Escribo un poco cohibida por la razón que nunca lo he hecho
antes. Me llamo Belle y me atrevo a escribir en este portal por que se que
cuenta con una gran audiencia. Cuento con 31 años de edad durante los cuales he
aprendido a abrir mi criterio sobre el sexo. Nací en el Bajío de México y desde
hace 13 años radico en la Ciudad de México en donde hace 6 años me casé con
Andrés. Tenemos un hijo de 5 años el cual cuida mi suegra mientras mi marido y
yo salimos a trabajar. Andrés es médico, yo estudie la carrera de Ingeniero
Mecánico y actualmente ocupo una plaza como Ingeniero de Manufactura en una
empresa Estadounidense.
Provengo de una familia llena de tradiciones en la cual el
sexo era un tabú. En la parte del país en donde crecí, era lo más común aprender
sobre sexo a través de las amigas en el colegio, y después, por experiencia
propia. Nunca me faltaron pretendientes, pues mientras que no me considero
precisamente una Miss Universo, tampoco soy fea. Creo que en ese sentido, una es
tan bella como se quiera sentir. Soy de tez blanca, ojos verdes oliva, pelo
castaño, boca chica pero carnosa. Mi estatura es de 1.70 m, mi talla varia entre
6 y 7 dependiendo del modelo. Uso brasier talla 34C. En general, soy delgada. En
promedio, mi peso oscila entre los 54 Kg aunque a veces siento que el peso se me
excede en el area de las piernas y la cadera. Por esta razón practico natación y
atiendo a mis sesiones de aerobics en forma regular. Soy muy acinturada, y por
tener senos de tamaño generoso, es común que los hombres me llenen de piropos.
Con frecuencia me chulean los ojos mientras penetran con la mirada mi busto. He
aprendido a sacar provecho a mis encantos naturales.
Como mencioné antes, me recibí como Ingeniero Mecánico. Esta
es una carrera que desafortunadeamente no era de las mas polulares entre las
mujeres, por lo menos en mi país. Así que mientras que en bachiller el 40% de
los estudiantes, éramos mujeres, una vez en la profesional, la taza era de 1
mujer por cada 50 hombres. De alguna manera, una aprende a sobrevivir en un
ambiente así. De hecho, es común que los compañeros te mimen, te cuiden y hasta
te ayuden. Pero no deja de existir el continuo acoso sexual. Como dije, una
aprende a llevar la situación. El problema es cuando son los maestros los que
también te acosan. Este fué mi caso.
Generalmente, los primeros dos semestres de estudio son para
depurar a los de débil corazón. En ese primer año conoces el sistema de la
escuela y obviamente a los compañeros del grupo. Mientras que yo ya había
perdido mi virginidad hacía años, tampoco quería acostarme con nadie de la
escuela por temor a arruinar mi reputación. Así que siendo la única mujer del
grupo, no tenía ni novio ni amantes entre los miembros del grupo. Claro que me
daba cuenta que varios querían conmigo. Procuraba nunca quedarme a solas con
nadie en particular para evitar rumores.
Fue en el tercer semestre que las cosas se empezaron a salir
de mi control. Para entonces, yo conseguí trabajo en un bufet de ingeniería como
dibujante técnico. Se requería que vistieramos profesionalmente, así que era
común que yo llegara al plantel escolar con mi ropa de trabajo la cual en la
mayoría de las veces consistía de un traje sastre y zapatillas. A veces algun
vestido; me encanta mostrar mis piernas las cuales son bien torneadas, esbeltas
y largas. Me gusta el pelo suelto y soy del las mujeres que no pueden a salir a
tirar la basura sin maquillaje.
Mis compañeros se ajustaron a mí y salvo un par de tíos que
seguían acosándome, las cosas estaban tranquilas. Sin embargo a medio semestre,
el profesor de Resistencia de Materiales se puso muy pesado conmigo. Lo llamaré
el Ing. R. Frecuentemente me pedía que me quedara después de clase. Yo siempre
le pedía a alguno de mis amigos que me acompañara. Tal vez por la presencia de
testigos, el Ing. R se limitaba a decirme que necesitaba echarle mas ganas por
que no veía como iba a pasar el semestre. La verdad es que se me hacía pesado
trabajar tiempo completo y estudiar por las noches. En la escuela se rumoraba
que el Ing. R era muy mañoso para conseguir que las estudiantes cedieran a tener
relaciones sexuales con él. A mi me asustaba pensar que algun día pudiera verme
acorralada por este profesor, quien si debo ser sincera era muy bien parecido.
