90. A BITTERSWEET SYMPHONY
He salido del baño dispuesto a hacer que mi vida cambiase,
aún no sabía muy bien como, pero empezaba a tener una ligera idea. En el comedor
todos estaban sentados a la mesa, mientras Sara y Rosa se disponían ha servir la
cena. El único sitio libre quedaba estratégicamente situado entre Graham y Toni.
He tomado asiento. Graham me ha lanzado una mirada fugaz.
-Buenas noches… -he murmurado.
-Vaya, pensaba que no me hablabas.
-¿No te hablaba? ¿Por qué?
-No sé, has puesto una cara al verme…
-… -no he respondido, sólo le he mirado.
-Espero que podamos hablar…
-La noche es muy larga –he añadido.
-Si no tienes otros planes… -me ha dicho él con una sonrisa
pícara.
-… -otro silencio.
No negaré que posiblemente esta ha sido una de las cenas más
incómodas de mi vida. Con Graham a un lado y Toni al otro, era imposible
mantener una conversación con normalidad. Encima Carlos me acababa de soltar que
se iba a ir con Valeria… no era la mejor noche de mi vida, pero al menos tenía
claro que no iba a dejarme tumbar ante la más pequeña adversidad.
Después de cenar he ayudado a Toni ya llevar los platos
sucios a la cocina. Durante toda la cena ha estado en silencio, casi ausente.
-He hablado con Carlos… -he dicho mientras cerraba la puerta
de la cocina.
-¿Ah, sí? ¿De qué?
-Bueno, ya lo sabes… de su mudanza…
-Ya…
-¿Ya? ¿No vas a decir nada más?
-Bueno, no sé qué puedo decir…
-¿Te da igual que se marche?
-No, no, claro…
-¿Y qué piensas hacer?
-¿Hacer?
-Sí, quiero decir, si Carlos se va… tendremos que decidir si
seguimos compartiendo piso, si buscamos a alguien más o si…
-Yo sigo dispuesto a compartir piso contigo… ¿y tú? –ha
interrogado él.
-Yo también…
-Bien, pues entonces sólo nos falta buscar al tercero para el
trío… -ha bromeado él intentando quitar hierro al asunto.
-Esta vez escojo yo… -he dicho tajante-, tengo alguien en
mente.
-¿Quién? ¿Le conozco?
-Te lo haré saber cuando se lo haya propuesto, pero estoy
seguro de que os llevaréis muy bien…
-Bien… -ha resoplado Toni sin seguir insistiendo en descubrir
la identidad del nuevo compañero.
-¿Y tú cómo estás? –He preguntado intentando romper la pausa.
-Pues bien, como siempre…
-¿Todo bien con Paul?
-Bueno… más o menos…
-Ya, por eso habéis roto…
-Te lo ha contado Carlos…
-Sí, está preocupado por ti. Bueno, yo también lo estoy…
-Pues tienes una forma muy curiosa de preocuparte por los
demás.
-Nada de lo que diga ahora cambiará la imagen que te has
hecho de mí en estos últimos meses. Prefiero hacer algo por intentar cambiarla.
Sé que no me crees cuando te digo que me preocupo por ti, pero te aseguro que lo
hago, para mí eres un amigo muy especial…
-No es necesario que te preocupes, lo de Paul tenía un final
anunciado desde el día en que le conocí, la duda estaba en cuánto iba a durar…
Paul y yo no encajamos…
-Vaya… al menos me alegro de que te lo hayas tomado así. Ahí
fuera hay un montón de tíos que merecen la pena y que podrían enamorarse de ti
en cuanto te conociesen…
-Ahí fuera… -ha repetido él-. El problema es que mi interés
no está ahí fuera…
-Pues debe estarlo… -he añadido contundente-. Si hay algo que
pueda hacer por ti, por favor, dímelo…
-Hay algo que puedes hacer por mí…
-¿El qué? –Toni se ha quedado en silencio, me ha mirado
fijamente a los ojos. No he podido aguantarle la mirada.
