Juanita y Michelle.
Después de ser violado y perder mi virginidad en la sala de
servicios de un drive-in, no pude sacar de mi mente a mi violador, y a medida
que pasaban los días revivia los hechos con mínimos detalles y siempre se me
producía una fuerte erección, especialmente al recordar la brutalidad del trato
que recibí.
Tuve que aceptar que me había gustado ser dominado y luego
penetrado por primera vez en mi vida y con extrema violencia. En mi mente
aparecía, igual que en una fotografía, el enorme pene, que sin poder oponerme,
ese puto había metido y sacado por mi ano produciéndome tanto dolor y placer al
mismo tiempo.
En las noches, al retornar a mi casa, me desviaba para poder
pasar por el sector en que me dijo que trabajaba, pero no tuve éxito en muchas
noches. Estaba seguro de poder reconocerlo porque tenía una fotografía mental de
él: alto, delgado pero fuerte, de largas piernas, espesa cabellera propia y
rasgos hermosos que podrían ser los de una mujer. Hasta me acordaba de su nombre
de batalla que era Michelle.
Una noche en que estaba solo en la ciudad, salí a pasear
vestido de mujer, maquillado y perfumado, y ya en horas tardías decidí pasar por
la esquina que es su lugar de trabajo y lo divisé a lo lejos. Su figura no podía
confundirse. Era Michelle.
No supe qué hacer, indeciso entre actuar violento y
enrostrarle lo que había hecho, o hacerme el indiferente, o aproximarme sumiso y
pedirle que me maltratara nuevamente. Me acerqué sin haberme decidido, con el
corazón saltando en mi pecho, y al ver mi coche se aproximó creyendo que era un
cliente. Se agachó para poder ver por la ventanilla, me reconoció de inmediato y
sonriendo abrió la puerta y entró diciendo con toda desfachatez:
"Hola putita, ¿vienes por otra? ¿Te quedó gustando mi
amiguito?"
Ante mi silencio asombrado se puso a reír, metió una mano
bajo mi vestido y tocándome el bulto como haciéndome cariño, dijo:
"No te enojes. Vamos a tomarnos un trago, pero tú pagas"
Hice partir el coche lentamente.
"¿Dónde?"
"Sigue derecho tres cuadras y dobla a la izquierda. Ahí hay
un local en que nos atienden siempre que nos portemos como señoritas decentes"
Al ver que yo no decía nada, se recostó en mi hombro, metió
su mano nuevamente debajo de mi falda y jugueteando suavemente con mi pene que
ya estaba erecto me dijo con risa en su voz:
"Oye putita, no me digas que estás enojada. Si me acuerdo
bien, aunque estaba bastante borracha, mi amiguito te gustó bastante y apuesto
que gozaste como una loca"
"Sí claro, y me dejaste el poto a la miseria y los brazos con
moretones..."
"Bueno, no vamos a pelear por tan poca cosa, ven, dame un
beso y sigamos siendo amigas"
No me quedó mas que aceptar su beso y reírme junto con él, la
verdad es que me di cuenta que quería perdonarlo.
"Pero debes reconocer que fuiste bastante bruto"
"Es que estaba con tragos y andaba muy caliente, y como me
gustaste... Te lo metí, y lo tienes harto bueno" Dijo apretándome fuerte los
testículos y provocando que casi chocara con un poste en el estacionamiento del
pub.
Nos bajamos riendo a carcajadas y entramos al salón tomados
del brazo como viejas amigas haciendo sonar nuestros tacos altos en el pavimento
y dejando detrás de nosotros un leve aroma a perfume. El camarero que lo recibió
con un beso me dijo unos piropos y nos condujo hacia una mesita. Ya sentados y
con nuestros whiskys en la mano, mostrando una puerta próxima explicó:
"Siempre Roberto me ubica en esta mesa, para que si hay
revisión policial, pueda escapar hacia el estacionamiento privado del dueño, y
así librarme de ser detenido y pasar una noche siendo montado por los pacos en
la comisaría"
"No me digas que los pacos..."
"A los pacos les encanta pescarse a los maricones y también
que se los pesquen, y después andan dándoselas de machos por las calles. Si yo
te contara... Pero no hablemos de leseras..."
