Entre libros (9-10-02)
Todas allí sentadas, tan monas, tan estúpidas... No me
gustaba nada estar allí, pero no tenía más remedio... Si algo bueno había en ese
internado era que todas éramos chicas... Al menos, lo iba a pasar bien... De
todas formas, tendría que trabajar mucho para conseguirlo...
Sabía que hablaban mal de mí; todas casi rubias, de ojitos
azules, bien vestiditas, y con cara angelical, de no haber roto nunca un
plato... Mi aspecto les llamaba la atención considerablemente... Era muy morena
de pelo y piel, ojos negros, rasgos fuertes, y la ropa me resultaba incómoda...
siempre llevaba las camisas por fuera y mal desabrochadas...
Llevaba ya dos semanas en el internado. Las clases eran un
fastidio, pero ya me había acostumbrado. Esa noche hacía mucho calor. Serían las
dos o las tres de la madrugada. Decidí ir un momento al baño, para darme una
ducha, y al entrar descubrí que había alguien más. Era una de ellas, una de esas
preciosas porcelanas, que lloraba desconsoladamente en un rincón. Me acerqué a
ella, un tanto curiosa y a la defensiva, por si se le ocurría ponerse a gritar o
echar a correr. Se quedó mirándome, algo asustada, y enseguida se secó las
lágrimas. Intentó levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, me senté a su
lado. Se quedó muy sorprendida, y me preguntó por qué lo había hecho. Le dije
que, a pesar de ser distinta a ellas, seguía siendo un ser humano, capaz de
ayudar a los demás a resolver sus problemas... Tras titubear unos instantes,
volvió a acomodarse y me contó el motivo por el que lloraba.
Sus amigas la habían dejado de lado, ya lo suponía, por la
simple tontería de que, un día, les confesó que había tenido sueños lascivos.
Las demás la tacharon de desvergonzada, vulgar y libertina. Yo no pude evitar
ponerme a reír, pero enseguida le pedí disculpas, diciéndole que eso me parecía
absurdo.
La consolé comentándole que eso era normal, y que las raras
eran las otras. Todo el mundo tenía esos sueños en un momento u otro, y
avergonzarse por ello era lo peor que podrían hacer...
Estuvimos más de una hora hablando. Lo cierto es que yo era
la que hablaba, ya que ella no dejaba de hacerme preguntas... Pobre animalillo
indefenso, pensé... Necesita que alguien le quite la venda de los ojos...
Me acordé que había venido a ducharme, y se lo comenté. No
dijo nada, y me dispuse a quitarme la ropa. No me quitó el ojo de encima...
Observaba mi cuerpo detenidamente, sin perder ni una curva, ni una sombra... Yo
sonreía para mis adentros... Le pregunté si le apetecía darse una ducha, y dudó
unos momentos. Se lo volví a decir, animándola para que lo hiciera, y empezó a
desabrocharse lentamente los botones del camisón.
Yo estaba ya bajo el agua, sintiendo las frías gotas rodando
sobre mi piel... Se acercó tímidamente a mí, completamente desnuda, ocultando
sus pechos con los brazos... Se colocó en la ducha de al lado, y abrió el grifo.
Tras mojarse un poco el cuerpo, cogí la esponja y la impregné de jabón. La
apretujé para formar espuma, y la acerqué a ella... Le aparté los brazos del
cuerpo, y empecé suavemente a frotarle los pechos con la esponja... Me miraba
fijamente, experimentando esa nueva sensación... Su respiración aumentaba...
Luego le di la vuelta y empecé a enjabonarle todo el cuerpo, la espalda, las
nalgas, el vientre... al tiempo que mi otra mano acariciaba cada rincón de su
piel... Después la coloqué debajo del agua, de nuevo, y le pedí que se
enjuagara. Yo volví a mi ducha y me enjaboné. Ella seguía mirándome, aprendiendo
de cada movimiento, aturdida y sorprendida, como alguien que acaba de nacer...
Tras terminar, me metí bajo el agua y acaricié mi piel,
excitándome frente a sus curiosos ojos... Le indiqué que cogiera la toalla para
secarse y así lo hizo. A continuación, hice lo mismo. Nos secamos en silencio,
intercambiando algunas miradas...
Más tarde, ya vestidas, salimos del baño y nos fuimos a mi
habitación. Lo bueno del internado era que cada una tenía su propia habitación.
Yo, a pesar de que me había vestido de nuevo, tan sólo llevaba una pequeña
camiseta de tirantes, nada más.. Ella no; ella llevaba un largo camisón que le
cubría hasta los codos y las rodillas.
