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Experiencia en Paris
Zoofilia-
2008-03-07 08:32:13
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LA HISTORIA DE SUZIE...
Suzie por fin lo había logrado. Hacía 10 meses que había llegado a París desde
su hogar en una pequeña villa en el interior de Francia y por fin, después de
pasar hambres, sufrimientos y rechazos, había llamado la atención de un agente
de modelos y había, no solo conseguido su primer trabajo de cierto nivel, sino
que había sido un trabajo de pasarela para una firma importante y sobre todo muy
bien pagado, a lo que siguió un lucrativo contrato exclusivo.
Mientras paseaba orgullosa por las calles de París recordaba como desde su
llegada a la adolescencia las amigas de su madre comentaban su rara belleza y le
recomendaban inscribirla en alguna escuela de modelaje pues supuestamente las
modelos ganan muy bien y muy fácilmente.
Ella sabía, ya por experiencia, que eso no era así, que primero pasaría por
muchas penurias, que incluían el hambre, el rechazo, maltratos de patrones en
trabajos baratos y acoso sexual, lo que irremediablemente la hacían llevar una
vida muy solitaria, sobre todo en lo que a hombres se refería pues el acoso de
estos la hizo desconfiada respecto a ellos.
Pero eso quedaba en el pasado, hoy, satisfecha y segura de si misma paseaba por
los barrios y parques de París, casi ensimismada imaginándose como gastaría el
dinero que le habían depositado en una nueva y abultada cuenta bancaria a su
nombre. Se pavoneaba orgullosa sin tomar en cuenta a los hombres que se la
comían con los ojos pues realmente se veía hermosa, espigada, de un metro 78
centímetros de estatura pero delgada y delicada, con rostro de perversa, corte
de pelo a lo garcon, cuello largo y delicado, su hermoso cuerpo ceñido en el
conjunto C#anel que le habían dado a escoger para quedárselo, que era formado
por una minifalda negra de corte clásico y botones al frente, una ligera
blusa-camiseta blanca con líneas negras horizontales en la parte superior con el
conocido logo de la marca con la doble C, un cinturón metálico y un ligero
blazer negro, guantes de cuero negro, bolso coordinado, zapatos negros tipo pump
de los que los americanos llaman "fuck me pumps". Aretes largos y cascabeleros,
y llevaba las piernas desnudas, sin medias, pues así se sentía mas libre.
Por fin se sentía alguien, pero aún así se sentía incompleta, pero dado que los
hombres en París la habían tratado mal, no se permitía admitirse a si misma que
lo que le hacía falta era un varón.
El sonido metálico de sus aretes al caminar, la tibia brisa y la profundidad de
sus pensamientos hicieron que, sin darse cuenta, se alejara de la ruta planeada
de su paseo y de pronto se vio en un barrio pobre y desconocido para ella, pero
esto no la inquietó pues seguía sumida en sus pensamientos, al pasar por un bar
oyó las voces de los hombres vociferar en alguna polémica y la piel se le erizó
al imaginarse hombres rudos y sucios, con fuertes brazos por el trabajo mal
pagado y que seguramente se matarían entre sí por obtener sus favores.
Esta imagen de poder femenino le dio inmenso placer y casi inadvertidamente
comenzó a excitarse. Pero a sabiendas de que ella nunca se entregaría a un
hombre, por lo menos en esos momentos de desilusión, y menos a unos sucios
cargadores.
Poco a poco, conforme caminaba, se fue encontrando con casas mas pobres y calles
más solitarias, lo que le hacía recordar sus momentos de necesidad en sus
primeros meses en la ciudad y los maltratos de los que fue víctima. Suzie
comenzó a sentir lástima por si misma.
La joven modelo se detuvo de pronto e instintivamente junto a la verja maltrecha
de una casa pobrísima y pudo ver en el pequeño patio un par de perros flacos, de
raza indefinida y pelambre maltratado. Instantáneamente Suzie se identificó a si
misma en ellos. Algo en su mirada triste y vidriosa le recordaba el como se
había sentido últimamente y que fue precisamente por lo que fue contratada,
aunque su nuevo "patrón" decía que su mirada le recordaba una triste sexualidad
lo que a ella le molestó.
