Prueba de Resistencia [Examen Oral-2]
Resumen de la Primera Parte:
Siendo una mujer joven y atractiva, me encontraba cursando la
carrera de Ingeniero Mecánico en una escuela predominada por varones, tanto
estudiantes como maestros. Era el tercer semestre de la carrera cuando el
Ingeniero "R", quien fungía como Jefe de Departamento de Resistencia de
Materiales, nos impartió el primer examen de su clase. Se trataba de un examen
oral, es decir, no escrito. El Ing. R tenía reputación de acosar a las
estudiantes y tener sexo con ellas bajo ciertas presiones. Tras una extensiva
preparación para el examen, me presenté confidente de aprobarlo sin ningún
problema pues hasta ese momento llevaba uno de los más altos promedios de mi
grupo. Pese a mis largas horas de estudio, el profesor me acorraló con preguntas
imposibles de contestar por tratarse de datos de tablas que ningún ingeniero
estudiante se pone a memorizar por ser solo herramientas de consulta. El caso es
que estaba a punto de reprobarme en ese examen. No hubiera sido una gran
pérdida, excepto que él controlaba todo el departamento que representaba un 60%
de la carrera. Tenerlo como enemigo, significaba renunciar a la carrera que
tanto deseaba. Por esta razón accedí a hacerle felacio mientras mis compañeros
me esperaban afuera de la sala de clases. Al terminar, me tragué todo su semen
para no arriesgar manchar mis ropas y que mis compañeros se dieran cuenta de lo
sucedido. Mi instinto de mujer se había apoderado de mí, y lo que en un
principio me parecía monstruoso, al sentir la humedad de mi vulva, supe que lo
había disfrutado mucho y que había quedado sexualmente insatisfecha.
Nota: Para mayor referencia, éste es el link del relato
original.
http://www..com/relato/12862/
Segunda Parte:
Al cruzar la puerta, iba con mi sexo hinchado y mojado y mi
esófago lleno de semen. Me había quedado con ganas de experimentar el clímax, de
aprovechar la dureza de ese pene al máximo, de hacer el amor. Sin embargo,
frente a mis amigos, tuve que disimular para cuidar mi reputación. Rumbo a casa,
en el carro de Gabriel, mi mente generó una y mil fantasías. Desde colocar mi
mano en el sexo de mi amigo mientras él conducía, hasta invitarlo a pasar la
noche conmigo. Pero nuestra amistad estaba en juego y no la quise arriesgar. A
pesar de que él me comentó que me notaba rara, no quise platicarle lo que me
ocurría. No me atreví a decirle que conforme el semen del Ing. R iba
deslizándose hacia mis entrañas, al hacer digestión, empezaba a irrigar mis
venas sanguíneas con un intenso deseo de hacer el amor, de estallar por dentro.
Al llegar a mi casa, Gabriel se despidió como siempre,
arrancó su VW y yo entré a mi departamento, me metí a la cama aunque pasaron
horas antes de que pudiera conciliar el sueño. Por dentro sentía un fuego que me
quemaba. Estaba muy confundida. Por un lado, deseaba que no hubiera pasado lo
que pasó; que no hubiera tenido que mamarle la verga al ingeniero bajo la
presión a la que me había sometido. Pero por otro lado, seguía excitada, con
muchos deseos de que el Ing. R estuviera en mi cama en esos momentos,
follándome. Creo que de alguna manera, a partir de ese día, le pertenecía y él
era dueño de mis deseos.
Al despertar por la mañana, volvía a la misma de siempre.
Todo regresaba a su lugar. Por lo menos eso es lo que yo creía; sin sospechar lo
que seguiría.
Las ocupaciones de mi trabajo me hicieron olvidarme, por
falta de una mejor palabra, de lo acontecido el día anterior. Sin embargo, rumbo
a la escuela, al terminar mi jornada laboral en el despacho, los nervios se
apoderaron de mí. ¿Cómo reaccionaría al verme? Y yo, ¿lo odiaría? ó ¿lo desearía
tanto como hasta ese momento lo había estado haciendo? ¿Y si me ponía en
evidencia ante mis compañeros? Ganas no me faltaron de renunciar a la carrera y
no volver a pisar el plantel. Sin embargo pudieron mas mis deseos, tanto de
estudiar como de volverlo a ver. Al llegar al plantel, no noté nada extraño.
Nadie me miró diferente, ni comentaron nada que me hiciera sospechar que estaba
en boca de todo el mundo. Eso me tranquilizó por el momento y me enfoqué en los
problemas del día.
