El turno de mi mujer
Después de haber estado casi un año viviendo en Sudáfrica,
tuvimos que organizar la mudanza para regresar a casa. En ese ultimo mes,
habíamos empezado a discutir bastante. Hacia rato que estábamos afuera y Vanessa
ya extrañaba mucho a su familia y poder volver a casa. Toda esa situación, la
tenia muy nerviosa y para evitar seguir peleándonos, le sugerí que se volviera a
Buenos Aires antes. Ella lo tomó como una ofensa. Enojadísima, ese mismo día,
armó sus valijas y se marchó. Mucho no pude hacer para convencerla y por encima
de todo, todavía me faltaba un mes para terminar mi contrato, por lo que me tuve
que quedar solito.
Vane regresó furiosa a la Argentina. En su primera semana en
Baires, conoció una persona, quien la invitó a salir. Como ella estaba muy
enojada y ofendida conmigo, aceptó. Salieron un par de veces, lo cual le sirvió
para distraerse y cambiar un poco su humor. A los 30 días, yo regresé a casa.
Después de algunas charlas y discusiones, resolvimos arreglarnos y todo volvió a
ser como era antes. Un poco avergonzada y arrepentida, Vane me contó su corto
romance con lujo de detalles y me pidió disculpas. Sin darle mucha
trascendencia, la perdoné y nuestra vida en pareja continuó como en sus mejores
momentos.
La aventura que les quería relatar, nos ocurrió en julio del
2002 y realmente me hizo estallar la cabeza. Ese viernes, yo me levanté muy
tempranito para ir a trabajar. Ese mismo viernes, Vane tenia marcado un turno a
las 16:00 horas con un médico en Barrio Norte. Cuando llegué de regreso a casa,
me encontré con una notita de ella, donde me pedía que por favor la pasara a
buscar a la salida del médico. Justo cuando me estaba cambiando para salir, sonó
el teléfono. Atendí y era Vane para preguntarme si había leído la nota y para
avisarme que había cambio de planes. Ahora me pedía que la pasara a buscar a las
17:30 por el Museo Renault, una confitería que queda sobre la avenida
Libertador, donde se iba a encontrar con su amiga Karina. Le dije que no había
ningún problema e inmediatamente me fui a bañar y cambiar. En las 2 noches
anteriores, mientras hacíamos el amor, a tono de fantasía, le dije que me
encantaría si alguna vez pudiésemos traer alguna minita a nuestra cama.
Explotando de celos, Vane se enojó pero a su vez se excitó un montón. Medio en
broma y medio en serio, le tiré un par de nombres de azafatas compañeras de
ella, a las cuales me hubiera encantado coger. Ella ya rebuznaba de la bronca,
pero al seguir con la fantasía e insinuando que ellas la iban a besar y a chupar
toda, percibí que la idea no le desagradó mucho.
Mientras yo me seguía bañando, en un momento, se me cruzó por
la mente, que mi mujer estaba ideando algún plan extraño, y con las experiencias
ya vividas, definitivamente me terminé de convencer. Vane estaba trayendo una
mujer para que intentáramos alguna relación. Comencé a volar de la excitación,
me empilché con lo mejor que tenia, me puse todo tipo de cremas, talcos,
perfumes, pintura de guerra y salí volando para el centro a encontrarla.
Durante el viaje, intenté ir imaginando como iba a ser todo
esto, como iría a empezar, quien iba a tirar la primera piedra. Pero
indudablemente todo esto era idea y obra de Vane, así que iba a confiar en ella
y dejarla comandar la situación. ¡Que divina, la yegua de mi mujer!, armar un
trío para que lo disfrutemos los dos. Realmente, qué suerte tengo en poder tener
esta confianza con mi mujer y que a ambos nos guste o excite lo mismo. Esto
ultimo, más la intriga de la situación planteada, me tenían muy calentito.