Pero al seguir observando enternecida al par de perros se daría cuenta de la
realidad. Su mirada se desviaba lánguidamente de uno a otro y por sus
dimensiones y caras pudo distinguir a uno como hembra y al otro como macho,
envidiando ella a la perra por tener compañía masculina de su propia especie.
Justo cuando caía en cuenta de lo que significaba la mirada vacía y extraña en
los animales su mirada se focalizó entre las patas traseras del macho.
Suzie no se dio cuenta cuando comenzó a respirar por la boca abierta, pues
estaba totalmente concentrada en la rojiza protuberancia que comenzaba a surgir,
tímidamente, entre las patas traseras del animal.
Su mente viajó, en cuestión de segundos, años y kilómetros, hasta su villa,
cuando ella vio por primera vez la erección de su mascota, entonces no sabía
porque pero le inquietaba y hasta molestaba tal visión, a tal grado de por las
noches no poder dormir y sin saber que exactamente le molestaba de su perro.
Ahora estaba ensimismada como anteriormente al ver el miembro viril del animal,
que, aunque mas pequeño, aún tenía un extraño magnetismo y misterio para ella.
Con la diferencia de que ahora sabía para que servía esa protuberancia y como se
usaba. Con asombro Suzie vio como la perra acercaba su trasero al hocico del
perro y ella misma dio un pequeño brinco cuando el animal saltó sobre la perra,
montándola por detrás y la joven pudo ver como instantáneamente al comenzar a
moverse el perro su pene creció aún mas tratando de penetrar a su hembra.
Suzie cayó en un más profundo estupor al ver los rápidos movimientos de
penetración que el animal practicaba sobre su hembra. Sin darse cuenta ella
misma se balanceaba un poco con cada empujón de las caderas del animal, sus ojos
fijos en esa región esperando ver un poco de ese húmedo y brillante pene.
Casi como por inercia Suzie comenzó a imaginarse como una hembra animal, para
poder imaginarse en las condiciones en que se encontraba la perra que tenia
enfrente, siendo penetrada furiosamente por ese perro insaciable, teniendo en
mente aún a su mascota de años atrás.
Poco a poco Suzie pudo desprenderse de tal escena y pudo, con paso inseguro,
seguir su camino. Pero de la mente, por más que trató, no pudo arrancarse tales
morbosas y pasionales imágenes.
Mientras se alejaba de aquella calle Suzie seguía imaginándose en el lugar de
aquella perra, racionalizando esto de forma que no estaría entregándose a un
hombre sino a un macho, y un animal, por mas macho o masculino que fuera, nunca
le había hecho ningún daño. Claro que todo esto en el nivel de la fantasía,
pensando en usar esas imágenes para desahogarse ella misma en sus momentos de
frustración e insatisfacción. Imágenes que tenían, empero, un poderoso efecto
sobre sus sensaciones.
Al poco tiempo decidió apurar el paso, salir de aquellos recónditos barrios,
para llegar mas pronto a su departamento y poner en práctica el uso de esas
nuevas imágenes para su satisfacción personal en la seguridad y confort de su
recamara. Pero pronto se dio cuenta que estaba perdida, no reconocía nada de lo
que la rodeaba. Ni siquiera había una sola persona alrededor a quien preguntarle
direcciones.
Al doblar una esquina se encontró en un barrio mas oscuro y solitario aún que
los anteriores. Se detuvo indecisa por unos segundos hasta que pudo ver una
sombra moverse a media calle, en la penumbra de la media tarde bajo la oscuridad
que generaban los edificios. Apresurando el paso se dirigió hacia la persona que
creía haber visto pero a unos metros se dio cuenta de que la persona era en
realidad un gran danés que, obviamente perdido, buscaba su alimento parado sobre
un gran bote de basura.
Suzie se estremeció al ver su gran tamaño y más aún cuando el animal volteó
hacia ella y la observó por unos segundos con sus grandes ojos indiferentes
antes de bajar sus patas del bote y encaminarse alejándose de la mujer. Todo
pasó por unos segundos pero fueron suficientes para que Suzie recorriera con sus
ojos el impresionante cuerpo del animal y reparar, aunque por una fracción de
segundos, en la gran capucha que guardaba el pene en reposo del enorme perro.