Empezamos a conversar sobre nuestras vidas entregando
información general y pocos datos personales, pero al tercer a cuarto whisky ya
empezaron a salir pequeñas confidencias personales, y poco a poco lo fui
encontrando simpático, con personalidad fuerte, rápido de mente y lengua, con
una aceptación plena de su condición tanto económica como social y sexual, sobre
todo en lo que se relaciona con su trabajo como prostituta callejera.
"Mira, yo soy puta pero de las buenas y caras, gano bastante
pero me lo gasto en puras leseras. Pienso empezar a guardar para montar un
hotelito para maricones, con dos o tres dormitorios me bastan. Sólo con que mis
clientes me paguen por la pieza en vez de pagar en un motel, voy a ganar el
doble que ahora. Después puedo tener un par de colitas jóvenes para que atiendan
a clientes que no les gusta recoger maricones en la calle y ahí si que tendré un
buen pasar, y me podré retirar de las calles, e invertir para cuando sea vieja,
porque ser maricón viejo y sin plata..."
Le conté de mi gusto por vestirme de mujer y de las
dificultades que tenía para satisfacer ese gusto sin ser sorprendido por mis
familiares, lo que determinaba que a veces pasaran meses en que no podía hacerlo
e inmediatamente me ofreció que podía disfrazarme de mujer en su casa, que
compartía sólo con su madre que era una señora comprensiva de los problemas de
nosotros los travestis.
"Total, me pagas la pieza como si fueras un cliente y puedes
estar el tiempo que quieras. Te puedo prestar ropa, y hasta enseñarte a que te
hagas un maquillaje mejor que el que tienes, que es bastante pobre por lo demás.
Y si te dan ganas de otra cosa, bueno, mi cuerpo de diosa está a la venta, o al
arriendo, o a lo que sea, siempre que me pagues" Dijo riendo coquetamente.
Continuamos hablando como cotorras y se fue produciendo una
corriente de simpatía, evidentemente mutua, que me hizo sentir que lo conocía de
siempre.
Y parece que a él le ocurrió lo mismo porque dijo:
"¿Sabes putita? Me caes bien. No sé por qué te he contado
cosas de mi vida que no las he contado a nadie, sobre todo mis asuntos
personales"
Así continuamos haciéndonos confidencias cada vez más
íntimas, y cuando el camarero llegó con la cuenta, porque estaba por cerrar el
pub, ya nos sentíamos viejos amigos, con confianzas establecidas, sobre bases
claras.
Salimos levemente ebrios y me pidió que lo llevara a su casa
porque ya era muy tarde para volver a su esquina y que por lo demás no tenía
ganas de hacerlo debido que a esa hora de la noche circulaban muchos ebrios, que
sólo crean problemas.
Camino a su casa nos detuvimos en un restaurante chino, en
donde comimos tranquilos sin que nadie se molestara por nuestra condición, dado
que el dueño y los camareros conocían a Michelle y nos atendieron con las
gentilezas reservadas a clientes femeninas, sin sonrisas de doble sentido ni
bromas. Cuando pregunté por el servicio higiénico me indicaron amablemente el
tocador de damas, el que utilicé sintiéndome toda una mujer.
Cuando llegamos a su casa me invitó a entrar para seguir
conversando y conocer a su mamá, que siempre se despertaba a su llegada para
saber si tenía algún problema.
La mamá de Michelle era una señora de edad media, baja, de
apariencia amable que no se sorprendió al verme y que cuando me hablaba me
llamaba por mi nombre femenino, conversó unos momentos con nosotros y volvió a
su dormitorio.
Michelle y yo seguimos conversando bebiendo un buen whisky
servido en finos vasos de cristal que hacían juego por su calidad con muchos
pequeños detalles que nos rodeaban, muestras de buen gusto y elegancia, aunque
un poquito recargadas, lo que me hizo reevaluar mi opinión sobre él, que
evidentemente no era tan pobre en educación.
Cuando decidí partir rumbo a mi casa, Michelle se opuso
diciendo:
"Mira Juanita, es tarde, estás bebida y puedes tener un
accidente. Quédate a dormir acá, tengo otra cama o si lo prefieres te acuestas
conmigo, pero como amigas solamente, no seas loca de irte a esta hora. En la
mañana te vas descansada y no tendrás problemas"
"Pero ¿cómo voy a salir de día vestido así?"
