Eran apenas las 8: 30 de la mañana y Gillermo Castañeda, el
hijo del licenciado Noé Castañeda, dueño y presidente crporativo de la empresa
Lumex, ya se encontraba frente a una de las computadoras trabajando. A Laura le
causaba un poco de risa verlo saliendo del elevador enfundado en su mejor traje
italiano y oliendo a loción importada, lanzandole una sonrisa fingidamente
cortés para luego sentarse en el escritorio que quedaba junto al de ella a
teclear afanosamente como si su secretaria no pidiera hacerlo. Laura era una
jovencita inocente pero nada tonta, no le eran inadvertidas las miradas que
Guillermo le lanzaba veladamente cada vez que ella cruzaba las piernas cambiando
de posición para ver el rosado tono de su piel o sus muslos tan marcados por el
ejercicio que practicaba todas las tardes desde que se había mudado a la ciudad.
Laura Cardenas era una chica de provincia, su familia era de
origenes muy humildes y aunque en su casa el dinero siempre había faltado los
padres de Laura se esmeraron en educar a su hija con muchos principios y
disciplina, pero sobre todo en inculcarle obediencia. "El hombre que escogas es
para toda la vida" le decía su madre, "debes serle fiel y soportarle sus malos
ratos, aún si te es infiel o no te hace aprecio, debes saber ganártelo"; con
estos consejos y muchos otros que sus padres le habían dado, Laura se cuidó
siempre de tener novios en la escuela por temor a la critica de la gente y sobre
todo porque tenía la ilusión de llegar virgen al altar y ser poseída sólamente
por el hombre con el que compartiría su vida entera, asi que a pesar de ser una
adolecente muy bien formada y muy solicitada por todos los hombres de la región,
jovenes y viejos, Laura se dedicó al estudio ya que sabía que solo su propio
esfuerzo la sacaría de la miseria. Porfin , cuando se recibió de seretaria
bilingue a sus 20 años, lo pimero que hizo fue viajar a la capital en busca de
trabajo, y gracias a su talento y a su carisma logró entrar a Lumex, una de las
corporaciones mas importantes del ramo.
-y...y... cuando... bueno, te gustaría que fueramos...digo...
ir al cine en la tarde?- Le preguntó Guillermo aquella mañana por fin armado de
valor, Laura contuvo una risita espontanea, le daba tanta ternura ver a
Guillermo tan nervioso que aceptó salir con él, al verlo en esas condiciones
Laura supuso que era un hombre tímido y muy serio y por eso nació en ella un
sentimiento de confianza y ternura para con él; la verdad era que Gullermo era
un mujeriego de lo peor, pero la moldeada figura de la joven secretaria lo ponía
francamente tenso, y no era para menos, Laura tenía unos ojos azules de ensueño,
que denotaban inocencia en todo momento, sin embargo lo que siempre destacaba
eran sus senos redondos y pesados, tan grandes que a menudo le costaba trabajo
ocultarlos debajo de un saco ajustado o bajo el escote de la blusa, y a pesar de
los esfuerzos de Laura por evitarlo, sus pezones siempre se marcaban claros bajo
las blusas que usaba, Guillermo se masturbaba todas las mañanas en el baño de su
oficina pensando en Laura desde que su padre la contrató y estaba obsesionado
con acostarse con ella cuantas veces fuera posible...
Aquella tarde fueron al cine, Guillermo se dio cuenta de que
Laura no era de las que aflojan a la primera ni a la segunda, así que decidió
hacerse el caballero y en vez de llevarla a un hotel a la salida del cine le
propuso que fueran novios, Laura aceptó con cierto recelo y así comenzó su
relación.
Cada vez que salían Guillermo tanteaba el terreno, le daba
besos largos en el asfixiante interior de su auto o le rosaba "accidentalmente"
los muslos con los dedos cuando cambiaba de velocidad, Laura era al principio
fría y cortante con estos acercamientos, sin embargo fue bajando la guardia poco
a poco. Hasta que por fin llegó el momento de que Laura recibiera su primer
bautizo de leche.