Suzie quedó congelada por unos segundos que a ella le parecieron una eternidad
mientras el animal se alejaba de ella. Por su mente pasaron todas las
posibilidades mientras, impotente, veía alejarse una posibilidad irrepetible.
Saliendo de su pasmo Suzie pudo comenzar a moverse y, con paso tembloroso y sin
darse cuenta en que momento tomó la decisión se encaminó hacia el animal en
movimiento.
A la distancia la joven vio como el gran danés se introducía a un callejón y
apresurando el paso se dirigió tras él.
Al llegar al callejón, casi sin aliento, pudo ver al enorme animal tratar de
hurgar entre la basura de un contenedor. Conteniendo el aliento, y sin pensarlo
mucho, Suzie se encaminó hacia el animal, el cual al oír sus pasos y el tintineo
de sus aretes se puso en alerta mirando en dirección de la mujer. La joven
temblaba al darse cuenta del peligro en el que se encontraba pero era más la
fuerza de su decisión y sobre todo de su deseo.
La joven y bella modelo sentía como su pequeña tanga se iba humedeciendo por el
grado de su excitación. La joven cedía ante las sensaciones que invadían su
cuerpo a tal grado que sus rodillas apenas si la podían mantener en pie.
Al ver que el animal aun seguía en guardia y para contrarrestar el peligro Suzie
se dio cuenta que tenía que demostrarle que ella no presentaba ningún peligro
para él, tratando de recordar el comportamiento de la perra que había visto una
hora antes con su macho, su mente se pobló de imágenes con una tremenda carga
erótica y su cuerpo decidió por ella, pues por la excitación, a pocos metros del
animal, sus piernas cedieron y cayendo sobre rodillas y manos adoptó sin
quererlo la postura que tomaría una perra.
El animal al notar esto, intrigado, se acercó a ella con sumo cuidado. Dos veces
la rodeó tratando de captar su esencia con su olfato a distancia, lo que provocó
varios escalofríos de placer a la joven mujer.
Al tercer giro un olor captó su atención y el imponente perro se detuvo junto al
trasero de la joven modelo. A unos centímetros pero tratando de no acercarse
demasiado aspiró el lugar donde el olor era más fuerte y su interés creció al
notar que el extraño animal que tenía enfrente era una hembra.
El animal se entusiasmó al ver una perra caliente y ofreciéndosele dispuesta a
aparearse con el. Desde que había dejado la casa de su amo, unos meses antes, no
había tenido contacto con una hembra que se adecuara a sus necesidades, de
acuerdo a su tamaño y sobre todo que estuviera dispuesta a satisfacer sus
necesidades sin salir espantada.
Suzie no sabía nada de esto, no se daba cuenta de las actitudes del animal y
mucho menos de sus necesidades, a ella solo le interesaban las propias y rogaba
por que el animal estuviera dispuesto a satisfacerlas.
La joven modelo recordó su tanga ya empapada en los jugos de su excitación y
separando una mano del suelo la bajó hasta sus rodillas desde donde, con cierto
trabajo, logró sacarla y arrojarla un par de metros lejos de sí.
El animal, sorprendido, siguió la trayectoria del extraño objeto del que se
había desprendido la hembra. El perro se dirigió hacia la prenda que, hecha un
montoncito de trapo húmedo, había caído cerca de él y hundió su nariz en ella,
aspirando con fuerza su aroma. Luego sacando la lengua probó el liquido que la
cubría y levantando la cabeza, con la lengua de fuera y escurriendo grandes
cantidades de saliva dirigió su vista vidriosa y lujuriosa hacia la joven y
bella modelo que al darse cuenta de su reacción se estremecía de pies a cabeza.
El tremendo animal, con una erección en crecimiento que llamaba poderosamente la
atención de la joven, comenzó a acercarse lentamente a ella como un león,
cazándola, asegurándola para sí.
Suzie no podía dejar de temblar, presa de una mezcla de placer y miedo que se
apoderaba de su cuerpo y la mantenía firme en la misma posición en la que había
quedado desde que el animal se había acercado a ella.