"No te preocupes, te presto ropa de hombre. Tienes una talla
parecida a la mía, y dentro del coche ¿quién se va a fijar?"
Encontrando razonable sus argumentos, decidí quedarme, lo que
me produjo una sensación placentera y curiosa, ya que sería la primera vez que
dormiría con un hombre, y más aún, uno que me estaba gustando más a cada
momento, sin importarme lo que recordaba de él cuando me violó.
Preparándonos para dormir, tuvimos momentos de intimidad muy
agradables y sencillos mientras nos quitábamos el maquillaje, compartiendo la
sala de baños, mirando con naturalidad nuestras acciones de aseo íntimo,
conversando sobre maquillaje, sus calidades y mil pequeñas nimiedades, y
luciendo nuestra desnudez con naturalidad. El se acostó desnudo y yo me dejé las
enaguas y medias para sentir en mi cuerpo la seda. Me acerqué a su cuerpo y
extendió un brazo para que me apoyara en su pecho. Entrelacé mis piernas con las
suyas y pronto el calor agradable que radiaba de su cuerpo y su respiración
tranquila, me produjo una calma tal que entré en un estado de paz que hacía
mucho tiempo no sentía, y me dormí sin darme cuenta.
Desperté lentamente al roce de sus manos que recorrían mi
cuerpo y con su respiración agitada soplando en mi cuello, a la luz del amanecer
que entraba por las cortinas floreadas de la ventana.
Me hice el dormido para seguir gozando de ese momento
seductor, pero pronto se dio cuenta que estaba despierto al encontrar mi pene
erecto el que apretó fuerte, como saludándome y me giró con fuerza dejándome de
cara sobre la cama.
Al estirar mi mano hacia atrás encontré su enorme pene
pulsando entre mis nalgas y tomándolo entre mis dedos, que apenas lo podían
rodear, ayudé a que lo introdujera en mi ano de un empujón violento como a él le
gusta y que yo recordaba.
El dolor fue intenso y se escapó un gemido entre mis dientes
apretados que silenció girando mi cabeza hacia atrás y besándome largamente
mientras iniciaba el violento movimiento de caderas que hacía entrar y salir su
enorme pene por mi ano.
De pronto todo el dolor desapareció y se transformó en
oleadas de placer que estremecieron mi cuerpo y me impulsó a iniciar un
movimiento de respuesta tanto o más violento que los de él, pensando obtener la
mayor cantidad de placer antes que eyaculara, pero los minutos fueron pasando
sin que el ritmo disminuyera lo que me fue excitando aún más.
Como me explicó después, para acabar rápidamente debía estar
muy excitado y muy bebido, como cuando me violó, porque normalmente él montaba o
era montado por varios clientes por noche sin sentir nada, y lograba motivarse
una o dos veces por mes y ¡Yo había obtenido el premio mayor dos veces!
Por lo que después de casi media hora de estar penetrándome
en forma violenta explotó largamente dentro de mí, provocando que el dolor
placentero de mi ano se extendiera por todo mi cuerpo disparando mi propia
explosión casi tan interminable como la de él.
Después de chupar y lamer su pene hasta dejarlo limpio nos
envolvimos con nuestras piernas y brazos, y con los rayos de sol dibujando las
flores de la cortina en una muralla de la habitación, cansados pero felices, nos
quedamos profundamente dormidos.
Desperté sobresaltado con la fuerte voz de su madre casi en
mis oídos:
"¡Despierten niñitas! La hora que es y ustedes todavía
durmiendo, ¿no les da vergüenza? Hay que ventilar esta pieza, parece cueva de
leones, ¡No sé como pueden dormir tan encerradas!"
La miré asustado y avergonzado y vi que estaba sonriendo
sosteniendo una gran bandeja en que humeaban dos tazones con café, cuyo aroma ya
llegaba a mis narices, junto a varios panecillos y un plato con tiras de jamón y
queso.
"Les traje desayuno, porque necesito que se levanten y vayan
a comprar algunas cosas que me faltan para hacer el almuerzo. Juanita, tú
almorzarás con nosotras"
Salió dando un fuerte portazo, y luego se sintió su canturreo
alejándose.
"Oye, ¡tu mamá si que es especial!"
"Te dije que es comprensiva, y como nunca traigo a alguien
para dormir conmigo debe haber pensado que eres especial y por eso es tan amable
contigo"
¡Fue el mejor desayuno de mi vida!
