que caían sobre la piel
enrojecida...
Y nalgada tras nalgada los cachetes blancos quedaban rojos y
embadurnados de leche de hombre ...Y la pobre chica no soportaba más el dolor en
los pezonzotes que reventaban y se los tocaba y los apretaba...
El macho incontenible masturbaba a la jovencita de manera
suave y a la vez tosca... Y acariciaba los labios, el monte de Venus y el
clítoris a la vez... y la chica se volvía completamente loca...
-AAAAAARRRGHHh!!!!!!-gritaba sin control el macho mientras
estrujaba toscamente el delicado cuerpo de la doncella. Seguía eyaculando, y a
borbotones, como un gran animal.
-AYYYYY, SEÑOOOOOORRR!!! ME DESMAYOOOO!!!!
La chica tenía los ojos en blanco...la boca abierta y las
manos apretaban las mantas de la cama con furia indecible, dedos completamente
rojos, y ano también...
Efectivamente, la joven casi cae desvanecida, pero el macho
le dio unas bofetadas que la mantenían perdida en un lujurioso orgasmo y no en
la inconciencia sin gozo.
Terminado esto, Vandermeer limpiaba con la mano las hermosas
nalgas de la monja y embarraba las sábanas limpiándose las manos.
Se vestía y salía de aquel cuarto.
La monja se quedaba apretando el ano y sobando sus nalgas...Y
veía después con cara furiosa y enrojecida a la chiquilla y la hacía salir de
ahí...
-Ay niñita- con un tono suave y tranquilizante que decía que
no la iba a regañar- quieres terminar como adicta a las lechadas? Yo creo que
no... pero si si ,entonces espíalo y haz que te descubra.
Entonces Coretta subió , sus amigos ya ni estaban... Duró
escondida largo rato.
Después de dos días volvió a catecismo con Claire, y no hubo
nada anormal...
Días después descubrió a quien se refería Vandermeer cuando
nombraba al hermoso doncel.. era un niño de Italia llamado Nardo, y era amigo de
Pierre.
Y una vez más, espió a Vandermeer, y lo descubrió copulando
de manera más insoportable aún... pues bramaba como bestia mientras hacía suyo
al enloquecido Nardo...
Y Nardo gemía mientras se tocaba el pene venoso...
-Aagghh!! Aaagggh!!! Señoooooor!!! Me …me desvanezco!!!
-Aguanta!!! Aguanta precioso doncel!!!!
El adolescente tenía ya los ojos en blanco, y Nardo se
acariciaba el mismo, soberbio como era, de pies a cabeza... y sus dedos se
juntaban con los del lujurioso macho...
Y el pene del macho, al cual Coretta miraba como hipnotizada
,entraba y salía suavemente del ano del chaval...
De repente, el mozuelo se tocaba el pene y empezaba a
eyacular gritando, y casi al mismo tiempo, el lujurioso macho lamía los hombros
y el cuello del joven mientras eyaculaba gritando en el ano.
Y el ano del joven hacía al macho eyacular como caballo,
lecherazo tras lecherazo ,inyectando por el ano las venenosas lechadas que
transtornaban los sesos.
Y el joven gritaba...
-Aayy!!!!señor!!!!
El pene del chaval lanzaba los lechazos hasta el techo, y los
del macho embadurnaban el ano...
Y después, en el último lecherazo ,caía desvanecido sobre el
pecho del bramante macho...
Días después ,Coretta seguía pensando distraída en el enorme
falo venoso...Pero también recordaba lo que le había dicho Claire sobre la
adicción a las lechadas...