Al acercarse el animal, Suzie tenía ojos solo para su creciente verga, y al
perderlo de vista cuando este la rodeó una vez mas trató de mantener esa imagen
en su mente regodeándose en ella por lo que la bella joven dio un respingo
cuando sintió una fría humedad posarse en la parte interior de sus muslos,
recorriéndolos hacia arriba llegando hasta su desnudo trasero, bajo la pequeña
falda.
Suzie sintió el fresco en su entrepierna cuando el animal aspiró con fuerza
justo sobre sus genitales. Inmediatamente la joven sintió como algo húmedo y
suave y rasposo a la vez recorría su vulva de arriba a abajo y casi colapsa su
cuerpo al suelo pero se mantuvo firme.
El contacto hizo que la joven modelo se excitara aún más, provocando esto que su
lubricación aumentara y, al tener el gran danés mas líquido sexual a su
disposición, el animal se dispuso a disfrutar hasta la última gota de tan
exquisito néctar lengüeteando con fruición la vulva de la bella modelo.
La bella y delicada joven se estremecía con cada roce de la poderosa y áspera
lengua de la tremenda bestia. Como si sintiera el placer sexual por primera vez
Suzie se dejaba llevar por cada nueva sensación que la hacía viajar al paraíso y
de vuelta a la tierra una y otra vez.
El animal hurgaba cada rincón de la vulva de la joven tratando de acabar con
cada gota de sus jugos pero estos se duplicaban con cada burda caricia de su
lengua sobre la intimidad de la joven hembra. Y en su intento hurgaba cada vez
mas profundamente hasta llegar a penetrar poco a poco la estrecha vagina de su
recién encontrada amante.
La joven, olvidándose de pasadas penas y sintiéndose arrasada por las
sensaciones, se sentía mujer por primera vez después de mucho tiempo, se sentía
parte de algo, se sentía apreciada. Con pasión la joven empujaba su trasero
hacia atrás, buscando que el animal la penetrara con su lengua aún mas
profundamente llegando rápidamente a un primer y explosivo orgasmo.
Por incontables minutos el animal con arrebatada y burda pasión le arrancó a la
joven varios orgasmos de diferentes graduaciones e intensidades que la llevaron
al borde de la locura sexual, hasta que de repente se detuvo. Suzie lo tomó como
un respiro de parte de su "amante" y trató ella misma de recuperar su aliento,
cesando como él por la boca abierta, con la cabeza colgando y sus cabellos,
cubiertos en sudor, enmarañados sobre su frente y parte de su rostro.
Y, de pronto, todo cambió, lo que eran atenciones para Suzie, y que ella misma
consideraba así, se convirtió en recompensa para el animal. El enorme perro, sin
que la joven lo notara, comenzó a posicionarse sobre ella, colocando lentamente
sus patas delanteras casi junto a los brazos de ella que la sostenían, apenas,
sobre el suelo. Por su gran tamaño el perro apenas si rozaba el pelambre de su
pecho sobre la espalda de la joven, pero ésta, concentrada en si misma, no lo
notó, hasta que la enorme bestia comenzó a tratar de posicionar su erectísima
verga contra el trasero de la que consideraba ya su hembra.
Suzie comenzó a sentir un golpeteo contra sus nalgas y de pronto se dio cuenta
de la presión sobre su espalda, el tacto del pelambre del perro sobre su
delicada y sensible espalda la hizo estremecerse antes de darse cuenta que el
golpeteo contra su trasero era con el pene de su amante.
La joven se sintió morir de placer y gusto, arqueando la espalda por instinto
casi animal, levantó el trasero exponiendo su vulva al macho que trataba de
poseerla sin contemplaciones de ninguna clase. Al sentir la suavidad de los
labios vaginales de la bella joven, el animal aumento la fuerza de sus empujes
doblando su espalda sobre el cuerpo de ella, pero sin despegar las cuatro patas
del suelo, como si supiera que su peso sería demasiado para la joven en tales
circunstancias, y tratara de evitar que se asustara y huyera como las otras
hembras que había tratado de montar en los meses posteriores en que había dejado
su hogar.
