EXHIBICION EN EL GIMNASIO
Esta historia es parte real parte inventada. No tengo ningún
amo, pero sí he podido tener alguno y me han pedido hacer cosas como lo que se
relata a continuación. Lo que hice, lo hice porque quise, no porque nadie me lo
mandara, pero es verdad que esto pasó con todo detalle.
Mi Amo y Señor, me mandó como costumbre exhibirme para
sentirme en todo momento su esclavo. Uno de los sitios donde mi exhibición debía
ser más clara era en el gimnasio. Me debía mostrar, tal como era, a todos los
que allí me pudieran ver.
Era el primer día que lo iba a hacer. Aunque nunca he sido
pudoroso en mostrarme desnudo, hacerlo por orden de otra persona y de manera más
prolongada era algo que me iba a costar; sin duda me sentiría humillado.
Llegué al gimnasio, bien vestido, como siempre. Unos
pantalones vaqueros y una camiseta que se me ajusta al pecho mostrando casi
todas mis formas. Bajé al vestuario con esa idea en mente: debía mostrarme bien
a todos. Todo el que pasara por allí debía tener claro cómo era mi cuerpo y
sobre todo mi pene. Abrí la puerta y el corazón me latía fuerte. El vestuario es
enorme, con grandes espejos y muchas calles con miles de taquillas. Tenía que
elegir un sitio donde me vieran. Al final, decidí ponerme en la calle que hay
justo frente a la puerta secundaria, por la que se subía a la sala de fitness,
uno de los sitios con más tráfico del vestuario, pues por allí salimos y
entramos todos una vez vestidos para hacer deporte.
Tenía orden de desnudarme primero y, una vez desnudo y con la
ropa de calle doblada, sacar la ropa de deporte y empezar a vestirme, cubriendo
en último lugar el pene y el culo. Todo esto debía hacerlo de espaldas a la
taquilla, para que así me vieran todos los que estuvieran. EN eso desobedecí a
mi Amo: lo hice de cara a la puerta, es decir, de lado a la taquilla, pues así
me asegurqaría de que todos los que entraran y salieran por la puerta me verían.
Me quité la camiseta, y hasta ahí bien. Mi pene no despertaba
demasiado de su letargo. Después el pantalón y los calzoncillos. Estaba nervioso
y pensaba en mi Amo, en mi obligación y voluntad de obedecerle. En el compromiso
que adquirí al aceptar estar bajo su yugo. Al bajarme los pantalones, vi que mi
pene había despertado un poco, y mi excitación creció. La gente pasaba para un
lado y otro y vi que nadie me miraba. Finalmente los calcetines los metí dentro
de los zapatos. Ya estaba totalmente desnudo.
Ahora venía la segunda parte. Debía recrearme todo lo posible
en arreglar mi ropa para que mi desnudez se prolongara. Colgué la camiseta en
una percha con todo el cuidado. Después los pantalones en otra sacando poco a
poco el contenido de los pantalones. Doblé con sumo cuidado los calzoncillos y
los dejé en el suelo de la taquilla. Para entonces, mi pene ya se había
despertado casi por completo. Nadie me miraba y ya empezaba la tercera fase:
vestirme.
Me vestí tal y como indicó mi Amo. Saqué la ropa poco a poco
y la fui colocando sobre el banquillo que corre a lo largo de las taquillas, por
abajo. Me puse primero la camiseta sin que me cubriese por abajo. Después los
calcetines, para los que me tuve que sentar y así pude ocultar un poco mi
excitación. Finalmente, las calzonas, finas, a través de la que se notaba mi
estado.
No quería salir a la zona mixta del gimnasio con semejante
erección, así que decidí ir al baño un momento hasta que se me pasara la
erección. Cuando así fue, subí e hice mis ejercicios.
Al volver debía hacer el mismo camino pero a la inversa.
Llegué todo sudoroso al vestuario. De nuevo me desnudé: primero las calzonas,
para así tener mi pene al aire más tiempo. Después los calcetines y la camiseta.
Los lancé a la bolsa, cogí la toalla, y el gel y me fui a la ducha. De nuevo
aquí tenía para elegir dos calles: una más grande y otra más pequeña. Elegí
ponerme en la primera ducha libre de la calle grande. Mi Amo me ordenó no cerrar
la puerta de mi cabina y así lo hice. Alguno pasó y se quedó mirando pero sin
curiosear demasiado. Yo debía ducharme mirando hacia afuera. Así lo hice aunque
esta vez la erección no fue tan obvia gracias al agua que corría por mi cuerpo.
Salí de la ducha y nuevamente estaba frente a la puerta. De
nuevo me dejé ver todo lo que pude, metiendo las cosas de aseo poco a poco en la
bolsa. Cuando ya no lo pude demorar más, me empecé a vestir. Primero la
camiseta, después los calcetines y, finalmente, los calzoncillos. Pero no.
Recordé el deseo de mi Amo de que, cuando estuviera con él, nunca llevara ropa
interior. Ahora no estaba con él, ni era parte del acuerdo de dominación, pero
quise hacerlo. Así que me quité los calzoncillos y los metí en la bolsa. Me puse
los pantalones sin ropa interior y salí del vestuario con una erección
descomunal y que era obvia a través de mis vaqueros.
Nada más salir, había una chica en la puerta. Tampoco se fijó
mucho, y yo salí lo más disparado que pude con el corazón en la boca. Salí y el
vestíbulo estaba lleno de gente, gracias a una convención de fitness. Por
supuesto muchas chicas jóvenes entre ellos. Al salir por las puertas de cristal,
decidí relajarme. El roce del pantalón con mi pene me hacía excitarme más y la
erección era aún más obvia. Decidí que quien quisiera que lo viera.
El camino del gimnasio a casa no es muy largo, pero esos 10
minutos se me hicieron eternos pensando que todos me miraban, especialmente
ellas, y que todos se daban cuenta de la erección. Nadie dijo nada, pero el
morbo estaba servido. Finalmente llegué a casa, agradeciendo no encontrarme con
nadie en el ascensor.
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