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Horario de un profesor (1)
Voyerismo- 2008-07-16 00:05:11
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6:45 a.m.

Arghhhhhhh… maldito despertador. ¿Por qué demonios tendrá que tener ese pitido tan estridente? … las gafas… ¿dónde están mis gafas?… cariño… cariño… ¿sabes donde dejé las gafas anoche?

“mmmmmm”

 

- Cariño… Marta, mis gafas. ¿Sabes dónde están?

“mmmmm… por ahí”

Está bien. Está bien. No te molestes. Ya las busco yo. A ver… ah. Ahí. En la cómoda. Arghhhhh. Necesito un café. Y cargado. Argggggggggggg… ais… odio las mañanas del lunes. Siempre la vuelta a la rutina. Siempre de vuelta al ajetreo del trabajo. Trenes, camino, dar clases, esos niñatos universitarios que lo creen saber todo… arghhh… desde luego, odio los lunes.

7:10 a.m.

Esto es otra cosa. Un buen café en la mañana puede aliviar cualquier mal. Todo parece mejor. Sobretodo cuando tienes tiempo para preparar las cosas. Lo único bueno que tienen los horarios de trabajo de los profesores, es que en muchas ocasiones comienza a las 10:00 de la mañana. Lo malo es que si tu mujer entre a las 8:00. Te desvelas y luego es imposible dormir de nuevo.

Hablando de la reina de roma… mírala. Otra vez corriendo en busca de un sujetador limpio. Sé el recorrido de memoria. Ni hace falta q la mire… así que le daremos espacio. Me voy a la terraza a respirar un poco de aire fresco… ah. Ahí va. De la habitación al baño. Del baño a la habitación a la cocina. De la cocina al trastero y otra vez a la habitación. Seguramente estará debajo de algún cojín el que usó ayer.

Mmm. No había caído en lo bien que se está fuera por las mañanas. Por este barrio no pasan muchos coches. Hace sol, huele a hierba mojada… ah si. Anoche llovió un poco. Por eso ha refrescado. Abajo en la calle hay gente haciendo footing, a la derecha se ve el parque, a mi izquierda hay unos pechos desnudos, allá al frente todas las persianas están bajadas… ¿pechos? ¿desnudos?

En el piso de la izquierda hay una mujer en la terraza. Está desnuda. Con los ojos cerrados, los brazos detrás de la cabeza. Sonríe. Y está desnuda. No me puedo creer lo que estoy viendo. Va a ser cosa del lunes. Aún estoy pensando en el sábado pasado. A ver, otro trago de café… sí. Sigue estando ahí. Y sigue desnuda. ¿¡Qué hace una mujer desnuda en el piso de los vecinos!?

Espera. Espera. Se mudaron. Es cierto. Se mudaron, y hace un par de días vinieron los nuevos. Pero no los había visto. Ni siquiera Marta sabía quienes eran, y eso que ella se entera de todo… vaya, vaya. Así que los nuevos… se acaban de convertir en “la nueva”. Me siento mal mirándola sin que ella lo sepa… pero… no puedo apartar la mirada.

¿Qué edad tendrá? No pasará de los 20. Está de perfil y a penas puedo verle la cara, pero parece bonita. Tiene el pelo recogido con una pinza. Sigue con los ojos cerrados. Como si estuviese tomando un baño de sol matutino. Está a penas 4 metros de mí, pero puedo ver que tiene la piel erizada. No me extraña. Se está bien con algo de ropa encima, pero así… tiene la piel tostada por el sol, menos la zona del bikini. Para ser tan poco atrevida en una playa, lo es demasiado en un vecindario… tiene los pechos blancos, y los pezones color café. Desde aquí, y gracias a Dios que llevo las gafas, los veo totalmente erectos, mirando al cielo. Tiene el pecho un poco caído, pero debe ser por el peso. Son bastante grandes. No creo que mis manos los abarcaran… ¡¿pero que estoy diciendo?! Café… un poco mas de café…

Mejor voy para dentro… ¿eh? ¿Está canturreando? No. Más bien es un ronroneo… ahora se abraza a sí misma. Y se comienza a balancear hacia los lados. Se toca la piel de los brazos con las yemas de los dedos en una caricia. ¿Qué estará pensando? Nada bueno… quizá en cómo le hizo el amor su novio la última vez que estuvieron juntos… en cómo tuvo una experiencia con una mujer mayor que ella que la sedujo… en cómo han sodomizado su trasero esta noche… en cómo me arrodillaría y bebería de su sexo si ella me lo pidiera… dios… café, café, mas café… ¿ya no me queda café?

Espera… está aspirando profundamente. Se despereza. Vaya, eso produce unos interesante efectos secundarios en sus preciosos pechos. Ahora sigue su silueta con las manos… las detiene en las caderas. No me había fijado en… en toda ella. La baranda de la terraza tapaba algo de cintura para abajo. Pero… tiene las piernas algo cortas… desde aquí no lo aprecio bien, pero debe ser bajita. 1.60 como mucho. Tiene ciertas redondeces que la hacen muy apetecible, no es una de esas niñas anoréxicas que desfilan por la calle, creyéndose diosas. Y es… natural. Nada de modas. Nada de rasuraciones que convierten a las mujeres en niñas. No puedo evitar sonreír. Es una preciosidad para mí. Déjame comprobar si hay alguien más que esté disfrutando del espectáculo a parte de mí… no. No lo hay. Es temprano. Lo suficiente para que todo el mundo esté despierto, pero estén preparándose para ir a sus labores. Mejor. Me hubiese sentido celoso de compartirla… ¡por el amor de dios! ¿Me estoy volviendo loco? ¿Cómo puedo sentirme así por otra cuando… cuando hace a penas un año que me casé con Marta? Es ella la única que es digna de que yo la mire… ella es…es… café… café… tengo que ir a buscar otra taza de…

“Buenos días. Bonita mañana, ¿cierto?”

¿Eh? ¿Quién ha dicho eso? Es una voz profunda y aterciopelada de mujer. Claro. La chica.

- Ah. Hola… hola. Sí. Hermosa. Eres muy hermosa… ¡la mañana! Es una hermosa mañana…

¿Cómo puedo ser tan estúpido? Pero es comprensiva. Se ha reído con dulzura. Tiene una boca muy bonita. Sus labios son gruesos, y sus dientes blanquísimos. Sus ojos son oscuros. Grandes. Enmarcados por unas cejas llenas de sabiduría. Madre mía, pensaba que debía ser bonita, pero… es simplemente… preciosa.

- Esto… ¿ya sabes que estás desnuda?

Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…

“Si. ¿Ya sabes que estás empalmado?”

Esto no me lo esperaba. Debo tener una cara de idiota… que tengo que estarle muy agradecido por que no se esté riendo a carcajadas. Bueno. Mostremos algo de dignidad. Si es que algo queda. A ver si dice la verdad sobre…

- Si. Es cierto.

“Ja, ja, ja, ja, ja. Perdona por ser tan descarada, soy Diana. La nueva vecina. Bueno, ya nos veremos. ¡Adiós!”

 

Se ha ido… tan tranquila. Y su cuerpo la ha seguido. Su cuerpo joven, y turgente. Bien Diana. Yo soy Víctor. Y sí, somos vecinos. Ya nos veremos… ya.

- ¿Y ahora que hago con esto tan… duro?

 

 

7:35 a.m.

  

Neherennia

(Espero poder continuarlo pronto. ¡Gracias por leerlo! ^_^)

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