Pronto, la verga del perro encontró un orificio suave que, aunque pequeño, le
pareció que era lo que estaba buscando y enfocó sus ataques en él, acercándose
aun más a la hembra para poseerla como era su deseo y hacerla suya con el poder
que tiene el macho sobre cualquier hembra que reclama como su perra para
aparearse.
Al sentir la tremenda verga en la entrada de su vagina, Suzie se espantó, de
pronto se dio cuenta de lo que estaba haciendo, pero no le preocupaba con QUIEN
lo estaba haciendo sino su tamaño y las consecuencias que esto tendría sobre su
delgado y delicado cuerpo, sobre todo su delicada y estrecha intimidad.
Pero la joven no tuvo mucho tiempo para ponderar sus acciones y pasó de la
preocupación al doloroso goce cuando de un solo golpe su bestial amante metió la
mitad de su pene en su estrecha pero bien lubricada vagina.
El ardor y la sensación la estaban volviendo loca en más de una manera y Suzie
sentía como su cuerpo se mecía con cada golpe del pene y las caderas del animal
contra su trasero. Ahora Suzie se sentía como una perra, usada para el placer
bestial e inclemente de un animal, y esto le encantaba.
Con cada empuje bestial sus aretes se mecían haciendo un rápido tintineo
metálico que acompañaba sus jadeos y la respiración agitada del animal que
babeaba sobre el cuidadoso y estético corte de pelo de la joven, hechura del
mejor y mas caro estilista de la ciudad. La saliva caliente chorreó hacia la
mejilla de la bella modelo y ésta sintiéndola recorrer su rostro hacia sus
labios disfrutó aún más.
El animal recordaba ahora, al poseer a la joven hembra, su hogar y los lujos y
comodidades que dejó, pues su amo lo estimaba mas que a nada, era su mas
preciada posesión, lo había acostumbrado a tener todo lo que quisiera y el
animal creía que al aceptar todas estas atenciones y mimos se congraciaba con
él. Hasta que un mal día cometió un error y sin una explicación terminó en la
calle, solo y sin amor ni alimento.
Recordando burdamente esos días mejores, y la hembra que su amo le había
proporcionado entonces, el perro se excitó más y comenzó a bombear mas fuerte y
profundamente en la receptiva y estrecha hembra joven que había encontrado. La
bella joven apenas podía sostenerse sobre sus brazos al arreciar el ataque del
animal y tuvo que doblarlos para sostenerse sobre sus codos y acunar su rostro
en sus brazos sobre el suelo. Suzie sentía su vagina llena a capacidad y
estirada para acomodar el exceso de tamaño de la verga de su bestial amante,
pero la profundidad de su pasión estaba por aumentar. El perro al sentir el
acomodo de la joven hembra para su mayor comodidad pudo entonces abrazarla por
el pecho con sus patas delanteras sujetándola con fuerza apoyando su peso sobre
ella y dejando que la hembra soportara el peso de ambos sobre sus codos.
Suzie soportó con aplomo el peso del animal y disfrutó enormemente el que sus
poderosas patas delanteras, "sus peludos brazos", la abrazaran por el pecho
rozando sus senos y pezones erectos con su áspero y delicioso pelambre. Pero el
orgasmo explosivo y delirante lo logró la mayor profundidad que obtuvo el animal
con su pene en la vagina de la bella modelo haciéndola estremecerse
incontrolablemente.
En ese pequeño pero extasiante mundo, Suzie, pudo olvidar por instantes las
maldades y perversidades del mundo del modelaje profesional y se prometía no
dejarse influenciar negativamente por eso, nunca más; sabiendo lo que ahora
sabía no había algo en el mundo que la hiciera sentirse mal de ahora en
adelante, se decía.
El animal sentía como la joven hembra sujetaba su verga con su vagina y lo
masajeaba como la mejor de las perras, era mas ardiente incluso que la perra que
su amo le había proporcionado y que él pensaba era la mejor perra del mundo.
Ahora veía que se equivocaba. El enorme perro recordaba en su bestial manera las
tardes en que él y aquella perra se quedaban solos y las aprovechaban al máximo
en sesiones de apareo que él disfrutaba al máximo por la clase de caliente
hembra que su amo le había proporcionado y además porque sabía que obedeciendo a
su amo lo complacía y sabía que si su amo le dejaba esa sensacional hembra era
para montarla y desahogarse.