Era alto y corpulento. Moreno claro de ojos negros y muy brillantes. Tenía una
sonriza cautivadora y coqueta. Bajo su saco de gruesas hombreras se denotaba una
espalda fuerte y fornida. Era amable y muy inteligente. A veces yo fantasiaba
mientras me duchaba que me obligaba a tener sexo con él. Lo que me incomodoba en
sí, era su estrategia de presionar y acorrolar a mujeres
tan en desventaja.
Mientras que en las demás materias nos calificaban con
proyectos entregados o exámenes escritos, al Ing. R se le conocía por su
particular gusto por los exámenes orales. En general yo aprobaba mis materias
por méritos propios o por los de mi equipo de trabajo. Tampoco quería que por
ser mujer, me regalaran la calificación. Así pues, se llegó el día en que el
Ing. R nos dió fecha de examen y nos advirtió lo difícil del mismo. Nos dijo que
los acordiones no nos servirían de nada puesto que su examen sería oral. A
partir de ese momento me entró pánico y me empecé a sentir atrapada. Estudié
como poseída y memorizé todos los apuntes que había tomado de sus clases. Unos
días antes del examen se me acercó y me dijo al oído:
-Belle, no se preocupe tanto por el examen, hasta ahorita no
ha habido una sola mujer que no lo apurebe. Créame, no hay por que ponerse
nerviosa. ¿Quiere que la ayude a estudiar? Podemos estudiar en mi departamento.
Su mirada lujuriosa me irritaba. Tenía una forma de mirarme
que sentía que me desnudaba con la imaginación. De no ser por que de verdad
quería sacar la carrera, lo hubiera abofeteado. Pero no, me limité a decirle que
agradecía su interés pero que Julio y Gabriel ya me estaban ayudando a
prepararme para el examen.
Varias veces me invitó a que tomaramos una taza de café. Yo
sabía que de aceptar salir con él, era motivo para que hablaran de mí y
francamente no estaba dispuesta a correr ese riezgo. Sin embargo, aun si me lo
encontraba por algún pasillo podía sentir su mirada en mi trasero.
No por coincidencia, el día del examen, el Ing. R me reservó
para ser la última. Mientras esperábamos turno, pude darme cuenta que el examen
en realidad era sencillo para quien había estudiado. Compañeros que por lo
regular sacaban notas mas bajas que yo, salían del examen felices de haberlo
aprovado con 7 o hasta con 8, nadie con menos de 7. Les pedí a mis amigos Julio
y Gabriel a que me esperaran hasta que el Ing. R terminara de examinarme, que
por favor no me dejaran sola con el. Ya eran las diez de la noche, la escuela
estaba prácticamente vacía y tenía miedo de estar a solas con ese hombre tan
atractivo pero deprerador sexual.
Entré nerviosa a la sala de clases y me pidió que cerrara la
puerta. La puerta era muy gruesa y a prueba de ruido para excluir los sonidos
que no pertenecían a la clase. Tenía una ventanilla de unos 10 cm de ancho por
30 de altura por medio de la cual se podia ver dos terceras partes del salón.