Me sentí como recién casada y en luna de miel, comiendo mi
primer desayuno en cama con el hombre que me había quitado mi virginidad y que
me había proporcionado una noche de amor violento pero maravilloso.
Después nos bañamos juntos jugueteando bajo el agua caliente
y luego de secarnos mutuamente me mostró su guardarropa y empezó a probarme sus
vestidos que me quedaron como si hubieran sido hechos para mí, de los que
finalmente decidió que el que mejor me quedaba era uno amarillo, de tela delgada
de grandes flores, mangas cortas, amplio escote, talle ajustado con cinturón y
falda corta que mostraba mis piernas. Completó el conjunto con unas sandalias de
taco pequeño que permitían ver mis uñas pintadas de rojo intenso, agregando
aros, collar y pulseras haciendo juego, y me maquilló expertamente para efecto
diurno.
Él se vistió como hombre y se veía increíblemente atractivo
con pantalón negro, camisa de seda blanca y mocasines blancos.
La señora Amelia al verme dijo que me veía estupenda y que no
se notaba que no era mujer, lo que me hizo sentir una felicidad increíble.
"Vamos Juanita, tenemos que salir de compras para el
almuerzo"
"¡Estás loca! ¿Cómo saldré vestido así?"
"No te preocupes, no se te nota, y si alguien se da cuenta,
en este barrio un maricón más vestido de mujer, no llama la atención. ¡Salgamos
nomás!"
Y tomándome del brazo salimos a la calle iluminada por el sol
que empezó a calentar gratamente la piel de mis brazos y escote, mientras sentía
circular el aire caliente del mediodía por mis piernas y muslos bajo mis faldas.
Nos cruzamos con varias personas sin que yo notara que reaccionaran al verme lo
que me hizo sentir confianza y mi paso se puso más seguro.
¡Me sentía feliz! Por fin lograba satisfacer mi deseo de
caminar vestido de mujer a la vista de todo el mundo, tenía ganas de bailar, de
correr, de que me vieran y pensaran ¡Que bonita es!.
En ese estado mental recorrí, del brazo de Michelle, varios
locales en que compramos diferentes productos sin que nadie se diera por
enterado de que yo no era lo que parecía. Volví a la casa tomada del fuerte
brazo de Michelle sintiéndome pleno, feliz y agradecido de él por darme esta
oportunidad.
Hicimos el almuerzo entre los tres, riéndonos y hablando como
cotorras.
Estuvimos analizando la posibilidad de transformar su casa en
hotelito para sus clientes y le ayudé a dejar dos piezas listas, con las camas
dispuestas, muy bien presentadas con detalles elegantes y luego nos tendimos a
reposar ya que se había decidido que yo partiera al obscurecer vestido de mujer.
Después de dormitar un rato, nos despertamos totalmente
despejados y me enseñó a maquillarme para la noche en que la luz artificial hace
cambiar los colores, y quedé realmente hermoso, tal como quedó él cuando se
arregló para ir a trabajar, con una elegancia tranquila y cuidada hasta en los
pequeños detalles haciéndonos ver como un par de mujeres de muy buen ver.
Lo dejé en la esquina de la plazoleta en que trabaja, y al
iniciar la despedida dijo:
"No te vayas todavía, bájate para presentarte a las otras
putitas"
Yo, que tenía ganas de lucirme en la calle, acepté de
inmediato y caminamos hacia el grupo de travestis que estaban esperando que
alguien requiriera de sus servicios, a los que me presentó como Juanita, y noté
que me miraban casi con envidia, debido que al lado de ellas yo parecía una
reina, ya que eran un montón de travestis pobres, con ropas y maquillaje de
regular calidad, entre los que nos destacábamos notoriamente.
Por eso cuando un coche se detuvo y Michelle se acercó a
conversar con el conductor, volvió a donde yo estaba parado y dijo sonriendo:
"Quiere ocuparse contigo"
"¿Estás loca?"
"Anda, no seas tonta. Una chupada y dos meneos no te van a
hacer menos linda. ¿No querías ser puta?"
"¿Y cuanto voy a pedirle?"
Me dijo una cantidad que me asustó por lo alta y me exigió
que no aceptara rebajas, porque eso era lo que nosotras valíamos, y que fuera a
su casa para que el dinero del motel quedara para él. Me dijo cuanto cobrar por
la pieza, y que se lo diera a su mamá.