Cada nuevo orgasmo que explotaba y se expandía por su cuerpo reforzaba las
decisiones que Suzie iba tomando respecto al futuro de su vida. La bella joven
había decidido no dejarse intimidar por ningún hombre ya, por más poder que
tuvieran; tomar las riendas de su propia vida; arreglar su pequeña casa para que
no la deprimiera ya más.... y acondicionar el patio para poder comprar un Pastor
Alemán...
La chica no podía comprenderlo pero sentía que el pene del animal se ensanchaba
aún más, nunca había sentido eso con ningún hombre y la sorprendió, pero lo
racionalizó pensando que tampoco algún hombre le había dado jamás tanto placer.
El animal sentía como se iba preparando su cuerpo para impregnar a la joven
hembra con sus crías y apretó el ritmo y cada uno de sus músculos, preparándose
para la ola de sensaciones que dentro de poco se apoderaría de su cuerpo y de su
mente.
Suzie, a pesar de estar en pleno éxtasis, notó como el animal aumentó el ritmo y
poder de sus penetraciones, y apretó los labios y cerró con fuerza sus puños
para soportar el embate de su bestial amante, pero ella no se quejaba, el
castigo era lo mas delicioso que había sentido en la vida, sin culpa, ni
remordimientos estaba gozando como una perra.
La mente del animal se comenzó a poblar de imágenes a medida que el rictus del
placer se iba apoderando de su cuerpo; no podía evitar el pensar en su vida de
placer cuando vivía con su amo en una amplia casa con todas las comodidades
posibles para él. La hembra que le apretaba con fuerza el pene con su orificio
poco a poco se fue metamorfoseando en otra cosa que él no podía definir en ese
instante confuso. El perro vio el rostro de su amo y recordó el amor con que lo
cuidaba, recordó la casa y cada uno de sus rincones donde disfrutaba su vida de
ocio y todo esto le llevó a recordar la perra que un buen día su amo llevó a la
casa y que finalmente se convertiría en su perdición. El amo la trataba con el
mismo amor y atenciones con las que lo trataba a él y por esto supo el perro que
la hembra era como él y que debía tratarla con respeto para no incomodar a su
amo.
Los primeros días el perro se mantuvo a distancia de la hembra a pesar de que
sus olores lo estaban volviendo loco. Casi desde el momento en que la hembra
entró en la casa, después de que sus miradas se cruzaron el animal supo que la
perra estaba en brama pues minuto a minuto que estaba en su presencia los olores
de llamado sexual de su cuerpo iban aumentando.
Pasaban los días y el animal difícilmente se podía contener, pero lo hacía por
respeto a su amo, sí él no se lo ordenaba no se atrevía a hacer algo que lo
contrariara. Además de que la perra siempre mantuvo su distancia de él, como si
le temiera, llegando inclusive a refugiarse en la recamara de su amo por las
tardes, cuando él no estaba, para salir solo por la noche cuando el amo llegaba.
Esto hasta el día que ella pareció ceder a sus instintos animales y dio el
primer paso. Una tarde tibia en la que el olor de la hembra era especialmente
fuerte y él se volvía loco por ella, el perro la encontró recostada sobre el
césped del patio cuando el amo ya se había ido. Su olor no era solo mas fuerte
esa vez sino más nítido y puro. Cuando vio al perro la hembra, con la mirada
perdida, se puso de pie y caminó hacia él pero algo no cuadraba, el animal macho
todavía no sabía que hacer pues no era evidente que ella se le estuviera
ofreciendo a pesar de su evidente excitación. Y luego, como por arte de magia,
todo cambió, la hembra le presentaba su trasero para que él la montase y
entonces el animal se dio cuenta de que en todo esto debía estar la mano de su
amo quien para mantenerlo contento le había proporcionado una hembra en brama.