-Estar ahí… -ha respondido. Sin decir nada más me he acercado
a él y le he abrazado.
Entonces la puerta de la cocina se ha abierto. La carita de
Carlos ha asomado con timidez.
-¿Interrumpo algo? Ha dicho con una sonrisa al vernos
abrazados. Toni me ha soltado de repente.
-No, no… estábamos dejándonos claro que somos amigos… -ha
respondido Toni.
-Jejeje… me alegra oír eso. Pero yo quiero unirme a ese
abrazo –ha añadido Carlos.
-Bueno, pues triabracémonos… -he bromeado mientras los tres
nos fundíamos en un abrazo a tres bandas.
-Que este sea al punto de partida de una amistad que va a
durar siempre… -ha dicho Carlos con una sonrisa triunfal.
Después de la firma de la tregua, sellada por un triabrazo de
los que hacen historia, hemos vuelto al comedor. Todos sentados en los sofás o
sobre la alfombra del salón, escuchando atentos las historietas de Carlos en
Argentina. Valeria junto a él, y en sus caras la brillante expresión de
felicidad que todos tenemos no sólo cuando somos felices, si no cuando somos
conscientes de esa felicidad, cuando sabemos que aún deseándolo, no podríamos
serlo más.
-Se les ve felices, ¿eh? –Ha murmurado Mers observado a
Carlos y a Valeria.
-Sí, mucho… -he sonreído-. Me alegro mucho por ellos…
-¿Y usted cómo está?
-De tú…
-No, no… hablemos de usted.
-¡Ayyyy!… el día que me tutees seré feliz. Yo estoy bien,
gracias…
-¿No está… perdón, estás, nervioso? –Ha añadido lanzado una
fugaz mirada a Graham.
-Bueno, no sé… preferiría que no estuviese aquí… supongo.
-Si ha venido es por algo… -ha sonreído Mers.
-Por Carlos…
-Ya, claro…
-¿Qué insinúas?
-Algo me dice que esta noche pasará algo… -ha dicho con una
sonrisa.
Su frase ha marcado el final de la noche. Cuando pensaba que
no iba a suceder nada más, Graham se ha levantado para servirse una copa y al
volver se ha sentado en el suelo junto a mí. Carlos y Eduard comentaban sus
respectivas experiencias en América Latina. Ricardo y Sara se han levantado para
irse y Jesús, Ruth, Jordi y su acompañante les han seguido.
-Voy a poner el lavavajillas –ha murmurado Toni mientras él y
Ángel terminaban de recoger la mesa.
-¿Podemos hablar? -Me ha dicho Graham mientras Carlos seguía
enseñado fotos a Mers y a Valeria.
-Sí, claro…
-Mejor en privado…
-Bien, vamos a mi habitación… -he dicho yo sin demasiado
convencimiento.
Graham me ha seguido hasta mi habitación y ha cerrado la
puerta tras de sí. En sus ojos la evidente intención de tener algo más que
palabras conmigo. Cosas de la temperatura corporal, supongo.
-¿Y bien?
-No sé, has estado casi desparecido últimamente…
-Bueno, he estado bastante ocupado.
-Hace unos días estuve en el bufete y no te vi…
-Ya, he estado ocupado –he repetido. Curioso, cuando pasas de
un tío por el que estabas muy interesado, suele darse cuenta de que le
interesas… lástima que no siempre sea posible hacerse el duro.
-¿Y ahora estás ocupado?
-¿Ocupado? Pues no, estoy aquí hablando contigo ¿no?
-¿Puedes poner música?
-Claro –me he acercado al equipo de música y he puesto un cd.
Ha empezado a sonar "Bittersweet symphony" de The Verve-. ¿Sabes? No entiendo
que estás haciendo aquí…
-¿Cómo? –Ha interrogado él perplejo.