Me acerqué al coche caminando con cierta timidez, pero
tratando de lucir mi figura para justificar el precio que cobraría. Era un
hombre de edad madura, que al escuchar el precio lo encontró muy caro, e inicié
la retirada, pero me atajó y me dijo que subiera.
No quiso ir a un motel y nos estacionamos al otro lado de la
plaza que estaba sin iluminación y empezó a meter sus manos entre mis piernas y
casi se sorprendió cuando le exigí que me pagara o me bajaba de inmediato.
Yo estaba totalmente frío y no sentí ninguna atracción ni
deseo hacia él, por lo que recibí el dinero, lo guardé en mi cartera, le tomé el
pene y empecé a chuparlo tratando de que acabara lo más rápido posible para
salir del coche y olvidarme de él.
Tenía razón Michelle: poco más de una chupada y dos meneos
dados con fuerza bastaron para que me llenara la boca de semen que boté a la
calle.
Se limpió, se arregló las ropas y me bajé del coche para
cruzar la plaza, sintiéndome satisfecho por haber podido controlar tan bien a mi
primer cliente.
¡Me sentía toda una prostituta experta!
Llegué al grupo a tiempo de ver partir en un coche a
Michelle, y un travesti me dio su mensaje de que lo esperara.
Mientras decidía si esperaba o no, un coche se detuvo frente
a mí y su conductor me hizo señas para que me aproximara. Fui hacia él sintiendo
una curiosa expectación.
Era maduro pero muy atractivo y me preguntó cuanto cobraba,
le dije el mismo precio que al anterior lo que aceptó de inmediato, pero que
fuera servicio completo y en un motel discreto que se ofreció a pagar.
Me subí al coche y partimos hacia la casa de Michelle. En el
camino y mientras Roberto, ese era su nombre, me acariciaba las piernas y yo le
masajeaba el pene que no se sentía muy grande ni duro, le expliqué que íbamos a
una casa discreta lo que aceptó de buen ánimo, porque no le agradaba que lo
vieran entrar en un motel.
Yo iba pensando sobre lo que esperaba Roberto por un servicio
completo, pero, ya era tarde para preguntarle y presumía que una chupada y dos
meneos no serían suficientes, por lo que mi ano empezó a cosquillear.
La señora Amelia me saludó con un beso, y sin mirar a Roberto
nos condujo a una de las habitaciones que yo había ayudado a preparar, y
despacio me dijo que Michelle estaba en la otra pieza con un cliente.
Roberto me pagó y le canceló la habitación y dos whiskys con
agua, que la señora Amelia trajo retirándose de inmediato dejándonos solos.
Me saqué el vestido quedando en ropa interior, luciendo
coquetamente mi figura y caminando por la habitación para que Roberto viera la
mercadería que había adquirido, y que de acuerdo a su forma de mirarme estaba
más que conforme y satisfecho.
Lo ayudé a desvestirse y quedó sólo con la camisa que le pedí
que se sacara porque podía mancharse con mi maquillaje y su señora lo
descubriría. Me agradeció el detalle y quedó desnudo.
Sentándose en la cama me ordenó ponerme de rodillas para
chuparle el pene que no parecía reaccionar por más que lo lamía, succionaba y
mordía. Su olor era fuerte y pegajoso, pero no desagradable. Mi cara golpeaba
contra su barriga voluminosa y suelta, lo que casi me hace reír. Después de un
rato empezó a endurecerse y crecer, no mucho, pero...
Se acostó de bruces en la cama mostrándome sus gordas nalgas
y me pidió que se lo metiera, lo que hice sin dificultades, aunque mi pene no es
pequeño, porque era evidente que su ano tenía mucho camino recorrido. Empecé a
bombearlo con fuerza y pidió que lo golpeara mientras se lo metía, y empezó a
gemir de placer mientras yo le daba fuertes bofetadas y pellizcos.
Descubrí que me agradaba estar en posición de poder aplicar
fuerza y dominación y empecé a tirarle el pelo y morderle la espalda lo que hizo
que aumentara sus quejidos de agrado, hasta que muy excitado se enderezó
mostrándome su pene erecto que había crecido bastante y me ordenó ponerme en
cuatro patas como una perra y me lo metió con fuerza hasta el fondo haciéndome
quejar de dolor, y empezó a meterlo y sacarlo de mi ano golpeándome las nalgas
con su barriga.