No tuvo que pensarlo más, el animal ya se engolosinaba con la vulva de la hembra
que gemía de manera curiosa. De alguna forma el animal se daba cuenta del
peculiar sabor de los jugos de la perra pero no le molestaba en el estado de
extrema excitación en que se encontraba, es mas le gustaba mas que el sabor de
las otras hembras que había tenido.
Una vez probado las mieles de la hembra, el animal se dispuso a reclamarla como
suya y de un fuerte empujón de sus patas delanteras saltó sobre su lomo para
penetrarla.
La hembra apenas pudo sostenerse con el otro animal sobre su cuerpo pero se
mantuvo en pie, urgida de macho y de placer gemía aún antes de ser penetrada.
Con inusual dificultad el perro pudo encontrar el orificio de la hembra, pero
una vez que lo ubicó se dedicó a atacarlo con furia inaudita, no era tan
apretada como otras perras que había tenido pero de alguna manera se sentía
mejor que cualquier otra. La hembra se movía de una manera que sensibilizaba aún
mas su verga y lo estaba volviendo loco de placer, tanto que, contrario a su
costumbre, en solo 10 minutos eyaculó en ella y quedó exhausto. Pero pasados
otros 5 minutos, en los que la perra le lamió la verga limpiándola, volvió a
tener otra erección que esta vez pudo mantener por mas tiempo.
A partir de esa tarde, todos los días, en cuanto su amo cruzaba el umbral de la
puerta para ir a su trabajo, la hembra se aparecía en el patio de la casa para
ofrecerse una vez más a su compañero de todas las tardes y el perro encantado la
complacía, se complacía en ella y así, en su mente mantenía a su amo contento
también, haciendo lo que el quería.
La perra parecía mas caliente cada día y nada parecía satisfacerla pero al perro
esto no lo incomodaba pues su virilidad era suficiente para mantener contento
todo un harén de perras lujuriosas. Lo que si lo extrañaba era como, en cuanto
aparecía el amo, la perra cambiaba su actitud y toda su atención, sin
excepciones, era para el amo, y todo parecía volver al comienzo cuando ella le
temía y le huía refugiándose en la compañía de su amo. Pasaba inclusive las
noches en la recamara con el amo, y al perro se la imaginaba durmiendo a los
pies del amo mientras el dormía en su casa de perro, cómoda y acondicionada,
pero solo.
No era que el quisiera dormir también en la recamara con su amo, pero, sin darse
cuenta, comenzaba a sentirse celoso del tiempo que su perra pasaba con el amo,
macho también al fin.
Pero por las tardes la perra lo compensaba por todo, entregándose a él sumisa y
complaciente, sus extraños gemidos y aullidos llenaban los oídos del perro
elevando su placer hasta que llegaba la hora en la que ella se separaba de él en
espera del amo y fingía como si él no existiera en cuanto el amo aparecía.
Pronto el perro se acostumbró al extraño comportamiento de su hembra, ya ni
siquiera le preocupaban los extraños gemidos y gruñidos con los que trataba de
llamar la atención del amo y como éste le prodigaba a veces mas cariños a ella
que a él.
Pero esa rutina de placer se tenía que romper algún día y eso pasó una tarde en
la que el perro montaba a su hembra y esta le gemía y hacia ruidos como lo hacía
esta con el amo, de una manera que el animal no podía entender. De pronto el amo
salió al patio, había regresado temprano del trabajo y ahora con una extraña
mueca en su rostro los miraba cogiendo como los animales que eran.
El perro vio a su amo con esa extraña expresión que nunca antes le había visto,
y vio como abrió la boca para lanzar un extraño aullido que hizo que el animal
se crispara y asustara, desmontando a la hembra inmediatamente. Desde cierta
distancia, desde donde podía ver a ambos, su amo y la perra, el animal vio como
la hembra volteó la cabeza para ver al amo y con una expresión también extraña
pero diferente a la del hombre se puso de pie y caminó hacia él.
El animal vio como el amo tomaba a la hembra por la melena negra que cubría su
cabeza y la arrastraba separándola de él. La hembra gemía y aullaba por lo que
el amo la soltó y después de gruñirle en un tono mas bajo pero no menos
violento, la hembra se levanto y se introdujo en la casa sollozando, el animal
no la volvería a ver nunca más.
