94. LA INTENCIÓN MARCA LA DIFERENCIA
-¿Pasa algo? –Insistió Ángel.
-No, sólo que esta noche pasará a la historia por ser una de
las peores de mi vida… -me levanté del taburete en el que acababa de sentarme
con la intención de salir de allí.
-¡Ey! Te veo muy mal… ¿quieres que hablemos?
-No, no… necesito estar solo… -Ángel me cogió del brazo.
-Juan, de verdad… si quieres hablar…
-No, quiero estar solo –repetí liberándome de su mano con
brusquedad.
Salí de la sala de baile y crucé el vestíbulo en dirección al
comedor donde habíamos cenado. No quedaba nadie allí. A la izquierda había una
cristalera que daba acceso a la terraza, tanteé las puertas hasta encontrar una
que no había sido cerrada con llave. El aire frío golpeó mi cara. A pesar de
estar en abril, las noches seguían siendo bastante frías. Me acomodé la
americana del traje. Caminé casi en la oscuridad, la única luz que alumbraba la
terraza surgía de una luna oculta tras densas nubes. Llegué hasta la barandilla,
bajo mis pies las olas rompían contra las rocas. Me recliné sobre la barandilla,
sintiendo que sólo aquella insignificante valla metálica me separaba del abismo.
Intenté centrar mi pensamiento, tirar lentamente de las atropelladas sensaciones
que se acumulaban en mi cabeza. Sabía que lo que acababa de suceder me jodía
profundamente, pero no estaba muy seguro del porqué.
Que Graham tontease con otros no era ninguna novedad, y creía
estar preparado para ello. No esperaba ningún tipo de exclusividad en nuestra
extraña relación, de hecho no hubiese creído en ella ni que la idea de un rollo
en exclusiva hubiese surgido de Graham, su palabra tenía poco valor para mí. No
hay nada más absurdo que alguien intente mentirte con las mismas mentiras que
antes has usado tú. Entonces, si el problema no estaba en la informalidad de
Graham… ¿dónde estaba? En Toni, claro. Mi amigo me había decepcionado. Me sentí
muy defraudado desde el mismo instante en que le había visto salir con Graham de
la discoteca camino de su habitación. ¿Venganza por mi rechazo? ¿Interés
autentico por Graham? ¿Cómo es posible que alguien que está interesado en ti
decida enrollarse con el tío del que estás colgado?
-Toni, la ha cagado… -murmuré entre dientes.
-¿La he cagado? –repitió una voz a mi espalda-. ¿Por qué?
-¿Qué haces aquí?
-Estaba buscándote…
-Vaya… ya veo que no ha ido bien con Graham –seguía
escupiendo veneno.
-Ni ha ido ni ha dejado de ir…
-No sé como puedes tener el morro de venir aquí y hablarme
después de lo que ha pasado.
-¿Qué ha pasado?
-¡Joder! Eso lo debes saber tú…
-Nada, no ha pasado nada…
-Porque él te ha rechazado…
-Claro, debe ser por eso… y ahora vengo a verte por si tú te
replanteas tener sexo conmigo esta noche. Eres imbécil Juan, pero muy imbécil.
Me ha jodido que antes me dijeses que tenía ganas de que Graham me follase. Si
remotamente me he planteado la posibilidad de hacer un trío esta noche ha sido
únicamente porque pensaba que sería la última oportunidad de volver a estar
contigo. Me suda la polla que te lo creas o no, de lo que puedes estar seguro es
de que jamás haré algo que pueda perjudicarte o herirte.
-¿Entonces por qué te has ido con él?
-Porque quería saber hasta donde llegaría tu retorcida
imaginación.
-¿Dónde está Graham ahora?
-Ni puta idea, yo le he dejado en el ascensor, ni siquiera me
he tomado la molestia de seguirle hasta la habitación.
-¿Le has dejado tirado? –No pude evitar una sonrisa de
extraña satisfacción.