Llegué a dicho lugar, estacioné el auto y al entrar vi a Vane
con Karina sentadas en un rincón, llamándome con la mano. Saludé a Karina y pedí
algo para tomar mientras ellas hablaban sin parar. Yo estaba muy a la
expectativa. Pasaron y pasaron los minutos, yo esperaba alguna seña o algo de
Vane. Las chicas seguían hablando, yo escuchaba, y cada vez me desilusionaba más
que lo que me había imaginado, era realmente imaginación. Se me cayó el alma al
piso. Me sentí con culpas. Que mente tan podrida que tenía, como me iba a
imaginar eso de mi esposa. Inmediatamente reaccioné, me puse las pilas, empecé a
participar de la conversación y así estuvimos charlando amenamente por casi
media hora.
De repente entraron al local dos muchachos muy elegantes, que
se sentaron cerca de nosotros. Las chicas seguían dándole a la lengua y no se
percataron de su presencia. Uno de ellos se daba vuelta constantemente para
mirar a nuestra mesa. Pensé que era porque realmente las dos son muy lindas y
atractivas, pero estaba equivocado. En un momento determinado, este muchacho se
paró y encaró hacia nuestra mesa. Vane levantó la vista, y empalideció, su cara
se empezó a desfigurar con una sonrisa falsa, se la veía algo incomoda.
"¡Hola Vanessa!" dijo el tipo. "Hola Sergio,
¿como estas?" le respondió Vane.
En ese momento, me transfiguré, porque me vinieron a la
memoria esos 2 meses que habíamos estado separados con Vane. En ese ínterin,
ella conoció a un tipo de unos 35 años que se llamaba Sergio con el cual salió
un par de veces. Como Vane siempre me cuenta y me confiesa todo, hice un
esfuerzo para recordar que en esa oportunidad, ella me había contado que el tipo
le había gustado mucho, que le calentaba mucho el físico que tenía y que se
había sentido orgullosa del levante que había realizado. De todas formas, me
había contado que con el tipo no había pasado nada; que había salido al cine un
par de veces y otra vez a bailar. Un par de besos y franela, nada más. El tipo
se había quedado calentito, la llamó una semana seguida por teléfono, pero como
justo nos arreglamos en ese momento y Vane le había cortado el rostro, se cansó
y no llamó más.
Bueno, éste era el tipo que tenía enfrente mío y lo peor de
todo es que tenía un lomo bárbaro y toda la facha.
Vanessa, después de mirarme muy fijo a los ojos, como
queriéndome decir "Calma, no hagas kilombo y esperá…"; nos presentó; "Les
presento a Sergio", nos dijo. "Ellos son Kari y Clau", le dijo a él. "Un
placer", nos saludó amablemente y agregó que estaba con Pablo, a quien llamó
para que venga hasta la mesa. Todo fue muy rápido, justo pasó el mozo y le dijo
"Por favor, sírvanos los 2 cafés en esta mesa que nos vamos a quedar acá".
Al instante, estaban los 2 tipos sentados en nuestra mesa
coqueteando a las chicas y yo no entendía lo que pasaba. Lo mismo le pasaba a
Karina, con la diferencia que Pablo le había gustado y ya ponía carita de
enamorada.
"Chicos", dirigiéndose a Kari y a mi, "Sergio es el chico que
les conté que salí un par de veces en junio". Simultáneamente me pisó el pie por
debajo de la mesa, como para que me quede en el molde.
¡Que hija de puta que era mi mujer!, Ahora que se había
relajado, era como que estaba jugando conmigo. Era como que me estaba
devolviendo la de Sudáfrica. De todas formas, a pesar de los celos, broncas y
demás yerbas, como estaba muy excitado, esperé un poco y aguardé para ver como
ella manejaba la situación.
Karina y Pablo ya estaban a las carcajadas hablando en un
rincón. Se notaba que se habían gustado mutuamente.