Cuando llegó la hora de la clase de Resistencia, nos avisaron
que el Ing. R se había tomado el día y que no iba a acudir. Eso me lleno de
alivio. Sin embargo estaba consiente que tarde o temprano tendríamos que volver
a estar frente a frente. La siguiente clase con él sería la semana siguiente.
Los siguientes días fueron un suplicio pues mi mente seguía
amalgamando la repugnancia de lo sucedido con los deseos de que volviera a
suceder.
La semana siguiente, llegada la hora de su clase, lo sentí
entrar con su plomada de costumbre. Seguro de sí mismo. Busqué su mirada pero si
bien no me esquivó, tampoco me vio firmemente a los ojos. Mas bien, lo sentí
indiferente. Nuevamente, me sentí aliviada, pero al mismo tiempo me hizo pensar
que mientras que esa mamada para mí había quedado grabada en mi mente para el
resto de mi vida, para él pareciera ser de poca importancia. Suspiré y me hice a
la idea que el episodio estaba olvidado, que para él había sido un orgasmo más.
Sin embargo, al impartir su clase, en varias ocasiones noté
que se plantaba de pie justo frente a mi pupitre. Sus ojos veían a todo el
grupo, pasando por mi mirada por escasos milisegundos. No pude evitar voltear mi
mirada a su paquete a escasos centímetros de mi rostro. Ahí estaba, bajo la tela
de su pantalón. Podía imaginarlo con mirada de rayos-X. No pude evitar morderme
el labio inferior y notar que me regresaba la excitación y que mis pezones
estaban endurecidos y cosquilleantes. Me volvía e preguntar si me habría
embrujado con el elixir de su semen pues sentía su presencia en cada una de las
células de mi cuerpo.
Así fueron transcurriendo los días. Mientras lejos de él, lo
recordaba, lo deseaba. Mientras en su clase, lo desnudaba con la mirada y volvía
a vivir los momentos en que tuve la oportunidad de comerme su pene y su semen.
Si estaba de espaldas, mientras escribía en la pizarra, podía ver lo robusto de
su espalda y la redondez de su trasero hasta casi sentirlo de nuevo entre mis
manos. Al poco tiempo, nos volvió a dar fecha de "examen". Al oír esa palabra,
la sangre se me congeló pues sabía que era la ocasión que él aprovecharía para
tenerme a su merced. O la mía de volver a estarlo. Lo raro, es que ya no se me
acercaba para proponerme ayuda privada o para acosarme de ningún modo.
Estudie como drogada para ese examen, el cual sería
nuevamente "oral". Como siempre, estudie con Julio y con Gabriel la parte
académica. Pero por dentro sabía que tenía que estudiar de otro modo para la
parte más importante de mi examinación. Me sentía muy confidente de mis
habilidades de dar placer a un hombre con mi boca, pero no estaba por demás
estudiar un poco. Encontré mas de un libro con lecciones ilustradas. Practicaba
con bananas, y con salchichas. Leía con atención y después metía en mi boca la
banana sin cáscara hasta rozar mis amígdalas. La succionaba sin descomponer la
textura de la fruta. Si la textura empezaba a desaparecer, era prueba de que
estaba succionando muy fuerte y volvía a empezar con un plátano nuevo. Mientras
succionaba plátanos, me imaginaba el pene de mi profesor. Me inspiraba para
hacer buen papel el día del examen.
Así llegó la fecha de la prueba. Yo era un manojo de nervios.
Miedosa pero ansiosa. Temerosa pero deseosa. Supuse que en esta ocasión él no
concedería ante la mentira de mi supuesta menstruación. Así que decidí vestirme
de tal forma que las cosas fueran más fáciles para ambos. Falda amplia, con
medias y liguero y una tanga diminuta. En sí, menos complicaciones de atuendo.
Opté por una falda negra de tablones en frente, arriba de la rodilla, medias
negras, liguero negro, y tanga roja. También me puse un brassiere negro de
encajes preciosos y broche enfrente y una blusa gris de seda con hombreras.
Zapatillas negras. Iba dispuesta a todo. En el fondo, creo que más que el
examen, me importaba la oportunidad de volver a estar con él, de volver a
saborear la piel de su largo y grueso instrumento masculino; de volver a
alimentarme de su semen que me había mantenido tan inquieta las últimas semanas.
