UNOS RECUERDOS DE JUVENTUD…. MUY AGRADABLES
Ahhhh…hace un rato he recordado algo que supongo que la
mayoria de los varones normalmente constituidos que lean este pequeño relato
habran vivido…. Una mujer en la calle me ha recordado las formas de uno de los
iconos sexuales de mi temprana adolescencia. Imaginen una de esas pastelerias de
barrio, que lo mismo tienen pan, leche, dulces o productos basicos de
alimentaciòn, como embutidos o sopas de sobre. Un lugar al que un chaval de 12 o
13 años acude a menudo, sea a gastarse unos pocos duros en golosinas, a comprar
el pan o corriendo justo antes de comer porque nuestra madre se ha olvidado, por
ejemplo, las aceitunas para la ensalada. En mi barrio habìa varias de esas
tiendas… pero los chavales de mi cuadrilla siempre ibamos a la misma tienda.
Obviamente el motivo era una mujer.
La dueña de la tienda, una mujer ya mayor, tenìa problemas de
salud, asi que habìa contratado a una chica joven, que la ayudaba, y muchos dias
llevaba sola el negocio. Fue la primera mujer sudamericana que se cruzo en mi
vida… de Venezuela màs exactamente. Podria decir que era su exotico y suave
acento lo que me cautivò, o su larga melena que siempre llevaba recogida en una
cola de caballo, o la suavidad de sus facciones. Pero mentiria. Lo que me tenìa
fascinado (junto a medio barrio), eran sus curvas… Estamos hablando de aprox
1985… lejos ya de la prehistoria franquista, pero las mujeres aun no vestìan ni
mucho menos como ahora. Si una joven de 20 años se vistiese hace 20 años como
ahora, su padre le hubiese vuelto la cara del reves muy probablemente. Inès, se
llamaba… y se sigue llamando. No era ni mucho menos una fulana en el vestir,
pero si que llevaba una ropa mucho màs ceñida de lo que se veìa por aquel
entonces. Y creanme si les digo que merecia una señal de curvas peligrosas.
Siempre vestìa pantalones ajustados, y tenìa unos blancos especialmente ceñidos
que le marcaban las braguitas… de un modo que yo no creia posible. Y hablar de
su pecho…hace que se me suban los colores a la cara aun ahora. No esa solo
cuestion de tamaño, sino de cómo se notaban respingones y apetecibles, sanos, no
siendo extraño que mostrase el inicio del canalillo. Y en dias calurosos a veces
no empleaba sujetador.
Yo por aquel entonces era un timido sin remedio… el mostrador
de cristal contenia chucherias varias, y muchos jovencitos se deleitaban en
pedirles en concreto esta o aquella, solo para que se inclinase a recogerla y
poder gozar de una mejor perspectiva de su seno durante unos segundos. Y si la
mercancia estaba en un estante alto, y tenìa que estirarse para alcanzarla… que
visiòn ofrecia. Pueden pensar que Inès era una ligera de cascos y bastante
zorrona… pero no era asì. Si alguien se propasaba se podìa llevar una buena
reprimenda que lo dejaba bailando, y màs de uno se encontrò con un bofetòn (
nunca inmerecido ). Simplemente, era una persona alegre y vital, consciente de
su belleza y que no la ocultaba. Con los años me di cuenta que la dueña del
negocio debìa saber exactamente la impresiòn que iba a causar en el personal
masculino del barrio, y que por eso mismo la puso tras el mostrador.
Obviamente, las mujeres murmuraban y le tenìan inquina.
Referidos a ella escuchè los primeros epitetos racistas, nunca en su cara por
supuesto. Pero no por ello dejaban de acudir al negocio, siempre fijandose en si
algùn casado hablaba con ella mas allà de lo puramente imprescindible, para
andar luego chismorreando. Màs de una esposa celosa debiò prohibir q su marido
que fuese a esa tienda… pero por cada cliente asi perdido se ganaba un buen
puñado. Eso puedo jurarlo.
No creo que sea necesario detallarles las poluciones
nocturnas que experimentè pensando en ella, imaginando sus formas ocultas, que
un dia se dirigia a mì, que me convertìa en un hombre rico y ella se hacia mi
novia… lo habitual. Un dia incluso me peleè con un imbecil un año mayor que yo,
que se vanagloriaba falsamente de que " la puta de la tienda le habia tocado el
rabo". Me llevè una somanta de hostias, pero la opiniòn popular fue que yo habìa
ganado… es lo que ocurre si encajas a tu oponente un directo en el ojo, que
aunque te haya molido los riñones y el estomago, el morado se le vè a èl. Ese
dia fui Lanzarote, Tristan y Ivanhoe todo en uno…je.
Inès tenìa novio, claro està, y a veces veìa como la esperaba
por la tarde para llevarsela en moto, bien pegada a ella. Que envidia me daba, y
a la vez aunque les parezca imposible me alegraba por ella… porque se veìa que
estaba enamorada de él, y la hacia feliz encontrarselo esperandola a la salida.
Asì, llegò el dia, yo tenìa entonces 14 recièn cumplidos, en
que Inès dejò el trabajo… le habìan ofrecido un puesto mejor, pero lejos, y se
iba a vivir con su novio a otra parte de la ciudad. Horror. No tuve mucho tiempo
para hacerme a la idea… solo lo supe una semana antes de que se fuese. Y lo que
ocurriò fue un paso màs en mi camino hacia la "adultez", signifique esa palabra
lo que signifique. Faltaban dos dias para que se fuese, no habia nadie en la
tienda, y mientras contaba las vueltas de la barra de pan que acababa de
comprar, le dije muy respetuosamente que ella era la chica màs bonita que jamàs
habia visto, y que estaba un poquito enamorado de ella, aunque sabia que era
tonto… y que le deseaba la mayor de las suertes. Supongo que Inès no se esperaba
esas palabras de un mocoso gafotas, y se quedo unos segundos pensativa. No podìa
ver en mi malicia, ni la habìa. Asì que me diò un besito en lo alto de la
cocorota, diciendome que eran palabras muy bonitas, y que le habìan gustado
mucho. Como recuerdo me diò una pequeña bisuteria, uno de los anillos que
llevaba, y cambiaba a menudo. Entro una mujer entonces, y no la volvi a hablar
nunca màs. Al dia siguiente la vì por ùltima vez en mi vida. Y aunque les pareca
o imposible o una autentica imbecilidad les dire que…
No mancillè el recuerdo de ese beso con manoseos nocturnos…
no me volvì a masturbar pensando en ella.
Aun conservo esa sortija de baratillo, en una cajita
transparente junto a mis libros favoritos. Y han pasado casi 20 años.
Y asì, con el mayor de los respetos, dedico especialmente
este relato a todas las mujeres venezolanas.