No soy una niñita, recién salí de la universidad y no me
había “estrenado” (como le digo yo), no sé exactamente por qué; la gente dice
que no soy fea y la razón que me dieron algunos hombres con los que había estado
a punto de hacer algo, fue que yo no era mujer de una noche... que yo era para
una relación seria, cosa que a mí no me atrae en lo más mínimo.
Hace un par de meses, mi prima Karina y yo salimos a tomar un
café y ahí nos encontramos a nuestro amigo Jorge y decidimos irnos a bailar,
fuimos a un bar donde estaban unos amigos de él, los saludamos y uno de ellos me
gustó, se llama Juan Carlos, pero en ese mismo momento llegó el mesero y
entonces se me olvidó que Juan Carlos existía. Pasado un rato, me dediqué a
coquetearle a Eduardo, el mesero y no se hacía mucho del rogar, porque pasaba
más tiempo del normal en la mesa; por fin se sentó y me pidió mi número
telefónico, así que tomé una servilleta y lo anoté junto con algunos piropos y
propuestas subiditas de tono, él me dio otra doblada, con su nombre y su
teléfono y me la metí en mi bra, como no traía bolsas, porque la quise poner en
un lugar seguro, donde no la fuera a perder.
Luego tuvo que ir a atender otra mesa y regresó a agradecerme
lo que le había escrito y estuvo un rato conmigo, pero me dijo que tenía que ir
a no sé dónde y que regresaría en una media hora, así que me puse a platicar con
Juan Carlos que estaba solito. En eso, alguien me tiró un tequila en las piernas
y Juan Carlos se puso a secarme con una servilleta, tenía su cara tan cerca de
la mía que no resistí la tentación y lo besé suavecito, él respondió de una
manera más intensa... estábamos besándonos muy rico, pero me di cuenta que ya no
estaba Karina, así que fui a buscarla al baño y ahí estaba ella besándose con un
tipo, yo entré al baño y al salir, la vi recargada en el lavabo, le pregunté si
estaba bien y me contestó “no”.
Eso me espantó y le dije “¿cómo que no?, ¿qué te pasa?” y
ella me comentó “estoy mal”, por lo que le vilví a preguntar “¿cómo mal? ¿por
qué? ¿qué te pasó?”, entonces ella dijo “ya no me puedo parar sola, si me suelto
me caigo, estoy muy mal” y le dije apresuradamente “espérate ahí, no te sueltes.
Luego, fui a llamar a Jorge y entró al baño a ayudarla pero lo sacaron, entró
una mujer que le dio a Karina algo para que se le bajara y después de un rato
dijo que ya se quería ir; Jorge se hizo cargo y en la salida, el mesero me
preguntó si todo estaba bien, le respondí que sí y me recalcó que tenía la
servilleta que le había dado, le dije que yo también tenía la suya y en ese
momento pensé que la velada se había terminado y que por lo menos, tenía el
teléfono de Eduardo y él el mío, de Juan Carlos ni me acordaba.
En el auto estábamos tratando de decidir qué hacíamos, si
íbamos para mi casa o para la casa de Jorge y a ver cómo le hacíamos para
bajarle el alcohol a Karina; entonces Jorge propuso que fuéramos a un motel,
cosa que me pareció de maravilla, ahí podría bañar a Karina para que se le
bajara. Me quedé tranquila y en eso, me di cuenta de que Juan Carlos iba con
nosotras y además, iba muy junto a mí y pensé: “mmm, pero si este hombre no esta
nada mal” y lo volví a besar, estábamos fajando cuando Jorge dijo que nos
esperáramos a llegar al motel, a mí me dio risa, porque no me parecía un faje
tan intenso, nos besábamos y nos acariciábamos, pero nada fuera de lo normal.