Antes de entrar en la casa el amo vio hacia donde estaba el animal con una furia
en los ojos que el perro nunca olvidaría. Durante la siguiente hora el animal
oyó aún mas gruñidos y aullidos en el interior de la casa y durante intervalos
pasó por su mente que quizás había tomado a la hembra de su amo, pero desechó
esa idea pues pensaba que aunque la hembra tenia cierto parecido a la clase de
criatura que era su amo y hacía los mismos ruidos con su boca que él, ella nunca
se le hubiera ofrecido como lo hizo de ser así. En su mundo el animal no podía
distinguir una hembra humana de una perra.
Cuando los gritos cesaron el amo salió al patio y sin verlo siquiera tomó al
perro por el collar y, arrastrándolo, lo sacó a la calle y cerró la puerta,
dejándolo confundido, dolido y solo, para buscarse el alimento por si mismo.
Pero eso ya no importaba ahora, había encontrado una nueva hembra tan parecida a
aquella, e inclusive mejor dentro de su tipo, que ya todos los sufrimientos
pasados se borraron de su mente. El perro esperaba, seguro de si mismo, que esta
hembra quedara tan encantada con su verga como la otra y se quedara como su
perra. La hembra gimió y apretó con sus músculos vaginales la verga del animal
que creía haber encontrado su paraíso sexual.
Suzie apenas si podía concentrarse en sus planes futuros. Todo se iba reduciendo
en su mente a su vagina y la verga de su amante y las inundantes sensaciones que
provenían de estos centros de su atención. Pero aún así seguía dando forma a sus
resoluciones. Una de ellas se iba volviendo mas importante y urgente que las
otras, y esta era la de la compra de una mascota para "acompañarla" en sus
momentos de necesidad. Había decidido comprarse un fino Pastor Alemán, por la
belleza de estos animales pero, sobre todo, por su tamaño, más accesible para
ella por su figura delgada y frágil. Pero todo esto, en el calor de la pasión, y
al ir aumentando ésta, también fue cambiando su decisión.
Aprovechando las sensaciones que invadían su cuerpo al ser penetrada por su
amante, Suzie, trató de imaginarse montada por su presunto nuevo perro Pastor
Alemán. Se lo imagina hermoso, fuerte y del tamaño normal al que puede llegar
uno de estos nobles animales. Pero al ir recorriendo su cuerpo y llegar a la
verga que, supuestamente, horadará con pasión su vagina, se da cuenta que ésta
perdería en comparación con la verga que en ese mismo instante la estaba
llevando a los umbrales de la gloria sensual.
"Puta madre" se dice casi riendo y llorando y decide que el patio de su casita
es lo suficientemente grande para albergar al Gran Danés que la había seducido y
convertido en su amante.
-"Si la suerte me puso en el camino al mejor amante que he tenido en mi vida, no
creo que deba dejarlo ir así nada más"- se dijo y se propuso consentirlo y
convertirlo en su amante de planta, nadie sospecharía jamás de una mascota así.
-"Además lo que el cuerpo pide de ahora en adelante no se lo voy a negar"- se
dijo mientras sentía el caliente esperma de su amante dispararse y llenar su
vagina como si saliera de una potente manguera.
Terminado su largo interludio "amoroso", Suzie se recompuso como pudo para
volver a encontrar el camino a casa. Ya era de noche y las calles, solitarias
aún, estaban en penumbras, pero a Suzie nada la asustaba ni importaba ahora,
estaba en tal estado de lasitud y satisfacción sensual que solo pensaba en
llegar a casa con su nuevo amante, al que había decidido llamar Rocko, darse un
baño y echarse a dormir sin vestirse siquiera.
La joven modelo pensó primero caminar hacia la entrada del callejón para
cerciorarse que no había nadie y luego volver por el animal para guiarlo por el
collar, pero esto fue innecesario, el animal caminaba detrás de ella a cada paso
que daba como si supiera las intenciones de la joven mujer. Al ver esto Suzie
sonrió ampliamente, como no lo había hecho en muchos meses, sabía que de ese
momento en adelante dejaría de estar muerta en vida, que todo sería mejor y,
sobre todo, mas placentero para ella. |
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