Nos sentamos en la cama, de frente, y le pregunté si alguna
vez se había masturbado. Tardó en contestarme, algo tímida, pero me dijo que sí.
Lo intentó varias veces, se había limitado a acariciarse el pubis por encima de
las bragas, pero que la habían descubierto sus amigas... así que tuvo que dejar
de hacerlo. Le comenté que yo lo hacía constantemente, y que ahora la iba a
enseñar cómo se hacía...
Le pedí que se colocara sobre el almohadón, apoyando la
espalda en el cabezal, con las piernas un poco abiertas. Le dije que se subiera
un poco el camisón, y que se quitara las bragas. Así lo hizo, mientras yo me
colocaba frente a ella, de rodillas, con las piernas también abiertas...
Entonces le dije que hiciera exactamente todo lo que yo
hacía. Primero deslicé mis manos por mi cuerpo, desde mis pechos hasta mi
vientre, y ella hizo lo mismo. Esa imagen me excitaba mucho... Empecé a
acariciarme el pubis, muy lentamente, y lo tenía completamente mojado... Ella me
siguió. Estaba un poco tensa, me di cuenta enseguida... y decidí relajarla... Le
pedí que apartara sus manos y me agaché para acercar mi cabeza a su sexo. Me
quedé totalmente tumbada en la cama, boca-abajo, con mis brazos rodeando sus
nalgas, y mi cara entre sus piernas... Le dije que cerrara los ojos y disfrutara
del momento...
Deslicé suavemente mi lengua por todo su clítoris,
saboreándolo tiernamente... Tenía un sabor tan dulce... Un sabor intacto y
virgen... Riquísimo... Me emborraché de su sexo, húmedo y caliente... Ella
empezó a gemir muy fuerte, sintiendo lo que nunca había sentido... Me agarraba
fuertemente la cabeza, sin saber si apartarme de su cuerpo o acercarme más a
él...
Como pensé que se correría enseguida, decidí parar, y
acercarme a sus labios. La besé apasionadamente, dejando que saboreara su propia
esencia. Le pregunté qué tal se sentía, y me dijo que le había gustado mucho,
que se sentía muy excitada y quería más... Sonreí y le comenté que teníamos
tiempo de sobra; las prisas no eran buenas...
Le dije que ahora le tocaba a ella experimentar con sus
propias habilidades y recién adquiridos conocimientos para hacer lo mismo. Me
levanté de la cama y le pedí que me acompañara. Fuimos hasta el escritorio.
Estaba lleno de libros, así que, de un manotazo, aparté unos cuantos y cayeron
al suelo, aunque algunos se quedaron en la mesa, a mi alrededor. Me senté sobre
el tablero, de espaldas a la pared, apoyada en ella, y me abrí de piernas... El
aroma de mi sexo húmedo llegó hasta lo más hondo de su mente...
Le pedí que se sentara delante de mí, en la silla, y que se
acercara. Mi sexo quedaba enfrente de su cara, y se quedó mirándolo, sin saber
qué hacer, algo avergonzada... Delicadamente, me chupé uno de mis dedos, y luego
lo bajé hasta mi pubis. Lo deslicé por mi clítoris y por el orificio de mi sexo,
explicándole cómo había que hacerlo... Le comenté que, si lo prefería, podía
comenzar con sus dedos...
Acercó su mano a mi sexo y tímidamente empezó a acariciarme
con su dedo. ‘Piensa que es el tuyo. Imagina lo que harías con él... Debes
jugar, debes frotarlo con suavidad, debes hacerme lo que te harías a ti... Debes
masturbarme como tú te lo harías...’ le dije, y a continuación, deslizó sus
dedos por todo mi sexo, haciendo mi piel erizar al instante...
Cogí un libro que encontré por allí y arrugué las hojas
fuertemente... Había acercado su boca a mi clítoris... Lo atrapó con sus labios
y empezó a besarlo, a comérselo... Mi sexo seguía mojándose sin parar... Luego
lo lamió con la punta de la lengua, saboreando cada rincón de mi piel... De
nuevo acercó toda su boca y empezó a comerse mi clítoris como si estuviera
saboreando un delicioso helado... Quedó presa de mi sexo y se lo comía con
desesperación, susurrándome que le encantaba, que le gustaba mucho su sabor, y
que se lo quería comer todo...
Le aparté la cabeza de mi cuerpo, diciéndole que parase, que
bastaba por el momento, ya que estaba a punto de correrme. Me preguntó qué era
eso. Le dije que, cuando le pasara a ella, se daría cuenta...