Aquella noche Laura y Guillermo estaban sentados en el portal
de la mansión del Lic. Castañeda, al que por cierto Laua casi nunca veía,
Guillermo decía que no quería buscarle problemas y por eso habían mantenido su
noviazgo oculto en la oficina. El portal estaba en total obscuridad, iluminado
apenas por la débil luz de una lamparita de pie que habían dejado encendida en
la sala, estaban balanceándose sobre un amplio sofá para jardín, de atrás hacia
adelante tomados de la mano, aquella noche Laura llevaba encima una ombliguera
de algodón que realzaba sus senos de una manera irresistible, combinada con una
faldita verde limón que le llegaba hasta las rodillas dándole un aire inocente y
sensual a su figura, Guillermo ya tenía mas de media hora con la mirada clavada
en los enormes senos de Laurita, ella fingía no darse cuenta pero la verdad era
que esas miradas la hacían sentir incómoda... incomoda y deseada. De pronto, con
una desición que la dejó fria, Guillermo cruzó su brazo sobre los hombros de
Laura y tomándola de la barbilla con la mano que quedaba libre giró su carita de
angel para darle un beso húmedo, sus labios se unieron sin esfuerzo, la boquita
pulposa de la joven inexperta se abrió dejando que la lengua de su novio rozara
la suya propia, sin poder evitarlo la chiquilla dejó escapar un suspiro de su
pecho. "Ya me la chingué" pensó Gilllermo y decidió dar el paso decisivo. Dejó
que su mano callera lentamente por su cuello hasta llegar al escote de su
ombliguera, al ver que la joven no ofrecía resistencia penetró con firmeza en la
intimidad de sus opulentos pechos que tembaron ligeramente al contacto con su
piel, hubo un ligero intento de Laura por safarse del amoroso abrazo mas
Guillermo la mantuvo pegada a su boca, le pellizcó suavemente su pezón derecho
mientras que sentía como el aliento de Laura se calentaba y sus respiraciones se
unían.
De pronto Laura despegó sus labios llenos de saliva de su
novio y dijo con timidez:
- Por favor Guillermo, no... todavía no...- susurró con una
voz ronca que le daba a sus palabras un aire cachondo.
Jadeaba mientras Guillermo seguía acariciandole los senos,
volvió a besarla como un pretexto para sumergir ambas manos en su escote y hacer
emerger por fin sus pechos de la estrecha blusa que parecía no poder seguirlos
conteniendo. Laura jadeaba de excitación, nunca había sentido algo parecido, la
lujuria le impedía pensar con claridad y aunque a esas alturas su cabeza le
ordenaba darle una bofetada al muy barbaján y salir corriendo, sus impulsos de
hembra en edad de merecer la obligaban a permanecer inmóvil, a merced del hombre
al que amaba. Permaneció con los ojos semi cerrados y los pechos al aire,
desnudos y vibrantes. Guillermo se inclinó sobre uno de ellos y se lo llevó a la
boca para mamarlo como si fuera un recién nacido, concentrando sus caricias en
el pezón erecto y duro como una roca; Laura comenzó a revolcarse sobre el sofá,
se mordía los labios para no gemir de placer, una fina capa de transpiración
apareció en la piel de la jovencita.
No... no...- murmuraba casi para sí.
De pronto Guillermo tomó la mano derecha de Laura y
lentamente la fue conduciendo hacia su pantalón obligándola a rozar con sus
dedos largos y finos la enorme erección que tenía entre las piernas, Laura abrió
los ojos y quedó paralizada, sentía como Guillermo usaba su mano para masajear
su pene y ella que nunca había sentido uno quedo anonadada, después de varios
minutos de practicar aquel ejercicio Guillermo estimó que ya estaba bueno de
jugar al caballero y tomó la ofensiva, él mismo se bajó la bragueta y animó a
Laura para que introdujera su mano, la chica se topó con un falo caliente y
tieso, lo rodeó con sus dedos y lo examinó con el índice recorriéndolo desde los
bellos púbicos hasta las gotitas seminales que emanaban de la inflamada cabeza,
lo masajeo tímidamente y luego lo extrajo para examinarlo con sus inmensos ojos
azules que no daban crédito a lo que tenía entre manos. Guillermo le ordenó
rodearlo firmemente con la mano y sacudirlo fuertemente de arriba a abajo
dejándose hacer una vigorosa puñeta. Laura lo miró firmemente a los ojos y le
dijo:
- sabes que no haría esto si nos significaras tanto para mi..
- Lo sé- respondió él con falsa seriedad y la besó en la
boca.
Después de acariciar de arriba a abajo el tallo del
instrumento durante mas de diez minutos, cuando la muñeca de Laura comenzaba a
dolerle, Guillermo se desprendió de su boca y mirándola con desición le dijo:
-Tienes una boquita muy rica, ¿me harías el favor de darme
una mamada con ella? .-
Laura no entendió. Al ver que la muchacha no comprendía de
que estaba hablando, Guillermo soltó una sonrisa burlona y le dijo:
- Abre bien la boca-
Laura entreabrió los carnosos labios tímidamente, Guillermo
la sujetó de los cabellos lacios y la obligó a inclinarse lentamente hasta
quedar de rodillas frente a él, la joven expectante y asustada no daba crédito,
tenía la macana de su novio justo en frente de su cara, era un pene grande e
hinchado, rojo ya por la chaqueta que la joven le había estado haciendo, de
pronto Laura sintió que Guillermo la obligaba a pegarse el miembro a los labios,
sintió un poco de asco, pro lo disimuló pensando que hacía feliz al hombre que
quería. Con algo de recelo accedió a darle un beso en la cabeza, justo cuando
sintió los dedos de su novio clavándosele en la quijada y obligándola a abrir la
boca. La chiquita abrió sus labios frescos y los cerró al rededor del pene.
