En Familia-1. Pamela.
Relatos de placer entre mujeres.
La directora de un prestigioso y exclusivo colegio de niñas y
adolescentes dedica todos sus esfuerzos para satisfacer a sus maduras y
apasionadas funcionarias y a sus jóvenes, inocentes e inexpertas pupilas.
-Qué familia extraña y retorcida!-, dijo Pamela arreglando su
blusa con dedos inquietos. La dulce brisa matinal ondulaba levemente sus
cabellera y batía suavemente en su escote en V, dejando entrever por breves
segundos , el nacimiento de sus bellos y abultados pechos.
Yo tiré mis ojos del volante y la miré con una interrogación
en las cejas, - ¿De qué hablas, mujer?-,
Ella retiró los cabellos lisos del rostro con su movimiento
característico de cabeza, dando un leve tirón hacia atrás, lo que revelaba su
largo cuello blanco con un pequeño hoyuelo entre las clavículas, -De la familia
que se mudó al lado de casa. Aquella vieja cavernosa me da escalofríos sólo de
mirarla-.
El semáforo cambió la luz, comencé a buscar con los ojos un
lugar para estacionar, mientras escuchaba la plática leve de Pamela, como
siempre, ella llevaba la batuta. –Desde que comenzó la mudanza sólo vimos a
empleados contratados para ese fin, … Por cierto, qué empresa eficiente eh?-, de
nuevo el tirón de cabeza y los dedos acomodando la blusa.
El semáforo abrió la luz verde y yo me concentré en el
volante, había encontrado un lugar para estacionar cerca de la entrada del
colegio. Pamela continuaba con su charla, -Bueno, finalmente ayer conseguí ver a
los nuevos moradores, primero la sirvienta, una mujer de uniforme completo,
hasta la cofia, si se habrá visto cosa más ridícula, obligar a los trabajadores
a identificar siempre su condición social, vieja burguesa!…-.
-Pamela, Pamela, que te desvías del asunto, cuenta por qué te
pareció una familia extraña y retorcida-, dije yo maniobrando el volante hasta
conseguir emparejarme con el auto delantero, en dos limpios movimientos conseguí
encajar el auto en el lugar.
Pamela acompañaba la maniobra toda con la mirada, mientras
continuaba incansable con su conversación, casi un soliloquio –Eh!, bien,
primero aquella sirvienta, mucama, ama de llaves, sabe Dios!, todas esas cosas
juntas, antipática!!!, después una niña de unos doce o trece años sáper seria, y
después ella, la vieja con un enorme perro que las sigue a todas partes-.
Una vez estacionado el auto, consulté la hora –Dale Pamela,
cierra la matraca que estamos atrasadas!-. Me viré y agarré mi bolsa y los
libros que estaban en el asiento trasero, Pamela salió del otro lado, y se quedó
en pie acomodando su ropa –Vaya, apárate que estamos atrasadas!- la apremié yo,
tentando recuperar los minutos de atraso, ella cerró la puerta, y mientras yo
pasaba la llave, ella se colocó a mi lado, inundándome con su hálito perfumado.
-Entonces fui a darles la bienvenida, como era mi deber!-
-Ah!, acabáramos!, era eso!, Haber comenzado por ahí, ni bien
llega la gente nueva al barrio, cansados y tentando adaptarse, y ya va Doña
Pamela la hospitalaria a meterse corriendo en la vida de los otros…Joder!