Yo, que no estaba excitado, aguanté sus empujones emitiendo
falsos gemidos de placer y dolor, y muy rápido Roberto acabó dentro de mí,
desplomándose de espaldas en la cama y acezando como un perro.
Al salir del baño después de hacerme un prolijo aseo y
reparar mi maquillaje me crucé en el pasillo con Michelle que dijo:
"Juanita, cuando termines con tu cliente, quédate y haremos
un trío con el mío. ¡Es una joya!. Te vas a llevar una sorpresa, y de las
buenas. Quiere un poto más y te va a pagar aparte"
Acepté de buenas ganas porque Roberto me había dejado frío, y
al oírla sentí una leve excitación.
Mi cliente estaba descansando y me empecé a vestir diciéndole
que se diera una ducha para sacarse el olor a mi perfume, lo porque podría
delatarlo en su casa. Después, y mientras se vestía, me pidió un número de
teléfono donde pudiera ubicarme porque había quedado muy conforme conmigo y le
dí el de Michelle, diciéndole que ella me podía ubicar fácilmente para él.
Nos despedimos en la puerta de la casa, y se fue aliviado por
no tener que llevarme hasta donde me encontró.
Al entrar en la pieza de Michelle y su cliente, estaban
tendidos desnudos en la cama y al verme él dijo:
"Tenías razón, está harto buena, me gusta"
Era un hombre muy corpulento y al mirarle el pene me dieron
ganas de arrancar: ¡Era inmenso, mucho más grande que todo lo que yo había
podido imaginar! Sólo de verlo me empezó a doler el poto.
Me desvestí y me pidió que se lo chupara para entrar en
confianza mientras él chupaba a Michelle.
Le obedecí, pero antes, me llené el ano de crema y me la
introduje con los dedos lo más profundo que pude pensando que ese animal me iba
a desgarrar entero.
No pasó mucho rato y me hizo poner en cuatro patas y empezó a
metérmelo poco a poco abriéndome al máximo las piernas, mientras yo aguantaba
mis ganas de aullar de dolor. Lentamente logró introducirlo completo y poniendo
unos almohadones bajo mi cuerpo me hizo apoyar en ellos, dejándome con las
nalgas mucho más altas que la cabeza y le pidió a Michelle que se lo metiera con
fuerza.
El empujón de Michelle hizo que se introdujera más aún por mi
intestino. Una vez acoplados dejaron caer sus cuerpos sobre el mío y empezaron a
moverse aumentando lentamente el ritmo de sus ataques. Cualquier movimiento de
ellos repercutía en lo profundo de mi cuerpo enviando oleadas de dolor que me
hicieron correr las lágrimas mientras me sujetaba con todas mis fuerzas de los
barrotes de la cama tratando de soportar sus pesos combinados, la furia de sus
movimientos, mis dolores internos y del ano que sabía me estaba desgarrando.
Mi cerebro pareció reventar porque veía luces y estallidos
adentro de mis ojos, que seguían el ritmo de sus embestidas provocando espasmos
en toda mi musculatura y produciendo calambres en mi espalda y piernas abiertas
junto con la sensación de triunfo de haber podido aguantar y tener en mi
interior ese trozo monstruoso de carne dura.
Pronto el grandote entró en rápidos espasmos que anunciaban
su eyaculación, lo que me provocó deseos de que continuara porque ya lo único
que sentía era placer.
Finalmente en medio de sus gritos acabó largamente.
Michelle y yo no acabamos, como buenas prostitutas que somos,
pero lo fingimos a la perfección para que el cliente quedara conforme con
nuestro desempeño, pero luego no me pude parar en largo rato debido a los
dolores y calambres que tenía y después caminé como lisiado con las piernas
abiertas, mientras ellos se reían de mi estado.
El grandote nos dejó en la plaza y Michelle me entregó el
dinero convenido y ganado con tanto sacrificio. Me dolía tanto estar sentado que
apenas pude conducir hasta mi casa, pensando que había ganado mucho dinero en
poco tiempo, pero con demasiado dolor, por lo que no estaba muy seguro de
continuar siendo puta, a menos que...