Sergio, tomándole la mano a Vane le dijo "¿Como
estas linda? No me llamaste nunca mas." Yo, ya estaba a punto de pararme para
agarrarme a trompadas, cuando Vane me volvió a pisar el pie. Me la aguanté y
volví a esperar.
Para calmar mis nervios y cambiar mi cara, llamé al mozo
pidiéndole mas bebidas para todos. Ellos repitieron café, Kari y yo Coca Cola y
Vane pidió un Gin Tonic. ¡Que reverenda yegua!, esto significaba que ya se
sentía cómoda, sin apuro y a gusto.
Mi furia se empezó a calmar al ver a Vane trabajando. Kari ya
estaba muy melosa con Pablo. Lo que a mi me daba mas por las bolas, era que a
pesar de que yo participaba en todas las charlas, ninguno de estos dos
personajes, sabia o había preguntado, ¿Quien era yo? ¿Si era un amigo de las
chicas? ¿O el novio de Kari? ¿O el marido de Vane?
Se cagaron en todo y fueron al ataque. Como Vane no aclaraba
nada, yo fumaba.
Estuvimos charlando de computación, contando chistes,
riéndonos, en fin hablando de la vida y el canto. Sergio de tanto en tanto
intentaba tomarle la mano o pasarle el brazo por la cintura, pero Vane con mucha
calidad y soltura, lo evitaba.
En un momento de la charla, Kari dijo que ya se le hacia
tarde y que se tenia que ir. Pablo se ofreció a llevarla, puesto que Kari estaba
a gamba. Ambos se pararon, nos saludaron y partieron inmediatamente. No se, ni
me imagino donde habrán ido, pero huyeron.
A partir de allí, sin Karina presente, Vane era otra persona.
Mucho menos tensa, más desinhibida, como más cómoda. Ella me transmitió esa
tranquilidad a mi, que empecé a disfrutar mucho mas de la cosa, focalizando
donde yo quería. Sergio a todo esto, seguía en su conquista. Ni se imaginaba en
las redes que estaba cayendo.
Vane, haciéndose la inocente, le pasó la mano por el pecho a
Sergio y me dijo "¿Viste que lomo que sacó Sergio en el gimnasio, por qué no
empezas a ir vos también?" Sergio se empezó a agrandar, y lo lamentable es que
tenía con que. Seguimos charlando y pasando el rato hasta que en un momento,
después de un chiste muy gracioso que contó Sergio, Vane cariñosamente le dio un
piquito en la boca. A mí, ya me salía espuma por las orejas, pero me la aguanté.
Poco a poco, Vane se empezó a convertir en la anfitriona de la tarde, contaba
chistes, aventuras en vuelo, anécdotas muy cómicas, ¡Tenia cada salida, que te
la comías!
Después le llego el turno a los chistes verdes, ya las malas
palabras abundaban, cada uno empezó a contar diferentes historias de sexo,
realmente fue muy divertido. El flaco seguía intentando por algún medio, tocar o
agarrar a Vane, y ella, a estas alturas, ya no lo sacaba. Como quien no quiere
la cosa, en un momento que yo dije algo gracioso y Vane me dio un abrazo y me
acarició la cara. Ahora era Sergio el que se ponía celoso. Y así continuó como
una lucha, para ver quien le agradaba mas, hasta que Vane dijo "¿Por que no la
seguimos en otro lado?"
Eran como las 8 de la noche, cuando salimos a la playa de
estacionamiento. Vane iba caminando en el medio de los dos. Sergio estaba con su
auto y yo con el mío. Como para darles confianza y apoyo, les dije "Vayan
ustedes en su auto que yo los sigo". Vane y Sergio aceptaron sonrientes. Yo me
quería cortar las pelotas, no se porque carajo decía estas cosas. Le estaba
facilitando el camino a este tipo. De golpe me agarraba el arrepentimiento, pero
lo hacia por mi pareja, a ambos nos estaba gustando esto. Con todo el
remordimiento del mundo, los seguí. Por un lado me moría de celos y por el otro
hubiera querido tener un micrófono para escuchar de qué hablaban en el trayecto.
