"¡Joder, cómo tiene que
follar!", pensaba Rocío, mientras ella miraba al gran danés
de su padre "Sombra" bajar por la escalera de la casa. No se terminaba
de acostumbrar a esos perros tan enormes.
Su padre se lo había comprado después
de que él se mudara de casa, y aunque a ella le gustaba, Rocío
se sentía siempre un poco nerviosa de estar tan cerca de una bestia gigantesca.
No importaba lo manso que él fuera, ella no podía nunca dejar
de tener la sensación de que algo tan grande debía de ser incontrolable.
Al sonido de su nombre, él corrió a medio galope hacia ella, aterrizando
en mitad en su regazo y lamiéndola la cara con su lengua mojada. Riéndose,
ella lo empujó a un lado y se fue al porche.
Rocío tenía 17 años. Sus
padres se habían separado el año anterior, y estas visitas veraniegas
a la casa del padre no eran del todo de su agrado. Ella sabía que él
la quería, pero no parecía que fuera nunca a demostrárselo.
Por ello, muchas cenas las pasaron en silencio,
y no había mucho mas que el tradicional "que tal todo-bien".
Ella dejó atrás a sus amigos; su padre vivía en la sierra,
con tan solo unos pocos vecinos, y parecía que la estancia iba a ser
bastante aburrida. Su pasatiempo preferido se convirtió en llevar a pasear
al perro al bosque; aunque la primera vez que su padre se lo pidió, ella
no quiso pero Sombra era un cacho de pan y ella finalmente se acostumbró
a él.
Después de un tiempo, él se hizo
el mejor amigo de ella.
Rocío se lo llevó una mañana
a su lugar preferido en el bosque, un pequeño claro con una charca donde
ella solía nadar. El sol estaba ya poniéndose, pero el agua de
la charca seguía estando demasiado fría para nadar. Decepcionada,
Rocío se acostó en la hierba seca, mirando a Sombra mientras él
olfateaba por los alrededores del claro. Le encantaba mirarle. Todavía
no podría creer lo enorme y lo hermoso que era; casi tan alto como su
cintura, y su piel brillante no podría ocultar debajo sus músculos
tensos. Él trotó hacia ella cuando lo llamó por su nombre.
Echándose junto a ella, la lamió su mano hasta que ella comenzó
a acariciarlo. Rocío sabía que le encantaba que le acariciaran
la barriga así que puso su mano entre sus patas delanteras, y él
rodó sobre su espalda, patas arriba, jadeando de placer. Su pene cayó
a un lado entre sus piernas; Rocío había estado intentando tener
el valor de tocarlo durante todo el verano, pero nunca se había atrevido.
Había tenido fantasías sexuales con Sombra desde julio, pero ello
la había asustado siempre y la mantenía confundida lo suficiente
como para pensar en hacer algo. Pero sentía deseos de hacer algo con
él. "Estoy chiflada", pensaba. "¿Cómo una
persona se puede liar con un perro?" Había oído hablar del
sexo con animales antes; pero la gente no podía realmente hacerlo con
los animales, ¿no? Ella no estaba segura. Pero ese día, después
de ver lo hermoso que se le veía sobre la hierba, ella decidió
intentarlo. Si iría bien o no, no lo sabía; pero esta dispuesta
a correr el riesgo.
"Voy a hacerlo ahora", decidió
Rocío. Ella quería mucho a Sombra y sabía que la atraía
sexualmente, aunque fuera un perro. Suavemente, puso su mano alrededor del pene
caliente y pesado de Sombra, haciéndole gemir y retorcerse con su tacto.
Inmediatamente, ella pudo sentir el comienzo de la bola bajo su piel; el pensar
en esa bola ahí debajo le dio escalofríos. Ella se acostó
al lado de él, apretándose contra su cuerpo enorme, caliente.
Tirando de su cabeza hacia ella, lo besó lo mejor que sabía, incluso
forzando su lengua para entrar en su boca y probar su aliento. Dejó resbalar
las manos sobre su cuerpo, acariciándolo; le encantaba sentir los músculos
duros, tensos bajo su piel lisa. Sus pechos, hinchados y tiernos, cayeron sobre
él mientras ella se quitaba la camiseta sobre su cabeza. Ella lo besó
otra vez, resbalando una mano bajo su vientre, y, al agarrar su pene se sintió
satisfecha al notar que había crecido perceptiblemente.
Nerviosa, se echó sobre él y
frotó sus pechos contra los suyos, su piel blanca suave se tornaba rosada
al roce de la caliente piel de Sombra.
"Lo ha estaba esperando probablemente
todo este verano", pensó Rocío, mientras bajaba la envoltura
de la polla de Sombra. Era enorme, mucho más grande de lo que ella había
imaginado; no podía imaginar que alguien pudiera tener una polla tan
grande
Sombra embestía con entusiasmo su mano;
cuando ella lo soltó, él saltó y puso sus patas delanteras
sobre los hombros, restregándole su erección sobre su espalda.