Uno de los rincones quedaban ocultos a esta ventanilla por mucho esfuerzo que se
hiciera. En esta esquina, estaba situado el maestro con su portafolio sobre una
mesa y una carpeta abierta en donde llevaba una relación de los examinados. Me
senté frente a él. Dios! Había sido un día muy complicado. La verdad es que
estaba exhausta. Había comenzado mi día a las 4:30 de la mañana, tres proyectos
por entregar en el trabajo, una hora de tráfico, 4 horas de clases y 2 horas de
agonía esperando turno para el dichoso examen oral del famoso Ing. R. Ese día
llevaba puesto un vestido azul rey pegado a mi cuerpo, cuatro dedos arriba de la
rodilla. El escote no era muy bajo pero si quería que lo abultado de mis tetas
lograran distraer al Ingeniero durante su interrogatorio. Llevaba zapatillas
azules de charol y un bolso que le hacía juego. Atravesé el salón casi de prisa
con cada paso haciendo un escándalo típico de mis zapatillas. Al sentarme, crucé
mis piernas para sentirme relajada y le pregunté al Ing. R si no le molestaba
que encendiera un cigarrillo. El debió haber notado mi nerviosismo y me dijo que
no había problema. A continuación siguió un interrogatorio que con cada pregunta
se hacía mas difícil y absurdo. Pude percatarme que debido a que había estudiado
lo suficiente, podía defenderme de sus ataques examinatorios. Llegó el momento
que noté que él estaba perdiendo el control, no sé si por lo tarde de la noche
pues supongo que el también estaba cansado, o mas bien por el espectáculo que
mis ergidos senos le ofrecían. Llegó a preguntarme cosas tan estúpidas como
valores númericos del contenido de equis aleación en algún acero específico. Yo
lo miré a los ojos y le sonreí. Le dije en tono de sarcasmo que no me había
dedicado a memorizar tablas innecesariamente, después de todo esas tablas
siempre se usan como referencia y nunca nos había dicho que su examen también
abarcaría eso. El se sonrió con maldad y complacencia. Por fin había atinado a
un punto vulnerable de mis concocimientos. Después me enteré que a ninguno de
mis compañeros les había preguntado nada similar.
Tras mi fracaso, siguió embistiendo con preguntas similares
en contenido y estupidez. Tras unas 10 preguntas, me dijo:
-Belle, por lo visto no estudio lo suficiente . . .
Me quede helada. Me sentí frágil y atrapada. Sabía que no
importaba el examen, en realidad, el muy descarado estaba a punto de mostrar su
verdadero plan.
-Le dije que le convenía estudiar conmigo, me dijo con tono
de enfado. Que lástima que una muchachita tan linda como Usted vaya a ser la
primera en reprobar mi materia. No cabe duda que esta carrera no es para
mujeres. Por que no mejor estudió enfermería? O secretariado?
Senti como la mente se me nublaba de rabia por la injusticia.
Por un momento había creído poder ganarle al sistema. Ahora , en una fracción de
segundos podía ver que mi carrera entera estaba en riesgo pues era este
ingeniero quien fungía como jefe del departamento y controlaba los laboratorios
y materias de 4º, 5º, 6º y 7º semestres. Era obvio, que pasaba sus materias a
como diera lugar o podía irme despidiendo de la carrera.
Mi respiración estaba agitada del coraje y de la
incertidumbre. Se hizo un gran silencio.
Lentamente levanté la mirada y vi que el muy cabrón tenía su
mano sobre su pene el cual se veía erecto debajo del pantalón. Había una gota de
humedad en la tela junto a la bragueta. Apreté los ojos y me mordí los labios
llena de una ansiedad y desesperación como quien está en el fondo de una alberca
y no puede salir a la superficie a respirar. Sentía que me ahogaba. Me sentí
impotente ante la situación.
-Usted ya sabía que ésto era un examen oral, Belle. Está a
punto de reprobar mi materia. Así que puedo ponerle el 4 que ha sacado de
calificación o puede intentar persuadirme a que sea generoso y la apruebe como
favor especial. O que, ¿de plano le parezco muy feo?
Con lágrimas en los ojos, le repliqué:
-Es que no puedo ingeniero.
-Belle . . . relexione . . . yo quiero ayudarla. Pero si
Usted no quiere, pues que le vamos a hacer . . .
Tomo su bolígrafo y se dispuso a escribir en su registro de
calificaciones.
Titubié, pero al fin salió de mi garganta casí un murmullo:
-Hoy no puedo . . . porque . . . estoy reglando.
Pensé que con mi mentira podría safarme del apuro.
-No te preocupes niña bonita. Ya te dije que es examen
"oral".