Tomaron la avenida Libertador, cruzaron a la provincia y fueron para un
restaurante que se llama La Bahía. Casualmente adonde fuimos con Vane, el día
que nos dimos nuestro primer beso y también casualmente donde fueron ellos solos
a cenar una vez.
En La Bahía, cenamos magníficamente, nos divertimos un
montón, tomamos champán y continuamos charlando sobre experiencias sexuales.
Estábamos prácticamente solos, en una mesa mirando al río, y Vane estaba sentada
al lado de Sergio. A la hora de los postres, Vane le dio un beso en la boca y
Sergio ya hablaba naturalmente con su brazo en la cintura de Vane. Vane seguía
siendo la estrella de la noche, codiciada por dos hombres. Sin querer ser
egoísta, me puse un poquito en su lugar, y no me quedó otra que entenderla y
seguir disfrutando con ella de este momento. Sé que ella también lo estaba
haciendo por los dos, amen de que Sergio le gustaba. En el momento que llegó la
cuenta, se me quemaron los papeles; Sergio muy decidido, la agarró por la
cintura y dijo "Bueno, realmente la pasamos bárbaro, nosotros no vamos y ojalá
nos encontremos otro día para seguirla". Vane se quedó muda y mi no me quedó
otra que saludar y esperar para ver como continuaba esto. ¡Me quería matar!, se
la estaba llevando…
Ellos subieron al auto de Sergio, yo al mío y emprendimos el
regreso. Como a las 5 cuadras, se detuvieron. Me arrimé hasta su coche, Vane
abrió la ventanilla y me dijo: "Che, seguinos que los voy a llevar a un lugar
muy lindo…".
¡Puff!, que salvada, respiré tranquilo. A Sergio no le había
gustado mucho esta decisión de Vane, porque se quería ir solo con ella, pero no
le quedó otra alternativa que acatar, porque ella estaba controlando la
situación.
Sin saber para donde rumbeaban, los seguí. Tomaron la avenida
Libertador hacia Capital, doblaron en la Avenida Gral. Paz y salieron a la
Autopista Richieri. ¡Definitivamente estábamos yendo para casa! Me empecé a
asustar, porque no sabía como íbamos a salir de esta. Durante el viaje pude
apreciar que estaban a los manotazos limpios, en el buen sentido de la palabra.
Finalmente llegamos a casa, estacionamos los autos y entramos. Sergio no sabia
ni donde estaba parado, pero tampoco preguntó. Yo no dije ni A y Vane tampoco
tocó el tema. Nos sentamos en el living y Vane fue a la cocina para hacer café.
Sergio se fue como una tromba detrás de ella. Escuché que hablaban en vos baja y
él le preguntaba enojado, para que me había invitado a mi. Pude ver a través del
pasa platos que Vane no le contestó y que a cambio, lo abrazó del cuello y le
dio un espectacular beso de lengua. La pobre se paraba en punta de pie para
llegar a la boca de este tipo. Me quedé en el living sentado, haciéndome el
tonto. Al ratito volvieron los dos con una bandeja con el café servido. Sergio
se sentó y Vane fue para el Play Room. Puso una música suave y volvió con un
juego de tablero en sus manos. Era un viejo juego para parejas que teníamos hace
un montón de tiempo donde los participantes se iban sacando la ropa, conforme a
sus errores. Me empecé a matar de la risa y Sergio también. Justo comenzaba un
tema lento muy bueno y ganándole de mano a Sergio, la agarré a Vane y empezamos
a bailar. A ella no le quedó otra alternativa que aceptar. Sergio estaba como
loco, se le notaba en la cara, pero no le daba para atar ningún cabo. La imagen
era realmente excitante, estábamos a media luz, y muy agarraditos, le empecé a
morder despacito el cuello y mis manos bajaron hasta tocarle la cola y
apretársela como 2 manzanas. Vane, que ya venía juntando calentura durante toda
la noche, estaba toda mojada. Cuando le quise dar un beso en la boca, me sacó y
dijo "Ahora me toca bailar con Sergio". El se paró, yo me corrí y empezaron a
bailar. Ni bien él la agarró, ella le empezó a comer la boca mal. Era
impresionante ver como Vane le acariciaba sus pelos, prácticamente con sus pies
colgando, agarrada del cuello de Sergio. Se notaba que ella ya no podía más. Yo
ya estaba con un palo tremendo y no me imagino como estaría él. Sin embargo,
cuando terminó el tema, ella dijo que era hora de empezar a jugar y nos ordenó
sentarnos. Nos tenía como a dos chicos, y nosotros aceptábamos las órdenes. Vane
cada vez crecía mas y controlaba mejor la situación. Era fantástico ver a mi
mujer en este estado, estaba recaliente pero también estaba muy feliz porque se
le estaba cumpliendo uno de sus sueños conmigo.