-Cuando él ha salido del ascensor camino de vuestra
habitación, yo he pulsado otra vez el botón Planta Baja… ese ha sido todo
nuestro contacto. Si realmente pesabas que iba a tener algo con él sólo para
joderte, es que me conoces muy poco…
-No sé, la situación ha sido muy violenta para mí…
-Bien, al menos te habrá servido para conocerle un poco
mejor. Parece no tener límites…
-Ya.
-¿Ya?
-Sí, ya me suponía que no hay ningún tipo de limitación en
sus objetivos…
-¿Y sigues queriendo tener algo con él?
-¿Algo cómo qué?
-Algo en general…
-Hasta ahora me bastaba con el sexo con él, pero a estas
alturas no sé si realmente merece la pena…
-Vaya, pensaba que habrías llegado a una conclusión
definitiva esta vez.
-Creo que dejaré esa decisión para mañana…
Oímos la puerta de la cristalera, había salido alguien del
comedor. Cuando se acercó a nosotros le vimos con más claridad, era Roger.
-Hola –susurró con timidez.
-Hola –respondimos.
-¿Podemos hablar un segundo Toni?
-Claro, un segundo –añadió Toni mirándome.
Se alejaron unos metros. Roger murmuró algo al oído de Toni,
mi compañero de piso negó con la cabeza y le respondió entre susurros
ininteligibles. Roger se encogió de hombros y se despidieron. Toni volvió a mi
lado.
-¿Todo bien?
-Sí, se van a dormir todos… me ha preguntado si subía ya…
-Mmmm… vaya, veo que está interesado en ti.
-Sí, bueno… nos acabamos de conocer.
-Ya, pero antes en el baño…
-Pues nos hemos limpiado las manchas… -respondió Toni dejando
la frase en el aire.
-¿De vino?
-Roger parece un tío majo, hemos conectado esta noche durante
la cena, sólo eso…
-Tranquilo, no te estoy pidiendo explicaciones…
-Lo sé.
-No sabía que fuese gay… -añadí.
-Ya ves, últimamente parece que hay gays en todas partes…
-Sí, casi como en los relatos porno… -respondí con una
sonrisa burlona-. ¿Por qué no te has ido con él?
-Porque me apetece estar aquí contigo, creo que esta noche me
necesitas más que él.
-Es posible –sonreí.
-Bueno, pues para eso están los amigos ¿no?
-Sí… supongo, aunque la verdad es que últimamente no se me ha
dado muy bien el papel de amigo que se preocupa por sus amigos.
-No te diré que no… -Respondió Toni con una sonrisa burlona.
-Siempre hay tiempo para aprender.
-Mira, seguramente coincido contigo en que no has estado muy
pendiente de tu familia y tus amigos en este último año y medio. Seguro que
estamos de acuerdo en que hay muchas cosas en las que te has equivocado. Pero
creo que la gente que te conocemos nos hacemos cargo de que no ha sido una etapa
fácil en tu vida. Y sin duda tus errores no serán motivo de aplauso, pero hay
dos cosas que los convierten en algo insignificante… la primera, que los hayas
asumido y hayas decido rectificar, y la segunda es que todos estamos seguros que
nunca hubo mala intención en ellos. Y quizás pienses que es una tontería, pero
la intención con la que se hace algo marca realmente la diferencia entre hacer
las cosas mal y hacerlas mal intencionadamente. La intención marca la
diferencia.
-¿Y cómo puedes estar seguro que no ha habido mala intención
en la forma en que me he comportado contigo este último año?
-Porque te conozco desde que íbamos juntos al instituto y
porque antes de que empezases a hacerte pajas mentales y a darle vueltas a la
cabeza para encajar que también te gustaban los hombres, eras un tío atento, que
se preocupaba por los suyos…
-¿Y si he cambiado?
-Has cambiado, como todos a lo largo de nuestra vida. Pero en
el fondo sigues siendo el mismo de siempre. No creo que la vida te haya
defraudado tanto estos últimos meses para que te hayas convertido en un
cabronazo dedicado a vivir para putear a los demás.