-Pues eso, que primero me rechazas, me ignoras… y ahora estás
aquí, esperando a que suceda algo…
-No te rechacé, simplemente deduje que buscábamos cosas
distintas e intenté dejarlo claro. Pero siempre me has interesado…
-Ya, claro... ¿y qué buscas ahora?
-Bien, supongo que siempre busco estar bien y disfrutar del
momento presente. No me gusta hacer planes… lo que tengo claro es que no busco
compromisos.
-Bien…
-¿Y tú?
-Supongo que lo que busco no puedes dármelo tú… -Graham se ha
acercado y me ha pasado su mano por la nunca.
-¿Ya no te intereso?
-No es eso…
-Entonces no le des más vueltas. Quizás no te ofrezco todo lo
que necesitas, pero eso no quita que no puedas disfrutar del momento… Sólo hay
que tener claro lo que hay entre nosotros…
-¿Y qué hay entre nosotros?
-Una amistad y… sexo, si tú quieres…
-No somos amigos…
-Aún… -ha añadido él.
-Bien, aún no somos amigos…
-Bueno, entonces sólo queda el sexo… -ha respondido con una
sonrisa pícara.
Por una vez sabía perfectamente lo que había, y he decidido
conformarme con ello. Sé perfectamente que Graham no va a darme lo que necesito,
pero mientras…
-Bien… -he murmurado cuando Graham empezaba a besarme en el
cuello.
Sus manos se han deslizado por debajo de mi camiseta
resiguiendo mi abdomen. Sus labios han seguido besándome el cuello hasta llegar
a la boca. Nos hemos enredado en un beso húmedo e intenso. Casi no me atrevía a
acariciarle, desconfiaba incluso de que estuviese allí. Sentía que si le tocaba
desaparecería. Es lo que tienen los rollos, se cuelan en tu vida, te transportan
a la cumbre del placer instantáneo y luego… y luego no queda nada. Se deshacen
frente a ti como una cortina de humo. Es lo que tienen los rollos, sólo hay que
tenerlo claro.
Graham me ha quitado la camiseta y me ha besado hasta hacerme
caer en la cama. Le he besado en el cuello y en el pecho mientras le quitaba la
camisa. He recorrido una vez más su cuerpo con mis ojos. Sabía que a la mañana
siguiente no despertaría junto a él. Me ha quitado los zapatos y los pantalones
y ha empezado a recorrer con su lengua la tela de mis boxers por encima de mi
polla. Le he acariciado el pelo. Graham ha tirado con sus dientes del elástico
de mis boxers y ha empezado a comerme la polla con extrema suavidad… casi había
olvidado lo bien que la comía.
Seguía acariciando su pelo. Le he estirado lentamente hasta
que nuestras bocas se han encontrado. Tenía claro que mañana no me llamaría a
media tarde para decirme cómo había ido el día. He deslizado mis manos hasta el
cierre de sus pantalones y lo he abierto. He sacado su polla y he empezado a
masturbarle. No estaba siendo romántico. Nos besábamos mientras seguía
masturbándole. Las manos de Graham se deslizaban por mi pecho y mis piernas. He
acelerado el ritmo de la paja hasta que su cuerpo se ha tensado, símbolo
inequívoco de la inminencia de un orgasmo.
-Ufff… ¿tienes kleenex por ahí? -Ha susurrado abriendo los
ojos.
No he respondido, le he tendido una caja de pañuelos de papel
y me he dado la vuelta.
-¿Y tú? ¿No vas a correrte?
-No, no… estoy bien así…
-¡Ey! Juan, en serio… déjame hacer algo… -ha susurrado
mientras me acariciaba la cadera.
-De verdad, estoy bien así…
-Bien, como quieras… ¿quieres que me vaya?
-No, puedes quedarte si quieres…
-Bien …
Graham se ha quitado los pantalones y se ha tendido en boxers
junto a mí. Yo me he vuelto a poner la ropa interior. Fuera no se oía nada, Mers
y Ángel debían haberse ido ya. Toni debía estar durmiendo. Y Carlos y Valeria…
He apagado la luz.
Continuará…