Hola, Vivo en San Cristóbal, Venezuela, hoy en día cuento con
37 años, en apariencia son un hombre normal con rasgos algo delicados pero nada
mas, todo muy normal, sin embargo he tenido épocas que me gusta sentirme mujer y
no me prohíbo ese instinto de closet, a la edad de 20 años me sucedió algo fuera
de lo común (para mi).
Vivía en una Urbanización en desarrollo, junto con mi madre
en las afuera de la ciudad, todos mis vecinos eran personas de tiempo completo
en sus trabajos y por lo general el ambiente habitacional era desolado, cosa que
obligo al condominio a buscar los servicios de vigilancia; al lado de mi casa se
ubicaba la caseta de vigilancia, era una pequeña torre que daba vista panorámica
a toda la Urbe, había un turno en el día y otro de noche, mi madre siempre fue
muy atenta con el señor del turno diurno, le ofrecía pequeña ayudas y como había
pocos pasos de la casa a la torre (así la llamábamos), él siempre entraba a la
casa en busca de agua o cosas menores, su nombre era Raúl Alberto.
En un agosto vacacional pase toda la temporada en casa y el
aburrimiento me abarcaba, veía películas pornos y observaba a todas esas chicas
como eran tiradas hasta que me decidí sentirme como una de ellas y comencé
poniéndome la ropa de mi madre, busque la mas sexy, no me cansaba de mirarme en
el espejo la transformación que me hacia, tenia todo puesto y me animé a
maquillarme, me gustaba como me veía, me puse los tacones (me quedaba
ajustadísimos, pero aguantaba el dolor en lo pies) y me puse a caminar por toda
la casa, sintiéndome toda una hembra.
En ese momento sentí que había alguien mas en casa, sabía que
mama había salido a viajar a Mérida y no regresaría hasta altas horas de la
noche (pensé que era ella de regreso por algún percance), cual sería mi sorpresa
cuando percaté que era Raúl el que estaba dentro de la casa y me observaba, él
creía que era mi madre (por el parecido que tengo con ella), pero se dio cuenta
que era yo vestida como mi mama, se sonrió comprensivamente y lo primero que me
dijo que no me preocupara que de todos modos me veía bien como estaba, sin
embargo quería vomitar del susto.
Los segundos eran horas, Raúl se me acerco y en tono jocoso
me dijo que me diera la vuelta para verme bien, cosa que hice un poco despacio
por la falta de experiencia que tenia con los tacones de mama, él me miraba
mucho, y poco a poco me insinuó que no me veía nada mal, que no me sintiera
incomoda, total estaba en mi casa y si al caso era, el intruso era él.
De algún modo me relaje y le dije que me iría a quitar la
ropa, acto seguido me tomo de la mano y me pidió que no lo hiciera, él quería
sentir alguna compañía femenina así fuera postiza y me pico el ojo. Realmente mi
intensión no era la de estar con ningún hombre, sólo sentirme con ropa femenina,
pero Raúl, un hombre de 43 años para aquel entonces, se estaba poniendo muy
suave conmigo y yo quería seguir el juego. Era las 9 de la mañana y ya teníamos
media hora de estar allí ambientándonos. De momento él me dice que debe salir
para cumplir la vigilancia, no quería perder el empleo, que dentro de media hora
regresaría.
Me quede en casa sin cambiarme de ropa, sólo me quite los
tacones que no aguantaba y me senté en el sofá a ver la película porno que había
alquilado el día anterior, pasada la media hora, regresó Raúl y se sentó a mi
lado, su primer cumplido fue el parecido que tenia con mi madre, pero mucho mas
joven, eso me gustó y quizás se lo demostré en mi rostro ya que se me acercó y
me puso su brazo sobre mi hombro , mientras que respiraba hondamente él me
tranquilizaba con palabras sutiles, me preguntó que si quería que me tratara
como una chica, y con la cabeza asentí afirmativamente. No sabía que pensar, era
mucho para mi, sólo me deje llevar por él, con la otra mano llevo mi rostro
hacia el suyo y me besó.
Su beso, fue algo realmente fuera de serie, tenia un bigote
grueso y yo sentía todos sus pelitos con mi lengua, temblaba de todo, él me
acariciaba las piernas, me excite muchísimo, mi pene estaba a millón pero casi
no se notaba por lo ajustado de la falda.
Estas muy rica fueron sus primeras palabras para lo excitado
que él estaba y quiso demostrármelo poniéndome la mano sobre su miembro,
realmente estaba caliente, el mismo bajó la cremallera del pantalón y salio su
cosa como un si estuviera sujeta por un resorte, me emociono de solo escribir
esto y recordar como me veía vestida y sentirme al lado de Raúl, sin más ni mas
temblorosamente baje mi cabeza hacia su pene y se lo bese muy tímidamente, él me
dijo que tranquila que mis profesoras de la películas pornos ya me habían dado
lecciones, así que adelante. Succione su pene varias veces, él gemía, le
agradaba lo que hacía con él y yo me había hecho la idea de ser una hembra muy
rica para él, la verdad la mente tiene un poder increíble.
Me subí la mini como pude y nos acostamos a lo largo del
sofá, yo dándole la espalda a él, voltee mi rostro hacia el suyo y de nuevo sus
bigotes poblados, los bese, juguetee con mi lengua y su boca, mientras que hacia
eso, él acomodaba su pene en mi orificio anal, frotó varias veces hasta que
encontró lo que quería y empujo suavemente, el dolor fue ensordecedor, y se lo
demostré pero rápidamente con su brazo enlozo mi abdomen y sólo me sentí
prensada, no tenia escape, me pedía que aguantara, su deseo era enorme, comenzó
a bombear, el dolor iba pasando y yo también me estaba excitando de placer.
Bombeo por un buen rato hasta que sentí su corazón latir
durísimo, un chorrito de algo corría por mis nalgas, saco su pene y con el sentí
un último dolor en mi ano.
Me levanté rápidamente y me dirigí a mi habitación, me quité
la ropa y desde afuera Raúl me decía que se iría a su puesto de trabajo, que
luego hablaríamos.
Cuando me dirigí al inodoro a hacer caca, bote sangre
entremezclada con el semen de Raúl, me sentía, tan diferente a todo, pero
confieso que fue muy placentero. Raúl trabajo dos meses mas y luego se marcho a
un trabajo mejor, no volvimos a comentar el asunto, cada vez que lo miraba el me
guiñaba el ojo, creo que esa mujer que hay dentro de mi lo amara siempre como su
primer hombre.