Llevas mucho rato atada en la cama, es hora de cambiar de
postura, así que te desato, te doy un fuerte beso y te digo que esperes un poco.
Voy al comedor retiro el mantel de la mesa y extiendo una de
sus alas.
Vuelvo a coger los pañuelos y los ato firmemente a las cuatro
patas de la mesa dejando en los otros extremos ojales corredizos, que se ciñen
al tirar de ellos.
Te tomo delicadamente en mis brazos. Estas totalmente
entregada a mis deseos, ni siquiera preguntas a donde te llevo, que te voy a
hacer. Pero tus ojos tienen un brillo especial que me dicen que confias en mi,
que puedo hacer contigo lo que quiera.
Te dejo sobre la mesa y paso tus manos y tus pies por las
ataduras que he preparado.
Una vez apretados todos los ojales tus movimientos quedan
suficientemente limitados para impedir que te sueltes por ti misma.
Te amordazo con un pañuelo que había preparado previamente.
No impide demasiado que puedas hablar pero es más un símbolo de tu confianza, de
tu entrega a mis designios. Es una mordaza psicológica lo que consigo.
¡Allí estas! Sobre la mesa, totalmente desnuda, tal como yo
quiero.... mmmmm, estas deliciosa.
A continuación me dedico a tensar tus ligaduras para
conseguir que no tengas la menor movilidad. Me aparto un poco y observo
detenidamente tu maravilloso cuerpo desnudo y ligeramente moreno, formando una
equis sobre la mesa. Las piernas abiertas sensiblemente permiten una vista
completa de tu coño, con los labios entreabiertos. Me inclino y te beso
ligeramente un pezón mientras jugueteo levemente con tu clítoris. Suspiras
nuevamente.
Empiezo con la pluma. Te la paso muy levemente por los
hombros.
Noto que se excitas ligeramente y te revuelves un poco.
Tal y como la pluma va rozando tu suave piel voy pasando la
pluma por ella, noto que te hace cosquillas porque mueves el cuerpo, como si no
supieses que es imposible que te liberes de tus ataduras sin que YO quiera, me
río en voz alta y te digo que es inútil que intentes escapar o moverte, estás
bajo MI CONTROL.
Luego el vientre y el ombligo evitando cuidadosamente las
zonas demasiado comprometedoras.
Después desde un pie hasta el muslo y lo mismo en el otro. Al
acercarme a tus muslos empiezas a respirar muy hondo.
Ataco directamente tus pezones que se han vuelto a endurecer.
Gimes y te retuerces con más violencia. Me entretengo un rato alternando con
pausas cortas.
Finalmente te lo paso por los muslos para llegar a tu coño.
La respiración se te acelera y empiezas a levantar las caderas. Nuevas pausas y
otros dos pasadas algo más prolongadas.
A continuación te beso y mordisqueo ligeramente los pezones y
doy un ligero toque con mi lengua en tus labios vaginales para acabar rozando el
clítoris.
Estas bastante excitada. Paso un dedo por tu vagina y
compruebo lo mojada que estas.
Es el momento de utilizar otro juguetito, así que tomo un
vibrador, unto con un poco de lubricante su punta y lo enchufo para que el
lubricante se reparta bien por toda su superficie, me vuelvo a acercar a ti y
acariciando la piel de tu pecho derecho consigo que se erice el pezón y empiezo
a pasar el vibrador por encima, haciendo círculos y yendo de un lado para otro,
tu pezón un poco rebelde huye de la punta del vibrador, pero sé que te encanta
porque sigue tieso.
Ahora repito la operación con el otro pezón, pero con una
diferencia, mientras juego con él pasándole el vibrador mis labios han hecho
presa de tu otro pezón, lo han succionado y tras un momento de suaves caricias
con mi lengua mis dientes lo capturan y empiezan a apretar hasta que noto que te
estremeces, entonces aflojo un poco la presión y empiezo a estirar de tu pezón
al tiempo que muevo suavemente la cabeza de un lado para otro, luego repito la
operación con tu otro pecho, pero antes dejo el vibrador enchufado sobre tu
coño, comenzando a pasar la punta por los labios externos y tu clítoris antes de
arrancar las vibraciones en velocidad moderada, para que te vaya calentando un
poco más...
Ha llegado el momento de jugar un poco mas así que cojo un
cordoncito y le hago un nudo corredizo en cada extremo, los paso alrededor de
tus pechos y los fijo firmemente en su base, empiezo a apretar los nudos, con
cuidado de que al correr no pellizquen tu piel.
Mientras me entretengo un rato metiéndote el vibrador en el
coño, cada vez más profundamente y alternando con paseos por los alrededores del
clítoris. Lo dejo clavado en tu vagina y empiezo a acariciar, lamer y succionar
ligeramente tu clítoris.
Veo cómo tus pechos se empinan por la presión que ejerce el
cordón en su base y cómo cada vez que muevo las cuerdas se tambalean como si
fuesen flanes, flanes muy deliciosos por cierto, cojo la cuerda y la amarro a la
cabecera de la cama, de manera que quede tirante y tus pechos juntos.
Enseguida empiezas a agitarte, a levantar las caderas y a
gemir cada vez más fuerte.
El vibrador se cae y me recuerda que estaba ahí, así que me
doy la vuelta y comienzo a pasar el vibrador por su alrededor, excitarlo más de
lo que está, masajeando la zona púbica, de tanto en tanto lo voy bajando,
acercándolo al clítoris desde los lados, luego lo retiro y sigo paseándolo por
el pubis, de repente
busco la base del clítoris, su raíz, palpo con los dedos para
notar esa protuberancia, una vez localizado empiezo a apretar en el nacimiento
con el vibrador y a pasarlo de arriba abajo hasta casi tocar tu prepucio, se
nota que lo hago bien porque se está hinchado más, así que repito las caricias
con el consolador, ni que decir tiene que tu coño está totalmente empapado y que
tu olor cada vez me pone más a tono.
Parece que estas a punto de estallar, así que me detengo un
poco porque quiero sacar más "provecho" de esta ventajosa situación.
Cojo una pinza en cada mano. Primero empiezo a lamerte el
pezón derecho. A continuación lo muerdo incrementando la presión de mis dientes.
Lo retiro de mi boca y pongo en el una de las pinzas.
Das un brinco, tu respiración se hace más agitada pero lo
soportas sin problemas.
Repito la operación en el otro pezón con el mismo resultado.
Me siento muy excitado, estoy como loco al escuchar tus
sensaciones, al comprobar que esta experiencia esta resultando como yo había
imaginado. De modo que vuelvo a emplear mi boca en tu clítoris a la vez que
pongo al máximo el vibrador.
Tus movimientos se hacen frenéticos. Es evidente que se te
acercas a un orgasmo como nunca antes has experimentado.
Te libero los pezones del mordisco de las pinzas y te los
aprieto suavemente con los dedos para forzar su recuperación.
Tus espasmos se multiplican, casi me da un poco de miedo
verte en ese estado pero finalmente remiten y una profunda sonrisa recorre tu
bello rostro.
Te seco el sudor con una toalla, te quito la mordaza y, antes
de que puedas hablar, te doy un profundo beso.