Volvimos a la cama y la senté como antes, sobre la almohada.
Le quité suavemente el camisón, y quedó desnuda ante mis ojos...
Me enamoré de sus pechos perfectos, pequeños y redondos...
tan inocentes... Acerqué lentamente mi boca a ellos, y lamí sus pezones, con
suavidad, saboreando su piel... Mientras, mis manos apretujaban sus senos,
haciéndola gemir de un placer nuevo y desconocido para ella... Volví a besarle
en la boca, despacio, disfrutando de aquel instante...
Me separé un poco de ella y me quité la camiseta, dejando mis
pechos al descubierto. Ella no dejó de mirarlos en ningún momento, quieta,
curiosa, hasta que le dije que podía jugar con ellos... Me tumbé hacia detrás, y
ella se colocó sobre mí. Empezó a acariciarme la piel, despacio, y luego comenzó
a masajearme los senos... Pellizcaba delicadamente mis pezones, poniéndolos cada
vez más y más duros... acercó su lengua juguetona y curiosa y empezó a
comérselos... Le gustaba, le encantaba el sabor de mi piel... el sabor de mis
pechos...
Nos dimos la vuelta y ahora me senté encima de ella. No
dejábamos de besarnos y acariciarnos en ningún momento... Su piel era tan
delicada, tan blanca y dulce... Descendí por su cuerpo, por su vientre... y me
metí entre sus piernas. Acerqué mi cabeza a su pubis y volví a chuparle su sexo
húmedo e indefenso... Tragaba y tragaba de su esencia... me encantaba, sabía a
gloria... Ella gemía y gemía de frenesí... Acerqué mis dedos a su clítoris y me
dediqué a acariciarlo suavemente, de arriba abajo, frotándolo con cuidado,
pellizcándolo delicadamente... Luego deslicé mi dedo índice a la entrada de su
sexo, y fui apartando la piel, hasta que lo introduje dentro de su cuerpo, hasta
el fondo, muy despacio... Dio un sensual grito que me hizo comprender que le
había gustado... Me pidió que lo repitiera, y me dediqué a meterle y sacarle mi
dedo de su sexo, repetidamente, sin pausa, una vez detrás de otra, y cada vez
más rápido... y más rápido, hasta que no pudo más... Acerqué de nuevo mi boca y
sus gritos alimentaron mi sed durante unos instantes... Se estaba corriendo...
Chupé y chupé su clítoris, me comía su sexo sin parar, lamiendo su húmeda piel,
mientras su cuerpo se movía de éxtasis sin control... Estaba deliciosa... tan
suculenta...
Se cogía al edredón, agarrándolo fuertemente con sus manos,
al tiempo que sus gritos y gemidos no cesaban... Era la primera vez que sentía
un orgasmo. Me preguntó qué era lo que estaba sintiendo, por qué le gustaba
tanto... Le dije que se estaba corriendo, mientras mi lengua seguía comiéndose
su esencia... Me pidió que quería más, quería sentirlo otra vez... quería
sentirlo por el resto de su vida... Sonreí para mis adentros, y seguí chupándole
entre las piernas...
Cuando se calmó un poco, se quedó totalmente rendida...
recostada en la cama, sin apenas fuerzas... Estuve un buen rato lamiendo su
sexo, tenía sed... me gustaba mucho su sabor...
Entonces se animó de nuevo, y abrió los ojos otra vez. Le
dije que ahora probaría otra cosa nueva... Le pedí que esperase, y me fui hacia
el armario. Saqué de una mochila una pequeña caja alargada, y se la mostré.
Curiosa, levantó la tapa y quedó sorprendida por lo que vio. Me preguntó si era
de verdad. Y le dije que no, disimulando una pequeña sonrisa... Me resultaba
graciosa; cuando la miraba a los ojos, la veía con dos trenzas, con cara de
niña... comiéndose un rico helado...
La saqué de la caja y se la mostré, cogida con las dos
manos... Dijo que era enorme, y que nunca pensó que sería así... Le comenté que
era de goma, y servía de juguete para las mujeres... Como no lo entendía muy
bien, me la acerqué a la boca y comencé a chuparla, lentamente... como si fuera
una de verdad... Estuve unos instantes así, mirándola a ella a la cara,
observando sus reacciones... Me dijo que también quería probar, y se la presté.
Lo intentó varias veces, pero lo hacía de una forma brusca y precipitadamente...
descontrolada... A pesar de eso, pensé que no estaba mal para su primera vez...