-…Y no vi. a nadie, la casa parecía una tumba, toda con las
ventanas cerradas, de repente sentí un jadeo casi en la nuca cuando aquel perro
enorme apareció de la nada!- Pamela sin hacer caso a mi comentario continuaba
disparada contando, -… imagínate qué susto!, cuando parecía que aquella fiera
iba a saltarme encima, la puerta se abre y sale aquella empleada…-, -Pamela,
apárate que estoy atrasada!-, dije yo caminando deprisa mientras atravesábamos
el zaguán lleno de niñas, el portero y las conserjes me saludaron
respetuosamente, Lillith, mi secretaria, vino a mi encuentro equilibrándose
suavemente sobre sus altos tacones, -Doña Violeta, tiene una cita marcada a las
nueve y media-, le agradecí con un movimiento de cabeza mientras recibía la
pequeña montaña de files que ella tenía en las manos. Pamela jadeante de tentar
acompañar mi paso rápido llegó, el rostro todo rojo del esfuerzo, todavía
hablando sin parar, -…Y conseguí ver a la vieja en la penumbra del salón, y me
pareció ver a la niña detrás… y aquella antipática de la sirvienta, mucama, ama
de llaves o qué se yo, me dijo, que la señora estaba indispuesta y que no podría
recibirme… habráse visto qué falta de educación!-
Lillith miró a Pamela sin decir una palabra, Yo le agradecí
con una sonrisa –Muchas gracias Lillith, ahora voy a revisar estos documentos y
voy a prepararme para la cita de las nueve y media, ¿es la misma persona que ya
había marcado desde ayer?-
-Si Doña Violeta-, dijo Lillith respetuosamente, con una
tímida sonrisa…-ahora la dejo tranquila para que pueda revisar sus papeles-, y
lanzó una expresiva mirada de sus ojos verde-río, a la locuaz y agitada Pamela.
Luego, dignamente se dio vuelta y salió balanceando suavemente el cuerpo .
Pamela, sábitamente seria y silenciosa le dirigió una mirada
de hielo. Cuando la puerta se cerró tras ella me preguntó -¿pero qué se cree esa
tipa?, ¿se cree que ella es tu dueña?, ¿qué ella manda en ti?- Yo sonreí
serenamente –No se cree nada Pamela, ella hace su trabajo y lo hace a la
perfección, además llevamos trabajando juntas desde que asumí la dirección del
colegio, hace más de diez años…- ‘Bla, Bla, Bla…- me interrumpió Pamela, -ya
viene aquella historia de la fidelidad -, …me acerqué a Pamela y la rodée
acariciando su talle con mis dos manos, -¿qué te pasa amor?, ¿estás celosa de
nuevo?-. Ella me agarró sosteniéndome firmemente por los hombros con sus
pequeñas manos gordezuelas. -¿te crees que no he visto como la miras?, ¿ y como
te mira ella a ti?-. , me dijo mientras se prendía a mis pupilas tentando
desvelar todos mis pensamientos secretos, -si todavía no ha pasado nada es
porque no le doy tregua, ni chance para que pueda insinuarse más contigo…-
-Qué divinamente loca eres!-, sonreí, mientras me inclinaba
para alcanzar sus labios con los míos, Lentamente besé sus labios rojos que se
entre abrieron palpitantes al recibir mi caricia, mis manos acariciaban su
cuerpo, Pamela se estrechó contra el mío, y pude sentir sus gloriosos senos
contra mi cuerpo, introduje una de mis manos en su escote y agarré firmemente el
pecho rotundo, turgente, con el protuberante pezón que me cosquilleaba la palma,
nuestros labios se fundieron y las lenguas se entrelazaron , sentí su mano
acariciándome la espalda y agarrando una de mis nalgas, firmes, -Ah!, esto es el
paraíso amor!-, susurró ella mientras lamía la base de mi cuello.
De repente, el intercomunicador se accionó, con la suave y
educada voz de Lillith anunciando que mi cita de las nueve y media acababa de
llegar y estaba aguardando en la antesala para ser recibida.
Pesarosamente separé a Pamela de mi cuerpo. –Vamos haragana!,
vete a trabajar!-.
Pamela se apartó de mi y comenzó a recomponer su atuendo,
arreglando con dedos ágiles su escote en V. –Bueno amor, ¿nos encontramos en el
comedor a la hora del almuerzo? ¿o nos damos una escapada a casa para poder
devorarnos a gusto y no tener que esperar hasta la noche?-… me dijo ella
mientras se dirigía a la puerta. –Qué caliente-Pamela se desató aquí!. Deja de
inventos!, estoy enloquecida de trabajo!. Cumplimos nuestra programación normal
y por la noche te doy y te saco con mi lengua y mi clítoris en el tuyo todo el
amor que quieras…-, Yo también me arreglaba mis ropas – Ahora por favor, sal por
la puerta lateral y entra en el toilette para recomponerte, tienes que entrar
ahora en una sala y dar clases a un grupo de inocentes niñitas, por Dios!-
Pamela sonrió y sinuosa, comenzó a mover el cuerpo imitando los movimientos de
una stripper, cosa que sabe, me enloquece, -…Siii, inocentes, deliciosamente
inocentes-, susurró ella.