- Chupalo- ordenó Guillermo. Laura comenzó a chupar
tímidamente al principio, con firmeza después, poco a poco comenzó a subir y
bajar la cara dejando escapar por las conmisuras de su boca grandes cantidades
de saliva y jugos seminales, sin embargo, al sentir que los jugos se resbalaban
copiosamente por su mentón mojándole sin remedio el pecho, pensó que era mejor
tragarlos que terminar hecha una sopa de su propia saliva. Laura era una
mamadora nata, Guillermo no daba crédito a lo que tenía entre las piernas, los
labios de la joven resbalaban por toda la longitud del tronco succionándolo con
fuerza. Se abrió de piernas para dejar que la joven se acomodara mejor. La chica
no soltaba la verga de su boca, aquel pene estaba empapado en saliva, brilloso y
limpio, Laurita lo acariciaba de vez en cuando con la lengua para luego volver a
sumergirlo en el caliente hornito de su aliento y de su lengua. Guillermo sujetó
por la nuca a la joven sintiendo la proximidad del orgasmo, pensaba obligarla a
tragarse hasta la ultima gota de esperma, sin embargo desisitió, pensó que
conservar su confianza para después cogérsela a gusto sería mas gratificante que
solo sacar de ella aquella descomunal mamada.
Con la mano tensando ligeramente sus cabellos la invitó a
sacarse el falo de la boca y regresarlo dentro de la bragueta. Laura estaba muy
ofuscada, sentía como si el deseo y la excitación se hubieran apoderado de ella,
quiso disculparse con Guillermo por haberle dado una mamada tan profesional pero
no encontraba las palabras, así que solo se limitó a permanecer callada todo el
camino de regreso a casa. Ya estando en su departamento, enfundada en su camisón
de seda y con las luces apagadas, se llevó el dedo pulgar a la boca y antes de
quedarse dormida pensó que Guillermo merecía ser el dueño de su vida.
II
- Laura, el licenciado quiere que pases a su oficina-
Laura estaba intrigada, nunca en los seis meses que tenía de
laborar en Lumex había sido requerida por el presidente.
- ¿Y no sabes para que me quiere ver?- preguntó a su
secretaria particular, una morena de treinta y tantos que siempre usaba
minifaldas para presumir sus largas piernas que aún conservaba sin estrias.
- Pues...¿te acuerdas cuando te dije que aquí todas amabamos
al jefe?-
- Si...-
-Pues yo creo que hoy te toca a ti- Todas las secretarias
estallaron en carcajadas. Laura no entendió.
A Laura la intimidó la amplitud de la oficina, no había nada
mas que el escritorio del licenciado en medio y un amplio sofá en una esquina,
al verla entrar el Lic. Castañeda colgó el teléfono y, cuando Laura estaba a
mitad de camino entre la puerta y el escritorio el Lic. Castañeda le ordenó
detenerse. La examinó sin pudor durante unos momentos, Laura sentía su mirada
lasciva y penetrante sobre ella como si quisiera arrancarle el vestido que
llevaba con los ojos; después de unos minutos el Lic. se levantó, caminó hasta
el sillón y se dejó caer con toda naturalidad.
- Puedes empezar- Le dijo.
-¿Empezar?- Preguntó Laura sin entender a que se refería.
- Conmigo no tienes que hacerte la virgen, si quieres
ascender pronto no tienes que andarle haciendo chaquetas a mi hijo, ábrete de
piernas y verás que bien te va... con esos melones hasta podrías ser mi mamadora
de cabecera...-
Laura no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Nunca
antes le habían hablado en ese tono, se sintió degradada y herida.
- No sé que le haya dicho Guillermo, pero...-
-Guillermo no me dice nada, y no hace falta. Los vi anoche en
mi patio, y por lo que vi tienes mucho potencial-
Laura no supo que decir, estaba terriblemente avergonzada,
quiso salir corriendo pero se mantuvo firme.
- Entonces ¿me la mamas o que? tengo una junta dentro de
media hora-
- No soy una cualquiera y usted no tiene ningún derecho de
tratarme así... -
- ¡Uuuy! hasta te vas a hacer la monjita. Esta bien, ya
caerás. Mientras tanto te recuerdo que firmaste un contrato por un año sin
posibilidad de renunciar, tengo amigos muy influyentes que te pueden hundir si
dices algo en contra mía... puedes irte... ah! y dile a mi secretaria que pase.
Laura estaba desolada, ¡cómo se atrevía a hablarle asi! El
muy infeliz... sentía que lo odiaba con todas su fuerzas ¡maldito contrato!. Esa
tarde Laura se la pasó encerrada en el gimnasio descargando su ira.