Mientras hablaba, se abría la cremallera del pantalón.
Prosiguió a sacar su pene que estaba ya bien erecto y humedo.
Que situación tan incómoda. Sentí que de alguna manera me iba
a prostituir. Al ver su verga, no pude disimular pues también fue inesperado su
arranque, no pude quitarle la mirada de encima. Si he de ser honesta, se me
hacía que después de todo no iba a ser un precio tan alto pasar su materia.
Mientras me armaba de valor, la veía y me imaginaba de nuevo las consecuencias
si me negaba a su propuesta tan cínica.
-¿Y bien?
Me preguntó con cierta dulzura.
-No quiero que te sientas obligada y después vayas a andar
con chismes. Si no quieres, aquí mismo se acaba todo. Abrimos la puerta y les
decimos a tus "amiguitos" lo mediocres que son para preparar a una belleza como
tú para un examen oral. Tu decides . . .
Se puso de pie y se colocó frente a mí. Su verga pulsaba
hacia arriba y hacia abajo como si tuviera vida propia. Calculé que media unos
16cm. Mientras que no era muy grande, si estaba algo gruesa y muy venosa. El
glande era mas bien pequeño.
Me pregunté a mi misma si el ingeniero se conformaría con una
buena mamada. Pero también pensaba que eso solo sería el principio, pues como
antes mencioné, el impartía materias se los semestres subsequentes.
Le dije por última vez:
-¿No hay otra forma?
Sentí su mano como me rozaba el cuello y se enredaba detrás
de mi nuca. Me jaló fimemente atrayéndome hacia sí diciendo con voz firme y
tierna:
-No, no hay otra forma . . .
Mis labios hicieron contacto con lo tibio se su glande. Cerré
los ojos y dejé de pensar. Medio abrí la boca y saqué mi lengua con la cual
toqué ese pene que se me ofrecía. En la punta de mi lengua pude sentir el bulto
de una de esas venas descomunales que rodeaban el intrumento que estaba a punto
de comerme. Me arme de valor. Realmente quería ser ingeniero y en ese momento no
estaba lista a arruinar la carrera. De pronto se apodero de mí la fuerza del
instinto. Subí mi mano izquierda hasta la altura de mi cara. Jalé mi cabello
detrás de mi oreja y lentamente la llevé hasta rodear la base de la verga con lo
largo de mi palma. La apreté y sentí un cambio en mi estado de ánimo. No quice
jugar el papel de la víctima. Mientras la apretaba, la introduje mas en mi
humeda boca. Succioné despacio mientras la resbalaba hacia afuera. Mientras
sentía su sabor, me atreví a levantar la mirada y ver la cara de mi examinador.
El tenía los ojos cerrados y aguantaba la respiración. Suspiró mi nombre "Belle
. . .", mientras se mordía el labio inferior.
De pronto fuí yo la que me sentí en control. Abrí mi boca y
sin que mis labios tocaran su piel, resbalé suavemente mis dientes a lo largo de
su macana enfocándome mas en el area de la cabeza. Hacia adentro y hacia afuera.
El gimió.
Solté su verga de mi mano y con ambas manos tomé su tracero
el cual pude apreciar que estaba duro y redondo. No pude evitar excitarme. Sentí
que el pulso se me aceleró y que toda mi piel se volvía sensible. Cada poro de
mi cuerpo se llenó de deseo. Rogué para que mis pezones endurecidos no me
dilataran por temor a quedar expuesta a mayores exigencias de mi profesor.
Mientras que estaba empezando a disfrutar de su pedazo de carne viva, no quería
prolongar el momento más de la cuenta, ni perder el control que según yo había
adquirido.
En el pasillo se oían las voces y rizas de Julio y Gabriel,
quien supuestamente cuidándome esperaban tras la puerta. Era imposible que nos
vieran.