Comenzamos a jugar y todo era un relajo, perdíamos a
propósito. El primero en perder fue Sergio, quien se tuvo que bajar los
pantalones y mostrar el slip. Lo fue haciendo de a poquito, muy sensualmente
siguiendo la música. De repente se le empezaron a ver sus abdominales muy
marcados y llenos de pelos. El tipo movía su cintura de a poco y mientras bajaba
su pantalón, el slip bajó un poquito, era un Calvin Klein negro con la marca
impresa en blanco y empezaron a asomar unos pendejos por encima del elástico.
Inmediatamente como para enfriar la cosa, se volvió a subir el pantalón. Vanessa
estaba petrificada y se le caía la baba. Tuvimos que continuar con el juego, era
mi turno. Yo también perdí a propósito, me leyeron la prenda que decía que debía
mostrarle a mi participante de la derecha, que era Sergio, como me tocaba y me
masturbaba durante un minuto. Yo en cambio, lo hice para ambos, así como estaba
sentado, me empecé a bajar el pantalón y el slip muy despacito. Estaba muy al
palo, me la empecé a tocar, la agarré fuerte y empecé a masturbarme de a poco.
Muy despacio y sensualmente continué pajeándome desde los huevos hasta la punta.
Cuando la cabeza asomó, estaba llena de leche en la punta que se veía por el
reflejo del velador. Vane ya deliraba, quiso venírseme encima pero
inmediatamente me volví a subir el pantalón y le dije "continuemos con el
juego". Ahora era el turno de ella. Por supuesto que también perdió a propósito
y me tocó a mí, leerle la prenda, la cual inventé descaradamente. Haciendo que
leía dije "Deberás ponerte en cuatro patas y simular como lo harías si
estuvieras cogiendo. "¡Huija!", los dos hombres festejábamos a los gritos y Vane
se sentía una diosa, aunque estaba un poco colorada o se estaba haciendo la
tontita. Dijo "Bueno, sino me queda mas remedio…" Se sacó los zapatos y empezó
bajarse su Jean súper ajustado de a poquito. Bailando como una verdadera perra,
se terminó de sacar el pantalón y volvió a colocarse los zapatos de taco. Las
curvas de mi mujer eran impresionantes, la tanga le quedaba pintada y tenía la
cara más sensual que había visto en mi vida. Aunque la prenda no lo pedía,
continuó sacándose la remera hasta dejar a la vista su busto perfecto (90)
dentro de un hermoso corpiño. Se paró en la mesa ratona en el medio de nosotros
dos y bailando muy sensualmente dando vueltas, se fue sacando la tanga de a
poquito, tapando su pubis con una mano. Al terminar de sacársela, se la refregó
por la cara a Sergio, que estaba muerto extasiado viendo la excitante escena de
Vane, a quien nunca había visto desnuda y ahora la tenia regalada arriba de la
mesa a medio metro. Siempre con una mano tapando su pubis, Vane se fue
recostando sobre la mesa y daba vueltas mientras se tocaba y jadeaba. Se fue
incorporando como una gata y quedó en cuatro patas. Giró su cuerpo, dejando la
cola para nuestro lado y sacó la mano que le tapaba, para chuparse unos dedos.