De repente, Juan Carlos me tomó la mano y la metió en su
pantalón, más bien en su bóxer, eso me sorprendió mucho pero no la saqué, sonreí
y le dije “¿qué es esto?” mientras acariciaba su pene calientito y duro;
entonces, él también sonrió y dijo “adivina, sigue tocando así y verás qué es”;
seguí besándolo y masturbándolo, me gustó mucho la sensación, hacía tiempo que
no tocaba uno y su cara de placer me fascinó. No me pareció que pasara mucho
tiempo, llegamos al motel y pedimos un solo cuarto porque solo íbamos a bañar a
mi prima.
Entramos y yo me bajé a ayudar a Jorge con Karina, la
acostamos en la cama y después entró Juan Carlos; los tres nos metimos al baño,
para ver cómo la iba a bañar, abrí las llaves y ¡no había agua! y entonces
reclamé “¿qué clase de motel es este?”. Jorge contestó que era uno bueno, que
iba a ver lo que pasaba con el agua y salió, yo iba detrás, pero Juan Carlos me
tomó de la mano, me retuvo en el baño y cerró con seguro la puerta, yo le
pregunté que qué hacía y me dijo “vamos a seguir con lo que estábamos haciendo,
¿no?”, le sonreí y le respondí simplemente “bueno”, así que volvimos a besarnos,
su lengua se enredaba con la mía sin prisas, me la pasaba por los labios y me
mordía suavemente provocándome mucho placer, además, me acariciaba despacio, sin
apuros por llegar a ningún lado, recorría la espalda, las caderas, los brazos,
era más sensual que sexual el asunto y me estaba gustando mucho, hasta que sentí
que no traía blusa, la recogí del piso y me la puse, me dirigí a la puerta y
Juan Carlos me tomó de la mano otra vez y me dijo que a dónde iba.
Le respondí “a ver que pasó con Jorge y a ver si esta bien
Karina” y él replicó “si Jorge no ha tocado es porque no hay agua, ven, quédate
conmigo”. Le dije que no y aunque él me preguntó varias veces que por qué y no
le di ninguna razón válida, ni siquiera un “no quiero”, porque en realidad si
quería pero me daban nervios; me encantó que me dijera muchas veces “dime qué
quieres que te haga y te lo hago, sólo dime” y añadió “en serio, te hago lo que
quieras, lo que me pidas”.
Yo de nervios le respondía que no quería que me hiciera nada
y Juan Carlos me decía que eso no se iba a poder y me aprisionaba contra la
puerta, volviéndome a besar así como me gusta, me volvía a acariciar sin prisas
ni presiones; me besaba el cuello y me decía que yo le gustaba mucho, que quería
hacerme el amor, que sabía que yo también quería y me decía muchas cosas que me
gustaron y me excitaron mucho. Yo le decía que no entre gemidos suaves de
placer, le decía que no, pero tenía las manos debajo de su camisa, acariciándole
el torso, los pezones, la espalda, el trasero, mientras él me apretaba contra la
puerta para que sintiera su pedazo duro contra mí a través de la ropa y eso me
ponía a mil, pero entonces pensé en lo que estaba pasando y lo que podría pasar,
dije “no” y lo separé de mí.
Se acercó a mí de nuevo con esa actitud de “te voy a coger”,
me jaló hacia él y me dijo que sintiera cómo estaba, sentí de nuevo su pene
rígido contra mí, yo le sonreí y le rodeé el cuello con los brazos y lo volví a
besar. Juan Carlos pasó sus manos por mi espalda y siguió a mi trasero (me gusta
mucho que me acaricien las nalgas), lo estrujaba, lo acariciaba y no dejaba de
hacerme gozar y sin soltarlo, comenzó a besarme por el cuello y empecé a gemir,
luego pasó sus manos a mis senos y los apretó con suavidad y sonreí, sus besos
siguieron bajando y con ellos bajó mi blusa, se cayó la servilleta con el
teléfono del mesero y pensé en levantarla después.