Tomando con fuerza sus nalgas tan ricas, las apreté sin
importarme enterrarle las uñas, las cuales mi trabajo de dibujante me impedía
usar muy largas, y lo atraje hacia mí; con ésto logré envainar su espada en mi
boca hasta la mitad. Agarré ritmo y empecé a mamar desde ese punto hasta la
punta del glande con frenesí. Sentí ambas manos del curpulento ingeniero en mi
nuca y no pude evitar que presionara mi rostro hasta que en mi nariz chocaba la
tela de su pantalón. Pensé urgentemente en el riezgo de que mi lapiz labial
manchara su pantalón y de esta forma quedar descubierta ante mis amigos. Así que
mordí esa carne tan dura y suave a la vez con todas mis fuerzas. La estrategia
dió resultado pues el ingeniero dejó mi cabeza en libertad. Inmediatamente
levanté la mirada y traté de poner cara de sumisión. Me encontré con sus ojos
llenos de cólera y al mismo tiempo de pasión. Sin perder tiempo, estiré mi brazo
para alcanzar mi bolso mientras le explicaba que no le quería manchar su
pantalón con mi lapiz labial. El consintió que sacara un Kleenex y terminara de
limpiarme los labios.
En cuanto ya no quedaba mas bilé en mis labios, el tocó mi
barbilla con su mano y me estremecí. En realidad parecía un niño caprichoso.
Reincorporé mi cuerpo para reiniciar mi tarea y al mover una pierna noté que mi
vagina estaba húmeda. Sentí que el color se me subió al rostro y apretando mis
muslos deseé con todas mis fuerzas que él no llegara a darse cuenta. Nuevamente
di rienda suelta a mis instintos de mujer y tomando suavemente su erecta verga
con ambas manos acerqué mi cara y la froté por mis mejillas, por mis frente, por
mis párpados que escondían mis verdes ojos, por mi cuello, por mi nariz; me
complacía la temperatura y suavidad de su piel. Ahora era yo la que quería
sentir el placer que una verga me proporciona en la lengua, los labios y el
paladar. Empecé a besarla interminablemente desde el glande y a lo largo hasta
llegar a los huevos. Mientras la gozaba con mis labios y lengua, aproveché para
que hábilmente mis manos desabotonaran el cinturón y la pretina del pantalón. Al
tiempo que succionaba la piel de sus testículos, bajé de prisa su ropa exterior.
Al ir bajando el pantalón hasta el suelo, me bajé del asiento y me arrodillé
frente a él. El prosiguió a bajarse los calzoncillos tipo boxer que vestía; de
este modo dejando al descubierto toda la potencia de su virilidad. Deslicé mis
manos en el reverso de sus piernas hasta llegar a sus nalgas; al mismo tiempo
que introduje sus 16 centímetros en mi boca. La dejé en lo profundo de mi
garganta mientras que con mi lengua procuraba cosquillear lo largo de su estaca
y cada una de las hinchadas venas.
Sin darme cuenta y perdiendo noción del tiempo, había cerrado
los ojos para dedicarme a gozar de la calificación que me estaba ganando. De
repente sentí su mano rodear uno de mis pechos por encima de mi vestido. Lo tomó
con suavidad y poco a poco lo fué apretando hasta que me sacó un gemido. El
ingeniero había encontrado mi punto débil y yo no estaba dispuesta a detenerlo.
Supongo que se percató de cuánto estaba yo disfrutando esa mamada. Masajeó mi
seno y al ratito sentí las yemas de sus dedos deslizarse por mi piel tratando de
abrirse camino entre el escote de mi vestido. Apreté los ojos y seguí dándole
lengüetazos mientras masajeaba su cilindro y testículos con una mano.