Lentamente empezó a deslizar una uña por la raya de su concha. Continuó
introduciendo la puntita de un dedo dentro de su vagina y haciendo el simulacro
como que estaba cogiendo. A estas alturas, ya ambos explotábamos de placer. Sin
dejar de mover su cuerpo, ella fue girando hasta quedar sentada enfrente a
nosotros. Abrió mucho sus piernas y ambos pudimos ver que no tenía un solo pelo.
Vane se había depilado toda, le quedaba espectacular y yo no lo sabia. Era una
sorpresa que me tenia preparada y justo me la estaba dando en estas condiciones.
Vane continuó tocándose, ofreciéndonos un show inigualable. Su concha se empezó
a abrir de golpe y todo estaba muy mojado alrededor. Como sincronizados, Sergio
y yo sacamos la pija afuera y sentaditos como estábamos nos empezamos a
masturbar. Que alucínate que era ver a mi mujer así, en ese estado. Tenia todo
tan mojado y lubricado, que sus dedos solitos se introducían de a tres en la
concha. Siguió metiéndoselos cada vez mas adentro y con mas fuerza, se empezó a
desesperar, gritaba y jadeaba como una loca, no se podía controlar, quería sacar
toda la leche para afuera y hasta que no lo lograra no iba a parar. De repente
se empezó a mover cada vez más rápido y a más velocidad hasta que acabó a los
gritos pelados pidiendo por favor que la cogiéramos entre los dos. Verla toda
depilada y en ese estado, diciéndonos esa frase "Argggg, por favor!! Cójanme
entre los dos", me hizo despertar el indio de adentro. La agarré violentamente,
la sacudí, la di vuelta y dándole un par de sopapos en la cara, se la metí toda
por el orto sin asco y con fuerza, solo llegó a decir "en la cola, no…" e
inmediatamente estaba jadeando, serruchando y gritando a todo lo que daba. Ante
tal escena sexual de violencia, Sergio se paró y se vino hacia nosotros con su
bruto palo en la mano. A pesar de todo, Vane pudo controlarse y le pidió que por
favor se ponga un preservativo. Mas rápido que un bombero, Sergio metió la mano
en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó uno. En ese momento, Vane se
arrepintió y le dijo "No, espera. Antes poneme esa pija en mi boca". Se la
empezó a chupar como una tremenda puta, metiéndose más de media pija en su boca.
Al ver eso, yo seguí metiéndosela y sacándosela por la cola cada vez mas rápido,
con lo cual Vane acabó al toque. Yo tenía tanta excitación que no podía acabar.
Vane seguía chupándole la pija a Sergio, que ya la tenia de un tamaño
descomunal. Al ver que yo me movía cada vez más rápido, le sacó el forro de la
mano a Sergio y lo empezó a abrir. Se sacó la pija de la boca y empezó a tratar
de deslizarle el forro. A ella le costaba mucho ponérselo porque él tenía la
pija muy grande. Durante la lucha por ponérselo, Vane volvió a acabar, gritando
cuanta mala palabra existe. Sergio la ayudó a colocárselo, hasta que lo
lograron. Yo, ya no podía más, tenía la poronga como anestesiada y sentí que me
empezó a venir de golpe. Así enganchados como estábamos, arrastré a mi mujer
hacia el sofá, y con toda mi pija dentro de su cola, me tire hacia atrás,
dejando a Vane con toda su concha abierta y expuesta. Yo, en esa posición, ya no
me podía mover. Sentí que mi leche se venia y empecé a apretar el culo para no
acabar. Vane también lo percibió y empezó a gritarle a Sergio que se la metiera
de una vez por todas y que acabásemos los tres juntos. Sin dudarlo, porque
tampoco podía más, Sergio se la fue metiendo de a poquito para que no le duela.