Pedí permiso en mi trabajo para salir temprano. Así llegué
sin prisas a la escuela, pero llena de emociones encontradas. Estábamos todos
los alumnos en la sala de clases cuando el Ing. R arribó para dar comienzo a la
Prueba de Resistencia de Materiales. Al darnos la orden de salir, me puse de pie
y el instintivamente me vio y no pudo evitar estudiarme de pies a cabeza. Yo
sonreía para disimular mis nervios. Él correspondió a mi sonrisa y me llenó de
miedo, sentí que me faltaban fuerzas y las rodillas me temblaban. ¿Se apiadaría
de mí? Apiadarse con solo examinarme en cuanto a su materia de Resistencia, o
apiadarse de mí saciando mis deseos y haciéndome suya de una vez por todas.
Salimos todos, menos el primer alumno que debería ser
examinado. Aproveché para ir al tocador a arreglarme el maquillaje. Al regresar,
el segundo examinado estaba con el profesor. No tardó mucho en salir y decirme.
¡Belle, sigues!
Sentí mis manos heladas. Hice un esfuerzo y tomando mis cosas
me dirigí hacia la puerta de entrada oyendo a mi paso los "¡suerte!" de ánimo
por parte de mis compañeros. Aspiré todo el aire de que mis pulmones son capaces
y cerré la puerta tras de mí.
El ingeniero estaba tras su escritorio pero al verme entrar
se puso de pie de inmediato y salió a mi encuentro. Tenía un semblante de calma
y a la vez de picardía. Caminé hacia él con cierta seguridad, como si a su lado
se disipara cualquier posible temor. Me saludó en una forma mas personal y me
acompañó hasta el asiento donde habría de examinarme. Sin preámbulos, empezó con
las preguntas técnicas propias de un examen de esa materia. Íbamos como en la
cuarta pregunta cuando sin terminar de pronunciarla, me miró a los ojos y con
voz suave me dijo: "Ahorrémonos tiempo...".
¿Qué quiere decir? – Le pregunté con discreción,
imaginando sus intenciones de reprobarme y pedirme favores sexuales.
Que veo que se ha preparado muy bien y no quiero cansarla
con tantas preguntas estúpidas. Mejor de una vez le digo que tiene 6 y aquí
le paramos.
Pero profesor, Usted sabe que merezco mas que seis. – Le
repliqué desesperada al ver que las dos cosas para las que me había
preparado se me escapaban del alcance. Un 6 no era aceptable y menos sin
habérmelo ganado, propiamente hablando.
Me he preparado como Ud. no tiene idea para terminar con
un 6 mediocre. Por favor, sígame examinando. – supliqué.
No. No hace falta. Tiene 6, es final... – dijo, mientras
se disponía a anotarlo en su libreta. – ...A menos que quiera un crédito
extra...
Cruce una pierna encima de la otra y empujando mis hombros
hacia atrás, procuré sacar hacia el frente mis senos voluminosos. Lo vi
desafiante a los ojos. El se levantó y caminó hasta estar frente a mí.
Yo le doy hasta el 6, Usted gánese el resto Belle.- Me
dijo con voz tierna.
Su paquete estaba al alcance de mis manos. Sin titubear,
estiré mis brazos y alcancé su cremallera. La sangre empezó a calentarse en todo
mi cuerpo. Bajé su cierre y desabroché su cinturón. Bajé su pantalón al igual
que su ropa interior. Frente a mis ojos quedó desnuda al fin su hermosa verga
que ya había alcanzado una dureza impresionante. Sin mas, la tomé entre mis
manos. Fijé mi mirada y disfruté su belleza mientras se registraba en mi
memoria. No era excepcionalmente larga, mediría unos 16 cm, sin embargo el
grosor era increíble. La cabeza era enorme, como una pelota de golf. La base del
tronco debería medir unos 5 cm de diámetro y por todo el rededor estaba forrada
de venas chicas y grandes. Había una que casi parecía un nervio, corría a todo
lo largo por la parte superior. Al palpitar, parecía que reventaría la piel que
la cubría. ¡Oh Dios, sólo recordarla vuelve a humedecer mi entrepierna!
Me levanté de golpe y tomando mi bolso, empecé a caminar
hacia la puerta. "Mejor me quedo con el 6, le dije arrepentida. En cada paso me
daba cuenta de cuan húmeda estaba mi vagina.
Si sales de aquí, tienes 6 en este examen, pero la
materia no la pasas. ¡TE LO ASEGURO! – Me gritó mientras terminaba de
quitarse el pantalón y se sentaba sobre su escritorio.
Me paré en seco. Realmente, esto no era un juego. Estaba
atrapada. Resignada, giré media vuelta y caminé hacia él hasta llegar a
arrodillarme dispuesta a empezar mi Prueba de Resistencia.
Sin demora, tomé con una mano ese pedazo de carne que hervía
de deseos de ser acariciado. Lo masturbé por unos segundos mientras terminaba de
acomodarme y en seguida acerqué mi cara hasta que mis labios lograron contacto
con la piel de su glande. Cerré mis ojos y perdí la calma. No supe mas de mi
decencia. Besé ese hermoso pene con vehemencia. Desde la cabeza hasta la base.
Al llegar a los testículos, saqué mi lengua y me dediqué a lamerlos con la
suavidad que había estado practicando mientras los masajeaba con mis manos. Mi
excitación iba in-crescendo. Con sus manos, él colocó mis cabellos detrás de mi
nuca. Lo oía gemir y yo gemía con él. Me dirigí al glande, con una piel tan
suave y tersa pero caliente. Froté mi lengua repetidamente alrededor del ojillo,
luego froté mis dientes con la máxima suavidad mientras mis manos se entretenían
con el resto del tronco y los huevos. Seguí besando y lamiendo todo lo largo,
cada vena. Puse especial atención a esa vena descomunal en la parte superior,
sentía que me volvía loca de gusto. Recorrí todo lo largo de la vena principal
mientras la besaba, succionaba y viboreaba.
Todo esto en realidad sucedía muy rápido. En breves momentos
tomé el glande con mi boca y empecé a introducir el resto de tan grueso y
suculento miembro. Mientras la sacaba y metía de mi boca con los movimientos de
mi cabeza, lengüeteaba esa fina y tibia piel. Por fin abrí mi boca completamente
y la enterré hasta mi garganta. Sus vellos púbicos se enredaban en mis dientes.
Al sacarla, la ensalivaba y con delicadeza la succionaba con mis labios puestos
en forma de "O". Apenas me alcanzaba la boca para el grosor de semejante verga,
y la cabezota empacaba el orificio de mi garganta completamente. La retuve por
unos momentos y mientras la succionaba y acariciaba con mi lengua, movía mi
cabeza en círculos. El ingeniero se retorcía de placer. Podía oír su respiración
agitada. Podía sentir todo su cuerpo estremecerse. Sentirlo arder me excitaba
aún más. La mezcla de mi saliva y su líquido preseminal escurría por todo lo
largo del tronco hasta su pelambre y testículos.
Con precisión en mi ritmo, abría mi boca y de un golpe dejaba
caer mi cabeza hasta tener su espada enterrada hasta la boca de mi esófago. La
sacaba lentamente, y volvía a dejarme caer logrando profundas penetraciones.
Conforme lo iba sacando, seguía saboreando con mi lengua su sabor agridulce y
acariciando con todo lo carnoso de mis labios lubricados y sensibles.
Estaba consiente que no contaba con mucho tiempo o se
levantarían sospechas. Pero tampoco quería que terminara tan pronto. La verdad
es que lo estaba gozando mucho. Me sentí adicta a su semen y tenía una gran
necesidad de extraerlo y sentir su calor ya fuera en mi piel o en mi boca. Lo
imaginaba conforme me dedicaba a mamar y me llenaba de ansias. Ansias que se
convertían en desesperación. Desesperación que se transformaba en la energía que
me impulsaba a chupar con dulzura, a succionar y besar. A ensalivar y frotar mi
lengua en busca de su eyaculación, de su lava. Paciente esperaba el momento de
su clímax, de su erupción de volcán ardiente.
Alternaba entre masajear sus huevos con mis manos y mamar su
macana, con lamer sus testículos y pajearlo a diferentes ritmos.
Sus manos acariciaban mi cabeza, luego pasó una mano a mi
espalda para rápidamente llegar a mis senos que danzaban al ritmo de mis
embestidas sobre su falo. Al sentir como apretaba con fuerza uno de mis pechos,
me estremecí y no pude evitar casi gritar del placer. Solté su verga
momentáneamente para desabrochar mi blusa y desprenderme de mi sostén. Mis tetas
flotaron libremente de inmediato. Tome cada una de ellas con mis manos y
levantándolas en señal de ofrecimiento y provocación, le pedí que se pusiera de
pie.
Se colocó de pie frente a mí mientras yo acercaba mis senos a
la altura de su carne endurecida y babeante. Abracé su pene con mis senos
mientras que los movía a su alrededor con toda la rapidez que me era posible.
Nos veíamos a los ojos y ambos fruncíamos la cara pues a los dos nos resultaba
mucho placer. Luego la tomé con una mano y la pasé por toda mi cara, oídos,
mejillas, párpados, nariz, para rematar con tenerla de nuevo en mi boca.
Volvió a encargarse de mi pelo, manteniendo su mano en mi
nuca. La otra mano me propinaba pellizcos y caricias deliciosas en mis pezones.
Su posición de pie, le permitía moverse libremente para follarme por la boca.
Movía sus caderas en un vaivén metiendo y sacando toda su espada hasta mi
garganta. De mi boca solamente salían algunos sonidos gluterales pues su verga
era verdaderamente gruesa y sellaba hasta las comisuras de mis labios. Una de
mis manos estaba en sus redondas nalgas, las frotaba y las estrugía. Mi otra
mano estaba en los sacos de sus testículos que danzaban y golpeteaban mi
barbilla. Yo movía mi cintura y apretaba mis muslos pues sentía que mi vulva
estaba por reventar.
¡PÁRATE!
Me ordenó con voz de comando.
Yo me coloqué sobre mis pies pero sin dejar de mamarle la
verga. Me sostuve de sus muslos. Mi cuerpo doblado en 90 grados con mi trasero
columpiándose en el aire y moviéndose como remolino. Abría mi boca y lengüeteaba
desde su glande hasta la base cuando sentí que sus manos levantaban mi falda y
en breve se abrían camino entre el hilo de mi tanga para toparse con mis labios
vaginales ahogados en la laguna de mis líquidos. Al sentir que sus dedos me
penetraban, mis ansias crecieron mas y mamé como nunca. Mamé incansablemente. Me
comía toda esa barra venosa. Sentía como sus dedos se abrían camino entre mi
orificio al tiempo que sentía sus venas palpitar entre mi lengua y paladar.
Agitaba sus manos en círculos haciéndome estremecer y morder
su verga en la parte más gruesa. Luego buscaba mi clítoris y lo frotaba con
suavidad al tiempo que sus dedos los hacía vibrar con movimientos oscilantes y/o
pulsantes. Yo estaba abierta de piernas para darle acceso. Él jadeaba y seguía
embistiéndome con su verga por la boca. Apresé su polla y la succioné. La chupé
y llené de lengüetazos. La mantuve en mi boca disfrutando cada embestida que mi
follador me daba. Sus jadeos aumentaban. Su falo se endureció mas y era
increíble la forma en que las venas se hincharon, pareciera que iban a reventar.
Sus jadeos dejaron de escucharse pero sus dedos seguían cosquilleando mi cuevita
y mi botoncito de placer. Las descargas de semen que inundaban mi boca eran
enormes. No me daba abasto para tragar tanto por mas que lo intentaba. Por las
comisuras de mis labios escurría ese líquido espeso y caliente mientras que el
no dejaba de follarme ni yo de tragarme la dosis de semen por la que había
venido. Al sentir los primeros chorros de su lechita, apreté los ojos y no pude
evitar correrme en un orgasmo infinitamente intenso. Sus dedos me seguían dando
placer aunque creo que el ingrediente principal fue el semen abundante y espeso
que inundaba mi boca.
Volví a ponerme de rodillas. Con mis dedos quité el semen de
mi barbilla y cuello por donde empezaba a escurrir. Lo llevé a mi boca y lo comí
como el resto de esa rica lechita. Terminé de limpiarlo con mi lengua y procedí
a vestirme.
Mientras nos vestíamos y me arreglaba el maquillaje, el Ing.
R me dijo que mi calificación había mejorado considerablemente. No quise
preguntarle que calificación me daría, sabía que no era negociable. Además, me
sentía mas recompensada con ese intenso orgasmo que con cualquier calificación.
Vi que anotó mi calificación en su libreta.
Dile a Jiménez que sigue. – me dijo mientras abría la
puerta, dispuesta a salir.
Vi mi reloj. 12 minutos de examen, tendría que ser más breve
con el resto de los estudiantes.
Raúl Jiménez. Tu turno...- Dije conforme salía de la sala
de clases.
Nos vemos en el Examen Final.- Me dijo el Ing. R. con
tono de amenaza. – ¡Y ese examen no es oral!