Ya en la puerta, maliciosa, se pasó los dedos por los pezones
y me tiró un beso. Abrió la puerta blanca que comunica con el coquetón saloncito
de té y el lavabo de mi escritorio, y salió, cerrando la puerta con firmeza tras
ella. Yo, ya totalmente recompuesta y serena, feliz por el amor de aquella
rebelde tigresa que comparte mi lecho y ameniza mis noches con su ardor desde
hacía poco más de un lustro.
Miré la pesada y trabajada puerta de nogal que sirve de
entrada a mi trinchera. Sólida, no deja pasar ni el más sonoro de los
estruendos.
El colegio es mi deber hereditario, Fundado por mi
tatarabuela paterna, es tradición de la región que siempre una mujer de la
familia se ocupe de él. Desde que tengo uso de razón, sabía que algán día yo
tendría en mis manos el mando de todo aquel imperio de conocimientos, De pequeña
venía con mi madre a visitar a mi abuela paterna, siempre demasiado ocupada con
la dirección de la escuela como para ocuparse de sus hijos, a su muerte, mi
madre desganadamente se hizo cargo, ayudada fervorosamente por mí, hasta que
tuve edad para asumir la responsabilidad de la dirección, que mi madre dejó en
mis manos alegremente. Dinero nunca fue ni será problema, todos los nombres de
alcurnia, todas las familias importantes de la región se disputan los lugares
vagos para matricular a sus hijas, y su permanencia en el colegio ya asegura,
por el primoroso cuidado que damos no solo a la educación académica en sí, como
a todos los aspectos que contribuyen a la formación de un ser humano completo,
de mujeres de esta nuestra convulsa pós-modernidad, un lugar en las mejores
universidades del mundo.
Pamela, mi amante compañera, substituyó a Dinah, uno de mis
primeros amores universitarios, que por pura devoción me siguió a mi ciudad
cuando decidí tomar las riendas del Colegio. Vivimos juntas una apasionada
relación durante varios años, hasta que Pamela entró como un huracán en mi vida.
El amor de Pamela no se parece a nada de lo que experimenté
antes. Es de una fuerza y de una pasión avasalladora. Pamela y yo también
tenemos una larga historia juntas, ella fue alumna de mi escuela, y desde muy
pronto yo noté sus dotes femeninas de seducción..
Mi condición de persona páblica me fuerza a llevar mi vida y
mi orientación sexual con la más absoluta discreción, para eso cuento con la
devota solidaridad de personas claves e indispensables como mi dulce y discreta
Lillith en el colegio, y con mi austera ama de leche portuguesa, mi nodriza
Manuela. Con ese motivo vivo sollo con la compañía de Manuela en mi residencia,
proyectada por un famoso arquitecto en la furia racionalista de los años
cincuenta, y publicada en varias revistas internacionales. Residencia que a
pesar de su claridad espacial, la perfección de su planta me asegura la total
discreción que necesito para llevar mi agitada vida privada.
Pamela ocupa una casa próxima, también de mi propiedad, que
tiene su entrada principal en la calle trasera de la mía y un conveniente canal
de comunicación subterráneo, que comunica mi bodega de vinos a su sótano,
añadido a un laberinto de jardines y setos frondosos que nos permiten vivir
cómodamente nuestra pasión. Esta casa antes fue ocupada por Dinah hasta nuestra
tranquila separación, y antes de Dinah, por mi memorable tía Alba. Por tanto es
una casa de la que conozco hasta sus más recónditos rincones y que facilita mi
vida secreta.
Pamela, volvamos a Pamela. Pamela era alumna del colegio,
como ya había mencionado antes. Cuando asumí la dirección, Pamela, adolescente
todavía, fue de las niñas que se ofrecieron a formar el primer grupo de
monitoras de arte –una de las mudanzas que hice al entrar. Las monitoras deben
seguir cursos especializados y orientación pedagógica en las más novedosas
técnicas artísticas de las diferentes manifestaciones, para luego poder orientar
y acompañar a las más pequeñas. Hay talleres teóricos y prácticos de todas estas
manifestaciones, y convidamos prestigiosos artistas que dan cursos y work-shops
durante el año entero.