Por fin se desabrochó el pantalón mientras yo le desabotonaba
la camisa y ahí le comencé a besar el torso, él me tomó la mano y la puso en su
pene otra vez, así que lo acaricié, pero no me acomodaba y la subí, mientras
volvía a besar y a acariciar su torso, en especial, sus pezones porque parecía
disfrutarlo mucho, como esta más alto que yo, me tomaba de la cintura y me
apretaba contra él, haciéndome sentir su pene duro, eso tenía un efecto
inmediato en mí y era bastante obvio, le chupaba los pezones con más fuerza y
gemía con cada arrimón.
Aprovechando mi cachondez, volvió a agarrarme las nalgas,
encontró el cierre de mi pantalón y lo bajó, me saqué de onda y le puse mil
pretextos diciéndole que no, volvimos a besarnos y yo le seguía diciendo que no,
pero hacía otra cosa completamente opuesta. En eso me dijo “ahora me toca sentir
a mí” y comenzó a besarme y a acariciarme los senos, eso no me produjo tanto
placer, creo que lo notó porque pasó sus manos a mi trasero y luego deslizó su
mano por delante y la metió entre mis piernas, sin dejar de chuparme los
pezones; eso me encantó, no esperaba que me metiera la mano tan rápido y lo
mejor, que empezara inmediatamente a masturbarme tan rico.
Di un respingo y empecé a gemir de gusto..., para ese momento
ya nos habíamos dado cuenta de que soy muy “expresiva”, gemía con fuerza
mientras seguía besándolo y no dejaba de acariciarlo por donde podía; él me bajó
completamente el pantalón y me mostró su mano brillando por mis juguitos, le
sonreí y seguí besándolo, yo quería seguir sintiendo su mano entre mis piernas.
Seguimos besándonos, acariciándonos y masturbándonos, después se puso el condón,
me cargó y me puso contra la pared, entonces me asusté y le dije que no otra vez
y bajé las piernas, me acomodé la ropa y le jalé el condón, él lo detuvo, aparté
su mano y se lo quité despacito, acariciándole el pene, ya no opuso resistencia
y me preguntó que por qué no quería.
Mientras nos poníamos la ropa le dije que era virgen y me
prometió hacerlo suavemente, me atrajo hacia él y nos volvimos a besar, sentir
su pene duro contra mí y sus manos en mi trasero otra vez fue lo que me
convenció en ese momento... y de nuevo me quitó la ropa, yo le quité el pantalón
y la camisa, nos acostamos en el piso (que por cierto estaba muy frío) y me
besaba toda, yo estaba nerviosa y no podía disfrutar mucho, hasta que empezó a
besarme las ingles mientras me metía un dedo en la vagina y comenzó a
masturbarme riquísimo, yo casi gritaba de placer mientras él seguía en su labor
y me preguntaba “a ver ¿te duele?” (metiendo un dedo y moviéndolo). Yo apenas si
le decía que no entre tanto gemido, metía mis dedos en su cabello y lo empujaba
hacia mí, él metía otro dedo y me decía “¿y así te duele?” mezclando mi “no” con
un grito le pedía que siguiera.
Estuvo un rato haciéndome gozar, yo estaba excitadísima y de
repente sacó sus dedos, se puso otra vez el condón y me abrió las piernas, sentí
la punta de su pene y con las mismas piernas lo empujé y le dije que mejor no,
le pedí disculpas y nos vestimos de nuevo, seguimos platicando y me ofrecí a
chupárselo un rato, pero nada más (chupar un pene era y es una de mis
fantasías), Juan Carlos accedió con una sonrisa.
Nos empezamos a besar de nuevo así como al principio, sentía
su pene duro contra mí, él dijo que le gustaban mucho mis senos y los volvió a
sacar para acariciarlos, apretarlos, chuparlos y besarlos tiernamente... y
estuvo así un rato, pero a mí no me excitaba mucho, así que le pedí que los
mordiera y lo hizo suavemente, eso me gustó más. Él se dio cuenta y me bajó el
pantalón y metió su mano a mi vulva para sentir lo húmeda que estaba, yo también
le bajé su pantalón y su bóxer y sonreí al ver su miembro bastante dispuesto,
entonces lo acaricié y lo masturbé lo mejor que pude mientras le besaba los
pezones, él gemía y eso me gustaba, sacó su mano mojada y me la pasó por los
pezones, yo le apretaba con más fuerza el pene y él gemía más fuerte.
