EL POSTRE
-Me da la cuenta, por favor.
Se sentían bien, relajados, a gusto.Una deliciosa
comida acompañada de un espléndido vino y el remate con un aromático café
acompañado de una copa de brandy, los había dejado satisfechos y
contentos. El calorcito que invadía sus cuerpos, derivado de las bebidas
ingeridas, se iba transformando en excitación y deseo.
- ve al baño, -le dijo al oído- y quítate las medias,
el tanguita y el sujetador.
- ¡Estas loco!, en verdad quieres que me quite la ropa
interior.
- Sí.
AI retirarse de la mesa, Mario observó el maravilloso
cuerpo de Marta.
- Celestial -pensó- y observó las miradas discretas de
admiración que despertaba en los otros comensales. Los hombres, y una que
otra mujer, no dejaban de ver con admiración y deseo aquel cuerpo macizo
de senos altivos y turgentes, de cintura avispada y piernas torneadas con
una perfección que iba de los tobillos a la cadera redonda y firme.
-Vaya -se dijo- no cabe duda que es hermosa y destila
sensualidad. Aquella ropa, una minifalda y una blusa corta, floja,
delgada, sin mangas y escotada, sus tacones de aguja y sus medias de
rejilla transparentes, mostraban, mas que ocultaban, la belleza de su
cuerpo.
Terminaba de pagar la cuenta cuando Marta regresó a la
mesa. Los senos se le delineaban con claridad debajo de la blusa y dejaban
entrever, sin ningún recato, los pezones erectos.
- ¡Te ves preciosa!, preciosa y excitada -le dijo-.
-¡Estas loco!, pero me gusta. -le contestó, al tiempo
que volteaba a ver a unos tipos sentados frente a ella--.Escúchame, ahí
enfrente están cuatro sujetos que no me quitan la mirada de las piernas.
-Bueno, pues muéstrales un poco más de tus encantos
(sonrío de forma picaresca). Discretamente, al levantanos, abre las
piernas para que vean la flor que tienes entre las piernas. Solo un poco,
una pequeña muestra, un leve retrato.
Al levantarse de la mesa, con la mirada fija en los
cuatro hombres que ya sin recato tenían fija la vista en Marta, movió las
piernas hacia un lado, alzó un poco la pierna derecha, lo que provocó que
su corta falda se recorriera hacia atrás y dejara al descubierto aun más
sus portentosos muslos y en un momento, solo un momento, abrió las piernas
y les dejó ver aquél triángulo recortado, negro y sedoso en el que
asomaban unos labios rojos, hinchados y - Ahora que nos traigan el coche
-le susurró al oído- te voy a abrir la puerta, vas a subir y vas a darle
un show al pobre "guardacoches" preguntándole que si no vio unas llaves o
unos papeles, lo que quieras. Cuando yo esté en la puerta del conductor,
con la puerta abierta, te vas a inclinar como si no te das cuenta para
mostrarle tus senos y al levantarte vas a abrir claramente tus piernas
para mostrarle tu cosita. Espera - le dijo- desabróchate el botón de
arriba de tu blusa.
Joven, por favor, es el BMW negro.
El muchacho tomó la contraseña, no pudo evitar dirigir
una furtiva mirada a la hermosa y sensual mujer que acompañaba al
caballero y se dirigió a traer el vehículo.
Es un muchachito, -observó Marta- es muy joven y guapo.
Me gusta y me va a gustar darle una exhibición.
Frenó el vehículo delante de ella, se dirigió ella a su
puerta , en ésto que Mario sale del servicio y le abre la puerta a Marta
para quue esta subiera.
-Oiga joven, perdón, no vio un llavero que deje por
aquí, no lo encuentro -dijo Marta con tono y cara de inocencia. Por aquí
debe de estar, tal vez en el suelo -dijo, al tiempo que se inclinaba hacia
adelante haciendo que el escote de la blusa se ensanchara y dejara ver sin
pudor aquel par de soberbios senos coronados por unos pezones rosados y
erectos que parecían dulces-.
El joven acomodador se quedó inmóvil ante el soberbio
cuadro que se ofrecía a sus ojos y solo alcanzó a balbucear -esta segura
que ... las dejó ... aquí-
- Si, creo que si- contestó Marta mientras observaba
con una sonrisa ingenua al muchacho y se percataba que Mario estaba
abriendo la puerta del conductor. -Espere -continúo Marta- tal vez las
deje en el asiento de atrás. Dicho esto, se estiró lánguidamente e hizo el
intento de voltear al asiento de atrás, lo que le permitió, de una manera
que pareciera natural, inocente, abrir totalmente las piernas casi frente
a la cara del muchacho que, semiagachado hacia Mario, que se encontraba
parado con la puerta abierta, esperando que el acomodador saliera para
ponerse al volante, observó desde su perspectiva la visión del pubis con
el vello recortado y la vulva abierta, carnosa y mojada por la excitación,
que Marta ofrecía al muchacho.
-Perdón, chaval -interrumpió Mario- me permites.
-Si, señor - acertó a decir el "guardacoche" al tiempo
que se bajaba del coche completamente apenado y con una erección que no
alcanzaba a disimular.
-Gracias -le dijo mientras le alcanzaba un billete de
propina- nos vemos.
Mario arrancó el BMW mientras Marta se empezó a
acomodar la falda y trataba de abrocharse el botón de su blusa. Espera
-dijo Mario- quiero verte, súbete mas la falda y desabróchate la blusa.
-Qué, quieres verme y que todos me vean? -le contestó-.