Con ese motivo, Pamela iba a mi casa con asiduidad para que
yo le controlara sus actividades y el programa que debía seguir con su pequeño
grupo de orientandas. Fue en ese período que comenzó a confrontar un hecho
anatómico que ella encaraba como problema, Pamela padecía de gigantomastia, o
sea, sus senos, ya bien desarrollados para una adolescente de su corta edad,
estaban creciendo más rápidamente y con un tamaño mayor que lo normal para su
estatura y edad.
Yo, que toda mi vida fui completamente obsesiva por la
belleza de los pechos femeninos, no podía quitar mis ojos de aquellas adorables
protuberancias que me atraían como un imán. Un bello día de verano, -hacía
muchísimo calor, y habíamos estado trabajando toda la semana en uno de los
nuevos proyectos, Dinah había viajado a visitar parientes, y yo había pasado
muchas horas excitada, en aquella semana, con el contacto de mis amadas
adolescentes, sintiéndome como una nueva versión de aquella poetisa griega
moradora de la isla que da nombre hasta hoy a los amores entre hembras.
Las niñas en varios momentos hicieron bromas malvadas sobre
los pechos de Pamela, cosas del tipo –“vas a necesitar una carretilla para
llevarlos”, o –“¿para qué te preocupas con el tema de tu instalación? Instala
tus melones!-“, Pamela, furiosa y avergonzada sólo las miraba con rabia, , y en
una oportunidad, al final de la mañana, sin poderse contener, saltó como una
ágil pantera al cuello de una de las chicas más próximas, el tumulto entre las
muchachas me atrajo, a pesar de que corrí entre las mesas y sillas revueltas, no
pude evitar que ambas rodasen por el piso con estrépito de muebles derribados,
agarradas a los cabellos de una y la otra, La chica agredida trataba de
defenderse inátilmente de una Pamela enfurecida que ya estaba sentada encima de
ella, a ahorcajadas, arañando el cuello y el rostro de la otra, la muchacha casi
asfixiada, daba manotazos, las piernas agitándose al aire, las sayas levantadas
en una deliciosa confusión de muslos y miembros adolescentes. En un segundo, la
chica en un movimiento agónico y descoordinado, se agarró de la blusa de Pamela,
y dando un fuerte tirón, le arrancó varios botones, quedando al desnudo el
sostén, blanquísimo que ponía en evidencia los rosados y enormes pezones
virginales, ante aquella visión de paraíso terrenal, y cercada de niñas que
daban alaridos, ayudada por las profesoras tentamos dar fin a aquella confusión,
dos profesoras me ayudaron a dominar y sacar a Pamela de encima de la otra moza.
La agarré por detrás e intencionalmente la levanté sosteniéndola por la cintura
y rozando sus enormes y bellísimos senos con mis manos.
Poco después, mandé a salir a todas y me quedé a solas con
Pamela y su agredida, asfixiada, con la garganta ostentando enormes arañazos , y
las huellas de los fuertes dedos de Pamela.
Aquieté la confusión, después de infusiones, vasos de agua,
sales, y varios sermones sobre tolerancia, amistad, cortesía, convivencia,
educación y respeto, la chica agredida llorando se disculpó con Pamela.
Pamela bufaba, roja como una manzana madura, sudaba a
chorros, y su pecho semidesnudo se agitaba. Le ofrecí uno de mis blazers,
terminé de calmar al cuerpo docente y discente, y me llevé a la feroz agresora a
mi casa.
Fuimos conversando por el camino. Pamela lloraba
inconsolable, así que un poco antes de llegar, en un recodo del camino desierto,
sombreado por enormes árboles, arrimé el auto a la calzada y la abracé…- Qué es
eso Pamela, niña!!!, contrólate querida!, de ahora en adelante ya no van a
incomodarte más!,- le susurré al oído mientras acariciaba su despeinada
cabellera rubia. Pamela me miró con sus bellísimos ojos color de miel cuajados
de lágrimas, y los labios rojísimos y suculentos trémulos. –Ellas tienen razón
en burlarse de mí...Míreme bien Doña Violeta!, Mire que tetas enormes y
desproporcionadas!, Nunca nadie me irá a querer así!!!-
Ella sollozaba sin consuelo, y yo estaba con mi clítoris a
punto de estallar en un orgasmo.
