Te quiero, te quiero, te quiero… por favor, mírame, es
verdad. Fue un mal momento, pero eso no cambia nada, nada entre tú y yo. Esto no
debería haber pasado, pero no puedo cambiar lo que he hecho, y eso tampoco
cambia lo que siento por ti. Eres mi amor, eres la mitad del ser que soy y,
juntos, componemos uno sólo, imperceptible a los ojos de los demás, casi etéreo.
Pero, ¿ qué nos importan los demás? Vivo en ti igual que tú en mí, no puedes
negarlo, harías cualquier cosa por mi, incluso morir, ¿ y Yo ¿, ¿ Si moriría por
ti ¿ Claro nena, ya te lo he dicho, yo soy tú y tú eres yo. Mírame. No, no…, no
con esa mirada, me traspasa, me juzga, es fría, sin sentimientos ó quizás
dormidos. Mejor con la de siempre, con la del perdón. Sí otra vez con esa, con
la del amor. Mírame con mis ojos y podrás ver lo que yo veo, podrás sentir lo
que yo siento. Mírame desde dentro… Lo ves, todo pasa, todo menos mi amor. Es
infinito. Te lo enseñaré. Ella no significa nada, ni las otras. Nadie significa
nada ni son nada. Sólo tú. Entrégate, déjate llevar, no pongas trabas, sólo
ábrete, de cuerpo y mente. Déjame entrar en ti. Déjame ser tu espía interior.
Déjame indagar en tú mente y sacar a flote lo hermoso que hay en ti. Déjame que
te coma el corazón, poco a poco, déjame chuparte por fuera, para que lo sientas
por dentro. Déjame morderte, arañarte, lamerte, incluso matarte. Porqué eres mía
y lo sabes, igual que soy tuyo. Muramos juntos. Entreguémonos al infinito y
disfrutemos de los placeres que nos ofrezca Baco. Nuestro Dios. Y ámame, como yo
a ti. Y Chúpame hasta que saques mí savia, y te impregnes de ella. Por que ella
es mi amor, y quiero que corra por tu boca, por tus pechos, que entre por tu
ombligo y sin darte cuenta resbale hasta tu sexo y fluya libremente, hasta
hacerte sentir viva. Y yo beberé tu sangre, que se mezclará con la mía, y
entonces seremos solo uno, para toda la eternidad, y no hará falta que me digas
ni que te diga, ya lo sabremos sin necesidad de mencionarlo.
Pero ahora déjame sentirte, por última vez, déjame
acariciarte, desde la nuca hasta tus pies. Déjame que provoque escalofríos en tú
piel. Si, así. Recorrerte es un placer, para todos mis sentidos. Bésame. Qué tu
lengua y la mía se pierdan en nuestras húmedas cuevas, y con esa humedad, bajar
por tu cuello, hasta tus rosados pezones. Que placer. Siento como mi daga está
apunto para cometer el primer crimen, pero espero, recorro todo tu cuerpo,
mientras observo tus ojos en blanco y lo erizado de tu piel. Me aferro a tus
caderas y poso mi caliente beso en tu tripa para, sin hacerte esperar, seguir
bajando hasta tu sexo y devorarlo. Pero siento el puñal en mi entrepierna y
tengo que hacerme paso en tu frondoso bosque. Y cuanto más penetro, más húmedo
está, y cuando quiero salir debo volver a entrar. Es como una droga, siempre me
hace recaer, y vuelvo a entrar y a salir de ti. Y Así hasta que mi mundo se
nubla y me siento un poco más cerca de tu alma y creo que te llega el momento y
estás preparada para entregármela. Noto cómo tu alma y la mía se funden en una,
y de nuevo siento que somos uno sólo.
Pero te mueves, tu alma se me escapa entre los dedos, noto
como te apartas de mí, y es en este momento cuando te siento lejos y noto como
la vida se repite y nadie, ni siquiera tú, podrá impedir que mi alma busque otra
alma, para unirse con ella, aunque sólo sea para volver a ir contigo a la
eternidad.