Rocío rió nerviosamente, intentando empujarlo para desabrocharse
los pantalones cortos. Finalmente éstos salieron, y sus bragas con ellos;
desnuda, ella cogió el pene de Sombra con ambas manos, ya que ahora se
había extendido a una longitud increíble y tenía una bola
roja gigantesca en la base.
El presemen claro y acuoso goteaba de la punta
del monstruoso órgano del animal mientras él comenzaba a culear
las manos de Rocío otra vez, arrojando chorros contra sus palmas con
cada embestida. Con su vientre mojado de presemen y ambas manos alrededor de
la polla de Sombra, Rocío no podría creer que hubiera esperado
tanto tiempo. Girándose sobre sí misma bajo las patas delanteras
del perro, ella se colocó a cuatro patas debajo de él, y dio un
gritito de asombro por el dolor, el placer y la excitación cuando él
la envolvió con sus patas delanteras alrededor de su cintura y ayudándole
con una mano, su enorme pene la penetró. Sombra gimió, arqueando
su espalda y alzando su cuerpo encima de Rocío. Jadeando fuertemente,
comenzó a follarla con frenesí, empujando en lo más profundo
de su vagina y llegando con su pene muy dentro hasta que la base de su bola
presionaba contra sus labios. Con los ojos cerrados, Rocío gemía
de placer sintiendo cómo el pene de Sombra penetraba en ella cada vez
más profundo; empujando su culo hacia atrás frente a sus embestidas,
no tenía duda que éste era el mejor sexo que había tenido
nunca Ella sentía su bola presionando contra ella, con fuerza; empujó
contra él lo más fuerte que podía, y gritando de dolor
y excitación mientras la bola estiraba los labios de su vagina abierta
y resbalaba dentro de ella, cerrándose los labios tras ella.
Rocío no podría controlar los
gemidos que se le escapaban; Sombra le estaba dando un placer que ella nunca
había experimentado antes. Corrientes eléctricas sacudían
su espina dorsal cada vez que Sombra se movía dentro de ella, y ella
podía sentirle crecer rápidamente. El dolor de su bola dentro
de ella empeoraba poco por poco, pero ella lo gozaba de la misma manera. Empezaba
a llegarle el orgasmo, su cuerpo temblaba del placer que llegaba, endureciendo
sus pezones, enrojeciendo su cara, y finalmente estallando dentro de ella como
fuegos artificiales. Las ondas del placer sacudían su cuerpo entero,
forzándola a gritar repetidas veces. El orgasmo mantenía en tensión
su cuerpo con un placer intenso. Con cada embestida, Sombra enviaba una nueva
sensación a través de su cuerpo. Él ladró repentinamente
en voz alta, empujándose contra su cuerpo, Rocío sintió
entonces el pene palpitar poderosamente y sabía por instinto que estaba
soltando su esperma dentro de ella
Sus embestidas cesaron; él la lamió
la espalda, suavemente, como agradecido, y luego se desmonta de ella. Rocío
pasó de la decepción de haber terminado a la alarma porque su
pene estaba todavía pegado dentro; pero a él no le parecía
importar, simplemente pasó una pata por encima y se quedó detrás
de ella con su ano pegado contra el suyo.
Rocío miraba por debajo de ella, entre
sus piernas, y jadeó cuando vio cómo su pene estaba tan salido
de las piernas de Sombra dentro de ella. No podría creer que él
pudiera estar cómodo, pero al mirarle parecía estar feliz. Su
orgasmo había pasado, pero Rocío estaba contenta de permanecer
así con él todo el tiempo que fuera necesario; Sentirle caliente
y duro dentro de ella era una sensación de lo más maravillosa.
Cerrando los ojos, ella casi podía sentir ese pene gigantesco palpitar
dentro de ella; el pensar en el semen blanco saliendo a borbotones de ese pene
grueso muy dentro de ella hizo que su cuerpo temblara de entusiasmo. Sombra,
cuya cara era una máscara de felicidad y placer, se movió lentamente
hacia adelante y hacia atrás contra Rocío a medida que su semen
continuaba goteando de la punta de su pene en su cuerpo caliente, joven.
Estuvieron pegados por lo menos diez minutos;
Rocío apenas había comenzado a preguntarse cuánto tiempo
iban a estar así cuando sintió contraerse a Sombra. La erección
se perdió rápidamente, y él tiró hacia delante un
poco e hizo sacar su órgano semi-flácido fuera con un tirón
leve. Rocío vio cómo él se limpió con su lengua,
su pene que ser contraía lentamente en su cuerpo hasta que no era nada
solamente otro doblez de piel suave. Todavía desnuda, ella se arrodilló
delante de él; él le lamió la cara mientras ella acariciaba
con delicadeza su cabeza y orejas. "Buen chico!", le susurró.
Ella se levantó, se limpió un chorrito del semen que bajaba por
su muslo, y se vistió. Juntos regresaron en dirección a la casa.
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO