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El doctor
Hetero: Primera vez- 2008-10-01 00:05:13
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Esta historia empezó hace veinte años. Acababa de perder a mis padres en un accidente. Tenía entonces casi catorce años. No tenía más parientes ya que papá había crecido en un orfanato y mamá era hija única y mis abuelos ya habían muerto para entonces. Tuve que ir yo también a un orfanato.

Al poco, como andaba mal con las menstruaciones, el médico que iba de vez en cuando al centro propuso que me llevaran a un ginecólogo. Él conocía a uno. Lo llamó y concertó la cita. Me llevó hasta la puerta de la consulta y luego volvería en autobús. Era la última paciente del día. Me hizo pasar. Según me dijo, tenía a la enfermera enferma esos días por lo que estaba solo. Me hizo desnudarme del todo y me ayudó a tumbarme en la camilla.

Yo estaba bastante nerviosa. Él empezó a hablar, un poco para tranquilizarme y me contó que se llamaba Julio. Tenía treinta años y había vivido cinco años con una chica con la que había roto hacía unos meses. Empezó a palparme con una mano los pechos y con la otra la rajita. Lo hacía suavemente, palpando centímetro a centímetro, según él, para saber si tenía algún bultito o no ya que había conocido una chiquita más o menos de la misma edad que yo a la que habían detectado un cáncer de mama o de útero.

Yo notaba un cosquilleo en mi sexo. Notaba cómo algo líquido salía por entre mis piernas y como las puntas de mis pechos se iban poniendo duritos. Apenas sabía nada de sexo. También noté mirando al doctor, cómo le iba creciendo un bulto en su parte baja. Julio se dio cuenta de que le miraba a su paquete y me dijo que le contase todo lo que sabía sobre el sexo. Como no sabía cómo empezar fue haciéndome preguntas y poco a poco me fui soltando. Su bulto se iba haciendo cada vez mayor, sentía más humedad entre mis piernas y tenía los pechos completamente duros. Me dijo que tenía calor y si le podía soltar la camisa. Lo hice y entonces me dijo que le soltara el pantalón y se lo bajara. Lo hice y vi que no llevaba calzoncillos. Tenía un pene enorme. Entonces, me preguntó:

--¿Te ha besado algún chico alguna vez? ¿Has besado a algún chico alguna vez?

Le dije que alguna vez me había besado con un chico que fue vecino, pero al que no había vuelto a ver desde que murieron mis padres y que había visto hacerlo muchas veces en el parque y en las películas. También le dije que una compañera había comentado lo que había disfrutado una vez cuando tuvo la polla de un tío dentro de ella.

--¿Y te gustaría probar todo eso? Te aseguro que es fantástico –me dijo entonces.

Le dije que sí, que me gustaría probar todo eso.

--¿Ves cómo estoy por ti? –me dijo, y entonces me besó en la boca.

A la vez que me besaba, apartó sus manos de mis pechos y los bajaba lentamente por mi estómago, luego acarició mis piernas para finalmente una de sus manos se posó sobre mi sexo ya mojado y la otra, se metía debajo de mi culito. Me comentó entre susurros que tenía los pechos perfectamente, que eran preciosos y que quería saborearlos. También me preguntó si había visto alguna vez una buena polla y le contesté que sí. Una vez había visto al padre de mi vecino. Teníamos la piscina en común y una noche calurosa, en la que yo estaba en la ventana porque no podía dormir, vi salir al padre de mi vecino desnudo para meterse en el agua. Luego, se lo había cogido entre su mano y lo meneaba rápidamente.

--¿Sentiste algo al ver aquella escena? –me preguntó el doctor.

--Una especie de cosquilleo en mis partes bajas, pero no como ahora.

--¿Más o menos que ahora?

--Mucho menos.

--Muy bien, cariño.

--Me pones a mil, cariño. Coge mi polla entre tus manos y hazme lo que hacía tu vecino –me dijo y bajó la cabeza para besar mis pechos.

