Ella llegaba tarde a su cita con el apasionado Erekt, había
leído el e- mail de su quedada hacía solo una media hora antes del momento
acordado, y la excitación, los nervios, el entusiasmo y algo de miedo no le
dejaban decidir que atuendo se pondría. Al final Wet eligió ese modelo con el
que se sentía más segura; falda a media rodilla sobre unas medias de red negras
que le daban sensualidad a sus perfectas piernas, una camisa de seda azul,
abierta hasta el tercer botón, muy fina, que casi marcaba insinuante los botones
de sus senos, tacones bien altos y la ropa interior, escasa.
Tres manzanas hacia el sur de la cuidad le llevaban hasta el
hotel "Gran Vía", decidió ir caminando. Mientras atravesaba las calles
apresurada, recordaba alguno de sus momentos eróticos con Erekt, entre todos,
aquella primera vez que Wet se masturbó con sus palabras por el chat de
escritores. Ella sintió como su cuerpo se iba calentando por los productos de su
mente, y cada vez más cerca se encontraba del encuentro.
En la puerta de restaurante del hotel, la pelirroja se
humedeció los labios, se retocó el abrigo y entró sin más demora. En un solo
golpe de mirada encontró a Erekt en la barra, vestido de negro, con zapatos
blancos como prometió, y aire de serenidad mientras bebía de su copa de burbón
solo con hielo. Wet respiró profundo y se acercó a él por la espalda; rozando
sus caderas con el trasero masculino, y muy despacito, casi susurrando le dijo
al oído: "¿Me esperabas?".
Un cruce de miradas y dos besos sensuales justo en la
comisura de los labios hicieron falta para saber que no había desilusión en sus
mentes, que existía la complicidad entre ellos, que se excitaban tanto el uno
con el otro que el camino hacía el sexo piel con piel no estaba lejos.
Una amena conversación sobre literatura les envolvió en una
atmósfera de sensualidad. Erekt ojeaba indiscreto el escote prominente de Wet,
ella le mantenía una mirada directa a sus verdes ojos, debajo de la mesa jugaban
con sus piernas a rozarse de forma que pareciera fortuita. Al moreno le excitaba
la forma de fumar que Wet lucía con erotismo, como se mordía el labio inferior
le volvía loco y cuando pensaba en qué abría al final de esas magnificas
piernas, su miembro crecía lentamente bajo sus pantalones chinos. A Wet le ponía
caliente todo en él; sus enormes dedos que deseaba tener dentro de su vagina, el
piercing que le daba un aire de poeta soñador, su barbita de tres días, la forma
que tenía de guiñarle el ojo cuando hacía alguna broma y se reían, su voz bajita
y grave, la perfección de su espalda; a la pelirroja le encantaría saber si
Erekt estaba caliente, al menos tanto como ella lo estaba, entre su piernas
sentía ese placer.
Después de casi dos horas de conversación y excitación,
decidieron ir a dar un paseo para visitar los espacios verdes del hotel. Casi
era de noche, ambos paseaban por los jardines absortos el uno con el otro.
Llegaron a una zona repleta de árboles y la intimidad les acercaba físicamente
cada vez más. Erekt sentía una atracción especial por Wet, ella no solo era un
cuerpo sensual, había mucho más y pensaba que ese pensamiento era reciproco.
Haciendo caso a sus instintos, Erekt le acarició el pelo, los
pasos se pararon en seco, los cuerpos se encontraron y sus labios se sellaron en
un beso dulce y pasional a la vez. Wet puso sus brazos en la espalda de Erekt
mientras sus lenguas jugaban y puedo notar como su pene estaba duro y erecto;
detalle que le hizo humedecerse al instante. Sonrieron mirándose durante un
tiempo, a la vez sus manos exploraban sus cuerpos. Erekt le mordía el cuello,
Wet cada vez más caliente tocaba con fuerza su trasero, las respiraciones de
ambos se aceleraron a compás.
La mano de Erekt intentaba subir sigilosamente su falda y a
través de las medias y las minúsculas braguitas de Wet acariciaba su sexo. Ella
se excitó tanto con ese gesto que lanzó un gemido al aire, disfrutó de la
sensación unos segundos y luego retiró la mano del moreno; se miraron, La cara
de Erekt reflejaba confusión pero Wet le apaciguó con una mirada coqueta hacia
su bragueta. Sin más Wet desabrochó el primer botón, y bajó la cremallera
lentamente mientras se ponía de cuclillas a la altura del miembro. La visión de
Erekt era perfecta, el escote de la pelirroja dejaba ver que no tenía nada
debajo, apreciaba la aureola de sus pechos. Wet espiaba bajo el slip azules de
Erekt dejando al descubierto su enorme pene. Lo acarició con los dedos
suavemente desde abajo hacia arriba, insistió en este recorrido haciéndole
estallar de incertidumbre morbosa. Wet tiró de la piel para ver su glande, sacó
la lengua y la acercó hasta él, lametones cortos en distintas partes de su pene.
Erekt estaba a cien y ella se sentía ama de ese maravilloso aparato.
Casi de imprevisto para Erekt, Wet introdujo todo el pene
dentro de su boca, muy profundo, manteniéndolo un rato. Erekt sentía su calor,
el roce de su lengua, el placer infinito. Mientras Wet chupaba con ansia el pene
de Erekt pensaba en las veces que había deseado esta situación y se sentía
orgullosa, capaz de darlo todo, por ello movía la lengua por todo su glande en
movimientos rápidos, lo rodeaba con sus labios, la apretaba con sus manos y la
movía con ímpetu.
Erekt desfallecía cuando Wet le lamía justo en el frenillo, y
le daba mucho morbo cuando ella le miraba con sonrisa picarona, con el pene en
su boca. Erekt estaba apunto de llegar al orgasmo cuando Wet se puso en pie,
puso en su mano su inflamado pene, masturbándolo con energía mientras le decía
aquella frase que Erekt adoraba de ella: "sí Erekt, fóllame, hazme tuya".
El semen fluyó, el éxtasis del placer le hizo temblar las piernas, en su cabeza
Wet. La cita terminó con un abrazo y un hasta mañana; quién sabe.