-Si, quiero verte y lucirte.
Salió del aparcamiento, tomó el lateral de una vía
rápida y circuló a regular velocidad entre los vehículos que transitaban y
cuyos ocupantes no se percataban de los encantos de esa mujer
aparentemente vestida pero desnuda a muy poca distancia de ellos. Solo al
quedar emparejados con una camioneta más alta, un adolescente que iba con
una señora,- su madre -se percató de tal espectáculo, entonces Mario pensó
en poner su BMW de la mejor posicion posible para que la escena de su
increíble esposa prácticamente desnuda, con la blusa abierta y los senos
al aire, la falda levantada hasta la cintura y mostrando sus labios
vaginales abiertos mientras se metía dos dedos y se acariciaba
lascivamente se pudiera ver TODO. Mientras Marta cerraba los ojos y le
decía algo a Mario - estoy muy caliente, acaríciame, párate y hazme gozar,
te la voy a comer, necesito que me la metas ya, aquí o donde quieras pero
ya!!!!!.
-Te gusta, verdad, eres una caliente -le contestó
Mario-, te gusta que te miren, ser admirada y deseada. -Si, me encanta
-masculló Marta- pero más me encanta que me la metas y me hagas gozar con
tu lengua.
Mario aceleró el coche y en la primera calle viró a la
derecha y se metió en un callejón, siguió de frente hasta topar con una
avenida, dobló en una, dos , tres o más calles solitarias de esa colonia
de enormes mansiones y calles vacías hasta que encontró una calle
empedrada a un costado de un pequeño, cuidado pero solitario parque y se
estacionó.
Marta, que para entonces estaba sumamente excitada se
quitó completamente la blusa, se alzó en el asiento, acercó un pezón a la
boca de Mario y le ordenó -chupa-
Sintió el pezón en la boca, lo tomó entre los labios y
mamó golosamente mientras con la mano izquierda tomaba el otro seno y lo
acariciaba suavemente. Después, circuló con la lengua la hermosa aureola
del pezón al tiempo que sus caricias en el otro seno se hacían más fuertes
y luego, fue alternando uno y otro pecho en su boca hasta que los pezones
de Marta parecían explotar de tan duros y encendidos.
-Ay, cariño, me encanta como me chupas los senos,
apriétamelos, fuerte ... así, así- gritaba Marta.
-Acuéstate y abre las piernas - le dijo Mario- te voy a
lamer tu cosita, quiero sorber tus jugos y embriagarme.
Al oir ésto Marta, se calentó aún más, ya que Mario
sabía lamerle su cosita como nadie.....incluso había veces que ella tenía
varios orgasmos solo con la lengua de éste en su interior.....- MMMMMM,
sí....Mario hazme un cunnilingus como tu sabes, cariño.
Mario puso su cabeza entre los muslos de Marta, separó
los labios de la vulva y empezó un largo, suave y delicado recorrido con
su lengua por la parte externa de la vulva, por los labios hinchados por
la excitación hasta tocar imperceptiblemente aquel botón rosado que
coronaba esa majestuosa abertura. Poco a poco fue aumentando la intensidad
de sus embestidas, degustando los jugos vaginales de Marta le empapaban la
boca y la cara y se mezclaban con su propia saliva y llevando el ritmo de
su lengua y labios al entonces frenético ritmo de las caderas de Marta que
estaba a punto de venirse de manera explosiva.
Al sentir que estaba a punto de hacerla explotar, Mario
retiró su boca y se levantó.
-Vuélvete- dijo.
Marta se colocó a cuatro patas mostrando sus nalgas
frondosas y a la vez delicadas y Mario metió la cara en aquél abismo y
procedió a aplicar su lengua en el pequeño circulo que se contraía a cada
toque de la pequeña y puntiaguda espada. Después de esos pequeños toques,
pasó la lengua arriba y abajo, deteniéndose en intensas caricias linguales
en el orificio que parecía haber cobrado vida propia y aplicó sus labios
en uno y, mas besos y en una y más caricias; hasta engolosinarse y casi
perder el control al sentir el cuerpo de Marta vibrando con sus caricias.
Marta aprovechó el cambio para alejar por unos momentos
el orgasmo, sin embargo las sensaciones que le provocaba la lengua y los
labios en su pequeño orificio trasero volvieron a elevarla a un estado de
excitación cercano al orgasmo. Ya era un largo rato, desde el restaurante,
que estaba excitada y ahora con las caricias se sentía a punto de
explotar.
-Espérame -dijo y se volteó, se inclinó, bajó la
bragueta y le sacó el miembro erecto y tenso- te la quiero chupar.
Marta introdujo el miembro en su boca y empezó a
chuparlo con verdadera gula. -humm, me encanta y que caliente y rico lo
tienes. Síguele, así -suspiró Mario mientras entornaba los ojos y su mano
derecha alternaba los dedos para acariciar la rebosante vulva y meterle un
dedo en el orificio trasero. -Ya, no puedo más -gimió Marta-. Tiró a Mario
al centro del asiento y de un solo golpe se ensartó la verga hasta el tope
e inició un violento aunque acompasado sube y baja, una y otra vez hasta
que los dos se estremecieron en un intenso orgasmo simultáneo que los dejó
agotados pero satisfechos, muy satisfechos. Celeste se desmontó, se
arregló la falda y se colocó la blusa. -Lista, vámonos mi amor-.
Desperezándose, Mario le contestó -qué, quieres otra
vez?-. Ja, ja, ja, eres incorregible.
Enviado por : nuse