Le dije que ahora debía metérmela por donde yo le había
metido el dedo... Se quedó mirándome, algo confundida, y le cogí el juguete de
las manos. Enfrente de ella, separé las piernas y, lentamente, me la fui
introduciendo entera... sintiendo cómo se abría mi cuerpo... Le iba indicando
cómo debía hacerlo... ella miraba atenta y muy sorprendida... Mi sexo empezaba a
mojarse otra vez... por tanto, podía aumentar la velocidad, y seguí metiéndomela
y sacándomela cada vez más rápido...
Me dijo que quería probar ella ahora, y me la saqué del
cuerpo, completamente empapada... La chupó unos instantes, alimentándose de mi
jugo... y luego se acercó a mi pubis, sintiendo su penetrante y profundo
aroma... Se ayudó con las dos manos para volvérmela a introducir, y yo me agarré
al cabezal de la cama. Había llegado el momento de saber si había sido buena
maestra...
Cada vez me la metía con más fuerza, creía que me iba a
morir... que en cualquier momento atravesaría mi piel y desgarraría mi cuerpo...
Y me la sacaba, y la volvía a meter... y cada vez más rápido, y con más
fuerza... hasta el fondo... toda entera... Mi cuerpo temblaba... lo estaba
haciendo muy bien... Siguió metiéndomela y sacándomela unos instantes más, hasta
que le dije que estaba a punto de correrme, y que acercara su boca a mi sexo,
para alimentarse de él... Comenzó a chuparme el clítoris, a pellizcarlo con sus
labios... Acercó sus dedos a la entrada de mi sexo, y lo acarició, deslizándose
entre la piel empapada... mientras su boca se comía mi clítoris
desesperadamente... Me corrí... Empezó a tragarse toda mi esencia, me mordía, se
alimentaba de mí... mientras mi cuerpo se retorcía de placer sobre la cama...
Aumentaron mis gritos y mi respiración... Fue uno de mis mejores orgasmos...
Mi cuerpo seguía deshaciéndose dentro de su boca, y ella no
se cansaba de comérselo sin parar... Estuvo así unos minutos, terminándose de
comer mi jugo, dejándome completamente seca... al tiempo que me calmaba poco a
poco... Le gustaba mi sexo, se había quedado pegada a él... chupaba y chupaba,
se lo tragaba mientras empezaba de nuevo a excitarme... Le aparté la cabeza de
mí, y la besé en los labios. Nos comimos mutuamente la lengua, pasándonos mi
sabor de boca en boca...
Sería ya muy tarde... Le pregunté qué tal lo había pasado, y
me contestó emocionadísima, y muy satisfecha por lo que había hecho. Le había
encantado... Le dije que debía volver a su habitación, ya que pronto saldría el
sol... era cuestión de minutos... se vistió enseguida y la acompañé a la puerta.
Me dijo que quería repetirlo todas las noches, y que se había enamorado de mí...
Aunque no creí que realmente fuera eso lo que sentía, no le dije nada al
respecto. Simplemente, le contesté que la puerta estaría todas las noches
abierta para ella...
Cuando se fue, volví a mi cama y me encontré con aquél
juguete. Lo tenía ya unos cuantos años... Me había sido muy útil en muchas
ocasiones, no sólo cuando estaba sola... Había muchas más que compartían aquello
conmigo... pero prefería no decírselo a ella, era demasiado joven en este
campo... Debía seguir aprendiendo...
Me metí en la cama con mi pequeño tesoro, y lo deslicé por mi
cuerpo hasta llegar a mi pubis. Mi sexo estaba de nuevo mojado, porque ella lo
había vuelto a humedecer con sus besos y lametones, hacía un rato... Me apetecía
correrme otra vez... Lo introduje despacio en mi cuerpo, acariciando con la otra
mano mi clítoris... y comencé a meterlo y sacarlo cada vez más rápido... Mis
dedos pellizcaban mi clítoris, al tiempo que mi sexo se abría y cerraba sin
parar... No tardé mucho tiempo... Me corrí enseguida... Mis manos pringadas se
perdieron en mi piel... evitando que el juguete no saliera de mi cuerpo en
ningún momento... Las contracciones hacían que mi sexo chocara contra su
superficie, y eso hacía estremecer mi alma... me estaba muriendo de placer...
Mantuve esa posición un par de minutos más, hasta que me hube calmado por
completo... Me quedé dormida con ella dentro, me gustaba esa sensación... me
gustaba sentirla en lo más profundo de mi cuerpo... Ahora tenía un buen motivo
por el que seguir en ese internado... Allí había encontrado a alguien con quien
divertirme en esas noches solitarias y aburridas... Ahora lo pasaría mejor...