Agarré su polla entre mis manos y empecé a masajearla. Entonces, puso una mano sobre la mía y me enseñó a masturbarlo. Luego, puso una mano sobre mi sexo y la otra en la entrada de mi ano. Empezó a meter primero un dedo dentro de mis dos agujeritos. Los iba metiendo y sacando, despacio pero sin parar. Mis pezones estaban igual de erectos que su pene que era enorme, suave, tremendamente hinchado y muy, muy duro. Estábamos a punto de venirnos. Entonces, me cogió en brazos y me llevó a una habitación que tenía detrás de la consulta. Allí había una cama. Me tumbó en ella, se puso encima de mí pero en posición invertida para hacer mi primer 69. Mientras su boca se comía prácticamente mi clítoris, sus dedos no dejaban de entrar y salir de mis agujeritos. Luego fueron dos dedos y al final incluso tres. Yo gemía y me estremecía sin parar. Al final, sentí unos espasmos y noté cómo salían mis fluidos que Julio se los tragó encantado. Al mismo tiempo, me tragaba el semen de mi querido doctor, que en un principio se me hizo muy raro, pero me fue gustando. Después de unos momentos, se dio la vuelta, me abrió completamente de piernas, volvió a acariciar mi clítoris para volver a ponerlo en forma y cogiéndose la polla con su mano me la introdujo en mi vagina. Al principio dolía mucho, ya que era muy grande y gorda. Se quedó quieto unos momentos y luego cogiendo impulso traspasó la barrera que le frenaba hasta entonces. Di un grito de dolor que él suavizó besándome en la boca. Luego, empezó a moverse lentamente. El dolor se me fue pasando y él poco a poco fue aumentando las embestidas. Salía casi del todo y cuando yo protestaba gimiendo para que no se me escapase y levantaba mis caderas para tratar de sujetarlo, empujaba él hasta el fondo, produciéndome un placer inmenso. La velocidad de sus embestidas fueron aumentando y mi placer también. Al poco, tuve un inmenso orgasmo. Eso provocó que Julio eyaculara también dentro de mí lo que me volvió a provocar otro inmenso y ardiente orgasmo.

Estuvimos luego un rato descansando y hablando y al final me hizo una analítica. Me dijo que a la semana siguiente quería que volviese a la consulta. Entonces le pregunté si volveríamos a hacer lo de hoy y me contestó diciendo que si yo quería sí, que además me enseñaría más cosas que me producirían infinito placer. Me llevó en su coche al orfanato y se despidió dándome un beso en la boca.

A la semana siguiente, volví a la consulta. Me dijo que todo estaba muy bien. Respecto a mis reglas, me comentó que para eso había dos posibilidades. La primera era recetándome unas píldoras que me irían bien. La segunda era que normalmente, cuando se tenían hijos generalmente se corregían esos problemas.

Y entonces me soltó la bomba. Me dijo que me iba a hacer una propuesta:

--Rompí con mi anterior pareja porque ella no quería tener hijos. Yo quiero tener una familia numerosa, por lo menos seis hijos y cuanto antes mejor. Ya sé que son muchos hijos, pero puedo mantenerlos a todos sin ningún problema; seis hijos y una esposa. Tú estás sola en este mundo, yo también. Te propongo casarnos. Ya sé que apenas nos conocemos, pero me gustas, eres muy joven y por lo que pude comprobar la semana pasada, nos complementamos perfectamente en la cama. A cambio, vivirás con todo lujo en mi casa, podrás salir siempre que quieras con tus amigas. Podrás salir de compras siempre que quieras y cambiar todos los muebles de mi casa si te apetece.

--Ya sabes que esa decisión no me corresponde solamente a mí. Tendrás que hablar con la gente del orfanato.

--Lo sé, chiquilla –dijo abrazándome, y desnudándome. Se desnudó él seguidamente, y me tumbó en el suelo.

Al momento, ya estaba comiéndose mi chocho, sin dejarme hacer nada. Me penetró por delante y por detrás. Después, me tomé mi revancha. Me puse sobre él, y le besé y lamí sus tetas, su estómago y fui bajando hasta llegar a su garrote que ya estaba totalmente empinado. Lo chupé suavemente, con lamentazos lentos, de arriba abajo, hasta que me lo metí en la boca. Allí terminó de crecer hasta que derramó su rica leche.

Luego me llevó al orfanato. Habló con los jefes que dieron el visto bueno. Se fijó la fecha de la boda para un mes más tarde. En ese tiempo, nos vimos casi todos los días. También hubo un puente largo y Julio quiso que lo pasase en su casa. Me dieron permiso en el orfanato y así conocí su casa. No salimos de casa para nada. Casi todo el tiempo lo pasamos desnudos. Me enseñó un montón de posturas, lo que más le gustaba que le hiciese, descubrí lo que más me gustaba a mí, y en todas las folladas no usamos ninguna protección. Para cuando llegó la boda, ya estaba embarazada. A los ocho meses tuve a mi hijo mayor, Eduardo. A los once meses de haber nacido el niño, vinieron los gemelos Andrea y Luis. A los tres años, otra niña, Julia y al año siguiente, Enrique. A los dos años de nacer Enrique, vinieron los gemelos Guillermo y Manuel. Después de nacer estos detectaron un pequeño problema y decidimos entre todos que ya bastaba de hijos. Me hicieron la ligadura de trompas y mi marido y yo tan contentos.

Julio estaban encantado con todos sus hijos. Los adoraba a todos, y en especial a las niñas. Así han pasado veinte años.

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