Llegó a un punto tal, que prácticamente nuestras pijas se chocaban dentro del
cuerpo de Vane. Allí, paró, se derrumbó arriba nuestro y empezó a moverse como
un caballo, desenfrenado. A pesar de estar medio asfixiado, yo en ese momento le
empecé a llenar la cola de leche caliente, hirviendo. Al sentirla, Vane volvió a
acabar como una perra, con toda su piel de gallina y temblando, dejándole sus 10
uñas clavadas en la espalda de Sergio, quien en ese momento también acabó de
golpe.
Quedó tirado arriba nuestro como un trapo, agotado y todo
transpirado. Le pedimos por favor que se levantara porque nos pesaba mucho. Al
empezar a hacer el esfuerzo por levantarse, Sergio, se volvió a excitar. Se le
salieron los ojos para afuera y le pidió a Vane que por favor no dejara de
moverse porque sentía que iba a acabar de vuelta. A pesar que ya le dolía mucho,
Vane lo ayudó y se lo bancó. Sergio empezó a jadear como un animal. Se movía
como una bestia, su marcado cuerpo se arqueaba todo. Se la metía hasta el fondo,
apretando con fuerza. Yo debajo de todos, sentía que también me estaban cogiendo
a mí. Vane, excitadísima, abrió su boca como un hipopótamo y él le metió su
lengua hasta la garganta. Después de moverse desesperadamente por unos 30
segundos, Sergio volvió a acabar. Había acabado 2 veces al hilo. Quedó
completamente destruido, se corrió hacia un costado y finalmente nos pudimos
levantar. Sergio quedó boca arriba con el forro colocado. Vane se lo quitó con
cuidado. Derramó toda la leche en su mano y se la esparció por todo el pecho.
Tocándose las tetas y dando gemidos de placer, acabó por última vez.
Acto seguido, se paró y fue para arriba. Escuché que abrió el
agua y se dio una ducha. Nosotros quedamos mudos los dos, tirados en el sofá. A
los 10 minutos mi mujer bajó como nueva, envuelta en una toalla. Se sentó arriba
mío y me empezó a besar, acariciar y a decirme cosas románticas. Me juró que
nunca había sentido tanto placer como en esa noche.
Sergio, empezó a mirar desencajado y no entendiendo mucho
dijo "Pero entonces ustedes dos son pareja". Empezó a reírse de golpe y comentó
"¡Entonces, vos sos el famoso comandante! ¿Cómo no me di cuenta antes?" Todos
reímos. En ese momento Vane, un poco apenada, le dio un piquito, le acarició la
cara y le dijo: "Claudio y yo nos amamos con locura, vamos a estar juntos toda
la vida y nada o nadie nos va a lograr separar. Esto lo hicimos por puro placer
y salió así de pura casualidad."
A buen entendedor, pocas palabras. Vane continuó explicándole
como era la cosa y Sergio la entendió perfectamente. No hizo falta repetir nada,
para eso éramos 3 adultos. Sergio asintió en todo y preguntó si al menos se
podía quedar a dormir hasta la mañana siguiente porque estaba muy cansado. Allí
intervine yo y le dije que no. Le pedí que por favor hiciera un último esfuerzo
y se fuera manejando. El Concordó. Se lavó un poco, se vistió, nos saludó a
ambos y partió muy contento. El tampoco había gozado tanto en una noche.
Apagamos las luces, cargue a Vane a upa y fuimos para nuestro dormitorio. Nos
acostamos y dormimos abrazados toda la noche. A la mañana siguiente, nos
despertamos como si nada hubiera ocurrido, con un beso.
Claudio
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FIN