Me estaba resultando un martirio paradójico rechazar a quien
prácticamente me estaba obligando a tener sexo oral con él, mientras que mi
feminidad deseaba que me entregara a él completamente. Antes de perder la
cabeza, decidí terminar de una vez por todas. El seguía luchando por entrar a la
desnudez de mis tetas, las cuales deseaban ser acariciadas, recompenzadas. Yo
estaba mamando y gozando a mil por hora. Inconcientemente, mis caderas habían
agarrado ritmo y mi cuerpo se retorcía incontrolablemente. Por momentos, sentí
una gran tentación de despojarme de mis ropas y hacer el amor con este macho;
pero pude guardar compostura y simplemente me dediqué a darle todo el placer que
podía. De repente, sentí como hábilmetne bajaba por mi espalda el cierre de mi
vestido. Acto seguido, desnudó mis hombros hasta que mis senos quedaron
descubiertos solo protegidos por el sostén. Moví mi mano masturbadora con mas
fuerza y rapidez al mismo tiempo que movía mi lengua como viborilla para
acariciar el tronco por la parte inferior, como medio centímetro abajo de la
cabeza. Tenía sed de su semen. Su mano por fin había encontrado la desnudez de
mi teta derecha por debajo del brasier. Sin rodeos se fué a mi pezón y después
de magrarlo unos instantes, lo pellizcó suavemente y lo retorció entre sus
dedos. ¡Oh dios! ¡Qué sensación tan agradable! ¡Qué placer tan infinito!
Súbitamente, su otra mano volvió a tomar mi nuca y sin mas, con fuerza metió
hasta el fondo de mi boca su verga que estaba mas caliente y mas dura que nunca.
Me dejé hacer. El bombeó como diez veces y mientras yo sentía sus embestidas y
como sus testículos chocaban contra mi barbilla, lo caliente de su semen empezó
a alojarse en el fondo de mi garganta. Me quedé sin respirar confundida si debía
tragarlo. El seguía llenándome de su líquido caliente y espeso el cual empezó
escurrir fuera de mi boca. Fué cuando decidí tragarlo por temor a ensuciar mi
ropa y quedar al descubierto ante mis amigos. Tenía un sabor salado y amargo. Su
orgasmo fué intenso e infinitamente largo así que me apresuré a tragar aunque lo
sentía pegado a mi garganta. Después de unos momentos mi paladar se acostubró al
sabor de su esperma y quice que no teminara de fluir. El bramaba como toro
enloquecido. Poco a poco bajó el ritmo de sus embestidas dándome tiempo para
terminar de tragarme su elixir. Soltó mi cabeza permitiéndome libertad para
proseguir a limpiarle su instrumento. Traté de ser gentil evitando lamer su
glande el cual estaba hinchado y sensible. Voltié la vista y vi que me observaba
con morbo. Me sentí suya y me hice la ilución de que el también era mío.
Me sonrió con dulzura y me dijo:
-Estás aprovada . . . que bien lo haces.
-¿Merezco el 10? Le pregunté mientras buscaba otro Kleenex de
mi bolso y me levantaba del piso duro y frío con mis rodillas entumidas.
-Déjame pensarlo . . . no estoy seguro que sea lo mejor para
tí. ¿Que dirían tus compañeros?
Vi mi reloj, eran las 10:40 PM. Me apresuré a acomodar mi
seno en el brasier y a subir mi vestido a su lugar original. Dí media vuelta
implicando su ayuda con el cierre. El no perdió el tiempo para poner una mano
sobre mis nalgas. Las mayugó un par de segundos y besándome un hombro prosiguió
a abrochar mi vestido.
-Tienes 8; es la calificación mas alta que doy.
-Pero . . .
-Nada. Y ya vámonos que es tarde. Sonríe que te has ganado tu
8 "a pulso".
Dijo mientras lo apuntaba en su libreta. Inmediatamente la
cerró y la guardo en su portafolio invitándome a salir del salón con él.
Terminé de aplicarme lapiz labial y tomé mi bolso. El taconeo
de mis zapatillas marcaban el fin de este episodio.
Julio y Gabriel aun me esperaban, su protección había
resultado inútil. La habilidad y el poder de convencimiento del Ing. R habían
sido mas fuertes. Sexualmente yo había quedado insatisfecha y aún me sentía
exitada. Disimulé frente a mis amigos y le pedí a Gabriel que, como de
costumbre, me llevara a mi casa.
Hasta donde yo se, lo que pasó esa noche, nunca se supo entre
los estudiantes.
En otra ocasión les contaré como progresó mi relación con el
Ing. R durante los siguientes examenes y semestres. Yo bien sabía que la mamada
de esa noche era solo el principio.
Cuando sucedió esto, yo contaba con 19 años de edad.