Luego lo solté, puse mis manos alrededor de su cuello y
regresé a su boca, a fundir mi lengua con la suya mientras sentía de nuevo su
pene como me gusta, fuerte e inflamado contra mi abdomen, sin nada entre los
dos; sus manos en mis nalgas me excitaban mucho, empecé a bajar y a hacer un
caminito de besos desde la boca, pasando por el cuello y sus pezones en especial
y para cuando llegué a su ombligo, me dijo que me esperara, bajó la tapa de la
taza del baño y se sentó y dijo “ahora sí”, entonces me arrodillé y le acaricié
su pene, lo vi detalladamente, me acerqué a él y empecé a hablar, quería que
sintiera mi respiración y mi aliento muy cerca.
Entonces le dije “¡wow, qué color! y esta muy caliente y muy
duro (con las dos manos lo aprisionaba) y todas esas venas (pasando un dedo por
cada una), ¿por aquí sale todo? (acariciando la cabeza y el hoyito suavemente)”
y él dijo “¡ajá!”, (apenas si respondía, tenía una cara de placer hermosa,
sonreía y gemía mucho); entonces le comenté “me gustan tus testículos” y le me
indicó “bésalos”.
Le hice caso y comencé a besarlos, escuché cómo gimió más y
me gustó, empecé a pasarle la lengua y gimió aún más fuerte y comencé a subir
alternando mis besos con mi lengua, detallando las venas, subía hasta un poco
más de la mitad y regresaba a los testículos, llegué al borde del glande y lamí
mucho más, él estaba disfrutándolo mucho y me pidió más, sonreí y lamí con más
ganas; siguió pidiendo “la punta, por favor, la punta”, así que la absorbí y la
succioné con fuerza (me encanta hacer lo que me pidan porque es placer
garantizado). Luego, me dijo “chúpalo todo” y me lo metí lo más que pude en la
boca y empecé a subir y a bajar, mientras se lo apretaba con los labios, pero me
daba nervios arruinarlo con los dientes, así que opté por chuparle la cabeza y
jalarle el tronco con las manos al mismo tiempo y de todos modos obtuve la
respuesta que esperaba “así, así, sigue, más, más”, eso me excitó mucho,
escucharlo gozar y pedirme más.
Yo deseaba darle mucho placer y parecía que lo lograba, me
emocioné mucho y le chupaba esa cosa tan rica casi con devoción. Eso me excitó
muchísimo, escucharlo gemir y que no supiera ni cómo moverse o qué hacer del
placer que le estaba dando, porque comenzó a agitarse y a balancearse hacia el
frente y hacia atrás, yo ya no estaba húmeda, estaba empapada de la excitación,
realmente esperaba que terminara en mi boca, ya que esa es una de mis fantasías
favoritas, tomar semen “directo del envase”, pero de repente, me dijo que me
detuviera. Yo ya me sabía la teoría, había leído cómo hacer una buena “mamada” y
unos amigos me han contado cómo es que les gusta que se los chupen y qué era lo
que les volvía locos, así que eso hice, pero al pedirme que me detuviera me sacó
de onda, definitivamente me gustó chuparlo, la sensación de calor en mi boca, de
la cabeza suave y el tronco rugoso y duro me gustó mucho, sentirlos con la
lengua y los labios fue delicioso y ¡las venas!, me encantaron las venas.
Cuando me detuve, me levanté y Juan Carlos me tomó de la mano
tiernamente y me dijo “quiero estar contigo”, yo dudé otra vez y se lo dije,
pero con mucha dulzura me atrajo hacia él y me dijo “ven, siéntate frente a mí”
y así lo hice, pero suspendida en el aire, estaba pensando que ya había hecho
bastantes cosas como para dejar todo así como a la mitad y mi pensamiento
decisivo fue “si no es ahora, será mañana”. Entonces me dijo “baja” y le
pregunté “no, me va a doler”, pero él insistió “no te va a doler, bueno, si te
duele me abrazas fuerte” y acepté “bueno”.
Primero paso la punta de su pene por mi clítoris y después,
la acomodó en la entrada de la vagina, pero me dolió porque parecía estar muy
seco, me dijo que era el condón y decidimos que sin condón, pero que terminaría
afuera. Entonces se quitó el condón, me volvió a pasar la punta por el clítoris
y luego por toda la vulva, sentí una gran diferencia, lo hizo varias veces y me
dijo “estas bien mojadita, eso va a hacerlo más fácil”; en la última pasada,
siguió de largo de la entrada de mi vagina hasta mi ano, sentí rico, pero le
dije: “por ahí no, hoy no, primero por delante, ya después lo demás”.
Él me sonrió, acomodó la cabeza de su pene duro y caliente en
la entrada de mi vagina y me dijo que bajara y lo hice muy despacito, entró la
punta y me dolió muy poco, lo abracé y seguí bajando, siguió entrando y me dolió
más, así que lo abracé más fuerte y de repente bajé toda, ya no sé si fui yo que
pensé: “ya, todo de una vez” o él me bajó, pero dejé de sentir dolor y dejé de
apretarlo, yo veía a la pared y él me preguntó “¿por qué me sueltas?” y le
respondí “porque ya no me duele, entonces me volvió a preguntar “¿ya no?” y
extrañada, le cuestioné “no, ¿qué? ¿es raro?”, respondiéndome “no lo sé, yo creo
que es bueno, ahora sube y baja, pero mírame a los ojos” y empecé a subir y a
bajar despacito y a verlo a los ojos, son hermosos por cierto.
Bueno, el caso es que yo subía y bajaba y no le encontraba lo
maravilloso al asunto, a él si le gustaba y su cara me empezó a excitar, de
repente empecé a sentir rico y la sensación aumentaba, él se movía, me mordía
los pezones y me agarraba y me apretaba las nalgas, sentía su miembro entero
salir y entrar cada vez más rápido, me gustaba hacerlo rápido y me detenía de
sus hombros, la estábamos pasando muy bien, gemíamos muy fuerte y sin cesar,
porque verdaderamente estábamos gozando nuestro placer, cuando de repente la
expresión de la cara de Juan Carlos cambió, se puso tensa y me dijo “ya...”.
Entonces me paré inmediatamente y él empezó a masturbarse y a los pocos
segundos, él eyaculó, me gustó verlo masturbarse, estaba terminado de eyacular y
pensé “si ya estuvo en mi boca, tengo que probar a qué sabe” y como si fuera
miel cayendo de una botella, tomé un poquito de su semen con mi dedo y lo probé,
no me supo a nada; Juan Carlos se sorprendió y con una sonrisa me preguntó “¿qué
haces? ¿te gustó?”, le contesté que no sabía a nada.
Entonces me puse mi ropa mientras él me platicaba que tenía
que estar en su casa a las 9 AM, le pregunté la hora y respondió que no sabía
pero ya era de día porque ya había sol, me espanté y le dije que nos fuéramos,
él pareció no haberme escuchado y me dijo “¿y si nos bañamos?” acercándose a mí
otra vez, con esa actitud de “te voy a coger”, le dije que no, que nos iban a
matar en la casa a Karina y a mí.
Salimos del baño, Jorge y Karina dormían tranquilamente, los
despertamos y Jorge nos fue a dejar a nuestras casas sin hacer ninguna pregunta
o comentario, desde que había ido a ver si había o no agua, no volvimos a saber
de él. Llegamos a la casa y nadie se dio cuenta de lo tarde que llegamos 9 AM.
¡¡Ah!! y el teléfono del mesero..., lo perdí.