-Pamela-, dije yo suavemente, ahora vamos a casa, nos ponemos
nuestros bañadores, y nos damos un chapuzón en la piscina para refrescar las
ideas, verdad?- Mientras tanto, yo dí partida al carro, enloquecida por tener a
esta pequeña salvaje en territorio sagrado.
Pamela asintió con la cabeza y quedó quieta. Llegamos a casa,
estacioné en mi garage, Manuela, seria, nos esperaba en el salón. –Hola Manu!,
mira, tenemos visita!. Por favor, prepáranos algo de comer mientras vestimos los
bañadores.
Manuela me dirigió una mirada severa, y asintió con la cabeza
sin decir una palabra.
Nos dirigimos a la piscina y la convidé a entrar en una de
las habitaciones con enormes persianas que rodeaban la piscina, planeadas para
dar privacidad a mis convidados. Cada una de ellas está habilitada con bañadores
de diferentes tamaños, detalle, todos femeninos!.
-Entra acá Pamela-, convidé a mi niña triste y emburrada
todavía, -busca en las gavetas y ponte algán bañador que te sirva, yo voy a
buscar uno de los míos, y a hablar con Manuela…
Pamela asintió con su carita todavía bañada en lágrimas. En
la cocina, Manuela preparaba la cena sin decir una palabra, yo me le acerqué por
detrás y le acaricié los senos. –Vamos, Manu!, no me digas que te vas a poner
brava por haber traído a esta niña…-
Ella me miró, en los ojos había una profunda dulzura –Yo me
preocupo por ti, ya es peligrosa la relación con Dinah, pero pudiste manejarla
bien!. Ahora sólo basta que Dinah se ausente unos días para que te desesperes y
traigas una ninfeta a hacer el amor aquí, mira que peligro!!!.
-Qué dices Manu!!!- Dije yo amasando los enormes pechos por
encima de su amplia blusa con motivos indígenas, Lillith no te llamó para
contarte de la pelea en la escuela?-
-Claro que llamó, pero también me dijo que la chiquita esta
es salvaje!!!-, Manuela se aflojaba los cordones de su blusa, dejando al
descubierto sus magníficos hombros y el nacimiento de sus enormes senos -, -Me
preocupo por ti, por tu posición, me preocupo desde que te prendiste de mis
pechos por la primera vez: Además, desde que Dinah viajó no me das tregua, no
sólo vienes a mamar mi pecho como siempre, como que también me estás haciendo el
amor con una pasión absoluta…- me dijo acariciándome la nuca.
Yo hundí mi mano entre sus amplias faldas y le sostuve su
enorme pubis que retibuyó con humedad mi caricia –Me vas a decir que no te gusta
que te haga el amor así, bien rico!!!-, Manuela, me miró, -No me hago ilusiones,
luego, luego Dinah va a regresar y yo continuaré sólo a darte mis pechos, tá
estarás cansada y satisfecha de más como para querer hacer amor conmigo…,
además, me duele mi pepita de tanto que me la chupaste y que cabalgaste ayer
sobre ella…- Dijo riéndose, y dándome un empujón cariñoso, -Dale, vete a ver qué
hace aquella salvaje que invitaste hoy…-,
-Exagerada Manu!, siempre te hago venirte con mi lengua…!- ,
-Qué conversación para una directora de escuela!, anda ve, de aquí estoy viendo
que se abrió la puerta de su cabaña, …pero mira!- seguí la vista de Manuela, -
Qué clase de tetas tiene esa niña Dios mío, no le caben en el bañador.!-
-Ahora entiendes mi dilema de tener que educar esos
animalitos sensuales y contener mi lujuria!!!,
Salí a la piscina, al ardiente sol de las dos de la tarde.
Pamela estaba sentada tímidamente al borde de la piscina y
hundía uno de sus pies en el agua, jugando a levantar pequeñas olas.
-Disculpe Doña Violeta!, Estoy muriéndome de verg¸enza!