-Pero que no lo haya hecho con la voluntad de hacer daño, no
quiere decir que no haya hecho daño…
-Juan, lo que debes hacer es pasar página de una vez. Creo
que tú mismo le das más importancia de la que realmente tiene todo esto. Por más
que te lamentes no vas a cambiar lo que ya ha pasado. La vida no se acaba esta
noche… tendrás todo el tiempo del mundo para sentirte orgulloso de ella.
-Orgulloso de mi vida… ojalá hubiese algo de lo que me
sintiese orgulloso por lo que respecta a mi vida sentimental…
-Quizás pronto…
-Quizás. El día que eso pase, te lo haré saber.
-Me alegraré de ello –respondió Toni con una sonrisa.
-¿Nos vamos a la cama?
-Pensé que nunca lo dirías… jejeje…
-Jejejeje…
-Vamos, vamos… empiezo a tener sueño.
Entramos de nuevo en el comedor, el personal del Parador
terminaba de recogerlo todo. Cruzamos en silencio la sala en dirección al
vestíbulo, y en ascensor hasta el segundo piso.
-Joder… -murmuré cuando estábamos a mitad del pasillo.
-¿Qué?
-Pues que supongo que Graham debe estar en nuestra habitación
y lo último que me apetece esta noche es entrar ahí y encontrarme algo que no
quiera ver…
-Entiendo… y ahora es el momento en que tú esperas que yo te
ofrezca pasar la noche en mi habitación –asentí con una sonrisa-. Pues adelante
-dijo mientras abría la puerta de su habitación.
-Gracias…
-Ups… te aseguro que no lo sabía –dijo Toni cuando al
encender la luz nos encontramos con una única cama-. Bueno, te dejo la cama… yo
dormiré en…
-¿La bañera?
-Bueno, no sabes lo confortable que puede llegar a ser una
bañera…
-Jejeje… ya, pero no para dormir. Tranquilo, creo que podemos
compartir la cama ¿no?
-Bueno, sí… supongo.
Empecé a desvestirme a un lado de la cama hasta quedarme en
boxers. Cuando me di la vuelta para entrar en la cama Toni seguía vestido,
mirando por la ventana.
-¿No te desvistes?
-Sí, sí… voy.
Me metí en la cama y me tapé con la nórdica. Toni empezó a
desvestirse tímidamente, aún con la luz encendida. Su cuerpo… tal y como lo
recordaba: definido, proporcionado, fibrado… Cuando se quedó en boxers, entendí
el motivo de su tardanza para quitarse la ropa. La ajustada tela de su ropa
interior le delataba y el tiempo de espera no había solucionado aquel apetecible
problema. Nos miramos accidentalmente y le sonreí. Toni pareció relajarse.
-¿Apago la luz? –Dijo tras estirarse en la cama y taparse.
-Sí, sí… -respondí.
-Bien, buenas noches…
-Buenas noches.
Toni estaba a mi lado, pero lo suficientemente apartado para
que nuestros cuerpos no se rozasen. Le oía respirar pausadamente. Yo estaba
hacia el centro de la cama y casi no tenía espacio al otro lado. Me pregunté
cómo debía estar colocado Toni para que ni siquiera nos rozásemos. Así que
alargué la mano pasándola sobre su abdomen y alcancé con los dedos el otro lado
de la cama. Tenía medio cuerpo fuera.
-Puedes acercarte un poco más…
-No, no estoy bien ¿por qué?
-Hombre, algo me dice que acabarás durmiendo en el suelo…
-Jejeje… -Toni se acomodó hacia el centro de la cama.
Nuestros cuerpos tomaron contacto.
-¿Mejor así?
-Mucho mejor –respondí-, no sé por qué te habías puesto tan
lejos.
-Hombre, no quería que me malinterpretases una vez más… -dijo
él con ironía.
-Tranquilo, esta noche hay algo que me ha quedado muy claro…
-¿Ah sí? ¿El qué?
-Pues eso… que la intención marca la diferencia.
Continuará…