-No tengas verg¸enza conmigo!-, le respondí mientras me
sentaba a su lado, y le apartaba el cabello del rostro
-Deje así!. Soy una gorda horrible de cuerpo deforme!... En
cuanto tenga edad suficiente voy a hacer una cirugía y voy a quedarme
completamente plana como una pared!!!-
Yo le sonreí suavemente, y me acerqué más a ella, - No digas
nunca eso Pamela!!!, Los senos son un regalo que Dios puso en nuestro pecho, es
una muestra de su amor por nuestro género, y quiero que sepas, que tá tienes el
más bello par de pechos que yo he visto en mi vida!!!-
Ella me miró sorprendida, -¿Cómo así, Doña Violeta?
Yo pasé mi brazo por sus hombros y sosteniéndola firmemente
le susurré en el oído –Aguanta la respiración que vamos para el agua!
Las dos caímos en un estrepitoso zambullón, el agua
cristalina y refrescante nos inundó, y sus senos flotaron como voluptuosas
bollas, Quedamos un rato riéndonos y disfrutando la caricia líquida sobre
nuestros cuerpos, yo estaba excitadísima viendo su cuerpo moverse en el agua,
ella comenzó a nadar en torno mío, en círculos, rondándome…
-Doña Violeta, eso que Usted me dijo de mis senos, es verdad?
Yo dí dos brazadas y me le acerqué, tentando mantenerme lo
más próxima posible de su cuerpo.
-Si, eres poderosamente atractiva niña!-
-Pues, Doña, Usted también no está nada mal, sabe???
Yo me quedé paralizada al oír aquellas dulces palabras de su
boquita roja
-¿Cómo, cómo dices?-, pregunté sintiendo que un intenso calor
recorría mi cuerpo.
-Si, Doña Violeta, Usted tiene un cuerpo maravilloso, me
encantan sus nalgas, son firmes y redondas, y adoro sus piernas, un día le ví
sin querer la conejita…-
-Yo no podía creerlo,… aquella niñita me estaba seduciendo!!!
-¿Mi conejita?, ¿CÚmo así?
-Si, fue el invierno pasado, estábamos todas las niñas en la
antesala de nuestros dormitorios, y había una tempestad, Usted no se vino a su
casa, se quedó con nosotras haciéndonos compañía, nos quedamos hasta la
madrugada haciendo cuetos de misterio y tomando chocolate caliente con
canela!... ¿Se acuerda?-
Pamela en dos brazadas llegó cerca de mí que,
inconcientemente me alejaba de ella, paradójicamente para oírla mejor.
-Usted tenía un ropón de invierno, era medio transparente y
daba para notar su cuerpo duro y sensual debajo de él. En un descuido, usted al
sentarse en medio de nosotras entreabrió las piernas, y yo pude admirar su
conejita…-
Yo ya no me alejaba, ahora mi pubis me latía con fuerza…
-Pamela!, --Si Doña Violeta, aquella noche me acaricié mi
propia conejita pensando en la suya, en lo rico que se veía su cuerpo bajo el
ropón y en como me gustaría…-
Yo estaba al lado de ella, la abracé por debajo del agua y la
arrastré hacia mi, nuestras lenguas se fundieron con pasión, Pamela deslizó la
mano por mi vientre liso y hundió su palma en mi tanga agarrando todo mi monte
de Venus, ella tomaba la iniciativa y yo dejaba sus dedos explorar mi clítoris
con suavidad
-Niña mía!-, - Dije mientras acariciaba sus senos, -¿Dónde
aprendiste a amar así a una mujer?
-Espiando a mis compañeras de dormitorio, aquello es una
selva, todas compiten para ver quién tiene el cuerpo más delgado y está mejor
formada, también en las duchas hay orgías en las cuales no me dejan entrar, …
pero yo siempre soñé con usted…-
El beso encendido que nos dimos aquella tarde de verano en la
piscina, mientras nuestras manos se perdían al encuentro de nuestros sexos
ardientes, marcó el inicio de mi relación con Pamela, y el fin de mi antigua
relación con Dinah.
Rememorando aquel pasado reciente que mudó mi historia de
amor, con una sonrisa en los labios me dirigí a mi mesa. Me acomodé en mi amplio
butacón y. pocos segundos más tarde, accionaba el intercomunicador para pedir a
Lillith que dejase entrar a mi cita de las nueve y media.
Si quieres leer más de estos relatos, escríbeme a mi e-mail <POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO>